Cuando Iori abrió los ojos ya Kyo no estaba a su lado. La luz se filtraba como ascuas entre las rendijas de la cortina cerrada. No sabía qué hora del día era y no tenía su móvil cerca.
Se sentó con un remanente dolor en la cadera y gruñó con una sonrisa molesta. Maldito Kusanagi, se había ensañado, pensó.
La noche anterior habían llegado en un silencio muy tenso al apartamento. Kyo había tirado su chaqueta con el sobre adentro a un lado y había cruzado como un brío hasta la habitación. Iori lo había seguido con calma, sabía que su enojo estaba enfocándose en él y pensaba incitarlo a dejarlo salir. Prefería mil veces entenderse con sus puños que intentar consolar su ira.
Pero las cosas no habían tomado el rumbo que pensó. Kyo había retomado indignante, la molestia que Iori le había generado por usar aquella criatura para apaciguarlo. Le había ordenado que si quería tomar su dolor sin permiso, lo haría de la forma que él decidiera. Y su acercamiento, absolutamente violento y pasional, había dejado sin palabras al pelirrojo.
Había esperado una agresión directa, un lenguaje en el que ya se entendían lo suficientemente bien, casi lo había deseado. Pero su respuesta fue un acceso carnal agresivo. Un acto sexual definido por la rabia, la frustración y el dominio.
Sometido de forma abrupta y algo dolorosa…Iori bufo un instante sobando las marcas que Kyo había dejado con sus dientes en su cuello. Recordando como la sangre se había deslizado por su piel mientras las embestidas salvajes del castaño lo sometieron bajo su peso. Como una bestia con su presa en la boca. Dañando su piel y llevándolos a ambos al clímax.
Suspiro con una sonrisa maliciosa. Le recordaba un poco a su primer acercamiento en la cabaña de Alexander. Entre la rabia y el deseo le había permitido todo lo que quiso y enfermizamente había disfrutado esa agresión dominante con que Kyo le había demandado liberar su tensión. Incluso si lo hubiese intentado detener, o dominar para sí mismo, tal vez no habría podido hacerlo sin herirse mutuamente, pensó.
Salió a la sala sin camisa, tocándose el cuello con un gruñido molesto y apreció al castaño vestido ya, sentado al borde de una de las poltronas con el sobre abierto en la mesa.
Estaba tenso, con el rostro rígido y perdido en pensamientos.
Iori maldijo para sus adentros.
— ¿Qué pasa ahora Kusanagi? — preguntó despreocupado recostándose en el muro del pasillo. Kyo tuvo un pequeño respingo casi felino y miró a Iori con una intensidad casi acusatoria. Se levantó de la poltrona y apretó el papel en un puño sin quitarle la vista de encima al pelirrojo.
— Hm…tengo la "ligera" impresión de que no quieres que lea ese papel. — acotó Iori acercándose al semblante casi retador del castaño sin cederle terreno a la tensión.
— Porque claramente no quiero que lo hagas. — espetó Kyo.
— Ya veo…¿Tiene la ubicación de Takeshi? — Indagó Iori comprendiendo mejor la rigidez del castaño y cerrando el espacio que los separaba. Este empuño aún más la mano, como si en cualquier momento fuese a hacer arder el papel en medio de sus dedos.
— Tal vez…— apuntó Kyo. Se notaba conflictuado, posiblemente porque él estaría lejos, consiguiendo la reliquia Kusanagi mientras Iori estaría a diestra y siniestra con la información que tanto habían esperado.
—...no. —habló Iori por lo bajo atrayendo al castaño—. No iré solo. Esperaré por ti. Esta vez iremos juntos por ese hijo de puta.
Kyo apretó la mandíbula una vez más. Quería creerle, pero no lo estaba haciendo. Su mirada casi felina, con una leve heterocromía, se clavó en Yagami como una daga dorada.
— Te necesito en esto…confía en mí, Kusanagi. — susurró Iori con tono bajo y serio, ciñendo su frente a la suya. Un suspiro carraspeo en la garganta del castaño.
— Mas te vale Yagami. Porque si vuelves a desaparecer. Te juro que te mataré yo mismo si no lo hace Orochi. — puntualizo con voz tensa. Sincera. Una amenaza directa y con intención. Iori sonrió.
— Está bien. Parece que me sigo entendiendo mejor con tus agresiones. — acotó Iori en tono bajo, resintiendo el dolor remanente de la noche anterior, pero al separarse Kyo no se lo permitió, atrapando la nuca del pelirrojo y cortando sus palabras con un beso menos brusco de lo que esperaba Yagami.
— Lo lamento…pero no me arrepiento. —apuntó tras un lapso corto después del beso, refiriéndose claramente a la noche anterior—. Y no se te olvide esta promesa de esperar por mi. — Reitero insidioso. La lengua de Iori se extendió rozando sus labios y se escondió tras una sonrisa maliciosa.
Kyo lo empujó levemente, pero también sonrió.
Extendió la mano y entregó a Iori el papel arrugado. El pelirrojo lo recibió con tranquilidad y leyó.
"Lamento no poder comunicarme adecuadamente, pero espero que esta información les sea de ayuda.
