—¿Embarazada?— Preguntó Sora incrédula.

La médica asintió— Sí.—Respondió— Aproximadamente debe tener un mes de embarazo o un poco más.

La emoción fue evidente en el lugar, el rostro de Sora se iluminó al escuchar esto y una sonrisa se formó en el rostro de Natsuko ante aquella noticia. La pelirroja llevó una mano a su vientre, totalmente incrédula, jamás esperó que todo el estrés, cambio de emociones y dolores significarían esto.

—Debo contarle al sultán.

Natsuko asintió— Sí, mi hijo debe saberlo.

Sora hizo una mueca al recordar que: —Pe-pero, está con Mimi Hatun.

—¡Eso que importa! El sultán merece saber esta noticia.— Respondió la madre sultana.

Sora sonrió ante la respuesta de Natsuko. Ansiaba con todo su corazón ir hacia Yamato y contarle la buena noticia.


Fue así como Natsuko se encaminó a los aposentos de su hijo, para darle la nueva noticia. Al llegar hasta ahí se encontró con el guarda espalda real.

—Taichi Pashá.—Pronunció su nombre.

—Mi sultana.— Taichi hizo una reverencia— ¿Qué hace aquí?

—Vengo a hablar con mi hijo.— Respondió Natsuko.

¡Rayos!

Taichi hizo una mueca ante esto.

—Mi sultana, no creo que sea posible.

—¿Por qué no?

—Porque el sultán está ocupado.— Respondió el castaño.

—Lo sé.—Contestó Natsuko— Sé que está ocupado con esa mujer.— Comentó— Sora ya me lo dijo.

¿Sora?

¡Como lo imaginó! Fue a reclamarle a la madre sultana.

—Sin embargo, lo que debo hablar con él es muy importante.— Musitó la madre sultana— No puede esperar.

Taichi bajó la mirada.

—¿Qué tan importante es?

—¡Muy!— Exclamó Natsuko— Trata de la dinastía y no puede esperar.— Contestó— Así que, ve rápido.— Ordenó con firmeza.

Posiblemente, si hubiese sido otra persona, no hubiese obedecido, ya que tenía órdenes claras del sultán, no obstante, Natsuko era la madre sultana, la mujer más poderosa de aquel lugar y que podría considerarlo traidor al no cumplir su orden.

—Está bien, iré a decirle que quiere verlo.

Fue así como Taichi ingresó al pequeño callejón y al llegar a la puerta tocó.

—¡Adelante!— Exclamó Yamato.

El castaño ingresó a la habitación del sultán y se encontró con el rubio recostado en su cama, junto a él se encontraba Mimi con un tazón con sopa y una cuchara.

—Permiso, sultán.

—Taichi ¿qué haces aquí?— Preguntó el rubio.

—La madre sultana me envió.— Respondió el castaño— Me dijo que necesita hablar con usted.

Yamato hizo una mueca ante esto: —¿Le dijiste que no puedo verla?

—Sí, le dije.— Respondió Taichi—Pero me exigió que hablara con usted, ya que vino a hablar con usted de un tema ¡Muy! importante.

Yamato alzó una ceja.

¿Qué tan importante podría ser aquel tema?

—¿No te dijo que trataba?

Taichi negó— No, pero resaltó que era importante, ya que trataba de la dinastía.

¿De la dinastía?

—Mi sultán, sé que usted no quiere hablar con la madre sultana, ya que no quiere que sepa que está enfermo.— Declaró el castaño— Pero considero que debería confiar en su madre sultana.— Aclaró su garganta— Sí, es cierto que ha mostrado cierto interés por que el príncipe Takeru aumente su poder políticamente, y eso puede significar un problema. No obstante, usted es su hijo, sangre de su sangre, dudo que sea capaz de usar esto a favor de su otro hijo.

Yamato se mordió el labio inferior ante estas palabras, la verdad era que siempre confió en su madre, y sí, confiaba en ella aún, incluso entendía que quisiera darle beneficios a Takeru que nunca tuvo, no obstante, para él era difícil, porque los del consejo se lo colocaban difícil.

Mimi observó y escuchó atentamente la conversación.

—Confió en ella, sin embargo, no quiero que en mi ausencia coloque a Tk.

—Lo sé, y creo que debería hablar con ella con respecto al tema, sin embargo, en este minuto, creo que es importante que ella sepa de los problemas de salud que ha tenido hoy.— Comentó Taichi— Después de todo, su ausencia en las actividades de palacio hoy pasó desapercibidas para ella, porque no estaba, sin embargo, no podrá ocultar esto mañana, necesitará ayuda de ella para mantener todo en orden.

Sí, eso era verdad, después de todo, ese era el papel principal de la madre sultana, mantener todo en orden.

—Está bien, Taichi, déjala entrar.

Fue así como el pashá se retiró.

Yamato pasó su mirada por Mimi.

—Mimi, necesitaré que me dejes a solas con mi madre.

—Sí.— La castaña se levantó de su lugar, hizo una reverencia— Lo dejaré a solas, mi sultán.— Fue así como caminó hacia la puerta.

—Taichi Pashá, dime ¿qué ocurre?— Cuestionó la mujer.

El castaño hizo una mueca.


Natsuko ingresó a los aposentos de su hijo, se sorprendió al ver a su concubina, quien hizo una reverencia y salió del lugar. Tuvo intenciones de preguntar, no obstante, prefirió no darle protagonismo. Caminó en dirección hacia su hijo, quien no tenía buen aspecto, al contrario, parecía cansado y se encontraba acostado en su cama.

—Hijo, buenas noches.

—Buenas noches madre.— Respondió Yamato.

Natsuko se acercó a él, el rubio tomó su mano y besó sus nudillos.

—Siento molestarte, de seguro estás ocupado con tu concubina.

—No, madre.— Contestó el oji-azul— No estaba ocupado con ella.

—¿A no?— Preguntó— Sora me dijo que no ibas a estar con ella, porque estabas pasando tiempo con esa joven.

Yamato asintió— Sí, eso le mandé a decir.— Respondió— Pero no es lo que crees.

—¿A no?

