Kaoru observó el caer lento de la nieve a través del ventanal algo empañado. El invierno aún era pasivo y cauto.
Habían transcurrido tres largos días desde la muerte de Kioshi y tras el traslado clandestino de Terry a otra clínica privada en la que los Nikaido tenían acciones, estaban todos mucho más tranquilos. Sin un registro previo de Terry en las instalaciones no tenían que temer constantemente por acechadores del gobierno o Yagami.
Apretó entre sus dedos el objeto que Kioshi le había entregado aquella terrible noche. Ante sus manos tenía la posibilidad de confabular y destruir la vida de personas a las que tenía ya un profundo cariño. Elegir entre lo único que le quedaba de su familia y aquellas personas, era una idea tan corrosiva y dolorosa como cuando entendió que sus padres murieron bajo la ambición de Takeshi y no a causa de Iori.
Suspiro con tristeza sin apartar la vista de la nada blanca del amplio balcon cerrado del hospital. Aki era por mucho la persona más importante en su mundo, lo único que quedaba de su núcleo familiar. Y a pesar de todo lo que sentía frente a su situación, observó a Benimaru bajo la luz pálida y helada del corredor hablar por celular, ahora todo era diferente y no estaba sola. La voz del rubio al igual que los sonidos que la rodeaban se denotaban distantes e inteligibles. Kaoru se sentía bajo un absoluto estado de aturdimiento al considerar con seriedad su paso a seguir.
Sabía que no contaba con Iori. El no tenia el mismo sentido de propiedad por el clan que ella. Había un profundo desprecio en su forma de referirse a la familia y aquello le generaba una gran preocupación. Él era quien debía liderar a los Yagami y no parecía muy dispuesto a acoger la idea de reorganizar el clan bajo los mejores términos. Sumando el hecho de que ahora, Kyo Kusanagi parecía ser la única persona que quería realmente.
Suspiro de nuevo, no lo culpaba, Iori había tenido desde pequeño un enorme peso sobre sus hombros. En él habían plantado la cruda responsabilidad de liberar al clan de la maldición. Más por deseo de control y poder que por la idea misma de arrancar a Orochi de la historia de la familia.
Posó la mirada entre las marcas heladas que dejaba el exterior sobre el cristal del ventanal. Iori había sido entrenado como una máquina de guerra. Las brutalidades a las que su cuerpo se había visto sometido desde pequeño, era algo que su madre Maki nunca aceptó. Y aunque ella intentó influenciar a su padre para que aconsejara al líder Yagami, con la intención de que este no dejara al niño gravemente herido en los entrenamientos. Sus palabras no fueron escuchadas. Ellos aseguraron que esa era la única manera de hacerlo resistente a las fauces de Orochi al portar el Magatama.
Era él quien debía ser superior a todos los controladores del fuego violeta, por su bien y por el bien del clan. Pero su madre siempre vio eso como una bestialidad. Una injusticia de crianza, incapaz de forjar un buen líder. Solo construirían un arma capaz de enfrentar a cualquier enemigo.
Kaoru dirigió una vez más la vista a sus manos, acariciando distraída el contenedor con los nombres de aquellos traidores al clan. Algunos eran personas queridas para ella.
Recordó con un sin sabor cuando otros miembros del clan se mostraban insatisfechos a causa del mal proceder de Iori como líder. Algunos mayores llegaron incluso a reclamar el liderazgo por la fuerza. Y así Iori se vió desde temprana edad, inmerso en conflictos internos donde defendió su posición con salvajismo.
Él reforzó con sangre su absoluto poder y dominio sobre la reliquia. Su superioridad al controlar mejor que cualquiera el fuego y la maldición. Eso había zanjado un profundo respeto y la familia aprendió a no cuestionar sus irregularidades y ausencias.
O así había sido durante mucho tiempo, hasta que empezó a perseguir incesantemente a Kyo. Año tras año, derrota tras derrota, sin matar al líder enemigo. Incluso después de casi morir en el enfrentamiento contra la reencarnación de Orochi, decidió enfrentar toda una organización llamada NESTS para rescatar al líder Kusanagi.
Aquello no había quedado en el anonimato. De alguna manera llegó a oídos de una pequeña célula Yagami, que informó a la mano derecha del actuar clandestino del líder.
Ello había desembocado en una asamblea donde algunos cuestionaron las capacidades e intenciones de Iori para liderar a los Yagami. Nuevamente él se había visto obligado a luchar a muerte contra miembros de su clan, algunos de los cuales le habían apoyado incondicionalmente.
Kaoru cerró los ojos con leve tristeza. Fue tras aquel enfrentamiento que Iori había abandonado completamente la mansión y se había distanciado de todo lo que alguna vez conoció como familia.
Kaoru había crecido en una familia tranquila, orgullosa y en cierto modo amorosa. Iori nunca había recibido nada de ello. Por lo menos no luego de que tuvo edad suficiente para luchar. Ese concepto atesorado de unión no existió para él, por lo menos no de los Yagami. Suspiro cansina recordando uno de los pocos momentos que testificó de la relación de Iori con su padre.
El líder Yagami se encontraba muy enfermo y poco antes de caer en cama, quemó frente a Iori una guitarra que este llevaba semanas escondiendo de todos, y para sorpresa de la chica, tocaba delicadamente en las noches, lejos de la mirada de los adultos.
Iori atesoraba aquel instrumento que le había dado alguien que ella desconocía hasta la actualidad.
Kaoru sonrió apenada. Solía observarlo, fascinada con la idea de ser su esposa y líder del clan en algún momento, como tantas veces le indicó su padre. Pero esa noche, cuando su familia estaba pasando unos días en la mansión a causa del nombramiento de su padre como mano derecha. Esa idea parecía haberse desdibujado ante la mirada helada y deshumanizada de aquel joven. En sus ojos carmesí el reflejo de las llamas moradas provenientes de la silueta maltrecha del instrumento, se mezcló con el odio. Un odio álgido y sin lágrimas.
Ese no era el tipo de clan que ella quería liderar. Su madre tenía tanta razón, pensó con tristeza...Iori no tenía motivo alguno para querer lo mejor para los Yagami. La familia solo había sido un tutor rígido y despiadado para él, y quitarle a Kyo sería arrebatarle una de las pocas cosas que centralizaban su vida.
Aún así, lastimar a Kyo Kusanagi no le afectaría tanto, pensó con un nudo en el estómago. Tal vez solo era uno de los males menores, por el bien de Aki...de los Yagami. Apretó el objeto con la lista de traidores, Shizuka Kusanagi era una figura prominente tras la muerte de Saisyu, era bien conocida por evitar que el clan Kusanagi perdiera el temple en los momentos críticos que Takeshi interpuso para debilitarlos. Ella podría ser un tributo suficiente. Apretó los ojos tensa, con desprecio hacia sí misma y hacia la situación acorralada en la que estaba. Recordando la desagradable voz de aquel hombre de ojos hielo. Aki había intentado suicidarse.
Tomo aire controlando la presión insondable en su pecho, tendría que tener templanza si quería intentar algo tan terrible.
Unos brazos cálidos la rodearon en un abrazo tierno. El cabello rubio de Benimaru se deslizó sobre sus hombros.
- No sufras...todo estará bien, cuentas con nosotros. - Aventuro Nikaido apretando con suavidad los brazos de la chica. Kaoru vio sus ojos abnegados en lágrimas. Ellos no merecían nada de eso. Ni siquiera los Kusanagi que tanto habían perdido.
Ella no merecía aquel gesto.
- Algo haremos para encontrar a tu hermana. - Sonrió Benimaru con tristeza apreciando el semblante angustiado de la chica reflejado en el ventanal.
Saito miró con desdén su entorno. El lugar, un café concurrido de espacios amplios y decoración entre sobria y occidental, tenía un entrada lateral y otra frontal, también un acceso a la parte trasera tras la barra principal de los pedidos y algunos ventanales sellados que daban a la calle. Sonrió de manera casi imperceptible. Era un viejo hábito el analizar las posibles salidas de cualquier espacio.
Observó a Iori mientras este leía tranquilamente algunas copias en papel con el registro encontrado de la guerra de los Kagura. No le gustaba el lugar. Muchos jóvenes bullosos, demasiado abierto y concurrido. Iori Yagami era un hombre buscado.
Miró a su alrededor sutilmente por enésima vez. Nadie los miraba, ni llegaba a fisgonear hacia los documentos. Iori frunció el ceño con delicadeza y dio un vistazo rápido a las últimas hojas.
