Descargo de responsabilidades: No soy dueño de Naruto ni de otros animes, mangas o novelas ligeras que se usarán para escribir este fanfic.
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Caballero Mago Blanco.
Capítulo 1: El Comienzo De Una travesía.
¡Vaya lío en el que estoy metido esta vez! Esto debe ser solo un mal sueño, no puede ser real. Se dijo a sí mismo un bebé en su subconsciente cuando tomó conciencia de su situación, siendo la única conclusión a la que pudo llegar, ya que nada parecía tener sentido. Su rostro se arrugó en una expresión de desdén mientras una de sus cejas comenzaba a crisparse, reflejando su creciente irritación.
Sí, un bebé que se encontraba observando a un hombre de cabello castaño claro, ojos verdes y un lunar cerca del ojo izquierdo hacer caras graciosas, mientras decía varias palabras en un idioma que él no reconocía.
"¿Cómo terminé en esta situación?", se preguntó el bebé, mientras observaba con cierta incredulidad sus pequeños y regordetes brazos que había levantado frente a él. Sin embargo, su atención pronto se desvió de nuevo hacia el hombre de cabello castaño, quien seguía intentando en vano arrancarle una sonrisa infantil con las caras graciosas que hacía. Lo que, lejos de provocar el efecto deseado, solo consiguió que una gota de sudor recorriera la frente del bebé, quien lo veía como si fuera un simple idiota haciendo el ridículo. A su vez, su actual condición, lejos de calmarlo, solo intensificaba su frustración, sumiéndolo aún más en el malestar y la irritación que ya lo embargaban.
"¡Eres tan lindo mi pequeño bebé...!" escuchó otras palabras en ese idioma raro que no entendía. La voz era suave y estaba llena de tanta ternura y amor. Después, unas delicadas manos se posaron sobre sus mechones rubios. Atraído por la voz, no pudo evitar desviar la mirada hacia el origen al sentir la suave sensación de ese toque.
Bueno, aunque no me voy a quejar de esto. Su expresión irritada se suavizó, sus mejillas redondas de bebé se tiñeron de un rojo, ruborizándose al ver a una hermosa mujer rubia de ojos azul cielo que le estaba sonriendo con amor. El niño fue sacado de la cama en la que estaba acostado, siendo retirado de las gruesas mantas de piel con las que parecían estar confeccionadas y cargado por la mujer, posiblemente su madre.
Su belleza era tan atrayente para el niño que, inconscientemente, extendió sus brazos para alcanzar el rostro de la mujer cuando lo cargó, provocando que ella sonriera. Sin embargo, con lo cortos que eran sus brazos de bebé, no logró alcanzarla.
"¿¡Pero qué estoy haciendo!? Cuestionándose sus propias acciones, parpadeó varias veces al darse cuenta de lo que estaba tratando de hacer. ¡Demonios! En serio, ¿cómo terminé de esta forma?"
Sus últimos recuerdos antes de llegar a ese estado eran intensamente vívidos. Recordaba con claridad cómo había perdido el control al ver el daño que Pain había infligido a una de sus amigas. Poco después, se encontró en su espacio mental, al borde de romper el sello que mantenía al Kyuubi cautivo. En ese preciso momento, apareció el Cuarto Hokage, quien llegó justo a tiempo para detenerlo antes de que pudiera liberar al temible bijū. Al verlo, Naruto, sorprendido, le preguntó qué hacía allí y cómo era posible que conociera su nombre. El Cuarto Hokage le dedicó una cálida sonrisa y, con una serenidad inexplicable, le respondió: "Es porque yo te nombré, después de todo soy tu padre".
Esa respuesta había despertado muchas emociones en él, pero la que predominaba en ese momento era la ira. Sin poder contenerse, le propinó un fuerte puñetazo en el estómago. Porque imagínate cómo te sentirías si tu propio padre sellara en ti un bijū nada más nacer y, encima, te dejara huérfano el mismo día, dejándote solo para sobrellevar la soledad, el desprecio y el odio de la gente que le acarreó ser un maldito jinchūriki. Lo tenía más que merecido.
Después de reprocharle todo el sufrimiento que había pasado por su culpa, Minato se había disculpado con, explicando que no fue su intención convertirlo en un jinchuriki, sino que se vio obligado a hacerlo cuando un loco enmascarado había secuestrado a su madre unos segundos después de que él naciera. Aprovechando que el sello se había debilitado por el parto, el loco de la máscara había liberado al Kyuubi para controlarlo y atacar la aldea.
Luego de esa explicación, su ira hacia su padre se había atenuado, y con el sello reforzado del Kyuubi, no les quedó de otra que despedirse porque el tiempo de su padre ya se había acabado. Después, regresó a la batalla contra Pain y lo derrotó estrellándole un Rasengan en el estómago. Buscó al cuerpo original usando las habilidades que le otorgaba el modo sabio, lo encontró y, oh sorpresa, era un escuálido "Uzumaki Nagato" que estaba en sus últimas. En verdad, tuvo muchas ganas de matarlo en esos momentos cuando recordó todo el daño que le había causado.
Pero, en contra de toda lógica, se contuvo, no queriendo dejarse llevar por la ira y el odio, al menos hasta saber los motivos que habían llevado a Nagato a hacer tanto daño a los demás y así juzgarlo por sus acciones.
El escuálido Uzumaki contó su historia y la de sus compañeros, que también fueron entrenados por el Sannin Jiraiya. Explicó cómo ellos crearon Akatsuki para traer la paz mediante el entendimiento, luego de la muerte de Yaiko, y cómo sus ideales pasaron de buscar la paz mediante el entendimiento a buscar la paz mediante el dolor. Después de escucharlo, de cómo se sentía y de cómo había perdido la fe en que la humanidad pudiera alcanzar una paz verdadera, convenció a Nagato de que él iba a traer la verdadera paz al mundo ninja. Así que, en sus últimos momentos, Nagato, para redimirse, usó el resto de su poder para revivir a todas las personas que habían muerto en la invasión a la aldea.
Luego, regresando a la aldea, sintió la presencia de Kakashi acercándose y, justo en ese momento, el agotamiento decidió cobrarle factura a su cuerpo, provocando que, en un instante, todo su cuerpo se pusiera rígido y pesara toneladas. Todo el mundo giró y se oscureció mientras caía en un vacío sin fin. Eso fue lo último que recordó antes de terminar así.
No supo cuánto tiempo pasó, tal vez días, semanas o meses, pero cuando despertó, no se encontraba en un hospital y no vio a ninguna persona conocida, aunque sí vio una mata de cabello rubio que, por unos segundos, pensó que era de la quinta Hokage. Sin embargo, no fue así; en vez de ver a Tsunade, vio a una mujer hermosa, aunque algo corpulenta y alta, de cabellos rubios y ojos azules con grandes atributos; bueno, desde el ángulo en el que se encontraba, eran grandes.
