Era 31 de Diciembre. La casa estaba casi vacía salvo por Kyo y Iori que reposaban en el jardín parcialmente nevado compartiendo algo de comer, tras el sueño de 12 horas del que revivió el pelirrojo. La temperatura era muy baja aunque desde que había iniciado la madrugada la nevada se habia detenido.
Iori se había despertado de mucho mejor semblante, color y energía.
No quiso tocar el tema de lo sucedido la noche anterior, ya estaba lo suficientemente satisfecho con tener ese maldito cristal imbuido.
— Gracias Kyo. —dijo en respuesta al gruñido inconforme del castaño por evitar el tema— Por darme un sueño tranquilo. — agregó con una sinceridad que hizo ceder al Kusanagi y echarle tierra al asunto.
— Hm…parece ser la única manera de usar mi energía sin quemarlo todo. —dijo Kyo con expresión decepcionada—. Aprovechalo mientras dure. —apuntó engreido—. Y tambien sigue pensando como pagarme tantos favores. — agregó con una sonrisa encantadora e igual de engreida.
Iori sonrió desviando la mirada, pero extendió el brazo hasta atrapar el rostro de Kyo.
Este lo miro curioso hasta ser abordado por un beso pasional y descarado.
El castaño se separó un poco, divertido, Iori era cada vez mas impredecible con sus acercamientos y eso lo tensionaba tando como lo provocaba.
— No creas que eso sera suficiente. — dijo por lo bajo el castaño disimulando la tension sexual que revoloteaba entre ambos, lamiendose los labios que Iori habia besado con bastante brusquedad.
— Luego te hare rogar que pare. Y veremos que tanto me queda a favor. — Susurró Iori con atractiva lascivia y Kyo sonrió conteniendo una réplica, consciente del camino que podrian tomar estando solos. Ese no era el lugar ni el momento.
Comieron de forma abundante retomando el tema de las misteriosas islas y que posible relación tendrian con las reliquias y Orochi.
Tras un par de divagaciones sin salida, Kyo refunfuñó.
— Quitando la parte embrujada del asunto, no comprendo que carajo podrian querer de un par de rocas yermas como para tener intención de pelearse con otro país.
— Debe haber algo de valor, tal vez territorio maritimo, cercanía, influencia militar. — apuntó Iori dando un bocado desintenerado a la poca comida que restaba.
— Tal vez solo se la están midiendo. — Dijo Kyo con tono divertido y vulgar. Iori rió por lo bajo y Kyo se recosto sobre los brazos en el suelo, mirando el cielo encapotado.
— Dime Yagami, que lugar en el mundo te gustaria visitar. — Indago con aire casual. Iori miró de soslayo con curiosidad ante el cambio abrupto de tema.
Suspiro pensativo y miró el cielo encapotado tambien.
— Las costas oscuras cerca al mar. —acotó reflexivo recostando el peso en los brazos tras de sí—. Hay un encanto particular en esas verdes praderas frías entre bosques frondosos y rocas negras…ver crecer un pequeño edén en medio de la rígida y helada tierra. — agregó con la mirada distraída.
Kyo lo observó con cierta calidez. Algo como tú, pensó con una sonrisa tenue.
— Un oasis en medio del infierno. Suena bonito. — Hablo Kyo sentandose de nuevo. Iori gruño a modo de asentimiento sin agregar mas y lo miró esperando su respuesta.
— Hm. Me gusta cualquier lugar donde no tenga que hacer nada, salvo relajarme, y que haya brisa marina. ¿El caribe depronto? — Indago con una sonrisa perezosa.
— Eres un vago. — apuntó Iori tomando un sorbo del sake que Mai les había dejado. Tras lo cual ofreció un poco a Kyo, quien rió abiertamente sin refutar aquella afirmación y acepto la porcelana con licor.
— Y yo pense que te gustaban mas las ciudades, los lugares llenos de luces y bullicio. — Acotó el castaño dejando la vasija a un lado.
— No me desagradan. Solo…me ayudan a acallar las voces. El bullicio y el movimiento se mezclan. Los lugares muy silenciosos solian ser una pesadilla antes.
— ¿Ahora no? — Preguntó Kyo pensativo.
— Desde que fui despojado de mis poderes no tanto. Algo cambió al tener aquel tiempo para redescubrir quién era, y que deseaba. —miró de soslayo a Kyo con una particular intensidad que lo hizo sentirse algo nervioso, como antes—. Supongo que me hice mas fuerte a su influencia, no habia vuelto a tener mayor problema hasta...
— La conexión. —completó Kyo. Iori asintió—. Esos malditos Bihksu. — Gruño Kyo resentido. Iori agudizó la mirada y su expresión adoptó un matiz frío.
— Creo que no debemos esperar mucho mas tiempo. Hay que darle caza a Takeshi lo mas pronto posible. — Apuntó el pelirrojo. Kyo observó el suelo con una leve negación.
— Sabes que el tiempo lo necesitabamos nosotros. No hay forma de seguir en las circunstancias en las que estamos. — espetó el castaño.
— Bueno, ya no es así. — Apuntó el pelirrojo testarudo. Pero antes de que Kyo pudiese debatir, el movil emitio algunos sonidos ahogados.
Ambos miraron el bolsillo del castaño y este apunto con un dedo a Yagami en advertencia de que esa conversación no estaba terminada. Iori lo ignoro desinteresado y Kyo se alejó para responder la llamada.
— Señor Kusanagi, habla Satoru. Acudiendo a su reciente petición, debo informarle que los monjes han llegado a la morada Kusanagi y esperan por usted.
— Entiendo. Acomodalos, ya salgo para allá.
Guardó el movil observando la enorme casa vacía. En esta ocasión tendría que confiar en que Iori no haria nada peligroso estando solo.
Regresó al salón y apreció un corto instante la espalda amplia y oscura del pelirrojo contrastando con el blanco de la nieve. Se recostó en el dintel de la salida al jardín y suspiró.
