RinMakoto. Puede que pasen muchas cosas, pero bueno, ahora vamos a tomar un descanso e ir por la celebración.
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¡Feliz Navidad!
Sin más, comencemos…
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Los niños estaban celebrando como locos que ya la víspera de Navidad estaba llegando.
Las blancas calles adornaban el ambiente de festividad, así mismo, tanto adolescentes como adultos estaban disfrutándolo ya que los adornos eran bastante bonitos.
Rinku andaba caminando por las blancas calles, aunque en su rostro se notaba algo de incomodidad, pero no por el hecho de las fiestas, sino más bien por el clima.
- ¡Achu!
- Salud – Muni dijo a su lado – vaya que te resfrías muy feo cuando nieva.
- Lo siento, pero es que no estoy acostumbrada del todo al clima frio.
- Lo sé, es lo que pasa cuando pasas años en un clima tropical – la VJ suspiró un poco – pero bueno, como sea, al menos pasarás la Navidad con nosotras… especialmente conmigo.
- Y con Maho-chan y Rei-chan, todas la pasaremos juntas. Aunque igual tengo que decir eso sobre las demás, después de todo, nos hemos hecho más unidas ¿no?
- Sí, supongo que sí.
El dúo de mejores amigas caminó un poco más hasta que Rinku se fijó justo en un Santa Claus el cual estaba saludando a los niños quienes se alegraron a verlo.
- ¡Santa Claus!
- Rinku, no creo que sea…
- ¡Es Santa, Muni-chan! ¡Es Santa Claus! – la rubia se fue de ahí con dirección al hombre de traje rojo, la VJ solo suspiró derrotada.
- A pesar de los años, Rinku todavía sigue siendo muy infantil.
Muni solo río algo al ver como en un grupo de niñas, estaba su mejor amiga quien estaba emocionada escuchando al hombre del Polo Norte, aunque era obvio que solo se trataba de un hombre disfrazado, aun así, la magia lo volvía algo hermoso de ver.
Ya cayendo la noche, tanto Rinku como Muni pasaron el tiempo con sus amigas y además de eso, se desearon varias cosas buenas para la Noche Buena ya que en sí, pasarían el tiempo con sus familias por lo que estarían bien.
En la residencia Aimoto, los abuelos de la rubia estuvieron con ella, incluso tuvieron una video llamada con los padres de Rinku quienes le desearon Feliz Navidad y se disculparon por el hecho de no haber podido pasar tiempo allá en Japón. Rinku les quitó esa preocupación y les dijo que no había problema, pero sus padres prometieron ir para el Año Nuevo.
La noche finalmente entró a su vigor más grande, pero el sueño fue suficiente para que la oji rosada cayera en el mundo de Morfeo ya que sus ojos se cerraron.
Aunque tal vez no se durmió del todo ya que otra cosa es que la rubia se había dormido en la sala como esperando a Santa, algo que en sí no era muy recomendado.
Unos momentos después, Rinku se despertó con el sonido de algo tratando de bajar por la chimenea. Al inicio, se asustó pensando que podría ser algún ladrón, pero su mente rápidamente cambió de parecer cuando notó como un hombre gordo de traje rojo bajaba por ahí.
- Ay, tengo que dejar a un lado tanto chocolate, me está pesando algo jojojo – justo cuando el hombre volteó la mirada al sillón, notó a la rubia que tenía sus ojos muy abiertos – oh… vaya.
- ¿S-Santa? ¡¿Eres Santa?!
- Vaya, no se supone que tenías que estar despierta, Rinku.
- ¡¿Sabes mi nombre?!
- Obvio Rinku, conozco a todos los niños y jóvenes del mundo – río el gordo – para que veas que no miento, eres Rinku Aimoto, viviste buenos años en la isla Toto en África ¿no es así?
- ¡Me conoces! – la rubia estaba emocionada como no podía – ¡eres el verdadero Santa Claus!
- Claro que lo soy, aunque ahora no sé qué haré contigo ahora que me viste – Santa lo pensó un poco – Rinku, ¿y si me ayudas un poco?
