Na: Tengo una pregunta, a mí, o en su mayoría de personas veían la serie (El sultán) por los problemas del harem entre Hurrem y las demás. Las guerras de Suleiman (para mi) eran la parte aburrida de la serie. Díganme ¿quieren que escriba escenas en guerras?


—¿Estás embarazada?— Preguntó Yoshino sorprendida.

—Sí.— Respondió Mimi con una sonrisa orgullosa— Estoy embarazada.

Airu, su amiga, sonrió— ¡Felicidades, Mimi!

La castaña sonrió— Gracias, Airu.

—¡Vaya! No lo esperaba.— Comentó Yoshino— Al final, tú mentira terminó siendo verdad, tienes mucha suerte.

Debía admitir que se sentía aliviada, jamás pensó que sería tan suertuda en esto, y estaba agradecida por esto, pero a la vez debía admitir que sentía cierto miedo. Sí, miedo. Porque traería un niño a este mundo y tendría que cuidar. Ella no sabía nada de ser madre.

—Te felicito.—La Kalfa tomó su mano.

Mimi sonrió— Gracias.—Respondió— Espero contar con tu apoyo para lo que se viene.

—¡Claro que cuentas con mi apoyo!—Exclamó la pelirosa— No debes dudarlo, me encargaré de estar a tu lado en este proceso, el cual será maravillo, pero a su vez difícil, ya que ahora serás madre.

—No sé cómo será ser una.

—Pero lo aprenderás con el paso del tiempo.— Contestó Yoshino— He visto muchas mujeres esclavas dar a luz y ser buenas madres. Después de todo, aquí tienen mucho apoyo.

—Es una lástima que sea el segundo...—Murmuró Airu.

Mimi la observó sorprendida— ¿Por qué dices eso?

—Porque de cierto modo corre peligro ¿no?— Comentó la rubia— Aquí en este palacio, todos quieren el trono.

La castaña hizo una mueca ante esto: —Pe-pero mi hijo todavía no nace, dudo que corra algún peligro, es hijo del sultán ¿no?

Yoshino suspiró— Lamentablemente, Airu tiene razón.—Contestó— Aunque sea un bebé, ya corre peligro.

¡Oh no!

La castaña llevó sus manos a su vientre.

—¿Le harán daño?

—Espero que no.—Comentó la pelirosa— Sin embargo, te recomendaré tener cuidado, nunca se sabe con la sultana Sora.

Sí, ella lo sabía más que nadie, después de todo, fue Sora quien mandó a quemar su rostro.

Yoshino se acercó a Mimi y colocó una mano tranquilizadora sobre su hombro—Pero no te preocupes, ahora lo importante es que no tengas mucho estrés para que tu bebe crezca sano.— Musitó— Te prometo que estaremos vigilantes. Haremos todo lo posible para asegurarnos de que tú y tu hijo estén a salvo.

Mimi asintió, sintiendo una mezcla de miedo, sin embargo, con el apoyo de Yoshino todo se tranquilizó.

Airu se acercó también, con una mirada seria en su rostro—Estaremos atentos a cualquier señal de peligro. Y recuerda, no estás sola en esto. Somos tu familia ahora.

Con el apoyo de sus amigas, Mimi se sintió un poco más segura. Sabía que el camino que tenía por delante no sería fácil, pero también sabía que con el amor y la protección de aquellos que la rodeaban, podría enfrentar cualquier desafío que se interpusiera en su camino hacia la maternidad.


Miyako acarició suavemente el cabello de la sultana Sora, quien todavía estaba en shock por la noticia.

—No puedo creer que esa esclava esté embarazada.— Comentó— Pensé que se iría.

—Mi sultana.— La Kalfa la llamó—Debe estar tranquila.

—¿Cómo voy a estar tranquila?—Preguntó la pelirroja— ¡Esa prostituta, está embarazada de Yamato, el amor de mi vida!

—Lamentablemente esto es algo que no pudimos evitar.— Comentó Miyako— El sultán la escogió como concubina y ella resultó ser más fertil que las otras concubinas.

Sora apretó su puño— ¡Maldita sea!— Exclamó—Ojalá pierda al bebé. Así como yo perdí al mío.

¡Maldecía el día en que fue concebido aquel bebé! Ojalá nunca naciera. Y si llegaba a nacer ojalá fuese mujer.

—Mi sultana, por favor, relájese.— Musitó la pelilila.

Justo en ese minuto a los aposentos ingresó una sirvienta con una bandeja en sus manos donde traía unas copas de greda.

Miyako al ver esto tomó una copa y se la entregó a la pelirroja— Tome, mi sultana, ordené que le trajeran un té de hierbas para tranquilizar los nervios.

—Dudo que algo calme mis nervios.— Declaró Sora— Esta noticia no me dejará descansar.


—Hijo, querido, lamento informarte que la idea que tenías de darle una esposa a Henry Bey no será posible.— Natsuko le informó a Takeru.

—¿Por qué no?— Preguntó el rubio— Pensé que tenías todo arreglado.

—Lo tenía.— Contestó la mujer— Pero mis planes cambiaron.

Takeru observó sorprendido a su madre— ¿Qué cambió?

Natsuko suspiró y tomó la mano de su hijo— Tenía planeado darle a Mimi Hatun como esposa a Henry Bey.

—¿Mimi Hatun?— El rubio repitió aquel nombre y se alarmó— ¡Planeabas darle la favorita de mi hermano a Henry Bey!

La Valide asintió.

—Pero ¡madre eso no le gustará a mi hermano!— Exclamó Takeru— ¡Sería un pecado darle su concubina favorita a Henry! Te metería en un problema.

—Lo sé, hijo.

—¿Por qué querías hacer eso?

—Porque, tú bien sabes que no me agrada, ha causado problemas entre tu hermano y Sora.— Respondió.

—Esa no es excusa para hacer lo que pensabas hacer.— Respondió el rubio—Mi hermano está interesado en esa mujer y está en todo su derecho.

—Tranquilo, hijo, no es necesario que te sulfures, después de todo, mi plan no salió como esperaba.— Comentó la sultana madre— Porque ella está embarazada.

¿Qué?

—¿Embarazada?

Natsuko asintió— Tendrá un hijo de su majestad, el sultán Yamato, tu hermano.

¡Wow!

Pensó el rubio.

—Tendré otro sobrino, madre.— Comentó el rubio— Y tú, otro nieto.

Natsuko se mordió el labio inferior y suspiró.

—Así parece.

Takeru hizo una mueca— No te veo tan contenta por la noticia.

Natsuko guardó silencio por unos segundos.

—Madre.— El joven la llamó— ¿Qué ocurre?

La Valide suavemente depositó su mano en el hombro de su hijo— Claro que estoy feliz, tú sabes que siempre he querido ser abuela de muchos hijos, pero...