— Debes irte supongo. — Habló Iori con calma sin apartar la vista de una pequeña charca congelada y dió el ultimo sorbo al Sake con aire despreocupado.
— Debo atender asuntos del clan. Pero regresare en unas horas. —un breve silencio se poso sobre ambos y Kyo sonrió maliciosamente—. Espero que descanses y no hagas ninguna estupidez si quieres que ese condenado ritual de Kagura funcione. No puedes tener gente detrás tuyo todo el tiempo. — Entonó Kyo con falsa molestia. Iori se crispo automaticamente.
— No necesito una maldita niñera... — espetó el pelirrojo irritado, pero bufo fastidiado al ver la sonrisa divertida de Kyo al lograr provocarlo.
— Ya largate Kusanagi.
— Volvere pronto. — Agregó el castaño con una risa suave, tras lo cual salió del lugar.
La tarde opaca llenaba de matices grises las calles. El clima seguía con una inclemencia inusual, pero el frío no detenía a la gente de preparar las festividades y mantener activo el comercio.
Por lo menos durante ese día la nevada estaba ausente, pensó Benimaru arrebujandose entre la chaqueta acolchada. El frío le pegaba particularmente fuerte desde lo sucedido en aquella colina de los Hokora.
Observó con cierta envidia y desconcierto como Mai recibía el viento helado al salir del auto, con poco mas que un sueter delgado, sin titubear.
Malditos controladores de fuego, refunfuño mientras se ceñía aun mas el cálido acolchado de la chaqueta y despedía el taxi que los había transportado hasta el Illusion Bar.
— Saludame a Mary y a King. — acotó Mai disponiendose a partir.
Tenía la intención de contactar a algunos miembros de la red Shiranui para corroborar parte de la información que habían obtenido sobre la reunión. A pesar de la insistencia de Benimaru de entrar y hablar con todos, mantuvo la negativa ante la idea de ver a Andy.
A pesar de estar haciendo justo lo que este buscó tanto de ella. Lo sentía como una decisión personal y no como si estuviese cediendo a sus demandas. Kaoru, King y Mary tambien eran sus amigas, y si contactar la red ayudaba a darles algo mas de seguridad a las chicas en esa reunión. Era una razón mas que suficiente para mover los informantes que fuesen necesarios.
Sonrió con cierta culzura ante el último intento de Beni de ofrecerse a acompañarla ya que no planeaba subir.
— Es mejor así. Cuando estoy acompañada no son muy informativos. — se excusó simpaticamente. El rubio suspiró y le guiño un ojo.
— Recuerda que debes regresar antes de medianoche cenicienta. No podemos pasar el fin de año sin nuestra disfuncional familia. Cuídate y mantente en contacto. — apuntó Nikaido con una sonrisa sarcastica antes de desaparecer tras las puertas.
La mujer asintió divertida y con una gracil elegancia se perdió entre callejones blancos sin dejar huellas en la nieve.
En el interior del Illusion reinaba un silencio tenso. Andy y Terry organizaban conjuntamente con el encargado de las comunicaciones, los dispositivos que usarian las mujeres. Testeando el sonido y la reverberancia, la claridad de la señal y la recepción necesaria del dispositivo con el que aspiraban que Mary grabara algunas conversaciones de la reunión.
Benimaru saludó de lejos a los hombres y se acercó a la barra donde Mary y King parecían compartir una conversación silenciosa, llena de gestos sutiles respecto a los dos hermanos. Cuando el rubio se acercó cambiaron el semblante y lo recibieron con una cálida sonrisa.
— Te ves como un espectro cariño. — dijo King sirviendo un vodka doble.
— Dicen que esto le devuelve la vida a cualquiera. — Acotó Blue Mary deslizando la bebida hasta las manos frías de Nikaido.
El rubio vació de un trago la copa agradeciendo el caliente torrente en su garganta. Se acomodó regresando de forma tentativa la copa a la bartender, quien con una sonrisa llenó de nuevo el recipiente.
— Y bien, que es lo que tienen planeado. Y que tan seguro es. — Indagó el rubio mirando las dos mujeres. King desvió la vista a Mary y sonrió con agudeza.
— Bueno, el plan consta de ingresar a Mary como una asesora extranjera. La señorita Alice Beuchamp. Mientras yo sere una experimentada contratista extranjera, Jean Butler. —agregó King con exagerada elegancia—. Gracias a los contactos de Mary conectamos a un diplomático de la embajada de USA, que resultó estar muy interesado en recabar información de los procesos gubernamentales que ha mantenido en tan bajo perfil el gobierno japonés últimamente. — explicó King dejandole a Mary el resto.
— Dado que he estado compartiendo algo de valiosa información con ellos estos últimos años, me recomendaron como parte del grupo de asesores legales. Ttoda una abogada de New York, de donde proviene una de las empresas vinculadas a los Howard, y que está particularmente interesada en cerrar tratos comerciales con japón. Y aunque esto dista mucho de ser un lobby, se tomarán decisiones políticas importantes que abrirán puertas a negociaciones particulares. Lo cual me deja en un punto estratégico. — completó la explicación Blue Mary.
— Espera… ¿Ahora eres alguna clase de espia norteamericana? — Preguntó Benimaru anonadado.
— No exactamente. Pero si tenemos un interesante intercambio de favores por información. Ellos me facilitan un rol sólido como asesora de los empresarios, sirviendo de traductora, y yo grabare toda la información posible de las negociaciones y compartiré lo pertinente con ellos. — Apuntó Mary con una pícara expresión.
— Eres una condenada espía…— Repitió Benimaru sin ocultar la sorpresa con una media sonrisa—. No me digas que tú también. — Miró a King inquisitivo.