El sultán negó—Mimi simplemente me estaba cuidando.

—¿Cuidando?

Yamato asintió.

Natsuko pasó su mirada por su hijo un tanto confundida— ¿Qué ocurre Yamato?— Preguntó— ¿No tienes buen aspecto?

—Estoy enfermo. —admitió Yamato, lo que provocó una expresión de preocupación en el rostro de su madre.

Esta declaración preocupó a su madre.

—¿Qué?— repitió ella, con creciente preocupación— ¿Enfermo?

Yamato asintió.

—¿Por qué no me lo dijiste antes?"

Yamato asintió con calma— Pensé que no era nada importante, solo una fiebre.

—¡Una fiebre no es algo trivial!— exclamó Natsuko alarmada— Deberías haberme informado de inmediato.

Yamato bajó la mirada, comprendiendo la preocupación de su madre— Lo siento, no quería preocuparte.

—¿Llamaste al doctor?

El rubio asintió.

—No te preocupes, estaré bien, he tomado medicina y estoy bien.

—Mi hijo.— Natsuko tomó asiento a su lado y acarició su cabello—Debiste habermelo dicho.

—No quería preocuparte, sabía que hoy estarías ocupada.

—Sí, pero eso no quita que sea tu madre y me preocupe por ti.— Respondió la mujer— ¿Por qué llamaste a esa mujer antes que a mi o a Sora?

—Mimi me estaba cuidando, porque sin previo aviso me desmayé frente a ella y Taichi le dijo que me cuidara, ya que por orden mía, nadie debía saber que estaba así.— Comentó el rubio— Tú sabes que luego de la muerte de mis hermanos y la lucha por el trono las cosas han estado tensas. No quise preocupar a Sora, porque ella es demasiado preocupada, no quería estresarla o asustarla con una posible enfermedad mía. Y, como te dije, tú tenías planes.

Natsuko repasó las palabras en su mente.

—Comprendo, preferiste no armar revuelo.

Yamato asintió.

—Aun así, no debiste ocultarlo de mi.— Declaró Natsuko.

—Lo sé, y lo siento, pero aquí estoy.— Respondió el rubio.

La mujer hizo una mueca: —Lamento molestar tu descanso.

—No te preocupes.— Yamato intentó incorporarse en su cama— Dijiste que necesitabas hablar conmigo de un tema importante ¿no?

Natsuko asintió— S-sí, pero luego de esto no creo que sea el mejor momento.

—¿Por qué?— Preguntó el rubio— ¿Es grave?

La mujer negó— No.

—¿Traerá problemas?

Natsuko nuevamente negó: —No, no es algo negativo, es todo lo contrario.

—¿Qué es?

Natsuko respiró profundamente antes de responder con seriedad—Es sobre Sora.

Yamato al escuchar este nombre se preocupó: —¿Qué ocurre con ella? ¿Le sucedió algo?

La Valide asintió— Ella se sintió mal y se desmayó.

¿Qué?

—¿Qué tiene? ¿Está enferma?— Preguntó preocupado por su consorte principal— ¿Cómo está?

—Ella está bien, fue un simple desmayo.— Explicó Natsuko— La médica la revisó y luego de esperar, nos dijo que...—Hizo una pausa.

—¿Qué dijo?— Cuestionó Yamato curioso e interesado por su respuesta.

—Me informe que...—Natsuko aclaró su garganta— Sora está embarazada.

Esto sorprendió al rubio.

—Está esperando un hijo tuyo.


Mimi entró en el lujoso harem, con sus pasos resonando suavemente en el suelo de mármol pulido. Miró a su alrededor, maravillada por la exquisita decoración y la atmósfera tranquila que reinaba en el lugar. Sin embargo, su atención fue capturada por la figura de Kiriha, quien estaba sentado en un rincón, absorto en un libro.

Decidió acercarse a él, su corazón latiendo con anticipación mientras se acercaba. Kiriha levantó la mirada al notar su presencia, y una sonrisa cálida se formó en sus labios al reconocerla.

—Mimi, qué sorpresa verte aquí.— dijo Kiriha, extendiendo una mano en señal de bienvenida.

Mimi devolvió la sonrisa, sintiéndose reconfortada por su amabilidad. Antes de que pudiera decir algo, sin embargo, una voz autoritaria la interrumpió.

—Detente ahí.— dijo Sora, la madre de Kiriha, apareciendo de repente entre ellos. Su mirada era penetrante, y su tono no dejaba lugar a dudas sobre su autoridad—¡No te acerques a mi hijo!

Mimi se detuvo abruptamente, sorprendida por la intervención de Sora—¿Por qué mi sultana?

Sora se acercó a ellos, su presencia imponente llenando el espacio entre Mimi y Kiriha—Porque no quiero que mi hijo esté cerca de alguien como tú.— Volteo hacia su kalfa de compañía—MIyako, llevate a Kiriha de aquí.

La pelilila asintió y se acercó al pequeño.

—Pero ¡Mamá!— Exclamó Kiriha—Quiero estar con Mimi.

—¡No me desobedezcas Kiriha, te estoy dando la orden de que vayas a los aposentos y duermas, ya es tarde!—Ordenó Sora.

El rubio hizo una mueca ante esto, el tono autoritario de su madre daba miedo.

—Está bien.

Fue así como Miyako jaló suavemente del pequeño y se lo llevó.

—Mi sultana.— Mimi habló— ¿Por qué hace esto? Yo simplemente quería...

—¡Cállate!— Sora gritó.

Todas las presentes voltearon hacia ambas mujeres al escuchar aquel grito.

—Supongo que debes estar triste ¿e?— Musitó la pelirroja— Te arruiné la noche con el sultán.

¿Qué?

Mimi observó confundida a la mujer.

—Intentaste sabotearme, llamando su atención, pero no te funcionó.

—Mi sultana, ya le dije yo no busco llamar la atención de su majestad, simplemente soy su servidora.

Sora la observó con desprecio: —¿Servidora o prostituta?

—¡Nada de eso!

