Na: Considerando que tengo dos posturas, una de querer escenas explícitas, y una de implícitas, de ya saben que cosa, haré lo siguiente: En este capítulo tendré escenas de ese tipo, sin embargo, en los siguientes será implícitos, ya que también debo centrarme en otro tipo de cosas. Intenté llegar a un consenso para aquellos que aman estas escenas y para aquellos que prefieren dejarlas pasar, así que este capítulo será para ellos, y los próximos serán implícito.


Luego de aquel día en el cual, Sora explotó en furia, Mimi y Yamato continuaron teniendo sus encuentros. Yamato estaba complacido con su concubina, quien cumplía todos sus deseos. Mimi cada día se sentía más cómodas con el sultán, jamás pensó que convertirse en su concubina sería tan interesante, Yamato le dio muchos regalos; joyas, ropa y oro, mucho oro. Además, frente a todos la nombró oficialmente como "favorita" a las otras, que la sultana madre les había dado el rango, Yamato las rebajó. Ahora, ella era la única favorita.

Esto provocó que las concubinas del harem reaccionaran de mala manera. Algunas de las concubinas más antiguas, que antes habían gozado de la atención especial de Yamato, ahora la miraban con desdén y desaprobación.

A pesar de esto, Mimi se sentía cada vez más segura de su posición como favorita del sultán. Se había adaptado bien a su nueva vida en el palacio y se encontraba disfrutando de los lujos y privilegios que venían con su estatus. Se sentía segura y confiada en su papel, convencida de que había ganado el favor de Yamato con su encanto y su dedicación.

Después de su primer encuentro íntimo, Yamato se encontró cada vez más encantado por la presencia y la compañía de Mimi. La llamaba a sus aposentos todas las noches, deseoso de disfrutar de su compañía y compartir momentos íntimos con ella.

Para Mimi, estas noches se convirtieron en un ritual esperado con ansias. Cada vez que era llamada por el sultán, sentía una mezcla de emoción y anticipación. Sabía que pasaría tiempo a solas con él, donde podrían compartir conversaciones íntimas, risas y afecto.

Sin embargo, mientras estas noches continuaban, Mimi comenzaba a preguntarse sobre la verdadera naturaleza de su relación con Yamato. A pesar de la atención y los lujos que recibía como favorita del sultán, una parte de ella anhelaba una conexión más profunda y significativa. Empezaba a cuestionarse si lo que compartía con Yamato era verdadero amor o simplemente una dinámica basada en el poder y la conveniencia.

Yoshino siempre la incentivó para que tuviese poder político, sin embargo, ella no solo quería poder, también quería amor.

Yamato la hacía sentir su reina, pero también le prestaba atención a la sultana Sora, y esto en cierta forma la hacía sentir incómoda, Yamato le decía que era por el príncipe Kiriha, ya que también necesitaba atención, por eso iba a cenar a sus aposentos o desayunaba con ellos de vez en cuando.

No quería seguir egoísta con el pequeño príncipe, ya que necesitaba de su padre, pero no le gustaba que la sultana Sora estuviera entremedio de ellos. Aunque, le había quitado los últimos Jueves (la noche especial para estar con el sultán) era inevitable tener estas preguntas.

En el caso de Sora, ella estaba ardida en celos, Mimi le había quitado casi todas las noches con el sultán, iba seguido a sus aposentos, y era tratada como la "única favorita" del sultán. Eso solo ocurrió cuando ella comenzó a ser concubina de su majestad, donde era la única, sin embargo, ahora Mimi estaba recibiendo la misma atención y los mismos privilegios, lo cual la hacia sentir muy celosa.

Cada vez que veía a Mimi siendo tratada con privilegios y recibiendo la misma atención que solía recibir ella, Sora sentía una mezcla de resentimiento y envidia. Se preguntaba qué tenía Mimi que ella no tenía, y por qué el sultán parecía preferirla sobre todas las demás concubinas.

Los celos de Sora se manifestaban en actitudes de desdén y hostilidad hacia Mimi, haciendo que su relación en el harén fuera cada vez más tensa y conflictiva. Sora buscaba constantemente formas de molestar a Mimi.

Mientras Sora se hundía más en sus celos, Mimi se mantenía firme en su posición como la favorita del sultán, decidida a no dejarse intimidar por las tácticas manipuladoras de Sora. La rivalidad entre las dos mujeres parecía simple, sin embargo, estaba cerca de desestabilizar el delicado equilibrio en el harem.


Un día nuevo estaba empezando, bueno, ya había empezado, Yamato se encontraba a medio día estudiando unas cosas en sus aposentos e invito a Mimi a almorzar, sin embargo, las esclavas no pudieron ingresar a dejar la comida, ya que Mimi empezó con sus juegos y terminaron en la siguiente escena.

Mimi, literalmente, no creía que estuviese viviendo.

Estaba completamente descubierta desde su cintura hacia abajo, sintiendo como el miembro de Yamato la penetraba por detrás, mientras ella clavaba las uñas en su escritorio.

La pasión que ambos sentían no les permitió llegar a la cama.

Mimi se aferraba al borde del escritorio, sintiendo el ardor del deseo quemar cada fibra de su ser mientras Yamato la tomaba con una pasión feroz y desenfrenada. Cada embestida enviaba oleadas de placer a través de su cuerpo, haciéndola gemir y arquearse hacia él en busca de más.

Yamato, perdido en la intensidad del momento, la sostuvo con firmeza mientras se entregaba al éxtasis del placer compartido. Sus movimientos eran poderosos y coordinados, cada uno diseñado para llevar a Mimi al límite del placer y más allá.

El ambiente estaba cargado de electricidad, el calor de sus cuerpos entrelazados llenaba la habitación mientras se perdían en el frenesí del deseo mutuo. No había espacio para pensamientos ni palabras, solo la pura y cruda expresión de su pasión ardiente.

El tiempo parecía detenerse mientras se entregaban el uno al otro en un torbellino de sensaciones y emociones. Mimi se abandonaba por completo al placer que Yamato le ofrecía, sintiendo como cada roce, cada contacto, la llevaba más y más cerca del éxtasis total.

Finalmente, el clímax los envolvió a ambos en una ola de placer indescriptible, dejándolos sin aliento y temblando de satisfacción.

Yamato salió de ella.

—Ah.— El jadeo de Mimi se hizo presente en el lugar.

Mimi se encontraba temblando y sin aliento, su cuerpo aún zumbando con el éxtasis que habían compartido. Se sentía débil y completamente entregada al placer que Yamato le había brindado, sus sentidos aún vibrando con la intensidad del clímax alcanzado.

Yamato, con la respiración agitada pero una expresión de satisfacción en su rostro, se apartó de Mimi y comenzó a arreglar sus ropas con calma. Cada movimiento era tranquilo y deliberado, aunque el calor de la pasión aún brillaba en sus ojos oscuros.

Mimi, aún recuperándose del torbellino de emociones, observaba a Yamato con una mezcla de asombro y gratitud. Se sentía abrumada por la profundidad del vínculo que compartían, por la intensidad del placer que habían experimentado juntos.

Con manos temblorosas, Mimi comenzó a enderezarse, sintiendo la debilidad en sus piernas mientras se apoyaba en el borde del escritorio para mantenerse en pie. Su cuerpo estaba marcado por la marca del deseo, pero su corazón estaba lleno de una sensación de plenitud y satisfacción que nunca había experimentado antes.

—Eso fue increíble.— Musitó Yamato abrochaba su cinturón.

Mimi asintió y extendió su mano hacia su falda, buscando reunir fuerzas para vestirse después del apasionado encuentro. Cada movimiento era deliberado, cada gesto cargado de la intensidad del momento que habían compartido.

Yamato observó el escritorio, ahora desordenado y desorganizado, con una mezcla de fascinación y nostalgia. Los documentos que antes ocupaban su superficie habían sido empujados a un lado, algunos incluso habían caído al suelo en el frenesí del deseo compartido.

Una sonrisa irónica se curvó en sus labios mientras recordaba la pasión desenfrenada que los había consumido momentos antes. El desorden en el escritorio era un recordatorio tangible de la intensidad del momento, una prueba física de la conexión ardiente que compartían.

Aunque normalmente era meticuloso con el orden y la organización en su estudio, Yamato no podía evitar sentir una extraña satisfacción al ver el caos que habían creado juntos. Era como si el desorden fuera un reflejo de la pasión y la emoción que habían compartido, una manifestación física de su amor mutuo.

Mimi finalmente terminó de abrochar su falda y se volvió hacia Yamato, encontrando su mirada con una mezcla de complicidad y gratitud. Aunque su cuerpo aún temblaba con el recuerdo del apasionado encuentro que habían compartido, su corazón estaba lleno de una sensación de plenitud y satisfacción que nunca había experimentado antes.

—Gracias.— murmuró Mimi con voz suave pero llena de emoción, sus ojos brillando con amor y admiración mientras se acercaba a Yamato.

Yamato la recibió con una sonrisa cálida, sus ojos oscuros centelleando con complicidad— Gracias a ti.— respondió con sinceridad, su voz llena de afecto— Fue realmente increíble.

La habitación estaba llena de una atmósfera íntima y reconfortante mientras los dos se miraban el uno al otro, compartiendo un momento de tranquilidad después del torbellino de emociones que habían experimentado juntos.

—¿Cómo te sientes?— preguntó Yamato con ternura, acercándose para tomar su mano en la suya. Sabía que el encuentro había sido intenso, y quería asegurarse de que Mimi estuviera bien.

Mimi asintió con una sonrisa suave, sintiéndose reconfortada por el toque tranquilizador de Yamato— Me siento bien. Muy bien.— admitió con sinceridad, sus ojos brillando con felicidad— Nunca había experimentado algo así antes.