— Oh, como crees. Yo solo sere una inocente bartender, encargada de hacer una lista de los participantes y sus procedencias, tambien de mantener vigilados a los agentes de Gesse Howard e informar a Mary de todos sus movimientos. Mientras, intentaré intercambiar mensajes con tu querida chiquilla Yagami. — apuntó King con aparente modestia. Benimaru sintió contraerse el estómago ante la mención de Kaoru. Una chispa de esperanza se plantó en su pecho y sonrió divertido.
— Con que esto es lo que llaman un trabajo profesional. —acotó con sorna recordando el desastre que armaron en su anterior intento.
— En esta ocasión tenemos todo cubierto. —interrumpió Mary al ver un tinte de desconsuelo en ambos rubios—. Estaremos bien Nikaido. — agregó alzando su copa incitando a un brindis. Los tres vasos chocaron con un tintineo delicado.
La entrada a la casona seguia siendo igual de custodiada. Desde el ataque sufrido por los ancianos Kusanagi, se había instaurado todo un sistema de vigilancia 24/7 en las casas de las familias principales del clan. Kyo ingresó entre los hombres que lo saludaron con leves inclinaciones de cabeza y divagó por un instante sobre cómo avanzarian los esfuerzos de su madre por presionar a los ancianos de clan, ante la reticencia que tenían dedefinir al nuevo líder.
Por como se sentía, sabía que no lograria controlar su propio desborde de poder, por lo menos no en una temporada, y en ese momento lo que menos tenía era tiempo.
Ingresó a la casona y preguntó por su madre al retirarse la chaqueta y entregarla a una de las encargadas de la casa. Esta le informó que Shizuka aun no regresaba de la visita a los ancianos.
Indagó si había dejado noticias sobre el estado de Jun y la mujer le confirmó que el hombre se encontraba estable y recuperándose, pero que aparte de eso no le había compartido mayor información para comunicarle.
Esto no se mueve para ningun lado, pensó Kyo preocupado. Agradeció a la mujer y caminó por el borde del jardín interno hasta uno de los salones ceremoniales. Uno que le atrajo cierta nostalgia, ya que era el que mas usaba para entrenar con su padre.
Llevaba meses sin tocar aquel espacio.
Ingresó por la entrada externa que yacía abierta y saludó con una leve inclinación a los tres ancianos Kusanagi que compartían algunas palabras con su actual mano derecha.
El reencuentro fue breve, entre saludos y agradecimientos formales. Kyo instó por darle prisa a la revisión de su padecimiento y al reinicio de la recuperación. Insistió en la necesidad de solucionar lo mas pronto posible su herida espiritual.
Se ubicaron nuevamente en el remodelado salón del centro del jardín. Esta vez estaba reforzado con algunos materiales no flamables. Kyo vistió parcialmente la túnica de ceremonia, dejando la parte superior de su cuerpo desnudo. El menor de los ancianos monjes hizo una corta ceremonia del té y todos bebieron matcha en silencio a modo de preambulo.
Los monjes dispurieron 5 sahumerios apagados que colgaban de cada muro del salón y uno sobre ellos. Cubrieron con talismanes los dinteles de metal y se dispusieron a sellar un espacio que solo habitaria Kyo.
El hombre mas anciano se acerco al joven y marcó con cenizas del sahumerio un kanji en la espalda del joven. Luego emanó fuego de sus manos e hizo que las cenizas ardieran levemente.
Aquel calor en la piel pasó casi desapercibido para el castaño.
El hombre entonó algunos tenues rezos y Kyo sintió como si una senda invisible atravesara su espalda y su pecho sin causarle dolor. Segundos después se tensó al percibir la desbordante avalancha de energía que se arremolinaba. Como si hubiesen abierto una compuerta y esta estuviese a punto de romperse. Apretó los puños y exhalo aire caliente. Su piel se tornó algo rojiza y apreció como se desprendía un leve vapor mientras la temperatura aumentaba progresivamente.
— Concentre su energía joven Kusanagi. Enfoquela en uno de los sahumerios. Solo un fragmento, solo una pequeña chispa insignificante que haga arder la piedra. — Habló el anciano con voz baja y calmada.
Kyo tenía el cuerpo totalmente tensionado marcando cada músculo con surcos de sudor. El calor interno era abrasador, el solo hecho de contener el torrente desbordado le demandaba casi todas sus fuerzas. Respiró fuerte intentando concentrarse y de su boca salió un vapor dorado que lo lastimó.
Una tímida llama roja envolvió el sahumerio seguida por un torrente de fuego rojo que abraso el metal y la cadena hasta reptar por el muro y chocar con el techo. Todo el revestimiento del muro se contrajo ennegrecido y Kyo se inclinó con un profundo gruñido de dolor mientras el vapor dorado flotaba con cada respiración ahogada. Los monjes al unísono extendieron talismanes cristalizados que con un tenue brillo dorado absorbieron las llamas rojas y la energía dorada de Kyo mientras el mas anciano de ellos borraba con la mano ardiente el kanji de su espalda.
Kyo sintió con alivio como la desbordante avalancha se detenía y regresaba a su estado previo, se derrumbó entre bocanadas de aire frío que le refrescaban la garganta lastimada. El fuego desapareció dejando solo algunas llamas naranjas resagadas en el muro. El olor fresco del sahumerio flotó entre los presentes.
Los monjes tomaron asiento al lado del anciano y Kyo se sento algo descompuesto y desordenado sobre el suelo.
— Aunque no podemos percibir aquella esencia que mantenia la herida espiritual abierta. Claramente aun hay un vínculo con lo que sea que lo mantiene así. —habló el anciano con una mirada algo inquisidora—. Hasta que ese vínculo no sea roto o desligado joven Kusanagi. No podremos sanar el daño espiritual.
La respiración fuerte y agotada de Kyo se reguló y recompuso su postura. Miró fijamente a los viejos monjes del clan Kusanagi. Estaba seguro que ellos desconocían la naturaleza de su afectación pero pronto comenzarian a sospechar sobre cuanto sabia Kyo al respecto y el por qué no les estaba informando.
