~3 semanas después~


Mimi observó atentamente su reflejo, poco a poco fueron cicatrizando con el tiempo, gracias a las cremas que la médica le recetó y la baba de caracol que depositó en ellas no quedaron marcas.

Mimi se sintió agradecida por el proceso de curación que había experimentado. La médica le había recomendado paciencia y cuidado constante, y ella había seguido al pie de la letra todas las indicaciones. Cada día, dedicaba tiempo a aplicar las cremas con suaves movimientos circulares, permitiendo que los ingredientes penetraran en su piel y aceleraran el proceso de regeneración.

La baba de caracol se convirtió en su aliada secreta. Aunque al principio le resultaba un tanto extraño, con el tiempo Mimi notó que este componente natural contribuía significativamente a la mejora de la apariencia de su piel. La textura de las cicatrices se suavizaba gradualmente, y la tonalidad rojiza que las acompañaba empezaba a desvanecerse.

Sorprendentemente para todos, el sultán Yamato, continúo invitando a Mimi a cenar con él, y el príncipe Kiriha ignoró completamente la apariencia de la castaña, ya que continúo yendo a jugar con ella. Esto, enfadó aun más a Sora, quien verdaderamente odiaba ver cómo, aun con ese terrible aspecto, Mimi continuaba siendo favorecida. No obstante, por orden de la sultana madre decidió mantener el perfil bajo para no levantar sospechas. Yendo una vez cada cierto tiempo a visitar a Mimi y llevándole cremas para su recuperación.

Al margen de esto, Takeru cada día mejoraba en sus labores principescas, con asesoría de Hikari, quién tomaba nota de todo lo que hacía o planeaba su hermano, para ayudar a su amigo príncipe. Natsuko estaba feliz por el desempeño de su hijo menor, ya que cada día parecía tomar mejor postura como príncipe y esto era un hecho, de a poco era amado por el pueblo. No obstante, a su vez, y sin saberlo, era mal mirado por algunos miembros del consejo.

Yamato, frente a esto, intentaba mantener todo en orden, como buen sultán, de a poco lograba obtener el respeto de todos en el consejo y en el imperio. Sin embargo, habían algunas cosas que todavía estaban fuera de control, no obstante, el apoyo económico que su hermana Rika le estaba brindando sirvió bastante.

Tanto así, que anhelaba su llegada.

Sí, su llegada.

En estos minutos todas las personas del palacio se encontraban en un completo caos, kalfas corriendo por aquí, agas por corriendo para allá, todos en el harem estaban, prácticamente, vueltos locos. Ordenando y organizando todo para la llegada de la sultana Rika.


—¡Rápido, rápido!— Gennai gritaba en el harem de un lado a otro, mientras todos los sirvientes y kalfas ordenaban— ¡El tiempo se acaba! Y la sultana Rika llegará pronto.— Pasó su mirada por unos hombres— ¡Por favor, refrieguen bien el suelo!— Luego se dirigió a unas mujeres en la ventana— ¡Y, limpien el polvo de esas cortinas! ¡Rápido!

Mimi observó sorprendida al aga, jamás lo había visto tan alterado.

—¡Por favor, agas, sean más delicados con esa reliquia!— Le habló a unos hombres que trasladaban una escultura— Esa obra de arte es la favorita de la sultana Rika.

"Sultana Rika"

Eso resonó en la mente Mimi, quien depositó su espejo de mano en la mesa y volteo hacia Yoshino.

—Yoshino Kalfa.

La nombrada alzó la mirada—¿Sí?

—¿Quién es la sultana Rika?— Preguntó Mimi.

—Es la hermana de nuestro sultán.— Respondió Yoshino— Bueno, en realidad es media hermana, ya que es hija del sultán Hiroaki, pero no de la sultana Natsuko.—Comentó—Vive en Hungría, ya que se casó con el gobernador de esa provincia.

La castaña observó atentamente a la kalfa, mientras Airu peinaba su cabello.

—He escuchado mucho acerca de ella.— Comentó la oji-miel.

—No es para menos, es muy conocida aquí.—Agregó la kalfa.

Mimi la observó intrigada—Cuéntame de ella, por favor.

Yoshino asintió.

—Rika era la hija favorita del sultán Hiroaki.— Declaró— Por su carácter y valentía adquirió mucha fama en el imperio. Es bastante bella, mas, jamás aceptó un matrimonio por amor, siempre fue por dinero y poder para el bienestar de sus hermanos.

¿Jamás por amor?

Mimi observó sorprendida a la pelirosa.

—¿Ella también es hija de sultana madre?

Yoshino negó—Ella fue hija de una concubina favorita que tuvo el sultán, Rumiko Hatun, quién murió.— Comentó— Nunca llegó a sultana, porque no tuvo un hijo varón, mas, Rika creció aquí en palacio junto a su padre y hermanos.

—¿Ella apoyo a Yamato en su ascensión?

Yoshino hizo una mueca— No específicamente.—Musitó— La verdad es que ella siempre fue muy neutral con sus hermanos, quién ascendiera tendría su apoyo. No obstante, tenía mayor afinidad con el príncipe Kouji, ya que ella se encargó de darle a su consorte principal.—Declaró—Además, tuvo algunos problemas con la sultana Sora.

Mimi alzó una ceja—¿Problemas?

La kalfa asintió.

—No obstante, siempre ha mostrado simpatía por sus hermanos y ahora que el sultán Yamato ascendió era de esperarse que hiciera acto de presencia.— Declaró la kalfa—Rika, declaró desde el primer minuto, que apoyaría a cualquiera que subiera al trono, mientras perteneciera a su familia y así ha sido, por ahí se cuenta que ha intercambiado cartas con nuestro sultán y hoy estará aquí para brindar apoyo económico, junto a su esposo.

Interesante

Pensó la castaña.

—Mimi Hatun.— Gennai se acercó a la oji-miel.

—¿Sí?— Preguntó la joven.

—La sultana Rika está a punto de llegar y es importante que todas las señoritas estén presentables para ese momento.— Habló el aga.

Mimi asintió.

Ya lo sabía, el aga lo recalcó ciento de veces a todas las señoritas de ese harem.

—Es por eso que nuestro sultán te ha enviado esto.— Gennai señaló a su kalfa acompañante, quien alzó entre sus manos una elegante caja, la cual al abrir dejó ver una diadema de flores y hojas doradas.

—¡Wow!— Exclamó Airu— ¡Qué bello presente!

Mimi observó admirada aquella diadema.

—El sultán quiere que aceptes este presente.

—¿Por qué?— Preguntó la castaña.

—Como disculpa por lo ocurrido en el harem hace semanas atrás.— Respondió el oji-azul.

—Pe-pero no es necesario.— Respondió Mimi— El sultán ya me ha brindado mucho apoyo, esto verdaderamente no es necesario.

—Por favor, no reclames jovencita, y acéptalo, nuestro sultán quiere que la utilices en la recepción.— Contestó Gennai.

La castaña hizo una mueca, sin saber que decir. Yoshino al ver el rostro controversial de Mimi, decidió responder.