La mujer le sonrió con ternura cuando la observó, haciéndola ver aún más hermosa. Cerca de ella se encontraba ese hombre de cabello castaño que había visto al principio, y más a fondo vio la silueta de una tercera persona, pero estaba más concentrado en esas dos personas que estaban enfrente. Parecían una pareja un poco mayor que él, tal vez tenían poco más de 20 años, pero, de nuevo, no le dio mucha importancia a sus edades; él solo quería saber en dónde se encontraba.
Pero, siendo sincero, la mujer se había llevado toda su atención cuando le dio esa hermosa sonrisa. Nunca antes alguien le había sonreído de esa manera, como si él fuese su mayor tesoro en la vida. Su belleza hacía que él se quedara embobado. Si su maestro Jiraiya estuviera en esos momentos con él, estaba seguro de que el hombre la describiría como toda una mamasita. Literalmente, era su mamá, ya que se dio cuenta de ello bastante rápido cuando notó su estado actual.
La mujer no es que fuera grande, sino que él se había vuelto más pequeño. Llegó a esa conclusión cuando extendió sus brazos y vio sus manos de bebé antes de llevárselas a su rostro y sentir su cara rechoncha. En ese precio instante se dio cuenta de que se había convertido en un bebé.
¿Pero cómo, cuándo, por qué o quién fue el que le hizo esto? Sus pensamientos rápidamente se convirtieron en una maraña de preguntas; muchas preguntas, pero ninguna respuesta, causando un lío incluso aún mayor en su cabeza.
¡Mira... Daa... Aaaaah...! Y para colmo, ese hombre castaño siguió haciendo caras graciosas para que se riera, aunque con su desesperación actual lo único que consiguió fue que el niño intentara apretar los dientes. Pero recordó que ya no tenía dientes, así que sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
¡Waaaaaaa... waaaaaaa... Waaaaaaa...! El bebé no pudo hacer más que dejar escapar un fuerte llanto por la situación tan desesperante en la que se encontraba, y para terminar de joder las cosas, ¡se cagó!, se había cagado encima. Intentó aguantar, pero su cuerpo infantil no se lo permitió.
Puede que para un bebé eso sea lo más normal, pero para alguien con la mentalidad de un adolescente de 16 años era una profunda humillación. En serio, cuando encontrara al que le hizo o al responsable de su estado, le iba a meter un Rasengan por todo el culo.
¡Paul, lo estás asustando! La mujer, en su desesperación, pensó que el hombre había asustado al bebé y lo terminó regañando, mientras apartaba al niño de forma protectora, meciéndolo entre sus brazos para que dejara de llorar.
¡Lo lamento, Zenith, no pensé que fuera a asustarlo! El hombre no pudo hacer más que disculparse agitando las manos en el aire de forma desesperada.
¡¿Eh?! Hay algo que huele raro. Todos notaron rápidamente el mal hedor que se estaba extendiendo en la habitación.
Parece que el joven maestro se ha ensuciado. La tercera persona, o cuarta si contamos al bebé, notó que el hedor en el aire venía del niño e informó. Era una hermosa mujer de cabellos rojizos, usaba lentes, sus ojos eran de un color morado, vestía un traje de maid y tenía una expresión monótona.
¡Eso parece, jeje! La mujer rubia comenzó a reírse de manera nerviosa, mientras el sudor se acumulaba en la parte posterior de su cabeza. "Cariño, cámbialo", dijo, extendiendo el bebé hacia el hombre castaño casi de inmediato. Olvidándose de que, hacía solo unos momentos, lo estaba resguardando del hombre, todo para evitar ensuciarse al cambiar al niño.
Para asegurarse, el hombre acercó su rostro al bebé y lo olfateó. Pronto se dio cuenta de que no había sido la mejor idea; inmediatamente se arrepintió, retrocediendo casi de un salto y apartándose rápidamente debido al fuerte y desagradable olor.
¡Guácala, ya se echó a perder! Ni modo, Zenith, tendrás que encargarte tú, es tu hijo después de todo. El hombre dio una rápida negativa a su esposa, tapándose la nariz con una mano y abanicando el aire enfrente de su rostro con la otra para dispersar el mal olor.
Yo me ocupo de alimentarlo, y como ambos contribuimos para hacerlo, es tu responsabilidad cambiarlo, replicó la mujer.
Tú le pusiste el nombre, así que tú te encargas de cambiarlo. Cuando sea mayor, me encargaré de enseñarle a como conquistar m... ¡Cof! Emp... Digo, de enseñarle esgrima, ¡sí, eso haré! El hombre casi saltó de sus bisagras cuando su esposa lo miró como si quisiera quemarlo vivo en una hoguera cuando reveló sus planes en un desliz al hablar.
¿Paul, sigues enfadado porque le puse Naruto en vez de Rudeus? Ya te lo dije, en un idioma antiguo, Naruto significa "¡Tornado!" Me gusta ese significado. Además, acordamos que si fuera un niño, sería un caballero en vez de un mago si me dejabas ponerle el nombre. Ella había sentido que ese nombre haría honor a sus hazañas; su bebé iba a ser el tornado que sacudiría al mundo.
¡Ah, sí! Entonces, limpia el desastre que hizo tu Tornadito Zenith, dijo el hombre, cruzándose de brazos mientras fruncía el ceño. Su renuencia hizo que el rostro de Zenith también se frunciera. Incluso el niño había dejado de llorar, alternando su mirada entre el hombre y la mujer. Aunque quizás no entendiera nada de lo que decían, era muy obvio que estaban discutiendo.
La pelirroja dejó escapar un suspiro suave antes de hablar. Si no están dispuestos a cambiarlo, me encargaré de cambiar al joven maestro, sugirió para poner fin a la discusión. Además, era una de sus responsabilidades como sirvienta de la casa.
¡Gracias, Lilia! Sin duda eres la mejor. Tanto Paul como Zenith le dieron un pulgar hacia arriba a la criada, mientras lágrimas en forma de cascada salían de sus ojos, lo que provocó que una gota de sudor bajara por la cabeza de la pelirroja.
Tanto deseaban no tener que limpiar a su hijo. Bueno, no los culparía por eso; no era algo muy agradable. Acercándose a Zenith, la criada tomó al niño para cambiarlo.
La gota de sudor en la cabeza de la criada creció cuando vio que lágrimas en forma de cascada bajaban también por los ojos del niño, llorando de manera silenciosa mientras lo cambiaba.
No era su primera vez cambiando a un bebé, pero nunca había presenciado algo similar. De vez en cuando, los niños lloraban mientras los cambiaban, pero que lloraran de forma silenciosa era raro. Y no era porque el niño tuviera una discapacidad; hace un rato había presenciado que el niño podía llorar bastante fuerte.
¿Acaso el niño se lastimó la garganta? No, eso no fue lo que pasó. Puede que parezca paranoica, pero la razón parecía ser que el bebé tenía vergüenza. La forma en que apartaba la mirada mientras lo cambiaba, como si el niño fuera plenamente consciente de lo que había hecho y se avergonzara de que tuvieran que cambiarlo. No, seguro era solo su imaginación; después de todo, estos últimos días habían sido demasiado ajetreados para ella con el nacimiento del niño.