— Estuve pensando tras hablar con las sacerdotisas Kagura…Chizuru canalizaba parte de su poder a través del espejo Yata. ¿Acaso, la reliquia Kusanagi podria ayudarme con esto? — Preguntó con cierto escepticismo. Quería parecer más curioso y casual que interesado.
Los monjes asintieron y el mas anciano miró al suelo un instante.
— Con la reliquia, podría incluso erradicar aquella esencia que evita su curación espiritual. — Apuntó el anciano mirandolo atraves de unas cejas canas algo espesas. Kyo se tensó ante la idea, romper su vínculo con aquel espíritu justo cuando Iori tenía esa cosa dentro de sí, le impediría ayudarlo en todo aquel proceso tan doloroso. Esa no era una opción aceptable para Kyo.
— Entonces lo mejor sería que pudiera usar la reliquia del clan. — Aventuro el castaño con cierto dejo inocente, pero precavido. Uno de los monjes negó con la cabeza mientras el otro observó a Kyo con fría negativa.
— Desgraciadamente eso no es posible. El único que puede tener derecho a la Espada Kusanagi es el líder del clan Kusanagi. Nadie mas puede acceder a la reliquia o determinar su uso. — Apuntó el monje de la derecha.
— Ese importante ritual y tradición solo sera otorgado al nuevo líder cuando sea designada la decisión del círculo. Le recomendamos guardar descanso y evitar el uso de su fuego mientras llega ese momento joven Kusanagi. — apuntó el anciano mayor terminando la conversación y con una leve reverencia solicitaron retirarse, dado que aquel ritual era particularmente agotador para ellos tambien.
Kyo asintió ordenando a los encargados darles comida y un lugar de descanso. Regresó al salón de entrenamientos desde donde la mano derecha observaba la escena con cierta preocupación.
— Me informaron que la reliquia del clan Kusanagi podria ayudarme a sanar. — aventuró Kyo directamente sin darle vueltas al asunto. El hombre lo miró con algo de esperanza pero luego se ensombreció su expresión.
— Pero solo el líder puede…—
— Lo sé. —apuntó Kyo sentandose en el Zafu de al lado—. Solo el líder puede acceder a la espada. Pero… ¿No hay algun modo de evadir esas formalidades y que me digas donde esta?
— Yo mas que nadie entiendo lo importante que es para su situación y la del clan que algo así pueda lograrse, pero solo los monjes encargados del ritual saben la ubicación física de la reliquia. Y esa información solo se la ofrecen al líder en su posesión, mas no a sus delegados. —suspiró pensativo—. Ni siquiera su madre, a pesar de ser la esposa de nuestro anterior lider, sabe la ubicación de la reliquia.
El castaño suspiro observando el salón del ritual en medio del jardín congelado, repasando todos los sucesos desde su designio como potencial líder. El aire helado hizo tiritar al hombre a su lado.
— El anciano…¿Él es miembro de los monjes encargados de la reliquia? — Indagó pensativo. El hombre se abrigo con movimientos elegantes y asintió.
— No es parte del grupo que la custodia, pero es un domador del fuego, y son ellos quienes suelen enseñar las tecnicas ancestrales a los líderes del clan. Así no sean parte de los guardianes de la reliquia, se dice que a donde vaya la espada van ellos…— Susurró la mano derecha tras ceñir su traje.
— Entonces aunque no tenga acceso a ella, debe saber donde se encuentra. — agregó Kyo casi para si mismo.
— Señor Kusanagi. Es un hecho que la posesión de la espada Kusanagi traeria importantes beneficios no solo para usted si no para la situación del clan. Si logra que aquel hombre entienda eso…tal vez…—hizo una pausa extensa observando a Kyo—. Se que hemos tenido nuestras diferencias antes señor Kusanagi, pero a pesar de todo ha demostrado ser un hombre de principios y se que quiere ayudar, aun estando en su situación…—se irguió lentamente y junto las manos—. Su madre y yo creemos en sus palabras, algo mas allá de lo que todos creen ver está moviendo los hilos mientras nosotros mantenemos tensiones dentro del clan. Y eso debe acabar. Quiero que sepa que contará con todo nuestro respaldo si decide ir por la reliquia. — Apuntó el hombre con solemnidad y Kyo algo sorprendido agradeció el apoyo.
Su idea de tomar la reliquia distaba mucho de arrebatarla a la fuerza, pero se sintió agradecido con las palabras de la mano derecha. Tras decirle al hombre que no sería necesario ningun enfrentamiento interno, le agradeció por su apoyo y se retiró.
Ingreso al salón donde los monjes descansaban en medio de una metidación.
El anciano mayor abrió los ojos extrañado por la intromisión y pidió al heredero compartir el espacio con ellos.
— ¿Que atribulaciones lo traen ya con nosotros Joven Kusanagi? — Habló con voz cansada el anciano. Pero en su mirada aguda ya preveia la cuestión que deseaba abordar el joven.
— …parece que me estaba esperando. — Bufó Kyo por lo bajo al tomar asiento.
— Tenia mis sospechas. — apuntó el anciano e hizo una señal a sus acompañantes para abandonar el salón. Estos se retiraron tras una reverencia.
— Entonces supongo que entiende que el liderazgo del clan está en un limbo a causa de la imposibilidad que tengo de controlar el fuego. Tras lo sucedido con Jun Kusanagi, los ancianos no daran el visto bueno hasta que no controle esto. Y también debe entender que no voy a poder controlarlo si no me deshago de aquello que mantiene abierta la herida.
El anciano guardó silencio y observó a un costado donde el simbolo del sol eclipsado reposaba dorado sobre un telar oscuro.
