La calma absoluta, la quietud, el silencio. La paz siempre anhelada y la calidez que alejaba los susurros acosadores. Todo eso y más era lo que la presencia de Kyo provocaba en el sueño de Iori.
Flotaba en medio de una profundidad viscosa y extraña, tan quieta como una placenta de oscuridad. Pero tras una agradable eternidad de quietud, el palpitar discordante de algo interrumpió la total calma. Y la esencia de Iori pareció vagar en el vacío sin ser consciente de su naturaleza. A medida que se acercaba a ese lento pero fuerte latido, una inquietud lo envolvió. Había un ruido caótico, disonante, y reconoció a Ankoku en aquella disrupción, llamándolo.
El panorama de algún lugar desconocido pareció aclararse parcialmente alrededor como agua limpia mezclada con tinta. La sensación enajenada de ser y no ser al mismo tiempo embargó a Iori. En aquella visión borrosa percibió el aire frío, el olor fresco del invierno, los sonidos apagados de pasos en la nieve y finalmente una figura desvaída en un exterior parcialmente cubierto de blanco. Alli habia una pequeña figura que lo llamaba, pero no por su nombre y una extraña calidez cruzó por aquel que no era él.
Se desligo confuso de aquella conexión y sólo percibió un vestigio más. Una voz suave casi infantil provenia de aquella figura. Una sonrisa dulce y unas pequeñas manos frías que tomaban las suyas antes de abrazarse a su desconocido cuerpo.
En ese momento un rugido proveniente del profundo abismo bajo sus pies se alzó. Y toda la visión se nublo en una ruptura abrupta. Las voces resonaron alterando todo aquel santuario. La ira de Orochi se revolvió como el monstruo de las profundidades y Iori sintió como una miriada de manos lo alcanzaban para arrastrarlo al vacío.
Justo en ese momento abrió los ojos alterado. Pero una mano firme y caliente evitó que se levantara de la almohada.
— Oi Yagami. ¿Una pesadilla? — preguntó Kyo con una sonrisa apaciguadora, sentado al lado del pelirrojo. Este lo observó algo aturdido, con la sensación de despersonalización aún latente.
Se sentó con delicadeza recordando por un instante como la noche anterior habían regresado muy tarde al apartamento. Y se habían quedado dormidos, aun vestidos, mientras hablaban sobre la reliquia de los Kusanagi y las palabras de Kagura.
— Que hora…? — Alcanzó a preguntar Iori aterrizando con extrañeza aquel sueño que no recordaba del todo. Kyo bufó.
— Lo suficientemente tarde para dos eras de glaciación de la tierra antes de que despertaras. — Acotó a modo de burla y Iori le dedicó una mirada de falsa molestia.
— Has dormido bastante, pero espero que te sientas mejor. Ya no tienes ese semblante de muerte, ni fiebre, por lo menos. — Agregó Kyo sonriente deslizando la mano por su rostro y el pelirrojo silenciosamente tomó aquel tacto y lo apretó contra su mejilla.
— Estás caliente... — Susurro Iori con voz ronca de forma aperezada y agradecida.
Kyo sintió una punzada de extrañeza y encanto al mismo tiempo. Extendió su mano por el rostro del pelirrojo y lo atrajó impulsivamente hacia sí.
Tras un beso largo que se torno pasional quedaron enredados en la cama jadeando con delicadeza y con el deseo palpable en la piel. Una reacción de fácil florecimiento entre ellos.
— Si no te quitas de encima Kusanagi no dejaré que abandones esta cama en lo que resta de día. — Amenazó Iori de forma agresiva-tentativa.
— Tal vez sea yo quien no te deje parar. —acotó Kyo ciñendo su cuerpo—. Aunque creo que no queda mucho del día ya. — agregó coqueto, pero justo cuando se cerraron en otro beso, el repiqueteo agudo del celular de Kyo en el bolsillo los interrumpió.
El castaño se irguió parcialmente mientras miraba el número que lo llamaba y gruñó.
— La bruja Kagura. — Hablo en tono bajo dispuesto a colgarle, pero Iori lo atrajó y le mordió el cuello levemente.
— Contéstale. —le susurró con ronca suavidad, tras lo cual giró la posición del castaño hasta dejarlo debajo de su peso—. Yo tomaré un baño mientras hablas con ella. — agregó alejándose con lentitud del contacto de su cuerpo.
Kyo refunfuño ante aquella incitación malévola. Pero suspiro dejando que Kagura marcara por segunda vez mientras se organizaba la ropa entreabierta y cambiaba la habitación por el salón.
Se aclaró la voz y contestó la llamada.
— Kagura.
— Joven Kusanagi. Iré al grano ya que tengo poco tiempo. —anunció en tono de no aceptar interrupciones—. Hable con las sacerdotisas mayores del clan y a pesar de que todas desean la recuperación de la reliquia Yata, aun hay un acalorado debate ante la participación directa del clan, tras enterarse de lo sucedido con los Bihksu y las circunstancias actuales. Aun así tenemos una parte a favor y van a intervenir en el conflicto.
— Entiendo, eso es bueno supongo.
— También dialogamos muy encarecidamente la situación del guardián Yagami y determinamos que hay un ritual que podría facilitarle el acceso voluntario a la esencia del Yokai Ankoku, o por lo menos al aquello que lo alimenta.—hizo una pausa corta eligiendo las palabras—. Aunque es una ventaja grande ante un posible enfrentamiento contra el actual portador del pacto, este poder podria manifestarse como algo similar al disturbio de sangre. Pero a diferencia de Orochi, Iori Yagami podría tener un control estable durante lapsos cortos. Aun así desgraciadamente no será menos dañino para su cuerpo acceder a ese poder.
— Espera…no les parece suficiente con que tenga esa serpiente ponzoñosa adentro ¿ahora quieren que tenga un segundo disturbio? —preguntó Kyo con tono tenso—. Si ese es el caso. Podrian hacerlo conmigo mejor. — Puntualizó el castaño.
— Me temo que no joven Kusanagi. Su situación es aún más delicada que la del guardián Yagami. Y a menos que obtenga la reliquia de la familia. Será consumido por su propio poder si llega a usarlo libremente. —puntualizó la sacerdotisa con contundencia y Kyo apretó los dientes en silencio—. Desgraciadamente ambos deben asumir los riesgos de un combate directo contra los Bihksus, los Yagami e incluso, los agentes del Theno. Así que le agradecería que le informe al joven Yagami sobre la posibilidad que ponemos en juego. Y en caso de que acepte, yo misma haré el ritual a mi regreso.
— No me gusta nada esto Kagura.
— Ni a ninguno de nosotros, pero es nuestra responsabilidad como guardianes del sello de Orochi, recuperar el control de las reliquias y de la situación. — hizo una pausa corta en la que Kyo escucho de fondo algunos susurros con indicaciones a algún desconocido.
— Les recomiendo que pasen los siguientes días en la casa con los demás. Allá dejaré las instrucciones para la preparación óptima del ritual. Es muy importante que Iori Yagami tenga tanto su mente como su cuerpo preparado para la intervención espiritual.
— Hm…— asintió Kyo de mala gana y colgó tras la despedida cordial de la bruja. Lo que mas le molestaba es que estaba seguro de que Iori aceptaria sin hesitar.
Cuando Iori salió al salón ya estaba vestido y busco algo de beber en el refrigerador. Kyo yacía sentado en la poltrona mirando el celular tenso y pensativo.
— ¿Qué dijo Kagura? — preguntó mientras tomaba algo fresco y posó una cerveza cerca a la cara de Kyo. Parecía necesitar algo de alcohol. Kyo la tomó y le dio tres profundos tragos, tras lo cual suspiró y miró a Iori con renuencia.
