Na: Gracias por las respuestas de la pregunta del capítulo anterior. En Instagram también me respondieron y las cuentas finales las daré al final del capítulo.
~Al día siguiente~
Las concubinas del harem se encontraban reunidas en una esquina del salón, susurros conspiratorios llenaban el aire mientras intercambiaban rumores y chismes.
—¿Escuchaste?— murmuró una concubina, con una mirada llena de intriga— Dicen que Mimi recibió el pañuelo morado del sultán esta mañana.
Las otras concubinas intercambiaron miradas sorprendidas y emocionadas. El pañuelo morado era un símbolo de gran favor y prestigio entre las mujeres del harem, y recibirlo era un honor que pocas tenían el privilegio de experimentar.
—Sí, es cierto.—confirmó otra concubina— Lo vi con mis propios ojos cuando ella salía de la cámara del sultán. No puedo creer que Mimi haya sido la elegida esta vez.
El murmuro de asentimiento se extendió entre las concubinas, todas ellas comentando sobre la noticia con entusiasmo y envidia.
Sin embargo, en medio de la algarabía, Sora permanecía en silencio, su rostro oscurecido por una expresión de enojo y frustración. El pañuelo morado era algo que había deseado fervientemente, y el hecho de que Mimi lo hubiera recibido en lugar de ella la llenaba de una mezcla de celos y resentimiento.
—Pero ¡que tontería es esa!— Exclamó Sora— ¿De dónde sacaron esa estúpida idea?
—Mi sultana.— Miyako se acercó a ella—Lamento infórmale que fue real ese suceso.— Comentó—Mimi recibió el pañuelo.
—¡Cuando!
—Anoche.— Respondió la kalfa— Es una fiesta privada que el sultán tuvo.
—¡Eso no es posible!— Exclamó Sora— ¿Quién se atrevería a realizarle una fiesta privada sabiendo que yo estoy sufriendo!
—¡Yo!— Una voz se escuchó en el lugar y la pelirroja volteo, en realidad todas voltearon, y se encontraron con la hermana de Yamato.
Rápidamente todas hicieron una reverencia.
Rika caminó hacia Sora— Veo que no estás agradada con el presente que le hice a mi hermano ¿e?
—Mi sultana...—Musitó la madre de Kiriha— Disculpe, pero me tomó por sorpresa.
—¿Por qué? El sultán puede estar con la mujer que quiera.
—S-sí, puede, pero la sultana madre me prometió que no dejaría que alguna concubina se acercase a él mientras yo estuviera de luto.— Respondió Sora— Dio la orden frente a todo el harem.
—Sí, lo hizo, pero eso ya acabó.— Contestó Rika— Tu luto ha sido muy largo.—Sentenció— Por lo tanto, le pedí yo misma autorización para llevarle mujeres a Yamato, y ella me concedió el permiso.
¿Qué?
—Asi que, no reclames, y acepta de una vez por todas que Yamato tiene el derecho de estar con quien quiera.— Declaró Rika— Mientras tú, debes encargarte de Kiriha, tu hijo y nada más.
Las palabras de Rika resonaban en la mente de Sora como un eco ensordecedor. Sabía que tenía razón, pero no podía evitar sentirse traicionada y abandonada por aquellos en quienes confiaba. Se aferró a la imagen de Kiriha en su mente, encontrando consuelo en el amor por su hijo, pero sabiendo que enfrentaba una batalla solitaria contra las fuerzas que conspiraban en su contra.
Con un suspiro resignado, Sora asintió con tristeza. —Entiendo.
Fue así como los días avanzaron, la relación entre Yamato y Mimi fue mejorando, de a poco iban entrando más en confianza, sin embargo, respetando límites, ya que la castaña estaba de a poco acostumbrándose a la idea de estar con el sultán.
Yamato también intentaba brindarle su apoyo a Sora, quien estaba sufriendo por la pérdida de su bebé, no obstante, la pelirroja parecía cada vez estar más enojada con la presencia de Mimi. Al igual que de las demás jóvenes del harem, todas odiaban a la oji-miel por llamar la atención de su majestad.
Takeru continúo cortejando a Hikari en secreto, sin embargo, ella intentaba mantenerse lo más lejos posible del príncipe, Taichi estaba muy al pendiente de esto, y por el momento, lo estaba logrando, aunque, Hikari cada vez sufría, al igual que el joven príncipe.
Mientras tanto en los aposentos de Yamato, Mimi y el sultán se encontraban desayunando.
Bueno, intentaban desayunar, ya que el rubio la invitó a eso, pero en un minuto dado todo cambio de comida a besos.
La habitación estaba envuelta en una penumbra suave, iluminada apenas por la luz de las velas que danzaban en el aire. Mimi y Yamato se encontraban abrazados en el centro de la habitación, entregados a un beso apasionado que encendía el fuego del deseo entre ellos.
Los labios de Yamato se movían con urgencia sobre los de Mimi, buscando cada rincón con ansias voraces mientras sus manos se deslizaban por su espalda, acariciando la suavidad de su piel con una devoción ardiente.
Mimi respondía al beso con la misma pasión, sus manos aferradas al cuerpo de Yamato con fuerza mientras se dejaba llevar por la oleada de sensaciones abrumadoras que la envolvían.
Yamato, embriagado por el deseo, comenzó a descender con sus besos por el cuello de Mimi, su aliento cálido enviando escalofríos de placer por toda su piel. Pero cuando intentó continuar su descenso, Mimi se detuvo de repente, su cuerpo tenso bajo su tacto.
—Yamato... —susurró Mimi, su voz apenas un susurro en la habitación cargada de anticipación— Espera.
Yamato se detuvo de inmediato, su mirada encontrando la de Mimi con preocupación y confusión. —¿Qué sucede? —preguntó, acariciando su mejilla con ternura.
Mimi apartó la mirada, sintiendo la lucha interna que la embargaba. —Es solo... —titubeó, buscando las palabras adecuadas— No estoy lista todavía, Yamato. No quiero apresurarnos.
—Disculpa, no quería apresurarme.— Comentó el rubio.
Sin embargo, era inevitable, su aroma lo embriagaba.
—No se preocupe.
Mimi entendía que Yamato estaba acostumbrado a otro tipo de relación.
—Lamento, tener costumbres distintas.
—No te preocupes, entiendo que quieras darte tu tiempo.— Comentó el rubio.
Para ser sincero, él tampoco quería presionar a la castaña, todos le pedían un hijo, pero no quería presionar a la castaña a darle un hijo pronto.
