Mimi abrió sus ojos sorprendida ante el beso que le dio Yamato, literalmente le tomó tres segundos para darse cuenta que:

(1) El sultán la estaba besando.

(2) ¡Por primera vez estaba besando a alguien que no fuera Yamato!

(3) ¡El sultán, padre de Kiriha, consorte de Sora la estaba besando! ¡Oh no!

Rápidamente retrocedió ante esto rompiendo aquel momento.

—Su majestad, disculpe...—Bajó la mirada—Pe-pero yo no puedo.

Yamato se alejó levemente y la observó sorprendido, nunca nadie le había rechazado un beso.

Mimi ante esto hizo una reverencia.

—Lo siento mucho sultán, pero no puedo hacer esto.— Habló la castaña.

¿No?

El rubio alzó una ceja sorprendido, nunca una de sus concubinas le había dicho aquello— ¿Por qué no puedes? He intentado hacer que te sientas bien en este lugar,

—S-sí, pero yo...—Mimi no sabía cómo articular sus palabras— No puedo hacer esto.

—Como esclava del imperio Otomano y servidora mía, deberías aceptar servirme como concubina.

—Lo sé mi sultán.— Mimi habló, rápidamente se arrodilló frente a él— Agradezco mucho la consideración para esto, yo no puedo hacerlo, fui traída hasta acá como una esclava, me arrebataron todo, mis padres, mis amigos, mi vida.— Unas lágrimas comenzaron a caer— Sé que eso es común para ustedes, pero no puedo soportarlo, quiero regresar a casa.— Alzó su rostro y su mirada se posó sobre el rubio— Por favor, tenga piedad.

Por alguna razón desconocida ver aquella mirada suplicante y llena de lágrimas provocó que el corazón de Yamato se apretara. Por unos segundos sintió algo extraño, como una conexión, esa mirada miel tan enternecedora e inocente no demostraban más que angustia. Era prácticamente un castigo ver como el rostro angelical de aquella chica se oscurecía por el dolor que evidentemente sentía.

Yamato alzó una ceja, esta era la primera vez que alguna de sus mujeres se tiraba a sus pies rogando por piedad, todas las demás siempre aceptaban ser llevadas a sus aposentos para darle placer y nada más, porque así se sentían como alguien importante, sin embargo, esta chica no lo estaba haciendo.

—Señorita, las reglas del imperio Otomano son claras, las esclavas que capturamos se someten a nuestras ordenes.

—Lo sé, pero no puedo someterme a usted por obligación.—Comentó— No creo que sea justo para usted que yo le sirva de esta manera tan poco producente.

Sí, eso era un buen punto.

—Quiero respetar a la sultana Sora.— Musitó Mimi.

¿Qué?

Esto sorprendió a Yamato.

—Ella es su consorte principal.—Declaró la castaña— Y madre de Kiriha. Merece mi respeto, ante todo.

—Tú podrías tener más que ella.

—Pero no busco eso.— Habló— Por favor, perdóneme por esto, en verdad agradezco todo lo que ha hecho por mí, pero no puedo hacer esto.

Yamato hizo una mueca ante esto, evidentemente Mimi seguía firme en su postura de "no querer estar con él" y seguir manteniendo esa inocencia que la caracterizaba.

Debía admitir que posiblemente en otro momento lo hubiese molestado, sin embargo, por alguna razón esta negación hacia él, provocaba que esta castaña fuera más atrayente.

Un carácter firme, era un carácter que buscaba en una mujer.

—Permiso, quiero retirarme.

Yamato guardó silencio por unos segundos, analizando la situación. No quería presionar algo que evidentemente no se daría, quizás debía dejarla ir por esta noche, después de todo ese día ella demostró su bondad para con él, no podía pagarle de una manera tan ingrata.

—Está bien, puedes retirarte.

—Muchas gracias por la cena.

El rubio asintió.

Fue así como la oji-miel salió del lugar, mientras el rubio aun intentaba caer en cuenta que, como nunca, fue rechazado. No obstante, estaba tranquilo, porque mientras esa chica no se fuera de aquel lugar, él tendría todas las posibilidades de estar con ella y estaba seguro de que así sería. Después de todo, él era el sultán y podía tener a la mujer que quisiera.