— Ya dilo, no le des más vueltas Kusanagi. — espertó Iori. Kyo suspiró de mala gana.
— Hay gente del clan Kagura que se unirán al conflicto. Y dicen que…te ofrecen un ritual que podría darte control sobre esa cosa, para usarla en contra de Takeshi y esos espectros.
— Hm. No parece haber ninguna mala noticia. — dijo Iori dando un sorbo con desinterés a su bebida.
— …dice que sería algo como el disturbio pero bajo cierto control temporal. Algo que no parece nada seguro pero sí igual de dañino. — agregó Kyo con cierta amargura.
— Está bien. No esperaba menos de ese Yokai. —respondió Iori sin inmutarse y Kyo lo miró con aire incrédulo—. Es lo que nos compete Kusanagi. Y aunque yo no quiera que enfrentes esto con los riesgos que conlleva, lo harás. Y aunque tú no quieras que yo lo enfrente bajo las condiciones que tengo, lo haré. Es determinado y contundente. Eso somos Kyo. — apuntó el pelirrojo con fría calma.
El castaño se levantó hasta que los ojos rojos e intensos de Iori se alinearon con los suyos.
— El destino puede ser particularmente cruel. Pero podemos con esto, Kusanagi. — Apuntó el pelirrojo con confianza y Kyo sonrió con seguridad.
— Nunca has dicho nada más cierto Iori.
— Si que lo he hecho. Y varias veces. — Apuntó el pelirrijo con cierto aire engreído, mientras tiró la lata de café frío que se había tomado.
Kyo espeto con un sonido escéptico llevando la contraria por deporte y buscó su chaqueta en el perchero.
— Nos va a tocar dejar la comodidad del hogar y quedarnos en la casa con los demás, para que te prepares para ese endemoniado ritual que te van a hacer. — Anunció Kyo con dejo resignado.
Iori lo observó en silencio un instante. Volvia a hablar de manera despreocupada y casual, sin significado particular. Pero por un momento se preguntó cómo sería compartir con Kyo un lugar al cual llamar así.
Bajo la mirada distraído y el castaño lo miró extrañado por el repentino cambio de semblante. El pelirrojo tomó su gabardina y deslizo los guantes de cuero en sus manos, y bajo el dintel un segundo antes de salir al pasillo, miró de soslayo al castaño a su espalda.
— Yo podría llamar "hogar" a cualquier lugar donde estés tú Kusanagi. — apuntó con una extraña molestia, un dejo casi cínico pero sincero que contrastó con las palabras. Kyo quedó bajo el dintel, mudo por unos segundos.
Cuando llegaron a la casa ya Mai y Benimaru estaban esperándolos. La tetera humeante generaba un vapor danzante en el salón mientras Mai sacaba a colación las indicaciones de Kagura respecto a la preparación de Iori.
Les dio una extensa explicación y recalcó la insistente importancia que tenía para el ritual el hecho de que Iori se tomará los días venideros bajo una dieta especial y una meditación intensa. Les indicó según las instrucciones de Kagura, que Yagami debía profundizar en su vínculo con el Yokai hasta reconocer su esencia e intentar tantear la energía oscura de este.
Que cuando lo lograra debía intentar imbuirla en un talismán, que deslizó sobre la mesa en dirección a Iori. Aseguró que ellos ya sabían cómo. Que ese talismán debía estar imbuido con la energía del espíritu para el regreso de Kagura, ya que haría parte importante del ritual.
Que tanto la mente como el cuerpo del pelirrojo debía estar fuerte y preparada para el proceso, por su naturaleza invasiva. Puntualizó algo dubitativa, sin llegar a comprender del todo que planeaba hacer la sacerdotisa con Yagami.
Iori asintió en silencio algo pensativo mientras Kyo observó con cierto desagrado el talismán de Kagura.
— Cuantos rituales más para convocar a satanás nos faltan. —anunció Benimaru cansino—. Espero que en este no quemes la casa, gracias. — apuntó mirando a Iori.
— No prometo nada. — Contestó Iori distraído analizando el cristal traslúcido que traía la bolsita con el simbolo Kagura en su lomo. El rubio bufó indignado, pero divertido por la respuesta cínica de Yagami y Mai sonrió afable al ver que el pelirrojo ya tenía un aire de mayor familiaridad con ellos, a pesar de su perturbador sentido del humor.
— Bueno, la casa aunque es grande, no tiene muchas habitaciones de sobra. Entonces les tocará compartir una. — Anunció Mai calculando mentalmente los espacios del lugar.
— Dudo que les moleste en absoluto compartir una habitación, o incluso la c…— anunció Benimaru con cierta jocosidad mientras miraba de soslayo alguna novedad en su lista de mensajes. Pero deteniendo su burla a medio camino frente a la silenciosa sonrisa amenazante de Kyo. Casi como si le fuera a hacer arder el celular entre los dedos.
— Ahora les muestro la habitación. — Le devolvió Benimaru una sonrisa afable y divertida al Kusanagi. Si creía que iba a dejar pasar esa oportunidad para molestarlo, estaba muy equivocado. Mai suspiró y decidio pedir algo de comer para todos, ya que la noche estaba empezando a cubrir todo con ese blanco helado e inacabable del invierno.
Después de comer, Iori se retiró a la habitación que les había mostrado Benimaru. Y cuando Kyo se disponía a seguirlo el rubio lo detuvo.
— Deja que empiece ese proceso de "posesión satánica" que dijo Kagura. Aún es temprano. Tomate algo con nosotros. — convidó Benimaru a Kyo.
— Esta vez tengo algo de buen sake. —dijo Mai con una sonrisa simpática cuanto los tres estuvieron instalados en el salón—. Terry lo consiguió para nosotros. Pero ahora está ocupado ayudando con el tema de la infiltración de Mary y King. Teme que se repita algo como lo que paso con nosotros. — dijo sirviendo tres copas porcelanas con sake.
— Y hace bien, aparte de King dudo que Mary y Andy entiendan el riesgo. Han habído mas reuniones despues de lo que sucedio con nosotros, pero parece que King solo pudo obtener información de esta, puesto que parece ser menos clandestina y mas burocratica. — Anunció Benimaru pensativo, recordando las superficiales palabras de King respecto a la dichosa reunión. Mai suspiro y se giró en dirección a Kyo.
— Me gustaría que me acompañaras mañana a hablar con algunos miembros de la red a la que pertene el clan Shiranui. Se que lo que puedan decirme podria ser de ayuda. Y es mejor que lo sepas de primera mano. — dijo la mujer tras beber un sorbo de sake con una delicadeza casi elegante.
— Me parece bien. Pero no se si es seguro dejar a Iori solo con esa preparación… — Indago el castaño tanteando el sake en sus manos.
— Esta bien, solo seran uno o dos días por mucho, y Benimaru cuidará de él. — anunció Mai con una sonrisa convencida.
— ¿Eh? ¿Ya ni siquiera me preguntan? ¿Ya dan por sentado que debo ser el niñero estrella del psicópata poseído?
Ah…no sabes cuanto me encanta mi trabajo en este equipo. ¿Son conscientes que siempre que dejan a Yagami bajo mi cuidado algo sale mal? — apuntó tras beberse su sake de un trago también.
— Vamos Beni. Esa información puede ser mucho más útil para el líder de los Kusanagi que para nosotros. —anunció Mai tras dar otro sorbito de sake—. Aparte no estaras solo.