—¿Pero?

—Me preocupa Sora.—Respondió— Tú sabes que, ella está muy afectada luego de perder a su hijo, ya que por segunda vez perdió a un bebé. Y, tengo miedo de que cometa alguna locura por esta nueva noticia.

—Tienes que hablar seriamente con ella.— Comentó Takeru— Después de todo, no creo que sea justo para Yamato ser criticado por el consejo solo porque Sora no puede tener más hijos.

"Criticado por el consejo"

Esas palabras resonaron en su mente.

—Ya mucho tiene con ser criticado por tenerme a mi.— El rubio bajó la mirada.

—¿Por qué dices eso?— Preguntó Natsuko.

—¿Qué no es obvio?— Cuestionó Takeru— Eso es lo que ocurre, después de todo, nadie está de acuerdo en que yo permanezca con vida.

—Hijo, no te sientas mal por eso.— La mujer tomó su hombro— Los hombres del consejo simplemente son pashás viejos que se rigen por normas absurdas, sin embargo, Yamato ahora es el sultán y él ordenó que tú continuaras con vida.

—Sí, pero ellos no parecen estar de acuerdo con eso.

—¡No importa! Takeru, no debes vivir por lo que ellos piensen.—Declaró Natsuko— Además, ellos hablan por sus propias consignas, mientras que el resto del pueblo te ama.

Sí, eso era verdad, con los últimos actos de beneficencia logró ganarse la aprobación de muchas, sin embargo, eso no quitaba su miedo.

—Basta con eso.— Natsuko tomó su mano— Debes estar tranquilo, todo estará bien, debes confiar en tu hermano.


—¿Quién lo hubiera pensado?— Comentó Alice— La concubina favorita de nuestro hermano no demoró mucho en quedar embarazada.

Rika asintió—¡Ya era hora!— Exclamó— Nuestro hermano necesita otro descendiente aparte de Kiriha.

Alice hizo una mueca— Sí, lo necesita pero...—Suspiró— No creo que esto le guste a Sora.

—No es necesario que le guste a ella.— Contestó la pelirroja— Basta con que le guste a Yamato.

—Sí, pero es inevitable preocuparme por ella, es la mujer principal de nuestro hermano, la madre de su primogénito, ella es importante para el harem.— Comentó la rubia.

—Es una mujer más de este harem.—Musitó Rika— Al igual que Mimi y las demás esclavas. Debe aceptar la voluntad de nuestro sultán.

Alice observó un tanto molesta a Rika ¿cómo podía decir eso? Sora era mucho más importante que las demás concubinas, merecía mantener su posición, después de todo, si Yamato moría, Kiriha ascendería al trono y Sora se convertiría en madre sultana. Por su bien, ambas debían respetarla.

¿Respetarla?

Rodó los ojos al recordar que su hermana no respetaba a nadie más que al sultán.

Suzie Kalfa, la sirvienta de la pelirroja, ingresó al lugar.

—Mi sultana, traje lo que me pidió.— Alzó entre sus manos un cofre pequeño, el cual lo abrió y dejó ver lo que contenía en su interior— Cincuenta monedas de oro.

—Muy bien, Suzie.—Respondió Rika— Dile a Gennai que las reparta entre las mujeres del harem.

—Sí.—La castaña hizo una reverencia y salió del lugar.

La pelirroja volteo hacia su hermana: —¿Y, tú?— Preguntó— ¿Planeas celebrar el embarazo de nuestro futuro sobrino?

Alice negó— No gracias.— Respondió— Aun es muy pronto para celebrar.

El embarazo estaba reciente y podía tener complicaciones así como Sora. O, podía ser una niña, y al serlo no era digna de tanta celebración.


Fue así como Suzie Kalfa obedeció y en la sala lujosamente decorada del harem, comenzó a repartir pequeñas bolsas de oro a las concubinas que se habían reunido allí. Las mujeres miraban con curiosidad las bolsas que recibían, preguntándose el motivo de aquel inusual gesto de generosidad.

—¿A qué se debe este reparto de oro, Suzie? —preguntó una de las concubinas, levantando la mirada hacia la mujer encargada de la distribución de riqueza.

Suzie sonrió misteriosamente, pero no reveló el motivo. —Es un gesto de benevolencia de la sultana Rika.— Respondió vagamente, manteniendo su tono neutral.

Las concubinas intercambiaron miradas confundidas entre sí. —¿La sultana Rika? ¿Por qué ahora? ¿Hay alguna ocasión especial que estemos olvidando? —preguntó otra concubina, tratando de entender la situación.

Suzie guardó silencio por un momento, sopesando sus palabras con cuidado—Este reparto de oro se debe a la llegada de un nuevo miembro a la familia real.—dijo finalmente, esperando que su respuesta calmara la creciente intriga entre las mujeres.

Las concubinas intercambiaron miradas sorprendidas y luego volvieron su atención a Suzie con aún más preguntas en sus ojos. —¿Un nuevo miembro? ¿Quién es la madre? ¿Por qué no nos han informado antes? —preguntaron casi al unísono, ansiosas por obtener más información.

Sin embargo, Suzie guardó silencio una vez más, manteniendo sus labios sellados ante las preguntas indiscretas. Sabía que no le correspondía revelar los detalles de la situación, y prefería mantener la discreción en asuntos relacionados con la familia real.

Las concubinas intercambiaron miradas de frustración, pero no insistieron más en obtener respuestas de Suzie. Con una mezcla de curiosidad y especulación, aceptaron sus bolsas de oro y se retiraron, dejando a Suzie sola con sus pensamientos y la intriga que había sembrado entre ellas.

—De seguro es Mimi.— Comentó Chibiro.

—¡No digas estupideces!— Exclamó Mizuki.

—¡Ojalá el destino no lo quiera!— Musitó Azumi preocupada.

—Si esa mujer se convierte en sultana no podremos deshacernos de ella.—Murmuró otra concubina del harem.


Mimi hizo reverencia frente a la madre sultana, se arrodilló frente a ella, tomó su vestido y suavemente besó la tela en señal de reverencia.

Natsuko observó a la castaña, debía admitir que no le gustaba pensar que ella sería la futura madre de su nieto, pero ¿qué más podía hacer?

—Sultana madre.— Mimi habló— ¿Por qué me mandó a llamar? ¿Ocurrió algo? ¿Hice algo mal?

Sí, se involucró con su hijo, haciendo sentir mal a Sora.

Sin embargo, no estaba aquí para hablar de eso, ya que debía hablar sobre su embarazo.

—Te he llamado para señalarte las normas que debes seguir para que no cometas errores en tu embarazo.— Declaró la Valide con seriedad— Aquí las señoritas embarazadas deben seguir ciertas reglas.