—Está bien, Gennai Aga.—Respondió la kalfa— Yo me encargaré de que utilice esto en la recepción y esté preparada.

—Muy bien.—Musitó el oji-azul.

Fue así como Gennai se alejó del lugar.

—Pero, Yoshino, no es necesario...—Mimi intentó hablar.

—No puedes negarte Mimi, es un presente del sultán.— Contestó la oji-rosa— Y aunque te sientas incómoda recibiendo sus regalos por los problemas que hay, es tu obligación aceptarlo.

Fue así como la mañana continúo trascurriendo.


Mientras tanto en el harem, todas las mujeres se encontraban formadas en dos filas, una en frente de otra, dispuestas a recibir a la sultana, Rika.

Natsuko observó el harem orgullosa.

—Hiciste un buen trabajo, Gennai Aga, ordenando este lugar.— Le comentó a su hombre de confianza.

El nombrado hizo una reverencia.

—Agradezco su felicitación mi sultana, me dediqué exhaustivamente a dejar todo en perfecto orden para la llegada de la sultana Rika.

—Se nota.— Comentó la oji-azul.

A unos metros de distancia, la puerta lateral se abrió y en el lugar apareció la sultana Sora, junto a su pequeño hijo.

—Madre ¿por qué debemos estar aquí?— Kiriha le preguntó a la pelirroja— Quiero ir a jugar.

—Kiriha, ya te dije, tenemos que recibir a tu tía, la sultana Rika.— Respondió Sora mientras caminaban en dirección a Natsuko.

Al llegar junto a ella, madre e hijo hicieron una reverencia.

—Buenas tardes, sultana madre.

—Buenas tardes.—Respondió Natsuko y pasó su mirada por el lugar— Al parecer, todo está bien.

El oji-azul asintió— Todo está ordenado y en perfecto estado para recibir a la sultana.

La mujer pasó su mirada por las filas de mujeres—¿Falta alguien, Gennai?

—La señorita Mimi.—Respondió el oji-azul.

Sora hizo una mueca al escuchar ese nombre.

¿Por qué debía estar aquí?

Era una simple concubina.

—Esa niñita necesita saber que la puntualidad es algo muy importante aquí.—Musitó Natsuko.

Sora asintió.

—Bueno, iré a traerla.— Contestó Gennai antes de salir del lugar.

Natsuko suspiró molesta, y pasó su mirada por su nuera— Sora, Kiriha, tomen posición.

Fue así como, ambos obedecieron a su orden y tomaron posición para recibir a la sultana, sin embargo, no habrá pasado mucho tiempo cuando la puerta del harem se abrió y frente a ellas apareció, la favorita del sultán Yamato, Mimi Hatun, seguida de Yoshino y Airu.

—Aquí, ha llegado la señorita Mimi.— Gennai ingresó al lugar.

Mimi hizo una reverencia— Disculpe, sultana madre, siento la demora.

—Señorita, mientras vivas aquí es importante que sepas que la puntualidad es muy importante cuando se trata de recibir a realeza.— Declaró la madre de Yamato.

—Lo sé mi sultana y lamento mucho la tardanza.— Habló Mimi.

—Me encargaré de que esto no vuelva a ocurrir.— Comentó Yoshino.

—Eso espero.— Respondió Natsuko.

—¡Mimi!— Kiriha exclamó antes de correr hacia los brazos de la castaña.

—Mi príncipe.— Mimi sonrió.

Sora, quien evidentemente no estaba feliz con la presencia de Mimi, pasó su mirada por ella de pies a cabeza, revisando atentamente toda su ropa, joyas y...¿Diadema?

La pelirroja fijó su mirada en aquella diadema.

¿Por qué tenía eso en su cabeza?

Sora no fue la única que se percató de esto, Natsuko también fijó su mirada en la cabeza de aquella chica.

¡Esa era la diadema favorita que utilizaba la madre de Hiroaki, padre de Yamato, cuando era concubina favorita del sultán Rupert, antes de convertirse en Valide Sultán!

La oji-azul se acercó a Gennai.

—Gennai Aga ¿por qué esta señorita tiene la diadema dorada?— Preguntó— Pensé que estaba guardada.

—Lamento no habérselo dicho antes, mi sultana, pero su majestad me ordenó que le entregase la diadema dorada a Mimi Hatun para esta ocasión.—Respondió Gennai.

—¿Qué?— Cuestionó Natsuko— ¿Por qué no me dijiste esto antes?

—Porque el sultán me ordenó mantenerlo en secreto.— Contestó el Aga— Quiso darle este presente para la ocasión.

¡Esto no era posible! Esa diadema debería utilizarla Sora, no ella.

Natsuko apretó su puño furiosa.

En otro momento, probablemente, le hubiese ido a reclamar a su hijo, no obstante, debía mantener la compostura porque el día de hoy era especial.

Sora también estaba ardiendo en llamas al ver a aquella joven con la diadema en la cabeza. Apretó su puño intentando contener sus ganas de ir donde ella y arrebatársela de la cabeza.

Todas las concubinas, mejor dicho, aquellas que conocían el significado de aquella diadema, estaban ardiendo en celos, mientras Mimi la lucía en su cabeza. Y el enojo aumentó cuando Gennai dijo lo siguiente:

—Mimi Hatun, por favor, toma tu posición para saludar.— Gennai le señaló un lugar al lado de Sora.

La castaña asintió y se colocó al lado de la madre de Kiriha.

Sí, al lado de la sultana Sora ¿Qué significaba eso? Ser la favorita indiscutida del sultán.

Ya que todas las demás estaban en la entrada, bastante lejos de la sultana madre, Sora y el príncipe.

—¡Atención!— Un grito se escuchó en el lugar y todas observaron la puerta— ¡La sultana Rika está aquí!

Fue así como en la entrada apareció una joven mujer de cabello rojizo con tonos rubios, piel pálida, ojos lilas, bastante hermosa, quien llevaba en su cabeza una gran corona con diamantes azules, la cual combinaba con su vestido azul largo, con bordes celestes, además llevaba joyas a juego, un collar de diamantes azules y pulseras.

Todas hicieron reverencias ante la joven, quien comenzó a caminar en dirección hacia la sultana, no obstante, antes de llegar a ella, Gennai Aga se acercó.

—Mi sultana.— Hizo una reverencia.

—Gennai Aga.— Pronunció su nombre.

—Es un gusto recibirla.— Musitó el hombre.

Rika asintió ante esto.

—Mi sultana, le presento a Mimi Hatun.—Musitó Gennai— Favorita de nuestro sultán Yamato.

Rika observó de pies a cabeza a la concubina favorita de su hermano. Debía admitir que era bella, bastante joven, sus facciones eran elegantes. Vestía bien, combinaba sus joyas con sus vestidos. Aunque debía admitir que tal vez vestía de manera muy "inocente" todo rosa.

Como sea, no era importante para ella.

Bueno, en realidad no le interesaban mucho las mujeres de sus hermanos, salvo por aquellas que eran fieles a ella y le dieran descendientes a la dinastía.

—Un gusto en conocerla mi sultana. — Mimi hizo una reverencia.