Ella terminó de cambiarlo y regresó al niño a su madre, quien lo recibió y lo acomodó de nuevo en sus brazos.
Gracias, Lilia, en verdad no sabría qué hacer sin ti. Declaró Zenith sonriéndole a la maid, quien solo se limitó a inclinar la cabeza.
Claro, aquí tienes la corrección sin el guion:
Y tú, mi pequeño Tornadito, ya es hora de almorzar, dijo la mujer mientras acariciaba la nariz del bebé, rozándola delicadamente con su dedo índice.
"Oye, señora, no entiendo ni una palabra de lo que me dices", pensó el niño, mientras los ojos se le revolvían de frustración. Estaba comenzando a desesperarse, harto de no poder comunicarse ni comprender lo que los demás decían debido a la barrera del idioma. A eso se sumaba que sus cuerdas vocales aún estaban en desarrollo, por lo que, al intentar articular algo, solo podía emitir un alarido incomprensible. Era irritante, y lo peor de todo era que no había nada que pudiera hacer al respecto.
¡Oh, mierda...! Sin esperarlo, su campo de visión se vio oscurecido, a últimas instancias solo pudiendo registrar una enorme masa acercándose y que terminó estrellándose contra toda su cara.
Time Skip.
"Ya han pasado ocho meses desde que se convirtió en un bebé. Empezó a crecer y se esforzaba por entender el idioma que usaban sus nuevos padres. Que si no estaba mal, su padre se llama Paul y el nombre de su madre era Zenith, y el de la pelirroja que solía cuidarlo sería Lilia, o eso fue lo que entendió."
Para su fortuna, le pusieron el mismo nombre que tenía antes, de lo cual no se quejaría, aunque le resultaba extraño. Además, al principio se confundía, pues también se referían a él de otras maneras diferentes a su nombre o abreviándolo como "Naru". Supuso que eran apodos cariñosos que le habían puesto, ya que escuchó claramente a sus padres pronunciando su nombre, Naruto, varias veces. Pero bueno, los nombres al fin y al cabo solo eran etiquetas; no tenían que definir necesariamente a alguien.
Le tomó un tiempo aceptar que esa pareja eran sus nuevos padres y que había renacido. En sus inicios, no quería aceptarlo; tenía muchas metas que cumplir como Uzumaki Naruto. Incluso llegó a pensar que esa pareja lo había secuestrado, convirtiéndolo en un bebé usando un jutsu especial, aprovechando que estaba inconsciente después de su lucha contra Pain, y así poder moldearlo en un arma mientras crecía, ya que el poder de los bijus era muy deseado por muchas naciones y aldeas.
Pero desestimó la idea tan pronto como la tuvo; era más que obvio por el comportamiento de la pareja que eran sus nuevos padres. ¿Qué razones tendría esa mujer para alimentarlo si no fuera su hijo? También estaba el hecho de que su apariencia se asemejaba demasiado a la de la pareja; no debió de haber cambiado ni un poco si solo hubiese rejuvenecido. Lo pudo comprobar cuando vio el reflejo de su nueva apariencia al ser cargado cerca de un espejo.
Su piel, que antes era de un tono bronceado, ahora era significativamente más clara. Su cabello, de un color rubio brillante e intenso, se había transformado en un tono de rubio más nítido y refinado, mientras que sus ojos azules se mantenían sin cambios, un rasgo que suponía había heredado de su nueva madre, al igual que el nuevo color de su cabello. Tenía un lunar distintivo debajo del ojo izquierdo, igual al de su nuevo padre, y su rostro mostraba una mezcla equilibrada de rasgos, entrelazando los contornos firmes de su padre con las características suaves y delicadas de su madre. Aunque todavía era un bebé, esta mezcla de rasgos le daba un aire similar a su rostro anterior, a pesar de las diferencias evidentes. Lo más llamativo era que ya no tenía las marcas que antes decoraban sus mejillas; esas tres líneas a cada lado habían desaparecido por completo.
Tal vez fue porque perdió la influencia del Kyuubi cuando renació. Bueno, la verdad es que no le importaba; ese poder siempre le causó problemas en su vida anterior, así que si alguien le preguntara: "¿Eres más feliz sin ese poder?", respondería con un fuerte: "¡CLARO QUE SÍ!"
Tal vez era su lado egoísta hablando, pues ahora ya no tenía que preocuparse por esa carga. Fue una responsabilidad que él no había pedido; se lo impusieron, y tuvo que asumir los riesgos que conllevaba el poder del Kyuubi. Siempre tuvo el miedo de dañar a las personas cercanas a él debido a ese poder, así que no se preocupaba por lo que le haya pasado al Kyuubi.
Tampoco es que pudiera hacer algo para remediarlo. Lo sentía por su anterior padre, pero no podría cumplir con las expectativas que él había puesto sobre él. Todavía no se había olvidado de la promesa que le hizo a Nagato y a Minato, pero, por ahora, en su estado actual, no podía hacer nada más que esperar. Aceptar los cambios fue su única opción desde el momento en que se dio cuenta de ellos; no se le dio otra alternativa, y su prioridad ahora era adaptarse a su nueva realidad, empezando por aprender el idioma que usaban sus nuevos padres, un paso esencial para integrarse en su nuevo entorno.
No le resultó tan difícil, pero tampoco fue fácil. La lectura de libros de cuentos por parte de sus nuevos padres durante las tardes era de gran ayuda, y de vez en cuando, Lilia también lo hacía, aunque principalmente eso era porque la maid pensaba que eso lo ayudaba a dormir. Gracias a esta rutina, empezó a familiarizarse más rápidamente con el idioma. Era una necesidad poder comunicarse con sus padres, así que decidió emprender una misión: encontrar los libros que leían o buscar otros libros en la casa, si es que había más. Pensaba que eso le ayudaría a adaptarse y a dominar el idioma más rápidamente.
¡Oh, aquí estás! ¡Eres muy travieso, mi pequeño Tornadito! La hora de jugar a las escondidas ya ha terminado. En ese momento, la voz de su madre, Zenith, llegó a sus oídos, poniendo fin a su búsqueda. Se dio la vuelta justo a tiempo para ver a la mujer extender los brazos y levantarlo. Ella lo abrazó contra su pecho, acariciando su cabeza con ternura.
Desde que comenzó a gatear, se convirtió en el terror de sus padres. Aprovechaba la mínima oportunidad para escapar y recorrer la casa de arriba abajo, con la intención de memorizar cada rincón. Ese era su objetivo, aunque aún había áreas que no había explorado. También buscaba libros o pistas que pudieran indicarle en qué parte del mundo se encontraba. No tuvo suerte; solo sabía que estaba en un lugar que, al parecer, no estaba tan desarrollado como Konoha. No había electricidad y ni siquiera había visto una bombilla; en su lugar, usaban lámparas con velas.