Mimi asintió— Yoshino Kalfa me las ha señalado.

—No olvides que debes cuidar bien de ti.— Musitó Natsuko— El niño debe nacer sano, por ese motivo me encargaré yo misma de enviar sirvientes a ti que te cuiden con dedicación, pediré al cocinero real que prepare comida especial para ti.— Comentó— No andarás paseando con otras esclavas por el palacio, no correrás, ni andarás por lugares peligrosos.

La castaña alzó levemente su mirada hacia la Valide.

—Es necesario que cuides muy bien de tu embarazo.— Señaló la sultana— Ya que ese niño que llevas en tu vientre debe nacer saludable y bien.— Comentó— Si eso no ocurre ¡Voy a matarte!—Advirtió— Y lo digo enserio.

Era su nieto, se preocupaba por él, pero antes que todo debía señalar lo siguiente:

—Pero antes que todo debes tener en cuenta que, puedes tener a ese bebé en tu vientre, puede tener tu sangre. Sin embargo, no es tuyo...—Declaró Natsuko.

Esto sorprendió a la castaña.

—Ese niño pertenece al sultán.

Mimi se mordió el labio ante esto, debía admitir que no le molestaba que perteneciera a Yamato, pero si le daba miedo que no fuese considerada ella como madre solo por el hecho de ser un príncipe.

—¿Entendiste?—Preguntó Natsuko.

—Sí mi sultana.— Respondió la castaña con la cabeza baja.

—Muy bien.—Musitó la oji-azul— Ahora ¡vete!

Mimi asintió.

Fue así como se levantó del lugar donde estaba, hizo una reverencia, volteo hacia la puerta y se fue.

—Juri...—Natsuko le habló a la kalfa— Ordena que repartan dulces y joyas en el harem. Que todo el mundo sepa que la señorita Mimi está cargando al hijo de nuestro Sultán.

—Sí, sultana.

Mimi sonrió ante esto, eso significaba que su hijo sería bien recibido por su abuela, al menos, eso era bueno.


Fue así como Juri dio la orden que la sultana madre le dio y apenas cayó la noche, un bullicio llenó los pasillos del harem mientras los sirvientes recorrían las estancias, repartiendo dulces y joyas entre las concubinas. Las mujeres se miraban entre sí con sorpresa ante aquel gesto de generosidad, preguntándose qué podría estar ocurriendo.

Entre el grupo de concubinas, Juri Kalfa, la sirvienta de la sultana madre, se encontraba presente. Las mujeres se acercaron a ella con curiosidad, buscando respuestas a la inesperada celebración.

—Juri, ¿por qué tanta celebración? —preguntó una de las concubinas, con los ojos brillando de expectación.

—Primero, la sultana Rika no envía oro, luego la sultana madre nos envía dulces y joyas.— Musitó Azumi.

—¿Qué ocurrió?— Preguntó otra concubina.

Juri sonrió antes de revelar la razón detrás de la festividad. —Hoy es un día especial, queridas concubinas. Tendremos un nuevo heredero.

—¿Quién es la madre?— Cuestionó Chibiro.

Todas observaron curiosas a la kalfa.

—Mimi Hatun.— Respondió Juri— Mimi Hatun está embarazada.

Un murmullo de emoción y sorpresa se extendió entre las mujeres al escuchar la noticia. Algunas sonreían con alegría ante la perspectiva de un nuevo miembro en la familia real, mientras que otras fruncían el ceño, enojadas por la noticia.

—¡Qué maravilloso! —exclamó una de las concubinas, con lágrimas de felicidad en los ojos.

—¡Finalmente habrá otro heredero legítimo aparte del hijo de la sultana Sora! —añadió otra, con un brillo de esperanza en su mirada.

Sin embargo, no todas compartían el mismo sentimiento. Algunas concubinas miraban con resentimiento la noticia, sintiendo que sus propias posibilidades de ganar el favor del sultán se desvanecían con el embarazo de Mimi Hatun.

—¡Esto no puede ser posible!— Exclamó Mizuki.

—Por favor, despiértenme, esto debe ser una pesadilla.—Comentó Azumi.

—Lamentablemente no lo es.— Respondió Chibiro.

Juri observó las reacciones variadas entre las mujeres con una sonrisa enigmática. Sabía que el anuncio del embarazo de Mimi Hatun causaría un revuelo en el harem, pero también sabía que era su deber como sirvienta de la sultana madre mantener la paz y el orden en el palacio.

Con la noticia del embarazo de Mimi Hatun resonando en el harem, el ambiente se cargó de una mezcla de emociones, desde la alegría hasta la envidia, mientras las concubinas procesaban la noticia y se preparaban para los cambios que vendrían con la llegada del nuevo miembro a la familia real.


Hikari caminó con paso ligero por los largos pasillos del palacio, dirigiéndose hacia el harem donde se realizaría una celebración en honor al embarazo de la favorita de su majestad. Estaba emocionada por participar en el evento y disfrutar de la compañía de los invitados y las exquisitas delicias preparadas para la ocasión. Después de todo, era una agradable noticia saber que vendría otro heredero.

Sin embargo, mientras se acercaba al harem, una figura en un balcón cercano capturó su atención. Detuvo sus pasos y observó con sorpresa al príncipe Takeru, quien estaba solo contemplando el paisaje que se extendía más allá de los muros del palacio.

Hikari sintió un nudo en el estómago, como siempre le ocurría al ver al príncipe, no esperaba verlo en ese lugar inesperado en lugar de estar en la fiesta. Tuvo intenciones de seguir caminando, mientras él no la viese, sin embargo, algo llamó su atención...

Su rostro

Una expresión triste que adornaba el rostro del príncipe Takeru. Sus ojos, que solían brillar con vitalidad y alegría, ahora estaban opacos y cargados de pesar. Su mandíbula tensa y sus hombros caídos revelaban una carga emocional que no podía ignorarse.

Un escalofrío recorrió la espalda de Hikari al verlo así. Siempre lo había conocido como alguien radiante y lleno de vida, pero ahora, la tristeza que emanaba de él era palpable. Se preguntó qué podría haber ocurrido para llevarlo a ese estado.

Sin embargo, algo en lo más profundo de su ser le impulsó a acercarse a él, a pesar de sus dudas y temores. Con pasos vacilantes, Hikari se acercó al balcón donde se encontraba el príncipe, sintiendo el peso de la incertidumbre sobre sus hombros.

—Príncipe Takeru.—llamó suavemente, tratando de no perturbarlo demasiado.

Takeru se giró lentamente hacia ella, sus ojos mostrando una mezcla de sorpresa y melancolía al verla allí.

—Hikari.—murmuró, esbozando una débil sonrisa que no llegaba a alcanzar sus ojos.