Sobre todo, a esta, que se le hacía bastante interesante con todos sus rechazos.


Mimi caminó hacia sus aposentos repasando en su mente una y otra vez aquel beso con Yamato, el sultán. Jamás pensó que iba a colocar sus ojos en ella, tenía muchas otras concubinas con las cuales pasaba muchos momentos.

¿Por qué la miró a ella?

¿Por qué la quería como concubina?

¿Por qué a ella?

Estaba tan pérdida en sus pensamientos que no se dio cuenta que a unos pocos metros apareció su amiga, Airu.

—Mimi.— La rubia pronunció el nombre de la castaña al verla.

La oji-miel ante esto alzó la mirada.

—Airu.

—Hola.— La chica se acercó a ella— No pensé que saldrías tan rápido de la cena.

Mimi hizo una mueca.

—No me sentía muy bien, así que pedí retirarme.

Airu pasó su mirada por el rostro de la oji-miel, parecía un tanto preocupada.

—¿Estás bien?

Mimi no supo si asentir o negar, verdaderamente no sabía si debía contar esto o no. Aquel beso del sultán provocó muchas cosas en ella que no podía describir y sí, necesitaba hablarlo con alguien, pero ¿si le traía algún problema?

Antes de que la castaña pudiera decir algo en el pasillo aparecieron algunas concubinas de Yamato: Nara, Chibiro y Mizuki, junto a otras dos jovencitas.

—¡Vaya, vaya! Miren a quien tenemos aquí.—Musitó la pelirroja de ojos azules (Mizuki) quién para variar traía una antorcha en su mano.

—Al parecer la visita fue corta.— Comentó la rubia (Chibiro)

—No es para menos.— Declaró la joven de cabello negro y ojos grises (Nara)— Es una mosca muerta sin sentido que jamás será lo suficiente para nuestro sultán.

Mimi hizo una mueca ante este comentario.

—No me molesten.— Musitó antes de caminar en dirección a sus aposentos.

—¡Hey!— Exclamó Chibiro acercándose a ella y tomándola del brazo— ¡No te irás sin antes escucharnos!

La castaña observó este agarre.

—Suéltame.— Musitó Mimi molesta.

—¡A zorras como tú hay que darles su merecido!

—¿Merecido?

Nara asintió— Por engatusar al sultán.

¿Qué?

—Yo no engatusé al sultán.—Declaró Mimi.

—No es necesario que mientas.—Respondió una de las jóvenes, que no conocía su nombre.

—Conocemos muy bien a las tipas como tú y no dejaremos que continues con tu asqueroso plan.— Musitó Mizuki.

Fue así como las dos jovenes agarraron a Airu de los brazos, mientras que Chibiro y Nara sostuvieron a Mimi por los hombros.

—¡Hey! ¿Qué hacen?— Preguntó Mimi.

—¿Qué les pasa?— Cuestionó Airu—¡Suéltenos!

Las mujeres rieron.

—Tranquila Airu.— Declaró Mizuki— Tú estáras bien.

—La única que tendrá su merecido es Mimi.— Musitó Nara.

—¿Mi merecido?—Preguntó Mimi.

Las mujeres intercambiaron miradas con una sonrisa.

Mizuki alzó una antorcha en su mano, Chibiro agarró el rostro de Mimi entre sus manos.

—¡Ayuda!— Gritó Mimi, no obstante, su amiga, Airu, también estaba sujeta por otras dos mujeres.

Fue así como Mizuki acercó la antorcha al rostro de Mimi y sin piedad quemaron parte de ella.

—¡AAAAAA!— Fue el grito de la castaña.


Juri y Yoshino intercambiaron miradas al oír aquel grito.

—¿Escuchaste eso?— Preguntó la kalfa castaña.

La peli-rosa asintió— Viene del pasillo.— Señaló la puerta.

Otro grito se hizo presente en el lugar alertando a ambas kalfas.

—¡Vamos!

Fue así como las dos caminaron hacia el lugar de donde se escuchaban aquellos alaridos y horrible, sorprende, y decepcionante fue al ver como unas señoritas del harem se encontraban arrinconando a dos señoritas. Yoshino y Juri reconocieron a Mimi, quien estaba siendo...¡Quemada por una antorcha!