Takeshi está bajo protección del gobierno. Su paradero es incierto en estos momentos, incluso para los miembros del clan. Pero a causa del cierre de algunos acuerdos con grupos extranjeros, se han establecido tres lugares de contacto:
Uno es en la casona de Hideki Yagami en Kanagawa
El otro es en una casa campestre en Nara. Lindando el bosque Kawakamicho
El último y con el que deben tener mayor cuidado, es una pequeña mansión en el Valle Akigawa. Es territorio del Tenno.
Posiblemente en todos esos lugares haya información de utilidad. Si es que no está el mismo Takeshi en uno de esos.
Señor Yagami…mi incursión dentro de los que aún se resisten ha dado frutos. Se que hay parte de la familia dispuesta a apoyarlo. Le pido el favor que lo tenga en alta consideración. Podemos recuperar el clan juntos.
Espero que todos estén bi..."
Las últimas palabras se habían desfigurado entre los pliegues abruptos del papel arrugado casi quedando inteligibles.
La mirada de Kyo iba acompañada de un leve retumbar de la energía Kusanagi. Y Iori vió en sus ojos una confianza casi amenazante.
—...tres potenciales lugares. — murmuró Iori pensando cómo negociar entre su ausencia y no quedarse de brazos cruzados.
— El territorio del Tenno. —apuntó Kyo con seguridad—. Ahí debe estar ese hijo de puta.
— Si…es lo más seguro. —miró fijamente al castaño—. Puedo revisar los otros lugares mientras regresas. — Apuntó directo. Lo suyo nunca había sido darle vueltas a un asunto. Y aunque sonó como una especie de insinuación, ambos sabían que eso era exactamente lo que iba a hacer.
— Me sirve. —dijo Kyo secamente—. Pero no irás solo. Los demás te acompañarán. — Puntualizó con determinación.
Iori bufó molesto. Le gustaba esa faceta mandona de Kyo tanto como le fastidiaba sentirse controlado. Aún así asintió de mala gana. Ya todos estaban de alguna manera vinculados a todos los acontecimientos, y necesitaba a Kyo concentrado en lo que debía hacer. No quería que se repitiera algo similar a los Hokora. Y aunque mucho más tenue, aún podía sentir aquel vínculo energético que los conectaba a través de esa criatura que se alimentaba de su energía.
— ¿Cuándo? — preguntó Iori prendiendo el papel arrugado. Este hizo un leve arco deshaciéndose en sus manos.
— Ya…—respondió Kyo deslizando la chaqueta sobre los hombros—. Debo ir a casa a preparar la salida con los monjes Kusanagi. —hizo una pausa y Iori apreció una vez más aquella intensidad depredadora en su mirada—. No volveré hasta conseguirla.
— Lo sé…trae esa maldita reliquia Kusanagi. — apuntó Iori con una sonrisa confiada.
El castaño desapareció tras la puerta del apartamento. Iori tomó la cajetilla a medio acabar del mesón y prendió un cigarrillo en la ventana. Este condenado invierno eterno, maldijo al filtrarse algunos copos de nieve por la ventana y marcó el último número de contacto de Saito.
El teléfono repicó tres veces y la llamada se cortó. Dejó el móvil a un costado y respiró el aire helado de la ciudad apreciando como el cielo plomizo contrastaba con los vivaces colores de la urbe. Ya solo tendría que esperar a que Saito le contactará a su extraña manera.
La chica respiró con dificultad. Las manos le temblaban. Había arriesgado todo en aquel encuentro. Tomó agua entre sus dedos y sumergió su rostro en el frío tacto del líquido. Miro el espejo regulando la respiración. Estaba cerca de un ataque de pánico. Sabía que si esto no funcionaba, la regresarían con Takeshi o sería asesinada como sus padres.
Bajo la cabeza concentrándose en las respiraciones hasta que sintió aquella sensación de muerte ceder. Se irguió y se recompuso. Secó su rostro y se organizó el cabello.
Atisbó un tenue reflejo de luz despuntando por la pequeña ventana del lavabo y recordó como apenas horas atrás había finalizado la velada y Takeshi había abandonado el recinto seguido del séquito Yagami.
Con ayuda de la señora Yui y su personal, varios autos de algunos miembros del clan se habían desviado de tu trayectoria original. Habían logrado apartar algunos miembros del clan, los más dubitativos frente a los sucesos acontecidos. Sabía que esa había sido su única oportunidad de hablar directamente.
Se abrochó los botones del cuello de la camisa esperando que su plan hubiese sido lo suficientemente sesgado para que le permitieran un contacto directo con los Kusanagi.
Salió del salón con la compostura recuperada y el aire calmado. Tomó asiento en el pequeño salón que hace pocos minutos habían abandonado los señores Yagami.
La señora Yui la observó pensativa.
— No dude de mi Yui sama. Sé que mi posición es muy vulnerable, pero le prometo que llegaré hasta donde me lo permita. — Habló la chica con renovada calma. La mujer bajó la vista a unos documentos sobre la mesa.