Hikari se acercó un poco más, dejando que el silencio entre ellos hablara por sí mismo durante un momento antes de romperlo con palabras de preocupación.

—¿Qué haces aquí? Pensé que irías a la celebración por el nuevo heredero en el harem.

—Iba para allá.— Respondió la castaña— Sin embargo, me encontré con usted, y me preocupé al verlo aquí ¿Le ocurre algo?

—¿E? N-no.

—¿Seguro?

Takeru asintió.

Hikari lo observó con desconfianza— No intente fingir, mi príncipe, sé que le ocurre algo.

—No estoy fingiendo Hikari.— Respondió el rubio.

Hikari hizo una mueca, era evidente que a Takeru le ocurrió algo.

—Lo mejor será que vayas a la fiesta.—Musitó el príncipe.

—¿Usted no irá?

—¿E? N-no, no iré.

—¿Por qué?— Preguntó— Pensé que estaría feliz por la llegada del nuevo heredero.

—Claro que lo estoy.

—¿Seguro?

—Seguro.— Takeru suspiró antes de continuar—Estoy feliz por la llegada de un nuevo heredero al palacio. Es un momento de celebración para todos nosotros.

Hikari asintió, comprendiendo el sentimiento compartido por muchos en el palacio. —Sí, es una gran noticia. El sultán y Mimi Hatun deben estar emocionados.

Takeru intentó sonreír, pero no fue posible, rápidamente la sonrisa se borró de su rostro.

Hikari hizo una mueca— No pareces muy feliz.— Comentó.

El rubio se mordió el labio inferior, la verdad es que quería estar feliz, pero una parte de él, mejor dicho, gran parte de su mente estaba realmente preocupada por su destino.

—Digame mi príncipe ¿que le ocurre?

Takeru frunció el ceño, su preocupación se hacía evidente en su semblante, la verdad era que no quería dejar en evidencia su preocupación, pero sabía que Hikari se preocupaba por él y aunque intentase mentirle, no sería fácil que diese por vencida— Tengo miedo, Hikari.

—¿Miedo?

El rubio asintió— Si.

—¿De qué?

—De mi futuro.— Respondió—Si Yamato tiene más hijos, ¿qué pasará conmigo?

Hikari se sorprendió ante la declaración de Takeru —¿A qué te refieres, Takeru? ¿Por qué tendrías que preocuparte?

Takeru bajó la mirada, sintiendo el peso de sus pensamientos —Por la ley del fratricidio, Yamato ahora tiene a sus hijos, es lógico que va a querer protegerlos, que yo esté vivo puede significar una amenaza.

—¿Amenaza?— Cuestionó la castaña— Tú jamás le harías daño a tus sobrinos.

—No, pero ahora que Yamato tiene otro hijo, los pashás me verán como una, ya que soy innecesario para el imperio ahora que habrá otro príncipe.

Hikari se quedó sin palabras ante la preocupación genuina de su amigo—Takeru, eso no puede suceder. Yamato te valora, eres su hermano.

—Tal vez ahora— dijo Takeru con pesar, —pero si las circunstancias cambian, ¿quién sabe qué decisiones tomará?

Hikari se acercó a él y colocó una mano reconfortante sobre su hombro. —No te preocupes, Takeru. Yo estoy segura que Yamato buscará una forma de cuidarte.

—Eso espero, pero me cuesta creerlo, tengo miedo.

—¡No lo tengas!— Exclamó la castaña— Estoy aquí para ti, y haremos todo lo posible para protegerte. Juntos encontraremos una solución, no estás solo en esto.

Takeru miró a Hikari con gratitud, sintiendo un ligero consuelo en sus palabras. Sin embargo, la preocupación seguía acechando en lo más profundo de su ser, recordándole la fragilidad de su posición en el palacio y las peligrosas dinámicas de poder que lo rodeaban.


Fue así como los meses avanzaron.

Con el paso de los días, el vientre de Mimi, la concubina predilecta de Yamato, comenzó a expandirse lentamente, marcando el crecimiento de la vida que florecía dentro de ella. La noticia de su embarazo se esparció como el rumor de un suave viento entre los muros del palacio, despertando una mezcla de emociones entre las demás concubinas y los cortesanos.

Para Mimi, cada día que su vientre crecía era una experiencia tanto asombrosa como desconcertante. Era como si llevara consigo un tesoro precioso pero desconocido, un vínculo tangible con el futuro del reino y el linaje del sultán. Sin embargo, también había una sensación de asombro y a veces de incomodidad al ver cómo su cuerpo cambiaba de forma tan significativa.

Cada vez que se miraba en el espejo y veía su vientre crecer, Mimi se sentía maravillada por el milagro de la vida que estaba ocurriendo dentro de ella. Sentía las pataditas suaves y los movimientos delicados de su bebé, recordándole constantemente la bendición que estaba por venir.

Pero al mismo tiempo, también había momentos de preocupación y ansiedad. La responsabilidad de llevar al heredero del sultán pesaba sobre sus hombros, y a veces se preguntaba si estaría a la altura de las expectativas que rodeaban su papel como madre.

A pesar de todas estas emociones encontradas, Mimi sabía que su embarazo era un regalo precioso, una oportunidad para traer nueva vida al mundo y contribuir al futuro del reino. Con cada patadita y cada movimiento en su vientre, se aferraba a la esperanza y la promesa de un mañana mejor para ella, su hijo y todo el reino.

Solo rogaba que fuera un príncipe, por solo un príncipe para "aseguraba" su estancia en aquel lugar.


El sol poniente bañaba el campamento de guerra con tonos dorados y naranjas, mientras Yamato se encontraba dentro de su tienda, repasando estrategias y planificando los próximos movimientos. Estaba inmerso en sus pensamientos cuando Taichi, su leal guardaespaldas, entró con paso firme.

—Permiso, sultán.—anunció Taichi con respeto al entrar al lugar y hacer una reverencia.

—¿Qué ocurre?

—Acaba de llegar una carta desde el palacio.— El castaño alzó en su mano un pergamino.

Ymato extendió la mano para recibir la carta, sus ojos ávidos por conocer su contenido.

Taichi le entregó la carta con cuidado, sabiendo la importancia que podía tener su contenido. Yamato rompió el sello con rapidez y desplegó el papel, sus ojos recorriendo rápidamente las palabras escritas por su madre.

"Querido hijo,

Espero que esta carta te encuentre bien y que tus asuntos en la frontera hayan sido resueltos con éxito. Permíteme informarte de los acontecimientos que han ocurrido en el harem y en el palacio durante tu ausencia. Todo ha estado en perfecto orden..."

Yamato pasó su vista por todo el escrito de la carta, gracias al cielo todo parecía ir bien dentro del harem con su madre y sus hermanas, todo bien dentro del reino con la intervención de Takeru, y Kiriha parecía estar respondiendo bien a sus clases. Sin embargo, ninguna noticia produjo tanto impacto como la última noticia.