Sabía que algunos países eran más avanzados tecnológicamente que otros, como el País de la Primavera, anteriormente conocido como el País del Hielo. Por eso no le sorprendía tanto que en el lugar donde se encontraba no tuvieran electricidad. Sin embargo, nunca había oído hablar de países que usaran otros idiomas para comunicarse, y nunca había estado en un lugar con un idioma diferente mientras entrenaba con Jiraiya. Supuso que el mundo era más grande de lo que imaginaba, y, dado que nunca lo había recorrido en su totalidad, eso era lo más probable.
Suspirando, se acomodó mejor entre los brazos de la mujer. Si tuvieran que admitirlo, sería lo único que extrañaría cuando fuera mayor: amaba y disfrutaba la cálida sensación que Zenith le proporcionaba cuando lo cargaba en sus brazos y lo consentía, siendo él alguien que nunca recibió el cariño de una madre cuando era niño; que su nueva madre lo consintiera era lo mejor. Aunque probablemente lo disfrutaría mucho más si tuviera la conciencia de un niño de cuatro o cinco años en vez de uno de dieciséis, ya que a esa edad fue cuando más deseó el cariño de una madre y un padre.
¡Oh, con que aquí se encontraba! La voz de Paul hizo notar la presencia del hombre mientras se acercaba a ellos. En verdad que es curioso, ¿hasta dónde quería llegar en esta ocasión? Paul se puso detrás de Zenith abrazándola mientras colocaba su barbilla en el hombro izquierdo de la mujer, observando a su hijo con una sonrisa.
A tu estudio tal vez, o bueno, eso creo. En el futuro ya tendrás tiempo para eso cuando seas mayorcito. Las palabras de Zenith eran animosas para su bebé.
Sus padres atribuyeron su comportamiento a una simple curiosidad por explorar su entorno. Y no estaban tan equivocados; al igual que un niño, él tenía la necesidad de aprender explorando. El lugar en donde se encontraba era totalmente diferente al que conocía.
Es por eso que se esforzó en gatear lo antes posible en sus primeros meses. La sensación de no poder con el peso de su propio cuerpo hasta el punto de que le impedía incluso ponerse de pie le fue sofocante. Se encontraba demasiado ansioso por poder volver a caminar o correr, pero el desequilibrio de su cuerpo junto a la debilidad de sus pequeñas piernas regordetas le impedían lograr esa proeza.
¡Ah, cariño, ahora no...! dijo Zenith, dejando salir un gemido suave de sus labios cuando Paul había deslizado discretamente una de sus manos, que tenía alrededor de la cintura de Zenith para recorrer más hacia abajo.
¡Hijos de perra! Ah, no, que esas serían mis abuelas. "Pero, en fin, estos dos ya han empezado de nuevo con sus jueguitos", pensó airado, contrayendo la cara ligeramente en una mueca de incomodidad . "¿Acaso no se dan cuenta de que hay un menor en la habitación? Creen que, por ser un bebé, no tengo la capacidad de comprender lo que están haciendo. Si fuera un bebé ordinario, él estaba seguro de que, al crecer, adoptaría esos mismos comportamientos.
Deja al niño con Lilia para que lo cuide, mientras tú y yo vamos a... ya sabes. El hombre susurró al oído de su esposa, mientras sus manos seguían recorriendo.
"Ngh... está bien", suspiró ella, dejando escapar otro leve gemido mientras asentía con timidez, notando cómo un rubor intenso se apoderaba de su rostro al sentir las caricias expertas de Paul explorando con delicadeza los rincones que más placer le brindaban.
Bueno, al parecer, los esfuerzos de Paul para calentar la estufa dieron sus resultados. Al menos, espero que con esto sea suficiente para que no me molesten durante esta noche y pueda dormir en paz. Mientras lo pensaba, una gota de sudor comenzó a formarse en la parte posterior de su cabeza al ver la descarada actitud de sus padres. "Realmente parecían desconocer por completo el concepto de moderación; era como si cada noche se entregaran a una violencia desmesurada, como si estuvieran matando a un caballo dentro de la paredes de su habitación. La forma en que hacían rechinar la cama y los gemidos siempre terminaban despertándolo. A ese paso, en poco tiempo tendría un hermanito o una hermanita."
Salto de línea, al día siguiente.
¿En dónde se habrá metido? Pensó Lilia preocupada mientras dejaba salir un suspiro de exasperación. Debía de admitir que él hijo de sus señores era escurridizo, solo le basto apartar la mirada por unos segundos y el niño desapareció, como si tuviera el poder de teletransportarse, lo dejabas en un lugar y aparecía en otro, haciendo muy difícil encontrar en que parte de la casa estaba.
Levantando el mantel de la mesa, ella se agacho con la esperanza de encontrar al niño escondido debajo. La mujer soltó otro suspiro, pero esta vez de alivio al encontrar al niño metido debajo de la mesa, antes de que una gota bajara por su cabeza cuando el niño se jiro y pudo verlo con un trozo de pan en la boca, con la intención más que obvia de comérsela.
Unos segundos antes.
Los ojos de Naruto brillaron al ver lo que tenía en las manos, emocionado de haberlo conseguido como si fuera el tesoro más valioso y difícil de conseguir en el mundo, "¡Un pedazo de pan...!". No era ramen, pero en estos momentos era mejor que nada, ya cuando fuera mayor, conseguiría ramen en la más mínima oportunidad que tuviera.
El niño acerco el pan a su rostro y le dió una olfateada, dejando que el olor se extendiera por sus fosas nasales. Por fin algo sólido que pudiera comer, aunque tuvo que escaparse de Lilia para conseguirlo, estaba seguro que la estoica maid estaría molesta y preocupada, pero vamos él ya estaba cansado de pura leche, en menos de dos horas y unos cuantos eructos ya le volvía a dar hambre. Además de que le resultaba algo incómodo, no llegaba a acostumbrarse del todo y no era precisamente un pervertido como para excitarse por que Zenith lo alimentará. También estaba el hecho que tenía el cuerpo de un bebé, así que era imposible que sintiera algún tipo de excitación en el cuerpo y sumando que Zenith era su madre, no sentía más que algo de vergüenza.
Dejando sus pensamientos de lado, el niño empezó a roer y humedecio el pan lo mejor que pudo con sus pequeños dientes en crecimiento para arrancar pequeños pedazos, debía tener cuidado, ya que por más ridículo que suene podría llegar a atragantarse con un trozo de pan demasiado grande. Una vez en su viaje de entrenamiento con Jiraiya vio a un anciano atragantarse con pan, este al tomar un trozo tan grande y no masticarlo bien por que le faltaban dientes al igual que el en estos momentos.
El sonido del mantel moviéndose hizo que se volteara con el pan todavía en la boca.
¡Oh, mierda, estoy en problemas!, pensó el niño al ver el rostro de Lilia asomándose con preocupación detrás del mantel. Su expresión cambió de preocupación a alivio cuando lo vio. Ella extendió los brazos y lo sacó de debajo de la mesa, pero a medida que el alivio se desvanecía, una creciente molestia se reflejaba en su rostro.