- No tienen la ubicación de los Hokora, y falta información. - Aseveró dejando el documento sobre la mesa al lado de las bebidas que ninguno de los dos había tocado. Saito sonrió afable.
- El anciano es astuto. La información que me facilitó esta incompleta. Por eso deseaba conversar personalmente con usted señor. -apartó con suavidad el vaso helado de cristal y tomó de regreso los documentos-. Él hizo esto con un motivo claro. - Agregó Saito.
- Quiere que vayamos ante él... - Sopesó Iori el hecho.
- No confío en aquel monje Kagura. Sabe mucho más de lo que creemos. Podría tener alguna conexión con los Bihksu. -apuntó Saito guardando las hojas en el sobre-. ¿Deberíamos vigilarlo antes de que tome una decisión?
- No. Iré directamente. - Aseveró Iori levantándose del asiento, dejando un billete sobre la mesa. Saito lo observó con cautela. Sabía que Iori intentaba ocultarle información, no confiaba del todo en ellos, no desde las pruebas con que inculparon a los Kusanagi del asesinado de Ichiro Yagami.
- Supimos del desafortunado encuentro de la señorita Kaoru con el difunto Kioshi. - Aventuró el ninja antes de que su señor se marchara. Iori lo miró de soslayo con calma. No sabía hasta qué punto los Supaida vigilaban sus movimientos.
- Si es información valiosa lo que la señorita obtuvo. Sabe que nosotros podríamos ahorrarle trabajo a ustedes...y sus aliados. - Puntualizó el espía mirándole directamente, sus ojos oscuros no dejaban percibir vestigios de intención alguna.
- Supongo que sí…-respondió Iori con seriedad-. Cuando lo considere pertinente. - Finalizó la conversación y abandonó el café. El espía vertió con sutileza casi imperceptible parte de los té intactos en una planta ubicada entre la mesa y el ventanal. Era un hombre meticuloso con los detalles.
Se marchó tras agradecer con un ademán de la cabeza a la chica joven que se acercaba a la mesa. La joven miró incómoda el dinero, pero cuando busco a alguno de los hombres para regresar el cambio, no encontró a quien entregarlo.
Iori prendió un cigarrillo mientras avanzaba entre callejones lejos de las calles principales. A pesar de que era una mañana joven, ya los tonos grisáceos abarrotaban las calles concurridas y decoradas por las fechas especiales.
Tomó asiento en una zona parcialmente cubierta de un parque cercano y desplegó el móvil con la otra mano.
Deslizó los mensajes ya leídos de Kyo. Había cierta expresión casual en ellos. La incomodidad que se había plantado en el castaño en la última semana parecía desaparecer paulatinamente. E incluso le había informado sin muchos detalles de un problema interno respecto a la ceremonia de liderazgo. Cuestión que les había impedido verse desde aquella noche.
Iori sintió una presión suave en el vientre al recordar a Kyo. Su cuerpo tenso cediendo al contacto, al placer. Sus gemidos graves y su respuesta intensa y demandante. Su amenaza de posesión. Se pasó una mano por el rostro sonriendo con malicia. Sintiendo cada recuerdo resonar en su propio cuerpo. No era momento para pensar en esas cuestiones mundanas.
Dio la última calada al cigarrillo, lanzó la colilla a un basurero cercano para no llamar más la atención por fumar en un espacio no permitido, y desplegó el menú de chat. No deseaba informar a Kyo sobre la visita al viejo Kagura por aquella cuestión delicada dentro del clan Kusanagi, pero como Saito había asegurado, el anciano podría tener nexos con los Bihksu y desconocía cómo podría reaccionar aquel condenado espíritu de Ankoku dentro de él.
Aunque su cuerpo había mejorado mucho y las pesadillas eran ya solo susurros de Orochi, no planeaba exponerse a una captura estúpida por exceso de confianza.
- Kyo, debemos vernos. La cuestión podría tomar más de un día. Busca la manera de salir y no hagas nada estúpido. -
Kyo mantuvo la posición recta de meditación que le habían indicado los monjes Kusanagi. Estaba rodeado de vapores danzantes y olores multifaceticos. Podía sentir lo que Iori tanto le había asegurado. Su energía se revolvía caótica y agresiva. Como una bestia enjaulada, retenida por un delgado obstáculo espiritual que Kyo no lograba reforzar por más que lo intentaba.
Por más que guardaba silencio y se sumergía en la nada de los aromas amargos. En los sonidos ahogados de los rezos y las marcas que le escocía la piel. Por mas que lograba entrar en contacto con esa energía interior, no alcanzaba aquello que evitaba la desaforada emanación del fuego escarlata.
Su cuerpo se calentaba y la incomodidad lo inundaba, el calor lo agobiaba y los vapores dejaban un regusto metálico en su boca, ahogando su respiración.
- No. -sonó la voz anciana y áspera del monje a su izquierda-. No pierda la concentración. Debe mantenerla hasta reforzar la brecha. - Puntualizó reprendiendolo.
Lo sé maldición, pensó Kyo irritado. No entendía porque no lograba alimentar la brecha para cerrarla. Si podía acceder hasta el núcleo ígneo de su energía, porque no podía reforzar maldita brecha, se preguntó molesto y la irritación creció hasta romper el estado de meditación. El calor se le hizo insoportable y se encogió sobre sí mismo tosiendo estrepitosamente a falta de aire puro, mientras una de las pequeñas mesas combustionaba espontáneamente en una llama rojiza, devorando la madera y el pebetero sobre ella.
- Suficiente por hoy. -ordenó el monje mayor-. No debe herir su cuerpo. - Todos los monjes se levantaron al unísono y discurrieron las puertas del lugar, esparciendo por el jardín cubierto que nieve que lo circundaba, todos los vapores densos del ritual.
Kyo dio una bocanada helada de aire puro y tosió un poco más mientras la sensación de quemarse por dentro cedia.
- Debe concentrarse debidamente si quiere sellar esa grieta en su espíritu joven Kusanagi. - Aseveró uno de los tres monjes.
Kyo suspiro molesto luego de normalizar la respiración. Estaba cansado de decirles que eso hacía. Pero ciertamente los monjes no confiaban mucho en sus cualidades de espiritualidad y meditación. Se levantó asintiendo con la cabeza y se retiró a la habitación.
Tenía poco tiempo antes del enfrentamiento. Al dia siguiente le informarían de manera oficial la fecha del encuentro. A pesar de los esfuerzos de su madre por evitar una confrontación por el liderazgo, las partes implicadas se negaron rotundamente a ceder.
El clan seguía dividido y lo único que zanjaría el asunto sería patearle el trasero al Kusanagi que se había atrevido a retarlo.
Sabía que tener aquella brecha espiritual lo dejaría en gran desventaja. Tendría que encargarse de su contrincante sin usar el fuego. Y aunque sentía cierta seguridad en que no necesitaría de su poder para derrotarlo, en el fragor del combate no estaba seguro cómo podría reaccionar la energía.
Se dio un largo baño que ayudó a bajar la temperatura remanente que le dejaban las sesiones espirituales y revisó el celular mientras tiraba algunas prendas a la cama. Algunos mensajes sin leer se desplegaron en la pantalla. Benimaru, Iori y algunos de Shingo, al cual había estado evitando desde que todo eso empezó. Lo que menos quería era involucrar a alguien más.
Miro algo extrañado el mensaje de Iori. Pensando en algunas de las muchas posibilidades que podían implicar aquellas palabras. "Nada estúpido" repitió mentalmente sonriendo con indignación. Iori por chat era bastante parco, aunque habían mantenido un contacto constante desde aquella noche.
Aquella noche...pensó y sintió un calor tenue renaciendo de nuevo en su cuerpo. Por primera vez en su vida, había intimado con un hombre, con Iori Yagami. Un deseo consensuado, un sentimiento asfixiante y en gran manera precioso. Sus labios, su voz, su piel. Embriagados por un deseo malsano y pasional. Apretó el móvil sonriendo con sorna, avergonzado, hacía mucho tiempo no tenía aquellos pensamientos casi poéticos respecto a algo. Y mucho menos a causa de otro hombre, uno como él.
Se sentó en la cama y observó la pantalla, había dejado atrás muchas cuestiones sobre ellos. Y aun así esa sensación de hacer algo indebido no lo abandonaba. Sonrió cansino.
- Dime donde nos vemos...y si recuerdo bien, la ultima vez no fui yo quien hizo algo estúpido. - Escribió divertido y se dispuso a vestirse.
- Parece ser contagioso. - Fue el mensaje que recibió de Yagami cuando Kyo terminaba de peinar su cabello.