"Hubo cierta intriga entre las concubinas, pero gracias a la intervención de Juri Kalfa, las tensiones se han calmado y la paz ha sido restaurada en el harem. Sin embargo, hay una noticia que debe ser compartida contigo, la cual ha alegrado mi vida y ha llenado de esperanza a este palacio: tu concubina favorita, Mimi, está embarazada."

¿Qué?

"Será padre nuevamente mi sultán"

Yamato se sorprendió al leer esto.

"Posiblemente, cuando usted reciba esta carta ya habrá transcurrido tiempo desde que esta noticia fue revelada, espero que muy pronto pueda regresar"


Días después de recibir la carta, Yamato se preocupó en responder a su madre y enviar carta a algunas personas del harem, estas cartas, lógicamente, demorarían en llegar por la distancia entre el campo de batalla y el imperio, sin embargo, esperaba poder estar presente en el nacimiento de su hijo.

Mientras tanto en el harem, todas las cosas estaban tranquilas, Sora a pesar de estar enojada intentaba no toparse con la concubina embarazada, Natsuko fue muy clara en sus órdenes al pedirle que se mantuviera alejada de Mimi para evitar conflictos, ya que, a pesar de no tener buena relación con Mimi, deseaba, como buena abuela, que su nieto estuviera bien y naciera con salud.

La felicidad de Mimi cada día aumentaba, a pesar de que gran parte del harem la ignoraba, algunas mujeres de este mismo lugar y sirvientes como Gennai, optaron por tratarla mejor, desde que sabían de su embarazo se preocupaban por ella, al igual que la sultana madre, quien estaba feliz por la llegada de su nuevo nieto.

Tanto así que, ofreció varios banquetes en su honor.

En estos minutos, Mimi se encontraba en uno de ellos, donde los sirvientes servían dulces y algunas mujeres tocaban música para subir el ánimo en el harem.

Mimi se sentía abrumada por la atención y el cariño que estaba recibiendo, especialmente por parte de las mujeres que la rodeaban. Aunque aún existían tensiones y resentimientos en el harem, ella se esforzaba por mantener una actitud positiva y agradecida hacia aquellos que la trataban con amabilidad.

Observó a su alrededor mientras disfrutaba de los dulces y la música. Las conversaciones animadas y las risas llenaban el ambiente, creando una atmósfera de alegría y camaradería que Mimi apreciaba profundamente.

—¡Vaya!— Musitó Yoshino— La madre sultana verdaderamente se esmeró en esta celebración.

Mimi sonrió— Sí.— Comentó— ¡Todo está delicioso!

A lo lejos la sultan madre se encontraba observando a la concubina, acompañada de las hermanas de Yamato, Alice y Rika.

—Todo el harem está lleno de energía gracias a la noticia de este embarazo.— Comentó la pelirroja—Eso es bueno, considerando que estamos en época de guerra.

Alice suspiró— Sí, debo admitir que es agradable.—Musitó— Sin embargo, no creo que esta concubina esté a la altura de tener un príncipe de este dinastía ¿No lo cree madre sultana?

Natsuko simplemente se mordió el labio inferior y le dio un sorbo a su té.

—Es una concubina inexperta, es entendible que no esté a la altura, todavía.—Comentó Rika— Sin embargo, le dará un hijo a esta dinastía y eso es lo que importa, después de todo, necesitamos más herederos, el consejo lo exige.

—Lo sé, Rika, pero de igual forma me preocupo.— Comentó la rubia y dirigió su mirada hacia la madre de Kiriha que se encontraba a unos metros.

Sora evidentemente no estaba a gusto con esto.

—No me gusta para nada esta situación.—Musitó— No puedo creer que la madre sultana celebre tanto por este bebé que ni siquiera ha nacido.

Miyako hizo una mueca— Mi sultana, por favor, no se estrese, como usted bien dijo, aun no nace.—Musitó— Puede ser una sultana y perderá al instante el encanto.

—Eso espero, Miyako Kalfa.—Comentó la pelirroja— Que sea un príncipe significaría problemas para mi hijo.

Sora tomó una uva y la introdujo en su boca.

La fiesta continuo mientras las mujeres tocaban música y los demás disfrutaban.

Mimi de vez en cuando dirigía una mirada hacia Sora. La incomodidad era algo palpable en el aire, ya que su mirada era de muerte, como si quisiera asesinarla.

Sin embargo, prefirió enfocarse en disfrutar del banquete y de la compañía de aquellos que la rodeaban. La música continuaba llenando el aire, creando una atmósfera festiva que lograba elevar su ánimo a pesar de los pequeños roces que había experimentado esa noche.

El banquete continuaba realizándose cuando en el lugar apareció Gennai Aga, quien se acercó a la sultana madre, Natsuko.

—Madre sultana...—Musitó haciendo una reverencia.

—Gennai Aga ¿qué sucede?

El castaño alzó en su mano un pergamino— Ha llegado carta desde el campamento.

—¿Una carta de mi sultán?

El aga asintió— Sí.

Natsuko sonrió ante esto, se colocó en pie, tomó el pergamino y se dispuso a salir del lugar. Necesitaba estar a solas para leer la respuesta de su hijo.

—¡Atención, la Valide Sultan, se retira!

Rápidamente todas las mujeres se colocaron en pie e hicieron una reverencia mientras la mujer salía.

Fue así como todo el lugar quedó en silencio por unos segundos hasta que Natsuko desapareció. Ante esto, Gennai recorrió el lugar con su vista y se acercó en dirección a la concubina embarazada, Mimi.

—Mimi Hatun, también ha llegado una carta para ti.—anunció Gennai Aga, captando la atención de la castaña frente a todo el harem.

—¿Una carta? —inquirió Mimi, con curiosidad tintando su voz.

Gennai asintió solemnemente— Sí, es del sultán.

¿Qué?

El murmullo que siguió a sus palabras llenó el espacio, y la tensión se palpaba en el aire. Sora, en particular, apretó el puño con furia evidente en su rostro.

Mimi tomó la carta, pero la atmósfera hostil la hizo sentir incómoda. Con un gesto decidido, se encaminó a la puerta y abandonó el lugar, prefiriendo leer el mensaje en privado.

Fue así como salió del lugar, caminó a sus aposentos, seguida de Yoshino y Airu.

—Me sorprende que el sultán te haya enviado una carta.— Comentó Airu.

—Es primera vez que lo hace.— Musitó la kalfa de ojos rosados.

Mimi asintió— Ni siquiera con Sora lo ha hecho.

Al llegar a su apartamento, ingresaron a la sala principal y Mimi tomó asiento en un sofá. Suavemente abrió el pergamino rompiendo el sello.