—¿Qué está ocurriendo aquí?— Preguntó Juri.

Las señoritas voltearon hacia ellos sorprendidas.

Mimi se sintió aliviada al ver a aquellas kalfas.

—¡Esto es un espanto!— Yoshino gritó— ¡Suelten esa antorcha!

Mizuki, Chibiro y las demás chicas responsables de la agresión, intercambiaron miradas nerviosas mientras se alejaban de las kalfas. Mimi y Airu se liberaron finalmente del agarre de las otras mujeres y se acercaron a Juri y Yoshino, agradecidas por su intervención.

—¿Qué diablos pasa aquí?— preguntó Yoshino, mirando con severidad a las chicas del harem.

—Es solo una lección para estas inútiles. Deben aprender a no meterse donde no las llaman— respondió Mizuki con arrogancia, tratando de justificar sus acciones.

Juri frunció el ceño, visiblemente molesta.

—Nadie tiene derecho a lastimar a otra persona de esta manera. Esto es inaceptable. Si tienen problemas, háblenlo como personas civilizadas— dijo Juri con firmeza.

Las concubinas bajaron las miradas ante esto.

—Tengan por seguro que ¡esto no quedará sin castigo!— Exclamó la kalfa principal antes de quitarle la antorcha de las manos.

—Ven, Mimi, vamos.—Yoshino ignoró los regaños a las concubinas y se encargó de alejar a la castaña del lugar.

Fue así como Mimi, Airu y Yoshino llegaron a los aposentos de la chica.

—Dime Mimi ¿como te sientes?— Yoshino le preguntó a la castaña.

Mimi dejó caer ciento y ciento de lágrimas sobre su rostro, no obstante, el ardor ante el roce fue ¡Muy doloroso!

—¡Mi rostro!—Exclamó— ¡Me duele mucho!

Yoshino y Airu intercambiaron miradas.

—Llamaré a la médica.— Declaró la kalfa de cabello rosa.


Mientras tanto en los aposentos de la sultana madre, Natsuko se encontraba arreglándose para dormir.

Era tarde y necesitaba descansar.

¡Toc, toc!

El sonido de la puerta llamó su atención.

—Adelante.— Exclamó la mujer.

Fue así como la puerta se abrió y en el lugar apareció Juri Kalfa.

—Mi sultana.

Natsuko se sorprendió al verla.

—¿Juri que haces aquí?— Preguntó— ¿Y a esta hora? Pensé que estabas descansado.

—Iba a descansar.— Respondió la castaña— Pero un desafortunado suceso impidio esto.

—¿Desafortunado suceso?

Juri asintió.

—¿Qué sucedió?

—Yoshino kalfa y yo estábamos en el harem cuando escuchamos un grito del pasillo.—Relató la castaña— Y al llegar nos dimos cuenta que unas concubinas del harem se encontraban quemando el rostro la joven, Mimi, con una antorcha.

—¿Qué?— Preguntó Natsuko sorprendida.

—Lo que escuchó.— Respondió Juri—Mimi venía de regreso de los aposentos del sultán cuando unas concubinas intersectaron su camino y con una antorcha quemaron su rostro.

¡Oh no!

¡Rayos!

¡Esto era grave!

Natsuko frunció el ceño, visiblemente preocupada.

—¿Mimi está bien? —preguntó rápidamente.

Juri asintió.

—Sí, por suerte llegamos a tiempo para detener a las concubinas y evitar que el daño fuera mayor. Pero Mimi está en mal estado.

Natsuko se levantó de su lugar, con determinación en sus ojos.

—¡Rayos! ¿Y Yamato sabe de esto?

Juri negó— No por el momento.

¡Menos mal!

Si Yamato se enteraba de esto, no le gustaría.

—Necesito hablar con esas mujeres ¡Ahora!— Ordenó Natsuko.

—Si, mi sultana.— Asintió Juri.


La médica revisó atentamente el rostro de Mimi, luego de haber aplicado algunas cremas naturales, esencias y aceites logró hacer bastante, sin embargo, aún tenía un mal aspecto.

—¿Y?— Preguntó Yoshino—¿Cómo está?