— A estas alturas joven Kusanagi, las tradiciones son lo único que mantiene unido al clan y mantiene el orden suficiente para conservar lo que queda del pacto que rompieron los Yagami. Somos la única parte del sello de Orochi que se mantiene casi intacta.
— Sabe que no puedo curar solo, no en el tiempo limitado que tenemos. Todo esto es más Burocracia que parte del pacto. El Yata se ha perdido, El Magatama está en poder del enemigo y La espada no puede seguir oculta sin actuar. Alargar esta situación solo desestabilizaria mas el clan Kusanagi y ahi ya no cabe la definición de "parte intacta" porque ni siquiera en este momento estamos bien. Mataron a mi padre, atacaron a los ancianos, el clan esta sin un líder... —
— Todo eso fue para debilitarnos joven Kusanagi, para exponer lo único que aun no tienen. La espada Kusanagi. No podemos arriesgarnos a perder la única reliquia que aun mantiene el sello en pie. Sin un líder indicado, la espada no puede abandonar su recinto. — Puntualizó el anciano reacio y decidido a proteger las tradiciones.
Kyo lo supo, no habia forma de convencer a aquel hombre de entregarle la espada. El consideraba que la reliquia Kusanagi era la única en las manos indicadas, Protegiendo aquello para lo que fue entregada, arriesgarse a perderla seria perder siglos de lucha contra Orochi.
También sabia que jamás perdería la reliquia y haría arder todo antes de permitir que aquellos hijos de puta que mataron a su padre pusieran sus manos en ella. Pero ese argumento absurdo e iracundo no traería nada salvo una negativa mayor. Tenía que hacerle entender a aquel anciano que la venganza no era lo único que motivaba su determinación.
— No necesito que me entreguen la reliquia. Necesito usarla para detener el caos en el que estamos metidos. Si todo esto fue un plan para debilitar los clanes, no podemos permitir que siga igual. Si no puedo romper la tradición, por lo menos podemos hacer el ritual de restitución espiritual con ella, sin tener que sacarla del recinto protegido. —apuntó Kyo determinado—. Si eliminamos eso que altera mi espíritu y limita mi control sobre el fuego, podría tomar el liderazgo del clan y detener de una vez por todas el daño tan grave que han dejado en el sello de Orochi. — puntualizó con tan profunda convicción que el anciano guardo un silencio solemne.
Kyo se sentía culpable por no ser del todo honesto, pero era sincero con sus intenciones. De una u otra forma ese era su objetivo, detener toda esa carniceria y regresar el control a los clanes del sello.
El anciano suspiró agotado y reticente. No le gustaba aquella propuesta, iba en contra de todo lo que había ejercido durante toda su vida. Pero el joven heredero y futuro líder tenía razón. No podían esperar más. La situación debia resolverse lo mas pronto posible por el bienestar de todo lo que llevaban protegiendo durante siglos.
— Organizare lo necesario para el uso de la reliquia y le informare lo mas pronto posible. — Accedió con una leve reverencia. Kyo le regresó el ademan y se retiró.
Ya estaba entrada la noche y debía regresar con Iori. No sabia que riesgos tendría aquel ritual Kagura, pero no planeaba estar lejos cuando sucediera.
Iori se secó el sudor que caía por su cuello y se dispuso a completar la última serie de flexiones. Se sentía totalmente hastiado de estar en cama, llevaba demasiados días sin actividad suficiente y detestaba esa sensación de incapacidad.
Exhalo tras completar las dos horas de esfuerzo y contrario a lo que esperaba percibió mayor energía y confort. Bebió agua recostado en el muro lateral del patio mientras observaba caer la tarde, encapotada y gris, pero con leves tintes naranja entre las nubes.
Pensó en la usencia de los Supaida y el silencio de Saito. Justo cuando mas necesitaban encontrar a Takeshi, mas distancia tomaba la organización de ninjas. Había pasado mucho tiempo, no tenia sentido que siguieran sin conocer su paradero.
La desconfianza que se se había ido plantado en Iori había comenzado a echar raíces. Si la próxima vez que contactará Saito no tenia infomación certera, estaria seguro de que algo estaban planeando en paralelo con ellos. Posiblemente usandolos como fichas en alguna agenda desconocida.
Al caer la noche entro cerrando el ventanal tras de sí y al disponerse a subir por las escaleras la sintió. Frenó en seco y giró hacia la puerta de salida. Alguien se acercaba, pero lo que lo perturbaba era esa clara sensación de que Chizuru cruzaría esa puerta en cualquier momento.
Se acercó al portón y lo abrió justo en el instante de que un monje bajo y fornido iba a tocar el timbre.
Majime Kagura y tres miembros más de su clan, algo atareados con algunas cajas, yacían bajo el recibidor exterior.
— Iori Yagami. Podrias haber sido un gran rastreador. —habló la mujer con amable condecendencia—. ¿Podemos pasar?
Iori fruncio el ceño, confuso, al no percibir mas la esencia de Chizuru y se apartó de la entrada.
— Hay que hacer los preparativos y tener todo listo antes de la media noche. — habló para sus acompañantes la sacerdotisa y estos asintieron poniendose manos a la obra. Empezaron por sacar todos los muebles del salón principal e ingresar las cajas del viaje.
— Ven conmigo Iori Yagami. — Lo instó la mujer a seguirla.
Ya en el comedor saco unas hierbas de olores desconocidos y flores de colores azulados y blancos.
— Debes preparar tu cuerpo y tu mente. Tenemos pocas horas, pero sera suficiente. — Habló con calma macerando algunos petalos que parecia lapizlazuli de seda. Iori la observó con cierto escepticismo, pero aguardó en silencio.
— Debes lavar tu cuerpo con las flores de los muertos, eso te protegerá de los espíritus inocentes que has cegado. — Acotó entregando una pequeña bolsa de tela donde se asomaban pequeños fragmentos de pétalos rojos.