- ¿Ayudar? ¡¿Puedo ser la ayudante de Santa?!
- Si gustas, puedes hacerlo.
- ¡Acepto!
Con eso, ambos treparon por la chimenea hasta el techo de los Aimoto, aunque para Rinku costó subir a diferencia de Santa quien lo hizo sin mucho problema.
- ¿Cómo es que lo haces? Lo haces ver tan fácil.
- Años y años haciéndolo te da cierta destreza a pesar de esta barriga – río el hombre antes de subir al trineo, algo que emocionó a la oji rosada ya que los renos eran animales muy bonitos, especialmente el de la nariz roja: Rodolfo.
- Esto es genial.
- Sujétate fuerte Rinku – sin más, el trineo empezó a volar por los cielos, ni que decir que Rinku se emocionó por eso.
Ver toda la ciudad brillante y más con la nieve cayendo sobre ella le daba un toque bastante hermoso. Rinku no dejaba de maravillarse y no solo eso, sino que fue muy drástico cuando Santa bajó su trineo hacia una casa la cual fue conocida para la líder de Happy Around! ya que ya había estado ahí.
- Jojojo, supongo que conoces esta casa ¿no Rinku?
- Es la casa de Rei-chan – la rubia bajó junto con el gordo de traje rojo para entrar por la chimenea y fueron hacia el árbol de Navidad de los Togetsu dejando los regalos debajo del árbol.
Una vez que terminaron de entregar los regalos, se fueron por la chimenea y partieron a otra cosa en donde podrían dar más de sus regalos. Ahora fue el apartamento de los Ohnaruto el cual no tenía chimenea.
- ¿Cómo le haremos? No hay chimenea para entrar.
- No te preocupes, esto siempre pasa, tengo mis métodos – Santa se acercó a la ventana y haciendo unas cuantas cosas que la rubia no entendió, pero fue suficiente para que la ventana se abriera sin hacer ruido.
Ya dentro, fueron hacia el árbol, aunque Rinku fue de puntillas hacia el cuarto de su mejor amiga, pero estaba cerrado, algo que comprendió.
Ya terminado el trabajo, se fueron, asegurándose de cerrar la ventana sin hacer ruido, por lo que se dirigieron hacia el siguiente destino el cual también fue de una las mejores amigas de Rinku.
- Esta es la casa de Maho-chan – llegando al lugar, hicieron lo mismo, solo que bajando por la chimenea.
Caminaron con rumbo hacia el árbol de Navidad de los Akashi, pero justo cuando estaban por poner los regalos, oyeron el ruido de alguien acercándose por lo que se escondieron para evitar ser pillados.
- Es Maho-chan – susurró Rinku asomándose a ver a su amiga quien solo fue a la cocina a tomar algo de agua y con la misma cara de sueño, se regresó a su habitación.
- Por poco, pero bueno, es algo normal – Santa bajó del techo, algo que le sorprendió a la rubia – créeme, con el pasar de los años te vuelves más hábil.
- Eres como un ninja, Santa.
Ya con los regalos dejados, volvieron a salir de la casa para dirigirse a todas viviendas para dar los regalos. Así mismo, había otros desafíos los cuales eran como entrar en casas muy cerradas o con seguridad, pero Santa parecía tener siempre la respuesta para todo.
En una de esas, decidieron tomar un pequeño descanso mientras iban volando. Rinku siempre parecía disfrutar de la hermosa vista desde las alturas.
- Santa, ¿Cómo es que no te mareas yendo tan alto por todo el mundo?
- Oh Rinku, han pasado varias cosas y bueno, te acostumbras con el tiempo ya que al inicio me daban miedo las alturas y más cuando mis renos no eran tan obedientes – el hombre de traje rojo relataba – pero luego, me hicieron caso y perdí mi miedo a las alturas y mírame, llevo años haciéndolo.
- Y eso que dicen que eres solo un invento, yo sé muy bien que eres real.
- ¡Pues claro que lo soy! Muchos dicen que me inventó alguna marca de bebidas carbonatadas, otros que solo fue algo que le surgió a algún tipo, pero no. Siempre he sido real y mientras siga viviendo, seguiré llevando alegría a los niños del mundo jojojo.