Me preocupaste mucho, dijo ella, visiblemente molesta. Se supone, joven maestro, que como caballero deberías comportarte de manera más apropiada y no causarme tanta preocupación. La maid comenzó a sermonear al niño con tono severo, como si esperara que pudiera comprender sus palabras, mientras lo acomodaba suavemente en sus brazos.
Mayormente no entendía nada, solo que ella estaba enojada con él por esconderse. Bueno, cuando aprendiera a decir lo siento, lo haría. Ella le caía bien, aunque casi siempre tenía esa cara estoica y se dirigía a él de la manera más formal posible, incluso siendo él todavía un bebé.
El niño la miro con una cara chibi con el pan todavía en la boca mientras continuaba masticandola, provocando que la maid suspirara antes de tomar el pan de las manos del niño, quitándosela.
Le avisaré a la señora Zenith que ya lo encontré, también le diré que se encuentra con hambre... Ella se detuvo cuando vió que el bebé tenía los ojos llorosos, su expresión arrugada y labios temblorosos le indicaron que estaba apunto de comenzar a llorar.
¡Bien, Bien...! Tomala devuelta pero no llores. Con honestidad la maid rápidamente se arrepintió, devolviendole el pan al niño con la esperanza de detener el llanto contenido del niño.
¡Ja, tremenda actuación la que me acabó de echar! ¡Y tú ni creas que se me ha olvidado las cuentas que tenemos que ajustar! El niño pensó, mirando el pan con intensidad por unos segundos antes de volver a intentar comérselo, provocando que apareciera otra gota en la cabeza de la maid.
¿¡Lo encontraste en el comedor Lilia!? Una pregunta repentina a sus espaldas hizo que la maid se exaltara y casi diera un brinco por el susto con el niño en sus brazos.
¡Si, ya lo encontré señora Zenith! Ella afirmó exhalando al recomponerse del susto.
¡Que bueno...! Zenith entro sonriendo cuando escucho eso, acercándose y tomando a su hijo de los brazos de Lilia.
¿Por qué tiene un pan en la boca? Ella pregunta observando al niño.
"Creo que lo tomó de la mesa, aunque no sé cómo la alcanzó. Pensé en quitársela, pero cuando lo hice parecía que iba a comenzar a llorar, así que no tuve otra opción más que devolvérsela. La maid informó, inclinando la cabeza un poco ante Zenith."
No importa, debe tener hambre, ya es su hora de comer. La mujer no le dio mucha importancia a la situación. Ya encontraron al niño, eso era lo más importante. Ella, siendo su madre, sabía lo escurridizo que era su hijo, así que no estaba molesta con Lilia cuando les informó que el niño se había escapado. Ya estaban todos acostumbrados en la casa, pero eso no significaba que no se preocuparan de que le pasara algo al niño.
¡Ahora Tornadito es hora de que te de de comer! Zenith declaró sonriendo, acomodando mejor al niño en sus brazos y pasando un dedo sobre su nariz.
¡Oh, genial, pan con leche tibia! La mejor combinación del mundo. El niño pensó de forma sarcástica al entender que era su hora de comer.
¡No necesitas esto cuando me tienes a mí! Volviendo a sonreír, Zenith arrebató el pan de las manos del niño.
¡Oh, bueno, parece que solo será leche tibia! Pensó el niño, mientras su rostro se tornaba inexpresivo.
Salto de línea.
Ya han pasado otros seis meses; ahora podía caminar, y gracias a eso podía recorrer toda la casa con más facilidad, teniendo más tiempo libre. La casa ahora parecía más pequeña, y la misma rutina rápidamente lo aburrió. Encontró los libros que solían leerle sus padres, pero como todavía no dominaba el idioma, le era tedioso tratar de leer o entender lo que decían esos libros. Podría ser más fácil con alguien enseñándole, pero ese no era el caso. De todas formas, no se daría por vencido tan fácilmente, así que siguió esforzándose, aunque progresaba lento y, de vez en cuando, se tomaba un tiempo.
Muchos de los que conocieron a su antiguo yo lo veían como un individuo desprovisto de intelecto, que detestaba estudiar. Sin embargo, esa era una visión equivocada de él. Aunque tal vez no destacaba por su brillantez, eso no implicaba que aborreciera aprender. Lo que le enseñaban, especialmente aquellas materias que parecían no tener ningún valor práctico en el campo de batalla, sí le parecían una pérdida de tiempo. Además, solía hacerse el tonto con el fin de llamar la atención; creció de esa forma y terminó adoptando esa forma de ser, algo torpe en apariencia, pero que en muchas ocasiones le servía para demostrar que subestimarlo solo por eso era un grave error. En diversas ocasiones, su aparente torpeza lo convertía en un enigma impredecible: sus oponentes, al no esperar que tomara decisiones que muchos calificarían de insensatas, no imaginaban que, de repente, pudiera sorprenderlos con momentos de verdadera brillantez.
Suspiró al pensar en aquello, colocando una tabla de lavado al inicio de una escalera de piso que había en la casa. La tabla, obviamente, era la que usaba Lilia para lavar la ropa sucia; la tomó prestada y la devolvería antes de que se dieran cuenta. El chico inhaló profundamente antes de subirse sobre la tabla, equilibrándose lo mejor que podía.
Me preguntó si otros "yo" serían capaces de hacer algo igualmente absurdo, o incluso más, solo por el simple placer de dejarse llevar por el tiempo y la diversión. El chico permaneció en silencio por un momento, con la mirada fija en el final de la escalera, como si allí, en ese rincón, se encontrara algo de inimaginable asombro que lo aguardaba.
Había estado reflexionando sobre esa pregunta desde que comprendió que era posible renacer, empezar una nueva vida después de morir. Tal vez existían otras versiones de él mismo; sin embargo, no recordaba nada de su vida anterior, cuando era Naruto Uzumaki. Pero, ¿y si había ocurrido algún error y, de algún modo, sus recuerdos habían quedado atrapados en esta nueva existencia? Era una idea bastante extravagante, pero la curiosidad lo impulsaba a imaginar cómo se comportarían sus otras versiones, si es que en algún lugar o momento llegaran a existir. Quizá, aunque fueran más astutas o talentosas, seguirían siendo tan extrovertidas como siempre… ¿o no?
Mientras tanto en otros mundos.
Naruto, no me parece que esta sea una muy buena idea. Una niña de unos ocho o nueve años, con cabello rubio en rizos y coletas, dijo, observando a un chico rubio un poco mayor que ella sobre una bicicleta naranja, mientras al lado de ella había otra bicicleta aparcada. Ellos estaban sobre una colina alta con intenciones más que obvias.
¡Vamos, Ravel, no seas tan pesimista! ¿Acaso no dijiste que querías aprender a andar en bicicleta? preguntó el chico, acomodándose mejor en la bicicleta.
Sí, pero no de esta manera, declaró la niña. ¿En qué momento pensaste que sería buena idea tirarse por una colina en bicicleta cuando ni siquiera sabes cómo andar en ella?.
Ese es el punto; de esta manera será más rápido aprender, refutó el chico, sonriendo con gran vehemencia.