—Hola. — Respondió la pelirroja sin interés y básicamente pasó de la castaña para saludar a quienes venían detrás—¡Vaya, vaya! ¿A quién tengo aquí?

—¡Sultana Rika! —Gritó el pequeño hijo de Yamato.

—¡Kiriha! — Exclamó la pelirroja antes de acerca a él y darle un beso en la mejilla— ¡Mi bello príncipe!

El pequeño sonrió— Bienvenida sultana Rika.

—Estás muy grande ¿e? Ya no eres un bebé. — Acarició su cabello.

—Mi sultana. —Sora llamó la atención de la recién llegada e hizo una reverencia.

La hermana de Yamato dirigió su mirada hacia ella.

—Sora. — Pronunció su nombre.

—Es un gusto recibirla.

La oji-lila alzó una ceja y examinó de pies a cabeza a la consorte principal de su hermano. Seguía siendo joven, mantenía su figura intacta, su vestimenta mejoró con los años, al igual que el conjunto de sus joyas que reconoció al instante, ese collar dorado con plumas y la corona con tonos rojos eran propiedad de la sultana Natsuko hace años atrás.

Debía admitir que a la pelirroja se veía bien, evidentemente la Valide Sultan se encargó en mejorar la imagen de la joven con el paso del tiempo para hacer visible su estatus de consorte imperial.

No obstante, frente a ella, Sora seguía siendo una simple concubina, madre de un príncipe, pero plebeya después de todo era privilegiada por la actual sultana madre, pero eso no cambiaba algo en ella. La pelirroja siempre sería una simple concubina.

Y debía hacérselo saber …

Fue así como la hermana de Yamato alzó su mano.

Sora al ver esto supo al instante lo que debía hacer. Mordió su labio inferior ante esto, ya que no quería hacerlo. No obstante, debía. Rika era superior a ella y aquel acto era como "reconocer su superioridad" Algo que no quería hacer, sin embargo, era su obligación.

Tomó la mano de la joven y besó sus nudillos para luego depositar su frente sobre ella.

Rika sonrió.

Muy bien...

A continuación, su mirada pasó a la joven castaña que se encontraba frente a Sora.

—¿A quién tenemos aquí?— Preguntó Rika— Hikari, hija de Susumo Yagami y Yuuko de Crimea.

La hermana de Taichi hizo una reverencia.

—Me alegra verla sultana Rika.

La pelirroja sonrió.

—A mí también.— Respondió— Me alegre al saber que Taichi te trajo a palacio para ayudar a la sultana madre en la crianza del príncipe. Una señorita distinguida como tú, merece ser tratada como tal.

Hikari sonrió ante el alago.

—Espero que se sienta muy bienvenida.

—Muchas gracias.— Contestó la pelirroja antes de pasar su mirada hacia la madre de Yamato, quien se encontraba al final de todo.

—Madre sultana. — Hizo una reverencia.

—Rika. — La mujer pronunció su nombre— Bienvenida, querida, espero que tu viaje estuviese sin novedad.

—Fue un viaje agradable, sultana madre.—Declaró la pelirroja.

—Me alegra escuchar eso, estamos muy felices en recibirte.

Rika asintió— Estoy ansiosa en ver a mis hermanos.

—Ellos te esperan en la sala del trono.— Respondió Natsuko— Te llevaré hasta ahí.

Fue así como ambas caminaron en dirección a la puerta, y luego de varias reverencias hacia ellas, salieron del lugar.

Al ver que la madre sultana, junto a la sultana Rika se iban, todas las señoritas disolvieron sus filas y comenzaron a hablar entre ellas, bastante aliviadas de que aquel momento haya acabado.

Sí, aliviadas.

La sultana Rika inspiraba bastante respeto, incluso miedo con su mirada. Su porte majestuoso y su voz firme infundían una sensación de autoridad que no dejaba espacio para la indisciplina. Las jóvenes concubinas, que apenas se atrevían a alzar la mirada cuando ella estaba presente, suspiraron aliviadas al verla alejarse por los pasillos del palacio.

Sin embargo, a pesar de su imponente presencia, había algo en los ojos de la sultana Rika que revelaba una profundidad inesperada, una sombra de melancolía o tal vez de anhelo oculto. Algunas de las jóvenes, más perceptivas, notaban este matiz y se preguntaban qué secretos podía albergar el corazón de la mujer que gobernaba con mano de hierro el reino de las mil y una noches.

Mientras tanto, entre susurros y risas nerviosas, las señoritas compartían entre sí sus impresiones sobre la visita de las sultanas. Algunas comentaban sobre los lujosos vestidos que lucían, otras sobre las joyas que adornaban sus cuellos y manos, mientras que algunas más audaces especulaban sobre los verdaderos motivos de su presencia en el palacio.

Kiriha, ante esto, no dudo en correr hacia Mimi.

—¡Mimi!— Exclamó.

—Kiriha.— La castaña sonrió al ver al pequeño.

—¡Vamos a jugar!— El rubio tomó su mano y jaló suavemente.

La pelirroja madre de Kiriha rápidamente se alarmó ante esto, así que se acercó a ellos y tomó la mano de su hijo.

—Permiso, pero Kiriha no tiene tiempo para estar contigo en esta ocasión.—Comentó Sora.

—¿Por qué no?

—Porque debe centrarse en sus labores y, además, pasaremos la tarde con su tía Rika.—Respondió la pelirroja.

—Entiendo —respondió Mimi con decepción, aunque trató de ocultarla tras una sonrisa amable—. Estoy segura de que Kiriha tiene muchas responsabilidades importantes que atender. No quiero ser una distracción para él.

Sora asintió con satisfacción, notando la aceptación de Mimi a su respuesta.

—Exactamente, es importante que se enfoque en sus deberes —añadió con un tono de superioridad apenas disimulado—. Además, será una tarde muy especial para él al pasar tiempo con su querida tía Rika.

Mimi asintió con cortesía, aunque por dentro sentía un nudo en el estómago. La presencia de Rika siempre había sido un recordatorio de su posición en el harén, y ahora más que nunca se sentía fuera de lugar.

—Por supuesto, espero que tengan un tiempo maravilloso juntos —dijo Mimi, tratando de ocultar su incomodidad.

Sora le lanzó una mirada de superioridad antes de desviar la atención hacia otro lado, dando a entender que la conversación había llegado a su fin.

No obstante, antes de irse recordó algo.

—Mimi.— Volteo hacia ella.

—¿Sí? Mi sultana.

La pelirroja dirigió su mirada hacia ella—Me enteré de que te invitaron al banquete de esta noche en honor a la sultana ¿es verdad?

—Sí, es verdad.—Respondió Mimi.

Sora hizo una mueca.

—¿Sabes? Me encantaría que fueras, pero no creo sea adecuado que vayas.

—¿Por qué no?— Preguntó la castaña.

—Porque es una cena familiar.— Declaró Sora— Ya sabes, aquellos miembros de la familia que son de sangre o tienen un hijo.

La castaña hizo una mueca ante esto.

Sora asintió con satisfacción, como si hubiera esperado que Mimi aceptara su negativa sin cuestionarla.