Cada vez sus encuentros eran más bruscos.

¡Y los amaba!

—Es una lástima que tenga que irse a la guerra.— Habló Mimi— Podríamos vivir esto seguido, pero no estará, y lo extrañaré mucho mi sultán.

Yamato acarició su mejilla: —No te preocupes, estaré cerca más rápido de lo que te des cuenta.

—Eso espero.— Comentó la castaña.

Temía por lo que pudiese ocurrir en su ausencia.

—Va a ser difícil estar sin usted.

—Para mí también será difícil estar sin ti.— Musitó el rubio.

—Debe prometerme que regresará con bien.

—Intentaré, Mimi.— Yamato depositó su mano bajo su mentón y besó suavemente sus labios— Dime ¿quieres comer antes de ir a la recepción en el harem?

La castaña negó: —No gracias, mi sultán, creo que ya se hizo tarde y Gennai ordenó que todas las mujeres estuviéramos presentables para la llegada de la sultana.

—¿Segura?— Preguntó el rubio.

Mimi asintió.

—Está bien.— Respondió Yamato— Puedes retirarte.

Fue así como la castaña hizo una reverencia y se fue del lugar.

—Taichi Pashá.— El rubio llamó al guarda espalda.

—¿Sí?— El castaño ingresó.

—Dile a las sirvientas que preparen un baño con agua fría.— Ordenó el rubio.

Taichi asintió.

Necesitaba estar presentable y disimular como si aquí nada hubiese pasado.


Mientras tanto, en el cálido ambiente del aposento real de la madre sultana, Natsuko y Sora compartían una comida, iluminados por la suave luz de las lámparas de aceite. Sin embargo, a pesar del festín frente a ellas, el semblante de Sora reflejaba una profunda tristeza que no pasó desapercibida para Natsuko.

Observando a la madre de Kiriha con preocupación, Natsuko dejó de lado los delicados manjares y se centró en Sora.

—Querida, ¿qué te sucede? —preguntó con voz suave, notando la tristeza en los ojos de Sora.

Sora levantó la mirada hacia su madre, sintiendo un nudo en la garganta al enfrentarse a sus propias emociones.

—Madre... —murmuró, luchando por encontrar las palabras adecuadas para expresar sus sentimientos—. Me siento tan... desplazada.

Natsuko frunció levemente el ceño, preocupada por la angustia de la pelirroja.

—¿Desplazada?—inquirió con suavidad, alentando a Sora a compartir sus preocupaciones— ¿Por Yamato no? ¿no?

Sora suspiró profundamente antes de continuar, dejando que sus emociones fluyeran libremente y asintió— Sí, por él. —comenzó, sus palabras entrecortadas por la emoción—. Ha estado invitando a Mimi a sus aposentos todas las noches, y yo... me siento olvidada, madre. Como si ya no fuera importante para él.

—No te sientas así, él no se ha olvidado de ti, de vez en cuando viene a tus aposentos ¿no?

Sora asintió: —Sí, pero es por Kiriha.— Declaró— Si no lo tuviera, posiblemente no vendría.

—No digas eso.— Habló la oji-azul— Yamato te quiere, tú lo sabes. Jamás te haría a un lado.

—Eso pensaba.— Comentó— Pero este encaprichamiento con esta esclava es mayor que otro que haya tenido con otra concubina.

Natsuko escuchó en silencio mientras la sultana pelirroja compartía sus preocupaciones más profundas, sintiendo el dolor de Sora como si fuera propio. Miró a la sultana con compasión, comprendiendo el tormento que estaba experimentando.

—Querida, entiendo tu dolor.—dijo con voz suave— Pero debes recordar que Yamato es el sultán, aunque te quiera, tiene derecho y facultades de estar con otras mujeres para divertirse o buscar un heredero. Y, eso siempre lo has sabido, desde el minuto en que aceptaste ser su concubina.

Sora suspiró, sintiéndose algo reconfortada por las palabras de su madre.

—Lo sé, madre.—respondió—Pero me cuesta entender por qué Yamato está tan obsesionado con Mimi.

Natsuko le apretó suavemente la mano, transmitiendo un gesto de apoyo.

—Es natural que te sientas así, querida,—dijo con ternura—. Pero no debes permitir que los celos nublen tu entendimiento. Yamato te aprecia, y con eso debe bastar, ya que debes estar bien por tu hijo. Recuerda, eres más importante que cualquier otra porque, eres la madre del príncipe heredero.

—Lo sé.— Sora suspiró—Pero algunas veces es difícil continuar.

—Sí, pero debes pensar en tu posición. Tu papel como madre del príncipe heredero es invaluable, querida —dijo con suavidad— Eres una parte fundamental de la estabilidad y la continuidad de nuestro reino. Recuerda siempre tu importancia y tu dignidad, incluso cuando te sientas eclipsada por otras mujeres en la vida de Yamato.

Sora asintió, agradeciendo las palabras de ánimo de su madre.

—Gracias, madre sultana.—dijo con gratitud— Siempre me ha enseñado a ser fuerte y a enfrentar los desafíos con dignidad.

Natsuko le dio un suave apretón de manos, transmitiendo su amor y apoyo incondicional.

—Siempre estaré aquí para ti, querida —respondió con cariño— Juntas encontraremos la fuerza para superar cualquier obstáculo que la vida nos presente.

Las palabras de Natsuko trajeron cierto consuelo a Sora, aunque su corazón seguía pesado con la carga de sus emociones.

Con un suspiro, Sora se recostó en el regazo de su madre, permitiéndose por un momento dejarse llevar por el abrazo maternal que tanto necesitaba. Aunque las sombras de la tristeza aún acechaban en su corazón, Sora sabía que podía encontrar fuerzas para superarlas con el amor y el apoyo de su madre a su lado.

¡Toc, toc!

Un sonido en la puerta llamó su atención.

—Adelante.— Musitó Natsuko.

Fue así como su kalfa, Juri, ingresó al lugar.

—Mi sultana, acabó de llegar un mensaje del puerto.— Declaró.

—¿Mensaje?

Juri asintió— La sultana Alice, y su esposo, Daigo Nishijima Pashá acabaron de llegar. Pronto estarán en el palacio.


Mientras tanto en el baño del harem, Mimi se encontraba con una toalla blanca en el cuerpo, el cabello mojado, refregando sus brazos.

—¿Quién es la sultana Alice?— Le preguntó a Yoshino, quien se encontraba a su lado sosteniendo sus pertenencias.

—Es otra hermana de Yamato.— Contestó la kalfa— Es hija de una concubina del sultán Hiroaki, que se convirtió en sultán al dar a luz al príncipe Ryouma.

—¿Príncipe Ryouma?

Yoshino asintió— Era uno de los hermanos de Yamato.

Airu vertió suavemente agua en el hombro de Mimi.

—¿Alice es cómo la sultana Rika?

Yoshino hizo una mueca—No exactamente.— Musitó— Cuando la guerra por el trono aun no comenzaba, su madre planeo un matrimonio con Mitsuo Yamaki Pashá, el gobernador de Hungría, el fin de ese compromiso para apoyar a su hermano, Ryouma, no obstante, el sultán no lo permitió, ya que tenía en sus planes comprometer a Rika, su hija favorita.

Mimi escuchó atentamente estas palabras.

—Alice siempre fue en riqueza menor que Rika, debido a su padre, esto provocó que siempre tuviesen problemas. Cuando Ryouma murió, Alice decidió apoyar a Yamato en la ascensión al trono, ahí fue donde conoció a Daigo Nishijima Pashá, uno de los hombres de confianza de Yamato, y, Daigo Nishijima le pidió la mano de Alice a Yamato tiempo después, cosa que permitió para compensarla por la muerte de Ryouma y el exilio de su madre.

—¿Exilio de su madre?

Yoshino asintió— Luego de que un príncipe muere, su madre, ex del sultán tiene la obligación de vivir exiliada en al antiguo palacio, recibiendo un sueldo mínimo. Eso ocurrió con la madre de Alice, luego de que Ryouma murió, fue exiliada al antiguo palacio, así que Yamato le permitió el matrimonio a Alice para que se enfocara en su vida matrimonial, lo cual funcionó.

—¿Daigo Nishijima Pashá?— Preguntó Mimi.

—Y, es aliado de su majestad.

—Comprendo.— Musitó Mimi— Entonces ¿la hermana de Yamato alojará aquí mientras se realice la guerra?

Yoshino asintió— Sí.

Interesante

Moría de ganas por conocer al resto de la familia de Yamato.

—Si yo fuera tú tendría cuidado, ya que Alice es bastante leal a la sultana Sora.— Advirtió Yoshino.

—¿Qué?

—Lo que escuchaste, es leal a ella.—Comentó— Luego de la muerte de Ryouma, solo quedaban dos príncipes, el príncipe Kouji y Yamato, el príncipe Kouji fue quien mató a Ryouma, así que Alice decidió favorecer a su hermano, Yamato, provocando que se convirtiese en buena amiga con Sora.

¡Que horrible historia! Era difícil creer que se asesinaran entre hermanos.

—Tanto así que, le ha dado muchos presentes al príncipe Kiriha y, le ha brindado oro a los mejores maestros para que se encarguen de su educación.— Señaló la kalfa.

—¿Cómo sabes eso?— Preguntó Airu.

—Mi antigua señora, la sultana Relena, me lo comentó.— Habló Yoshino.

"Relena"

Ella era otra hermana del sultán.

Justo en ese minuto, Juri ingresó al lugar.

—Señoritas, apresúrense, la sultana está pronto a llegar.