—¿Por qué lo niegas? Todos sabemos que ibas a pasar esta noche con su majestad.— Habló Sora— Finalmente, sacaste tus garras, zorra.

Pero ¿qué le sucedía a esta mujer?

Mimi frunció el ceño— ¿Por qué me habla así?— Cuestionó— Puede ser una sultana, pero eso no le da derecho a tratarme de esta forma.

—¡Claro que puedo! Eres una esclava.

—Sí, pero eso no quita que sea una persona.

Sora rió con ironía: —Una persona arrastrada.

—¿Arrastrada?

La pelirroja asintió.

—¡No soy arrastrada!— Exclamó Mimi molesta.

—¡Perdón! ¿Quién te crees para hablar le así?— Una tercera voz se escuchó en el lugar.

¡Oh no!

Pensó Mimi ante esto y literalmente comenzó a temblar de miedo.

—¡Atención! La sultana madre está presente.

Sí, como pensó, esa voz era de la sultana madre.

El ambiente se volvió aún más tenso con la entrada de la sultana madre. Su presencia imponente llenaba la habitación, haciendo que todos se sintieran pequeños e insignificantes a su lado. Mimi tragó saliva nerviosamente, sintiendo el peso del juicio de la poderosa mujer sobre ella.

Natsuko caminó hacia las mujeres y le dirigió una mirada de desprecio a la castaña—¿Quién te crees que eres para gritarle así?

Mimi bajó la mirada— Discúlpeme madre sultana, pero ella me estaba...

—¡Silencio!— Natsuko alzó la voz— No te he dado la autorización para que hables.

Mimi se mordió el labio inferior, no le gustaba que le gritasen— Pero...

—¡Silencio!— Regañó la Valide— Y escúchame bien, tú no eres quién para gritarle a una sultana, mucho menos cuando trata de la madre del príncipe primogénito, heredero al trono.

La tensión en la habitación era palpable mientras Natsuko dejaba en claro su posición con autoridad. Mimi, sintiéndose acorralada y avergonzada, se mantuvo en silencio, reconociendo su error al desafiar a alguien de tan alto rango como Natsuko. La presencia de Sora, agregaba un peso adicional a la situación.

—Mi sultana, perdoné, pero ella me ofendió y yo solo quise defenderme.

—¿Defenderte?— Cuestionó Natsuko— ¡No tienes derecho a hacer eso! Eres una esclava.—Musitó—Que seas la concubina favorita de mi hijo no te da derecho a que alces la voz en este harem.— Habló— Ya que solo eres una diversión para mi hijo, una mujer más de este lugar, sin importancia, mientras no le des un hijo.— Frunció el ceño— Y aunque así fuera, tú siempre deberás respetar a la sultana Sora, porque ella es la consorte principal de este harem, la consorte principal y madre del heredero al trono.

Mimi apretó su puño enfurecida.

¿Qué sucedía en la cabeza de aquellas mujeres?

Ella ¡jamás! quiso estar en ese lugar, ser concubina de su majestad, mucho menos tener problemas con ella y ahora, recibía esto.

—Sobre todo ahora que Sora merece más respeto que antes.

¿Más respeto?

Natsuko asintió.

—Porque está embarazada.

¿Qué?

Todas las presentes intercambiaron miradas ante esto y los murmullos se hicieron presentes en aquel lugar.

—Tendrá otro hijo.


Hikari caminó en dirección a su habitación, estaba realmente agotada, habían llegado hace una hora a palacio, sin embargo, tenía hambre, así que cenó en el harem y ahora caminaba en dirección a sus aposentos.

Takeru levantó la vista al escuchar los pasos de Hikari acercándose, y una mezcla de sorpresa y determinación se reflejó en su rostro al verla.

—Hikari... —comenzó a decir, pero fue interrumpido cuando ella desvió la mirada, claramente intentando evitarlo.

—Lo siento, Takeru, pero tengo que irme —dijo Hikari con voz apresurada, tratando de pasar junto a él sin detenerse.

Pero Takeru no se movió, bloqueando su camino con gentileza pero firmeza.

—Espera, Hikari —insistió, su tono suave pero decidido—. Necesitamos continuar con la conversación.

Hikari se detuvo, sintiendo la tensión entre ellos mientras evitaba encontrarse con su mirada.

—Takeru, ya te dije que no.

El rubio hizo una mueca.

—Sé que estás alejándote de mí por Taichi, pero Hikari, antes que todo somos amigos, podemos hablar como eso.

—Takeru, tú no me ves como una amiga.—Declaró la castaña— Me ves como algo más y yo no puedo aceptar eso.

—Y no sabes cuanto lamento eso.— Musitó el rubio— Porque en verdad me gustaría que lo nuestro fuera posible.

—Pero no lo es.— Respondió Hikari— Por favor, entiéndelo.

—Lo entiendo, pero no lo acepto.—Contestó Takeru— Y creo que nunca lo aceptaré, porque yo te quiero.

Aquellas palabras fueron como una puñalada en el corazón.

"Yo te quiero"

—Por favor, Takeru, no repitas eso.—La castaña volteo en dirección contraria— No quiero escucharte, no puedo escucharte.— Fue así como se alejó a toda prisa de Takeru.


El sultán Yamato aguardaba pacientemente en sus aposentos, ansioso por recibir a Sora, su consorte principal. Sabía que había algo especial que quería compartir con él, algo que lo llenaba de emoción y alegría.

Cuando Sora finalmente entró en la habitación, con una sonrisa radiante en su rostro, Yamato no pudo contener su emoción. Se puso de pie para recibirla, extendiendo los brazos hacia ella con cariño.

—Sora, mi amada.—dijo con ternura, tomando su mano y guiándola hacia él— Me he enterado de la noticia.

Sora asintió con una risita nerviosa, sus mejillas coloreadas por la emoción.

—¿Estás embarazada?

—Sí, mi señor.—anunció con una mezcla de alegría— Estoy embarazada.

Los ojos del sultán se iluminaron con una expresión de pura felicidad y asombro. Tomó las manos de Sora entre las suyas y las besó con ternura.