—Es importante mantener ciertas tradiciones y protocolos en estas ocasiones —añadió con un tono de autoridad—. Pero no te preocupes, habrá muchas otras oportunidades para compartir momentos juntas en el futuro.

Mimi asintió con cortesía, aunque por dentro se sentía desanimada. Sabía que no debía dejar que la exclusión la afectara, pero era difícil no sentirse marginada en momentos como este.

—Comprendo, mi sultana, entonces, no asistiré.

Sora sonrió.

—Muy bien, querida.


—¡Atención, la sultana Rika y madre, están aquí!— Un aga grito a las afueras de la sala del trono y la puerta de par en par se abrió.

Natsuko y Rika ingresaron al salón del trono, seguidas por Juri Kalfa, Gennai Aga y el sequito de la pelirroja.

Yamato ante esto se colocó en pie y en el lugar aparecieron ambas mujeres, quienes caminaron en dirección al lugar donde estaba el sultán.

Rika pasó su mirada por el hombre castaño que se encontraba metros antes del trono.

—Mi sultana.— Este hizo una reverencia.

La pelirroja reconoció al instante al ahora guarda espalda real de su hermano—Taichi Pashá.—Pronunció su nombre.

—Es un gusto recibirla.

—El gusto es mío en estar aquí.—Respondió Rika cordialmente, como toda sultana debía hacerlo.

Rika dirigió su mirada hacia el nuevo sultán, su hermano, Yamato, sin embargo, antes de llegar a él, su mirada se detuvo en un joven rubio, parecido a Yamato, solamente que mucho más menor.

—Querida, creo que recuerdas al pequeño Takeru.— Natsuko señaló al joven.

—¿Cómo no voy a recordar a mi hermano pequeño?— Rika observó al rubio.

El chico hizo una reverencia—Bienvenida, hermana.

—¡Wow!— Exclamó la pelirroja— ¡Mírate! Ya eres todo un adulto.

El rubio sonrió.

—Y tú, cada día estás más hermosa.— Takeru se acercó a Rika, tomó su mano y besó sus nudillos.

Rika sonrió ante esto. No lo dudaron más y ambos se unieron en un agradable abrazo de hermanos.

Yamato también sonrió al ver esta escena, era bueno que ambos pudieran verse luego de tanto tiempo separados, Rika siempre fue una persona bastante fría y distante, pocas veces demostraba sus sentimientos, no obstante, siempre Takeru fue la excepción, con él era muy consentidora, cariñosa y demostrativa (Bueno, en realidad, todos eran consentidores con el pequeño Takeru, incluyendo al sultán Hiroaki)

—Rika.— El mayor llamó a la pelirroja.

La sultana, ante esto volteo hacia el sultán, se acercó a él e hizo una reverencia.

—Mi hermano sultán.— Musitó— Es un gusto en saludarlo.

Yamato sonrió de lado, era un tanto extraño ver como ahora le hacía reverencia, cuando la última vez que se vieron se hablan de igual a igual.

—Hermana, me alegra tenerte aquí.

—El gusto es mío de estar aquí.—Respondió la pelirroja— Luego de tanto de tiempo.

Yamato asintió.

—Espero que hayas tenido un viaje sin novedad.—Comentó— Envie el mejor barco para ti.

—El viaje fue bastante extenso, pero sin novedad, todos los servicios que usted me otorgó fueron precisos.— Musitó Rika.

—Me alegra escuchar eso.—Declaró Yamato.

—Lamento mucho que mi esposo no haya podido llegar.— Agregó la pelirroja— Verá, tuvo unos inconvenientes en la provincia que tenemos asignada y no podrá llegar hasta que todo esté correctamente alineado.

—No te disculpes, recibí la carta en su nombre.— Contestó el rubio.

—No obstante, me envió con su hombre de confianza y él dará todas las indicaciones correspondientes a las tácticas y apoyo financiera que daremos para la guerra.— Declaró Rika.

Yamato asintió— Bueno, muchas gracias hermana.— Respondió.

Era bueno tener de vuelta a Rika, ya que conocía mucho del imperio, además poseía mucha riqueza que le podría ayudar.

—Siéntete en tu casa, porque este es tu hogar, después de todo.

—Lo haré.— La pelirroja sonrió.

Yamato pasó su mirada por Natsuko.

—Madre, espero que todo arreglado para mi hermana se acomode.

La oji-azul asintió.

—Pues claro.— Respondió.

—Hoy a la noche tendremos un banquete para celebrar tu regreso, hermana.— Yamato le habló a la pelirroja— Sin embargo, quiero que te acomodes antes.

Rika asintió.

—¡Juri!— Natsuko llamó a su kalfa— Por favor, enséñale a Rika sus aposentos y asegurate de que se acomode bien.

—Sí, mi sultana.


Fue así como Juri Kalfa llevó a la pelirroja a sus aposentos.

Justo en ese minuto, Mimi iba caminando con Yoshino y Airu, así que hicieron una reverencia antes de continuar caminando en dirección a los aposentos de la castaña. Esto no pasó desapercibido para Rika quién detuvo su mirada en el apartamento donde ingresó Mimi.

—¿Por qué esas criadas están alistando los aposentos que pertenecieron a mi abuela? — Preguntó la pelirroja.

—Porque ahora ese apartamento pertenece a la concubina favorita de su majestad, la señorita que conoció antes, Mimi Hatun. —Respondió Juri.

¿Qué?

—¿Lo dices enserio?

La castaña asintió— Sí mi sultana.

¡Vaya! Si Yamato le dio esos aposentos a esa concubina significaba que en verdad la importaba. Todos conocían la importancia de esos aposentos.

Seguramente Sora no estaba agradada con esto, eso era bueno, para que dé una buena vez se le bajasen los aires de grandeza que tenía desde que el rubio quedó invicto frente a sus demás hermanos.

No obstante, esto levantó su curiosidad por aquella concubina que no le prestó atención antes.

Esos aposentos significaban mucho como para que ella los tuviese.

—Dime ¿qué tan especial es esa chica como para que mi hermano le diera esos aposentos?

—Exactamente no podría decirle mucho. — Contestó Juri— Solo sé que su majestad le dio esos aposentos por salvar a Kiriha.

—¿Salvar a Kiriha? — Preguntó la pelirroja— ¿De qué?

—De ahogarse. —Contestó la kalfa— Verá, el otro día estaba en el jardín principal y cayó en el lago del lado Sur.

¿Qué?

—Pero ¿cómo rayos ocurrió eso?

—Fue un descuido.—Respondió Juri— Y esta señorita al encontrar al pequeño, no dudó en lanzarse a salvarlo.

—No lo hubiera esperado.— Comentó la pelirroja.

—En gratitud a eso, su majestad le dio esos aposentos.— Declaró la castaña— Y, le brindó el título de favorita.

Rika recordó la imagen de la chica en su mente.

—Esa joven tiene la diadema dorada.— Musitó— Esa también era la diadema especial de mi abuela.

Juri asintió.

Eso era sorprendente, al menos para ella, ya que esa diadema la tuvo Sora en el pasado, cuando dio a luz a Kiriha, luego, por la pelea por el trono, Hiroaki se la pidió a Yamato para guardarla, ya que el príncipe Koichi quería dársela a su concubina principal. Por lógica cualquiera creería que esa diadema volvería a Sora, no obstante, ahora la tenía esa joven. Eso la dejaba desconcertada.