Mimi intercambio miradas con Yoshino.

—Luego continuamos hablando, ahora debes estar preparada para la llegada de la sultana.

Mimi asintió.

Fue así como rápidamente la castaña se preparó para la recepción, con un vestido elegante, joyas, su anillo y la diadema que Yamato le dio.


Mientras tanto, en la sala del trono.

Yamato, Takeru y Natsuko se encontraban reunidos, preparados para recibir a la sultana Alice y su esposo.

—¿Dónde está Rika?— Preguntó el menor— ¿Todavía no llega?

Natsuko hizo una mueca ante esto, e intercambio una mirada con su hijo mayor, quien no parecía molesto, al contrario, el semblante en su rostro era neutral, lo cual no le sorprendió, cuando trataba de sus demás hermanas, en especial Alice, Rika se hacía esperar, ya que por lo general ambas no tenían buena relación.

—Debe estar por llegar.— Comentó Yamato.

Eso esperaba Natsuko, porque no estaba dispuesta a soportar más discusiones entre esas dos. Hiroaki ya estaba muerto y sus hijas debían aceptarlo.

—¡Atención!—Un grito se escuchó— La sultana Alice y su esposo, Daigo Nishijima Pashá están aquí.

Fue así como, los tres dirigieron su mirada hacia la puerta y en el lugar apareció una mujer rubia de ojos azules, piel pálida, que llevaba un vestido color negro largo, elegante, además utilizaba joyas y una corona con piedras turquesas.

A su lado, apareció un hombre de cabello verde oscuro de piel pálida y ojos ámbar, vestido con una bata plateada larga, unos pantalones negros, y un turbante negro en el cabello.

Ambos ingresaron al lugar e hicieron una reverencia—Su majestad.

Yamato se colocó en pie.

—Alice, Daigo Pashá.— Los nombró— Bienvenidos.—Musitó con cordialidad, sin dejar su seriedad de lado.

—Es un gusto estar aquí, hermano.— Respondió Alice— A pesar de que no ha pasado mucho tiempo ¡Ya lo extrañaba!

A diferencia de Rika, Alice hacia poco tiempo estuvo aquí en la capital, luego del funeral del príncipe Kouji y sus hijos, Alice se encargó de preparar el palacio para la llegada de Yamato, Takeru y la madre sultana, a continuación de eso, se retiró a la provincia de Edirne, donde vivía con su esposo.

—Para mí es un honor tenerte aquí, hermana.—Contestó Yamato seriamente.

Alice dirigió su mirada hacia Takeru— Hermano.

—Hermana.— El menor se acercó a ella— Es un gusto tenerte aquí.

—Para mí, siempre es un agrado verte.—Respondió la joven.

Takeru suavemente se acercó a ella y le dio un abrazo. Alice correspondió al gesto. Luego de separarse volteo hacia Natsuko.

—Madre sultana.— Hizo una reverencia.

—Bienvenida, querida.— Se acercó a ella y le extendió su mano.

Alice tomó su mano y besó sus nudillos.

—Espero que hayas tenido un buen viaje.—Declaró Natsuko.

—Lo fue, madre sultana.— Respondió Alice.

—Me alegra escuchar eso.

—Supongo que, el pashá ha cuidado bien de la sultana.— Takeru le habló a su cuñado.

Daigo Nishijima Pashá asintió—¡Pues claro! Mi príncipe. He intentado cuidar bien de la sultana.

Eso era bueno, quizás, Alice no fue la favorita de su padre, pero a diferencia de Rika se casó por amor.

—No esperaba menos de ti, Daigo Pashá.—Comentó Yamato.

El peli-verde pasó su mirada por el salón, mejor dicho, por el guarda espalda de su majestad.

—Es un gusto verte a ti también, Taichi Bey.— El esposo de Alice mencionó.

Taichi Pashá, quien se encontraba en la sala, intentaba mantener la cordura en ese momento, Daigo Nishijima Pashá era uno de los hombres de confianza de Yamato, y por un tiempo fueron amigos, sin embargo, a él nunca le inspiró confianza, porque siempre intentó serrucharle el piso.

—O, debería decir, Taichi Pashá.— Corrigió el hombre.

—Daigo Pashá.— El hermano de Taichi, quien no estaba a gusto con la presencia de ese sujeto simplemente bajó la cabeza para saludar "formalmente", y como correspondía— Es bueno contar ¡finalmente! con su presencia en el consejo.

Sí, a propósito, mencionó aquello, ya que sabía que Yamato al principio no estuvo a gusto con su ausencia durante todo ese tiempo.

—Que bueno que lo mencionas, Taichi Pashá.— Respondió el peli-verde y volteo hacia Yamato—Mi sultán, lamento mucho no haber estado en el consejo de guerra, sé que era mi deber como miembro de su corte real, pero tuve problemas de salud. En la carta que le envié expliqué todo.

El rubio hizo una mueca ante esto— La verdad es que, era tu obligación estar aquí.—Comentó— Pero, como bien dices, leí la carta y los informes médicos, así que comprendo que tus problemas de salud no te lo permitieran.

—En señal de disculpa, he traído, junto a mi amada esposa, un presente...—Musitó el pashá.

Yamato alzó una ceja sorprendido ante esto.

Un sirviente se acercó con un cofre y que al abrir dejó ver una gran espada, curvada, estilo otomana, de nombre: cimitarra.

—¡Un minuto!— Exclamó Takeru— ¿Esa no es la cimitarra que poseyó nuestro padre en su última guerra?

Alice sonrió y asintió: —Así es.

Todos observaron sorprendidos aquella arma.

¿Cómo era posible que él la tuviera?

Pensó Taichi, sin embargo, recordó que, luego de la muerte de su padre, Susumo Yagami Pashá, el tío de Daigo Pashá, Masami Izumi Pashá, se convirtió en gran visir, y fue a la última guerra con Hiroaki, donde falleció. Era posible que, aquel pashá le hubiese dado aquella arma a su sobrino, quien quería seguir sus pasos.

—No sabía que tenías esta arma en tu poder.—Comentó Yamato.

—La tenemos hace un tiempo.— Respondió Alice— Mi esposo y yo la enviamos a pulir, y planeabamos darsela como presente, cuando tuviese su primera guerra.

Taichi hizo una mueca ante el presente que Daigo Pashá le ofreció al sultán, como siempre, buscaba estrategias para ganar su atención.

El rubio observó a su hermana sorprendido, sabía que esto era una estrategia para caer en gracia, y había funcionado.

—Buena elección.—Comentó el sultán antes de tomar aquella arma en sus manos y observarla fijamente, luego la regresó a la caja y dirigió su mirada hacia su cuñado— Estoy a gusto con este presente.

Daigo Nishijima Pashá y Alice sonrieron, para luego hacer una reverencia.

Taichi simplemente hizo una mueca ante esto, por alguna razón, no tenía buena sensación con esta visita de aquel sujeto.

—¡Por cierto!— Alice habló— Escuche que mi hermana, Rika, se encuentra aquí en palacio.

Natsuko asintió: —Sí, ella lleva días aquí.

La rubia pasó su mirada en el lugar.

—¿Y, por qué no está aquí?

Como si la hubiese invocado, justo se escuchó el siguiente grito:

—¡Atención!— Un grito se escuchó en el lugar— La sultana Rika está aquí.

Fue así como en el lugar apareció la mujer pelirroja.

Rika al llegar al lugar se dirigió hacia Yamato— Hermano.— Hizo una reverencia.

—Rika.

Luego hizo una reverencia a la sultana madre.

—Siento la tardanza, pero tuve un inconveniente en el camino.— Musitó Rika— Sin embargo, he llegado...—Volteo su mirada hacia la rubia recién llegado—Hermana, Daigo Pashá.

—Sultana.— Daigo hizo una reverencia.

—Hermana.— Alice la llamó— ¡Que gusto verte!

La pelirroja asintió— Igualmente.— Respondió con seriedad.

Ambas intercambiaron miradas, a diferencia de la bienvenida de Rika con sus hermanos, no saltó de emoción al verla, lo mismo ocurrió con Alice, pero evidentemente no había problemas por el hecho de verse, después de todo, ya eran mujeres adultas y debían tratarse con respeto.

—Ha pasado mucho tiempo.— Comentó Rika.

—Sí.— Respondió la rubia—Será bueno pasar este tiempo aquí en palacio, para colocarnos al día.

—Antes de eso, creo que lo mejor será que, Alice se acomode, la madre sultana le presentará aposentos.— Comentó Yamato— Los de ella y su esposo.

Natsuko asintió— Sí.— Se acercó a Alice— Querida, te llevaré a ver tus aposentos, sin embargo, antes tengo una bienvenida en el harem para ti.

Fue así como las tres sultanas salieron del lugar.


En el lujoso harem, un remolino de actividad inunda el aire mientras las mujeres se apresuran a prepararse para recibir a la Sultana Alice. Sora, en su lugar designado, observa con atención mientras la tensión se eleva con cada minuto que pasa.

De repente, entre el bullicio, aparece Mimi, elegantemente vestida y con una diadema dorada adornando su cabeza. Sus pasos son firmes y seguros, irradiando confianza y gracia. Sin embargo, en lugar de ser recibida con elogios y halagos, recibía miradas de odio de las concubinas y de furia en los ojos de Sora al verla llegar de esa manera.

Mimi, como la vez anterior, se posicionó junto a la sultana pelirroja.

Hizo una reverencia.

—Mi sultana.

Sora la miró con desprecio—¿Qué haces aquí, Mimi Hatun?

—Vengo a recibir a la sultana.

—No deberías estar aquí.