- Oh, ahora bromeas. esta bien que lo aceptes. - Escribió con la intención de molestar al pelirrojo.
- Deja de hablar tonterías Kusanagi. Esperare por ti en la clínica de Nishiazabu.- Puntualizó Iori el mensaje sin dar pie a más conversación. Kyo rio por lo bajo. Sus interacciones por chat nunca eran muy largas.
Nishiazabu. Aquella era la clínica a donde habían trasladado a Terry. Podría aprovechar para saber cómo iba todo.
Había sido un chico obediente y juicioso los últimos días. Su madre aun no regresaba de aquella cruzada por evitar la confrontación, pero lo mantenía informado de todo. No le sería difícil salir un par de días. Tenían su número y respondería con presura cualquier cuestión para evitarse problemas extra.
Tomó una de las chaquetas gruesas y tras cruzar varias palabras con uno de los consejeros, este accedió a regañadientes su petición de cubrir parte de sus responsabilidades.
Iori aguardaba en el lobby principal, pensativo jugueteo con un cigarrillo apagado entre sus dedos. Kaoru en varios días no había intentado contactarlo, tampoco le había mencionado algo relacionado a la información que Kioshi Yagami le entregó, y eso por alguna razón no le gustaba.
Miró de soslayo al ascensor del fondo tras percatarse de las puertas que se abrían. La chica salió a paso lento, se denotaba pálida y con leves franjas oscuras bajo los ojos. Aun así no había nerviosismo en su andar.
Al llegar hasta su ubicación hizo una reverencia a modo de saludo.
- Me alegra verlo mucho mejor señor. - Dijo la chica con condescendencia.
- ¿Como esta Bogard? - Preguntó Iori mirándola detenidamente. Ella evadió su mirada y tomó asiento en un sillón largo cerca a ellos.
- Se encuentra mejor. Hoy por fin despertó y el médico informó a Mai que es posible que se recupere antes de lo pensado. -sonrió con debilidad-. Ustedes los luchadores tienen capacidades físicas impresionantes. - Agregó. Iori se recostó parcialmente en el espaldar de una poltrona frente a ella y la observó silencioso.
- ¿No tienes nada que decirme? - Preguntó Yagami tras un corto lapso de sonido ambiental. Kaoru se tensó levemente.
- Aún no he revisado debidamente…-jugueteo con las manos un poco nerviosa-. Con lo de Terry y el traslado me he estado turnando con Mai para acompañarlo... - Explicó con algo de torpeza. Iori desvió la mirada, era curioso que fuese mala mintiendo. Siendo instruida para manejar las diplomacias de un clan.
Tal vez era solo con ellos que perdía la capacidad de manipular. Miró el cigarrillo con desdén, podía entender parte de las cuestiones que rondaban a la chica y lo mucho que está temía, por la forma en que él usaría esa información. Pero no existían muchas opciones y terminaría por entregársela eventualmente, pensó Iori. Alterarla y exigirle la verdad solo la pondría a la defensiva y aun no era necesario. Su prioridad eran los Hokora.
- No hay muchos modos de hacer esto. Pero supongo que darás prioridad al rescate de tu hermana. -la miró iori de soslayo y ella sin atreverse a enfrentar su escrutinio apretó las manos en la tela de la falta-. Cuando decidas qué hacer, házmelo saber. - Puntualizó con frialdad. La chica asintió con un ademán algo aturdida.
Que debía escoger, pensó enervada. Varios de los nombres que estaban en esa lista eran personas cercanas a sus padres. Miembros que, como ella en algún momento, creían que la muerte de la mano derecha había sido causada por Iori.
Dejar que Iori buscara a sus tíos con la intención de matarlos, a cambio de un rápido rescate de Aki. Un acto que no podía asegurar el bienestar de Aki en medio del conflicto. Uno que dividiría su clan irremediablemente y para siempre. Nuevamente sintió sus ojos arder y ese nudo doloroso en la garganta. Se odio por aquella constante debilidad.
- Eh Yagami. Que demonios le andas diciendo a la chica. -espetó una voz desde el corredor, recién ingresando al lobby con unos paquetes pequeños-. ¿La dejo sola unos minutos y ya la estas atormentando? - Preguntó altanero Benimaru acercándose. Kaoru negó con la cabeza y se levantó del sillón, pero antes de responder Iori se irguió del espaldar de la poltrona y sonrió con malicia.
- Es mi especialidad Nikaido. -lo miró retador-. ¿Acaso te importan las cuestiones personales que hable con ella? - Indagó Iori con tono cínico haciendo acentuación en "personales".
El rubio titubeo un momento con expresión perpleja. Sin saber qué decir. Claro que le molestaba, pero no era que pudiese cuestionar o indagar en el compromiso previo que tenían y menos en las conversaciones privadas al respecto. Lo que pudiesen abordar sobre ellos y sobre Kyo...maldijo por lo bajo y miró hosco al pelirrojo. Era una cuestión muy compleja y sus sentimientos por Kaoru tampoco pasaban desapercibidos.
Iori rió divertido ante la conflictiva expresión de Benimaru consigo mismo y el sonrojo prominente en las orejas de Kaoru.
- No era de eso de lo que hablábamos... - Aclaró Kaoru algo molesta con Iori, pero agradecida de que este desviara el tema y dejara pasar por el momento su descarada mentira sobre la información de Kioshi. Benimaru bufó indignado, algo apenado y miró a Yagami con resentimiento.
- No tengo tiempo para perder con estas trivialidades. -puntualizó Iori con una sonrisa maliciosa y se alejó a la salida. - Denle mis saludos a Bogard. - Agregó a lo lejos. Kaoru asintió e hizo una reverencia de despedida.
- Maldito bastardo…-maldijo Benimaru entre dientes-. No deberías hacerle reverencias. - Acotó a Kaoru indignado. Pero que a Iori no le importara la cercanía que tenía con su prometida, le aliviaba un poco. No deseaba pelearse con el psico que Kyo quería, y más sabiendo que era su prometida.
Observó la espalda amplia de Iori al salir al exterior nevado. Ya de por sí era bastante descabellado que Kyo tuviese sentimientos por un hombre, para aceptar que fuese justamente por ese infeliz.
- Lo siento. - Se disculpó Kaoru.
- No tienes que disculparte por él. -gruño molesto-. ¿Estas bien? - Preguntó quitando importancia a la escena. La chica asintió con una sonrisa en extremo dulce. El rubio siempre lograba hacerla sentir liviana de alguna manera. Él le devolvió una sonrisa mas picara y posó una mano delicada sobre su hombro.
- Ven, come algo. - Ordenó con tono suave, y ambos se sentaron a compartir unos pequeños bollos asados.
No pasó mucho tiempo hasta que Kyo arribó en un taxi. Iori yacía a un costado del estacionamiento, fumando en medio de la soledad blanquecina del invierno. Como una sombra alta y contrastante a la blancura impoluta y silenciosa.
- Iori. - Habló Kyo a modo de saludo al acercarse, sintiéndose repentinamente muy consciente de su nueva cercanía. El pelirrojo lo observó con esa frialdad escrutante.
- Que pasa Kusanagi. ¿Te pongo nervioso? - Indago divertido acortando el espacio que los separaba con lentitud. Kyo bufo.
- Imposible. -espeto Kyo altanero-. ¿Que haces enfriando el trasero aquí afuera? Pensé que estarías adentro llevando flores a Terry. - Acotó Kyo divertido imaginando semejante escena. Iori gruño burlón.
- Bogard está bien. Pero si quieres corroborarlo, yo esperaré aquí afuera. - Habló con desdén sacando de la cajetilla un nuevo cigarrillo. Kyo sonrió.
- No deberías fumar tanto. -
- No es esto lo que va a matarme Kusanagi. - Respondió Iori con dejo cínico. Kyo endureció el semblante y se acercó al pelirrojo. Una pequeña flama naranja de tintes rojos encendió el cigarrillo al instante.
La mirada carmesí de Iori refulgió con los destellos escarlata antes de que estos se apagaran. Retiró el cigarrillo de la boca y tomó a Kyo de la muñeca.
- Deja de usar descuidadamente tu fuego, Kusanagi. - Dijo tenso cerrando el espacio restante entre ellos.
- Eso no va a matarme Yagami. - Habló Kyo calmo con una ancha sonrisa altanera. Iori bufo por lo bajo molesto, acercando el rostro al castaño, con la respiración suave cerca al cuello de este.