¿En verdad Yamato le estaba dando importancia a una concubina que aun no le daba un descendiente a la dinastía?

Eso no era del todo correcto.

Aunque, si trataba de bajarle los humos a Sora, estaba de acuerdo.


—No creo que sea justo que no vayas a celebración, todo el harem está invitado.

—Sí, pero la sultana me dijo que tal vez no era lo adecuado que yo fuera, porque no soy miembro de la familia real otomana.— Comentó la castaña.

Yoshino rodó los ojos con ironía.

—¿Cómo es posible que no te des cuenta?

—¿Darme cuenta?

—Que la sultana Sora te dijo eso, simplemente porque no quiere que te presentes, porque sabe que Yamato está interesado en ti.— Musitó Yoshino.

La castaña se quedó perpleja por un momento, procesando la revelación. Era difícil para ella aceptar que las acciones de la sultana estuvieran motivadas por celos o manipulaciones amorosas.

—¿Perdón? —musitó la castaña.

Yoshino asintió con solemnidad, consciente del impacto que sus palabras estaban teniendo en su compañera.

—Lo siento, sé que no es fácil de aceptar. Pero la sultana Sora es astuta y no dudará en usar cualquier medio para proteger su posición y sus intereses —añadió, tratando de ofrecer un consuelo a la castaña— Y sin querer, tú estás amenazando su posición.

—¿Amenazando su posición?— Preguntó la oji-miel— Yo no he querido hacer eso.

—Pero, sin querer lo has hecho.— Comentó la kalfa— Por eso actua de esa manera tan denigrante contigo.

—No siento que actúe de esa manera conmigo.—Musitó Mimi.

—¿No te colocó a limpiar sus zapatos hace unas semanas atrás?— Recordó Airu.

La castaña hizo una mueca ante esto.

—Ella dijo que fue sin querer.—Habló—Dudo que lo haya hecho con mala intención.

—¿Por qué?— Preguntó la rubia.

—Porque la sultana Sora es buena persona.

—¡Créeme! No lo es.—Musitó Yoshino— Y yo sé muy bien lo que te estoy diciendo.

Mimi observó desconcertada a la kalfa, sin entender lo que dijo, tuvo intenciones de preguntar, no obstante, justo en ese minuto la puerta sonó.

¡Toc, toc!

—Adelante.

Al lugar ingresó una kalfa.

—Permiso.—Musitó la joven de cabello rubio—Yoshino Kalfa, Gennai Aga te solicita en el harem.

—¿Para qué?

—No sé muy bien, pero al parecer se relaciona con la sultana madre.— Respondió la chica rubia.

—Está bien.— Yoshino se colocó en pie— Permiso.— Fue así como se retiró del lugar junto a esa kalda, dejando a Mimi llena de dudas.


Y así, las horas transcurrieron sin prisa, marcando el paso del tiempo hasta que finalmente llegó el momento tan esperado de celebrar el regreso de la sultana Rika al harem.

La noche caía sobre el harem, iluminado por la suave luz de las lámparas de aceite que colgaban de los techos y las paredes, creando un ambiente de misterio y romance. En el centro del gran salón, las concubinas y los invitados se reunían para celebrar una ocasión especial, mientras músicos tocaban melodías exóticas que llenaban el aire con sus notas hipnóticas.

Yamato, el poderoso sultán, observaba con orgullo a su alrededor, disfrutando del bullicio y la alegría de la fiesta. Vestido con túnicas de seda adornadas con bordados dorados, destacaba entre la multitud con su presencia imponente y su mirada penetrante. A su lado, se encontraba su familia.

—Espero que te estés sintiendo cómoda con esta celebración, hermana.—Yamato le habló a Rika.

La pelirroja sonrió.

—Pues claro.

El rubio volvió su mirada hacia las personas del harem.

Un destello de movimiento atrajo la atención de Yamato. Corriendo entre las mesas adornadas con frutas y flores, un niño de cabellos oscuros y ojos vivaces se abrió paso entre la multitud. Era Kiriha, el hijo del sultán, cuya energía inagotable y curiosidad lo llevaban a explorar cada rincón del palacio.

—¡Papá!—exclamó Kiriha, con una sonrisa radiante en su rostro al ver a su padre.

Yamato se colocó en pie.

—Permiso.—Musitó antes de acercarse al pequeño y extender sus brazos para alzarlo— Hola hijo ¿te estás divirtiendo?

El niño negó.

—Estoy molesto.

—¿Molesto?— Yamato se sorprendió ante esta declaración— ¿Por qué estás molesto?

—Porque mi madre me dijo que Mimi no vendrá.—Musitó Kiriha—Y nadie va a jugar conmigo.

—¿Qué?— El rubio se sorprendió ante esto—¿No vendrá?

—Sí, no vendrá.— Musitó Kiriha triste.

Yamato observó a su alrededor, buscando con la mirada a Mimi y efectivamente, ahí no estaba.


Mientras tanto en los aposentos de Hikari.

La hermana de Taichi, se encontraba acomodando su ropa para asistir al baile en el harem, por esta ocasión utilizaría un vestido color piel, bastante largo, con piedras de adornos plateadas, mangas largas y un sujetador plateado en su cabeza.

Estaba en eso, cuando escuchó unos golpes en su puerta.

¡Toc, toc!

—Adelante.—Exclamó la castaña y la puerta se abrió.

—¡Atención, el príncipe Takeru está aquí!—La voz de un aga anunció la llegada del príncipe.

La castaña rápidamente se colocó en posición he hizo una reverencia.

Fue así como el rubio ingresó al lugar.

—Hola Hikari.

—Buenas tardes, príncipe.— Respondió con la mirada baja.

Takeru se acercó a ella.

—Me alegra ver que todavía no te has ido a la fiesta.

—Estaba dando unos últimos retoques a mi ropa.—Contestó Hikari.

—Espero no haberte molestado.

—No, no me molestaste.— Musitó la castaña— Pero, dime ¿qué haces aquí?

—Vine a buscarte para que vayamos juntos a la fiesta.

—¿Qué?— Hikari se sorprendió ante esto— ¿A buscarme?

Tk asintió.

—Creo que sería una buena forma de llegar a la fiesta, acompañado.

—N-no creo que sea apropiado.— Declaró la castaña.

—¿Por qué?— Preguntó el rubio— ¿Por qué soy un príncipe y tú, una mujer libre otomana?

Hikari asintió.

—Se puede ver mal.

—Si no fuéramos amigos.— Respondió Takeru— Todos saben que, antes que todo, somos amigos, no creo que se vea mal o se dé para malos comentarios que lleguemos juntos.

Hikari desvió la mirada hacia el suelo, sintiendo un nudo en la garganta. Las palabras de Takeru la reconfortaban, pero aún así, no podía evitar la preocupación por lo que los demás pensarían. Ser una mujer otomana libre en una sociedad que a menudo miraba con desdén cualquier tipo de relación entre personas con sus posiciones, era difícil.