"Querida Mimi,

Espero que esta carta te encuentre bien. He recibido las noticias de tu embarazo con gran felicidad. Saber que pronto seremos padres ha llenado mi corazón de una profunda gratitud.

Desde el momento en que supe la noticia, no he dejado de pensar en ti y en nuestro hijo que está por venir. Sé que este camino que estás recorriendo puede parecer desafiante en momentos, pero quiero que sepas que estoy aquí para ti en cada paso del camino. Te prometo que haré todo lo que esté en mi poder para garantizar tu seguridad y la de nuestro hijo."

Mimi, con manos temblorosas pero emocionadas, leyó cada palabra con atención. La ternura y el compromiso expresados por Yamato en cada línea la conmovieron profundamente, llenando su corazón de una mezcla de alegría y gratitud.

—Es tan hermoso.—susurró Mimi, sin poder contener una sonrisa radiante que iluminaba su rostro.

—¿Qué ocurrió?

—El sultán me felicitó por el embarazo.—Respondió la castaña.

Yoshino y Airu intercambiaron miradas de complicidad, compartiendo la emoción de su amiga.

—Era lógico, después de todo, eres su favorita.—comentó Yoshino, con una sonrisa cálida.

Mimi asintió, sintiéndose abrumada por el amor y el apoyo que emanaban de las palabras de Yamato.

—Es maravilloso saber que está comprometido con esto.—respondió, con la voz ligeramente quebrada por la emoción.

—¿Cómo no?— Musitó Airu— Es su hijo ¿no?

Mimi asintió.

Con una sensación de calidez y gratitud que la envolvía, Mimi decidió guardar cuidadosamente la carta en un lugar especial, sabiendo que sería un tesoro que atesoraría para siempre. Era reconfortante saber que, incluso en medio de la incertidumbre y los desafíos, tenía el apoyo del sultán.


—¡No puedo creer que el sultán le envió una carta a esa concubina!— Reclamó Sora ingresando a sus aposentos.

—Mi sultana, su majestad también le envió una carta a usted.

—Sí, la envió.—Respondió la pelirroja— Pero solo pregunta por su hijo ¡Ya no es como antes!

Miyako hizo una mueca ante esto.

—Mi sultana, por favor, cálmese, todo estará bien.

—¡Lo dudo!— Exclamó Sora— Todo ha empeorado desde que esa concubina está embarazada, no quiero imaginarme como será cuando su majestad llegue y quiera mimarla. O peor, cuando nazca esa cría.

Pensar en que fuera un príncipe le preocupaba, ya que, si Yamato continuaba encantado por esa bruja, entonces no tendría piedad y podría nombrarlo a él como heredero al trono ¡Algo que no podía permitir! Kiriha debía ser el heredero.

—Sultana, aunque sea un príncipe, usted sabe que Kiriha es el primogénito, lo cual lo hace el príncipe de la corona, no debe temer.—Animó Miyako— Además, dudo que el sultán quiera seguir llamando a esa mujer a sus aposentos luego de dar a luz, ya que estará ocupada con su hijo ¿recuerda cuando usted tuvo a Kiriha? Yamato le dio tiempo para dedicarle a su hijo y la sultana Natsuko le envió otras mujeres, estoy segura que cuando ese bebé nazca, ocurrirá lo mismo.

—Eso espero Miyako.— Musitó Sora— Eso espero.

Ojalá, Mimi, quedara impresentable luego de su embarazo y así Yamato se desencantaría de ella.


Durante el tiempo que el sultán Yamato estuvo en la guerra, los días se volvieron un torbellino de acción y emoción. Cada amanecer traía consigo la anticipación de un nuevo desafío, mientras que cada anochecer se convertía en un momento de reflexión y evaluación.

Las horas se desvanecían entre estrategias militares, consejos de guerra y reuniones con sus generales más confiables. Los campos de batalla se convirtieron en su hogar temporal, donde la camaradería entre soldados fortalecía su determinación y su espíritu.

El tiempo se deslizaba entre ataques sorpresa, maniobras tácticas y enfrentamientos épicos que definirían el curso de la guerra. Cada victoria era celebrada con fervor y gratitud, mientras que cada derrota servía como lección para mejorar en futuros enfrentamientos.

Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses, pero la determinación del sultán Yamato no vaciló. Con cada batalla ganada, se acercaba un paso más hacia la victoria final. Y aunque el camino estuvo lleno de desafíos y sacrificios, el sultán nunca perdió de vista su objetivo de proteger a su pueblo y asegurar la paz en su reino.

Finalmente, tras un arduo y largo camino, llegó el momento tan esperado: la victoria sobre sus enemigos. El tiempo en la guerra había llegado a su fin, pero el legado del sultán Yamato como un líder valiente y decidido perduraría para siempre en la historia de su imperio.


El sultán Yamato descendió de su caballo con la mirada fija en el horizonte, su rostro marcado por la fatiga de la guerra pero también iluminado por la alegría de regresar a su hogar. A medida que avanzaba por el pasillo principal del palacio, se encontró con una fila de personas que lo esperaban con ansias.

Primero, vio al príncipe Takeru, su hermano menor, quien estaba de pie con una expresión de respeto y emoción. Yamato le dedicó una sonrisa reconfortante y se acercó para abrazarlo brevemente antes de continuar su camino.

—Hermano, bienvenido a casa.— Musitó el príncipe— Estamos felices de recibirte.

Yamato sonrió—Me alegra estar aquí, hermano.

Luego, sus ojos se posaron en la madre sultana, Natsuko.

—Madre.— La llamó.

—¡Hijo!—Exclamó la mujer emocionada de verlo.

Natsuko sonrió con orgullo, sus ojos brillando al ver a su hijo regresar sano y salvo de la batalla.

Yamato suavemente tomó su mano y beso sus nudillos.

—Me alivia y alegra verte, tenía el alma muy atribulada pensando en que corrías peligro al estar en la guerra.—Comentó la Valide Sultan.

—Tu alma puede estar tranquila, ya que la guerra terminó y alcanzamos nuestra victoria.—Respondió Yamato.

—Felicidades por eso.— Musitó Natsuko conmovida.

Yamato sonrió y luego dirigió su mirada hacia las sultanas que se encontraban junto a Natsuko. Las dos mujeres se inclinaron profundamente en señal de respeto y afecto mientras el sultán se acercaba a ellas.

—Rika...—Llamó a la pelirroja— Hermana querida.

—Me alegra ver que llegó victorioso de la batalla.—Musitó la nombrada.

A continuación, Yamato dirigió su vista hacia la otra sultana.

—Alice.

—Mi hermano sultán...—La rubia mantuvo su reverencia— Me alegra verlo su majestad. Bienvenido a casa.