— Lo sé, lo sé. Ya sospechaba que debía preaprarme para otra ronda de convivir con el demonio. Espero que Terry si este aqui esta vez. —refunfuño—. Pero tengo una condición. Haz que Yagami me permita comunicarme con Saito, para averiguar algo de Kaoru, y evitaré que esté lleno de policías y bomberos para cuando regresen. No prometo que el endemoniado Yagami que dejan a mi cuidado no queme la casa. Pero hare lo posible — apuntó mirando a Kyo.
Mai y Kyo rieron con cierto dejo nervioso y el castaño asintió. Aun así los tres esperaban con gran espectativa que esta vez no pasara nada grave.
Pasaron un par de horas más hablando sobre temas que rondaban las especulaciones sobre lo que estaba por venir y las nuevas noticias de Kagura. Finalmente Kyo subió a su habitación compartida.
La habitación era amplia, con baño privado, pocos enseres elegantes algo antiguos y un tatami de tonos amaderados frente a un pequeño balcón que daba al jardín. Los muebles de toda la casa tenían un diseño bastante oriental a pesar de la arquitectura mixta del lugar.
La cortina del balcón era de una tela gruesa y blanca que ondeaba pesadamente mientras algunos copos de nieve volátiles se infiltraron adentro. Iori yacía sentado en el centro del tapete, sin zapatos y sin camisa, dando la cara a la corriente de aire helado. A su alrededor varios copos ya se habían derretido humedeciendo la superficie del tatami.
Kyo se quitó algunas prendas y se recostó en la cama apreciando la absoluta quietud de iori. Con sus colores oscuros contrastando con el material claro bajo su cuerpo. Intentó hacerse una idea de cómo sería vivir con un ser corruptor dentro de sí. Pero el solo pensamiento se le hizo difícil de asimilar y aunque entendía a Iori, le era complejo comprenderlo a cabalidad. Aún era incapaz de justificar muchos de sus actos bajo la insidiosa influencia de Orochi.
Tras unos pocos minutos de quietud el semblante de Iori se contrajo y de su piel flamearon pequeños destellos violeta que parecían involuntarios. Su tez se tornó pálida y su respiración parecía agitada. Tras una tensión visible y un malestar creciente, Iori abrió los ojos y se inclinó un poco para tomar aire.
Kyo lo observó con el ceño fruncido desde la cama.
— ¿Es difícil acceder a ese espiritú? — preguntó Kyo con suavidad. Iori reguló su respiración retomando algo de color.
— No lo sé. —dijo Iori levantándose del suelo—. Orochi está impidiendo que me acerque al Yokai. — apuntó con agotamiento en el rostro.
— Parece que no le gusta compartir el espacio con nadie. — agregó Kyo siguiendo los movimientos pesados de Iori hasta la cama.
— Siento como si hubiese algo más en esa manifestación reticente. Pero no lo sé. Tal vez sea eso. — habló el pelirrojo con tono bajo y se dejó caer en la almohada. Kyo apreció una vez más el semblante debilitado, similar al que tenia días atrás.
— Me parece muy pronto para que te expongas a esto. ¿Y si te recuperas un poco antes de forzarte a lidiar con otra cosa adentro? — indago el castaño recostandose al costado del pelirrojo.
— No creo que haya mucha diferencia. Igual estara ahí. Y las indicaciones de Kagura parecían muy específicas respecto al tiempo —argumento Iori y miro al castaño—. Estaré bien.
Kyo gruño disconforme y acercó una mano cálida al pecho de Iori.
— Déjame ayudarte a dormir. — habló el castaño con tono bajo envolviendo parcialmente a Iori con su tacto.
Iori tomó su mano como si fuera a detenerlo, pero en vez de quitarla la posó sobre su pecho desnudo, cubriendola con su tacto frío y aceptando la oferta del Kusanagi.
Una calidez agradable embargo a ambos ante aquel contacto cariñoso. Y Kyo se concentró, permitiendo que su energía cruzara gradualmente al pelirrojo.
Los ojos rojos de Iori miraron sus labios con una expresión delicada y Kyo se acercó para cerrar aquel beso que parecía exigirle silenciosamente.
Iori descansó inmerso en una calma llena de calidez y silencio. Kyo finalmente se durmió bajo el vaivén de su respiración aletargada.
Kyo respiró el aire helado de la tarde apreciando a lo lejos como se levantaba una montaña marrón con una capa blanquecina en sus copas, lindando un risco oscuro donde se estrellaban las olas parcialmente escarchadas. Aquel lugar era donde Mai le había asegurado que Iori y ellos habían liberado al Espíritu de Ankoku. Y aunque se encontraba a una distancia suficiente, todavía percibía esa energía remanente en el lugar. Tal vez gracias a la dolorosa conexión que habían desarrollado con aquel ser.
Desvió la vista al mar, alejando sus sentidos de aquel lugar y apreció el frío oleaje. Aunque la nieve parecía haber dado una tregua temporal, los marineros eran pocos dada la baja temperatura. Suspiro percibiendo aquel álgido ambiente como algo levemente frío en su cuerpo.
Empuñó la mano alzándola entre el viento helado y la niebla tenue. El fuego fluyó con una facilidad torrencial y percibió el doloroso paso de la energía por cada centímetro de su ser, como una ignición sosegada que irritaba algo en su interior.
Aun así dejó que las flamas naranjas danzaran en su mano, tornándose rojizas por breves instantes.
Los pasos tras de sí le hizo cortar el trance fugaz y giró para ver a Mai acercarse con el cabello revuelto por el viento.
— Es hora, ya llegó. —anunció la mujer con dejo algo pensativo, indicando a Kyo seguirla—. Por favor dejame hablar a mi Kyo. Es más que suficiente que permitan que participes de la reunión con uno de los viejos.
El castaño asintió algo cansino, pero respetaría las condiciones. Llevaban mas de un día viajando, visitando diferentes personas y moviendo influencias para lograr que lo que Mai denominaba "la red" de la que se alimentaban parte de los informantes Shiranui, aceptara una reunion directa.
Al parecer la situación no solo los estaba afectando a ellos, generando extrañas reticencias donde antes habian aliados.
Se acercaron a la destartalada casa de un pescador, que Kyo había pensado estaba abandonada. Una construcción que lindaba con un corto puerto, un poco apartada de las otras casas que se aglomeraban en fila frente al mar, como un pequeño fragmento del pasado.
Entraron a la morada de techo bajo. Estaba muy vacía y solo les rodeaban instrumentos de barcos pesqueros, ubicados desordenadamente. En el centro caldeaba un hogar recien encendido y algo destartalado. Con una vieja tetera de hierro.
Un hombre anciano de pocos cabellos canos, caminó con paso lento pero silencioso. Había acabado de despachar un joven que tras mirarlos de soslayo, se alejó por el puerto solitario.
El hombre poseía cierta elegancia calculada y un rostro rudo marcado por el sol. Tomó asiento con más facilidad que la que hubiese tenido un hombre de su edad y sirvió tres bebidas humeantes. Destapó a un costado una cuba de madera pequeña con algunos bollos rellenos que humearon.
— Señorita Shiranui. Señor Kusanagi. Tomen asiento, pónganse cómodos. — Habló con formalidad. Ambos se posicionaron alrededor del Irori aceptando el té caliente.
— Señor Takemura. Como una miembro representante del clan Shiranui, entregó mis respetos y los de mi difunto abuelo. Tambien agradezco su acogida al compartir esta información no solo conmigo, sino con el líder Kusanagi Kyo.
El anciano asintió sin mirarlos mientras disponía un bollo humeante sobre uno de los pequeños platos de madera entre ellos.