— Cuando el ministro de Japón anunció la intención de retirar al país del pacto firmado tras la segunda guerra. Entendí bien porque Takeshi estaba negociando con extranjeros. —discurrió varias hojas del documento sobre la mesa—. Conseguir un ejército privado nunca habría estado en los principios e intereses del clan. Llevamos siglos entrenando nuestros propios guerreros. Incluso a los portadores del fuego. Eso…eso no era para lo que habíamos forjado con siglos de tradiciones... —
La chica apretó las manos. Entendía bien el sentir de Yui Yagami. Si Japón planeaba entrar en geopolítica de conflictos internacionales y participar de alguna guerra. Claramente el clan sería usado en un conflicto que no le competía.
— …y todo a cambio de que? ¿Para qué?— se preguntó la mujer arrugando una de las hojas bajo la mano—. Nos está usando para algo que desconocemos, con la promesa de que Orochi dejará muy pronto de ser un problema en nuestra existencia. ¿Cómo puede asegurar semejante falacia, si se supone nuestra misión era mantenerlo encerrado? No deseo que se use al clan como chivo expiatorio de una guerra ajena. Así tuviésemos la victoria asegurada, esa no es nuestra labor. No está dentro de nuestras tradiciones. Nosotros custodiamos uno de los tesoros sagrados. Nuestra posición está lejos de especular por poder e influencia. — reiteró la mujer.
Se notaba agotada y fastidiada pero sin perder la compostura. Kaoru guardó silencio atenta.
— Aún hay muchos vacíos y aspectos que Takeshi no comparte con el círculo Yagami, salvo por unos pocos. Y eso es lo que más ha cultivado la desconfianza entre los nuestros. A pesar de que muchos lo siguen ciegamente, la muerte de Kioshi ha hecho tambalear a los otros miembros. Y se que estos hombres que salieron de aquí están tan acorralados que han considerado seriamente tu propuesta. — la miró con detenimiento—. Si logras establecer un contacto y sostenemos un pacto temporal con los Kusanagi, podríamos zanjar el problema de Takeshi antes de que comprometa toda la integridad del clan…
La miró nuevamente con detenimiento.
— Ya no hay vuelta atrás. Aunque yo pueda retener un tiempo las concesiones. Si algo falla, él no te perdonará la vida. Y yo no podré protegerte más tiempo pequeña. Los Kusanagi deben ofrecerte protección y deben frenar la posible avanzada que están planeando contra nuestra familia, por lo menos el tiempo suficiente. Esa será tal vez la única forma en que demuestren su interés y podamos atraer de nuestro lado la mayoría del clan Yagami.
— Lo entiendo muy bien Yui sama. Y se que los Kusanagi pueden llegar a comprender la situación…a diferencia de nuestro clan, el actual líder Kusanagi es consciente de lo que está pasando y ha estado apoyando a Iori Yagami. —la mujer frunció el ceño levemente pero se abstuvo de dar opiniones respecto a la extraña camaradería de los jóvenes. Kaoru sabía que era algo que casi nadie parecía asimilar o creer del todo, pero tenía que hacerlos ver a Kyo como un potencial conciliador—. Si logro convencer a Shizuka Kusanagi de la posición de su hijo, podríamos abrir una entrada. Y se que en ese momento él mismo Kyo Kusanagi nos ayudará. —apuntó la chica con férrea determinación y la mujer asintió pensativa, ambas sabían bien los enormes riesgos que contenía aquel plan.
— Y Yui Sama. Debo agradecerle profundamente todo el apoyo y protección que me ha brindado hasta ahora. — complementó la chica haciendo una profunda reverencia. La mujer la observó con cierta tristeza.
— …es lo menos que podría haber hecho por Maki y por Yamato. Tus padres eran líderes natos, justos y comprometidos con las tradiciones. Y también muy cercanos. No permitiría jamás que su muerte pasara indemne y que sus hijas sufrieran ese destino sin hacer nada al respecto. —apuntó la mujer con cierta ira en los ojos, pero tras un suspiro recuperó la compostura—. Es mejor que nos retiremos. Ya mi cuerpo es viejo para quitarle el sueño.
Kaoru asintió tomando un instante para reponerse del dolor momentáneo que le generaba pensar en sus padres. Negando aquel contenido nudo en la garganta, respiró profundo y siguió a la mujer que ya estaba cruzando el dintel.
Por un instante percibió un movimiento superfluo. Un desliz oscuro en la ventana iluminada por el amanecer aún tenue, y giró la cabeza con brusquedad. Solo vio el jardín frío tras el ventanal circular. Pero tuvo una extraña inquietud.
— Qué pasa pequeña... — preguntó la mujer cansina al ver la chica rígida a medio salón mirando hacia afuera.
— Yo…creó que vi una sombra en la ventana…— dijo dubitativa, pensando si realmente fue eso. La mujer gruñó.
— Este es mi territorio, y está vigilado las 24 horas donde sea que yo me encuentre. No hay forma de que algo se acerque tanto sin ser detectado. Así que tranquila. Estás cansada al igual que yo. Retírate y duerme. — Apuntó la mujer haciendo un gesto elegante a un joven en el pasillo y Kaoru escuchó sus pasos suaves alejarse por el corredor.
— Señorita. —se asomó el joven al dintel y le hizo un gesto de saludo—. Permítame indicarle su habitación.
La chica asintió aún inquieta, dando una última mirada al ventanal. Si, solo debía estar agotada, pensó y siguió al joven sirviente. Esa misma noche contactaría a King.