—Bastante bien.— Respondió la médica— Tal vez, se ve mal, pero gracias al cielo las heridas son superficiales.

Mimi simplemente dejó caer lágrimas de sus ojos, jamás se sintió así de humillada en toda su vida.

—Si la trata con cuidado y esmero es probable que se curen y no dejen rastros.

—¿Cuál es el tratamiento a seguir?— Cuestionó Yoshino.

—Tendrá que aplicarse muchas cremas hechas de baba de caracol, te ayudaran a que las cicatrices no dejen huellas.— Declaró médica.

La castaña hizo una mueca, dudaba que esas heridas desaparecían en algún momento, ya que eran muy grandes, al menos para ella.

—¿En verdad cree que desaparecerán?

—¡Pues claro!— Exclamó la médica— Ya he visto casos como este, y con baba de caracol todo mejora. Lo que necesitarás es cuidarte de bien, señorita.

Mimi asintió.

—Permiso, iré a buscar al harem las cremas que necesitará para su cuidado.— Comentó la mujer antes de colocarse en pie y retirarse del lugar.

Yoshino dirigió su mirada hacia la castaña.

—¿Cómo te sientes?

—Terrible.— Contestó la oji-miel— No puedo creer q-que...—Las lágrimas cayeron por sus mejillas nuevamente.

—¡Esas mujeres se pasaron de la raya!— Exclamó Airu.

—Estaban muy celosas de que fueras a los aposentos de su majestad.— Comentó Yoshino— No me sorprende que hayan hecho esto.

—Acaso ¿es común?— Preguntó Mimi.

La pelirosa asintió— Lamentablemente sí.— Contestó— Y aunque no lo creas, tuviste suerte, mujeres sufrieron cosas peores anteriormente.

¡Qué horror!

—No quiero continuar aquí.— Musitó la castaña.

—Lo siento, pero tendrás que continuar.

—Pe-pero ¿si me ocurre algo como esto más adelante?

Yoshino hizo una mueca— Ojalá que no ocurra, pero lamentablemente vivir en este harem significa estar expuestas a ataques de celos de estas mujeres.

¡Que mal!

—No obstante, esto te puede servir.

—¿Servir?— Preguntó Mimi— ¿Para qué?

—Para estar alerta.— Contestó Yoshino— El sultán ya demostró interés en ti, aprovecha eso y demuestra que puedes ser un verdadero peligro para estas mujeres si te siguen molestando.

—¿Peligro?— Cuestionó la castaña— No quiero ser un peligro, yo no quiero ser como ellas, no quiero luchar por algo sin sentido.

—¿Ni siquiera luego de esto?

—¡No!— Exclamó Mimi, quizás, esas mujeres le hicieron mal, pero ella no era así, porque no estaba interesada en estar con el sultán, al contrario, solamente quería volver a su vida antigua.

—Bueno, si no quieres sufrir otro atentado no tendrás opción.—Advirtió Yoshino.


—¿Fuiste tú, verdad?— Natsuko le preguntó a Sora— ¿Fuiste tú, ¿quién envió a las concubinas a quemar el rostro de Mimi?

—Mi sultana.—La pelirroja hizo una reverencia—¿De qué está hablando?

—¡Tú sabes de qué estoy hablando!— Exclamó la sultana madre— No te hagas la desentendida conmigo. Sé que fuiste tú.

¡Rayos!

Sora se mordió el labio inferior.

—Dime ¿tú enviaste a las concubinas a quemarle el rostro a Mimi?

—Mi sultana, yo...

—¡No intentes mentirme, Sora!— Natsuko alzó la voz— Te conozco y sé que eres capaz de esto.

Sora se mordió el labio inferior, por más que intentara negarlo, la sultana madre la conocía demasiado bien, no podría mentirle.

—Sí, fui yo.— Admitió.

¡Lo sabía!

Natsuko pensó.

—Lo siento sultana, pero no di más por los celos, no soporté que Yamato haya preferido pasar la noche con Mimi, antes que conmigo.— Musitó Sora.

—Lo sé, me lo imaginé.— Comentó Natsuko— Por eso supe al instante que tú fuiste la autora de todo.

—Por favor, no se enoje conmigo.— Rogó la pelirroja.