— Hemos recaudado, analizado y seleccionado muchas particularidades en el proceder del clan Yagami. Su incursión en la política del país ha sido un factor fundamental de las anomalías. En especial a la relación que tuvo con la decisión del ministro frente a la ruptura del pacto de la no violencia.—bebió un sorbo de té con cautela analizando a los jóvenes, midiendo las palabras—. Es un hecho que el gobierno ha renunciado rotundamente a mantener a raya su desarrollo militar. Y ha hecho convenios con varios países aliados para actualizar sus fuerzas armadas. Pero lo más particular del asunto y lo que supongo desconocen y compete directamente la cuestión. Es la creciente tensión con China por las islas Senkaku.
Ambos jóvenes miraron confusos el tema abordado por el anciano, sin comprender bien el punto, pero antes de preguntar el hombre continuó.
— Las cuestiones políticas no debería importarles mucho a ustedes, salvo por. —hizo una pausa mirando a Kyo con agudeza—. Que los que han estado presionando a la nación por tomar control de esas islas han sido los Yagami.
El desconcierto de Kyo se hizo evidente.
— Ellos parecen querer la potestad sobre esas islas, abrigados por el gobierno japonés. Y han tenido intrínsecos nexos con algunos grupos extranjeros, facilitando las intervenciones de estos con el gobierno. —tomó otro sorbo de té con fría calma, tras lo cual desvió su atención hacia Mai, que parecía atar algunos cabos invisibles sin pronunciar palabra—. Entre los negociadores externos que están apoyando toda la transición y tensiones diplomaticas hay una empresa muy particular, una de grandes inversionistas interesados en "explotar" los recursos del territorio marítimo de las Islas Senkaku. Una empresa que tras investigar a profundidad, descubrimos que pertenece a empresarios directamente apadrinados por la familia Howard.
Mai se tensó comprendiendo los nexos que tanto buscaban Terry y Andy. Y Kyo bajó la vista al fuego, sorprendido. La bruja Kagura tenía razón. Incluso Chizuru con su carta les había advertido desde un inicio.
Algo más grande se estaba cocinando a fuego lento mientras ellos eran debilitados por los Bihksu.
— ¿Qué es lo que buscaban todos en ese lugar? — preguntó Kyo consternado.
— ¿Que tienen que ver los Howard y las reliquias del sello con el gobierno? — preguntó Mai casi al unísono. El hombre suspiró y negó con la cabeza lentamente.
— No sabemos con certeza que hay detrás de esas conexiones, por que necesitan las islas con tanta urgencia o qué implicaciones tiene esto en Japón. Pero sabemos que estamos en tiempos especiales, en alineamientos de fuerzas más allá de nuestra comprensión. En un punto donde el sol está más lejos y la sombra se proyecta sobre todo. Estos son tiempos de alta sinergia con los espíritus. Una época donde los planos se debilitan, y esas islas deben tener algo particular que ellos necesitan…—se detuvo con parsimonia—...esa es la información más cercana que puedo ofrecerles al caso Yagami y al conflicto de los clanes del sello—. puntualizó Takemura. Aunque ambos tenían cierta certeza de que había mucha más información, cuestiones que no parecian dispuestos a compartir con ellos.
El anciano se terminó su pequeña taza de té y miró a Mai con intensidad.
— Respetamos profundamente a su abuelo, incluso en su ausencia. El siempre fue un hombre intachable con su lealtad a nuestra tierra. Y así como he ofrecido mi conocimiento e información a sus predecesores, debe saber que esto es siempre un intercambio señorita Shiranui. ¿Qué relación tienen ustedes con todo esto?
Mai asintió pensativa y se dispuso a informar de la misma manera sosegada y sin detalles profundos como el clan Yagami se encontraba en un cambio de liderazgo forzado. Como el nuevo líder había orquestado la muerte no solo de los miembros de su propio clan y algunos ancianos Kusanagi, sino de la misma líder del clan Kagura. Y como bajo su control yacía la reliquia Yata desde su muerte. Para agregar finalmente, como el mismo Theno parecía tener bajo su protección a los asesinos y a los mismos Yagami.
El anciano asintió a cada palabra de la joven con vehemencia. Algunas partes de su relato parecía ya conocerlas bien, pero otras parecieron consternar totalmente su semblante.
Tras finalizar las palabras de la mujer. El anciano se levantó con facilidad y se acercó a uno de los ventanales de madera que daba al mar. Casi rumiando la información. Giró la cabeza en negación a algo desconocido para Kyo y para Mai y volvio a dar una mirada mas fría y determinada a la mujer.
— Esta situación es altamente peligrosa. Como miembro de la red, debe mantenerse al margen. Pronto el legado Shiranui estará en sus manos y no debe involucrarse directamente en esto. Nuestro trabajo es buscar y controlar. No ha de inmiscuirse bajo ninguna circunstancia en un conflicto directo con el gobierno o los clanes. Lo que está sucediendo tiene un tinte más allá de lo humano y usted Mai Shiranui tiene un pacto con los ninjas, uno que fue firmado por sus antepasados y respetado sin tacha hasta su abuelo.
Mai asintió con lentitud, pero en su interior arrebujaban vertiginosas dudas. No sabía si podria cumplir aquel juramento.
Kyo se levantó concluyendo la reunion y agradeció al anciano por la información. Instó a Mai a seguirlo y ambos partieron en un silencio cómplice bajo la mirada especulativa del anciano.
El viento arrebujo desde la ventana del Volvo por la que Kyo yaciá con la mirada perdida en el horizonte helado del oleaje, organizando ideas. Terry se acomodó un poco la chaqueta resintiendo algo del clima pero sin intenciones de interrumpir los pensamientos del Kusanagi.
— …eso fue lo que nos trajo a japón en un inicio. Los extraños movimientos de Billy Kane y quel hombre llamado Hein, entre otros del grupo cercano a Gesse Howard…y la desaparición de Rock…— apuntó Terry tras un suspiro algo triste y reflexivo.
Llevaban gran parte del trayecto especulando sobre la información compartida por la red y comparandola con la que ellos tenian.
— De alguna manera esto se ha enredado de muchas formas con la politica de nuestro país. Y aún así esa no parece ser la finalidad, por lo menos no la de los Yagami. —se encogio Mai en el asiento del coopiloto—. ¿Te han dicho algo King y Mary?
— Falta muy poco para la reunión. Parece que sera celebrada la noche posterior al fin de año. —apuntó Terry deteniendose en un semaforo que daba ingreso a la ciudad—. Sigue sin gustarme que intercedan tan directamente, pero están decididos a hacerlo. Parece ser la unica oportunidad dada la naturaleza de la reunion, ya que habran hasta periodistas extranjeros. Y se que esta información solo aumentara su intención de continuar con el plan. — Giró pensativo entre calles que empezaban a abarrotarse de comercios pequeños.
— Solo queda esperar que todo salga bien. Y si es así. Tal vez aporten mas respuestas a tantas preguntas. ¿Crees que Billy Kane estara allá? El podria reconocer a Mary con facilidad asi tenga un cambio de apariencia…— apuntó Mai pensativa.
— No lo sé. Hasta el momento solo hemos sabido de la presencia de Hein. Tanto en esas reuniones como en el grupo de asalto cuando atacamos la montaña de los hokoras. Pero espero por el bien de todos, que no este allí. Aun así lo dudo, siempre fue muy reconocido por ser el perro guardian de Gesse Howard, su cara no esta legalmente muy bien posicionada, para que la ande mostrando en una reunion de esa cobertura.
Mai suspiro mirando a Kyo por el retrovisor. Parecia estar escribiendo algo importante en el movil. Ya que el semblante que cargaba era de extrema seriedad.
Kyo cerro los mensajes de su madre y la mano derecha de su padre. Que ahora se supone era la suya.