—¡Qué maravillosa noticia, mi sultana! —exclamó con una sonrisa llena de alegría— Estoy emocionado de convertirme en padre nuevamente.

Sora sintió un gran alivio al ver la reacción positiva de Yamato. Había estado nerviosa por cómo recibiría la noticia, pero ahora se sentía abrumada por el amor y el apoyo de su esposo.

—Gracias, Yamato. Tu alegría significa todo para mí —respondió con gratitud, sintiéndose profundamente bendecida por tenerlo a su lado en este momento tan especial— Espero que tengamos otro hermoso príncipe.

Yamato asintió— Yo también.— Contestó— ¿Kiriha ya sabe?

—No.— Contestó Sora— Sin embargo, estoy emocionada por decirle, estoy segura de que estará feliz.

—Eso espero.— Musitó el sultán.

Ojalá su hijo fuera un buen hermano mayor, y ojalá, la relación entre ellas fuera como la de Takeru y él.

Yamato abrazó a Sora, compartiendo un momento de felicidad y anticipación por el futuro que les esperaba como familia.

—Mi sultán.

—¿Sí?

—¿Por qué no quiso verme antes?— Inevitablemente preguntó la pelirroja.

—Disculpa, no es que no quisiera atenderte, es simplemente que ha sido un día difícil para mí.

—¿Difícil?— Preguntó Sora— ¿En qué sentido?

—No importa.— Musitó el rubio— Lo importante es celebrar esta noticia.— Dirigió su mirada hacia el hermano de Hikari— Taichi Pashá, dile a Gennai Aga que reparta dulces y oro en todo el harem.— Ordenó— Y diles a los agas que lancen fuegos artificiales.

Taichi se mordió el labio inferior, la verdad era que no ansiaba celebrar aquel lamentable suceso, Sora no merecía ser madre, ni tener otro príncipe, esto era innecesario. No obstante, debía obedecer.

—Sí, mi sultán.—Respondió antes de salir del lugar.


—¡Es insoportable esa mujer!— Exclamó Mimi totalmente enojada.

Yoshino hizo una mueca— Te dije Mimi que no me daba buena espina.

—¡Yo también!— Respondió Airu— Sora hace mucho tiempo siente celos hacia ti y eran obvios.

—¡Muy obvios! Sora siempre ha sido muy celosa.—Declaró la pelirosa.

—Lo malo es que ahora que está embarazada creerá que puedes ser mejor que Mimi.— Murmuró la rubia amiga de Mimi.

La castaña se mordió el labio inferior, por un lado, verdaderamente se sentía molesta por la actitud de Sora, pero por el otro rogaba que esto fuera una forma de que el sultán no le diera tantos privilegios, y no le prestara tanta atención, tal vez, así, se salvaría de todos los problemas. Aunque...

¿Por qué le molestaba pensar que Yamato le daría más privilegios a Sora?

¿Por qué le molestaba saber que Yamato le colocaría más atención a la pelirroja?

¿Por qué le molestaba el embarazo de Sora?


Y, así fue como los días comenzaron a pasar los días, las fiestas y celebraciones duraron bastante tiempo, todo en honor al embarazo de Sora. Aproximadamente todo duró al rededor de tres días, no obstante, fueron días ¡Muy! intensos para Mimi. Yamato de a poco se recuperaba, sin embargo, la madre sultana envió a otras mujeres de mayor conocimiento médico a cuidarlo, provocando que ella no lo pudiese ver. Yamato se fue recuperando, no obstante, solo tenía tiempo para el reino y para su consorte principal que estaba embarazada, así que se veían.

Por unos momentos, Mimi creyó que gracias a esto dejaría de ser el centro de burlas y críticas de las demás concubinas, no obstante, se equivocó, ya que todas continuaron haciéndole burlas mencionando que "Pasaría de moda, porque Sora, la consorte principal quedó embarazada" o "El sultán ya no tendrá tiempo para ti"

Mimi intentaba ignorar los comentarios, pero era imposible no sentirse mal. Además, quería ver al pequeño príncipe, sin embargo, Sora buscaba de alguna u otra forma de impedir que Kiriha estuviera con ella.

Sora, a estas alturas, ya no disimulaba el disgusto que sentía al ver a Mimi, al contrario, cada día se preocupaba más por molestarla. Y no solo ella, las demás mujeres del harem se tomaban tiempo para molestar.


Mimi caminaba por los pasillos del palacio con la mirada baja, sumida en sus pensamientos. Cada paso que daba resonaba en el silencio del lugar, mientras su mente seguía atormentada por las tensiones y los conflictos que la rodeaban.

Rogaba en silencio no encontrarse con aquellas mujeres que tanto la molestaban, deseando evitar cualquier confrontación que pudiera empeorar aún más las cosas. Sentía un peso en el pecho y una sensación de abrumadora ansiedad que la acompañaba a cada paso que daba.

Los recuerdos de las miradas despectivas y los susurros maliciosos de las concubinas resonaban en su mente, haciéndola sentirse cada vez más insegura y vulnerable. Se preguntaba una y otra vez qué había hecho para merecer tal trato, y por qué no podía simplemente encontrar la paz y la felicidad que tanto anhelaba.

Llegó a la entrada del harem, y antes de entrar, divisó a unos metros a Kiriha sentado en un rincón, con la mirada perdida y una expresión de tristeza en el rostro. Sí, triste. Acaso ¿estaba llorando? Su corazón se apretó al verlo así. Observó a su al rededor rogando que su madre no estuviera cerca.

Al ver que nadie estaba cerca se acercó con cautela.

—Kiriha... ¿estás bien? —preguntó con suavidad, colocando una mano en su hombro.

Kiriha levantó la mirada, sorprendido al ver a Mimi frente a él. Trató de ocultar su tristeza, pero sabía que no podía engañarla.

—Oh, Mimi... sí, estoy bien —respondió con una sonrisa forzada, intentando disimular sus sentimientos.

Mimi frunció el ceño, sabiendo que algo no estaba bien. Se sentó a su lado, preocupada.

—No tienes que fingir delante de mí, Kiriha. Sé que algo te está molestando. ¿Quieres hablar al respecto? —ofreció con amabilidad.