—Debería enojarme.— Declaró la sultana madre— Después de todo, intentaste negarlo ¡Quisiste mentirme!

Sí, lamentablemente.

—Pero, no lo haré.—Declaró la oji-azul— Ya que entiendo que hayas reaccionado así.— Ella estuvo en su lugar— No obstante, no puedo creer lo poco inteligente que fuiste al enviar a esas mujeres como si nada.— Musitó— Debes ser más estratégica si quieres mantener tu posición, querida. Bastó en presionar un poco a esas mujeres para que dijeran todo, solo dos de ellas quedaron en silencio, las demás te vendieron como si nada.

¡Maldición!

Pensó Sora.

—Gracias al cielo, Yamato no se encontró con ellas.— Habló— Podré hacer algo para protegerte, no obstante, tendrás que ser bien precavida con tus próximos movimientos. No puedes actuar de una manera tan evidente.


~A la mañana siguiente~


Kiriha se encontraba sentado en un sofá del harem, tranquilo, observando a todos lados, esperando a que Mimi Hatun llegase a jugar con él.

Miyako, al ver esto, se acercó al pequeño.

—Mi príncipe.— Lo llamó— Lleva mucho tiempo aquí, es hora de que vaya a sus clases de esgrima.

El rubio negó.

—¡No quiero ir! Mimi aun no viene a jugar conmigo.

La Kalfa hizo una mueca.

—Lo siento, pero ella podrá venir a jugar con usted.— Respondió.

—¿Por qué no?— Preguntó Kiriha.

—Ella está ocupada.

—¿Ocupada?— Cuestionó el rubio— ¿Qué puede ser más importante que jugar conmigo?

Miyako suspiró.

—Nada, es simplemente que se siente un poco enferma.

—¿Enferma?

La kalfa asintió. No obstante, antes que pudiese explicar más, un grito interrumpió su conversación.

—¡Atención! Su majestad, el sultán Yamato está aquí.— Gritó un aga.

Fue así como todas las damas del harem se colocaron en posición para hacer reverencia.

Miyako tomó la mano del pequeño e hizo una reverencia, no obstante, este al ver a su padre ingresar al harem se soltó rápidamente.

—¡Padre!

—Mi príncipe, no corra.— Exclamó la kalfa preocupada.

Sin embargo, el pequeño simplemente la ignoró y corrió a los brazos del sultán.

—¡Padre!

Yamato vio a su hijo correr a él, rápidamente lo recibió entre sus brazos y lo alzó.

—Hijo.— La llamó— ¿Cómo estás?

—Enojado.— Respondió el pequeño.

¿Enojado?

Pensó Yamato sorprendido.

Miyako rápidamente caminó hacia el sultán.

—Mimi no ha venido a jugar conmigo.— Declaró Kiriha.

—¿No?

El pequeño negó— Dicen que está enferma.

¿Enferma?

El rubio mayor se sorprendió al escuchar esto.

Yamato dirigió su mirada hacia la kalfa de Sora— ¿Eso es verdad, Miyako Kalfa?

¡Rayos!

Se mordió el labio inferior.

—¿E? Algo así.— Comentó la peli-lila.

—¿Algo así?— Yamato preguntó sin entender— ¿A qué te refieres con eso?

—A-a...—Miyako bajó la mirada, no sabía exactamente que responder, sin delatar a la sultana Sora y lo ocurrido anoche.

Kiriha hizo una mueca— Padre ¡quiero jugar con Mimi!

Miyako tragó saliva.

—Mi príncipe.— Lo llamó— Usted tiene que ir a su clase de esgrima.

—Pero ¡Primero quiero jugar!— Exclamó el pequeño rubio.

Yamato observó a su hijo.

—¡Por favor! Padre, llévame a jugar con Mimi.— Rogó el pequeño.

—Lo siento hijo, pero debes cumplir con tus labores.— Contestó el sultán— Debes ir a tu clase de esgrima.

—Pero, yo quiero jugar.

—Luego podrás hacerlo.—Respondió Yamato— Ahora ve a tu clase.

Kiriha hizo una mueca, no quería ir, no obstante, sabía que debía obedecer a su padre.

Fue así como Yamato dejó al pequeño en el suelo, Miyako tomó su mano, ambos hicieron una reverencia y se retiraron del lugar.