King miró algo nerviosa a la mujer Kagura. Ella en quien aún no confiaba del todo, era la pieza clave para que la chica Yagami lograse su cometido.
Miró la fecha en su móvil un poco ansiosa. Habían pasado casi tres días desde la reunión, los chicos estaban ocupados con la información que Yagami y Kyo habían recibido y estaban planificando cómo acceder a algunos lugares que había indicado la carta, le había informado Benimaru. Mientras Kyo yacía en alguna clase de migración espiritual con su clan, solo quedaba ella para ayudar a esa chiquilla Yagami.
Volvió a observar a la mujer. Majime Kagura. Una ficha que aún se le hacía misteriosa. Sus cabellos negros con delicadas hebras plateadas contrastaban con aquel rostro suave de pocas lineas de expresión. Sus ojos tan negros como pozos oscuros, leian atentos. Apreció su belleza, que carecía de inocencia, algo rígida pero elegante, y con ese extraño aire de agudeza oculta.
Sonrió para sus adentros. Su parecido con Chizuru a veces la distraía y le dolía al mismo tiempo. Tenían enormes diferencias, pero a la vez grandes similitudes.
— Es…una propuesta tan atrevida como arriesgada. — apuntó la mujer con un suspiro corto. Pensativa. No se notaba muy convencida. King guardó silencio sin querer adivinar la respuesta que parecía tan evidente.
Una negativa dejaría las aspiraciones de la chica Yagami sin una base estable para iniciar un contacto.
Recordó cómo al regresar al bar la noche del día después de la reunion, había sido contactada por un hombre extraño que le entregó un mensaje suyo con un lugar de encuentro.
Había hablado con ella en medio de un jardín helado y prácticamente vacío. Se notaba ansiosa y emocionada. Le había explicado muchas cosas respecto a la inestabilidad que las decisiones de Takeshi y todo lo que esto estaba generando dentro de la familia. También como ella quería encontrar la manera de conectar los clanes, e inicialmente trabajar en conjunto contra un problema común. Takeshi.
Ella estaba segura que ello podría convenir tanto a los Yagami como a los Kusanagi. Y le aseguraría a Iori retomar el control del clan. E ir más allá incluso y gestionar un cese indefinido a la agresión entre los clanes.
La había escuchado con atención e interés. Y tras cavilar la posición del clan Yagami y sus actuales tensiones internas, entendió que Kaoru Yagami era solo una ficha que estaban movilizando para deshacerse de Takeshi sin romper los pactos previos con el gobierno. Si eran los Kusanagi los que mataban a Takeshi y ellos solo se hacían a un lado facilitando el acceso. Podrían solo pecar por ignorancia de sucesos, mas no por confabular la muerte de su actual líder.
Sospechaba que la chica lo sabía, pero aún así deseaba usar esa oportunidad para crear algo bueno y más duradero. Aquello le había generado una profunda empatía y decidió que la ayudaría. Esa jovencita de leve importancia en las cuestiones de los clanes, tenía una voluntad férrea y un deseo inamovible de zanjar los conflictos entre todos.
— Lo haré. — dijo sin más Kagura, posando la carta con el sello Yagami sobre la mesa.
— ¿Ah…— alcanzó a decir King saliendo de sus pensamientos. Estaba segura que la respuesta sería opuesta. La miró con sorpresa.
— Alguien tiene que hacer esto. Es necesario cohesionar a los clanes del sello para evitar que el Tenno nos separe y tome de nosotros el control de las reliquias. Que después de reflexionarlo por algún tiempo, estoy segura de que ese es su interés principal con los clanes. —apuntó esperando que King dejará la expresión de sorpresa—. Es triste que la persona que arriesgue todo en esto sea una jovencita con casi nula influencia o potestad y no uno de los líderes. Pero dado el caos en el que están sumidos los clanes. Sin un liderazgo claro. Es bueno saber que aún hay personas dispuestas a arriesgarse a pactar una alianza. — acotó Majime. King asintió con una leve sonrisa.
— Hablaré con la señora Shizuka. Es tal vez la única persona en este momento dentro del clan Kusanagi que escuche semejante petición. Si logramos convencerla, se gestaran las bases para un diálogo sin hostilidades entre los clanes del sello. Y aunque es aún muy pronto para creer que podría haber una alianza o un cese de agresiones. Podríamos iniciar algo que nos permita fomentar una pausa en los clanes. Una que nos facilite enfocarnos en el verdadero problema. — apuntó con calmada gracia.
King sintió un agradable alivio al escuchar aquellas palabras. Tal vez habría estado juzgando mal a aquella mujer. Finalmente, de un modo u otro, todos deseaban el bienestar de los suyos.
— Hablaré inmediatamente con la chica Yagami. Lo mejor sería concretar la reunión lo más pronto posible. Y así evitarnos cualquier intervención o provocación externa. — apuntó King.
La mujer la miró con agudeza. Sabía bien a qué se refería con "intervención" y "provocación". Y en una sonrisa mutua y silenciosa aceptaron que lo mejor era aprovechar la ausencia de los dos líderes alborotadores actuales. Ese tipo de acercamientos requería una sutileza de la cual ellos carecían.