—Es un gusto verlas a ambas, Rika, Alice.— Musitó el sultán.

Yamato inclinó la cabeza en señal de agradecimiento antes de continuar avanzando por la fila. Finalmente, llegó frente a su concubina principal, quien sostenía a su hijo de la mano. La expresión de Sora era una mezcla de alegría y ansiedad mientras esperaba la reacción del sultán.

—Sora, Kiriha —murmuró Yamato.

—Mi sultán.— Sora hizo una reverencia— ¡Me alegra tenerlo aquí!

Yamato sonrió de lado ante esto.

La pelirroja suavemente tomó su mano y besó sus nudillos.

—Todas las mañanas salía a la terraza y rogaba al cielo por usted.

—Tus suplicas fueron escuchadas.—Respondió Yamato— Aquí estoy.

Sora sonrió— Y eso me hace feliz.—Comentó— En realidad, nos hace feliz.—Corrigió— A nuestro hijo y a mi.

Yamato dirigió su mirada hacia el pequeño con una sonrisa tierna, extendiendo los brazos para tomar a su hijo en ellos— Kiriha ¡hijo!

—¡Padre!— Exclamó el pequeño mientras era elevado— ¡Estoy feliz de verte!

—¿Me extrañaste?

El príncipe asintió—Sí, mucho, padre —respondió Kiriha con una amplia sonrisa, abrazando a Yamato con fuerza— Cada día esperaba con ansias que volvieras a casa.

Yamato lo abrazó con ternura, sintiendo un cálido alivio al tener a su hijo en sus brazos una vez más. Era un momento que había esperado con impaciencia durante su tiempo lejos de casa, luchando en la guerra que había asolado su país.

Sora observaba la escena con una mezcla de alegría y alivio. Había soportado largas noches de preocupación y ansiedad, temiendo lo peor mientras esperaba el regreso de su esposo. Ahora, con él de vuelta y reunidos como familia, todo parecía estar en su lugar una vez más.

—Lo extrañamos mucho, sultán.—dijo Sora con voz suave, acercándose para unirse al abrazo familiar— Pero ahora que estás de vuelta, todo será mejor.

Yamato asintió con gratitud, sintiendo una profunda emoción al tener a sus seres queridos reunidos a su lado. Sabía que aún había desafíos por delante, pero se sentía preparado para enfrentar cualquier cosa que el futuro pudiera traer gracias a su familia.

Aunque...

Faltaba alguien

—¿Dónde está mi favorita?— Preguntó Yamato.

Natsuko alzó la mirada sorprendida— ¿Te refieres a Mimi?

El sultán asintió— ¿Dónde está?

Natsuko frunció el ceño ligeramente, preocupada por la ausencia de Mimi en ese momento tan importante. Había sido parte fundamental de su familia durante tanto tiempo que su ausencia se sentía como un vacío palpable.

Sora también frunció el ceño ante la pregunta.

—Disculpa hijo, no pensé que fuera necesario que ella estuviera aquí.—respondió Natsuko con tono apesadumbrado.

—¿Por qué no?— Preguntó— Ella está esperando a mi hijo.

—Sí, lo sé.—Contestó Natsuko— Pero tú conoces como son las reglas del harem, mientras no dé a luz, debe esperar en el harem con las demás.

Yamato frunció el ceño, pero asintió con cierta incomodidad. Sabía que las reglas del harem eran estrictas y tradicionales, pero, aun así, le pesaba el corazón pensar en Mimi esperando entre las demás mujeres mientras él y su familia celebraban su regreso.

—Iré a verla.— Respondió el rubio.

Necesitaba saber cómo estaba su futuro hijo.

Alice intercambió miradas con Sora, quien evidentemente no le gustó esto.


Con paso firme, Yamato se dirigió hacia el harem, consciente de que todas las mujeres estarían esperándolo. Mientras se acercaba, podía sentir las miradas expectantes posadas sobre él, llenas de anticipación y respeto.

Al entrar en la estancia, fue recibido por un silencio expectante. Las mujeres se inclinaron en señal de respeto al verlo, sus ojos brillaban con curiosidad y quizás un poco de nerviosismo.

—¡Atención! Su majestad el Sultán Yamato está aquí.— Fue el grito de un aga en la entrada.

Fue así como la fila de mujeres hizo una reverencia, Yamato avanzó por el lugar observando a todas las mujeres, sin prestar mucha atención a las mujeres quienes una por una iban reverenciándose. Cuando finalmente sus ojos se posaron en Mimi, su corazón dio un vuelco.

Ella estaba allí, al final de la fila, radiante y hermosa con su vientre abultado por el embarazo. Sus ojos brillaban con alegría y emoción al verlo, y Yamato sintió un nudo en la garganta al darse cuenta de cuánto la había extrañado.

Sin vacilar, se acercó a Mimi y la observó detenidamente, ignorando a las demás concubinas por un momento.

—Mimi.

—Mi sultán.— La castaña hizo una reverencia.

Yamato alzó su mano, Mimi tomó su mano y besó sus nudillos.

—Bienvenido.

—Me alegra verte, espero que estés bien.

Mimi sonrió— Lo estoy, ahora que usted llegó.

Una media sonrisa se formó en el rostro del rubio. Suavemente tomó el mentón de la castaña y suavemente depositó un beso en su frente.

Sí, saludo inocente, nada que ver a la última vez que se vieron en su habitación.

Depositó suavemente su mano en su vientre— ¿Cómo está mi hijo?

—Bien.— Respondió la castaña— Ahora con su regreso estará mejor.

Yamato asintió complacido ante estas palabras.

—Gennai aga...—Llamó al jefe del harem.

—¿Sí?— El hombre de ojos azules se acercó e hizo una reverencia.

—Ordena que preparen mis aposentos, cenaré esta noche junto a mi familia, mis hijos y sus madres.

El aga asintió.

Fue así como la noche llegó y la familia del sultán se reunió en la sala del trono para cenar juntos. Yamato junto a su madre, su hermano Takeru, sus hermanas, Alice y Rika, sus esposos. Sora junto a Kiriha, Mimi y de paso invitó a Taichi Pashá con su hermana, Hikari.

La sala del trono estaba adornada con lujosos tapices y candelabros de oro que reflejaban la suave luz de las velas. El aroma de las exóticas especias llenaba el aire, mientras los sirvientes servían platos de manjares exquisitos sobre la mesa de mármol.

—¡Qué alegría tener a todos juntos esta noche!— exclamó la sultana madre con una sonrisa, levantando su copa de vino—Celebrando el triunfo de mi hijo.

Todos sonrieron.

—Este triunfo es el primero de muchos.— Comentó Rika— Estoy segura de que el sultán Yamato será un gran conquistador de tierras como nuestro padre.