Hablando de Mimi

Él necesitaba hablar con ella, luego de lo ocurrido anoche.

Justo en ese minuto Gennai Aga llegó frente al sultán.

—Mi sultán, me alegra verlo.— Hizo una reverencia.

—Buenos días, Gennai Aga.— Respondió el rubio—¿Cómo ha estado todo por aquí?

Como sultán, era su deber saber como estaba su harem, generalmente llamaba a Gennai Aga a que le diera el informe a su oficina, no obstante, hoy prefirió venir él mismo, así aprovechaba revisar que todo estuviera bien, y de paso quería saludar a su consorte principal, Sora e hijo.

—Mejorando.—Contestó el aga— He intentado mantener todo bajo control luego del atentado que recibió anoche que recibió Mimi Hatun.

¿Qué?

Esta declaración sorprendió al sultán.

—¿Atentado?— Preguntó Yamato—¿Qué atentado?

Gennai alzó la mirada sorprendido.

—Acaso ¿no vino por eso?

El rubio negó.

¡Rayos!

Pensó el Aga, no tenía idea de que el sultán no sabía de aquel acontecimiento, esto no era bueno.

—Gennai ¿qué ocurrió anoche?— Preguntó Yamato.

El nombrado mantuvo silencio intentando buscar una explicación adecuada.

—¡Gennai! Te ordeno que me digas.—El rubio alzó la voz.

—Lo siento, mi sultán, pensé que sabía...—Comentó Gennai— Pero anoche unas concubinas quemaron el rostro de su favorita, Mimi Hatun.

La noticia golpeó al sultán como un rayo. Sus ojos reflejaban sorpresa y preocupación mientras se esforzaba por asimilar la impactante revelación.

—¿Qué? ¿Cómo es posible que no estuviera al tanto de esto? —inquirió Yamato, su voz mostrando una mezcla de incredulidad y consternación.

Gennai bajó la mirada, sintiendo el peso de la responsabilidad por no haber informado adecuadamente al sultán.

—Lo siento, mi sultán. Como dije, pensé que ya lo sabía, pero anoche, luego de salir de sus aposentos, Mimi recibió ese ataque, con una antorcha quemaron parte de su rostro.

El aga trató de describir la escena sin exagerar, pero la gravedad del acto se reflejaba en sus palabras. El sultán se llevó una mano a la barbilla, sus ojos denotaban preocupación y furia contenida.

—¿Cómo se atreven a hacer algo así? ¿Quiénes son esas concubinas? —exclamó Yamato, su tono denotando una mezcla de ira y determinación.

Gennai suspiró, consciente de la difícil situación en la que se encontraban.

—Estamos investigando el asunto, mi sultán. Parece ser que hay motivos oscuros detrás de este acto. Mimi Hatun está recibiendo atención médica, pero su rostro...

La voz de Gennai se quebró ligeramente al describir la atrocidad. Yamato apretó los puños, sus pensamientos centrados en la salud de Mimi Hatun.

—¿Dónde está ella? Quiero verla.— Ordenó.

—Está en sus aposentos.


Mimi se observó en el reflejo del espejo, literalmente sintiéndose lo más horrible del mundo, su rostro le ardía demasiado.

La médica le recetó unas cremas, no obstante, no eran lo suficientemente efectivas para aliviar su dolor. Se sentía terrible.

¡Toc, toc!

La puerta sonó.

—Adelante.

En el lugar apareció Airu.

—Mimi, el sultán y Gennai Aga vienen para acá.— Informó, ya que los vio subir por las escaleras hasta ese lugar.

—¿Q-qué?— Preguntó Mimi— No, por favor, no quiero que me vea así.

No estaba presentable, al contrario, estaba horrible.

—¡Atención! Su majestad, el sultán Yamato está aquí.— Un grito se escuchó desde afuera.

El anuncio del guardia resonó en la habitación, haciendo que Mimi Hatun sintiera una oleada de nerviosismo. No tenía la intención de que el sultán la viera en su estado actual, con vendajes y signos evidentes de la agresión que había sufrido.

Yamato ingresó al lugar y Mimi rápidamente se cubrió con una sábana.

—Buenos días.