La información que tenian de su tio Seiki y las supuestas reuniones que mantuvo con el gobierno y el nuevo lider Yagami, claramente habían sido para acceder a la reliquia Kusanagi. La unica idea que le rondaba de forma reiterativa, era que el mismo Theno queria las reliquias del sello. Pero ¿Para que? se preguntó. Porque destruir un equilibrio que llevaba siglos manteniendo a raya el mismo demonio de Orochi.
Por donde sea que lo mirara, era una enorme traición a lo pactado siglos atras.
El auto se detuvo y Kyo dio un respingo al caer en cuenta que habían llegado a la casa. Había pasado casi todo el camino descontextualizado de sus acompañantes.
— Oye Kyo. ¿Piensas quedarte en el auto? — Preguntó Mai divertida mientras se sacudia parte de los copos delicados de nieve que se habían filtrado dentro del auto por la ventana abierta.
— Yo ire a aparcar el auto y espero tengan listo algo caliente. — Anunció Terry entre pequeños copos que discurrieron de su chaqueta a la cojineria. Mai asintió simpatica.
Kyo miró el auto parcialmente cubierto de motitas blancas y frías y pensó que eso no le iba a gustar nada a Iori.
— Lo siento. —dijo mientras salia del auto—. Estaba algo distraido. — apuntó con una sonrisa mal lograda.
— Si por distraido dices completamente fuera del mundo dos horas. Te creo. — agregó Mai organizandose un poco el cabello.
Al entrar al salón principal, vieron como King, Benimaru y Andy, parado frente al ventanal, parecian estar en medio de una seria charla. Kyo buscó a Iori con la mirada pero no lo encontró. Benimaru percibió su ademan y le señaló arriba. Ante lo cual Kyo abandonó el salón tras saludar informalmente.
Mai dió un involuntario paso atras, tensa por ver a Andy de repente despues de tanto tiempo.
— Mai, preciosa. ¿Como te fue? — Preguntó King afable, mientras Benimaru la miraba con cierta aprehensión, al notar la rigidez que embargo a la mujer cuando Andy giró y la observó con cierta intensidad extraña.
— Bien…—respondió Mai con voz queda—. Veo que están ocupados. No los interrumpo. — King sonrió con suave comprensión asintiento, pero Andy se acercó en pocos pasos hasta ella.
— Necesitamos hablar Mai. Esta constante evasión tuya tiene que detenerse. Por ambos.
— Por ambos…—susurro quedamente la castaña—. No tengo nada que hablar con usted señor Bogard. Creí que habia quedado muy claro que no iba a ser parte de sus investigaciones, ni de los planes que tenias para mi…— Puntualizó sintiendo el enojo empezar un florecimiento que creyó aplacado. Andy suspiró cansino.
— Hay cosas en este momento mas importantes que una simple relacion de pareja. Deja de actuar como una niña Mai. Que priorice algunas de esas cosas, no quiere decir que no me importes…
— No…esa no era la forma... —suspiró irritada—. No quiero saber lo que tienes que decir. No me importa que quieres o aspiras Andy Bogard. Solo dejame en paz. — Puntualizó saliendo de la casa, con el corazon en un puño, queriendo alejarse de esa socegada amargura que le producia verlo.
Benimaru y King miraron la escena en silencio, cruzando miradas comprensivas. Lo mejor era no interrumpirlos, dejar que sanjaran el asunto de una vez por todas.
A mitad de jardín Andy intercepto a Mai.
— Deten esto Mai. No esperes que te deje seguir huyendo solo porque estas enojada. Sabes que me importa. Sabes que te quiero…solo, hay cuestiones que debo solucionar primero, dame el tiempo suficiente. Cuando todo esto acabe podras tener todo lo que has querido. Formaremos una familia incluso si eso dese…
— No…cállate. —le dijo Mai con voz fuerte pero herida, no era la primera vez que escuchaba esas palabras—. No quiero nada de ti. No quiero un maldito contrato de servicios a futuro. Solo quiero que dejes de dolerme tanto Andy. ¿Quieres la red de informantes? Tomalá. Ya te dije que solo debes iniciarte en el grupo, mi abuelo te dio su bendición como parte del clan…pero deja de intentar usarme para ello. No soy tu herramienta, ya hiciste suficiente conmigo Andy…y no me importa si no tienes tiempo para hacer la iniciación en la Red de informantes, tampoco me importa si daña el cronograma de lo que sea que planees, pero no pienso perder un año mas de mi vida persiguiendote...esperando solo para ser la ultima prioridad en tu vida. — Puntualizó con voz tremula y dejo caer la mano mientras Andy se negaba a soltarla.
— Sueltame, por favor. — acoto agotada, con tristeza. Pero él solo apreto aún mas su muñeca, lastimandola un poco. Se veia incredulo, incapaz de aceptar esas palabras.
Mai queria soltarse, golpearlo, maldecirlo, sacarlo de su vida. Se sentía tan engañada, la había usado por tantos años, prometiendo algo que nunca sintió, instrumentalizando su relación, incluso normalizando todo ello como si fuera algo sin importancia. Como si fuera natural en su relación. Y todo se había exacerbado aun mas el ultimo año. No queria seguir con eso, estaba cansada, no mas. Pero no se sentia preparada todavia. Era incapaz de agredirlo de esa manera, y solo tenerlo allí en frente, bajo las mismas condiciones y circunstancias de todos los ultimos años. Le dolía profundamente.
— Suficiente. Déjala. — La voz de Terry sono baja y pausada desde el porton. Su semblante rígido y poco amable parecia contener una rabia creciente al acercarse.
— Esto no tiene nada que ver contigo hermano. —habló Andy irritado por la interrupción sin soltar la muñeca de Mai—. Esto lo hablaremos en privado. — Puntualizó caminando y presionando a la castaña a ir con él. Pero Terry lo frenó en seco posando una mano tensa en su hombro.
— No me interesa que cuestiones pendientes hayan entre ustedes. —dijo con una fría calma, muy ajena a él—. Este claramente no es el momento Andy. Dejala ir.
Mai retiro la mano con un movimiento brusco y dió un paso atras. Ella no era ninguna damisela en apuros. Y tampoco queria que entre ambos hubiesen tensiones por su causa.
Andy observo a su hermano con desprecio. Estaba enojado.
— Siempre dandole mas importancia al bienestar de todo lo demás. ¿no Terry? Siempre terminas evadiendo a tu propia familia e ignorando lo que buscamos desde la muerte de nuestro padre.
— No…—apreto Terry la mandibula—. Sabes que no…confrontamos a Gesse Howard en muchas ocasiones…pero no tenemos derecho a dañar o poner en peligro a otros por ello.
Andy bufo.
— ¿En serio? Echaste tierra sobre todo el asunto tras su muerte y seguiste tu vida, con el hijo del maldito asesino de nuestro padre. Y ahora que quieres. ¿Que yo haga lo mismo? ¿Que vaya y sea el mejor amigo de Billy Kane? ¿Que ignoremos todo el daño que aún sigue haciendo ese maltido bastardo incluso despues de muerto? — Espeto Andy con odio refulgente en la mirada. Terry apretó los dientes, ententia el dolor de su hermano, pero no compartia su obsesión.
— Supongo que si. Que te importa una mierda solucionar esa gran herida del pasado. — apuntó Andy con amargura.
— Yo nunca…— dijo Terry pero su hermano lo interrumpió.
— No Terry, tú nunca has hecho tanto como Mary o como yo por esto. En eso tienes razón. Y parece que mi mujer tampoco pudo comprenderlo…— agregó amargamente mirándola de soslayo. Mai apretó los puños cansada de todo eso.