—Lo sé, Takeru, pero... —Hikari titubeó, luchando por encontrar las palabras adecuadas—. No quiero que te traiga problemas. Eres un príncipe, tu reputación es importante.

Takeru colocó una mano sobre el hombro de Hikari, ofreciéndole una sonrisa tranquilizadora.

—Mi reputación no es más importante que nuestra amistad, Hikari. No permitiré que algo como esto nos impida ir a un baile juntos. Además, ¿qué es la vida sin un poco de desafío?—Comentó.

Bueno, los desafíos eran interesantes, pero esto era demasiado.

—Espero que no hayas olvidado tu promesa.

—¿Mi promesa?— Hikari alzó la mirada ante esto.

—Sí, promesa.— Contestó Takeru— Me prometiste que cuando fuéramos grandes, serías mi acompañante a cualquier evento real, de cualquier tipo.

Ese recuerdo vino a su mente.

—Y este es uno de ellos.— El rubio alzó su mirada— Dime ¿cumplirás tu promesa?

Las palabras de Takeru resonaron en el corazón de Hikari, ya que jamás pensó que el oji-azul recordara aquello. Ella le hizo esa promesa cuando vio que él estaba abrumado ante la presión der comportarse a la altura de "un príncipe" en ese entonces, ella también era pequeña, pero prometió estar siempre con él.

No podía decepcionarlo

Suspiró.

Lo mejor sería aceptar, ya que Takeru era insistente, no aceptaría un No como respuesta. Además, debía admitir que gran parte de ella moría de ganas en ir junto a Takeru.

—Está bien.— Contestó— Vamos juntos.


Yamato y Kiriha caminaron por los pasillos del palacio en dirección a los aposentos de Mimi, la encantadora dama cuya presencia siempre iluminaba cualquier lugar que pisara y que curiosamente llamaba la atención de ambos.

Mientras tanto, Mimi se encontraba en la sala principal de sus aposentos observando la ventana, la noche estaba hermosa, estrellada y la Luna se reflejaba en el mar. Era una vista privilegiada, sin duda.

—Mimi.— Airu la llamó— ¿Estás segura que no quieres ir al harem?

—La sultana Sora me dijo que no era apropiado.— Respondió la castaña.

—Pero, Yoshino insiste en que vayas.— Musitó la rubia.

Mimi movió la cabeza— Prefiero que...

No pudo terminar de hablar, ya que un grito se escuchó en el lugar.

—¡Atención, su majestad, el sultán Yamato, y el príncipe, Kiriha, están aquí!

¿Qué?

Mimi y Airu intercambiaron miradas, rápidamente se colocaron en pie.

La puerta se abrió y en el lugar aparecieron, padre e hijo.

—Mi sultán.—Mimi rápidamente bajó la mirada en señal de reverencia— Príncipe.

—¡Hola Mimi!— Kiriha corrió hacia ella.

—Hola.— Saludó— ¿Qué hacen aquí?

—Venimos a buscarte.— Respondió el pequeño.

Mimi alzó su mirada sorprendida— ¿A buscarme?

Yamato asintió— Nos sorprendió no verte en la celebración.— Comentó— Dinnos ¿por qué no estabas allá?

—Es una celebración importante, no creí que fuera necesario que yo fuera.— Comentó Mimi.

—Todo el harem está invitado.—Respondió Yamato— ¿Por qué, creerías que no es necesaria tu presencia?

—Porque no soy de su familia.

—Pero eres parte del harem y todos tenían la obligación de ir.— Comentó el sultán.

—Yo pensé que no.— Musitó Mimi— O eso, me dijeron, que era una celebración familiar.

—¿Quién te dijo eso?— Preguntó Yamato.

La castaña se mordió el labio inferior, no quería responder que la sultana Sora fue la que le dijo, después de todo, no quería que ella tuviese problemas por su culpa.

—Unas mujeres del harem me lo dijeron.—Mintió, si, mintió.

—Muy mal estuvo, porque la invitación es para todos.

Kiriha asintió ante las palabras de su padre.

—Sobre todo, tú, ya que estás a cargo del cuidado del príncipe.—Comentó Yamato.

Mimi pasó su mirada por el niño.

—Yo quiero que estés conmigo en esta fiesta.—Declaró el pequeño.

—Pe-pero, no estoy presentable.

Yamato pasó su mirada por la joven, no tenía mala apariencia, al contrario, la belleza de esta chica opacaba su ropa, ya que su hermosa mirada, facciones del rostro y cabello sobresalían por, sobre todo (Por eso, de alguna manera le atraía)

Aunque, debía admitir que le faltaba algo.

—¿Recibiste la diadema que te mandé con Gennai Aga?

Mimi asintió.

—Sí.—Contestó.

Hace unos minutos la había retirado, ya que no quería ensuciarla o romperla, era demasiado linda y elegante, que decidió guardarla.

Yamato dirigió su mirada hacia la amiga rubia de Mimi.

—Peina a Mimi y acomoda la diadema dorada en su cabeza.

—Sí mi sultán.—Airu asintió.

La castaña pasó su mirada por Yamato— Pe-pero...

—¡Vamos Mimi! Por favor, no te niegues.— El dulce tono del pequeño príncipe resonó en el corazón de Mimi, disipando cualquier duda que pudiera haber tenido.

—Oh, mi querido príncipe, cómo podría negarme a tu petición —respondió Mimi con una sonrisa cálida mientras se agachaba para estar a su altura—. Por supuesto que estaré contigo en la fiesta.

El niño sonrió ampliamente, con los ojos brillando de emoción.

—¡Yay! ¡Estarás a mi lado! —exclamó con entusiasmo, antes de abrazarla con ternura.

Mimi correspondió al abrazo con cariño, sintiendo una oleada de gratitud por la amabilidad y la confianza que el joven príncipe depositaba en ella.

Yamato observó la escena con una expresión de satisfacción en su rostro, complacido de ver la conexión que había entre Mimi y su hijo.


Todos los presentes posaron su mirada en el sultán que ingresaba al lugar junto a su hijo y aquella esclava, mejor dicho, favorita.

Natsuko hizo una mueca ante esto, sin entender ¿por qué su hijo le daba tanta importancia a una esclava, sin hijos y problemática? Esto de seguro no le gustaría a Sora.

Dirigió su mirada hacia la pelirroja, quién efectivamente no tenía buen rostro.

Mientras tanto, Rika también observó a aquella chica.

—¿Ella es la joven que me mencionaste, Juri?—Le preguntó a la kalfa.

La castaña asintió.

—Sí, ella es Mimi Hatun.

Mimi simplemente ignoró la mirada de todos, al igual que el sultán, quien se encaminó hacia su lugar, mientras la castaña se quedó en la entrada junto a Kiriha.

—Vaya, al parecer nuestro sultán en verdad está encaprichado con esa.— Musitó Mizuki Hatun.

Chibiro asintió.

—Lamentablemente, esa gata supo engatusarlo.

Ambas mujeres bajaron la mirada al ver que la castaña pasaba junto a ellas, sabían que, aunque la sultana Natsuko ocultó todo, por la lealtad que demostraron hacia la sultana Sora, y Mimi no quiso acusarlas con el sultán, todavía estaban en peligro de ser descubiertas.