- Deja de provocarme Kyo. - Hablo casi en un susurro grave, incitante. Kyo se tensó de repente, una vez más muy consciente de su actual acercamiento y lo diferentes que podrían ser ahora aquellas provocaciones. Logró evitar un sonrojo emergente y se alejó del pelirrojo con la sonrisa aun en los labios.
- Iré a ver cómo están todos y regreso. - Puntualizó dando la espalda.
- No demores. - Apuntó Iori dando una profunda calada al cigarrillo y recostandose en el costado del volvo.
Observó la figura firme de Kyo alejarse a la entrada del hospital. Su sola cercanía lo incitaba en muchos aspectos, pero lo que le inquietaba más era esa emanación desmedida de energía en su interior. Como si en esos pocos días hubiese aumentado la brecha espiritual.
Benimaru recibió a Kyo con una sonrisa amplia. La habitación era enorme y muy cómoda. Nikaido no había escatimado en gastos al buscarle un lugar a Terry. Mai yacía sentada al lado de la cama, su expresión sonrojada y enfurruñada contrastaba con la sonrisa divertida en el pálido rostro de Bogard.
- Hasta que por fin te dejan salir del confinamiento. ¿O acaso volviste a escapar? - Preguntó Terry alegre al percatarse de la entrada de Kyo.
- Oh no, ya no soy el rebelde sin causa que solía ser. Soy todo un líder ejemplar. - Esbozó Kyo con falso orgullo.
- Ejemplar mi trasero. ¿A cuantos amenazaste para venir aquí? - Espetó Benimaru mirándolo con sospecha.
- No esta vez. - Rió Kyo por lo bajo.
- Es una lastima que no subiera Yagami. - Aventuro Mai con sonrisa pícara acercándose a la ventana.
- Es un hombre tímido, dejo las flores en el auto. - Agregó Benimaru despreocupado, Terry rió divertido tras lo cual gruño encogiéndose un poco.
- Bueno, bueno. Nada de bromas. Cuántas veces te he dicho que no puedes reír con brusquedad. - Regaño Mai al rubio.
- Si no hubiesen tantos comediantes aqui, seria mas facil. - Apuntó mirando a Benimaru y a Kyo sonriendo en medio del dolor.
- Es mi encanto natural, no puedo hacer nada contra ello. - Puntualizó Benimaru y Mai le dedicó una mirada asesina.
A pesar del agotamiento en el semblante de todos, el ambiente era ameno y despreocupado. Todos parecían tranquilos y animados menos la chica Yagami, que se notaba ausente, evitando mirarlo.
- Me alegra ver que todo va mucho mejor. -interrumpió Kyo la charla casual que se había establecido entre Terry, Benimaru y Mai-. Debo irme, informenme si resulta algo nuevo. - Puntualizó haciendo un ademan a modo de despedida. Pero antes de abandonar la habitación se detuvo y miró a Kaoru de soslayo. La chica seguía con la mirada baja.
- Se que pronto solucionaremos toda esta locura. Y también lograremos que tu hermana regrese. - Dijo el castaño con seguridad.
Kaoru suspiró agotada al Kyo abandonar la habitación. Sin saber bien qué debía hacer.
El auto avanzó a gran velocidad por la amplia calzada saliendo de la ciudad. La tarde encapotada y helada solo era iluminada por el reflejo pálido del invierno. Las ruedas de tracción del auto derrapaban levemente en algunas curvas, levantando una fina capa blanquecina al cruzar.
- Veo que la cuestión es de urgencia. -aventuro Kyo rompiendo el silencio-. Cuando piensas explicarme porque vamos donde el anciano Kagura. Los ninjas Kusanagi lo interrogaron varias veces sin éxito. - Agregó Kyo pensativo.
- Los Kusanagi declararon una guerra abierta contra los Yagami. Al parecer el viejo no quería ver al clan Kagura inmiscuido en el conflicto. - Informó Iori.
- Ya veo...supongo que tu ninja fue más persuasivo dada su falta de facción. -suspiró Kyo observando el paisaje invernal-. Pero eso no me responde porque vamos personalmente ante él. ¿Tiene algo que ver con los Bihksu? - Preguntó agudo.
- Aún no lo sabemos, pero se guardó para sí la ubicación de los otros Hokora. Y es eso lo que vamos a sacarle quiera o no. - Puntualizó Iori con frialdad. Kyo bufó.
- Siempre tan agresivo, eh Yagami.-se recostó inclinando un poco la silla del pasajero-. Empecemos por hablarle con calma. Puede que tenga información particular de Chizuru dado que solo quiere que vayamos los portadores de las reliquias. - Agregó bostezando un poco.
- Veo que por fin empiezas a pensar como un líder, Kusanagi. -agregó Iori-. Pero esperar sólo hasta ahora para informarnos sobre la existencia de los exiliados Kagura...yo no confiaría tan rápido. - Anexó aumentando la velocidad en una recta.
- Igual tú nuncas has confiado suficiente en alguien ¿O si? - Indago Kyo con una media sonrisa.
- Confio en ti. - Agregó Iori sin inmutarse. Kyo lo miró un instante sin saber qué responder. No lograba acostumbrarse a esas expresiones sinceras y repentinas de parte de Yagami.
Una cálida sensación lo embargó.
- Nunca verás esa confianza traicionada Iori. - Sonrió Kyo afable. El pelirrojo lo miró de soslayo y guardó silencio. Una quietud grata se plantó entre ellos durante varios minutos hasta que Iori rompió el silencio.
- Tú energía ha mutado Kusanagi. ¿Algo ha cambiado…? - Preguntó el pelirrojo aun con la sensación constante de la agresiva energía que emanaba Kyo.
- Algo así…-respondió Kyo incómodo, recordando sus intentos fallidos con la meditación-. He estado en algunas sesiones de exorcismo con los monjes Kusanagi. -bromeó-. Quieren que refuerce la brecha para que el fuego no se salga de control. - Agregó encogiéndose de hombros.
- No parece estar funcionando. - Instigó Iori.
- Hago lo que puedo, pero por alguna razón la condenada grieta no se cierra. No es que sea incapaz de hacerlo. - Espeto el castaño a la defensiva, molesto con tener que sumarle regaños de Yagami al asunto.
Iori guardó silencio pensativo. La cuestión que afectaba a Kyo era algo que ninguno conocía, y solo quedaban las especulaciones abiertas. Pero tal vez habría algo obstruyendo su regeneración espiritual. Tal vez los Bihksu aún lo tenían vinculado y le impedían cerrar la brecha.
- Debes ser mas cuidadoso Kyo. Puede haber algo remanente del ritual con el que intentaron arrebatar la reliquia. Evita usar el fuego de maneras absurdas. - Puntualizó Iori con molestia.
- Si si, ya lo se. - Espetó Kyo a regañadientes. Definitivamente no informaría a Yagami del enfrentamiento que se daría en pocos días. Tenía todo bajo control. Nuevamente viajaron en una quietud cómplice.
Kyo observó en silencio a Iori por largo rato. Apreciando los detalles amenos que parecían crecer en su interacción. Que en ocasiones lo llamara por su nombre de pila con una connotación diferente al pasado, o que sus riñas verbales fuesen cada vez menos agresivas. Eso que cambiaba entre ellos le gustaba y a la vez lo hacía sentir ajeno. Hacía solo unos meses Iori lo había intentado asesinar un par de veces, y ahora, hace solo unos días, habían intimando de una forma jamás imaginada por el castaño.
Como había cambiado todo en tan poco tiempo, pensó deslizando la vista por el hombro de Iori. Pero tal vez no había sido asi, recordó pensativo aquel semblante tranquilo de Iori en un escenario. También aquellos combates brutales que no llegaban a herirlos de muerte, aquella constante necesidad de orquestar sus encuentros. Aquella intensa angustia al enfrentar a Orochi con Iori de por medio y aquella sensación de alivio al ver arder NESTS bajo sus flamas violeta.
Desde hacia cuanto se buscaban de esa manera...se preguntó Kyo recordando las manos de Iori abarcandolo con ansias, contrastando con el recuerdo de herirlo con furia. Su cuerpo cerrándose en absoluto placer ante el suyo, a comparación de los violentos choques del combate. El deseo constante de poseerlo de igual manera que había hecho este consigo, cuando pensaba en su desnudez, en comparación al deseo de chocar sus fuegos cuando recordaba su sonrisa incitante a la conflagración.
Giro el rostro hacia el exterior del carro, incapaz de sobrellevar esas emociones que evocaba Iori en él. Aún se resistía a un hecho que se hacía cada vez más inamovible en su corazón.