¡Toc, toc!
La puerta sonó.
—Adelante.— Musitó Yamato.
Fue así como la puerta se abrió y Taichi apareció en el lugar.
—Sultán, ya es hora de que vaya a la reunión del consejo.
El rubio asintió— Sí, Taichi, ya voy.— Musitó antes de dirigir su mirada hacia su concubina— Gracias por tu compañía.
Mimi sonrió y depositó un beso en su mejilla.
—Gracias a ustedes por haberme invitado a desayunar. Todo estuvo delicioso.
Fue así como ella también se colocó en pie, hizo una reverencia, caminó hacia la salida y se retiro.
—Adiós, Taichi Pashá.
—Adiós, señorita Mimi.
Mimi ingresó al harem, en busca de su amiga, Airu, quien seguramente estaría desayunando ahí. Por alguna razón, en particular todas las mujeres del harem se encontraban en el salón principal, sirviendose unos deliciosos pastelillos que los sirvientes servían.
—Mimi.— Airu se acercó a ella— ¿Qué haces aquí? ¿Terminaste de desayunar con el sultán?
Mimi asintió—¿Qué está ocurriendo aquí?— Preguntó— ¿Por qué sirven dulces?
—No lo sé.— Respondió la rubia.
Las concubinas murmuraban entre sí, al parecer hoy ocurría un suceso importante.
—¡Atención!— El grito de Gennai Aga se escuchó en el lugar— ¡La sultana Sora, está aquí!
Todos los presentes se colocaron en posición e hicieron una reverencia, la pelirroja sultana ingresó al lugar.
La sultana Sora entró con una gracia majestuosa, su presencia llenaba la sala con una aura de autoridad y elegancia. Sus largos cabellos rojos caían en cascada sobre sus hombros, enmarcando un rostro de rasgos delicados pero con una mirada penetrante que denotaba su inteligencia y determinación.
Sora caminó con paso firme hacia el centro del salón, donde Gennai Aga y algunas de las concubinas más destacadas la esperaban con reverencia. Con un gesto elegante, indicó a todos que se levantaran y se acercaran.
Sora pasó su mirada por las mujeres e hizo una mueca, al ver a Mimi, sin embargo, su presencia no arruinaría ese día, daría la información.
—Gennai Aga, veo que todas están felices con los dulces que mande a repartir.
El aga asintió— Sí, sultana, todas recibieron aquellos dulces. Muchas gracias por el gesto.
—No me agradezcas.— Respondió Sora antes de dirigirse a las concubinas— Como algunas saben, hoy es un día especial para mí, y es la razón por la cual repartí estos dulces.— Anunció— Quiero que todas sepan que, hoy es mi octavo aniversario.
¿Qué?
¿Octavo aniversario? ¿De qué?
—Hoy se cumplen diez años desde que me uní al harem del sultán Yamato.— Comentó la pelirroja resolviendo las dudas de la mente de Mimi— Y, como todos los años, quiero celebrar este día. Con permiso de la sultana madre, claro.—Agregó—Y, como todos los años, realizaré una fiesta.— Con una sonrisa radiante en el rostro, anunció con entusiasmo su próxima fiesta de cumpleaños.
Todas intercambiaron miradas, algunas emocionadas, otras un tanto disgustadas y otras sorprendidas por esto.
—Será una fiesta en grande.— Habló Sora— Y, todas están invitadas...
Las mujeres del harem murmuraron entre sí con emoción ante la noticia, anticipando con ansias la oportunidad de celebrar junto a su sultana.
—Todas, menos una persona.— Comentó la pelirroja.
¿Qué?
Por alguna razón, Mimi sintió que ese alguien sería ella.
Sora pasó su mirada por las concubinas del harem, cuando se encontró con la castaña favorita de Yamato, se acercó a ella— Tú, Mimi Hatun, no estás invitada a esta fiesta.
Mimi hizo una mueca:
—¿Por qué?
—Porque quiero dejar en claro que esta celebración está reservada para aquellas que realmente merecen estar aquí. Aquellas que han demostrado su lealtad y devoción hacia mí.—Declaró— Y es evidente que tú no lo eres.
El corazón de Mimi se hundió antes las palabras de Sora, quien nuevamente la estaba humillando frente a todas. Era evidente que no estaba incluida en la lista de invitadas, a pesar de sus esfuerzos por ser parte del harén y ganarse el favor de la sultana.
—Así que, no hagas ni tal de aparecerte, osino tendrás problemas.— Advirtió la pelirroja.
Con el semblante sereno pero el corazón pesado, Mimi se resignó a aceptar la decisión de Sora. Sabía que no había nada que pudiera hacer para cambiar su destino en ese momento, y prefirió retirarse en silencio antes que enfrentarse a la humillación pública.
A medida que las demás concubinas del harem celebraban emocionadas la noticia de la fiesta de cumpleaños, Mimi hizo una reverencia— Permiso.— Sin esperar, se alejó en silencio, sintiendo el peso de la exclusión y la soledad en su corazón. Sabía que tendría que encontrar su propio camino en el palacio, lejos de las luces y las risas de la celebración que se avecinaba.
—¡Que mujer más insoportable!— Exclamó Mimi mientras se dejaba caer sobre el sofá de su habitación— Nuevamente me humilla frente a todas, haciéndome menos, no invitándome a su celebración.
—Sora es así.— Comentó Yoshino— Siempre ha tratado muy mal a aquellas personas que significan una amenaza para ella.
Mimi apretó su puño: —Yo jamás quise serlo.— Declaró— Pero ella decidió que lo fuera.
—Lo sé, pero a estas alturas ya nada se puede hacer.— Habló la kalfa— Te recomiendo que, la ignores.
—Es difícil ignorarla, cuando ella se encarga de hacer notar su desagrado hacia mi.— Contestó Mimi.
—Bueno, Mimi, sé que ahora es difícil la situación, pero debes estar tranquila.— Yoshino tomó asiento a su lado— Yamato y tú de a poco van formalizando una relación, y creo que llegó el momento en que pienses en tu bienestar, sin importar lo que las demás digan, si puedes darle un hijo al sultán ¡Hazlo! solo así igualarás a Sora en poder.
¿Tener un hijo?
Mimi analizó estas palabras, jamás pensó en eso, o bueno, sí, cuando estaba con Michael, pensaba en casarse y luego tener hijos, pero ahora era un situación difícil.
—No quiero tener un hijo todavía, Yamato y yo aun no damos el paso a tener una relación más profunda.—Declaró Mimi—Además, me aterra pensar en que, mi hijo sería el rival de Kiriha.