Mimi caminó junto a Kiriha a una mesa para tomar asiento y disfrutar del banquete.

Sora, al ver que esta mujer estaba con su hijo, no dudó en levantarse de su lugar e ir hacia ella.

—Toma, Mimi, prueba esto.— Kiriha tomó un pastelillo de la mesa y se lo extendió a la castaña.

La oji-miel sonrió agradecida y recibió aquel bocadillo.

—¡Vaya! ¿A quién tenemos aquí?— La voz de Sora se hizo presente en el lugar.

Mimi alzó la mirada hacia la mujer y rápidamente inclinó su cabeza— Buenas noches mi sultana.

—Buenas noches.— Respondió—¡Me sorprende verte! pensé que no vendrías.—Comentó Sora intentado disimular su disgusto de ver a aquella joven en aquel lugar—Ya sabes, es una celebración familiar.

Al parecer no era tan familiar

Pensó la castaña.

—El sultán me dijo que era para todo el harem.— Respondió— Y sus servidores.

—¿E?—Balbuceo la pelirroja—S-sí, pero para personas importantes del harem.

—Bu-bueno, tal vez, no soy importante, pero el sultán en persona me dijo que viniera.— Declaró la castaña.

¿Qué?

La pelirroja apretó su puño ante esto.

—¿Él mismo te invitó?

Mimi asintió.

—¿Cuándo?

—Recién.— Respondió Mimi— Me fue a buscar junto a su hijo, el príncipe Kiriha.

—¿A sí?— Preguntó Sora y de manera instintiva dirigió una mirada de pocos amigos a su hijo, quien comía un pastelillo.

¡Rayos! ¿Cómo podía ser traicionada por su propio hijo?

—Bu-bueno, entonces, disfrutemos de la fiesta juntas.— Musitó la pelirroja antes de tomar asiento a su lado.

Mimi observó sorprendida a la sultana, sin embargo, no dudó en tomar asiento a su lado.

Fue así como la fiesta se continuó desarrollando.


Mientras tanto, Taichi se encontraba observando con ojos de pocos amigos a su hermana, quien se encontraba junto al príncipe Takeru, ambos conversaban, reían y disfrutaban de la fiesta, juntos.

Si, juntos.

Eso no era bueno

Necesitaba hablar con su hermana de esto, cuanto antes.

Sigilosamente, pasó entre medio de las personas, hasta llegar a la mesa del príncipe y su hermana.

—Mira, prueba, estas uvas ¡Están deliciosas!— Hikari le comentó al rubio alzando este bocadillo en su mano— Es de nuez.

Takeru abrió su boca y la castaña depositó la uva en su boca.

El rubio masticó— Mmm...tienes razón.

La castaña sonrió.

—Buenas noches, príncipe.— La voz de Taichi se escuchó en el lugar llamando su atención.

Ambos al alzar su mirada se encontraron con el hermano de Hikari, quien hizo una reverencia.

—Buenas noches, Taichi Pashá.— Respondió el oji-azul.

—Hola hermano.— Hikari saludó al pashá.

Taichi pasó su mirada por su hermana y luego por Takeru— Disculpe, príncipe, pero ¿Me da unos minutos para hablar con mi hermana?

Takeru asintió.

—Claro.

¿Hablar con ella?

Hikari pensó sorprendida.

Taichi dirigió su mirada hacia la joven.

—Hikari, por favor, ven un momento.

Ella asintió, se colocó en pie, hizo una reverencia y luego siguió a su hermano hasta las afueras del harem.

—¿Qué sucede hermano?— Preguntó— ¿Por qué me sacas de la fiesta?

—Porque necesito hablar contigo.

—¿Sobre qué?

—Acaso ¿no sabes de qué?— Musitó Taichi un tanto enojado.

Hikari hizo una mueca, el recuerdo de sus últimas discusiones vino a su mente.

—Dime ¿por qué no me informaste que vendrías a la fiesta con el príncipe Takeru?—Cuestionó el mayor.

—No te informé, porque no lo tenía planificado.— Respondió— Él vino sin previo aviso a buscarme.

—¿Y, no te negaste?

Hikari negó— Es un príncipe, acaso ¿es legal que me niegue a una petición suya?

—No debería, pero en este caso tú sabes que sí.— Contestó Taichi— No me gusta verte junto a él.

La castaña bajó la mirada.

—Mejor dicho, no me gusta que compartas con él, más de lo necesario.— Corrigió el mayor.

—Lo siento hermano, pero no pude negarme, Takeru vino a nuestros aposentos a buscarnos y no creí que fuera apropiado negarme a acompañarlo, cuando fue hasta mí mismo departamento a buscarme.— Comentó Hikari.

—Pudiste inventar una excusa para negarte.

—No se me ocurrió.

—¡Pues debiste hacerlo!— Taichi alzó la voz.

La joven cerró los ojos.

—Y no solo debiste negarte, sino que también es tu obligación mantener distancia con él.— Declaró— Pero, creo que eso se te olvidó, porque has estado toda la fiesta con él.

—Hermano, no querías ser descortés.— Declaró Hikari— Además, no estábamos haciendo nada malo.

—Eso es lo que tú crees, pero a los ojos de los demás esto no está bien, recuerda que los príncipes no pueden estar con mujeres libres.— Recordó Taichi— Sobre todo él, que es un príncipe que no tiene permitido tener...—Se detuvo antes de decir lo que iba a decir.

¡Rayos!

Por poco, casi dice, lo que el consejo decretó "Takeru no puede tener descendencia, entonces no puede tener mujer, y tampoco provincia" Algo que ¡No debía decir! Por órdenes de Yamato.

La joven alzó la mirada.

—¿Qué no tiene permitido tener, qué?— Preguntó.

Taichi se mordió el labio inferior.

—¿E?—Balbuceo.

Hikari lo observó expectante.

—E-es un príncipe que...—Taichi intento pensar en algo— Que no tiene un destino concreto.

La menor hizo una mueca.

—Pero, el sultán le perdonó la vida.

—Sí.—Respondió el mayor— Pero eso no significa que vas a desafiar las demás leyes.—Declaró— Mucho menos alguien como tú, hija de un antiguo gran visir, hija de una princesa de Crimea y hermana del actual guarda espalda real. Y, que, para variar, está siendo mentora del príncipe heredero al trono, Kiriha.

Hikari apretó su puño y mantuvo la cabeza baja.

—Por favor, hermana, reacciona.—Taichi depositó sus manos en sus hombros— No quiero lastimarte con esto, simplemente quiero que midas las consecuencias de tus actos.

Hikari se sintió sorprendida por la firmeza en la voz de su hermano. La enumeración de su linaje y sus responsabilidades solo sirvió para aumentar su sensación de presión.

—Entiendo, Taichi. No quiero causar problemas —respondió, tratando de ocultar su incomodidad detrás de una expresión serena.

Taichi la miró con seriedad, sabiendo que su hermana entendía la gravedad de la situación.