Terry gruño, registrando una última dirección que entraba en una lista de propiedades sospechosas, que lindaba el bosque Kawakamicho. Había corroborado por segunda vez la información que había encuadrado Iori en el mapa.
— Definitivamente, a menos que queramos ir allanando propiedad por propiedad, no tenemos la menor idea de cual es. — Apuntó Terry estirando los brazos.
— No son demasiadas…pero son suficientes para tener encima la policía antes de llegar a la tercera casa. — Asintió Mai.
— Hmmm. Un tiro al aire. ¿Eh? que dices Yagami. Suena como a uno de tus planes. —acotó Benimaru divertido por el ceño fruncido de Iori. Se acercó al dintel del jardín y se estremeció levemente por el frío exterior.
— Ya que los mismos Supaida descartaron de entrada la propiedad del Yagami de Kanagawa, porque era uno de los lugares que ya tenían vigilados. Porque no trabajas un poco en la paciencia mientras Saito aparece con la información de la otra casa. — indagó el rubio con sinceridad.
— Le está tomando demasiado tiempo…— Habló Iori por lo bajo, con la vista pensativa en la nieve que cubría como un delicado manto, los surcos de piedra.
— Dado lo exigente que eres, y los pocos resultados anteriores, no me extraña que estén tomando medidas cautelares para no hacer un mal movimiento. —acotó el rubio apretado la chaqueta metiendo sus manos dentro de los bolsillos—. ¿Por qué después de haber sido de gran ayuda, desconfías tanto de tus propios espías?
Iori lo observó de soslayo con fría calma.
— No deberías confiar tanto en los ninjas. Su naturaleza no es precisamente decir la verdad. — acotó friamente Iori.
— ¿No crees que es una situación lo suficientemente difícil y compleja para dudar de sus lineamientos? —intervino Mai—. Aparte qué beneficios podrían sacar ellos de esto. Su clan está en juego, y si quisieran ayudar a Takeshi, ya te habrían entregado. — apuntó Mai disimulando muy bien la indignación con aquellas palabras.
Iori suspiro irritado, pero no dijo nada más.
— Igual no hay opción. Toca esperar. — apuntó el pelirrojo cruzando al lado del rubio. Agradeció a Terry por la ayuda con un leve movimiento de cabeza y subió al segundo piso.
— ¿Te agradeció? — preguntó Benimaru con burlona sorpresa.
— Tienes muy mal concepto de Yagami. Es un hombre decente la mayor parte del tiempo. — apuntó Terry con una sonrisa divertida.
— ¿"tienes muy mal concepto"? Pff. Decentes nosotros. — apuntó indignado. Y sus dos acompañantes rieron por lo bajo.
Tras una charla corta donde cambiaron de tema y definieron a piedra papel o tijera quien se quedaba con Yagami, Mai y Benimaru salieron al encuentro de Blue Mary.
Recorrieron las calles heladas en uno de los autos de Benimaru. Poco a poco parecía que la ciudad se estaba apagando. Las anomalías climáticas habían comenzado a afectar parte de la economía de la ciudad, y ya no se notaba mucho movimiento comercial en las zonas portuarias.
Arribaron a un malecón solitario de árboles oscuros. desnudados por el frío. Los vientos del mar trajeron una sensación tan helada como desoladora. Y Benimaru metió la cabeza casi a totalidad en la capucha de la americana.
La hermosa figura fuerte y casual de Mary se asomo desde un local que parecía cerrado. Con una de sus manos enterrada en los bolsillos de una larga gabardina café, les saludo a lo lejos atrayendo su atención.
Se encontraron a la entrada y antes de que Benimaru lo mencionara. Mary hizo el acote.
— Lo sé…no ha sido una de mis ideas más brillantes reunirnos aquí. —sonrió a modo de disculpa, apreciando el alto rubio que tiritaba por momentos—. Pero creo que puedo sacrificar algo de comodidad por algo de privacidad. — sonrió.
— Está bien, no hay problema. — dijo Mai con tono amable, sin un atisbo de frío.
— Perfectamente…por lo menos para variar no soy el único que tiene el trasero congelado. — Acotó Benimaru apreciando el leve tiritar de Mary. Esta les indico entrar y se establecieron en una mesa.
El local era una extraña mezcla de espacio tradicional con un menú bastante abierto a extranjeros. El único hombre en el local les llevó algunas bebidas calientes, y tras retirarse, Mai entregó un par de USB con información importante para Blue Mary. Conversaron extendidamente sobre la tensión generalizada entre todos los informantes y la incertidumbre que los rondaba.
Al finalizar la velada Mary guardó un silencio inquietante al mirarlos.
— Hay sucesos y circunstancias que parecen estar convergiendo de alguna manera, a pesar de no tener una relación directa…—habló la chica algo pensativa.
— Ya suenas como la bruja Kagura. — acotó Benimaru incómodo.
— Deben tener especial cuidado con lo que sucede en aquellas islas. Hay algo allí que va más allá de la política y la confabulación de influencias…— apuntó la rubia con voz neutra. Mai asintió, sabía que esa sensación la había tenido varias veces antes.