—Buenos días, mi sultán.— Respondió Airu manteniendo su reverencia.

Yamato dirigió su mirada hacia Mimi.

—Buenos días Mimi Hatun.

Mimi hizo una mueca.

—Buenos días, mi sultán.— Contestó— ¿Qué hace aquí?

—Me enteré del atentado que sufriste.— Respondió el rubio y sin dudar, se acercó hacia ella— Muestrame tu rostro.

—N-no, mi sultán, no creo que sea apropiado.— Musitó la castaña.

Yamato hizo una mueca.

—Mimi...

—Por favor, mi sultán, no quiero que me vea así. Estoy desfigurada y no es apropiado...

—Mimi, muéstrame tu rostro, es una orden.

Mimi lentamente se despojó de la sábana que la cubría parcialmente, permitiendo que el sultán viera las consecuencias del cruel ataque. Yamato, en lugar de expresar horror, mostró compasión y determinación.

Yamato se acercó con gentileza, suavemente depositó una mano en su mentón y alzó su mirada. Hizo una mueca al ver las heridas.

—No puedo creer que esto haya ocurrido ¡En mi harem!— Exclamó molesto hacia Gennai.

—Lo que te hicieron es despreciable.—Musitó el rubio— Dime ¿quién fue?

—No vale la pena que lo diga.—Comentó la castaña.

—¡Claro que sí!— Respondió Yamato— Merecen pagar.

—Pero no quiero que por mi culpa otras personas tengan que sufrir.—Musitó Mimi, con la inocencia que la caracterizaba.

—No puedes dejar esto de esta manera, Mimi.— Declaró el oji-azul.

—No se preocupe mi sultán, la madre sultana se está encargando de todo.— Comentó el Aga.

"La madre sultana"

El rubio hizo una mueca, odiaba saber que, su madre no le informó de esta situación, cuando debía hacerlo.

—¿Qué dijo la médica?

—Dijo que son heridas superficiales, no graves, sin embargo, deberá tener varios tratamientos.— Respondió la rubia amiga de Mimi.

—Gennai, encárgate que Mimi reciba la mejor atención para que sean efectivos los tratamientos.—Yamato dirigió su mirada hacia la castaña— Y no te preocupes por tus clases, haré que profesores particulares vengan hasta aquí.

—¿Y el pequeño, Kiriha?

—No te preocupes por él.—Declaró Yamato— Intentaré explicarle la situación, así que no te sientas presionada por estar con él.

—Pe-pero, yo amo estar a su lado.

—Lo sé, pero antes debes recuperarte.— Respondió el rubio.

Mimi, con lágrimas en los ojos, asintió, agradecida por la comprensión y apoyo del sultán.

Fue así como Yamato se levantó de su lugar.

Necesitaba hablar con su madre


—¿Sabes bien lo que debes hacer?— Preguntó Natsuko.

Juri asintió.

—Recuerda, todo esto debe mantenerse en secreto ¿sí?— Declaró la Valide Sultan— Mi hijo, por nada en el mundo, debe saber de esto.

—Sí mi sultana, haré todo lo posible para que Yamato, el sultán, no se entere.— Respondió la castaña.

—Muy bien.— Musitó Natsuko.

Fue así como la kalfa se dispuso a salir de los aposentos de la madre sultana, no obstante, antes de pudiera salir por la puerta, esta se abrió y un grito se escuchó en el lugar.

—¡Atención, su majestad, el sultán Yamato está aquí!

Fue así como Juri al instante se detuvo y rápidamente bajó su mirada en señal de reverencia al igual que las demás kalfas que estaban en la habitación.

Yamato apareció en el lugar.

—Hijo.— Natsuko musitó— Buenos días.— Lo saludó— ¡Qué bueno que vienes a verme!

El rubio se acercó a ella.

—Nada de buenos, madre.— Respondió—No puedo creer que no me hayas avisado de lo ocurrido en el harem.

¿Qué?

Natsuko se sorprendió al escuchar esto.

—¿Lo que ocurrió en el harem?

Yamato asintió.

—Ya me enteré de que unas concubinas quemaron el rostro de mi favorita.

¡Rayos!

¿Cómo supo?

—¿Cómo te enteraste?