Higanbana, pensó Iori rozando la tela con sus dedos. Sus pecados lo perseguirian siempre con flores o sin ellas.
— Las esencias de la muerte mantendrán alejados a todos los penitentes que atraiga Ankoku. Prepárate mientras hacemos los arreglos necesarios en el salón. — Agregró con autoridad, aunque había un tinte maternal en sus indicaciones.
El pelirrojo asintió. Había llegado la hora, no era momento de estar cuestionando a la bruja. Ya había confiado en Chizuru años atrás, confiaría en los Kagura una vez más.
Cuando Kyo regresó tras dejar todo en orden en la casona y convencer a la mano derecha de no informarle a su madre sobre el tema de la reliquia, faltaba poco menos de dos horas para la media noche. Mai y Benimaru habían llegado solo un poco antes que él y yacían bloqueando la entrada al gran salón.
Kyo se deslizó entre ellos hasta quedar bajo el dintel y apreció a Iori descalzo y sin camisa, recostado en un muro del costado de la habitación. Majime estaba en medio de una explicación extensa sobre la naturaleza de Ankoku y que planeaban lograr con aquel ritual.
—...así, este es un momento proclive para la realización de este ritual. — caminó la mujer rodeando a Iori mientras sacaba de una bolsa de tela negra, cenizas grisáceas. Un olor a sauce invadió el recinto mientras marcaba símbolos tras un círculo de arena blanquecina e iridiscente que encerraba un centro vacío. La nieve se filtraba a traves de los ventanales abiertos con absoluta parsimonia, como si tuviese su propio tiempo.
— En esta fecha hay una gran carga de energías y plegarias fluyendo en el entorno. Recibir un nuevo año entre intensos deseos de cambio o estabilidad, entre ofrendas y rezos, entre la espectativa de respuestas divinas, carga de misticismo el aire y potencia cualquier convocación. Esta noche nos dará una mayor probabilidad de éxito. — Concluyó la sacerdotisa.
Completó los símbolos con la ceniza y con un movimiento fluido de la mano, hizo vibrar los ofudas plegados entre los muros y el techo. Asintió complacida con sus ayudantes y dispuso 4 velas blancas, tan iridiscentes como las partículas del círculo. Cada vela estaba ubicada en un punto cardinal dentro de otro pequeño circulo de arena blanca, que rodeaba al principal, entre las marcas de ceniza.
Poco antes de la media noche, tras un silencio extenso mientras Majime y sus monjes rezaban en voz baja, Iori dió a Kyo una mirada apaciguadora, ya que el castaño parecía poco convencido de lo que estaban a punto de hacer. El pelirrojo caminó entre los trazos en el suelo sin tocarlos y se posicionó en el centro del círculo. Se sentó cruzando las piernas y cerro los ojos.
Majime Kagura prohibió a cualquiera ingresar al espacio demarcado mientra el ritual estuviese en curso. Separó las mangas de su traje ceremonial dispuesta a dar inicio. Estaba cercada por los monjes Kagura, que con el rostro cubierto por una tela que tambien contenía simbolos, le generaron escozor a Kyo a causa de su gran similitud con los Bihksu.
La mujer entonó un mantra bajo y reverberante que fue complementado por los monjes. Sus palabras incomprensibles solo denotaron un sonido reconocible para los demás; el nombre del Yokai, Ankoku.
La mujer extendio de su mano el cristal imbuido por Iori, haciendolo flotar levemente a medida que este comenzaba una danza circular y chisporroteba destellos violeta. De repente aquellas chispas del talisman empezaron a ser devoradas por una densa oscuridad emergente. Los Ofuda temblaron con brusquedad y varios de ellos ardieron bajo un extraño fuego negro.
Kagura alzó la voz ordenando a Iori concentrar su energía y encender las velas una a una. Kyo apreció la leve similitud que tenia con el ritual Kusanagi y percibió con empatia como todos los músculos de Iori estaban completamente tensos a pesar de su calmada expresión. Sin abrir los ojos, las velas fueron encendiendo una a una con una cálida llama violeta.
Algo tan sencillo, había sido tan doloroso para si mismo, pensó el castaño con frustración.
En ese instante el circulo reaccionó con un pálido fulgor plateado.
La sacerdotisa entonó nuevos rezos y los monjes a su lado rodearon a Iori repitiendo los mantras iniciales.
En la lejanía ya se escuchaba el retumbar de la pirotecnia. La despedida de un viejo año, y la bienvenida a uno nuevo lleno renovación y esperanza. La bruja Kagura ordenó a Iori conectar en ese preciso instante mientras el talisman flotó a alta velocidad hasta detenerse frente a al rostro del pelirrojo con una vibración extrambotica y brusca.
Iori respiró con dificultad y gruñó ante la sensación de ser invadido. Lo sintió allí, bajo el dintel de su mente rasguñando la consciencia, permeando sus sentidos. Era una sensación enajenante pero lúcida. Como tener dos versiones de si mismo, con aquella oscuridad amoldandose a su forma, usando sus palabras y su percepción de la realidad.
Esa despersonalización le desorientó y el dolor no se hizo esperar. Aquella sensación lacerante de ser rasgado por dentro, el sabor metalico en la boca, la tensión dolorosa en cada fibra de su ser. Pero ese proceso lo conocia bien, podia tolerarlo. Era algo que lo habia acompañado desde el primer disturbio.
Este solo era un nuevo disturbio, uno donde su conciencia no estaba siendo dragada por un frenesí que nublaba sus sentidos.
Le permitió invadirlo a la vez que lo atrapaba en sus limites mortales. Era como un acuerdo tacito donde ambas partes cedian su voluntad. Sintió el poder enajenante y extraño fluir entre sus propias llamas y con la respiración entrecortada y sibilante, entre gruñidos, abrió los ojos completamente oscuros. Tanto su ojos, como su nariz y sus orejas estaban derramando surcos negros como tinta.