Dejaron el automóvil estacionado a un costado de la carretera sobre un terraplén de tierra cubierto por una fina capa de nieve. Algunas estatuas pequeñas de piedra reposaban al fondo, dando antesala al acceso principal. El ascenso a la montaña estaba demarcado con unas escalas algo ocultas, solo señalizadas por el arco tradicional que daba la bienvenida a los espacios sagrados.
Ya había muerto la tarde y estaba oscuro. El cielo encapotado amenazaba con venirse encima, pero la poca luz que proyectaban en el ascenso era suficiente gracias al blanco nevado circundante.
- No sabía que en la prefectura de Nara hubiese un templo Kagura. - Habló Kyo iluminando parte del camino, que aunque viejo, se denotaba bien cuidado.
- Posiblemente no lo sea. El viejo se trasladó hace poco a este lugar. - Respondió Iori tras el castaño.
- Hm...tal vez sí lo es, pero no de los Kagura que nos gustaría. - Agregó Kyo.
El templo no quedaba muy arriba, pero si estaba bien oculto entre la espesura. Las lámparas doradas matizaban con suavidad las capas blanquecinas y la madera oscura. El lugar no era muy amplio y la edificación en sí tampoco era muy grande.
Les llamó la atención que las puertas estuviesen abiertas y una enorme fogata a un costado del templo ardiera en llamas moribundas. Se acercaron cautelosos hasta la entrada sin ingresar, quedando bañados por la dorada luz del recinto.
- Llevaba días esperando por la visita de los jóvenes portadores de las reliquias sagradas. - Se escuchó la voz ajada y lenta de un hombre que emergió de la penumbra. Cruzó a paso agotado hasta la fogata, alimentando esta con algunos troncos, reavivando así las llamas.
- Ya que estamos aquí. Díganos lo que necesitamos saber. - Habló primero Iori, sin rodeos. El anciano los miró afable.
- Se que usted no es una persona muy paciente joven Yagami. -habló el anciano con lentitud y amabilidad, caminando hasta el dintel del templo-. Pero me temo que debemos cruzar varias palabras necesarias. Chizuru me habló mucho de ustedes. Por favor déjenme invitarlos a un té caliente. La noche es helada y nevará pronto.
Kyo asintió con la cabeza y siguió al viejo Kagura al interior del templo. Iori se demoró un instante más intentando percibir presencias alrededor, pero la vasta soledad invernal del bosque fue lo único que respondió a su escrutinio.
El templo no era muy espacioso ni ostentoso. Era un lugar sencillo con un altar marcado por el tiempo. A ambos costados tenia accesos a solo dos zonas mas, donde el castaño supuso estarian los aposentos del anciano y algun salon de lectura. A pesar de que el entorno se denotaba en deterioro, el templo estaba muy limpio y solo un telar impoluto, completamente nuevo, contrastaba al fondo del altar con el símbolo Kagura en él.
Los tres cojines ya estaban dispuestos cerca a un pequeño Irori encendido que calentaba una bebida aromática de hierbas y flores secas. Que hubiese un irori en medio de la sala principal le hizo sospechar a Iori, que de pronto aquel lugar no había sido originalmente un templo. Los tres tomaron asiento mientras el anciano en la más absoluta parsimonia servía las bebidas.
- ¿Quién es realmente usted y que le dijo Chizuru de nosotros? - Indago Kyo ya impaciente. El anciano los miró con agudeza mientras terminaba de poner las bebidas frente a ellos. - La paciencia no es una de sus virtudes tampoco joven Kusanagi. -sonrió afable volviendo a colgar la tetera sobre el Irori-. Déjenme presentarme, soy Eizai Kagura.
Ambos lo observaron detenidamente mientras el viejo daba un sorbo suave al té.
- ¿Es usted un miembro de los Kagura exiliados? - Preguntó Iori directamente con frialdad. El anciano lo observó complacido y triste.
- Lo fui, durante mucho tiempo. -habló el anciano pensativo-. Estuve intentando guiar a los míos de regreso al seno del clan, a la expiación de los errores cometidos siglos atrás. Cuando logre una posición de influencia sobre mi familia, conocí a Chizuru. - Hizo una pausa donde miraba el fuego danzar entre la arena.
- Ella era una joven sabia y benevolente. Fue la primer líder Kagura que, en muchos años, nos abrió la oportunidad de dialogar nuestro exilio. De regresar al camino de la rectitud. Intente con todas mis fuerzas que pudiésemos lograr ese objetivo entre ambos y purificar la maldición que nuestros antepasados, portadores de artes oscuras, habían puesto sobre nosotros…-cerró los ojos con tristeza-. Realmente creiamos que habiamos logrado cohesionarlos...pero los pecados del pasado nos persiguen...tanto ella como yo desconocíamos el entramado que habían estado construyendo parte de los míos con la familia real. - Hizo una pausa mirándolos directamente. Tanto Iori como Kyo guardaron silencio expectantes.
- Hace mucho tiempo servimos como mano asesina para los enemigos del emperador. Con un poder incomparable pasamos como shinigamis sobre nuestros aliados y hermanos. Cuando fuimos exiliados, nos pusimos bajo el mando de la familia real. Como sus sirvientes incondicionales, expiando nuestros agravios. De nuestra rama paria nació un nuevo segmento que se mezcló con los clanes que servían al Theno. Mi línea directa intentó mantener nuestra familia sin adulterar su sangre. Deseando que las ambiciones de los nuevos clanes aliados no alcanzará nuestras artes oscuras. -desvió la mirada al exterior de las puertas abiertas por las que flotaban delicadas partículas heladas, reflejando la luz dorada como luciérnagas-. Fue inútil. No solo se mezclo nuestra sangre, sino que también mutaron nuestras artes. Nuestra maldición se expandió y cuando estuvo en mis manos influenciar el camino de mis hermanos, comprendí que el Theno deseaba conocer mejor la naturaleza de nuestro pacto con Ankoku. Temí profundamente un nuevo alzamiento de los míos como mano asesina de la actual familia real y acudi a Chizuru... - Miró a los jóvenes con tristeza.
- Me temo que tal vez fui yo el culpable de que todo pasara de esta forma. - Apuntó el anciano. Kyo apretó los puños sobre sus piernas.
- ¿Fue usted quien informó a Chizuru de todo esto o ella ya lo sabia? - Preguntó Iori con cierto resentimiento en la voz.
- Cada líder Kagura conoce la historia de su clan. Pero dado que quisieron borrarnos de su pasado para mantener alejadas nuestras artes oscuras. Ella no conocía todo. Fui yo quien le informó de ello y los riesgos que teníamos de ser usados como armas. Fui yo quien le pidió darnos la oportunidad de expiar y servir a los Kagura, alejarnos del seno del Theno y los matices corruptos que siempre llevan consigo los dirigentes de naciones.
- Entonces…¿Asegura que no sabían nada de lo que planeaban con nosotros? - Preguntó Kyo con cautela. Con rabia.
- Ni ella, ni yo sospechábamos que ya se estaba orquestando la cacería. Ninguno de los dos lo supo hasta que fue demasiado tarde…-el anciano se retiró un poco del Irori deslizándose atras-. Si hubiese sabido jamás hubiera permitido a la líder Kagura reunirse con la nueva rama de exiliados. Fue por nuestras buenas intenciones e ignorancia que pusimos el espejo Yata a su alcance...y así la vida de la joven líder fue condenada. -la voz del anciano se quebró e hizo una reverencia hasta posar la frente sobre el suelo-. Lo siento mucho portadores de la reliquia.
Kyo sintió su rabia casi mezclarse con la intención asesina de Iori. Pero no podía culparlo, ni a él ni a Chizuru. Así ellos no hubiesen intercedido, era cuestión de tiempo que intentaran arrebatar el Yata. Aunque de haber sabido, tanto ellos como Chizuru lo habrían protegido y todo hubiese sido diferente.
- Ya no hay nada que se pueda hacer. Los muertos no regresarán ante una disculpa y las heridas abiertas seguirán sangrando en esta guerra, anciano. Si quieres redimirte y ser útil, dinos algo que pueda servir para detener a los tuyos. Y dónde están los Hokora. - Habló Iori cortante, enojado. El viejo asintió con calma retomando la posición recta.
- No...primero vas decirnos porque el Theno quiere nuestras reliquias. - Interpuso Kyo con absoluta seriedad, enojado, intrascendente a otra respuesta. Iori pudo sentir su energía manar casi descontrolada y de repente el telar del símbolo Kagura tras el anciano empezó a combustionar con llamas naranja-escarlata. El anciano miró algo sorprendido al castaño y Iori extendió la mano atrapando la muñeca de Kyo.