Kiriha suspiró, sintiendo que ya no podía ocultar su dolor. Miró a Mimi con tristeza antes de confesar lo que lo estaba atormentando.

—Estoy triste ¡Y enojado!

—¿Por qué?

—Por el embarazo de mi madre... —comenzó, su voz temblorosa— Desde que ella está embarazada, nadie me quiere.

—¿Por qué dices eso?

—Porque todos están al pendiente de ella y del bebé en su vientre.— Respondió Kiriha— Mi abuela, mi padre, mi madre y todos se preocupan del bebé, y solo de eso, olvidándose de mi.

—No digas eso.— Mimi acarició su cabello— No es verdad.

—¡Claro que sí!— Exclamó el pequeño—¡Incluso! Tú ya no juegas conmigo.

Mimi hizo una mueca.

—Lo siento, Kiriha, de verdad, pero no es por el embarazo.— Comentó— Y jamás será por él, ya que no importa el bebé que venga, tú siempre serás importante.

—Dudo serlo.— Respondió el pequeño— Mi madre ya no me coloca atención. Solo piensa en su futuro hijo y nada más.

—Entiendo cómo te sientes. Es natural sentirse así cuando hay un cambio importante en la familia —respondió con suavidad— Pero el amor de tu madre por ti no cambiará. Este nuevo bebé solo significa que habrá más amor para compartir.

—¿Tú crees?

Mimi asintió— No te sientas triste, al contrario, debes estar feliz porque tendrás un hermano con quien jugar.

El rostro del pequeño se iluminó ante esto: —¿Para jugar?

La castaña asintió nuevamente— Sí, para jugar.

—¡Genial!— Exclamó Kiriha— ¡Quiero pronto que nazca mi hermano!

Mimi le sonrió con ternura, sabiendo que, aunque las cosas podrían ser difíciles al principio, Kiriha encontraría la manera de superar sus celos y aceptar este nuevo capítulo en la vida de su familia.

Justo en ese momento, Gennai apareció frente a ellos.

—Señorita Mimi.— La llamó.

La castaña alzó la mirada— ¿Sí?

—El sultán Yamato pide tu presencia en la sala del trono.


Mientras tanto, en los aposentos del sultán.

Yamato se encontraba sentado en su escritorio, estaba en bata, gracias al cielo su fiebre no duró más de tres días, ahora se sentía mejor, luego de varias medicinas y buena alimentación ya se sentía con más energía. Observó atentamente el pergamino que Rika le había entregado, al parecer todo el financiamiento estaba bien administrado, Ryo le explico todo con claridad a su hermana, o al menos, eso le dijo la pelirroja cuando le fue a entregar ese informe, y era evidente en todo lo que decía el pergamino.

¡Muy bien! Ahora solo quedaba lo mínimo. En un mes se irían a una campaña de guerra para recuperar las tierras en Egipto.

¡Toc, toc!

La puerta sonó.

—Adelante.— Exclamó.

Fue así como la puerta se abrió y en el lugar apareció Taichi.

—Sultán, Mimi Hatun está afuera.— Informó.

Yamato dirigió su mirada hacia el castaño— Dile que entre.

Fue así como el hermano de Hikari asintió y salió del lugar. Yamato se colocó en pie y a los pocos segundos en el lugar apareció la oji-miel.

—Buenas tardes mi sultán.— Hizo una reverencia.

—Buenas tardes, Mimi Hatun.

Mimi mantuvo su mirada baja— Gennai Aga me dijo que me necesitaba.

—Quería agradecerte por el cuidado el cuidado que tuviste conmigo cuando caí enfermo.—dijo Yamato con sinceridad.

—¿Agradecerme?—Mimi levantó una ceja, sorprendida por el gesto de gratitud.

El rubio asintió.

—Ese día fue difícil y estuviste conmigo.— Comentó.

—No tiene que agradecerme, solo obedecí ordenes.— Contestó Mimi.

—Aun así, quiero agradecerte.— Respondió Yamato— Te pedí que no se lo dijeras a nadie y aceptaste, aun sabiendo que podrías tener problemas con la madre sultana al ocultarme mi enfermedad.

—Debía hacerlo, usted me lo pidió.— Murmuró la oji-miel con modestia— Pero no es necesario que me agradezca, ya que no duró mucho, fue solo ese día, luego usted le dijo a la sultana madre y ella se encargó de cuidarlo.

—Es cierto, pero aún así quiero expresarte mi gratitud —insistió Yamato, con determinación en sus palabras— Tu preocupación y tu dedicación no pasaron desapercibidas para mí, Mimi.—Fue así como de su escritorio alzó un anillo plateado con una piedra de esmeralda en el centro— Por eso, quiero darte esto.

Mimi observó aquella joya sorprendida, Yamato se acercó a la castaña y tomó su mano para alzarla, y así acomodar el anillo.

—Mi sultán, no es necesario.

—Claro que sí, dije que te lo pagaría.

—Sí, pero no es necesario.— Declaró la castaña—Mi sultán, no creo que sea correcto.

—¿Por qué?

—Porque estos gestos y regalos debería recibirlo la sultana Sora.— Respondió— Ella es la madre de Kiriha, su consorte principal y está embarazada.

—Sora ha tenido muchos regalos de mi parte.— Contestó Yamato.

—Sí, pero este también debería ser suyo.— Habló Mimi— Si me ve con esto no sé qué dirá.

El rubio suspiró— Mimi, quiero que lo recibas.— Musitó— No me gusta deberle cosas a la gente, y quiero que tengas este anillo.

—Pe-pero...

—Recibelo.— Declaró Yamato un tanto molesto— Es una orden.

Mimi hizo una mueca y sin decir más, decidió aceptarlo.


Sora caminó en dirección a los aposentos de Yamato, quería darle una sorpresa, ya era tarde, seguramente estaría cansado, así que iría a estar con él para hablar de los planes a futuro de su bebé.

¡Estaba emocionada! Y super feliz, tendría otro príncipe y eso significaba prosperidad para ella.