En ese mismo instante las velas que poseian un fulgor violeta se comenzaron a teñir de una antinatural matiz negro. Y las flamas se hicieron oscuras. La luz de toda la habitación se extinguió y la del resto de la casa menguó.
Benimaru y Mai observaron tan absortos como temerosos. Pero el rubio extendió una mano para retener a Kyo que parecía a punto de saltar sobre el ritual y detenerlo. Mai se interpuso entre el castaño y el ritual.
— Confía en ellos Kyo. — Dijo con algo de temor, pero con seguridad, y este solo resopló con impotencia poco convencido.
Iori percibió paulatinamente el entorno con una especie de sonar espiritual. Podia escuchar los rezos, las voces, los deseos, las envidias, la felicidad y la tristeza. El dolor y el sufrimiento resonaban de forma aun mas exacerbada, como si detectara la debilidad de cada ser en kilómetros a la redonda, y esto lo abrumó profundamente. El dolor estalló con intensidad haciendole doblarse contra el suelo.
Todos los ofuda empezaron a arder uno a uno entre llamas negras y violetas. Los vidrios del jardín empezaron a teñirse de algo parecido al hollín y los tres espectadores retrocedieron ante el avance de una oscuridad breosa que se extendía por el piso amenazando con salir del salón.
— Retoma el control Iori Yagami. Armonizalo con tu energía. Solo déjalo manifestarse a través del fuego. No vayas más allá. — ordenó Majime Kagura mientras desplegaba su rosario de perlas pálidas, y aquellas cristalinas esferas brillaron como pequeños faros blancos en la penumbra, rodeando a Iori.
— Escucha mi voz y sigue la luz Iori Yagami.
Los monjes Kagura reforzaron los Ofuda que rodeaban las velas y aquel polvo plateado se iluminó en cada extremo cardinal, como otra pálida fuente de luz.
Iori yacía gruñendo con la frente sobre el suelo. Estaba rodeado por una miriada de deseos, voces, lugares. Como si fuese una esencia omnipresente en un área enorme, y aquella multiplicidad le fragmentaba la mente. Pero cuando pensó que no soportaría mas, de repente en el firmamento oscuro entre la miriada de formas espectrales y peticiones, vio alzarse al cielo infinito cuatro destellos de luz y pudo centrar sus sentidos por un maravilloso instante en aquellos pilares. Solo en ese instante la escuchó, con un tono suave pero firme.
— Regresa. —
Cuando buscó la fuente de aquella voz, vio el desvaído espectro de luz que reconocia como Chizuru.
— Sigue su esencia, él tambien esta en ti Iori. — Resonó la voz clara pero lejana como si no procediera de ningun lugar, y lo supo sin siquiera pensarlo.
Tras la forma espectral y amorfa de Chizuru habia un delgado hilo dorado y flameante.
Su propio faro en la oscuridad, Kyo. Anuló todos sus sentidos enfocandose solo en aquel cálido hilo de fuego dorado.
La oscuridad que parecia a punto de romper los limites del ritual, y que ya habia dragado a los monjes, cubriendo parte de la sacerdotisa, frenó de repente y comenzó a replegarse.
Las luces de la casa normalizaron su intensidad menos las del salon y Majime Kagura dió una orden rapida a sus ayudantes mientras el cristal imbuido se hizo polvo sobre el pelirrojo.
De la misma manera las esferas de luz estallaron en un fino polvo lumínico. Los hombres medio sofocados por la oscuridad, con un movimiento rápido de sus manos, sellaron el polvo que quedo detenido alrededor de Iori, impregnando su piel.
Las velas dejaron de resumar oscuridad y se estabilizaron con una mediana llama violeta de vetas negras. Iori se sentó con dificultad, retomando la posición inicial. Miró a la mujer Kagura con sus como pozos de oscuridad sin mas vetas negras en su rostro, sonrió con aire arrogante a pesar del peso enorme que sentia en su cuerpo.
Majime kagura se dejó caer lentamente hasta quedar de rodillas. Todos los ofuda habían ardido hasta desaparecer. La forma del círculo estaba esparcida por el suelo como si hubiese sido quemado, al igual que los vidrios del jardin.
Iori asintió silenciosamente a la mujer mientras su cuerpo comenzaba a tambalearse. Kyo aparto a Benimaru y a Mai, logrando llegar justo a tiempo para sostener a Yagami antes de que tocara el suelo. Este cayó inconsciente sobre Kyo.
— Lamento tener que poner tanta presion en un cuerpo que aun no se ha recuperado. —dijo la mujer a Kyo—. Pero hemos logrado la convergencia, y espero esto pueda hacer una diferencia radical a la hora de confrontar a los traidores. Esta energia no puede ser anulada por ellos. — Majime se discurrió el velo del rostro, mostrando una palidez profunda y un sudor prominente.
— Señora. — se acercaron los monjes tambaleándose, tomandola en brazos mientras esta se desvanecia. Mai y Benimaru cruzaron rápido para recibir a la mujer desmayada, ya que sus ayudantes parecian casi igual de agotados.
— Nosotros nos encargamos. — dijo Benimaru cargando a Majime en brazos, y Mai ayudó a los monjes agotados a llegar a la salita improvisada donde podrían descansar.
Kyo limpió pensativo el sudor helado de la frente de Iori.
Cuanto mas tienes que sufrir esto Yagami. Ya es hora de detener esta locura, de alejarnos de esta locura, pensó con frustrante tristeza. Cargó al pelirrojo y abandonó aquella habitación renegrida. Sin querer saber como estaban los demas, subió a la habitación y desnudó el cuerpo perlado de Iori. Lo cargó y depositó en la bañera, que inesperadamente para Kyo, ya estaba llena, aún caliente y con petalos alargados de flores rojas flotando.