Yoshino escuchó atentamente las palabras de Mimi, sintiendo compasión por la difícil situación en la que se encontraba su amiga. Sin embargo, su determinación era clara.
—Mimi, entiendo tus preocupaciones, pero debes considerar todas las posibilidades. —respondió Yoshino con voz suave pero firme— Tener un hijo no solo sería una muestra de tu poder e igualdad con Sora, sino también una garantía de tu seguridad y estabilidad aquí en el harén.
Mimi frunció el ceño, sintiendo el peso de la responsabilidad y las expectativas que recaían sobre ella. —Pero ¿qué pasa con mi relación con Yamato? No puedo simplemente apresurarme a tener un hijo solo para satisfacer las demandas del harem.
Yoshino colocó una mano tranquilizadora sobre el hombro de Mimi. —Entiendo tus preocupaciones, pero piensa en el futuro. Si bien tu relación con Yamato es importante, también debes considerar tu posición aquí, y las oportunidades que se te presentan. Natsuko tiene muchas preferencias en Sora por ser madre de un príncipe, tu podrías tener las mismas preferencias si le das un nieto.
Mimi suspiró, sintiéndose abrumada por la presión de las circunstancias. —No sé qué hacer, Yoshino. Todo esto es demasiado para mí.
Yoshino la miró con compasión, pero también con determinación. —Mimi, sé que esta situación es difícil, pero debes recordar que tienes el poder de tomar decisiones por ti misma. Sobre todo ahora que tienes a Yamato comiendo de tu mano.
Mimi reflexionó sobre las palabras de Yoshino, sintiendose confundida, jamás pensó que estaría en esa situación.
Mimi ingresó nuevamente al harem en dirección al salón donde tendría, finalmente ¡su última clase de escritura! Sí, hoy terminaba con todo aquello. Había dedicado tanto tiempo y esfuerzo a mejorar sus habilidades que ahora se sentía lista para enfrentar cualquier desafío que se le presentara.
Mientras avanzaba por el harem, se encontró con Kiriha, el hijo de Sora, jugando despreocupadamente con un pequeño juguete encima de un sofá elegante.
Observó a su alrededor, no había nadie más que unos agas cuidando de su bienestar.
—Mi príncipe.— Lo llamó, para saludarlo.
Sí, Sora no le permitía acercarse, pero quería hacerlo, ella le tenía un cariño especial a ese niño, quien fue el primero en brindarle amor en ese palacio.
El niño levantó la mirada al escuchar los pasos de Mimi y le dedicó una sonrisa inocente.
—Mimi.
—Hola...—La castaña musitó animada y se acercó— ¿Cómo estás?
Kiriha hizo una mueca y bajó la mirada, sin responder.
—¿Kiriha?
El rubio no alzó la mirada, sin embargo, mencionó estas palabras: —¡Vete de aquí, fuera!
—¿Qué?
—¡Ya escuchaste!— Gritó el rubio— ¡Vete!
—¿Por qué?— Preguntó la castaña sorprendida.
—Porque no puedo hablar contigo.— Respondió Kiriha—Mi madre no me deja.
¿Qué?
—No soy mala, o dime ¿si fuera mala jugaría contigo?
Kiriha analizó esto, sin embargo, su rostro no cambio— Juegas conmigo, pero eres mala.—Declaró— Por tu culpa, mi madre perdió a mi hermanito.
¿Qué?
Mimi observó sorprendida al rubio.
—¿Mi culpa?
Kiriha asintió— Ya que tú siempre buscas hacerla enojar.
La castaña se mordió el labio inferior ante esto, completamente incrédula de las palabras del rubio.
—Querido eso no es verdad.
Mimi miró a Kiriha con una expresión de comprensión y ternura en sus ojos.
—Kiriha, entiendo que puedas sentir eso, pero déjame asegurarte que no es verdad. Nunca he tenido la intención de hacerle daño a tu mamá ni a tu hermano. Todo lo que hago es tratar de ser yo misma y vivir mi vida de la mejor manera posible.
Kiriha frunció el ceño y cruzó los brazos sobre su pecho.
—Pero cada vez que tú y ella pelean, todos lo saben, por eso, ella está triste y enojada.—Habló Kiriha— Y por culpa de una de esas peleas, mi hermano murió.
Mimi suspiró y se acercó a Kiriha, colocando una mano en su hombro.
—Kiriha, lamento mucho que tu hermano se haya ido, pero no puedo aceptar la culpa por eso. La vida es complicada y a veces las cosas suceden sin que podamos controlarlas. Pero quiero que sepas que siempre estoy aquí para ti y para tu mamá, y que haré todo lo posible para que estemos bien juntos.
Kiriha la miró durante un momento, antes de soltar un suspiro y asentir lentamente.
—Por favor, créeme, yo te quiero mucho.—Musitó Mimi.
El rubio alzó la mirada, y fue notorio para la castaña la controversia en su mirada, estaba triste, pero quería creerle.
Verdaderamente odiaba a Sora ¡Claro! Kiriha era un niño, influenciable, no le debía sorprender esto. Pero eso no quitaba en dolor.
Justo en ese momento, Sora entró en la habitación, y al ver a su hijo con Mimi se alarmó, fue así como se acercó rápidamente a Mimi y la agarró del brazo con fuerza.
—¡Mimi! ¿Qué te dije de estar cerca de mi hijo?— Preguntó la pelirroja.
—Mi sultana, no estaba haciendo nada malo.—Respondió Mimi evidentemente de mal humor.
—¡No importa lo que estés haciendo! ¡Aléjate de mi hijo!— Gritó Sora— ¡No quiero que lo arrastres a tus problemas y lo llenes de tus mentiras!
Mimi se quedó atónita por un momento, sin poder creer lo que estaba sucediendo. Trató de soltarse del agarre de Sora, pero él apretó aún más fuerte.
—Sultana Sora, por favor, suéltame. No estoy haciendo nada malo. Solo estoy tratando de ser buena con Kiriha.
—¡Deja de mentir!— Sora la empujó bruscamente, haciendo que Mimi retrocediera unos pasos—¡No quiero escucharte! ¡Ya has causado suficiente daño en mi familia! ¡Fuera de aquí!
Kiriha miraba la escena con los ojos llenos de confusión y tristeza, sin saber qué hacer. La tensión en la habitación era palpable mientras Sora y Mimi se enfrentaban en un conflicto cada vez más intenso.