- No Kusanagi. Contrólalo. - Ordenó con voz grave el pelirrojo lastimando la muñeca que sostenía por la fuerza usada. Kyo espabiló alarmado sintiendo el dolor ascendente de la energía al descontrolarse. Respiró profundo y las llamas se desvanecieron tras consumir el telar hasta la mitad.
- Una brecha espiritual grande. -apuntó el anciano-. Desconozco que pudo generar tal daño...entre nuestras artes no existen ese tipo de prácticas. Pero supongo que los conocimientos de los clanes del Theno y el nuestro han evolucionado a rituales como este. - Agregó con tristeza. Kyo gruño molesto al permitir que el fuego brotara de esa manera y arrancó de mala gana la muñeca atrapada por Iori.
- ¿Que quieren con nuestras reliquias…? - Retomó la pregunta apartando el tema de su brecha espiritual.
- Tiempo atrás, mucho antes de que sus familias sellaran a Orochi. El Theno era el dueño de las tres reliquias sagradas. Obteniendo parte de su divinidad con estas. Delegar las reliquias a sus clanes es una historia que muy pocos saben. Y las intenciones tras recuperar las reliquias, es algo que me ha quitado el sueño por innumerables noches. -hizo una pausa sirviendo un poco más de té para sí-. Aunque desconozco la respuesta a esa pregunta, puedo asegurarles que tener las tres reliquias enfocadas en las artes oscuras implica poseer un poder descomunal. Y Orochi será solo un pequeño eslabón al lado de lo que pueden lograr si las obtienen. - Hizo una pausa mirándolos directamente.
- Me temo que esto es algo que va más allá de nosotros, más allá de los clanes y de la misma maldición de Orochi. Lo que ellos puedan buscar afectará todo...pero de momento no deben mirar en esa dirección. Detener los primeros pasos del monstruoso andar del destino, es lo poco que pueden hacer por ahora. - Puntualizó el anciano. Los dos hombres guardaron silencio, abrumados por la magnitud de la situación.
Iori comprendió finalmente lo que implicaría que Takeshi, a pesar de ser solo un esbirro más en aquel rompecabezas, lograra el objetivo de conseguir las reliquias.
- Los Hokora. - Espetó el pelirrojo impaciente. El anciano asintió.
- Yo puedo ayudarles con tres cuestiones primordiales…-Agregó Eizai levantándose con dificultad del zafu-. Primero, necesitaba que supieran con claridad a que se enfrentaban. Como se había desencadenado parte de lo sucedido y porque Chizuru Kagura desapareció sin advertirles. -camino hasta el altar y abrió un pequeño cofre de madera oscura que reposaba en el centro, rodeado del humo amargo de los inciensos-. Segundo, enfrentar las artes de mi familia no es fácil y ver neutralizados sus poderes en medio de una lucha podría causarles la muerte. Por ende tengo esto para ustedes. - Agregó el anciano sentándose de nuevo y extendiendo sobre el fuego un pañuelo blanquísimo con dos magatamas negros.
Kyo y Iori retiraron su respectivo magatama, sintiendo el objeto helado emanar una energía extraña que automáticamente resonó con su interior.
- Esto no va a hacerlos inmunes a los efectos de las artes que practicamos. Pero los hará más resistentes, capaces incluso de romper su dominio. Ese material y la magia en él puede repeler la energía de nuestras técnicas, pero eviten ponerlo bajo mucha presión energética. Es un amuleto muy difícil de forjar y está ligado solo a una persona. Me tomó varios meses terminarlas para ustedes los portadores de las reliquias. Una lástima que, al estar sola, haya sido insuficiente para proteger a la señorita Chizuru. - Apuntó con desilusión.
- Hm. Quien diría, ya tengo mi propio magatama. - Esbozo Kyo con un tono que buscaba ser liviano, aunque sonó tenso. Iori observó aquella gema pequeña y oscura. Su propio Magatama estaba en manos de Takeshi y los Yagami. Aunque no les serviria de nada siendo él el portador del poder. Miró a Kyo de soslayo, este apretó la gema con fuerza mientras observaba su puño con resolución.
Los Kusanagi aún tenían la reliquia de la familia en su poder. Y tanto Kyo como él seguían siendo los portadores. Los Bihksu tenían el espejo Yata y a su nuevo portador, los Yagami el magatama. Todo parecía estar en un punto medio donde ninguna de las partes tenía la ventaja en términos del poder de las reliquias. Debían recuperar por lo menos la reliquia Yagami cuando enfrentaran a Takeshi.
- ¿Cual es la tercer ayuda que puede darnos viejo? - Indagó Kyo recuperando su vulgar forma de expresarse. - En el refulgía el deseo de ponerse en acción.
- La tercera, sí…- Habló el anciano con calma y deslizó una mano dentro de su Yukata tradicional, extendiendo hacia ellos un papel pulcramente doblado. Iori lo tomó sin mediar palabra y desdobló la hoja.
Frente a ambos se desplegó un mapa dibujado pulcramente a mano. Una caligrafía vieja y desgastada reposaba sobre él. Describía dos zonas separadas con indicaciones específicas. Marcaba la ubicación de los dos hokora en espesuras boscosas. Iori apretó los dientes, sintiéndose cada vez más cerca de hacer rodar la cabeza de Takeshi.
En medio del silencio expectante la nieve comenzó su lento descenso masivo.
- Nosotros estamos vinculados al espíritu de Ankoku casi de una manera intrínseca, como los Yagami a Orochi. -agregó el anciano tomando un sorbo tibio de té-. Eso nos permite reconocer la energía de Ankoku sin importar en que esté imbuida. - Aclaró dejando la bebida a un lado.
- Puedo sentir en ustedes una gran emanación de ella, especialmente en usted joven Yagami. Es aún más prominente que la suya propia en este momento. -hizo una pausa mirando a ambos hombres-. Deben entender que Ankoku no es un espíritu malicioso. Es un ente regulador del ciclo de la vida. Él juzga los corazones mortales y purifica su alma. El cómo usan su poder en este momento es solo culpa de nuestro grupo, que con sus artes amarraron y tergiversaron la esencia del Yokai. - Miró a Kyo con profunda preocupación.
- La naturaleza de Ankoku es el dolor. Y funciona alimentándose de la energía espiritual de sus portadores. Deben tener cuidado de cuánta energía compartirán con el Yokai. Debe haber un límite o podrían ser devorados por su naturaleza insaciable, sin darse cuenta. Esa es la única forma en la que él puede existir en nuestro plano. La razón por la cual mi familia logró atraparlo aquí. - Puntualizó el anciano. Iori desvió la vista al altar, pensativo, Kyo dirigió una mirada confusa al viejo Kagura.
- ¿Es posible que sea eso lo que me impide reforzar la brecha espiritual? - Preguntó el castaño. Recordaba que al destruir el primer Hokora, ambos habian entregado su energía y alimentado al espíritu para romper el sello. Tal vez aquel vínculo aún permanecía.
- Si todavía se alimenta de tu energía, así sea parcialmente, es posible…- Indagó Iori y el anciano los interrumpió asintiendo.
- Es posible sí, que esa sea la razón por la cual la grieta espiritual no cierra. Es por ello que debe tener cuidado con su poder señor Kusanagi. Una manifestación de Ankoku en usted podría desatar su energía de manera descontrolada.
Una rafaga helada entro al templo y revoloteó haciendo ondear el telar parcialmente quemado de los Kagura. La nevada se estaba transformando en una tormenta. Un silencio sombrío y cómplice se enredó entre Iori y Kyo. El castaño gruñó molesto sabiendo que tendría a Yagami impidiendole destruir los Hokora. Exponiéndose estúpidamente él solo.
El anciano se levantó con parsimonia y se irguió frente a ambos hombres.
- Ustedes deben saber que como líderes de los poderosos clanes portadores de las reliquias, son una de las pocas esperanzas para enfrentar este mal que se cierne sobre todos. Si pudiesen recuperar el espejo Yata, podrían purificar a Ankoku y debilitar enormemente los Kagura que sirven al Theno. Si lograran unificar y reforzar sus familias para la guerra...podrían ser el único bastión capaz de enfrentar las ambiciones de la oscuridad que se cierne sobre la familia real. -hizo una pausa mirando la tormenta exterior-. Ellos no dejaran de perseguir las reliquias hasta obtenerlas. Incluso si deciden asesinarlos, esperaran décadas hasta que nuevos portadores nazcan bajo su yugo...Ustedes no estarán seguros nunca, a menos que cohesionen sus familias y asuman de la mejor manera el rol que les entregó el destino. - Instigó el anciano con dureza. Iori maldijo para sus adentros y se levantó.