Se mantuvo recostado a un lado de la losa, mientras hacia pequeños remolinos con el dedo entre los petalos. Canalizando pequeños fragmentos de energía en evaporar pequeñas cantidades de agua. Recordando con cada emanación de vapor, el asfixiante dolor que amenazaba detrás.
No había retomado conciencia de su estado hasta aquella tarde. Aun tenía algo de ese dolor ardiente en la garganta y suspiró cansado. No podía seguir sin poder usar su fuego, pero tampoco podía descuidarse y arder por sí mismo. Aun así, ver a Iori exponerse mas y mas a un desgaste sin precedentes sin siquiera recuperarse de lo sucedido con el Hokora, le dolía. No podía soportar bien la incapacidad de hacer algo ni por él, ni por si mismo.
Empuño la mano haciendo ebullir unos pocos centimetros a su alrededor, pero una mano fría se poso sobre la suya y lo detuvo.
Kyo levantó la vista con sorpresa y apreció la mirada carmesí del pelirrojo.
— Pense que no despertarias hasta mañana. — aventuró el castaño con una sonrisa opaca.
— No quiero dormir un segundo mas. Estoy cansado de esta maldita debilidad. — acotó Iori recostando la cabeza en la bañera y mirando el techo.
— Que tonterías estas diciendo. Antes deberias agradecer que estas vivo idiota.
El pelirrojo sonrió sardonico y miró a Kyo fijamente.
— Cuánto tiempo llevas ya cuidando este cuerpo inutil. — Indago Iori sin dejar de mirarlo con una intensidad extraña.
— Tal vez el mismo que pasaste tú cuidando el mio. — agregó Kyo recostando la cabeza en el brazo perezosamente.
— Creo que hay algo que no funciona bien en esta relación… — aventuró el pelirrojo con tono cínico. Kyo rió por lo bajo.
— No seriamos nosotros de otro modo. —agregó divertido—. Pero no te preocupes Yagami, cuidare de tu inutil trasero hasta que mejores.
Iori guardó silencio y aquella mirada cansina y carmesí se intensificó. Kyo gruño incomodo, reconocía ese escrutinio.
— Estoy bien…— agregó el castaño con voz baja mientras Iori deslizaba una mano hasta la su mejilla, humedeciendola.
— Puedo verlo en ti, los estragos de tu fuego Kusanagi…
— Eres un maldito sabueso. — refunfuño el castaño.
— Ya lo sabes bien. Por eso siempre te encuentro. —hizo una pausa deslizando su mano hasta la remera del castaño. Instandole a desnudarse—. Ven aquí conmigo Kyo Kusanagi. — habló en tono bajo, serio.
El castaño cedio con cierta docilidad, dejó caer las prendas una a una mientras Iori observaba su cuerpo desnudo.
El pelirrojo extendió una mano hasta su cintura, deslizo los dedos por algunas cicatrices del torso y atrajo a Kyo a la bañera, abriendo sus piernas para darle espacio.
Este se acomodo entre el agua caliente y la piel ya menos fría de Iori.
Los brazos del pelirrojo lo rodearon en un abrazo fuerte que lo ciño contra si. Su cara se acomodó en la curva del cuello de Kyo.
— Yo tambien puedo cuidar de ti Kusanagi. Descansa conmigo. — Susurro Iori contra su piel y Kyo sintió una oleada eléctrica que le erizo los bellos del cuerpo. La esencia de Iori parecia absorver el exceso de calor aveces exasperante que contenia su cuerpo. Kyo dejó caer su cabeza sobre el hombro del pelirrojo agradecido de que su intercambio de energías tambien funcionara para sí mismo. Podía sentir en todo su cuerpo un hormigueo placentero, como una enorme caricia en su piel. Ambos tenian erecciones a medio camino, pero sabian que ese no era momento para un encuentro sexual.
Solo requerían descanso, compañia y contacto. Silencio y una comprensión mutua.
Tras dejar a Majime y a sus monjes descansando en las habitaciones que les pertenecia. Tanto Mai como Benimaru salieron al recibidor exterior. Desde la entrada de la casa el ruido lejano de la celebración del nuevo año continuaba generando un eco acogedor.
Un silencio tacito se planto entre ambos mientras miraban el cielo nublado iluminado por los colores de la ciudad.
El rubio pensaba en como estaría aquella joven noble y testaruda. Evitaba pensar mucho en ello por que no soportaba la incertidumbre mezclada con la imposibilidad de ayudar y solo alcanzaba a desear que los Yagami la tratasen bien. Miró a Mai con un suspiro corto. Esta parecía abstraída en algún recuerdo no muy feliz.
— No, no dejare que ese conflicto horrible que nos espera a la vuelta de la esquina, y ese desamor tortuoso que tienes ahora te haga envejecer prematuramente mi preciosa amiga. — anunció Benimaru extendiendo un dedo hasta posicionarlo entre las cejas de Mai. Esta lo miro algo indignada pero sonrió.
— Esa cosa aterradora que hicieron allá atrás. No se bien que fue, pero funcionó y eso es lo importante. Pronto saldremos de esto y nos iremos todos, incluyendo al psico de Yagami, a tomar unas merecidas vacaciones a alguna isla en el caribe. Dios sabe lo mucho que necesita broncearse ese demonio de ojos rojos. — Apunto atrayendola en un abrazo cálido y dramático.
Mai rió suavemente.
— Nunca dejaras de decir tonterías. ¿cierto?
— Probablemente. No. — apuntó el rubio acariciando con delicadeza su hombro. Ella sonrió.
— Feliz año nuevo Beni. Gracias por ser un tonto adorable. — dijo Mai regresandole un abrazo cariñoso.
— Feliz año nuevo linda. Aunque eso de tonto no me aplica. — acotó con tono engreido y ambos rieron.
Observaron el cielo hasta poco antes del amanecer, deseando silenciosamente que sin importar el modo, todo saliera bien.