—¿Por qué?— Preguntó Mimi— Merezco estar aquí, soy la concubina favorita del sultán.

Sora pasó su mirada por la diadema dorada que llevaba en su cabeza. Apretó su puño, Mimi no debía tener aquella joya, mucho menos el anillo de esmeralda que tenía en su mano.

—Concubina.— Respondió— Tú lo has dicho, eres una concubina.— Musitó Sora— Una concubina, y nada más que eso.

—Sultana, por favor, no quiero tener problemas.— Respondió la castaña.

La pelirroja rodó los ojos ante esto y la agarró del brazo— ¿Cómo planeas no tener problemas? Si lo único que haces es molestar.

—No busco molestarla.— Contestó la castaña.

—¡Claro que sí! Desde el primer minuto en que llegaste a este harem has buscado llamar la atención del sultán.

Mimi negó: —Nunca tuve esa intención.

—¿A no?— Preguntó la pelirroja—¿Y tú insistencias por cuidar a mi hijo no fue una táctica?

Mimi frunció el ceño: —¡Pues no, no lo fue! Simplemente quise ser buena, pero de nada me sirvió, porque por su culpa, su hijo ahora no me quiere.

—¡Pues obvio!— Exclamó Sora— Jamás dejaría que, un príncipe como él se relacione con la mujer que está arruinando la relación de sus padres.

—¡No estoy arruinando su relación!— Habló la castaña.

—¿No estás logrando eso, prostituyéndote todas las noches en los aposentos de Yamato?

—Sultana, no me culpe por eso.—Declaró Mimi— No es mi culpa que el sultán prefiera pasar sus noches conmigo, en vez de estar con usted.

Sora apretó los dientes y enterró sus uñas en el brazo de Mimi.

—¡Auch! ¿Qué hace?— Musitó la oji-miel— Me duele ¡suélteme!

—¡No!— Sora la jaló.

Mimi agarró su mano e intentó soltarse.

—¡No permitiré que me lastime!— Gritó.

—¡Es lo que te mereces, prostituta!— Exclamó Sora.

—¡Cállese, sultana Sora!—Mimi alzó la voz— Usted solamente está resentida porque, el sultán me quiere, pero por más que me intente insultar o tratarme mal no logrará que eso deje de ser así.

Ambas estaban pendientes de su discusión que no se dieron cuenta que justo al lugar había llegado la sultana madre junto a una joven rubia de ojos azules.

—¡Atención!— El grito de Gennai se escuchó— La sultana madre está aquí, acompañada de las sultanas Rika y Alice.

¿Qué?

Ambas mujeres voltearon su mirada hacia la puerta y si, ahí estaban, las hermanas de Yamato con la madre de este.

Mimi pasó su mirada por la mujer desconocida, era rubia de ojos azules, llevaba joyas, corona, un vestido elegante, no demoró en deducir que ella era la sultana Alice.

—Pero ¡Qué está ocurriendo aquí!— Exclamó Natsuko ingresando al lugar mientras todas las mujeres hacian reverencia.

Las sultanas llegaron frente a las mujeres que estaban discutiendo.

—¡Qué escándalo!— Exclamó Alice horrorizada.

Natsuko hizo una mueca ante y fulminó con su mirada a las concubinas de su hijo, sin embargo, su ira desembocaría en solo una.

—Debería darles vergüenza.

—Lo siento madre sultana.— Sora se apresuró a hablar— Pero esta esclava, me estaba molestando, usted escuchó como me gritaba.

—Sí, la escuchamos.— Alice se apresuró a hablar— ¿Cómo una esclava le habla así a la madre de un príncipe?

Natsuko dirigió su mirada hacia la castaña—¡Esclava mal criada!— Gritó— ¿Cómo se te ocurre hablarle así a la madre de un príncipe?

Mimi hizo una mueca: —Madre sultana, simplemente quise defenderme, ella...

—¡Silencio!— La Valide Sultan alzó la voz— No te he dado la autorización para que hables.

La castaña frunció el ceño y apretó su puño ante esto, no le gustaba que le gritasen— Pero...

—¡Silencio!— Regañó la Valide— Y escúchame bien, tú no eres quién para gritarle a una sultana, mucho menos cuando trata de la madre del príncipe primogénito, heredero al trono ¡Ya te lo he dicho!

—Mi sultana, entiendo eso, pero ella...—Mimi alzó la mirada.

—¡Cállate!— Gritó la madre de Yamato—Que seas la concubina favorita de mi hijo no te da derecho a que alces la voz en este harem.

¿Concubina favorita?

Alice dirigió su mirada hacia la mujer, la observó de pie a cabeza, estaba vestida elegantemente, sin embargo, ahora tenía sentido porque utilizaba esa diadema dorada.

—Ya que no eres importante, no tienes un hijo, no eres una sultana.— Continuo Natsuko— Solo eres una diversión para mi hijo, una mujer más de este lugar, sin importancia.

—Y-yo también puedo darle un hijo a su majestad.

—Sí, pero ya te dije una vez que, aunque así fuera, tú siempre deberás respetar a la sultana Sora, porque ella es la consorte principal y madre del heredero al trono.— Respondió la oji-azul.

Mimi apretó con más fuerza su puño.

—Pídele disculpas a la sultana, y luego vete de aquí.— Declaró la madre sultana.

—¿Disculparme?

Natsuko asintió— Es lo mínimo que puedes hacer.

—¡Ya escuchaste, mujer!— Gennai alzó la voz.

—Obedece a la sultana.— Esta vez habló Juri.

Mimi observó a su al rededor, era como si todos estuvieran en contra de ella.

¡Odiaba esto!

La tensión en la sala era palpable mientras Mimi se encontraba en medio de una situación incómoda. Suspiró profundamente, sintiendo el peso de las miradas y las expectativas sobre sus hombros. Sabía que no podía ignorar la autoridad de la sultana Sora, pero tampoco estaba dispuesta a ceder fácilmente.

—Lo siento, sultana Sora. No era mi intención ofenderte —murmuró Mimi, con voz apenas audible, pero con una nota de obstinación en su tono.

Sora simplemente la observó con desprecio. Luego Mimi hizo una reverencia a las sultanas ahí presentes.

—Permiso.

Y se retiró del lugar.

Sora sonrió triunfante ante esto, era obvio que, Mimi jamás sería una competencia verdadera mientras Natsuko estuviera de su lado.


Daigo, con una sonrisa en el rostro, se acercó a Taichi, quien luego de salir de la sala del trono, tomó su lugar frente a unos agas armados, como comúnmente lo hace el guarda espalda real

—Taichi Yagami Bey.— Pronunció el nombre del guarda espalda— O, mejor dicho, Pashá. Ahora eres pashá ¿no?

—Daigo Pashá.— Taichi pronunció su nombre con seriedad.

—¡Me sorprende verte! ¿e?—exclamó Daigo, con una risa burlona— El valiente Taichi, el guardia personal del rey.—Comentó— Acaso ¿no te alcanzaron los méritos para ser gran visir?

¿Qué?

Taichi observó sorprendido al esposo de Alice.

—¿A qué se debe tu comentario?

—¿Qué no es obvio?— Preguntó el Pashá— Porque me sorprende la posición en la cual estás.

Taichi, aunque se mantuvo sereno, apretó los puños con fuerza, resistiendo la tentación de responder a la provocación con violencia.

Daigo evidentemente quería molestarlo, como siempre, desde que eran adolescentes, y él comenzó a escalar en la sociedad y la comunidad de jenízaros, Daigo intentaba fastidiar sus logros.

—No soy gran visir, pero tengo un buen puesto.

—Sí, claro, es uno importante.— Musitó Daigo— Pero el de gran visir es mejor, y es el que siempre quisiste ¿no?

Taichi simplemente movió la cabeza.

—Supongo que, todavía eres muy débil como para convertirte en gran visir.

—¿A sí como tú?— Preguntó el castaño— ¿Qué te dio miedo venir al consejo de guerra luego de haber ayudado en el asesinato del príncipe Kouji?

—No falte por eso, tuve unos problemas.

Taichi rió para sus adentros, sabía que Daigo era cobarde, se ofreció a ayudar en el asesinato del príncipe Kouji con sus hijos, pero no se atrevió a dar la cara.

—Buena forma de ganarte la simpatía del sultán ¿e? Trayendo ese presente.— Comentó— ¿Enserio crees que con esas acciones lograrás ser mejor visto?

—No pienso, lo es.— Respondió Daigo Pashá— A diferencia de ti, tengo muy claro que debo hacer para obtener lo que quiero. No como tú que, por más que sirvió a su majestad terminó siendo simplemente su guarda espalda.

Aunque el semblante de Taichi permaneció firme, en su mirada se podía percibir la chispa de furia. Sabía que debía mantener la compostura, pero en su interior ardía el deseo de demostrarle a Daigo que era más que un simple guardaespaldas.

Con voz firme, Taichi respondió:

—Quizás sea solo un guardaespaldas, pero tú bien sabes que Yamato confía en mí, y eso es lo que él busca en un gran visir.

—Estás seguro de que serás el gran visir, solo porque eres hijo de Susumo.—Respondió Daigo Pashá— Pero no debes confiarte de eso, recuerda que yo soy yerno de la dinastía.— Recordó— Y, fácilmente, puedo hacer que Yamato me convierta a mí, en gran visir.

—Ya veremos.


—¡Que insolente es esta niña!— Exclamó Natsuko— No puedo creer como le habla a la madre del príncipe heredero.

—Es una abominación.— Declaró Alice— Jamás pensé encontrar a una persona así al llegar aquí, madre sultana.

Natsuko hizo una mueca ante esto.