— Esto…me recuerda un poco a Gesse Howard, Rugal, y Goenitz. — habló Mai por lo bajo. Blue Mary asintió con lentitud.
Majime entró sin mayor resistencia a la casona Kusanagi. A pesar de la fuerte vigilancia su llegada fue recibida y anunciada automáticamente por la servidumbre. Fue ubicada en uno de los salones de reunión de la casona. Y en poco menos de dos minutos ya habían posado una delicada tetera humeante y una pequeña bandeja con galletas tibias de calabaza. en una mesa baja acompañada de cojines suaves.
El piso estaba tibio y el calor del salón se mantenía a pesar de las puertas abiertas al jardín interno. Siempre amables y serviciales a su llegada. Pensó Majime aguardando a la señora de la casa.
Tras pocos minutos, entró Shizuka en el salón. Se notaba cansada, pálida, pero con su aire de digna autoridad intacto. Majime se preguntó en qué momento habría adaptado aquel perfil sólido ante tantas adversidades y sintió un profundo respeto por aquella mujer.
Shizuka tomó asiento al otro extremo de la pequeña mesa. El contraste del negro y dorado de sus ropajes, con el blanco pulcro de lineas rojas de Majime, armo una escena pictorica entre dos reinas que defendian sus respectivos reyes.
— Sé que tus visitas siempre poseen un sentido y un deber Sacerdotisa Kagura. Y espero compartas conmigo lo que Kyo no parece querer mencionar. — Habló Shizuka con suave tranquilidad, más decente de lo habitual, pero directa a la cuestión que le interesaba. Vertió un poco de té con un ademán muy propio de ceremonia y se lo ofreció a Kagura.
La mujer lo aceptó y disfrutó del sorbo aromático y fuerte de una preparación tradicional.
Shizuka la observó con una reservada expectación.
— He estado trabajando muy de cerca con los dos tesoros sagrados. El joven Kusanagi se encuentra mucho mejor, a pesar de que la condición de su problema sigue siendo la misma. Espero que en este momento este avanzando en su cometido de equilibrar la energía de su cuerpo.
— La reliquia Kusanagi. Si…él lo mencionó. Dijo que usted le había recomendado usarla para librarse de aquello que mantiene sus heridas espirituales abiertas. —hizo una pausa donde miro detenidamente a la sacerdotisa—. Parte de lo que no ha querido mencionar Kyo, respecta a…Yagami. — acotó con un dejo tenso.
— El joven Yagami se encuentra estable. Y no supone ninguna amenaza para su hijo, Shizuka sama. Por el contrario…lo protege. Ambos lo hacemos.
Shizuka asintió incómoda, tensa. Estaba perfectamente consciente de la naturaleza de esa cercanía entre ellos y lo mucho que distaba de una naciente amistad. Pero era un tema que no estaba preparada para abordar con nadie.
— Ciertamente mi menor preocupación en este momento son los dos portadores de los tesoros sagrados. —Shizuka la observó con cierta precaución—. La profunda división entre los clanes del sello, tanto interna como externa, me preocupa profundamente. Es un hecho bastante beneficioso para quienes están tras todo esto.
— Si el objetivo del Tenno y el gobierno es desmantelar la tradición de los clanes y tomar control de las reliquias sagradas, no hay nada más conveniente que un intenso enfrentamiento entre las partes, y así poder actuar sin oposición. — abordó Kagura el tema, sin rodeos.
— …estás acaso insinuando que los Yagami no son culpables de lo que ha pasado? — indagó Shizuka con frialdad. Tenía la intuición de que lo que traía la sacerdotisa en su visita era un tema tan controversial como las insinuaciones de Kyo.
— Son tan culpables como los Kusanagi que se unieron a los planes del gobierno y confabularon contra sus propios miembros. — respondió Kagura con una amable calma. Shizuka guardó silencio apretando sutilmente las manos. Su propio esposo había confiado en un principio. Y si no fuera por los métodos que amenazaban a Kyo, tal vez él habría elegido el bien mayor, y hubiese sido engañado.
— No vine aquí a juzgar a nadie señora Shizuka, ni a reprochar la muerte de nuestros líderes. Tanto el clan Kagura, como el Kusanagi y el Yagami, hemos sido víctimas de una perversa confabulación externa. Y yo decidí venir a hablar con una persona que posee la suficiente calma, templanza y objetividad para comprender mis sospechas. — Shizuka asintió con leve suspicacia.
— Y cuales son esas sospechas, Majime Kagura. Qué es aquello que te da tanta seguridad sobre los supuestos culpables.
— …al principio, cuando desapareció Chizuru sama. Y la confusión reinó en todo el clan ante la ausencia del Yata y la incertidumbre del bienestar de nuestra líder. La primer información que llegó a nosotros, fue sobre la supuesta relación de los Kusanagi con su desaparición. — habló la sacerdotisa con calma, dando un sorbo corto y elegante al té.
Shizuka se desencajó, casi indignada. "No es posible…" susurro.
— Eso mismo pensamos nosotros. Y los ancianos decidieron investigar un tiempo prudencial sin tomar ninguna decisión precipitada. Gracias a ello, entendimos que habían pruebas muy extrañas y efectivamente había una correlación con los Kusanagi. Pero no como querían hacernos entender en un inicio. —hizo una pausa y la observó—. Por eso, tras recibir los ninjas Kusanagi. El consejo decidió enviarme a mí a mediar.