Los dos continuaron su viaje hasta que llegaron a otra ciudad en donde tanto Rinku como Santa dejarían los regalos en varias cosas más, siendo las más conocidas las de las integrantes de Merm4id, RONDO, incluso los de Starlight y Pegaso.
- Creo que este chico es especial para ti, deberías entregárselo – Santa le pasó el regalo de su novio a lo que lo puso debajo de su árbol.
Incluso se tomó el capricho de entrar a su cuarto el cual estaba sin llave, encontrándolo dormido y solo se acercó a él a darle un suave beso en la frente para luego salir.
Una vez logrado su cometido, el dúo siguió volando por varias ciudades más dejando los presentes, no solo eso, sino que Rinku fue conociendo más sobre las técnicas de Santa para entrar a las casas, así como los modos de dejar los obsequios de forma extraña.
Pasaron las horas y la tarea estaba casi ya hecha, faltando solo una en la que decidieron volver a Japón, especialmente al hogar de la rubia.
- Uf, eso sí fue agotador.
- Cada Noche Buena es así para mí, pero todo con tal de hacer que los niños sean felices, vale la pena el sacrifico de mí parte y de mis elfos.
- Pero bueno, creo que al final todos tuvieron sus regalos, fue muy divertido de hacer Santa.
- Bueno, no todos han recibido sus regalos – eso confundió a la líder de Happy Around! y no fue hasta que el gordo de traje rojo sacaba de su saco un regalo el cual se lo entregó personalmente a la chica – este es tuyo, Rinku.
- ¿Mío?
- Sí, como niña buena, mereces un regalo, así que espero que lo disfrutes, además… estas galletas son muy buenas – Santa le dio unos cuantos bocados hasta que terminó de comer – jojojo, que delicioso estuvo eso.
- Muchas gracias Santa, en serio.
- No, gracias a ti Rinku, pude completar mi viaje de Noche Buena, así que por eso es que mereces algo muy bueno, así que ten Feliz Navidad – el hombre se fue por la chimenea hasta que salió y se fue en su trineo jalado por los renos.
La rubia sonrió cuando Santa se estaba yendo por los cielos a lo que la chica solo volvió al sofá y abrazó con fuerza el regalo que le dio.
El sueño golpeó de repente a Rinku quien se fue durmiendo y cayó como piedra en el sofá.
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- ¿Rinku? ¿Rinku? Ya es Navidad Rinku – la voz del abuelo de la rubia la fue despertando de poco en poco hasta que se dio cuenta donde estaba.
- ¿Abuelo? ¿Dónde estoy?
- Te dormiste anoche en el sofá. Tu abuela y yo te acomodamos para que descansaras mejor.
- Oh, es verdad – los recuerdos de la noche la golpearon de lleno y dio un brinco para ver el árbol en el cual había varios regalos y eso la emocionó.
Los abuelos de la cantante solo vieron a la chica mirar los regalos y abrir uno en especial el cual le hizo recordar al que le dio Santa en la noche.
Al abrirlo, sus ojos brillaron a más no poder ya que resultó ser una caracola mediana, pero no solo eso, sino que poseía varios agujeros al lateral, así como una sección parecida a una boquilla. Toda la caracola lucía como una especie de ocarina.
- ¡Que linda es! ¡Es como la ocarina de Tapion! – Rinku era una mar de alegría, aunque ella no notó la cara de sus abuelos quien se miraban entre sí.
- ¿Tú se la diste?
- No, ¿no fuiste tú?
- No, tampoco fue el regalo que mandaron sus padres – los abuelos de Rinku estaban sin palabras, ninguno de ellos le dejó ese regalo.
A pesar de todo el rollo con saber de dónde provino ese regalo, no fue una sorpresa que Rinku disfrutó mucho su obsequio. Así mismo, quien sabe si al final la ida con Santa fue real, pero por lo que pasó, todo indicaba que sí.
Y esa fue una Feliz Navidad.
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Continuará…