—Siento mucho esta escena, querida.

—No se preocupe, madre sultana.— Respondió la rubia.

Rika simplemente hizo una mueca, no tenía mucho ánimo de escuchar esa conversación ¡Como siempre! Alice remando para el lado de Sora, después de todo, ella "ganó" cuando finalmente, ejecutaron a sus demás hermanos.

—Entiendo que haya esclavas sublevadas.—Comentó Alice.

La pelirroja se levantó.

—Permiso, madre sultana, debo ir a hablar con Ryo Bey.— Declaró— Mi hermano me pidió que continue bien la financiación del dinero que mi esposo le vio.

—Ve, querida.— Musitó Natsuko.

Rika pasó su mirada por la Valide Sultan, hizo una reverencia, luego pasó su mirada por su media hermana y no se dignó a hacer una reverencia, después de todo, ambas estaban en igualdad de condiciones. Aunque, si era por jerarquía, Alice debía hacerle reverencia a ella, porque fue la hija favorita de Hiroaki, y Alice la hija de la concubina que menos amó el sultán.

Fue así como salió del lugar dejando a las mujeres.

—Sin duda es una lástima llegar y ver que las cosas han cambiado.—Comentó Alice— Pensé que Sora era la consorte principal.

—Y lo es.— Respondió Natsuko— Sin embargo, esta concubina se cree mucho, cuando es poco.

—Debe hacer algo al respecto.— Habló Alice— ¿Cuándo se ha visto que una esclava le hable así a la madre del príncipe heredero?

La madre sultana suspiró, verdaderamente necesitaba un plan.

Pero ¿cuál?


—Verdaderamente, Sora está perdiendo la cabeza.— Rika musitó mientras tomaba asiento sobre el sofá que se encontraba a unos metros de su cama en gran habitación— No pierde tiempo en molestar a la concubina de Yamato apenas tiene oportunidad.

—Está celosa, mi sultana.— Musitó Suzie Kalfa, su sirvienta de compañía, una joven de cabello castaño claro, ojos cafés, piel pálida, que parecía una mujer "común" pero de la cual dos margaritas en sus mejillas resaltaban dándole un toque "infantil"—Y, usted sabe como se comportan las mujeres en este harem cuando están celosas. Basta con recordar cómo eran las concubinas de su padre.

—Sí, lo recuerdo.—Comentó Rika mientras observaba sus uñas— Recuerdo muy bien como Natsuko mandó a quemar el rostro de la última concubina de mi padre. O, como se enojaba ella con las otras concubinas cuando mi padre le daba atención especial a mi madre, Rumiko.

Y, recordaba mucho mejor cuando su madre, Rumiko Hatun, envenenó el vientre de Natsuko, cuando estaba esperando a su tercer a su hijo. Natsuko se burló de su madre porque perdió un bebé, el posible hombre que tanto anhelaba el sultán Hiroaki de tener con su concubina favorita, así que Rumiko le devolvió con la misma moneda y envenenó su vientre.

Lógicamente, eso jamás se lo comentó a alguien, era un secreto entre su madre y ella, que prácticamente su madre llevó a la tumba cuando murió.

—Aun así, creo que está perdiendo el juicio, es una sultana después de todo ¡debe comportarse!— Exclamó Rika.

—¿Usted cree que la señorita Mimi sea un peligro para su posición?

La pelirroja se quedó en silencio analizando esto: —Mientras no tenga un hijo no puedo decir si o no. Ojalá lo sea, aunque, ahora lo dudo con la llegada de Alice.

Suzie le extendió un vaso con agua, Rika lo recibió.

—Ellas son amigas.

—¿Amigas?— Rika rió— No, es simplemente que Alice sabe caer parada, y luego que, mi hermano Kouji matara a su hermano completo, Ryouma, buscó la mejor forma de salir ilesa. Sabía que ganándose la simpatía de la sultana Natsuko y de Sora lograría caer en gracia de Yamato.

—Con esos antecedentes es posible que quiera seguir en buena relación con la sultana Sora, después de todo, la sultana Natsuko solo la apoya a ella.

—Basándome en esa teoría que dices, se podría decir que sí, Alice le conviene continuar de amiga de Sora.— Comentó la pelirroja— Pero ya veremos qué ocurre.—Le dio un sorbo— Solo espero que Sora se comporte, después de todo, no quiero que por su culpa Kiriha se vea afectado.— Hizo una mueca— Puede ser que, ella no me agrade, pero Kiriha es otra cosa.

Para ella, la dinastía y sus descendientes eran muy importantes, por sobre todas las cosas veía por su bien estar.


—Esto no puede ser posible.—Musitó Alice bastante impresionada y a la vez molesta— ¿Cómo, rayos, es posible que mi hermano le haya dado los aposentos de mi abuela a una esclava, antes que a la madre de su príncipe?

Sora hizo una mueca— Muchas cosas han cambiado.— Declaró— Ahora, Yamato tiene una nueva mujer, y está obsesionado con ella.

Alice hizo una mueca ante esto ¿cómo era posible este suceso? Primero, la diadema dorada, luego el comportamiento insolente de esa joven a Sora, y finalmente, los aposentos.

—El sultán puede tener a la mujer que quiera, pero esto es demasiado...—Comentó la rubia— ¿Cómo es posible que tenga tantos privilegios una esclava que ¡no! le ha dado un príncipe?—Musitó— ¡Ni siquiera a su otra concubina cuando quedó embarazada la trató así!

Sora suspiró— La verdad es que, no sé qué le hizo esa mujer, pero Yamato está muy obsesionado con ella, tanto así que le ha dado mis noches de los días Jueves.

¿Qué?

¡Su noche de días Jueves!

—Pero esa es la noche sagrada.— Comentó Alice— Debería ser tuya, eres su concubina principal, la madre de su príncipe.

—Pues sí, soy madre de su príncipe, pero parece que ya no soy su favorita.— Habló Sora— Ya que, si no fuera por Kiriha, Yamato no me colocaría atención.

—¿Por qué dices eso?— Preguntó la rubia.

—Porque es lo que me ha demostrado.—Respondió la pelirroja— Sobre todo luego de perder a mi bebé, es como si, no existiera para su majestad.

Alice hizo una mueca y tomó su mano— En verdad, lamento la pérdida de tu bebé.— Musitó— Pero debes estar tranquila, Yamato simplemente debe estar obsesionado, nada más. Nunca se olvidará de ti.

—Eso espero sultana.

—La obsesión puede nublar momentáneamente su juicio, pero el amor verdadero siempre prevalece.

Sora asintió con una débil sonrisa, agradeciendo el apoyo de su amiga en esos momentos difíciles. A pesar de las dudas y la tristeza que la embargaban, se aferraba a la esperanza de que las cosas mejorarían.

—Ojalá sea así.

—Lo será.—Habló Alice— Tienes mi apoyo, de algún modo, haré que mi hermano abra los ojos.

Sora sonrió de lado— Agradezco su ayuda, mi sultana, pero ni siquiera la sultana madre ha podido quitarle el capricho por esa niña.

—Puede que ella no, pero yo si lo haré.— Respondió la rubia— Soy su hermana, sé cómo hacerlo.—Comentó— Pude lidiar con el príncipe Kouji y su mujer, Haruna, sabré lidiar con algo como esto.—Habló— Además, somos amigas después de todo ¿no? Déjame ayudarte.

Sora tomó la mano de la sultana agradecida de esto.

—Muchas gracias, Alice.—Comentó— Sabía que, con la llegada de mi amiga, todo se ordenaría.

Alice sonrió ante esto.


Natsuko se encontraba en sus aposentos, este día fuera bastante agotador, necesitaba descansar. Se dejó caer sobre la cama y suspiró.

Sin embargo, justo en ese minuto, la puerta sonó.

¡Toc, toc!

—Adelante.— Exclamó.

Juri Kalfa apareció en el lugar.

—Mi sultana, su hijo, el príncipe Takeru quiere hablar con usted.

Natsuko alzó una ceja sorprendida ante esto: —¿Mi hijo?

Juri asintió.

—¿De qué quiere hablar?

—No lo sé, pero me pidió verla.

—Dile que entre.

Fue así como Juri salió de la habitación y segundos después Takeru ingresó a la habitación.

—Buenas noches madre.— Takeru hizo una reverencia.

—Hijo.— Natsuko habló— Me sorprende verte aquí.

El rubio caminó hacia su cama— Disculpa madre, sé que quieres descansar, pero necesito hablar contigo de un tema importante.

Natsuko lo observó con curiosidad— ¿De qué tema?

Takeru tomó asiento a su lado—Madre, la verdad es que estaba pensando.

—¿Pensando?— Preguntó Natsuko— ¿En qué?

—En Henry Bey.— Respondió el oji-azul— Como bien sabes, él nos ha ayudado bastante ¿no?

La Valide asintió— Sí, lo sé.

—Ha puesto mucha confianza en mi.— Declaró el rubio— Aun sabiendo que puede correr peligro al ayudar a un príncipe, hermano del sultán.

Natsuko asintió nuevamente— Sí.

—Me siento muy agradecido de él...—Habló Tk— Y me he preguntado si ¿es posible que sea yerno de la dinastía?

—¿Yerno de la dinastía?— Preguntó Natsuko.

Takeru asintió— Creo que darle una esposa de nuestra familia seria la forma adecuada de mantener relaciones, además, Henry es joven y creo que sería adecuado que tenga una esposa ¿no?

Natsuko hizo una mueca— Sí, tienes razón Takeru.— Comentó— Me gusta tu idea, sin embargo...—Hizo una pausa— No creo que sea posible, ya que no hay mujeres de nuestra dinastía.—Habló— Todas tus hermanas están casadas, y tus sobrinas están muy pequeñas para comprometerlas.