—Sultana Sora ¡Yo no quiero hacerle daño!— Declaró con firmeza.
—¡Me da lo mismo lo que digas!— Sora grito enfadada antes de acercarse a ella y sin piedad empujarla.
Mimi lanzó un grito ante esto, ya que perdió el equilibrio y cayó al suelo.
Otra caída más
Yoshino al ver esto, rápidamente se acercó a ella para ayudar a levantarla.
—Mi sultana, no haga esto.—Musitó mientras ayudaba a Mimi a levantarse.
—Tengo que hacerlo.— Respondió Sora observando a Mimi con desprecio—¡Es una prostituta que simplemente se aprovecha de sus privilegios!
Mimi frunció el ceño, ella no era una prostituta, y no se aprovechaba de sus privilegios. Sin embargo, todas estas cosas que hacía Sora en su contra alimentaban su ira.
—Demás queda decir que, si vas con estos chismes al Yamato, haré tu vida más insoportable.— Comentó Sora antes de tomar la mano de su hijo— Vamos, Kiriha.
Fue así como ambos se fueron del lugar dejando a Mimi completamente airada.
¡Ya no daba más!
Vivía muchas humillaciones por parte de esa mujer y las demás, necesitaba vengarse de ellas.
Mimi caminó en dirección a sus aposentos completamente enojada por la situación vivida, odiaba ser menospreciada por Sora, y ahora en verdad le dolía que pusiera a Kiriha con ella.
Jamás pensó que su inmadurez llegara a tal nivel de influenciar a un pequeño a actuar de esa manera.
—Al parecer, la favorita del sultán, no está pasando un buen momento.— Musitó cierta voz.
Mimi al voltear se encontró con una de las concubinas de Yamato, Mizuki. Apretó el puño, ella fue una de las que le quemo el rostro.
—Dejame Mizuki.
La pelirroja simplemente sonrió y se acercó a ella— Dime ¿qué se siente ser odiada por todo el harem?
Mimi apretó los dientes.
Mimi apretó los dientes con furia contenida mientras enfrentaba a Mizuki, sintiendo la tensión palpable en el aire entre ellas. La mera presencia de Mizuki le recordaba el dolor y la traición que había experimentado en el pasado.
—No tengo tiempo para tus juegos, Mizuki —respondió Mimi con voz tensa, tratando de contener su ira—. Déjame en paz.
Mizuki dejó escapar una risa burlona, ignorando la clara incomodidad de Mimi. Se acercó aún más, su rostro lleno de malicia mientras observaba a Mimi con desdén.
—Oh, pero querida Mimi, es tan divertido ver cómo te retuerces bajo la presión —dijo Mizuki con una sonrisa siniestra—. Después de todo, ¿quién podría culparte por estar tan molesta? Parece que Sora te tiene en la mira, y ahora incluso tu relación con el pequeño Kiriha está siendo afectada. ¿No es irónico?
Las palabras de Mizuki hicieron que la ira de Mimi se intensificara, pero se obligó a mantener la compostura. No iba a permitir que Mizuki la provocara más de lo necesario.
—Tus palabras no me afectan, Mizuki. Eres solo una concubina más, igual que yo —declaró Mimi con determinación, tratando de ignorar el dolor que las palabras de Mizuki le causaban.
Mizuki se encogió de hombros con indiferencia, pero su mirada seguía brillando con malicia. —Oh, Mimi, siempre tan segura de ti misma. Pero todos sabemos la verdad, ¿no es así? Eres solo una pobre chica que sueña con ser algo más, pero que nunca logrará alcanzar las alturas que Sora ha alcanzado.— Comentó.
Mimi frunció el ceño.
—Te crees importante solo porque Yamato te da privilegios, pero estoy segura que eso no durará mucho.— Rió—Después de todo, estoy segura qué el sultán pronto se aburrirá de ti.— Comentó la pelirroja—Y te tirará a la calle, como basura.
Mimi apretó su puño ante esto, odiaba todas las burlas que recibía tanto de la sultana Sora como de las concubinas.
Fue así como volteo rápidamente a esa concubina y sin piedad, la lanzó contra la pared y la tomó por el cuello.
—Pe-pero ¿qué haces?— Preguntó Mizuki sorprendida de este movimiento, no se hubiese imaginado que aquella chica tuviese una fuerza de ese estilo guardada, fuerza con la cual la sujetaba del cuello.
—Desquitarme un poco.—Comentó la castaña— Acaso ¿crees que disfruto todas las burlas que hacen?— Preguntó— ¡Pues no!— Le gritó.
Mizuki intentó soltarse del agarre de Mimi, pero fue imposible, ya que la presionaba fuertemente del cuello.
—Dime ¿qué pensaría en sultán si le dijera que tú fuiste una de las mujeres que quemó mi rostro?— Musitó Mimi.
¿Qué?
Mizuki se sorprendió ante esto.
—Decidí callar, porque no quería que sufrieran un castigo cruel por mi culpa.— Comentó la castaña— ¡Que ingenua fui! Pensé que dándoles una oportunidad me dejarían de molestar ¡pero mira! solo continuas.
La pelirroja hizo una mueca.
—N-no, por favor.— Intentó hablar— No le digas al sultán.
Mimi sonrió— ¿Por qué no debería hacerlo?— Cuestionó— Un castigo es lo que te mereces.
Mizuki se sintió atrapada en un torbellino de emociones. La confesión de Mimi la golpeó con una intensidad inesperada, y el miedo a las consecuencias la paralizó. Trató desesperadamente de encontrar las palabras adecuadas para convencer a Mimi de que guardara silencio, pero su mente estaba nublada por el pánico.
—Lo siento, pero no te molesto porque quiera.— Declaró mientras intentaba soltarse del agarre— Es simplemente que estoy siguiendo ordenes.
—¿Ordenes?— Preguntó la castaña soltando levemente su agarre del cuello.
Mizuki asintió.
—¿De quién?
La pelirroja guardó silencio.
—¡Dime!— Mimi alzó la voz clavando nuevamente sus uñas con fuerza en el cuello de la concubina.
Mizuki apretó los dientes alarmada de esto: —De-de...—Tragó saliva— De la sultana Sora.
¿Qué?
—Ellas nos ordenó que debíamos molestarte.
La revelación dejó a Mimi atónita. La idea de que la propia sultana estuviera detrás de todo aquello era difícil de asimilar. Se apartó ligeramente de Mizuki, aún sin soltarla por completo, y frunció el ceño con incredulidad.
Una idea acerca del fuego en su rostro pasó su cabeza.