Estaría menos preocupada si la bicicleta que vas a usar no fuera una que armaste tú misma, además de que pusiste una rampa en la colina, insistió la niña, observando hacia abajo donde se podía apreciar una rampa improvisada con tablones de madera que el chico había puesto.
La semana pasada, sus padres les habían comprado unas bicicletas cuando ellos se las pidieron; eran bicicletas que venían por partes, así que había que armarlas. Pero Naruto no dejó que armara la suya; en vez de eso, había tomado las partes de su bicicleta y, observando al empleado que los padres de la niña habían contratado, el chico había armado su bicicleta diciendo algo sobre que así sería más satisfactorio cuando dominara el andar en bicicleta. Pero Ravel dudaba que él hubiera hecho un buen trabajo armando su bicicleta.
¡No, será más divertido de esta manera! Quiero hacerlo usando esta bicicleta. La otra negativa del chico le hizo saber a la niña que no lograría hacerlo desistir.
Creo que no debí dejar que viera "Kick Buttowski", pensó la niña con una cara inexpresiva.
Está bien, haz lo que quieras, pero que conste que traté de advertirte. La niña suspiró en derrota.
El chico se encogió de hombros antes de poner un pie sobre un pedal y tomar todo el impulso que podía. Se lanzó por la colina a toda velocidad. Al instante, pudo sentir el viento pegándose contra su cara mientras seguía bajando a una velocidad increíble que dejaría en vergüenza a un ciclista profesional. Con tanta velocidad, no tardó mucho en alcanzar la rampa; el chico salió volando al llegar al final de la rampa.
¡Claf...!
¡Ay, sopas...! La sonrisa del chico se transformó en desesperación cuando el manillar de la bicicleta se desprendió, probablemente porque no había ajustado bien los pernos.
El chico cayó colina abajo, arrastrado por la velocidad hacia una carretera. Después se escuchó el estruendoso sonido de vidrio rompiéndose, el impacto de varios camiones chocando entre sí y el agudo maullido de un gato aterrorizado. En medio del caos, una de las ruedas de la bicicleta del chico salió disparada y voló a través de una espesa columna de humo que se había levantado del suelo.
¡Ay, me rompí una uña!... Ah, y el manillar de la bicicleta me atravesó el estómago cuando caí sobre él. Una dolorosa exclamación del chico se escuchó entre tanto alboroto.
Bueno, se lo dije, Ravel se quitó las manos de los ojos; no sabía cuándo las había llevado allí. Al principio tuvo miedo de mirar, pero ya sea por instinto o no, miró hacia abajo para ver todo el desmadre que causó el chico con una gota en la cabeza. Lo bueno es que sus poderes de regeneración ya eran lo suficientemente fuertes como para curar una herida como esa, como si fuera un simple rasguño.
En otro mundo.
"El mismo chico rubio se asomó por la ventana de una habitación, mirando hacia abajo, donde las aguas de una piscina resplandecían bajo el sol. Se apoyó en el alféizar, con los pies apenas rozando el borde, y una sonrisa divertida asomó a sus labios, como si estuviera disfrutando del momento en silencio."
¿¡Qué se supone que vas a hacer!? Una niña de ojos azules y cabello negro preguntó al verlo. La niña estaba coloreando algunos dibujos hasta que vio lo que trataba de hacer el chico.
¡Voy a tirarme desde aquí a la piscina! El chico declaró, como si fuera la mejor idea que se le hubiera pasado por la mente hasta el momento.
"Sería lo más estúpido que harías hasta el momento; mejor déjate de tonterías y bájate antes de que te vayas a caer, o si no se lo diré a mamá. La niña volvió su atención a sus dibujos y empezó a colorearlos de nuevo."
¡Oh, vamos, Yukari, no seas una aguafiestas! El chico se dio la vuelta, dándole la espalda al exterior. ¡Solo quiero, ay...! Como dijo la niña, el chico perdió el equilibrio, se resbaló y cayó por la ventana con un fuerte "¡pam!".
¿¡Eh...!? La niña, al escuchar el golpe, se volteó y se levantó, dejando sus dibujos para acercarse a la ventana y asomarse por ella, mirando hacia abajo solo para que sus ojos se ensancharan al ver al chico estampado contra el piso.
¡Eh, mamá, Naruto...! Con pánico y preocupación, la niña llamó.
¡Agh!... ¿Qué hizo esta vez ese niño!? Una voz cargada con anticipado reproche se escuchó, seguida de unos pasos provenientes del piso inferior, que se hicieron más fuertes mientras se acercaba la persona. Era una mujer de cabellos negros que no perdió el tiempo en entrar en la habitación para ver en qué problemas o tonterías estaba metido su hijo más problemático.
Yukari, ¿dónde está tu hermano? La mujer preguntó con el ceño fruncido al llegar; solo vio a su hija con la cara pálida y los ojos llorosos por alguna razón.
Con la mano temblorosa, la niña señaló por la ventana hacia abajo.
La mujer mayor se acercó a la ventana y se asomó como le indicó la niña.
¡Ay, pero la...! Instantáneamente, la expresión de la mujer cambió a una de pánico, su cara palideció totalmente, con los ojos muy abiertos, e inevitablemente ella se llevó ambas manos a la boca.
De regreso con la historia principal.
Encogiéndose de hombros ante su propia pregunta, el niño no dudó en tirarse por la escalera, usando la tabla como una tabla de surf.
¡Tas, tas, tas...!
Por cada escalón de la escalera que descendía, el chico observó cómo la casa se sacudía de arriba a abajo, mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro, disfrutando de lo divertido que resultaba. Sin embargo, más temprano que tarde, los escalones de la escalera se terminaron y la punta de la tabla golpeó el suelo con un impacto seco, y el chico fue catapultado con gran fuerza, terminando por estrellarse contra la pared más cercana, lo que produjo un fuerte "¡Pum!" que resonó por toda la casa; en ese instante, su diversión llegó a su fin.
¡¿Qué fue eso!? Como era de esperarse, todos en la casa escucharon el golpe. La primera en llegar corriendo fue Zenith, quien soltó un fuerte "¡Kyaa...!", gritó al verlo en el piso con la frente abultada y la sangre bajando por su herida. La mujer, alarmada, se acercó y lo levantó.
¿¡Pero qué fue lo que sucedió!? Lilia, que había llegado detrás de Zenith, hizo otra pregunta mientras veía cómo la mujer ponía una mano sobre el bulto en la frente de su hijo para sobarlo.
¿¡Es en serio!? pensó con incredulidad, mientras su mente comenzaba a despejarse tras el golpe. ¿No ve que tengo la cabeza casi partida en dos? Es muy obvio que me golpeé de alguna forma. El sudor recorría su rostro, mientras luchaba por apartar la angustiosa sensación de las punzadas que irradiaban desde la zona del hematoma.
¡Uy... se golpeó la cabeza muy fuerte! Zenith revisó cuidadosamente el bulto; era lo suficientemente grande como para que se notara desde una buena distancia y, súmale que había sangre bajando por el raspón encima del hematoma, fue suficiente para preocupar a la mujer de sobremanera.