Takeru se mordió el labio inferior ante esto, se había olvidado de aquel detalle.

—¿Y, algún pariente lejano?

Natsuko negó: —No creo que sea muy confiable.

Generalmente, los descendientes de las sultanas de sangre, las cuales fueron hijas de príncipes que murieron en la guerra por el trono, no eran reconocidos por la familia real como "su alteza real"

—Entonces ¿tendré que descartar mi idea?— Preguntó Takeru— Y pensar en otro presente para Henry Bey.

Natsuko se mantuvo en silencio ante esto y llevó una mano a su mentón, Henry Bey necesitaba una esposa, eso estaba claro, y estuvo bien pensado de parte de Tk querer darle un miembro de la familia real para reforzar su alianza y compensar su trabajo, sin embargo, no había quien pudiera ser su esposa, salvo que le diera una persona del harem...

¡Un minuto!

Una idea vino a su mente

—¿Sabes? No tenemos una persona de nuestra dinastía, sin embargo, tengo una propuesta.— Musitó Natsuko.

—¿Propuesta?

La Valide asintió— Una concubina del harem, preparada por la misma madre sultana.

¿Qué?

Takeru observó sorprendido y desconcertado a su madre.

—¿Eso es posible?

Natsuko asintió.

—Mientras no tengamos a una mujer para darle de nuestra dinastía, una concubina presentada por la misma casa real podría darle felicidad.— Comentó.

—No sabía que eso era legal.

—Lo es.— Musitó la madre sultana.

Desde ahora, era legal.

—¿Y, qué concubina crees que está a la altura?

—No te preocupes de eso.— Respondió Natsuko— Yo me encargaré de eso.


Mientras tanto, en la sala del trono.

El silencio reinaba en la majestuosa sala del trono mientras Yamato se sumergía en la lectura de los antiguos pergaminos. Hacía menos de una hora, había mantenido una última reunión con el jefe de los jenízaros, ultimando los preparativos para la inminente guerra a la que partirían.

Una sensación de inquietud se apoderaba lentamente de él mientras repasaba mentalmente cada detalle estratégico. Como sultán, comprendía la enormidad de la responsabilidad que recaía sobre sus hombros. Esta no era simplemente una batalla más; era su primera guerra como líder supremo del reino. La presión por garantizar que todo saliera perfectamente se tornaba abrumadora, sin margen alguno para el error.

Con un suspiro profundo, Yamato cerró los ojos por un momento, buscando la calma en su interior. Sabía que no podía permitir que los nervios lo dominaran. Su pueblo dependía de él para guiarlos hacia la victoria, y debía estar a la altura de las expectativas. Con determinación renovada, volvió a abrir los ojos, dispuesto a enfrentar los desafíos que se avecinaban con valentía y sabiduría.

También, debía analizar el tema de la participación de Takeru.

Sabía que él nunca había asistido a una guerra, y necesitaba esta experiencia, como príncipe. Sin embargo, los pashás no parecian a gusto con su presencia y no quería hacer esta situación incomoda.

Otro factor jugaba un papel especial en su participación. Una posible muerte ¿De quién? De él, el sultán Yamato. Sí, Kiriha era su hijo, y era su heredero, pero era el único y eso significaba un riesgo, para variar, Kiriha apenas era un niño, no era la edad adecuada para ascender al trono, sí, podía ascender, pero no tendría la madurez suficiente.

¡Además! (Debía colocarse en todos los casos) ¿Qué ocurría si una enfermedad venía a él y moría? ¡Uno nunca sabe cuando la muerte puede venir! Y la muestra estaba en su propio padre, quien a fines de su reinado una viruela se apoderó del palacio, la cual mató a varios sirvientes del harem de diferentes edades, el príncipe Yuu estaba de visita, y lamentablemente, dos hijos de él que no sobrepasaban los cuatro años murieron a causa de esa enfermedad, al igual que un par de hijas gemelas, que Hiroaki tuvo con una concubina, y que apenas tenían ¡tres años!

Movió la cabeza.

Sí, sonaba muy extremista, pero debía pensar en el bien de la dinastía, después de todo, no había una cantidad abundante de herederos y la idea era que su familia estuviera en el trono.

¡Toc, toc!

La puerta sonó.

—Adelante.

Taichi Pashá apareció en el lugar.

—Sultán.

—¿Sí?

El castaño bajó la cabeza— Sé que está ocupado, pero su concubina favorita, Mimi Hatun desea verlo.

—¿Por qué? ¿Ocurrió algo?

—Ella dice que quiere verlo, porque necesita hablar con usted, no sé de qué exactamente, pero eso dijo.— Comentó Taichi.

Yamato alzó una ceja sorprendido, Mimi sabía que iban a pasar la noche juntos ¿qué era tan importante que no podía esperar?

—Dile que entre.

Fue así como, Taichi salió del lugar y a los pocos minutos Mimi Hatun apareció en el lugar.

—Mi sultán.— La castaña hizo una reverencia.

—Mimi.— Yamato dejó el pergamino en la mesa junto a él— ¿Qué ocurre? ¿Qué deseas hablar conmigo?—Le hizo una seña para que se acercase.

—Disculpe mi sultán...—Mimi se acercó— Sé que está ocupado, hace poco terminó su reunión con el jefe de los jenízaros, pero la verdad es que hoy viví una situación desagradable en el harem.

—¿Desagradable?

La castaña asintió.

—Con la sultana Sora.

—¿Qué ocurrió?

—Ella me gritó frente a todo el harem.— Respondió Mimi— Y me trató de prostituta frente a todos, haciéndome saber que no merecía estar ahí para recibir a la sultana Alice.

—¿Por qué no merecerías estar ahí?

—Por lo que le mencioné, ante sus ojos yo soy una prostituta.

Yamato hizo una mueca: —Pensé que mi madre estaba tomando medidas para llevar las cosas en paz entre Sora y tú.

Mimi se mordió el labio inferior, no quería acusar a la sultana madre, ya que si esto llegaba a sus oídos ahí si tendría problemas de verdad. Sin embargo, quería que el sultán supiera que Sora la estaba molestando.

—La sultana madre hace lo que puede.— Musitó— Pero, la sultana Sora de igual forma me molesta. Hoy ocurrió una situación que me molestó bastante.— Habló— Ella me dejó en ridículo frente al harem.

Yamato se mordió el labio inferior, odiaba saber que las cosas no estaban bien entre sus mujeres, él estaba muy interesado en continuar con su relación con Mimi, y sí, quería que estuviera bien, pero lo dejaba en una situación difícil que su rival fuera Sora, después de todo, ella era la madre de su hijo, y le tenía cierto aprecio, además, de su bien dependía el bienestar de su hijo.

—Mimi, entiendo que te moleste su actitud, pero Sora es así.— Comentó—Muy celosa.

—Sí, eso es evidente.— Musitó Mimi— Pero luego de aquel día en el cual me golpeo pensé que dejaría de molestarme, sin embargo, el tiempo ha pasado y parece que todo empeora.

Yamato suspiró, extendió su brazo y con su mano derecha tomó la mano izquierda de Mimi, suavemente jaló de ella para atraerla hacia él.

—Está celosa.— Declaró— No debes prestarle atención.

—Me es imposible no prestarle atención, después de todo, siempre busca molestarme.— Habló Mimi— Y, tiene el poder para hacerlo.

Lamentablemente sí, era la madre de Kiriha, luego de Natsuko, Sora era la más poderosa en el harem.

Yamato depositó su mano en el mentón de Mimi y la observó— Siéntete alagada.

—¿Alagada?

El rubio asintió— Si te molesta, es porque sabe lo interesado que estoy en ti.

En otro momento, se hubiera sentido feliz de escuchar eso, pero en este no.

—Agradezco eso, mi sultán, pero para mí es difícil ser el hazme reír del harem y la chica a la cual todos molestan.— Declaró Mimi.

—Lo entiendo, sin embargo, como concubina, debes centrarte en nuestra relación, y no en lo que digan los demás.

—Lo sé, y eso intento, pero me es difícil entre tantas molestias de Sora y las demás.— Comentó Mimi—Además ¿cómo puedo estar segura de que, Sora, ¿no tiene razón?

—¿Razón?— Preguntó el rubio— ¿En qué?

—En que, usted se aburrirá de mí, y regresará a ella, porque es la madre de su hijo y siempre será importante en su vida.

—¿Eso te dice Sora?— Cuestionó Yamato sorprendido.

Mimi negó: —No.— Respondió— Ella me dice que usted se aburrirá de mí.

—¿Y de dónde sacas lo otro?

—De mi cabeza.— Contestó la castaña— Es lógico ¿no? Después de todo, Sora es madre de Kiriha, y usted siempre tendrá un lugar en su corazón para ella. Más importante que el mío.

—¿Me estás celando?— Preguntó Yamato.

—No.— Mimi se cruzó de brazos.

Evidentemente lo era.

—¿A no?— Cuestionó el rubio— Entonces ¿qué es?

Mimi se mordió el labio inferior, jamás pensó estar en una situación así, jamás sintió celos en su vida, ya que su exnovio, Michael, nunca la hizo sentir así, después de todo, ella fue la única mujer en su vida, pero en el caso de Yamato era diferente.

—Bu-bueno me es inevitable colocarme celosa.— Comentó Mimi—Después de todo, ella es su mujer, y yo una simple concubina.

Yamato hizo una mueca ante esto, quizás al principio fue una concubina más, que llamó su atención, pero con el paso de estas semanas se convirtió en algo más que eso.

Alzó su mano.