—Dime ¿ella fue la responsable de lo que me hicieron en el rostro?— Preguntó Mimi.
Mizuki decidió callar ante esta pregunta.
—¡Mizuki!— La castaña alzó la voz.
—Mimi, no creo que sea necesario que te afirme aquello.—Declaró la pelirroja— A buen entendedor, pocas palabras.
Mimi sintió un nudo en el estómago mientras las piezas del rompecabezas parecían encajar en su mente. La revelación de que la sultana Sora estaba detrás de las acciones de Mizuki, combinada con la negativa de esta última a confirmar su sospecha sobre el origen de las cicatrices en su rostro, generó un torbellino de emociones dentro de ella.
—No puedo creerlo, fue la sultana Sora la culpable de las burlas de las concubinas del harem.— Habló Mimi— Y envió a esas mujeres a quemar mi rostro.
La rubia hizo una mueca.
—Yoshino digo que no le daba buena espina esa mujer.— Comentó Airu— Sospechó que ella pudo ser la autora de ese atentado.
La castaña se mordió el labio inferior, ella jamás quiso creerlo, porque no pensó que una mujer pudiera llegar a ese extremo.
—Jamás hubiese esperado que una persona, de carne y hueso, llegara a esa instancia.— Habló la castaña—¿Qué clase de mujer, es?
—Es una mujer celosa, desesperada de que le quites a su sultán.—Habló la rubia.
—Yo nunca quise quitarle a Yamato.— Declaró la castaña— Al contrario, siempre intente mantenerme lejos, pero creo que no sirvió. Ahora, esa mujer me odia.
—No es para menos, Yamato está interesado en ti.— Musitó la oji-rosa— Y, tú aceptaste tus sentimientos por él ¿no?
Mimi asintió.
—Estos días con Yamato han sido buenos.
—Debes aprovechar eso y defenderte, como dijo Yoshino.— Habló Airu—Demuéstrale a todas estas mujeres que eres mejor que ellas.
La sultana Sora le había declarado la guerra, de manera definitiva. Y, ella no estaba dispuesta a dejarse vencer. Era momento de aceptar su realidad y comenzar a preocuparse por ella, necesitaba protección, y demostrarle a las demás que podía ser mucho mejor que ellas.
Se convertiría en sultana, sí, en sultana. Y, con eso, se protegería así misma y jamás se dejaría humillar otra vez, mucho menos por Sora, quien simplemente le estaba haciendo la vida imposible.
Mimi se observó en el reflejo de aquel metal, quizás era joven, pero se encargaría de demostrar que era capaz de todo.
Empezando por esta noche
—¡Airu!— Llamó a su amiga.
—¿Sí?
—Ayuda a prepararme.— Comentó Mimi— Necesito estar deslumbrante para esta noche.
—¿Esta noche?
La castaña asintió.
—Pero no está invitada a la fiesta.— Musitó Airu.
—No lo estoy...—Declaró la castaña— Pero le daré una fiesta en privado a su majestad. Dile, a Yoshino que venga, necesito su ayuda.
Fue así como cuando Mimi estuvo lita y Yoshino llegó a su habitación. Ambas se dispusieron a ir hacia el apartamento de su majestad, al llegar ahí se encontraron con los agas armados y Taichi Pashá, quien como siempre cuidaba de la puerta.
—Taichi Pashá.— Yoshino habló.
—¿Sí?— Preguntó el castaño.
—Gennai me pidió que trajera a la favorita del sultán a su habitación.
Taichi alzó una ceja— ¡Que extraño! El sultán no me informó de esto.
—N-no...—Tartamudeo levemente la kalfa— Porque es un regalo de la sultana Rika.
El castaño observó sorprendido a Yoshino y luego a la favorita del sultán, Mimi Hatun.
El pashá pasó su mirada por la joven que llevaba una especie de bata larga, color blanco sobre sus hombros, y un velo de seda transparente cubría parcialmente su rostro, agregando un elemento de misterio.
El velo en el rostro de Mimi llamó la atención del castaño, quien recordó haber visto ese velo en el rostro de unas concubinas que le bailaron al sultán Hiroaki hace mucho tiempo atrás.
Taichi observó confundido— El sultán se está preparando para ir a la fiesta.
—Sí, lo sé.— Respondió Yoshino— Pero ¡Es muy importante!— Exclamó— Por favor, dile que su favorita desea verlo.
El castaño observó intrigado a la kalfa.
¿Qué estaba planeando?
Finalmente, Yoshino optó por sacar su última carta.
—La favorita del sultán no fue invitada a la fiesta de la sultana Sora.— Comentó la kalfa— ¿Lo sabes?
—No, no lo sabía.— Respondió Taichi.
—Creo que es sumamente imprudente de la sultana invitar a todo el harem, menos a la favorita del sultán.
El castaño hizo una mueca: —Lo siento, pero no puedo molestar al sultán con algo tan básico como eso.— Declaró— Los problemas del harem son temas de la sultana madre.
—S-sí, pero ella no nos quiere escuchar.
—Lo lamento, pero el sultán no tiene tiempo para ese tipo de cosas.— Declaró Taichi.
—¡Es su concubina favorita!
—Lo siento...—Habló el hermano de Hikari— Pero...
—¡Taichi que eres insoportable!— Yoshino lo interrumpió, para luego jalar al castaño de la oreja, sin piedad y lo arrastró hacia ella— ¡Cada vez más parecido a tu primo Marcus!
—¡Ey! ¿Qué te ocurre?— Preguntó el hermano de Hikari.
—¡Escúchame!— Yoshino se acercó a su oído y susurró unas palabras.
Mimi observó esto sin entender las palabras que le decía la pelirosa al castaño, ya que aparte de hablar despacio, tapó con su mano sus labios.
Finalmente, Yoshino al terminar de hablar se alejó de Taichi.
—¿Entendiste?
El castaño se quedó en silencio mientras analizaba todas las palabras de la kalfa, llevó una mano a su mentón pensativo.
Mimi lo observó sin entender lo que pasaba. Taichi volteo hacia ella, la observó en silencio y finalmente, suspiró.
—Está bien.— Musitó el castaño— Le diré al sultán que le tienen un regalo.
Yoshino sonrió victoriosa.
Fue así como Taichi ingresó a los aposentos del sultán.
Yamato abrochó su bata dorada, generalmente sirvientas le ayudaban a acomodar su ropa, pero esta vez prefirió hacerlo por su cuenta.
¡Toc, toc!
La puerta sonó.