—Confío en ti, Hikari. Sé que harás lo correcto —dijo finalmente, ofreciéndole una sonrisa reconfortante.

Hikari asintió, agradecida por el apoyo de su hermano. Aunque aún se sentía abrumada por la responsabilidad que recaía sobre sus hombros, estaba determinada a cumplir con sus deberes de la mejor manera posible.

—Haré todo lo que esté en mi poder para no defraudarte —respondió con determinación.

—Muy bien.


Fue así como algunos minutos transcurrieron en la fiesta, todos parecían estarse disfrutando.

Mujeres bailaban, todos comían, algunos hablaban, Yamato aprovechó la ocasión para colocarse al día con su hermana Rika, quien contaba cosas interesante de su vida en Hungría.

Hikari, luego del regaño de su hermano, decidió mantenerse lejos del príncipe Takeru, quien verdaderamente estaba desconcertado por la situación.

Mientras tanto Mimi se encontraba junto a Kiriha y Sora, quien disimuladamente intentaba tener a su hijo controlado.

—¡Mira Mimi!...—Kiriha le habló a la castaña para mostrarle algo.

Mimi volteo la mirada, Sora hizo una mueca ¿Por qué Kiriha insistía en estar con ella? ¡Al igual que Yamato!

Apretó sus dientes y pasó su mirada por el lugar.

¡Un minuto!

Tenía una idea.

Sigilosamente agarró con cordón del zapato derecho de Mimi, y, sin que se diera cuenta, lo amarró con el cordón de su zapato izquierdo.

Mimi no se dio cuenta de esto, transcurrieron varios minutos hasta que, Kiriha dijo lo siguiente:

—Me estoy aburriendo, Mimi.— Musitó el pequeño— ¡Por favor! Vamos a jugar.

—¿A jugar?

El rubio asintió— Estoy aburrido.

La castaña sonrió de lado.

No era para menos, Kiriha, prácticamente, era el único niño en ese lugar.

—Está bien.—Comentó— Vamos.

Fue así como Kiriha se colocó en pie, Mimi también se colocó en pie, el pequeño comenzó a caminar, la castaña lo quiso seguir, no obstante, apenas intentó dar un paso sintió un jalón en su pie, lo que provocó que perdiera el equilibro, rápidamente movió sus pies intentando mantenerse en pie, no obstante, no funcionó y sin querer cayó al suelo, llamando la atención de todos en aquel lugar.

¡Oh no!

¡Rayos!

Pensó al sentir todas las miradas sobre ella.

—¡Auch!— Exclamó.

Un susurro colectivo se escuchó en el lugar, mientras aquellos presentes observaban la escena con atención.

—¡Oh no! Mimi.— Sora musitó "preocupada"—¿Estás bien?

La castaña hizo una mueca, sin querer sentía un dolor horrible en sus rodillas.

—¡Mimi!— Kiriha gritó preocupado— ¿Estás bien?

Entre la multitud, el sultán Yamato se levantó de su asiento con una expresión de profunda preocupación en su rostro. Con pasos rápidos pero cuidadosos, se acercó a Mimi, ignorando las miradas curiosas a su alrededor mientras su única preocupación era asegurarse de que ella estuviera bien.

—Mimi, ¿estás bien?— preguntó Yamato con voz llena de preocupación, agachándose a su lado y extendiendo una mano para ayudarla a levantarse—¿Te lastimaste?

—¿E? S-sí, mi sultán.—Mimi intentó levantarse, pero no fue posible, ya que otro jalón en sus pies la hizo perder el equilibro y cayó.

¡Rayos!

Pensó, totalmente avergonzada de que todos estuvieran mirándola.

—Creo que se dobló el pie.— Gennai le comentó al sultán.

Eso no era bueno.

—No, Mimi.— Kiriha musitó preocupado.

El rubio sultán hizo una mueca, observó a su alrededor, nadie parecía tener la intención de ayudar.

Lo mejor sería sacarla de aquí, después de todo, él la invitó.

Sin titubear, el sultán Yamato se acercó a Mimi y la levantó con suavidad entre sus brazos, ignorando las miradas furiosas y los murmullos que estallaban a su alrededor. Sora, con una furia apenas contenida, observaba la escena con incredulidad mientras todos en el harem quedaban sorprendidos por la acción del sultán.

Las concubinas, en particular, ardían de celos ante la evidencia de la atención y el cuidado preferencial que Yamato mostraba hacia Mimi. Los murmullos crecían en intensidad mientras la situación se desarrollaba frente a ellos, y las miradas de envidia y resentimiento se dirigían hacia la pareja.

Natsuko frunció el ceño, su expresión reflejando su desaprobación ante la escena inesperada, mientras Rika observaba con incredulidad a su hermano, incapaz de comprender sus acciones.

Mientras tanto, Mimi intentaba protestar, pero Yamato la silenció con un suave gesto. —Shhh...— le susurró, con una expresión preocupada— Ven, te llevaré a la enfermería.

Sin dar tiempo a más objeciones, Yamato se dirigió hacia la salida del harem, llevando a Mimi en brazos mientras se abría paso entre las miradas curiosas y los susurros de la multitud. A pesar de la tensión y la incomodidad que rodeaba la situación, el sultán estaba decidido a asegurarse de que Mimi recibiera la atención médica que necesitaba, sin importar las consecuencias que sus acciones pudieran tener.


+Algunos se preguntarán ¿Por qué le estoy dando protagonismo a Yoshino como Kalfa de confianza de Mimi? Jaja la verdad es que no sabía exactamente quien otorgarle, la verdad es que Airu es, pero ella tendrá otro papel más adelante. Necesitaba una kalfa de plano, Juri es leal a Natsuko, Miyako a Sora, necesitaba una para Mimi. Justo me puse a ver, Digimon Data Squad y me acordé de Yoshino, quien tiene un digimon similar al de Mimi, que curiosamente Digievoluciona en Rosemon, así que, ahí hice la conexión jajaja

DespinaMoon98: Me alegra mucho que te haya gustado el capítulo 10, especialmente la esperada escena del beso entre los protagonistas. Es emocionante ver cómo se van revelando más detalles sobre el pasado de Mimi y cómo eso enriquece su personaje. Sí, Mimi definitivamente parece ser una chica muy talentosa e inteligente. En cuanto a Sora, estoy completamente de acuerdo contigo, sus acciones fueron despreciables y espero que reciba el castigo que merece. No obstante, tendremos que seguir soportando, ya que lamentablemente Mimi no es una rival para ella todavía por el hecho de que es sultana, pero todo a su tiempo, gracias por tus palabras de apoyo, ¡y espero seguir sorprendiéndote con los próximos capítulos!

TheBigParadox: Jaja si, Yamato es genial.

mimato bombon kou: ¡Hola! Sí, triste por Mimi, pero fue realmente conmovedor ver cómo Yamato demostró su preocupación y apoyo hacia Mimi en ese momento tan difícil. Es un gesto que resalta lo interesado que está. Entiendo tu frustración hacia Natsuko, su actitud fue decepcionante y, pero debe ser así para que Mimi adquiera carácter. Ojalá te haya gustado el capítulo y sigas comentando ¡Saludos!