- Debemos irnos. - Ordenó a Kyo acercándose a las puertas, por las cuales ingresaban rafagas heladas de viento que dejaban restos pálidos de nieve en la madera.
- Permítanme ofrecerles pasar la noche aquí, no deberían partir con una tormenta de nieve...los espíritus hoy parecen molestos. - Aventuró el anciano indicandoles la división derecha del templo. Iori la observó algo hosco, sin dar respuesta. Dispuesto a caminar en la nieve a quedarse un minuto más con aquel hombre. Kyo se levantó pensativo.
- Por mi esta bien. Primero ese mapa se ve delicado para exponerlo a la humedad, segundo no saldré a congelar mi trasero a una tormenta invernal. Aceptamos su invitación viejo Eizai.
El anciano asintió con la cabeza y los guió hasta un pasillo oscuro que daba a un salón amplio de tatamis con otra especie de Irori, este ya contenía madera seca en medio de la arena. Extendió la mano delgada que sostenia una lámpara de papel, y les indico el closet al fondo.
- No es mucho lo que puedo ofrecerles, pero es mejor que pasar una noche a la intemperie. Descansen por favor. - Puntualizó el anciano. Su lámpara iluminó parte del pasillo al alejarse, proyectando sombras intensas sobre los muros de papel. Iori se arrodillo al lado del la fogata e hizo combustionar la madera iluminando todo con un fuego violeta. Kyo se acercó al closet sin mediar palabra y buscó en que podían dormir.
Finalmente desplegó un futón amplio, empolvado y algo roído por el tiempo. Era el único y aunque era ancho, no era doble. Tendrían que dormir algo apretujados, pensó el castaño divertido.
- Yo me encargare de los Hokora. -habló Iori directo, cansado de esperar privacidad para abordar el tema-. Tu encargate de solucionar los problemas en tu clan.
- ¿Y que tú te metas solo a ser la comida de ese Yokai? -bufo Kyo molesto-. Tu no decides por mi Yagami. No esperes que permita que vayas solo. - Espetó altanero.
- No servirá de mucho si estallas en un acto suicida. - Aseveró el pelirrojo queriendo sonar pragmático, pero el tinte en su voz era resentido.
- ¿Suicida yo? No se que me indigna más, que lo digas tú o que lo hagas sabiendo que vas a hacer exactamente lo mismo, sólo. - Respondió Kyo irritado. Iori se levantó molesto y se acercó al castaño.
- Esto no es un juego Kusanagi. Ambos estamos en desventaja y esa constante estupidez tuya de querer usar el fuego sabiendo las consecuencias, empieza a ser un problema.
- ¿Ah sí? Entonces crees que así minimizamos riesgos. ¿Sería menos riesgoso para quien...para ti? - Preguntó con cinismo el castaño enojado a su vez. Iori irritado extendió la mano hasta atraer con violencia a Kyo de la solapa. Sus ojos carmesí destellaron un deseo peligroso de herirlo. Kyo sonrió provocador.
- ¿Que Yagami...vas a adelantar por ellos el proceso de matarme? ¿Piensas lastimarme para que no haga nada? -preguntó con cinismo, irritado de regresar a lo mismo otra vez-. ¿Ya se te olvido el cariño que tenías por mi? - Indago mordaz, deseando que Iori lo golpeara para devolverle el favor.
Iori dejó caer la cabeza hasta posar su frente en uno de los hombros del castaño.
- Como podria…es justo por eso que no te quiero cerca a los Hokora. - Habló en voz baja y resentida. Kyo sintió toda la rabia que había acumulado desde las revelaciones del anciano, ahogarse ante esas sencillas palabras.
- Entonces debes entender que lo mismo siento yo cuando dices que iras solo a destruir esos malditos sellos. - Apuntó Kyo deslizando los dedos entre el cabello de Iori, abrazandolo.
Sabía que todo eso estaba mal. Sabía que querer de esa manera a Iori solo complicaría el destino que debían cargar con sus clanes, pero aun asi no podia evitar sentirlo como una prioridad en su vida.
- No...no te dejare ir solo, no intentes desaparecer una vez más. - Agregó Kyo ciñéndole, dejando que aquel abrumador sentimiento de retener y apartar a Iori de todos los peligros, fluyera libre. Los brazos de Iori rodearon al castaño respondiendo al abrazo.
- No estaré solo. Puedo usar a los Supaida. Deben haber muchas maneras de destruir esos Hokora. Pero tú Kyo, debes guardar tu energía. Si te llegas a suicidar con ella, jamás te lo perdonare. - Habló Iori por lo bajo, su aliento rozó el cuello de Kyo haciéndole estremecer un poco.
- Está bien…-cedió el castaño serenándose. Ambos se miraron distanciando un poco la cercanía-. El próximo Hokora será tuyo mientras soluciono los problemas del clan. Pero informare a Benimaru de esto. Necesitarás por lo menos a alguien con poder espiritual suficiente para alimentar esa cosa sin que te dañe. - Puntualizó Kyo sin disposición a negativas.
- Eso será divertido de ver. - Sonrió Iori malicioso. Kyo también sonrió imaginando el poco trabajo en equipo que implicaría eso. Ambos se observaron un instante entre anhelo y angustia. Entre rabia y deseo.
Su beso fue inevitable, pasional. Iniciado al mismo tiempo que dejaban emanar aquellas emociones contenidas. Kyo fue el primero en arrancar la gabardina de Iori y enterrar sus manos frías en la piel tibia de este. Iori lo atrajo hacia sí repitiendo el proceso, en medio de una danza famélica entre sus lenguas. Ambos jadearon llenos de deseo y placer, de prohibición y rabia.
Ambos cuerpos cayeron pesados sobre el futón con las ropas revueltas y emergentes excitaciones latentes presionando mutuamente, reiniciaron el beso largo y posesivo. Iori deslizó sus manos por la cadera de Kyo internándose en los glúteos bajo la tela floja y el castaño dio un respingo placentero girando su rostro al techo. En la madera oscura había marcado un símbolo Kagura plateado, reflejando el fulgor violeta del fuego. El castaño cayó en cuenta de donde estaban y lo que estaban a punto de hacer.
Un sonrojo intenso ascendió a su rostro. Mientras el símbolo yacía ante sus ojos, Iori estaba entre sus piernas con la rigidez de ambos presionando con fuerza.
- A...aquí no, Yagami. - Logró modular con brusquedad y frenó a Iori con la respiración entrecortada. El pelirrojo lo miró serio con profunda lujuria en sus ojos. Un salvajismo que intimido un instante a Kyo.
- No podemos hacer esto aquí. - Puntualizó más rígido el Kusanagi, avergonzado. En lo profundo de su cabeza resonaban las palabras de Enzai. "...asumir el destino impuesto. Liderar y unificar los clanes. " Kyo cubrió su rostro controlando el sonrojo emergente, con la culpa arrebujando desagradable y mezquina.
Iori se deslizó cortando el contacto, con una sonrisa irritada. Sabía bien en qué pensaba Kyo, él también lo tenía presente, incluso mucho antes de que el Kusanagi lo considerara con seriedad. Sabía que él no era algo bueno para Kyo, ni para nadie. Mucho menos para su clan, al cual no quería liderar. Esos bastardos traidores no merecían una segunda oportunidad. Bufó con resentimiento
- ¿Que piensas que debemos hacer Kusanagi... - Preguntó dejando las palabras al aire. Kyo se sentó sintiendo ceder el calor de su rostro, miró de soslayo la espalda de Iori, sopesando la respuesta.
- Dime tú Kyo...Asumir el liderazgo del clan…? ¿Casarte y tener los herederos de la reliquia antes de que te maten? ¿Que tal desposar a Kaoru y que los clanes pacten en contra de Takeshi?…o tal vez entregar mi cabeza a los Kusanagi para que no cuestionen nada de lo que haces...traspasar el control del magatama a los tuyos...podría ser una opción que les guste...- Habló Iori venenoso, hiriente.
- ¡Callate maldición! No digas más... - Gruño Kyo entre culpable y molestó, terriblemente indignado y herido por sus palabras.