—Adelante.
Taichi ingresó a su habitación e hizo una reverencia— Sultán Yamato.
—¿Sí?
—Siento molestarlo.— Comentó el castaño— Pero su favorita, Mimi Hatun, desea verlo.
—¿Mimi?— Preguntó Yamato.
Taichi asintió.
—¿Por qué quiere verme?— Cuestionó el oji-azul— ¿Ocurrió algo?
El castaño negó— No.— Respondió—Mimi Hatun dice que tiene un presente para usted.
—¿Un presente para mí?— Cuestionó el rubio— ¿Ahora?
El castaño asintió— Sé que se está preparando para ir al festejo de la sultana Sora, pero creo que debería darle la oportunidad de ver el presente que le tiene.
Yamato observó sorprendido a su guarda espalda, era extraño que abogase por una concubina.
—Está bien.— Respondió— Déjala entrar.
Fue así, como Taichi salió de su habitación, Yamato tomó asiento en el sofá junto a su cama. A los pocos segundos, en el lugar aparecieron, Mimi y Yoshino Kalfa.
El rubio se sorprendió al ver que su favorita llevaba una bata y un velo en su rostro.
—Mimi.
—Mi sultán.— La castaña y su kalfa hicieron una reverencia.
—¿Qué haces aquí, Mimi?
La joven se acercó al rubio— Siento molestarlo, pero necesito darle un regalo.
—¿Regalo?
La oji-miel asintió— Quiero que sepa que estos días que hemos estado juntos han sido muy importantes para mí.
—¿Qué tienes para mí, Mimi?
Mimi dirigió su mirada hacia su kalfa de compañía.
—Mi sultán, esto será un espectáculo para usted.— Musitó Yoshino antes de tomar asiento y colocar sus manos en su dombra —espero que acepte esta muestra de la señorita Mimi
Yamato observó sin entender la escena.
Mimi respiró profundo, llevó sus manos a su bata blanca y la dejó caer, dejando ver su atuendo.
Yamato quedó impresionado al ver la vestimenta de Mimi, quien llevaba un traje de danza arábe compeusto:
Un sostén elaborado con tela transparente de color plateado, decorado con intrincados bordados de hilo plateado y cuentas brillantes que capturaban la luz de manera cautivadora. Las copas del sostén estaban adornadas con monedas doradas que tintineaban suavemente con cada movimiento, agregando un toque musical a su danza.
La falda, también de color plata, estaba confeccionada con varias capas de tela ligera y transparente que se superponían para crear un efecto etéreo y fluido. Cada capa estaba decorada con bordados delicados y ribetes de encaje que añadían un toque de sofisticación a su atuendo.
Para complementar su conjunto, Mimi llevaba un cinturón de danza adornado con más monedas doradas y pequeños espejos que reflejaban la luz, creando destellos brillantes al moverse. Sus brazos estaban envueltos en brazaletes de oro y plata, con cadenas delicadas que se balanceaban con gracia a cada movimiento de sus brazos.
Para terminar su look, Mimi llevaba un velo de seda transparente que cubría parcialmente su rostro, agregando un elemento de misterio y seducción a su actuación. Sus cabellos claros estaban sueltos.
Yoshino sin decir más comenzó a tocar su instrumento.
Mimi comenzó a bailar.
Mimi se movía con gracia y elegancia, siguiendo el ritmo hipnótico de la música que emanaba del instrumento de Yoshino. Cada movimiento estaba cuidadosamente coreografiado, cada gesto estaba lleno de pasión y emotividad.
Con el velo de seda transparente que cubría parcialmente su rostro, Mimi emanaba un aura de misterio y seducción que cautivaba a todos los presentes. Su cabello claro, suelto y brillante, se mecía con cada giro y movimiento, añadiendo un toque de sensualidad a su actuación.
Sus manos se movían con gracia y precisión, trazando patrones en el aire mientras sus caderas ondulaban al compás de la música. Cada movimiento fluía sin esfuerzo, como si estuviera poseída por el ritmo mismo de la melodía.
Los ojos de Mimi brillaban con intensidad mientras se entregaba por completo al arte del baile. Su expresión facial reflejaba una mezcla de pasión y determinación, como si estuviera contando una historia a través de sus movimientos.
Con cada giro y cada paso, Mimi parecía transportarse a otro mundo, perdiéndose en la música y en la magia del momento. Su danza era una expresión de su alma, una manifestación de sus emociones más profundas y su deseo de liberarse y ser libre.
Yamato observaba con asombro y admiración, cautivados por la belleza y la gracia de Mimi mientras se movía con una habilidad impresionante. Su baile era una obra maestra de la expresión artística, un testimonio de su talento y su pasión por el arte del movimiento. Y en ese momento, Mimi era más que una simple concubina; era una diosa de la danza, encarnando la belleza y el poder del arte en su forma más pura y sublime.
Yamato observó atentamente el cuerpo de aquella joven, sus caderas se movían a la perfección, sus brazos, sus manos, provocando que se viera seductora con todo ese atuendo.
Mimi se acercó al sultán y sacó su pañuelo morado, sumamente lo pasó por su rostro, dio un giro y se dejó caer sobre las piernas del sultán, quedando sus rostros a milímetros, Yamato la sostuvo suavemente por la cintura.
—Mi sultán.— Depositó el pañuelo en su mano— Espero que pueda cumplir mi deseo.—Susurró cerca de sus labios.
—¿Cuál deseo?
Mimi se acercó a su oído y con tono seductor respondió: —Ser suya.
El susurro de Mimi envolvió a Yamato en un torbellino de emociones. Su corazón latía con fuerza, sintiendo la intensidad del deseo que emanaba de la joven concubina. Por un instante, el mundo entero pareció detenerse mientras la atmósfera se cargaba de anticipación y anhelo.
Yamato la miró a los ojos, perdido en el abismo de su mirada cautivadora. Podía sentir la urgencia en las palabras de Mimi, la pasión que ardía dentro de ella y que ahora amenazaba con consumirlos a ambos.
—Mimi... —murmuró Yamato, su voz apenas un susurro, llena de emoción contenida y deseo reprimido.
La joven concubina se acercó aún más, sus labios rozando apenas los de Yamato en un gesto tentador y provocador. —Quiero ser suya, mi sultán. Quiero entregarme a usted por completo, cuerpo y alma.
El corazón de Yamato latía con fuerza, sus pensamientos se arremolinaban en un torbellino de emociones encontradas. Por un lado, sentía una atracción irrefrenable hacia Mimi, un deseo que quemaba en lo más profundo de su ser. Pero por otro lado, sabía que sus responsabilidades como sultán y las expectativas de su posición complicaban cualquier relación personal.