— No Andy. Tu eres el que nunca ha sabido frenar esta locura. Eres el que no ha medido lo mucho que has sacrificado por esto. Tu ritmo es muy diferente al suyo, y en mi caso, yo no puedo ser una conveniente herramienta de venganza. No tras tantas mentiras…— apuntó Mai algo alterada. Andy desvió la vista con enojo y desprecio. Y eso la lastimó silenciosamente.
— Tu solo quieres la información ¿no? Te daré lo que tenemos. —apuntó Mai con evidente enojo—. Uno de los grupos empresariales de Howard, si está inmiscuido en Japón. Ellos son parte de los inversionistas extranjeros que tienen negocios con los Yagami, que al parecer quieren tener el control de las islas Senkaku. No sabemos porque están haciendo eso. Pero parecen apoyar la presión política para acceder a ellas..
— China…Islas Senkaku…— Susurro Andy inmerso en alguna especulación repentina. Con cierta sorpresa, aplacando en su semblante casi todo el conflicto reciente.
Sabe algo más, pensó Mai. Algo que no nos ha compartido.
Andy asintió distraidamente a modo de agradecimiento, con la cabeza repentinamente en otro lado y partió con presura sin mediar palabra.
Terry lo observó con los puños apretados, pero el rostro pétreo. Mai extendió una mano hasta rozar su muñeca y este dio un leve suspiro bajando la tensión.
— Lo siento. No debiste terminar involucrado en esto. Lo que dijo…— agregó Mai cautelosa.
— Está bien. —la interrumpió Terry—. Lo que dijo no es mentira. He dado mucha más prioridad e importancia a otros asuntos desde la muerte de Gesse Howard, e incluso evadí durante algunos años esto, por Rock. No puedo culpar su resentimiento. —bajo la vista con poco ánimo, pensando que esa tambien había sido la causa de que su relación con Mary cambiara—. Pero tampoco puedo justificar lo que Andy está haciendo, ni cambiaré mi forma de hacer las cosas. Así la rabia continúe ahí…yo—. miró a Mai y puso delicadamente una mano sobre su cabeza—. Seguire priorizando el bienestar de las personas que quiero y puedo proteger. Y que aún están vivas. — Le sonrió afable.
Mai se sonrojo tenuemente acompañando esa profunda tristeza que había dejado Andy en el corazón de ambos y se preguntó como era que podía recibir la misma cantidad de desprecio y cariño de la misma familia.
— Lo siento Terry. —habló bajo deslizando su cabeza por el tacto del rubio—. Eres una persona amable y buena. — Le sonrió con tristeza. Este le regresó la sonrisa y deslizó su mano por la mejilla, atrayendola en un abrazo cálido.
— Tu también Mai. Lo intentaste por mucho tiempo. Lo apoyaste en todo lo que pudiste, incluso cuando yo no lo hice, y eso te lo agradezco profundamente. Ahora es tiempo de que pienses en ti. — Apuntó Terry con voz suave y apaciguadora deslizando sus dedos por el cabello castaño.
La mujer hundió el rostro en el pecho amplio del rubio, y sintió el palpitar fuerte a través de la camisa delgada. Se negó a derramar una sola lágrima más por Andy, así aquellas palabras de Terry le generarán tanto alivio como dolor.
Al regresar tras varios minutos afuera, apreciaron como Benimaru y a King se habían terminado ya dos teteras, a la expectativa de aquel encuentro.
— ¿Y? ¿Lo pateaste? ¿Lo mandaste a la m…
— ¡Benimaru! — Lo reprendió King—. Eso es algo personal. Deja que entre y se tome el tiempo antes de contarnos detalladamente qué sucedió. — acoto con aire decente cruzando las manos en el regazo.
— Es prácticamente lo mismo que dije. —refunfuñó Benimaru sentándose en uno de los reposabrazos del sillón grande.
— Veo que haz perdido modales Nikaido. Parece que se está contagiando aquí la diplomacia de Iori y Kyo. — Sonrió King afable. El rubio gruñó sin refutar.
Terry se excuso decentemente anunciando que iría a ver cómo estaban los dos ausentes. Mientras Mai asintió triste y decepcionada de todo lo que había sucedido con Andy.
Kyo yacía recostado en el dintel de la habitación observando a Iori seriamente. Yagami en medio de cuatro velas manchadas de negro, yacía en un profundo trance ininterrumpido. la flama de las velas parecia por momentos teñirse de violeta a un increiblemente extraño fuego negro. El mismo que había usado Takeshi en su enfrentamiento. Luego volvían a titilar con tonos violeta mientras esa oscuridad parecía discurrirse por la cera.
La piel desnuda del pelirrojo, yacía muy pálida y perlada de sudor.
— Te preocupa ¿No? — indagó Terry detrás de Kyo el cual giró el rostro con calmada sorpresa. Estaba tan concentrado en las minúsculas manifestaciones de la meditación de Iori que no había percibido la cercanía de sus pasos.
— Él estará bien. — Aseguró con confianza Kyo.
— Seguro que sí. Es más duro que todos nosotros. — Sonrió Bogard depositando las llaves del auto en una mesita cercana.
Kyo volvió a mirar a Iori pero esta vez con una suavidad tan ajena a él, que tomo por sorpresa a Terry. Cuánto había cambiado entre ellos en tan poco tiempo, se preguntó.
Kyo le indico con una señal de la cabeza que mejor dejaban a Yagami concentrado en sus cosas y bajaron las escaleras.
— ¿Y qué pasó finalmente? ¿Mai si golpeo a tu hermano? — preguntó Kyo con aire divertido. Terry sonrió cansino sabiendo que no iba a poder evadir hablar del suceso.
— Digamos que algo así. — apuntó sin dar más detalles y Kyo rió por lo bajo notando su incomodidad.
— Esa mujer es peligrosa, te lo digo. — aseveró Kyo jocoso y palmeó la espalda de Terry.
Tras una cena amena entre todos, se dejo el suceso con Andy como un trago amargo. Y para agradecimiento de Mai y Terry no se habló mas del tema.
Kyo regresó a la habitación y no vió a Iori por ningun lado, pero percibió el sonido de la ducha. Se quito varias de sus prendas sintiendo algo de calor por el ventanal cerrado y se dejo caer en la cama. Pocos minutos después salió Iori en ropa interior con la toalla alrededor del cuello.
— ¿Cómo te fue? —indago Kyo parándose de la cama algo aperezado—. ¿Lograste conectar e imbuir eso?
Iori nego con la cabeza suavemente, secandose los restos de gotas en su pecho.
— Infructuoso…hm. No creo que quede mucho tiempo ya. — apuntó Kyo. Pero sin mostrar ningun tipo de decepción. En lo profundo consideraba menos malo que Iori no pudiese realizar el ritual ese. Iori sonrió levemente divertido ante el ademán de falso pésame.
— Aun tengo algunas horas de gracia. — apuntó Iori y Kyo hizo un ruidito de desdén cruzando en dirección al baño.
Cuando salio de ducharse en ropa interior, la mayoria de las gotas rezagadas en su cuerpo parecian haberse evaporado por el calor de su piel. Por mas fría que haya querido el agua habia sido solo momentaneamente refrescante.
Iori yacía recostado en la cama con los ojos cerrados. Parecía estarse tomando muy en serio la petición de Kagura. Kyo se acostó al lado del pelirrojo seguro de que no estaba durmiendo y le contó todo lo que habían descubierto Mai y él con la red de ninjas. Y sus cavilaciones respecto a la información obtenida por los Kusanagi.