—No importa como lo supe.— Respondió Yamato— Lo importante es que no fuiste capaz de avisarme.

—Lo siento, hijo, pero tú estás muy ocupado, no quise darte más preocupaciones.—Comentó Natsuko.

Yamato apretó los puños, su rostro reflejando una mezcla de frustración y preocupación.

—Madre, entiendo que tengo responsabilidades, pero no puedo permitir que cosas como estas sucedan sin mi conocimiento.

Natsuko bajó la mirada, sintiendo la gravedad de la situación.

—Lo siento, hijo, no fue mi intención causarte más preocupaciones. Sobre todo, considerando que es una simple esclava, no creí que fuera importante.

—Puede ser una simple esclava, pero de igual forma debiste decirme, no me gusta que este tipo de cosas ocurran en mi palacio.— Respondió Yamato— Necesito saber lo que sucede a mi alrededor, especialmente cuando se trata de personas que están bajo mi protección.

Sí, Mimi estaba bajo su protección ahora.

—Como madre sultana es tu deber mantener las cosas en orden en este harem, si esto ocurrió significa que no estás haciendo como corresponde tu trabajo.— Reclamó Yamato.

—Hijo, entiendo que estés enojado, pero no me regañes a mí por esto, de verdad, prometo que ahora tendré más cuidado.—Comentó— Incluso, ya mandé a castigar a aquellas mujeres que hicieron esto.

—Quiero saber ¿quiénes fueron esas mujeres?

—Fueron unas mujeres que fueron a tus aposentos hace unos días.— Declaró Natsuko— Ya las tengo identificadas y como dije, las mandaré a castigar.

—¿Cuál castigo se les asignará?

—Trabajos, creo que es un castigo decente.

—Madre, trabajos no son suficientes. Lo que hicieron fue un acto que merece un castigo más severo. Quiero que las despojes de sus bienes y las devuelvas al comercio de esclavos.

Natsuko mostró sorpresa ante la solicitud de su hijo.

—¿Estás seguro de eso, Yamato? Es una decisión drástica.

—Lo sé, pero lo que hicieron va más allá de lo que se puede remediar con simples trabajos. Quiero que sientan las consecuencias de sus acciones, y dejar claro que no toleraré actos tan viles en mi reino.

La madre asintió, reconociendo la seriedad de la situación.

—Está bien, hijo. Asumiré la responsabilidad de esta decisión. Haré lo necesario para que reciban el castigo que propones.

Yamato asintió, agradecido de que su madre comprendiera la gravedad del asunto.

—Además, madre, asegúrate de que Mimi reciba toda la atención médica que necesite y de que esté rodeada de cuidado y apoyo. Quiero que se recupere completamente.

Natsuko sonrió, orgullosa del compromiso de su hijo con la justicia y el bienestar de su gente.

—Lo haré, Yamato. Puedes confiar en que tomaré las medidas necesarias.


+Para aquellos que me siguen en mis demás historias, saben que estoy dividida en tres historias "No puedo dejarte ir" "Revenge" y esta, entonces intento actualizar en todo. Hoy tocó esta, espero que les guste el capítulo.

mimato bombon kou: Sí! Yamato besó a Mimi jsjsjs Bueno, a Mimi le falta un poco para ser sultana, ya que primero debe tener un príncipe, no obstante, ser la favorita principal le daría MUCHOS privilegios, ya veremos qué ocurre con eso. Con respecto a Taichi, ocurren muchas cosas, ya veremos que decidirá hacer aunque dudo que apoye a Sora, por todo lo que ha ocurrido. Con respecto a Meiko, estará en esta historia, pero no como interés amoroso, será un personaje sin mucha importancia, no obstante, Taichi si tendrá una historia "romántica" o de amor político, así que atentos, no se esperan lo que viene jajaja Lamentablemente sí, por Sora se dio, ódiame, pero Mimi debe atravesar las llamas, para ser una sultana poderosa. Rika llegará, si, pronto, así que atentos, porque igual será importante para la trama, ya que Sora puede tener poder, pero una sultana de sangre siempre será más importante. Espero que te esté gustan la historia, ojalá sigas leyendo y comentando, te envió un abrazo a la distancia.

+Sigo con la dinámica:

Yoshino Fahriye Kalfa Hatun