Ahora Yamato tendría el heredero que necesitaba y le prestaría más atención a ella, ignorando a todas esas mujeres del harem que anhelaban quitarle al sultán.

Iba feliz, evidentemente, sin embargo, esta felicidad se acabó, metros antes de los aposentos del sultán, cuando vio que de aquel lugar salía aquella mujer...esa serpiente...Mimi.

—Buenas noches Taichi Pashá.— Mimi le habló al hermano de Hikari.

—Buenas noches, Mimi Hatun.— Respondió el guarda espalda real.

Fue así como la oji-miel volteo y se dispuso a alejarse del lugar, sin embargo, no habrá caminado mucho cuando ambas se encontraron frente a frente.

Mimi se detuvo en seco al encontrarse con aquella mujer, no fue difícil averiguar que se le aproximaban problemas.

¡Oh no!

—¿Tú?— Musitó la pelirroja al verla.

—Sultana Sora.— Mimi hizo una reverencia.

—¿Qué haces aquí?— Preguntó la madre de Kiriha— ¿Qué haces saliendo de los aposentos del sultán?

Mimi hizo una mueca ante esto, no quería tener problemas.

—El sultán me llamó a llamar.

—¿A llamar?

La castaña asintió.

—¿Para qué?

Mimi se mordió el labio inferior, prefería no contestar, ya que no quería tener problemas.

Fue así como otra vez hizo una reverencia.

—Permiso.—Y sin decir más se alejó del lugar.

—Ey.— Sora exclamó y siguió a la mujer, quien caminaba lejos de ella— Detente.

Mimi simplemente caminó.

—¡Detente esclava!— Gritó la pelirroja.

La castaña no le hizo caso.

Sora apresuró sus pasos y con brusquedad tomó su brazo— ¡Detente! Te lo estoy ordenando.

Mimi volteo hacia ella.

—Mi sultana, por favor, no quiero discutir.

—¿Cómo no vamos a discutir, si no eres capaz de obedecer mis órdenes?— Cuestionó Sora.

—Mi sultana, no quiero responderle, porque diga lo que diga usted no me va a creer.— Respondió la oji-miel.

¡Pues claro que no!

Ella era una mentirosa.

Mimi llevó su mano derecha hacia la mano de la sultana que sostenía su brazo.

—Por favor, suelteme.

Sora bajó su mirada hacia el agarre, y estuvo apunto de soltar a la castaña, no obstante, el destello de un anillo en el dedo de Mimi llamó su atención...¿Ese era el anillo que Yamato estaba haciendo?...¡No, no podía ser aquel anillo!

Un escalofrío de celos recorrió su espalda cuando se dio cuenta de que era una esmeralda, una piedra que Yamato le había regalado a ella en un gesto de amor.

Sus ojos se estrecharon, luchando por contener la ira mientras se acercaba a ellos con paso firme.

—¿Qué es eso, Mimi? —preguntó Sora, su voz apenas contenida— ¿Un anillo?

Mimi miró hacia abajo, notando la mirada acusadora de Sora. Tragó saliva nerviosamente, sintiendo un nudo en el estómago.

—Sul-sultana...

—¿De dónde lo sacaste?

—Sultana, no creo que...

—¡Respóndeme!— Exigió la pelirroja.

—Sultana, este anillo...—respondió Mimi, tratando de mantener la calma— Yamato me lo regaló.

Sora apretó los puños, sintiendo una mezcla de enojo y dolor en su pecho.

—¿Cómo te atreves a usar una esmeralda? Esa es mi piedra especial, el regalo de Yamato para mí —exclamó Sora, con la voz temblando de rabia— ¿Acaso no tienes suficiente con tenerlo a él? ¿Ahora también tienes que robarme mis regalos?

—Sora, por favor, cálmate. El anillo no tiene nada que ver con usted.—intentó explicar con serenidad.

Pero Sora ya estaba demasiado furiosa para escuchar razones. Se dio la vuelta y salió de la sala, dejando a Mimi y Yamato con un ambiente tenso y cargado de emociones.

Mimi se sintió abrumada por la confrontación, sintiendo una profunda tristeza por haber causado dolor a su amiga. Sabía que tendría que hablar con Sora para aclarar las cosas, pero por ahora, solo podía sentir el peso de su culpa y su dolor.

—¿Qué está ocurriendo aquí?— La hermana de Yamato apareció en el pasillo donde ambas mujeres discutían.

Ambas mujeres ante la presencia de Rika bajaron sus cabezas en señal de reverencia.

La pelirroja sultana de sangre pasó su mirada por ellas.

—Y bien...—Musitó— ¿Alguien me dirá que está ocurriendo aquí?

Sora alzó la mirada— Mi sultana, simplemente estábamos conversando.

—¿Conversando?— Cuestionó Rika y lanzó una carcajada— No parecía una conversación, no pacífica al menos, parecía una discusión.

—Disculpe por nuestro comportamiento.— Musitó Mimi— Pero la sultana Sora se enojó conmigo.

Sora al instante fulminó con la mirada a la castaña.

—¿Por qué se enojó contigo?— Preguntó la hermana de Yamato.

—Porque ella me robó.—Respondió la madre de Kiriha.

Rika alzó una ceja sorprendida— ¿Te robó?— Cuestionó— ¿Qué te robó?

—¡Mentira! Yo no le robé.— Contestó la castaña bastante afligida por la situación.

—¡Claro que sí!— Sora rápidamente tomó su mano y la alzó—Tiene este anillo.

La oji-lila pasó su mirada por la mano de la castaña, era un anillo plateado con una esmeralda, que jamás había visto.

—Este anillo era mío.

—¡Mentira!— Mimi rápidamente se soltó del agarré de Sora— El sultán me lo acaba de dar.— Dirigió su mirada hacia Rika— Y por eso, se enojó.

La hermana de Yamato hizo una mueca disgustada ante esto, ya que, si tratase de otra mujer la madre de Kiriha, le hubiese costado creerle a esta esclava castaña su acusación, no obstante, la madre de Kiriha era Sora, y ella conocía a Sora. Demasiado bien.

—Sora ¿eso es verdad?— Rika dirigió su mirada hacia ella.