Él no había pedido esa situación ni esos sentimientos. Él no deseaba desposar a nadie y jamas entregaría a Iori para forjarse estabilidad dentro de los suyos, tan solo el hecho de sentirlo enojado y dolido le afectaba, le irritaba de sobremanera. Eso no era lo que quería para ellos. Pero entonces qué más podría desear. No se atrevía a anhelar algo imposible, Porque no había salida, solo una infinidad de callejones cerrados donde todos terminaban lastimados o asesinados. Qué más podían hacer aparte de unificar los malditos clanes. Y aún así no comprendía porque se Iori se resistía a asumir su rol en un camino más conveniente para todos.
Extendió los brazos hasta apretar los hombros de Iori y posó su frente en la amplia espalda del pelirrojo. Él apretó los puños despreciando aquel contacto pero no lo rechazó.
-...no Kyo, esa niña y tú no saben lo mezquinos que pueden ser los Yagami...yo me encargare de organizar lo que reste del clan cuando le ponga las manos encima a Takeshi…-hizo una pausa donde soltó una risa corta y cínica-. ¿Realmente crees que abogar por el bienestar general servirá de algo?
- No lo se Yagami...no lo se. - Habló Kyo con confusa honestidad-. Si unificar los malditos clanes puede ser la única manera de enfrentar lo que hay detrás de Takeshi. ¿Por qué desprecias tanto la posibilidad? -preguntó Kyo apretándose contra Iori-. Yo tampoco deseo que las cosas sean así, pero te necesito conmigo Iori. No vayas hacia un camino por el que no puedo seguirte.
Iori guardó silencio agotado de toda la cuestión. Observó abstraido el fuego violeta. "...un camino el que no puedo seguirte" se repitió mentalmente, sabía que Kyo nunca seguiría un rumbo como el suyo, pero aun así esas palabras penetraron dolorosas en su ser. Los Yagami eran más de lo que Kaoru y Kyo conocían. Lo que Saito había compartido con él iba más allá de una simple riña de clanes y búsqueda de poder.
Las sectas creadas en otras partes del mundo, la manipulación consciente de la energía de Orochi para corromper a sus propios niños, los nexos con organizaciones como la que tanto buscaba Terry bajo el mando de Gesse Howard. Rugal, NESTS, el vago recuerdo de Ash. Todos estaban conectados a Orochi y el núcleo de la influencia que ejercía aquel maldito monstruo, estaba en su clan. Como una célula corrupta expandiendo su podredumbre a través de los miembros de su familia.
Entre ellos, esa información solo era conocida por él, y los Supaida. E incluso en aquel maldito grupo de ninjas, podía sentir la densa presencia de Orochi. No planeaba decirle a esa chica idealista que su atesorado clan Yagami y las personas que quería, eran solo un esbirro más de Orochi usando una de tantas máscaras. Tal vez aquel hombre, Kioshi, era de los pocos que aún merecían portar el título del clan del sello, pero estaba muerto. Y ese solía ser el destino de la estúpida nobleza frente a la oscuridad.
Tampoco entregaría a Bogard la información de que el centro del mal mismo que infectaba a otros cultos, radicaba en su familia. No, se encargaría personalmente, solo, de destruir la fuente de corrupción en su sangre.
Suspiro cansado sintiendo el contacto cálido de Kyo y dejó caer la cabeza hacia atrás, sus cabellos se entrelazaron con la del castaño. No iba a compartir esa carga con él, Kyo debía centrarse en cohesionar el único clan capaz de dar batalla.
Desconocía la motivación del Theno para usar a los Yagami de esa manera. Pero si era algo superior a todos, Kyo debía mantener las bases firmes en su clan. Mientras él debía controlar al suyo.
Pensó en Kaoru y los demás, en la guerra, las esperanzas y expectativas. En como Kyo y la chica creían en el honor. Sabía bien que aun habían inocentes y potenciales apoyos dentro del clan Yagami. Pero no se arriesgaría a enredar aquel "único bastión" que podría forjar Kyo, en una alianza que permitiera a algún miembro corrupto por Orochi entrar.
Primero debía purgar a los Yagami. Tras aquella limpieza de sangre sabría con seguridad si aún valía la pena reconstruir el clan desde las cenizas.
Sonrió cansino. Nunca había apreciado la idea de liderar al clan Yagami, aunque había asumido siempre la instrucción y responsabilidades...y ahora cuando todos dudaban de sus intenciones como líder, era cuando tenía las ideas más claras de cómo proceder.
- Iori…- Habló Kyo tras el extenso silencio meditabundo. Sentándose a un costado del pelirrojo.
- No. No deseo hablar más de esto Kusanagi. -puntualizó zanjando el tema-. Debemos descansar. Mañana organizare con Saito el ataque al siguiente Hokora-. Agregó casi a modo de orden. Kyo lo miró directamente con semblante serio.
- No me importa que estés planeando Yagami, pero si no me haces parte de ello, sabes que igual entrare por la fuerza. - Espeto Kyo con altanería y sonrió.
- ¿Cambiaste de parecer Kusanagi? - Pregunto Iori con dejo cínico, dejando pasar toda la conversación anterior.
- No. -dijo Kyo recostandose a un su lado del futón-. Solo lo pensé mejor, siempre encuentro la forma de hacer las cosas a mi manera. - Agregó despreocupado, seguro.
Ya habían dejado aquel extraño e íntimo momento de debilidad. Lamentarse por la situación no servía de nada. Encontrarían más soluciones en el camino, alguna que no implicara perder tanto.
Kyo observó una vez mas el símbolo Kagura, un plateado opaco reflejando el fuego y pensó en Chizuru, en sus restos menudos bajo aquella manta rodeada de inscripciones. En su padre y su figura herida rogándole por alejarse del ritual. "Lo siento" lo dijo para sus adentros.
Iori se recostó pesadamente a su lado y ambos se sumergieron en silenciosos pensamientos bajo los reflejos violaceos del símbolo sobre ellos. La tormenta se revolvía agresiva y rugía como una bestia en el vientre lejano de la montaña.
Cuando Iori cayó presa de un sueño profundo, manifestó pequeños gruñidos relacionados a las pesadillas. Kyo, que aún no conciliaba el sueño, acercó su mano hasta entrelazar sus dedos y emanó con delicadeza un poco de su energía para él. La inquietud en el sueño de Yagami menguó y su mano inconsciente apretó la suya en respuesta. Ambos hombres durmieron con tranquilidad bajo el vibrar leve de la madera ante la ventisca.
En la mañana todo era álgido, límpido, la neblina de la noche reposaba en una blanca capa helada sobre el suelo. Las puertas del templo estaban nuevamente abiertas y no había rastro alguno de Eizai Kagura. Tras unos minutos infructuosos de buscar al anciano en los alrededores, ambos decidieron partir sin dar más espera.
Descendiendo las escaleras que daban a la carretera Kyo recibió una llamada. El castaño contesto sin siquiera ver el remitente.
- Señor Kusanagi. No logramos contactarlo anoche. Su enfrentamiento con el señor Jun Kusanagi ha sido programado para el día de mañana. Esta misma tarde debe viajar con el personal a la casona Kusanagi en la prefectura de Gumma. Su madre esperará por usted allá.
- Entiendo...regresaré en unas horas. Alisten todo para el viaje. - Ordenó Kyo pensativo y colgó. Iori lo observaba unos escalones más abajo.
- ¿Que viaje? - Preguntó sin rodeos el pelirrojo.
- Llegó la hora de solucionar los problemas del clan. Esta vez me toca viajar…- Mencionó el castaño a regañadientes dando alcance a Yagami que no se había movido de las escalas y lo observaba detenidamente.
- Deja de de mirarme así. Eres demasiado desconfiado Yagami. Solo son...cuestiones aburridas de diplomacias rotas y esas cosas. - Agregó Kyo despreocupado siguiendo el camino, pero frenó unos escalones abajo y miró a Iori que se acercaba.
- Confío en que no iras solo...pero ten cuidado Iori. No te dejes mangonear por ese espíritu.
Iori sonrió con malicia ante la ocurrencia. Y freno un escalón arriba de Kyo.
- Claro que no imbécil. - Respondió Iori con sorna. Y aunque sus palabras fueron molestas sus gestos no. El pelirrojo se inclinó levemente sobre Kyo y le dio un beso suave, delicado, en los labios. El castaño se quedó mudo, mientras Yagami continuó su camino de descenso sin inmutarse.
Kyo tosió por lo bajo un par de veces, ruborizado ante aquel gesto de pareja. Definitivamente no lograría acostumbrarse a esos actos contrastantes e impredecibles de Yagami. Aún así le dio alcance en la carretera con una sensación cálida y dulce en el pecho.