—¿Ves esto?— Señaló su anillo— ¿Ves esta joya que te di?

La castaña asintió.

—Es una muestra del cariño que siento por ti.— Respondió el rubio— No una simple atracción, sino un verdadero enamoramiento, cada vez que dudes de mi ¡Míralo! Porque la verdad es que para mí no eres una simple concubina.

Mimi observó el anillo— Este anillo en primera instancia lo hizo para ella.

—Y que te lo haya dado ¿no te dice nada?— Preguntó Yamato.

Buen punto

Con un suspiro, Mimi se mordió el labio inferior, procesando la revelación. No había considerado el verdadero significado detrás del regalo del anillo, pero ahora, frente a la evidencia, comenzaba a comprender. Aquel acto era una muestra tangible del amor que Yamato sentía por ella, un amor que trascendía cualquier etiqueta o posición en el harem.

—Mi sultán, y-yo...

Yamato nuevamente tomó por el mentó el rostro de Mimi y lo alzó—Sora, es la madre mi hijo, pero tú eres mi favorita ¿sí? Y, en estos minutos, tú también ocupas un lugar en mi corazón.

"Un lugar"

Ella no quería un lugar, quería todo el corazón de Yamato, quería que la amase con todas sus fuerzas. No quería conformarse con ser una más entre tantas, no quería ser la segunda opción. Anhelaba el amor absoluto de Yamato, quería ser la única en su corazón, la única a quien amaba con todo su ser. Pero sabía que eso no sería posible mientras no superara esas barreras que existían, entre ellos a causa de Sora y las demás concubinas.

Si quería el amor absoluto de Yamato, tendría que luchar por él con todas sus fuerzas.

Respiró profundamente, centrando su mente en su objetivo. No había espacio para la tristeza o la duda en su corazón. Se enderezó con determinación, encontrando la fuerza dentro de sí misma para enfrentar los desafíos que se avecinaban. Si quería ser la única en el corazón de Yamato, tendría que demostrarle que era digna de ese amor absoluto, sin reservas ni condiciones.

Yamato observó la confusión en el rostro de la castaña, fue así como con decisión, acercó su rostro y besó sus labios.

Mimi no dudo en corresponder.

El beso de Yamato fue como una chispa que encendió un fuego dentro de Mimi. Sus labios se encontraron en un ferviente abrazo de pasión y anhelo, y en ese momento, todas sus dudas y temores se desvanecieron en la ardiente conexión que compartían.

Cada caricia, cada suave roce de los labios de Yamato contra los suyos, le recordaba todo lo que sentía por él y la determinación que ardía en su interior. Mimi se entregó por completo al beso, dejando que sus emociones fluyeran libremente, sin restricciones ni inhibiciones.

Cuando se separaron Yamato la observó de frente.

—¿Entiendes?

Mimi asintió lentamente, sintiendo una nueva determinación ardiendo en su interior. Había comprendido el mensaje implícito en el beso de Yamato: ella era su preferida y eso no cambiaría. No obstante, ella debía marcar su territorio.

Fue así como depositó sus brazos en sus hombros y uno nuevamente sus labios en un beso apasionado.

Cuando Mimi volvió a sentir los labios de Yamato sobre los suyos en un beso apasionado, una sensación de poder y determinación se apoderó de ella. Esta vez, no era solo una respuesta a su amor, sino también un acto de afirmación de sus propios sentimientos y deseos.

Con cada caricia y cada roce, Mimi dejó claro que estaba dispuesta a luchar por su lugar en el corazón de Yamato. No se conformaría con ser simplemente su favorita; quería ser la única, la única en la que él encontrara su amor y su felicidad castaña cerró sus ojos mientras sentía los besos del sultán.

Sus manos se aferraban con pasión a los hombros de Yamato, mientras sus labios se movían en un baile de deseo y anhelo compartido. En medio de la pasión desenfrenada, Mimi se sentía poderosa y decidida. No había lugar para la duda o la timidez; solo existía el ardiente deseo de reclamar su lugar en el corazón de Yamato y hacerlo suyo por completo.

Yamato respondió con la misma intensidad, sus labios buscando los de Mimi con ansias desenfrenadas.

Mimi suavemente empujó al rubio sobre el trono y acarició su entre pierna.

—Ey.— Yamato le habló— Mimi, a-aquí no.

Ya lo habían hecho en su habitación de muchas formas, nuevas experiencias.

—¿Por qué no?— Preguntó la castaña— Este palacio es suyo ¿no?

Yamato se mordió el labio inferior. Sí, este palacio era suyo, pero jamás se imaginó haciendo eso en aquel lugar. Aunque...

Sonaba interesante

Con una sonrisa traviesa bailando en sus labios, Mimi decidió devolver el placer que Yamato le había brindado, decidiendo complacerlo de la misma manera en que él la había complacido a ella todas las veces que habían estado juntos. Con movimientos sensuales y deliberados, se acercó a él mientras él estaba sentado en el trono, emanando una confianza y un deseo que lo embriagaba por completo.

Con manos suaves pero decididas, Mimi comenzó a acariciar el cuerpo de Yamato, explorando cada contorno con devoción y adoración. Sus dedos se deslizaron sobre su piel con una suavidad tentadora, dejando una estela de fuego a su paso.

Yamato cerró los ojos con un suspiro de anticipación, entregándose por completo al tacto experto de Mimi. Cada caricia era como una caricia de fuego que lo encendía por dentro, haciéndolo temblar con el deseo que ardía en su interior.

Fue en cuestión de segundos cuando la castaña pasó su mano bajó el pantalón de Yamato y comenzó a jugar con su miembro.

En un instante, el aliento de Yamato se entrecortó cuando Mimi se aventuró audazmente bajo su pantalón, su mano hábil comenzando a explorar el contorno de su miembro. Una oleada de calor lo recorrió de arriba abajo, intensificando el fuego que ya ardía en su interior.

El placer y la excitación se entrelazaron en una danza frenética, mientras Yamato se abandonaba al éxtasis que solo Mimi podía provocar en él. Cada movimiento, cada roce, avivaba aún más el deseo que los consumía a ambos, llevándolos a nuevas alturas de pasión desenfrenada.

En un minuto dado aquel miembro se alzó y la castaña se asustó.

—Creo que lo esta disfrutando.

Yamato simplemente besó sus labios— Continuo, es una orden.

Mimi rio.

Sensualmente desabrochó su cinturón y abrió su pantalón.

Mimi observó el miembro de Yamato con incredulidad, una mezcla de asombro y gratitud se apoderó de ella. No podía creer cómo algo tan simple como aquella extremidad masculina podía traerle tanto placer y éxtasis. Era como si cada centímetro de su cuerpo estuviera diseñado para provocar sensaciones indescriptibles que la llevaban más allá de los límites del placer conocido.

Una sonrisa traviesa bailaba en los labios de Mimi mientras contemplaba el miembro de Yamato, maravillada por el poder que tenía sobre ella. Era una sensación embriagadora, una mezcla de deseo y adoración que la dejaba sin aliento y ansiosa porque entrara en ella.

Yamato gimió suavemente ante las caricias de Mimi, sus ojos ardientes reflejando el deseo que ardía en su interior. Sabía que estaba en el centro de su atención, y la idea solo aumentaba su propio placer y excitación.

Mientras Mimi continuaba sus caricias sensuales, sus labios encontraron los de Yamato en un beso apasionado y profundo. La pasión entre ellos se encendió, envolviéndolos en una espiral de deseo y placer que los llevaba a nuevas alturas de éxtasis.

Mimi sintió la excitación palpable en el aire mientras deslizaba su mano con delicadeza por el muslo de Yamato, acercándose lentamente a su miembro con una mezcla de anticipación y deseo. Con movimientos hábiles y sensuales, acarició la longitud de su erección con la punta de sus dedos, sintiendo cómo el calor y la rigidez lo envolvían por completo.

Yamato dejó escapar un suspiro entrecortado de placer, sus ojos oscuros ardientes con deseo mientras observaba el toque experto de Mimi sobre su cuerpo. Cada caricia era como una descarga eléctrica que lo recorría de arriba abajo, llevándolo más y más cerca del borde del éxtasis.

Mimi sonrió traviesamente mientras continuaba sus caricias, disfrutando del efecto que tenía en Yamato y deseando llevarlo al límite del placer. Con movimientos deliberados, envolvió su mano alrededor de su miembro, sintiendo cómo palpitaba con el ritmo de su propio corazón.

Yamato gimió suavemente ante el contacto, su cuerpo temblando con la anticipación del placer que estaba por venir. Con ojos llenos de deseo, la miró con una mezcla de gratitud y anhelo, sintiendo cómo el deseo lo consumía por completo.

Mimi se dejó llevar por la pasión que la consumía por completo. Con un movimiento decidido, tomó el miembro de Yamato entre sus labios, sintiendo cómo la rigidez y la calidez de su erección la envolvían por completo.

Con movimientos sensuales y expertos, Mimi comenzó a deslizar su lengua por la longitud de su miembro, explorando cada centímetro con devoción y adoración. Cada succión era como una caricia de fuego que lo encendía por dentro, haciéndolo temblar con el placer que ardía en su interior.

Yamato gimió suavemente ante la sensación embriagadora de los labios de Mimi rodeándolo, su cuerpo temblando con la intensidad del placer que lo consumía por completo. Cada movimiento de su boca era como una ola de éxtasis que lo llevaba más y más cerca del borde del placer absoluto.

Mientras Mimi continuaba con sus caricias expertas, el mundo a su alrededor se desvaneció en un torbellino de sensaciones, dejando solo a ellos dos perdidos en el éxtasis del amor compartido. Con cada succión, cada roce de su lengua, se sumergieron más y más en la deliciosa vorágine de placer que los envolvía por completo.