Como estaba esperando el castaño, en pocos minutos Iori yacía sentado contra el espaldar de la cama, atento, asimilando el tema de la influencia Yagami y el misterioso interes en esas islas.
— …y no sabemos que demonios tiene ese lugar y por que lo quieren. — apuntó Kyo. Pero tengo la desagradable sensación de que algo tiene que ver el deseo de obtener las reliquias sagradas. Ellos contactaron a los tres clanes independientemente. Y aunque sabemos que los primeros en aceptar fueron los Yagami. Siento que lo que quieren los Yagami no es lo mismo que lo que desea aquello que esta detrás de ellos.
— Si lo que sospechamos es cierto y es el mismo Theno es el que esta apoyando al clan. Hay que pensar en que su rol en el país diverge mucho de su influencia politica…tal vez querian usar a los clanes del sello para influir en las familias que manejan la politica del país. Asi sea la familia real, no son ellos los que toman las decisiones que mueven al país.
— Inlfluir en las decisiones que tomen los que si tienen el control del país…—susurró Kyo pensativo tras lo cual suspiró fastidiado y se dejo caer sobre la almohada—. Esto es una gran mierda donde parece que somos mas daño colateral que el centro de su interes.
— Ciertamente. —asintió Iori con voz grave—. Pero tenemos una cuenta pendiente y la saldaremos. No me importa que planes principales tengan esos bastardos, les vamos a cobrar cada maldita perdida. — acotó con fría determinación y Kyo lo observó pensativo.
Estaba deacuerdo en parte con Iori. Pero le preocupaba y le molestaba profundamente eso que no sabian. Tal vez se lo pudieran arrancar al maldito de Takeshi antes de hacerlo cenizas. Caviló.
— Tal vez…—interrumpió Iori sus ideas—...sea mejor si tomamos distancia nuevamente, despues del ritual. — agregó con tranquilidad. Kyo se sentó extrañado.
— A que te refieres.
— Cada vez hay mas gente involucrada, es cuestión de tiempo que seamos fáciles de localizar. Y si llegan a detectar los infiltrados en esa reunión, podria ser un efecto desencadenado que arrastre a todos.
— Lo dices sabiendo que no habriamos logrado mucho nosotros solos. — agregó Kyo tenso ante la idea. No solo sabia que nadie estaria deacuerdo y lo considerarian una falta de confianza y respeto, si no que pensar en Iori solo de nuevo, lo hacia sentir que nada podia salir bien. Aparte que tener a Kagura y a los demas ayudandolos a pensar o a investigar, le había permitido tener mas tranquilidad y claridad para hacer algunas cosas en el clan. Y con un demonio, gracias a eso habían podido descansar lo suficiente para recuperarse.
— Por que ahora. Cuando todo parece encuadrarse a nuestra conveniencia. Es cuestion de tiempo que encontremos las respuestas necesarias para actuar. — espetó Kyo
— Ya tenemos casi todo lo que necesitamos. Y entre menos los involucremos mejor. — insistió Iori renuente.
— ¿Que demonios te esta generando tanta desconfianza? — preguntó Kyo sinceramente, denotando que Iori parecia asumir algo que él desconocía.
Iori suspiro cansino, pero no se explicó. Habia algo que no le encajaba del todo y estaba embargado con sensaciones tan extrañas como ajenas desde poco antes de iniciar las meditaciones. Era como un sexto sentido que le advertia que algo se le estaba pasando por alto.
— Benimaru me pidio una forma de contactar a Saito. —cambió Iori de tema sutilmente, queriendo vincular lo anterior a ese detalle—. No se que pueda pasar si contacta a ese viejo zorro por separado. — apuntó inconforme.
— Yo no desconfió de Benimaru. — espetó Kyo sorprendido y algo indignado.
— Yo tampoco dudo de ese tonto amigo tuyo, pero no puedo decir lo mismo de Saito. — agregó Iori con cierto desdén.
— ¿Estas dudando de tu propia red de espias? — preguntó Kyo algo extrañado. A el no le simpatizaba en absoluto aquel zorro y sus ninjas. Pero había sido de enorme ayuda a la hora de traer información.
— No confió en ningun Yagami, Kyo. —apuntó Iori de mala gana y zanjó la conversación sin mas interes en debatir—. Duérmete. — agregó de forma imperativa recostandose de nuevo y cerrando los ojos. Tampoco parecia interesado en la energía de Kyo esa noche.
El castaño gruñó molesto por la repentina negación a seguir la conversación de Iori. Por su reciente cambio de relación a Kyo se le olvidaba que aveces Yagami podia ser un maldito dolor en el trasero. Pero le quito importancia. La paranoia sistematizada de Iori con su propio clan, no era algo nuevo. Aunque lo consternó un poco volver a visibilizar ese desprecio particular que Iori sentia hacia su misma familia.
Iori lo percibió mucho antes de tocarlo. Como una amenaza creciente, avanzaba cual avalancha dispuesto a arrollarlo, pero él se mantuvo sereno y firme. Había aprendido con el tiempo a comprender la influencia de la esencia de los demonios que lo habitaban y su forma de embargarlo.
Una oleada de oscuridad envolvio su consciencia y esta vez no fue una llegada tranquila en medio del silencio. Esta vez era solo caos estridente que lo empujaba a alguna especie de puerta inexistente y Iori sintió cuando cruzo el dintel de lo desconocido. Como cambiar de piel, una sensación totalmente extraña y enajenante y sus sospechas se aclararon. Llevaba dos noches percibiendo esa ventana a otro lado. Un vestigio de la realidad de otra persona.
Similar a la conexion que tanto dolor le había causado antes, pero esta vez no había nada forzado, no habian torturas ni violaciones a la esencia. Era tan extrañamente simple como encajar en una mascara. Y lo percibió todo una vez mas.
Ya no había frío, ni dulzura. Solo una insondable amargura, acompañada de absoluta resolución.
Primero los vestigios fueron sensoriales, un tacto calido en el ambiente, el olor amaderado del fuego, el sabor amargo y viscoso de hierbas, el sonido de voces leves, murmullos y finalmente como una imagen diluida entre la tinta y el agua. Un lugar, un pasillo de puertas tradicionales, un humo danzante de color extraño se filtraba entre las imagenes poco inteligibles.
Luego era como si en un parpadeo cambiara de ubicación y ahora había un salon amplio de puertas abiertas al invierno. En el centro una fogata grande se elevaba hacia una abertura en el techo. El lugar era muy amplio y tenia grabados de visis plateados que Iori no comprendia dentro de las imagenes incompletas. Las voces no eran claras, pero la vista de aquella persona se dirigio a la oscuridad de un bosque, dandole la espalda al fuego.
A la altura de una colina que lo rebasaba habia una luz titilante y humeante de tonos blancos. Algo allí era muy importante para esa persona. Y de alguna manera que no tenia sentido, para Iori.
Cuando la imagen giró en dirección a la fogata el lugar era diferente. Estaba dentro de un espacio rocoso con un altar rodeado por sellos. Tres ancianos con trajes que ostentaban la luna Yagami se inclinaron a modo de saludo ante Iori, ante aquella mirada que usurpaba. Uno de ellos tenia en sus manos una caja de madera negra con inscripciones dorada y una media luna de cristal blanco que parecia tener un brillo propio.
Tras una serie de formas borrosas, se alzaron los susurros iracundos. De nuevo la bestia de las profundidades alzaba su miriada de garras para arrastrarlo al abismo y Iori se resistió a esa sensación que lo dragaba. La conexión empezo a perderse y con ella los sentidos que le otorgaba. Iori intento mantenerla todo lo que pudo hasta ver el contenido de la caja.