Shizuka la observó consternada.
— Los ataques no se dieron solo en el bando Kusanagi y Kagura, señora Shizuka. Los Yagami también fueron duramente agredidos. Perdieron sus principales representantes y fueron desequilibrados desde adentro. Al igual que lo lograron parcialmente con los Kusanagi. Y solo gracias a nuestra gran sacerdotisa Chizuru, no llegaron a hacerlo con el clan Kagura. —hizo una pausa en la que cruzó los dedos sobre la mesa. — Nos sacudieron a como bestias rabiosas, queriendo que nos asesinaramos entre nosotros. Manipularon tanto a los traidores como a los leales. Porque lo que realmente desean, son las reliquias sagradas.
Shizuka la miró tensa, incrédula pero afectada, con una rabia incipiente. Asentando cada palabra con silenciosa calma.
— La posición de Iori y Kyo en sus clanes, es precaria a pesar de ser los portadores de los tesoros sagrados. Tras lo sucedido, Kyo Kusanagi no parece tener una voz lo suficientemente fuerte en el clan. Y esta enorme brecha interna en las familias va a terminar por fragmentar cualquier posibilidad de confrontar el verdadero problema. Y por eso necesitaba hablar con usted señora Shizuka. Considero que solo usted puede abrir un camino para que su hijo pueda enfocar bien a los suyos.
Shizuka bajo la mirada, claramente afectada. Ella y la esposa de Seiki Kusanagi no eran muy diferentes. Eran viudas de aquellos hombres que habían muerto buscando algo diferente para los suyos. Y ahora Kyo…no, no permitiría que su hijo sufriera el mismo destino que Saisyu.
Asintió mucho más receptiva a las palabras de la sacerdotisa.
— Entiendo lo que dices…pero se que no viniste hasta aquí solo con palabras que le den sentido común a todo esto. Y que esto no es algo que pueda hacer sola desde mi posición. O me lo habrías dicho antes. — Acotó la madre. Majime sonrió con delicadeza. Shizuka Kusanagi era una mujer aguda.
— Hay una cuestión respecto a los clanes que debemos considerar. Una joven miembro del clan Yagami, prometida de Iori Yagami e hija de los líderes asesinados por su mismo clan. Kaoru Yagami. Desearía tener una reunión con usted, Shizuka Sama.
Shizuka giró con brusquedad y repentina desconfianza.
— ¿Estás intentando manipularme Kagura? — preguntó con cierto recelo.
— No. Y me temo que no seria necesario. Se que al igual que gran parte de los Kusanagi, hay una parte de los Yagami que no comprenden que está sucediendo y están siendo arrastrados a un destino que no desean. Y esa chica Yagami, parece querer detener el frenesí de muertes en el que envolvieron a las familias del sello. Ella desea comprender el papel que juega el clan Kusanagi en todo esto, y que podría hacer para evitar más conflictos entre los clanes y enfocar nuestras fuerzas contra la verdadera amenaza.
Shizuka la observó con agudeza, aunque con menos desconfianza. Un fin en común y un problema en común, no debería ser difícil de cohesionar algo así, no si no hubiesen asesinado ya a tantos de los suyos. A su esposo. Contuvo el nudo en el estómago y miró a la mujer Kagura queriendo saber qué era realmente eso que estaba detrás de todo.
— A qué te refieres cuando mencionas una y otra vez aquella "amenaza" Kagura. Lo dices como si no fuera algo terrenal. No te estás refiriendo solo al gobierno y al Tenno…o si?
Majime suspiro cansina y tras una pequeña pausa le habló con franqueza.
— No puedo asegurarlo con certeza, porque no tengo pruebas directas Shizuka sama. Pero en mis lecturas e investigaciones. En mis búsquedas tanto físicas como espirituales. Algo me advierte constantemente de esta amenaza. De la energía que impregna el cielo y nos rodea. De los actos de los hombres y la pesadez de la muerte. De los espíritus inquietos y la relación directa de todo esto con…Orochi.
Shizuka la observó con detenimiento y algo de temor.
— ¿Qué estás intentando decirme Majime Kagura? — preguntó con cierta aprehensión. La sacerdotisa respiró hondo. Eso era algo que no había hablado aún con nadie más.
— Sospecho que el Hakkesu está involucrado. — Apuntó Majime en tono bajo. Shizuka contuvo la respiración estupefacta.
— No puede ser…—susurró la madre de Kyo, muy preocupada—. Pero esto sería ya afectar países enteros…es una escala de influencia enorme.
— No puedo asegurarlo…pero todo me lleva a la misma conclusión. Encontrar la forma de iniciar una guerra interna entre los clanes. Quitarnos el poder de las reliquias. Destruir las familias del sello. Es como forjar un camino directo a Orochi. —tomo aire organizando las palabras—. Con las reliquias bajo su poder, tendrian acceso directo al guardián, a la llave y a la cárcel.
— Pero no sabrían cómo usarlas. No sin los portadores. —apuntó Shizuka, pero luego enmudeció un instante encajando todo—. Por eso los cazaron…Chizuru…el Yata. — Miró a Majime y esta asintió con pesar.