Debe dolerle mucho, pero tranquilo, mamá hará que el dolor desaparezca. Zenith sonrió consolando a su hijo, aunque este no estuviera llorando. La mujer colocó nuevamente su mano sobre la herida. "Permite que este poder divino sea un nutriente satisfactorio dándole a quien ha perdido su fuerza la fuerza para levantarse de nuevo. ¡Sanación!"
¿¡Pero qué!? ¿¡Está rezando!? El chico pensó con intriga al escuchar que su madre empezaba a conjurar algunas palabras. Tal vez sus padres eran seguidores de alguna secta religiosa, como ese tal Hidan, del que le había hablado Shikamaru; aún así, dudaba que unos simples rezos ayudaran a mejorar su estado.
Su escepticismo se desvaneció rápidamente cuando las manos de su madre liberaron un brillo tenue de color verde, haciendo que el dolor y el hematoma desaparecieran casi al instante.
¡Qué demonios...! ¿Acaso eso fue ninjutsu médico? El chico se preguntó, asombrado, al notar lo familiar que le pareció esa técnica. Parpadeó varias veces, aún atónito, mientras se recomponía, y sus ojos, muy abiertos, se dirigieron hacia su madre.
Sorprendido, mi niño, mami es increíble, ¿no es cierto? Ella solía ser una aventurera muy famosa por sus dotes de curación. Zenith se jactó de sus habilidades, mientras le acariciaba la mejilla con cariño.
¡Sí, mami es increíble...! Por el asombro, el niño contestó sin darse cuenta, provocando que Zenith chillara y lo abrazara fuertemente contra su pecho.
¡Mira, Lilia! ¡Naru ya está aprendiendo a hablar! exclamó con orgullo, su voz llena de entusiasmo, lo que hizo que tanto el niño como la criada sudaran ante su alegría desbordante. Parecía como si hubiera olvidado por completo que, apenas unos minutos antes, su hijo se había dado un fuerte golpe.
Bueno, la última vez que él había dicho algo obtuvo un resultado similar, ya que sus primeras palabras fueron "mamá" y "Lilia". Sí, solo por diversión dijo "Lilia" en vez de "papá" como quería Paul, lo cual provocó que el hombre se deprimiera y se colocara en un rincón de la casa a lloriquear. Solo ahí se dio cuenta de que fue un poco cruel con el hombre.
Tal vez fue porque estaba un poco traumatizado con el tema de tener un nuevo padre. No conoció a su anterior madre, pero, joder, su anterior padre le había sellado un puto zorro demonio y lo dejó huérfano el mismo día que nació. Quién lo juzgará, no tenía la más mínima idea de cómo se sentía. Al final, llamó "papá" a Paul para que recuperara los ánimos, y lo consiguió, aunque aún así estuvo farfullando que no fue justo que no lo llamara "papá" antes a él.
¿¡Esa es mi tabla de lavar!? Lilia notó la tabla en una esquina de la escalera, se acercó y la tomó en sus manos. ¿Cómo habrá llegado aquí?
¡Ups...! Espero que no se dé cuenta. Deteniendo sus pensamientos al escuchar la pregunta de la criada, el chico enterró su cara en el pecho de Zenith, tratando de ocultarse de la mirada de Lilia.
Escuché algunos gritos y vine lo antes posible. ¿Cuál es el problema? ¿No habrá entrado un monstruo en la casa? Llegando en último lugar, Paul entró en la habitación, deteniendo cualquier investigación que pudiera hacer Lilia. El hombre estaba sudando, posiblemente por su entrenamiento, que Naruto había visto antes de que decidiera lanzarse por las escaleras.
Cuando lo vio, parecía que el hombre practicaba algún tipo de kenjutsu, balanceando una espada que era muy diferente a las que había visto antes. En su momento no le dio mucha importancia, ya que, exceptuando la espada rara, le pareció algo normal que su padre estuviera entrenando. Pero ahora que había visto ese tipo de ninjutsu médico, o lo que fuera que hizo Zenith, se preguntaba qué otras diferencias había. No sabía si las diferencias se debían a que se encontraba en otra región del continente; ya se tomaría el tiempo para investigar más tarde.
Cariño, no estoy segura de como sucedió, pero al parecer Naru se golpeó la cabeza. Zenith informó a su esposo con cierta angustia cuando lo vio llegar.
¡Ah, con que solo fue eso! El hombre se encogió de hombros ante aquello, mostrando mucha menos preocupación que cuando llegó.
¿¡Cómo que solo fue eso!? Muestra más preocupación por la salud de tu hijo. Naru pudo haber salido realmente perjudicado.
Como era de esperarse, a Zenith no le gustó la actitud despreocupada de Paul, y le hizo saber su molestia regañándolo. Esto provocó que Paul se tirara detrás de Lilia, usándola como escudo cuando vio su expresión molesta.
Cariño, los niños suelen lastimarse bastante. Se caen, se golpean y terminan con moretones y hematomas todo el tiempo. Es así como crecen y se vuelven fuertes. Pasará muy seguido, pero todo estará bien, ya que siempre podrás curarlo cuando eso pase, dijo Paul, recuperando la valentía. Se acercó a Zenith y le puso una mano sobre uno de los hombros.
Pero ¿qué pasa si yo no estoy ahí para curarlo? ¿O si se lastima hasta el punto de que me sea imposible curarlo? Esa simple idea asustó a Zenith y la afligió en lo más profundo de su pecho.
Eso no pasará; él estará bien. Después de todo, es nuestro hijo. Paul calmó las preocupaciones de Zenith dándole una sonrisa mientras la tomaba del mentón y la besaba suavemente.
¡Ahí van de nuevo esos dos! El chico pensó al sentir la atmósfera romántica que se había formado, con una gota bajando por su cabeza al ver cómo interactuaban sus padres, ya sabiendo por dónde iban las cosas y qué le deparaba.
Con toda la emoción del mundo, sus padres no tardaron en llevarlo a su habitación, yéndose ellos a la suya para hacerle hermanitos como supuso. Solo se cuestionaba si sus padres eran conscientes del alboroto que hacían cuando estaban en la habitación, o si lo eran pero simplemente les sudaba que todo el mundo los oyera.
Salto de línea.
¡Así que maná! (Energía mágica) Así se llama la energía que usa Zenith; eso la haría una maga, ya que aquellos que usaban esta energía eran conocidos como magos. Lo demás todavía se me complica entender lo que dice, y ni siquiera estoy seguro de si lo que entendí está bien. Naruto pensó en un gran libro abierto frente a él, con los ojos concentrados en la página de ese libro.
Todos estos meses se había equivocado. Él había encontrado en el estudio de la casa cinco libros y solo se había concentrado en el primer libro que encontró, restándole valor a los demás al querer terminar ese primer libro.