—No.

—¡Sí!— Exclamó Mimi— Admita la verdad sultana. El sultán me lo dio a mi y por eso se enojó.

Sora se mordió el labio inferior.

—Bu-bueno, no es para menos...—Apretó su puño— Desde que llegaste a este palacio solo te entrometes entre el sultán y yo.

—¡Mentira!

¡Genial!

Pensó Rika rodando los ojos, Yamato no llevaba ni dos meses en el trono y en su harem ya había problemas. Jamás pensó que luego de que la guerra por el trono entre sus hermanos finalizara, tendría que continuar siendo mediadora entre las mujeres del harem.

—Mimi Hatun, vete a tus aposentos.— Ordenó.

¿Qué?

La castaña la observó sorprendida.

—Llévate el anillo, es tuyo.— Finalizó Rika.

Mimi le sorprendió esto, no obstante, hizo una reverencia y obedeció a su orden, yendose del lugar.

Sora frunció el ceño: —¡No! ¿Por qué debe llevarse mi anillo?

—Porque el sultán se lo regalo a ella.— Respondió la oji-lila.

—Él lo estaba haciendo para mí, en una primera instancia.

—Puede ser.— Contestó Rika— Pero ahora es de ella.— Se cruzó de brazos— Y si te soy sincera, creo que es muy fuera de lugar e inmaduro de tu parte que discutas por algo como eso.

Esto aumentó la ira de la madre de Kiriha.

—¡Pero, esa mujer simplemente busca llamar la atención de Yamato!

—¡Eso no importa! El sultán puede hacer lo que quiera, puede tener a la mujer que quiera y puede llenarla de regalos si a él le parece bien, tú no tienes porque enojarte, ya que, desde el primer minuto en que aceptaste ser su concubina conocías las reglas.

Sí, eso era verdad.

—Además, ahora más que nunca debes estar lejos de estos enfrentamientos.— Habló Rika— Estás embarazada, necesitas estar calmada para que tu bebé este bien.

—¿Cómo quieres que esté tranquila?— Preguntó Sora— Si esa mujer me ha quitado todo.

Rika hizo una mueca— Ese anillo no merece esta discusión, es simplemente un anillo, nada más.

—Es más que un anillo mi sultana, Yamato me había dicho que lo hacía para mí, no para ella.— Declaró la madre de Kiriha— Que se lo haya dado significa mucho.

La hermana de Yamato suspiró— Sora, por favor, sé madura, angustiarte por esto es algo sin sentido.—Sentenció con seriedad— Sobre todo ahora que estás embarazada, necesitas encargarte de tu hijo, nada más ¡Te guste o no!

Sora se mordió el labio inferior y llevó una mano a su vientre, Rika tenía razón, sin embargo, eso no quitaba que se sintiera mal con respecto a Mimi, ya que Yamato le prestaba mucha atención y en cierto modo, le daba mucha tristeza, porque era más joven y aunque no quisiera admitirlo era más bella que ella.

—Ahora vete a tus aposentos.— Declaró Rika— Y céntrate en lo que verdaderamente debería importante.—Sentenció para finalizar.

Fue así como Sora, enojada, hizo una reverencia.

—Sí, mi sultana.— Y, obedeció, retirándose a sus aposentos.

Sin embargo, no estaba de ánimo por aquellas palabras de la pelirroja, odiaba esta situación.

Al ingresar a sus aposentos, no dudó en comenzar a tirar las cosas que se encontraban en su mesa de centro al suelo, intentando liberar su ira. Lagrimas brotaron de sus ojos y se dejó caer sobre el sofá.

—Mi sultana.— Miyako apareció en el lugar— ¿Qué le ocurre?— Se acercó a ella—¿Por qué llora?— Le preguntó— ¿Se siente mal?

La pelirroja asintió.

—¿Le ocurre algo al bebé?

Sora negó.

—Entonces ¿qué ocurre?

—Estoy cansada Miyako.— Respondió la sultana— Muy cansada, Yamato cada vez le presta más atención a Mimi.

—Mi sultana, no diga eso, estos días el sultán solo la ha buscado a usted.

—¡Mentira!— Exclamó Sora— Recién vi a Mimi saliendo de sus aposentos y...—Tragó saliva—¡Tenía el anillo que Yamato me estaba confeccionando!

—¿Qué?

—¡Lo que escuchaste!—Respondió la pelirroja— Yamato le dio el anillo de esmeralda que estaba confeccionando para mi.

—¿Estás segura de lo que viste, mi sultana? —preguntó Miyako, intentando calmarla.

Sora asintió con determinación—Absolutamente segura.—Respondió—No puedo creer que Yamato le haya dado el anillo a esa... esa concubina.

Miyako frunció el ceño, preocupada por la situación—Deberíamos abordar esto con calma, mi sultana. No podemos sacar conclusiones precipitadas. Tal vez haya una explicación razonable para lo que viste.

—¡No hay ninguna explicación razonable para esto! —exclamó Sora, frustrada— Mimi está manipulando a Yamato, y él se está dejando.— Musitó— ¡Lo estoy perdiendo!

—No diga eso, mi sultana, no lo está perdiendo.

—Sí, lo estoy perdiendo.— Respondió la pelirroja— ¡Todo por culpa de esa serpiente!

—Mi sultana, por favor, no se enoje, es solo un anillo.

—¿Un anillo?— Preguntó Sora— ¡No es solo un anillo! Era ¡mi! anillo.

—Mi sultana, entiendo que esté enojada, pero debe estar tranquila.—Respondió Miyako— Por su embarazo, recuerde que su hijo percibe todo lo que sucede, necesita estar tranquila por él.

Sora apretó sus dientes.

—¿Por qué nadie me entiende?— Murmuró.

—Mi sultana, si la entiendo.—Respondió la kalfa— Pero necesita descansar.

Miyako se acercó con suavidad a Sora, colocando una mano reconfortante sobre su hombro.

—Mi sultana, entiendo tu frustración y tu dolor, pero comprenda que debe pensar en tu bienestar y en el de tu hijo —dijo con voz calmada—. No puedes permitir que el estrés te consuma.