—Mi-mimi, debo ir a la celebración de...
—Acaso ¿esto no es lo que ha deseado?— Preguntó Mimi con "inocencia"
¡Atención! Aquí ya empiezan las escenas +18 Iba a preguntar en el capítulo anterior si quieren este contenido explícito o implícito y se me olvidó.
Yamato observó a la castaña, su mirada notaba el deseo que sentía, el fuego ardiente de la pasión. Sabía que debía irse, pero en ese momento, todas esas preocupaciones parecían desvanecerse ante la intensidad del deseo que compartían. Mimi representaba un mundo de posibilidades, una promesa de pasión y entrega que Yamato no podía ignorar.
Con un gesto decidido, Yamato tomó el rostro de Mimi entre sus manos y la atrajo hacia él, sellando sus labios en un beso ardiente y apasionado. En ese instante, el mundo entero desapareció a su alrededor, dejando solo a dos almas ardientes fundiéndose en un abrazo de deseo y anhelo.
Yoshino supo que era momento de retirarse, rápidamente caminó hacia la puerta, hizo una reverencia y salió, sin decir palabra.
Mimi llevó sus manos hacia la bata de Yamato y suavemente la comenzó a desabrochar.
—¿Estás segura de esto?
La castaña asintió.
Con movimientos firmes pero gentiles, Yamato levantó a Mimi en sus brazos y la depositó con suavidad sobre la cama, donde la luz tenue de la habitación resaltaba su belleza deslumbrante. Mimi se dejó llevar por la sensación de estar en los fuertes brazos de Yamato, su corazón latiendo con fuerza en anticipación de lo que vendría a continuación.
Los labios de Yamato encontraron el cuello de Mimi en un beso suave y ardiente, enviando escalofríos de placer por toda su piel. Mimi cerró los ojos, entregándose completamente a las sensaciones abrumadoras que le provocaban los besos de Yamato. Cada roce de sus labios era como una descarga eléctrica que la dejaba anhelando más.
El aliento de Mimi se volvió más agitado mientras Yamato descendía con sus besos por su cuello, acercándose cada vez más a su escote. El roce de sus labios contra la piel sensible de Mimi enviaba ondas de placer a través de su cuerpo, haciéndola gemir suavemente en respuesta.
Yamato continuó su descenso, explorando cada centímetro del escote de Mimi con devoción y pasión desenfrenada. Sus labios dejaban una estela de calor y deseo a su paso, mientras Mimi se retorcía bajo su tacto, rendida al placer abrumador que le brindaba.
—Eres exquisita.— Le susurró el sultán.
Sus piernas se entrelazaron, y Mimi sintió que su parte baja se humedecía, esto llamó su atención.
Yamato deslizó con habilidad sus dedos por el cierre del sujetador de Mimi, liberándola de su sujeción y dejándolo caer con suavidad al suelo. Un suspiro escapó de los labios de Mimi mientras la tela se deslizaba por su piel, revelando su pecho con una delicadeza tentadora.
Los ojos de Yamato se iluminaron con deseo al contemplar la belleza desnuda de Mimi, su mirada recorriendo cada centímetro de su piel con admiración y pasión. Sus manos se movieron con delicadeza, acariciando los contornos suaves de sus pechos con reverencia y deseo.
Mimi se estremeció ante el roce íntimo de las manos de Yamato, sintiendo una oleada de placer recorrer su cuerpo mientras él exploraba cada rincón de su ser con devoción. Sus pezones se endurecieron bajo su tacto, respondiendo al estímulo con una sensibilidad eléctrica que la dejaba sin aliento.
Con manos temblorosas de anticipación, Mimi alcanzó los hombros de Yamato y comenzó a deslizar lentamente su camisa por encima de su cabeza, revelando el torso musculoso del sultán a la luz tenue de la habitación. Los ojos de Mimi brillaban con deseo mientras admiraba la perfección de su cuerpo, sintiendo una urgencia ardiente por tenerlo aún más cerca.
Yamato suavemente bajó sus manos por la cintura de la castaña. Así fue como en cosa de segundos toda la ropa salió fuera, las joyas, ambos jugaban en las sábanas tirando lejos las almohadas.
Mimi se abandonó por completo al deseo y la pasión que ardían entre ellos, sintiendo la conexión profunda que compartían. Sin barreras ni inhibiciones, se entregó a Yamato con todo su ser, deseosa de explorar cada rincón de su cuerpo y fundirse con él en un éxtasis de placer.
Las caricias y los besos se volvieron más intensos y apasionados, como si estuvieran desesperados por saciar el fuego que los consumía. Sus cuerpos se movían en perfecta armonía, buscando el éxtasis compartido que solo el otro podía brindarles.
Mimi perdió la noción del tiempo mientras se entregaba al placer del momento, sintiendo cómo cada roce y cada susurro la llevaban a nuevas alturas de éxtasis. Sus gemidos se mezclaban con los de Yamato, creando una sinfonía de pasión y deseo que llenase la habitación.
Finalmente, exhaustos, pero completamente satisfechos, se encontraron envueltos en los brazos el uno del otro, sus cuerpos entrelazados en un abrazo íntimo y reconfortante. En ese momento, no había nada más que pasión y la conexión profunda que compartían, unidos en cuerpo y alma por el vínculo indisoluble que los unía.
Y así, en la calma después de la tormenta, Mimi y Yamato se sumergieron en un sueño reparador.
Mimi estaba feliz, porque sabía que por esta ocasión le ganó a Sora, y Yamato era de ella.
Mientras tanto, en el harem, Sora se encontraba rodeada de muchas personas, el tiempo había transcurrido, pero el sultán aun no llegaba.
—Que extraño.— Musitó— Yamato aun no llega.
Natsuko hizo una mueca— Debe estar por llegar.
—Ya es tarde, la fiesta comenzó hace bastante.— Comentó la pelirroja.
Rika pasó su mirada por las personas del lugar, efectivamente, Yamato no estaba.
—Debe estar ocupado.— Comentó— Ni siquiera Taichi Pashá ha llegado.
—Eso significa que pudo haberse presentado algo en el camino.— Habló Natsuko.
Sora se levantó de levanto del lugar— Iré a buscar a Yamato.
—Sora, no creo que sea necesario.—Musitó la hermana del sultán.
—Déjala, Rika.— Respondió Natsuko.