Yamato ya estaba límite, fue así como tomó a Mimi jugaba con su boca, él depositó sus manos en los hombros de ella y sin dudar, bajó las mangas de su vestido, luego bajó el vestido hasta su cintura, dejando a Mimi semidesnuda, con sus senos descubiertos, Mimi se incorporó sobre ella quedando de frente con el sultán, quien la sentó en sus piernas, Yamato se acercó a sus senos y como niño hambriento succionó de uno de sus pezones.

Mimi comenzó a gemir, mientras entre sus piernas sentía que el miembro preparado cada vez se alzaba más, cada vez se hacía más grande, dudaba que cayera dentro de ella.

Finalmente, Yamato quitó el resto de su vestido revelando sus muslos y la intimidad que anhelaba su atención. Con movimientos lentos y deliberados, Mimi guio el miembro de Yamato hacia su entrada, sintiendo cómo la rigidez y el calor de su erección la llenaban de deseo y anticipación.

Con un suspiro entrecortado de placer, Yamato la sostuvo con firmeza mientras ella se deslizaba sobre él, cada movimiento enviando ondas de éxtasis a través de su cuerpo. Mimi se arqueó hacia adelante, encontrando el ángulo perfecto de penetración mientras Yamato la llenaba por completo con cada embestida.

El placer los envolvió a ambos en una espiral de sensaciones embriagadoras, cada movimiento más intenso que el anterior mientras se entregaban por completo al éxtasis del amor compartido. Con cada embestida, el calor del deseo crecía más y más, llevándolos a nuevas alturas de pasión y satisfacción.

Yamato gimió suavemente ante la sensación embriagadora de la estrechez y la calidez de Mimi envolviéndolo, su cuerpo temblando con la intensidad del placer que lo consumía por completo. Cada movimiento era una invitación tentadora a perderse en el abismo del deseo, y él no podía resistirse a la tentación de entregarse por completo al placer que ella le ofrecía.

Mientras se movían en perfecta armonía, Mimi y Yamato se sumergieron en el mundo del pasión compartida, entregándose el uno al otro en un baile de deseo y pasión que los dejaba sin aliento.

De ahí todo fue chispa, finalmente Mimi terminó agotada durmiendo en la sala del trono, sobre su sultán. Y, sabiendo que, Yamato era de ella.


+Único capítulo "hot" no habrá más por votación popular.

+Actualización en las votaciones de la cantidad de hijos que quieren que tenga Mimi de Yamato:

1 hijo: 0 votos - 2 hijos: 1 voto - 3 hijos: 4 votos - 4 hijos: 1 voto - 5 hijos: 2 votos - 6 hijos: 1 voto. Aunque, tengo una pregunta ¿en esas respuestas solo se refieren a hombres o también quieren que tenga una niña?

+Decidí cambiar el tema que dije que un personaje de Digimon Savers iba a ser Ibrahim Pashá, sin embargo, decidí cambiar eso y usaré a Daigo Nishijima (De Digimon Tri) en este caso Daigo Nishijima Pashá como Ibrahim Pashá (Finalmente, Digimon Tri siento que es más odiado de Savers)

+Dato: Alice, aparte de ser amiga de Sora, es esposa de Daigo Pashá, quien siempre ha tenido problemas con Taichi, porque tiene como objetivo ser Gran Visir, el hombre más poderoso luego del sultán, de a poco se alinean los bandos, así que tantos a todas las llegadas.

+El capítulo anterior fue el capítulo más comentado jajaja no pensé que sería tan bueno.

mimato bombon kou: Jajaja que bueno que te haya gustado el capítulo. Sí, Yamato y Mimi por fin están juntos de verdad, ya veremos si quedó embarazada jajaja si sería genial que tuviera varios hijos para defenderse. Bueno, sobre los hijos ya tengo visto cuáles serán los hijos, créanme amarán a los hijos que escogí, sobre cantidad jajaja sería loco 6 hijos aunque bastante trabajo, una chica me dijo que quiere 6 para molestar a Sora, creo que esa es la opinión de muchas jaja pero ya veremos. ¡Espero seguir compartiendo contigo los acontecimientos de la historia! ¡Saludos!

Adrit126: ¡Holi! Es bueno que te haya gustado jsjsj revive para continuar leyendo. Sí, Taichi es increíble (es mi personaje favorito de Digimon ¡que se note!) Sí, todos queríamos ver la cara de Sora jajaja estaba ardida en celos. Taichi es buena gente, sin embargo, algo paso, cometió un error al confiar en Sora y ella se comportó de mala manera, en algún momento sabrán que pasó jajaja Lo que le dijo Yoshino a Taichi fue algo así "Molesta a Sora enviando a esta concubina"...Anotado con los hijos. Ya veremos que pasa, espero que te esté gustando la historia, si es así espero que sigas leyendo y comentando. Te mando un abrazo.

DespinaMoon98: Hola, gracias a ti por leer jaja Sí, es raro que Mimi haya tomado la iniciativa jajaja pero quiero darle ese toque de sensualidad, Mimi solo necesitaba despertar a su fiera interior jajajajaj Yamato ha tenido mujeres jajaja pero no tantas como Salomon que tuvo mil jajaja Yamato estuvo mucho tiempo en guerra y por el bien de su familia (por si moría) no tuvo muchas mujeres. Tomé tu idea, Mimi estuvo varios días en los aposentos, ya veremos si queda embarazada jajajaja Entiendo, considerando en la serie "El sultán" el contenido debería ser implícito y si, tienes razón al momento de decir que debería diferenciarse del moderno. Por eso, tomé la decisión de dar este capítulo para eso, sin embargo, en los próximos capítulos me centraré en lo que dices. Sobre las escenas de batalla, no lo había pensado, si pensaba en colocar escenas en el campamento, pero no sé si en la batalla, porque como dices es complicado (Por eso, no hago Fanfics de Digimon en universo real porque no me gusta escribir las batallas) Pero ya veremos si me atrevo o no. Muchas gracias por seguir la historia, espero que te esté gustando, si es así espero que sigas leyendo y comentando. Te envió un cordial saludo.

TheBigParadox: Holi jsjsjs Sí, yo también estoy orgullosa de Mimi ¡ya era hora que sacara las garras! No es una simple esclava, sin embargo, le falta un poquito para llegar a decir esa frase que ¡Me encanta! (Y, que muero escribir, sobre todo en una posible Mihrimah) Sí, debe ver por su bien en el harem, Sora le declaró la guerra. Sobre el tema de los hijos, sí, yo también quiero que tenga su buena cantidad, tienes razón, sería un buen elogio a Hurrem con esa cantidad, pero ya veremos qué ocurre jsjsjs Diste en el clavo jsjsjs tengo idea de muchas subtramas con sus hijos y tengo pensado en llegar a la coronación de otro sultán, pero ya veremos qué ocurre, y si ¡obvio que daré una Mihrimah! También quiero un Mehmet, pero estoy analizando, candidatos jajaja Todos deben ser personajes de Digimon así que acepto sugerencias. También tengo preparado MUCHAS subtramas para Taichi, pero vamos paso a paso, necesito que lleguen más personas a la historia jaja ¡Sí! Me basé mucho en esa personalidad seria de Taichi de adulto porque ¡me encanta! y me alegra que te esté gustando. Yo amo el Taiora, pero en esta ocasión, no será una pareja principal por la posición en la cual están. Entiendo que quieras que la escena no sea tan explícita, se entiende, e intentaré hacer lo mejor posible. Agradezco mucho tu interés en continuar con la narrativa. Si estás disfrutando, te animo a seguir leyendo y compartiendo tus comentarios. ¡Recibe un afectuoso saludo!

Gery: Hola, te doy la bienvenida a esta historia, que bueno que te esté gustando jaja Espero haber llegado a tus expectativas de la entrega, si, pues la verdad es que no sabía mucho si especificar, es por eso que pregunte, y llegué a la conclusión que di a conocer a inicios de este capítulo. Me alegra saber que se está pareciendo más a Hurrem, porque quiero que así sea, haré una referencia a Kosem más adelante (Algo así de: ¿Qué hubiese pasado si Kosem fuera nuera de Hurrem? Pero será más adelante) Con respecto a, la lealtad a Sora, en realidad era lealtad a Kiriha y no destruir su familia, pero Mimi se dio cuenta que no vale la pena, debe ver por ella y su supervivencia. Sí, sería genial que tuviese mellizos o 3 para sacarle celos a Sora, la pregunta es ¿contamos a una niña? o solo 3 hombres jijiji de igual forma haremos sufrir a Sora en este Fic jsjsjs Con respecto al anillo, Mimi ahora no lo ve así, pero el anillo más adelante será una muestra de amor, Yamato ahora se lo dio en señal de agradecimiento, sin embargo, llegará un minuto donde Mimi lo verá así, ya veremos que ocurre con Mimi más adelante y si logra ese objetivo (ojalá que sí) jsjsjs espero que te sigas leyendo la historia, comentado y ojalá puedas siempre mencionar lo que opinas, si te gusta algo, si no te gusta. Estoy abierta a recibir todo. Quiero expresar mi gratitud por seguir la historia. ¡Un abrazo afectuoso para ti!

Abi: ¡Hola! Te doy la bienvenida jaja buena idea del número de hijos para fastidiar a Sora, ya veremos que ocurre, te agradezco por seguir con la trama. Si estás disfrutando, te invito a continuar leyendo y compartiendo tus opiniones. ¡Un cordial saludo!

+Sigo con la dinámica:

Alice Hatice Sultan