Dentro de esta un fulgor azulado se abrio paso y Iori percibio las formas diluidas del magatama. La reliquia sagrada del clan.
Dentro de él una ira malsana se alzó, y mientras permitia que las manos oscuras de Orochi lo envolvieran rumbo al infierno. La voz grave de Iori entonó con una rabia inconmensurable, el nombre de a quien pertenecian esas visiones que le habia conectado el espectro.
— Takeshi. —
Iori desperto de golpe, bañado en sudor y con la respiración entrecortada. Se sentó al borde de la cama respirando profundo y retomando el control de su cuerpo. Observó el dormir pausado y tranquilo de Kyo y con movimientos precisos salió de la cama.
Embargado en una calma calculadora, caminó silenciosamente hacia el tatami. Tenia una extraña claridad de las formas del Yokai. De su esencia y cohesión.
De alguna manera sentia que había logrado lo que tanto habia fallado en encontrar con las meditaciones.
Se sentó en la mitad del tatami y deslizó entre sus dedos el cristal que le habia dejado la bruja Kagura. Dejó que parte de su arremolinada energía lo imbuyera y mantuvo el canal energetico abierto y constante.
Cerró los ojos y con una particular lucidez, percibio su esencia llena de oscuridad, tan tranquila e incisiva, anidando en el centro de su cabeza. Allí donde infiltraba el veneno que llevaba a sus victimas a la locura.
Lo llamo por su nombre con la seguridad de un domador que ordena a sus bestias.
"Ankoku"
Su cuerpo dejo de sentir el entorno y sus sentidos fueron absortos por la oscuridad y allí, bajo esa negrura asfixiante e invasiva, percibio su pequeña forma irregular y caotica, con una figura aun mas oscura que el deredor, debilitado pero profundo como un devorador de luz.
Iori caminó hacia la criatura que mutaba sus formas como un bosquejo entrópico que se tragaba todo y extendió la mano sin titubear. Las formas oscuras parecieron enfocarse en su existencia por un breve momento y lo que parecia un movimiento creado por hilos de oscuridad, se extendió hasta envolver su mano. Y en una fracción de segundos despues, todos aquellos hilos de absoluta negrura se envolvieron sobre Iori y un terror sin precedentes pareció inundar todo su ser.
Kyo despertó de golpe por un grito ahogado. Un gruñido estridente. Su primera reacccion en medio de la penumbra fue buscar a Iori y toparse con la cama vacía. Maldijo escuchando los gruñidos estrangulados en el centro de la habitación, pero todo estaba tan oscuro que no lograba percibir mas alla de pocos centimentros.
Mando la mano a la pared buscando el interruptor y prendio las luces de la habitación. Pero tras el fogonazo inicial, las luces parpadearon y su tono fue oxidandose de una forma muy macabra que tiño todo de una iluminación precaria y moribunda.
Aún asi eso fue suficiente para Kyo percibir absorto como una extraña y densa oscuridad que parecia tinta, impregnaba todo alrededor. Y toda esta resumaba del centro de la habitación, desde las velas negras que desbordadas de oscuridad, teñian todo a su paso con un toque renegrido.
Iori yacía de rodillas inclinado sobre si mismo gruñendo al respirar con extrema dificultad. Kyo dio salto sobre la cama intentando alcanzarlo, pero al tocar esa oscuridad que lo rodeaba Kyo sintio como si se hundiera en alguna especie de mar viscoso.
Dio un paso atras azorado, repitiendose mentalmente que no era real, pero sintiendose abrumado por un terror desconocido. Aun así su preocupación por Iori era tan grande como aquel miedo enajenado y Kyo se sumergio en aquel mar de oscuridad hasta tocar a Yagami.
Se sentía a punto de ahogarse y maldijo. No iba permitir que esa cosa devorara a Iori y permitió su fuego fluir dolorosamente. Pero antes de manifestar las abrasadoras llamas que arrasaban de adentro hacia afuera, la mano de Iori se extendio hasta atrapar con brusquedad la muñeca de Kyo. Su fuerza desproporcionada lastimo al castaño, pero no lo suficiente para alarmarse.
— No… — Sono la voz baja y gutural de Iori, mezclada con entre tonos multisonoros y perturbadores de varias voces en una sola.
El pelirrojo giró con dificultad en dirección a Kyo y sus ojos ocultos por un velo de absoluta oscuridad parecieron enfocarlo. Unas densas lagrimas oscuras como tinta se derramaron sobre sus mejillas y Kyo confuso llamo a Iori por su nombre sin saber con certeza si deberia hacer arder todo.
— …lo tengo. — Habló Iori con alargada pausa y una sonrisa que podria ser la mas macabra que el castaño hubiese visto en él. Como si le fuera dificil pronunciar esas palabras de tonos múltiples, no dijo más.
Levantó la otra mano temblorosa con el cristal violeta y brillante destellando en la oscuridad y lo empuño con fuerza soltando la mano de Kyo. Toda la negrura circundante pareció retroceder, regresando al origen, era como si Iori la aspirara con su sola presencia. Unos segundos despues la luz del cuarto dejo de titilar y regresó a su color normal.
Entre la mano de Iori el cristal impoluto que le había dado Kagura, yacía tan negro como el onix.
El cuerpo de Iori perdió el equilibrio y Kyo lo recibió en sus brazos, sosteniendolo por la espalda.
Estaba muy agitado, pálido y frío. Incapaz de mantenerse erguido pero consciente, Iori se acuno en los brazos de Kyo y recostó su cabeza agotada en el pecho de este. Entre sus dedos ambos apreciaron aquella piedra repleta de una negrura que parecia arremolinarse como tinta.
El infeliz de Yagami lo había logrado, Kyo sonrio fastidiado pero tranquilo. Iori había conectado y usado la energia del Yokai para imbuir el cristal.
— ¿Estas bien? — Preguntó el castaño. Iori solo lo observó desde su pecho con una sonrisa sardonica, ocultando su agotamiento.
— ¿Sera que algun día podriamos dormir sin que me quieras matar fisicamente o de un susto? — Indago Kyo con cierto tono mordaz. Iori cerró los ojos sin perder la sonrisa y perdió la conciencia. El cristal rodó desde su mano hasta el tatami.
Kyo cargó en brazos a Iori ignorando ese pedazo maldito de piedra. Que se quedara en el piso no haría la diferencia, no planeaba tocar esa cosa en ningún momento.
Lo llevó a la cama y lo recostó con delicadeza revisando que su pulso estuviese bien. Sus latidos parecian haberse regulado apenas soltó la oscuridad que lo envolvía. El castaño dio un vistazo al suelo antes de recostarse en la cama. Las marcas tenues y el circulo que antes tenia el tatami suavemente pintado, habían desaparecio. Las velas estaban totalmente derretidas y gran parte de su cera habia desaparecido.
Miró con desprecio aquel cristal negro, recordando la cara de Iori solo un minuto atras. Sus ojos negros derramando lágrimas que teñian su piel blanca de tinta oscura. Tal vez si se deshacía de ese cristal, pensó. Tenía una fuerte reticencia ante lo que respectaba a ese ritual, pero sabía que Iori no le perdonaría interponerse, como él aún no le había perdonado destruir el hokora solo, por protegerle.
Majime Kagura llegaría al día siguiente, en el momento en que iniciaran aquello ya no habría vuelta atrás. Pero las palabras de Iori seguían rondando su cabeza.
"...determinado y contundente. Eso somos Kyo"
El castaño suspiró y apagó la luz. Se acomodó al lado del pelirrojo, entrando en contacto con su piel. Durmió profundamente con una mano en su pecho. Imbuyendo su energía cálida y dorada en Yagami.