Fue así como Sora caminó en dirección a la salida del harem.
Mientras la fiesta del harem estaba en pleno apogeo, Hikari observaba con curiosidad a las bailarinas que se movían con gracia y elegancia en el centro del salón. Su mirada estaba llena de fascinación mientras seguía cada movimiento con atención.
En ese momento, Takeru se acercó a ella con sigilo, su presencia apenas perceptible entre la multitud. Con un susurro suave y cauteloso, se inclinó hacia Hikari y le dijo al oído:
—Me alegras haber venido a esta fiesta, porque puedo verte.
Hikari se estremeció ligeramente ante el susurro de Takeru, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. Sin embargo, ella retrocedió.
—Mi príncipe. —Hizo una reverencia.
—¿Te asuste?
La castaña asintió.
—Lo siento.— Musitó el rubio con una sonrisa— Quería acercarme sigilosamente, sin que me vieras.
Hikari hizo una mueca ante esto.
—Me alegra verte.— Comentó Takeru— Luces hermosa hoy.
Hikari se ruborizó ante esto— Gra-gracias, Takeru. Pero no es necesario que me lo digas.—su voz tranquila pero determinada.
Takeru la miró con sorpresa, evidentemente desconcertado por su respuesta. Sin embargo, respetó su deseo y asintió con una expresión de disculpa.
—¿Por qué? Simplemente es la verdad.—respondió Takeru.
Hikari hizo una reverencia— Permiso, mi príncipe, no puedo seguir hablando.
¿No podía? ¿o no quería?
Hikari se alejó, sintiendo una mezcla de emociones en su interior.
Sora llegó a la puerta de los aposentos del sultán Yamato, ahí se encontraban los agas armados y Taichi, como siempre, custodiando la puerta.
—Taichi Pashá.
El castaño volteo hacia ella e hizo una mueca al verla— Sultana.— Hizo una reverencia.
—¿Por qué Yamato aun no llega a mi celebración?— Preguntó Sora.
—Lo siento sultana Sora, pero se presentó un inconveniente.— Informó Taichi— Y, el sultán, no podrá ir a su celebración.
—¿Qué?— Preguntó la pelirroja— ¿Por qué?
—Porque él está ocupado.— Respondió el castaño.
—¿Ocupado?
Taichi asintió.
—¿En qué?
—Está con alguien.— Contestó el castaño.
¿Qué?
Esto sorprendió a Sora.
—¿Con una mujer?
Taichi asintió.
Esto enfureció a la pelirroja, quien no dudó en avanzar—Déjame entrar.
El hermano de Hikari rápidamente la sostuvo por un brazo y los agas armados cruzaron sus lanzas bloqueando el paso.
—¿Qué les pasa?— Cuestionó Sora— ¡Ordeno que me dejen entrar!
—No puedo.— Respondió Taichi.
—¿Por qué?
—Porque...—El castaño aclaró la garganta, un rubor apareció en sus mejillas, no sabía como decir esto, verdaderamente se sentía incomodo, pero debía informar de esto.
Moría de ganas por ver el rostro de Sora.
—Porque está teniendo un encuentro pasional con Mimi Hatun.— Contestó con rapidez.
¿Qué?
¿Dijo encuentro pasional?
¡No! Eso no era posible.
—¡Mentira!— Exclamó Sora— Yamato no puede estarme haciendo esto.
+Luego de las respuestas a la pregunta tengo estas respuestas:
1 hijo: 0 votos - 2 hijos: 1 voto - 3 hijos: 2 votos - 4 hijos: 1 voto - 5 hijos: 2 votos
Por el momento, esas son las cuentas y como quiero que todos tengan participación, estaba pensando en promediar, pero esperaré más respuestas.
+Como dije desde aquí ya empiezan las escenas +18 Iba a preguntar en el capítulo anterior si quieren este contenido explícito o implícito y se me olvidó. Así que, respondan todos, lo quieren textual o no.
+Algunos dirán ¡Que resentido Taichi! y por eso ayuda a Mimi, pero ¡No! Sora hizo algo muy malo, y resalto la palabra ¡Muy! Por eso Taichi no quiere darle beneficios. Haciendo un paralelo con la serie, Taichi tendrá un papel parecido al de Rustem Pashá (Aquellos que han visto la serie sabrán a que me refiero) y Joe Pashá, tendrá un papel parecido al de Ibrahim ayudando a Kiriha.
TheBigParadox: ¡Hola! Jajajaj me dio mucha gracia y gusto leer como asociaste el tema de la cantidad de los hijos, si 1 es ninguno, 2 es apenas uno, 3 es poco y si, 5 es un buen número, ya veremos como queda. Me alegra que estés disfrutando de su trayectoria y de las emociones que están experimentando. Tus comentarios son muy acertados, la relación entre Yamato y Mimi se está desarrollando más allá de solo buscar un heredero, y habrá muchos desafíos y decisiones difíciles por delante. Con respecto a la pregunta sobre la participación de Yamato con otras mujeres, te invito a seguir leyendo para descubrir cómo se desarrollará esa faceta de la historia (Porque ni yo lo tengo claro jajaja) ¡Espero que sigas disfrutando y esperando más capítulos!
DespinaMoon98: ¡Gracias por tu comentario y por tu entusiasmo! Me alegra mucho que hayas disfrutado del desarrollo de la relación entre Yamato y Mimi, así como de sus momentos románticos. También agradezco tus sugerencias sobre la trama de los hijos y el posible enfrentamiento entre sultanas. Tomaré en cuenta tus ideas para el desarrollo futuro de la historia, aunque debo mencionar que la idea de la hija de Sora la tuve en consideración un tiempo y luego la descarté, porque me di cuenta de que, solo serviría para "discutir" sin ningún objetivo, no obstante, tal vez pueda retomar la idea, o tal vez no, ya veremos, pero gracias por la sugerencia. Respecto a la frecuencia de actualización, haré todo lo posible para mantener un ritmo constante, y aprecio tu comprensión sobre cualquier demora. ¡Gracias por tu apoyo como lectora fiel!
Adrit126: ¡Hola! Muchas gracias por tu apoyo y por seguir la historia. Me alegra mucho que estés disfrutando y que estés ansioso por más capítulos. Aprecio tus comentarios sobre los momentos emocionales y el crecimiento de los personajes, así como tu interés en saber más sobre las reacciones de Sora y Natsuko. Haré lo posible por actualizar pronto y seguir compartiendo la historia de Yamato y Mimi. ¡Saludos y gracias por tu paciencia!