Con el paso del tiempo, y gracias a que el nuevo lenguaje compartía ciertas similitudes con el dialecto que solía usar, no le fue difícil comenzar a entender muchas de las cosas que decían sus padres en ese idioma. Pero eso no significaba que dominara el sistema de escritura del idioma; las letras eran totalmente diferentes a las que él conocía y, sin un maestro, no sería nada sencillo dominarlas.
Esta clase de situaciones eran las que lo hacían lamentarse por no haber aprendido otros tipos de arte Shinobi, como algún tipo de fuinjutsu. Tal vez eso hubiera facilitado un poco las cosas para él en estos momentos, pero tampoco podía quedarse lamentando.
Solo le quedó echarle más ganas, y así, con los meses, empezar a mejorar poco a poco. Cuando no entendiera, tenía a sus padres para que le leyeran los libros como siempre, mientras él se sentaba en el regazo de uno de ellos. Y si se aburría... Bueno, se tomaría un tiempo para divertirse, pero alejado de las escaleras. Puede que sea un idiota, pero no tanto. La próxima vez encontraría una manera más divertida de bajar la escalera y no partirse la mandarina en gajos en el proceso.
En verdad, espero que si existen otros yo, no piensen en cambiar la forma en que hacemos las cosas, o la forma en que solemos divertirnos para dejar pasar el rato. El chico sonrió pensando.
Mientras tanto con los otros Narutos.
¿Ahora ya entendiste la lección, Naruto? Ravel pregunta a un Naruto chibi que arrastraba las partes de su bicicleta colina arriba.
Sí, para la próxima ajustaré mejor los pernos y le pondré un cohete a la bicicleta. Eso me ayudará a ir más rápido, declaró el chico, mientras le salía una vena de enojo en la frente a la niña.
¡Podrías dejar de pensar en hacer cosas estúpidas por un segundo en tu vida! Ravel le gritó en la cara con ira al chico, dándole la impresión de que su cabeza era anormalmente grande y sus dientes afilados como los de un tiburón.
Ya tranquila... Me pondré un casco para la próxima.
¡Tás! El puño de la niña bajó con bastante fuerza y brusquedad sobre la cabeza del chico.
Con el otro Naruto.
En la habitación de un hospital, Naruto se encontraba acostado en una de las camas con vendajes en la cabeza y partes de su cuerpo.
El chico comenzó a abrir los ojos de forma lenta, parpadeando varias veces para darle tiempo a sus ojos de acostumbrarse.
Al lado de su cama, todavía sin darse cuenta, se encontraba su madre sentada en una silla y en su regazo estaba su hermana, ambas con la mirada gacha por la pena mientras esperaban pacientemente a que el chico despertara de su coma.
Madre, soy Naruto y no volveré... El niño dijo algunas frases sin terminar, llamando la atención de las dos, provocando que su hermana y madre ensancharan los ojos de alegría al ver que ya había despertado.
¡Hermano! La primera en reaccionar fue Yukari, quien no perdió el tiempo en bajarse del regazo de su madre y se lanzó a la cama del chico, dándole un abrazo.
¡Por fin despertaste, mi niño! La mujer comenzó a llorar de alegría, imitando la acción de la niña. Abrazó a su hijo antes de empezar a besar sus mejillas por la alegría de verlo mejor.
Ya no volveré... a intentar... saltar... desde la ventana... sin un paracaídas. Todo ese ambiente de felicidad se acabó cuando el chico, con un poco de esfuerzo y al parecer sin pensarlo mucho, terminó declarando.
Esto provocó que la habitación se envolviera en un aire frío y siniestro. La tez ya pálida del chico se volvió más pálida al darse cuenta de su declaración y de esa sensación de peligro inminente. Sin querer, el chico levantó un poco la mirada y presenció con miedo cómo el rostro de su madre y hermana estaban siendo cubiertos por las sombras de sus cabellos mientras sus ojos brillaban de forma perversa al verlo, como si quisieran atravesar su alma.
¡Shahashi Naruto, podrías dejar de pensar en hacer cosas estúpidas por un segundo en tu vida! Tanto su hermana como su madre le gritaron al chico, provocando que este se hiciera un ovillo en la cama.
¡Ay, bueno, está bien, pero no se enojen!
De regreso con la historia principal.
En la actualidad, el chico ya tenía un poco más de dos años. En los últimos meses, y con la ayuda de sus padres, había mejorado considerablemente y ahora ya podía arreglárselas solo para leer. Aunque, por el simple hecho de que disfrutaba del calor de su nueva familia, independientemente de que fuera un niño o no, dejaba que sus padres le leyeran los otros libros que había en la casa mientras él se concentraba en el libro de guía mágica.
"Ahora... Ahora". El chico dijo, pasando una página del libro. Aquí dice que para usar hechizos mágicos debo tener buenas reservas de energía mágica. "Los hechizos mágicos serían como el equivalente a los jutsus, mientras que la energía mágica sería el equivalente al chakra". La cantidad de energía mágica estaba determinada parcialmente desde el nacimiento, siendo algo hereditario. ¡Oh, bueno! Al parecer, debo tener cuidado con eso. No sé qué consecuencias tendrá el gasto excesivo de energía mágica en mi cuerpo. El chico pensó con cautela al leer esa parte.
Sospechaba que la causa de su fallecimiento había sido el gasto excesivo de chakra; había vaciado todas sus reservas en su batalla contra Pain y, con el sello reforzado, el Kyuubi no pudo hacer nada para evitar que él muriera por agotamiento. Y si el gasto de energía mágica era similar o equivalente, eso significaba que podría volver a morir. No le gustaba la idea de morir por segunda vez.
Un Uzumaki muriendo por falta de chakra, algo irónico, penoso y humillante. Pensar que una de las personas con más chakra terminaría muriendo por agotamiento. Y yo pensando que esas cosas solo le pasaban a Kakashi sensei. El chico se rió de forma irónica y amarga cuando pensó en eso.
Pero, hey, debo dejar el pasado en el pasado y enfocarme en el presente, ya que ni siquiera tengo otras opciones; eso haré. El chico pensó, volviendo su atención al libro.
Sí, mi madre puede usar hechizos de sanación; incluso la escuché presumir de eso. Y si he heredado la cantidad de energía mágica de ella, significa que no estaría de más tener las expectativas de que al menos podría lanzar uno o dos hechizos por día. Y si no, todavía tengo mis dos puños. Con eso en mente, el chico sonrió con determinación, porque su travesía para convertirse en mago recién estaba dando comienzo.
Fin del capítulo.
Según las novelas ligeras, el idioma usado en Mushoku Tensei tiene un dialecto parecido al japonés; supongo que debe ser algo similar a la relación entre el portugués y el español: algunas palabras suenan similares. Así que usaré esa excusa para que Naruto conserve su nombre, ya que no me dan ganas de referirme a él con otro nombre. Sí, ya sé que Naruto significa "remolino" y no "tornado", pero me gustó más que lo llamaran "Tornadito" o "Tornado". También le dicen "Naru"; digamos que es una variante, porque los remolinos y los tornados podrían llegar a ser confundidos, o por lo ambiguo de la palabra. Solo aclaro esto por si alguien piensa que me equivoqué en el significado.