— Chizuru sama fue la primera, supongo que era la más difícil de engañar entre los tres portadores sagrados, y el enemigo más peligroso si no la neutralizaban rápido. Y aunque intentó advertirle a los otros dos portadores. Ya habían iniciado todo, simultáneamente. Tal vez por esa razón prefirió la muerte antes que permitirles arrebatarle el Yata. Incluso mancillaron su cuerpo…—hizo una pausa tensa, recuperando toda la compostura perdida. Majime pensó como el espíritu de Chizuru seguía en la vigilia de proteger las reliquias, y como había sido su presencia lo que la había guiado hasta allí. Debía centrarse. — Tal vez encontrarán formas parciales de usar las reliquias, pero no es suficiente y necesitan más. Tal vez hay cosas que se salen de nuestro conocimiento, pero claramente nuestro rol en esta pesadilla es este. Y me temo que no podemos seguir cumpliendo el papel que ellos, sean quienes sean, necesitan que cumplamos. —
— Señora Shizuka. Usted es la única en este momento, que puede construir para Kyo un camino que le permita liderar al clan Kusanagi contra esta amenaza. —hizo una pausa mirando al exterior helado del jardín interno—. Como aquella joven Yagami, que busca lograr lo mismo con su líder renegado.
Shizuka respiro profundo, retomando algo de la calma arrebatada.
— No creo poder confiar en los Yagami después de la muerte de Saisyu. Pero si esto evita tantas muertes innecesarias y aclara esta niebla densa de violencia que nos rodea. Pensaré muy seriamente que hacer al respecto Majime Kagura. Y le informaré de ello. Esta asintió con un ademán elegante y se levantó del asiento.
— Solo no olvide que el tiempo está en nuestra contra señora Kusanagi. — puntualizó con delicadeza la sacerdotisa y tras una digna reverencia, abandonó el salón con paso silencioso.
Shizuka observó la danza lenta de la nieve. El invierno siempre le había generado un estado de silenciosa soledad y calma. Le ayudaba a apaciguar las emociones.
Kyo tenía razón, pensó. No podían confiar en lo que estaba frente a ellos. Debían buscar más allá de lo evidente. Y si eso pudiera darle algo de bienestar al clan y a su hijo. Podría darle la oportunidad a esa joven Yagami.
Iori apreció un nuevo y frío amanecer. El silencio extraño y la quietud. El vacío y la soledad. Ya se había desacostumbrado a aquella sensación y al mal dormir. La ausencia de Kyo parecía pesar aún más que nunca. Observó la pantalla leyendo por tercera vez los mensajes del castaño, antes de que su señal desapareciera totalmente.
Kyo: Parece que llegamos al fin del mundo. La energía en este lugar es rara. Creo que dormiremos a la intemperie. Solo espero que no demoremos mucho. Por alguna razón ignoran todo mi afán y están empecinados en que debo hacerlo como tradicionalmente se hacía. Parece una jodida peregrinación, es absurdo. Cuando regrese ya habrá muerto de viejo el desgraciado de Takeshi.
19:40
Iori sonrió una vez más, imaginar a Kyo en medio de los árboles, buscando señal para escribirle tonterías, se le hacía divertido y extrañamente cálido. Deslizó el dedo hasta el último mensaje.
Kyo: La señal cada vez es peor. Creo que es este maldito monte.
16:25
Kyo: Si no vuelves a saber de mi Yagami…más te vale esperar mi triunfal regreso.
21:13
Kyo: …ya te extraño al dormir. Deberías estar aquí.
1:50
Iori empuño el móvil y recostó su frente en uno de sus bordes. Tal vez solo con esas palabras podría sopesar la fría oscuridad que le amenazaba Orochi. Aún sentía la energía de Kyo en su interior. Y aunque le deseaba a él más que a nada que pudiese ofrecerle. Recaer en los susurros de Orochi le generaba un profundo desasosiego.
Te ha vuelto débil tenerlo a tu lado, quererlo. Pensó con una sonrisa amarga, pero satisfecha.
El dispositivo vibró levemente al contacto con su piel. Y Iori desbloqueo la pantalla.
La notificación de un mensaje de texto de remitente desconocido se deslizó con suavidad. Un lugar y una hora. No decía más.
"Saito" susurro en voz baja.
Bajo al primer piso y se topó con Terry fumando en el jardín. A pesar de no haber sido un fumador activo, esa era ahora una costumbre que habían adaptado los dos cuando no estaban los demás. Sin mediar más de dos palabras el rubio entendió el afán de Iori y le lanzó las llaves del auto.
— Aquí estaremos Yagami. — Acotó con una calma afable. Mostrándose a sí mismo y a los demás como un apoyo incondicional, eligiera lo que eligiera hacer Iori con esa información.
Era extraño y muy ajeno para Iori sentir un soporte libre de ataduras. Condiciones. Solo complicidad y…amistad tal vez. Asintió con desdén y vistió la gabardina. Antes de cerrarse la puerta, la voz baja del pelirrojo resonó con moderación.
— Regresaré. —
Terry sonrió. Era bueno saber que ya contaba realmente con ellos.