"Su bebé"

Sora cerró los ojos por un momento, intentando controlar sus emociones.

"Debía pensar en su bebé"

Respiró hondo y luego asintió lentamente.

No quería tener problemas en su embarazo, ya perdió un bebé, no quería perder a este.

—Tienes razón, Miyako —dijo finalmente, con un suspiro— Debo cuidar de mí misma y de mi bebé. No puedo dejar que este incidente afecte nuestra salud.

Miyako le ofreció una sonrisa comprensiva y la condujo suavemente hacia el interior de la habitación.

—Ven, mi sultana. Permíteme prepararte una infusión calmante para que puedas descansar. Mañana será otro día, y juntas encontraremos una solución para este problema.

Sora asintió, agradecida por el apoyo de su leal kalfa. Con paso tranquilo, la siguió hacia el interior, dejando atrás la oscuridad de la noche y las preocupaciones que la habían abrumado.


Mientras tanto, Hikari se encontraba en el balcón de su habitación, mirando hacia el cielo estrellado y dejando que la brisa nocturna acariciara su rostro. El suave murmullo del viento la envolvía, trayendo consigo una sensación de calma y serenidad.

De repente, un sonido melodioso rompió el silencio de la noche. Un violín resonaba en la distancia, llenando el aire con notas dulces y evocadoras. Intrigada, Hikari levantó la mirada y buscó la fuente del hermoso sonido.

Sus ojos se posaron en el balcón de la habitación contigua, donde Takeru estaba de pie, con el violín entre sus manos. Su figura se recortaba contra el cielo oscuro, iluminada por la suave luz de la luna.

Hikari se quedó inmóvil, cautivada por la música que fluía de las hábiles manos de Takeru, al parecer aprendió bien de sus lecciones. Cada nota parecía expresar emociones profundas y sinceras, llegando directamente a su corazón.

Sin decir una palabra, Takeru detuvo su actuación y levantó la mirada hacia Hikari. Sus ojos se encontraron en la penumbra, compartiendo un instante de conexión silenciosa y significativa.

Hikari sintió un cosquilleo en el estómago, y rápidamente bajó la mirada.

Lo mejor sería ingresar a su habitación.


Sora se encontraba profundamente dormida en su cama, envuelta en suaves cobijas. La habitación estaba sumida en la penumbra, solo iluminada por la luz débil de la antorcha cercana. El silencio reinaba en el palacio, interrumpido solo por el suave susurro del viento que se filtraba por las cortinas.

Sí, era una escena pacífica, sin embargo, no duró mucho.

De repente, un dolor agudo sacó de su sueño profundo a la sultana. Sora gimió y se retorció en la cama, sintiendo un fuerte dolor en su entrepierna. Sus ojos se abrieron de golpe, parpadeando con confusión mientras intentaba comprender lo que estaba sucediendo.

El dolor persistía, pulsando con fuerza en su vientre. Sora se llevó una mano temblorosa a la zona afectada, sintiendo cómo el dolor se intensificaba con cada movimiento.

—¡Ay! —exclamó, con la voz entrecortada por el malestar— ¿Qué está pasando?

Alarmada, Sora se sentó en la cama, buscando desesperadamente una explicación para su repentino malestar. El dolor era punzante, como si algo estuviera presionando contra su abdomen con fuerza.

—¡Miyako! —llamó, con voz temblorosa, esperando que su kalfa acudiera en su ayuda— ¡Por favor, ven rápido!

Mientras esperaba la llegada de Miyako, Sora se aferró a las sábanas con fuerza, sintiendo cómo el dolor la invadía por completo. Los minutos parecían eternos mientras aguardaba ayuda, preguntándose qué podría estar causando ese dolor repentino y angustiante en su entrepierna. De repente sintió un líquido caer por ellas, rápidamente corrió sus sábanas para ver de que trataba...

Era sangre

¡Oh no! ¡Su bebé!


Respuesta a comentarios:

mimato bombon kou: ¡Hola! Entiendo que estás preocupado por cómo la situación con Sora podría afectar a Mimi, pero esperemos que todo se resuelva de la mejor manera posible. Es genial que te haya gustado ver a Mimi cuidando de Yamato, demuestra su lado amable y considerado. Esperemos que esa actitud prevalezca a lo largo de la trama. ¡Saludos y gracias por compartir tus pensamientos! Si tienes más preguntas o comentarios, no dudes en compartirlos.

DespinaMoon98: ¡Hola! No, tranqui, Yamato no le ocurrirán las cosas de Ahmet, simplemente fue un agotamiento, pero está bien. Se lo ocultaron a Sora, porque Yamato sabe que si le dice, Sora se preocupará mucho y no quiere asustarla, porque debe cuidar a su hijo y para eso debe estar bien, además si fuera por Yamato nadie lo sabría, ya que es privado en sus cosas, pero tuvo que hacerlo por obligación. Y sobre el embarazo de es algo que si puede ser, ya que Yamato sigue viendola, los jueves, solo dos veces se ha negado por Mimi, no obstante, sigue siendo visitado por Sora de vez en cuando. Y Mimi lleva un poco más de un mes, Sora tiene aproximadamente esa cantidad de tiempo de embarazo. Pero entiendo la confusión jsjsjs Gracias por tu apoyo y tus comentarios, ¡espero que disfrutes del próximo capítulo! Si tienes más preguntas o comentarios, no dudes en compartirlos. ¡Saludos!

Adrit126: Hola, bienvenida a esta historia jsjsjs que bueno que las hayas comenzado a leer y te hayas puesto al día, si te gusta el mimato mis historias son para ti jsjsjs Sí, Taichi merece una buena mujer y te aseguro que la encontrará. Sí, echaron a algunas de las concubinas (las que delataron a Sora) pero las demás estarán ahí (por el bien de la trama para forjar el carácter de Mimi) Sí, Tk es buen niño, pero ya veremos si se mantiene así o no jajaa Espero seguir contando con tu apoyo y que disfrutes de los próximos capítulos. ¡Saludos y gracias por tu comentario!