Yamato asintió ante esto, su sueño era ser tan buen sultán como él y como sus otros ancestros, ya que todos eran un ejemplo a seguir para él.

—También, queremos agradecer la presencia de Taichi aquí entre nosotros.— Musitó Yamato.

Natsuko asintió.

—Felicidades por el triunfo, Taichi Pashá.— La Valide alzó su copa hacia el castaño.

—Muchas gracias sultana madre.— El hermano de Hikari hizo una reverencia con su cabeza.

Sora hizo una mueca ante la felicitación a aquel sujeto, odiaba que Natsuko y Yamato lo tuviesen en tan alta estima, sin embargo, ella no podía hacer algo al respecto, o al menos por el momento.

Takeru pasó su mirada por la hermana de Taichi, quien se encontraba al lado de este. Hikari sintió la mirada del castaño y al alzar su vista, sus miradas se encontraron, la castaña se ruborizó ante esto y rápidamente bajó su mirada hacia la mesa.

Takeru hizo una mueca, sin querer, al igual que Hikari bajó la mirada hacia la mesa. Su mirada se posó en un pastelillo de manzana, el cual quiso tomar, sin embargo, no se dio cuenta que la hermana de Taichi también se acercó a tomar ese pastelillo y ambos depositaron su mano sobre él, provocando que se toparan.

La castaña y el rubio alzaron la mirada.

Esto no pasó desapercibido para Rika, quien notó que había algo en la forma en que se miraban que desencadenaba una chispa de curiosidad en el aire.

Hikari se ruborizó ante el toque de sus manos y rápidamente alejó su mano de la mano del rubio.

Takeru hizo una mueca y tomó el pastelillo para ingresarlo a su boca.

—También, quiero hacer un brindis por el nuevo príncipe.— Musitó Yamato, llamando la atención de todos, y alzó su copa— Como todos saben, mi favorita está embaraza, lo cual es un honor para todos nosotros.

Rika asintió—Sí mi hermano sultán.— Alzó su copa— Para nosotros es una noticia muy agradable.

Takeru asintió y también alzó su copa— Felicidades hermano.

Yamato sonrió agradado de la reacción de ambos.

—Que el cielo le brinde una vida llena de prosperidad al nuevo heredero.—Musitó Taichi alzando su copa.

—Gracias Taichi Pashá.—Contestó el rubio.

Mimi al ver como todos estaban felices por la noticia de su embarazo. Sin embargo, Sora estaba totalmente airada, odiaba ver que esta mujer tenía protagonismo cuando su hijo aun no nacía, era muy pronto para celebrar.

Sora pasó su mirada por Alice, quien supo al instante lo que quería decir con esa mirada, así que disimuladamente y en silencio asintió.

La pelirroja sonrió ante esto y tomó su copa para elevarla. No iba a brindar, pero necesitaba aparentar.

—Que la luz de la luna ilumine su camino desde el primer día hasta el último.—dijo Natsuko con una sonrisa cálida, levantando su copa en honor al futuro heredero.

—Que los vientos del destino soplen a su favor y guíen sus pasos hacia la grandeza —añadió Alice.

Todos alzaron la copa y luego de que el rubio la orden, cada quien dio un sorbo a su bebida, todos se observaron con alegría.

Después de los primeros brindis, el ambiente en la sala se llenó de alegría y camaradería. Cada miembro de la reunión alzó su copa y compartió palabras de felicitación y buenos deseos para el nuevo príncipe por venir.

—Espero que sea un príncipe.— Comentó Taichi Pashá.

—Yo también.— Respondió Natsuko— Aunque, si fuera una sultana, no habría problema ¿no?—Dirigió su mirada a su hijo.

Yamato asintió.

—Será un príncipe.— Comentó Rika— Estoy segura.

Mimi sonrió ante esto, ella también estaba segura de que sería un príncipe, sin embargo, prefirió mantenerse en silencio, ya que no quería ser regañada por la madre sultana quien generalmente la acusaba de "imprudente"

Además, algo en su interior provocó que rápidamente posara su mano en su vientre, de un momento a otro empezó a sentirse incómoda. Un mareo repentino la hizo tambalearse ligeramente, y una sensación de malestar se apoderó de ella. Trató de mantener la compostura, pero la preocupación comenzó a reflejarse en su rostro.

—Mimi...—Hikari la llamó— ¿Estás bien? —preguntó Palmon, notando su palidez y su gesto de dolor.

Mimi intentó sonreír, pero la sensación de malestar se intensificó, y se llevó una mano a la frente, sintiéndose repentinamente mareada.

—Creo que necesito un momento —murmuró, sintiendo cómo la sala giraba a su alrededor.

Yamato, preocupado, se acercó rápidamente a ella.

—¿Qué te sucede? —preguntó, poniendo una mano en su hombro para ofrecerle apoyo.

—N-no sé.

Mimi se aferró ligeramente al brazo de Yamato mientras su visión se nublaba y sus piernas perdían fuerza. Antes de que pudiera responder a la oferta de Yamato, todo a su alrededor se volvió oscuro y borroso. Un instante después, su cuerpo cedió y se desplomó hacia adelante, perdiendo el conocimiento antes de que alguien pudiera atraparla.

El sonido de la caída alertó a todos en la sala, y las conversaciones se detuvieron abruptamente. Los rostros preocupados se volvieron hacia Mimi mientras Yamato la sostenía en sus brazos, buscando desesperadamente señales de vida en ella.

—¡Mimi! —exclamó Yamato.

—¡Oh no! El bebé...—Rika se acercó a ellos preocupada.

—¡Agas, rápido!— Natsuko gritó— Traigan a la médica.


+En capítulos anteriores me mencionaron la idea de darle una hija a Sora, yo mencioné que fue una idea que tuve al principio y que eliminé, sin embargo, nuevamente me mencionaron esto y me dio cierto interés en retomar la idea para generar más conflictos entre hijas-hermanas, no obstante, hice una encuesta en Instagram y ganó "no apoyo" No sé si todos estarán de acuerdo o no.

+Les dejo mi Instagram para que me sigan a.a_girl

+Quiero mencionar que, Mimi en estilo de ropa, se viste muy similar a Firuze Hatun (en la serie el sultán) porque el estilo de Hurrem al inicio (según los productores) era un tanto exagerado, lo que no quiero en Mimi, porque si algo la destaca en Digimon es su buen estilo, algo que no quiero cambiar.

+Bueno, Natsuko se parecerá a Hafsa Sultan, quien pudo ser una víbora con Hurrem pero fue una abuela ¡Excelente!

DespinaMoon98: Me alegra que estés feliz por el embarazo de Mimi, ¡realmente ha sido una noticia emocionante para todos! Y sí, la idea de tener una mini Mimi sería encantadora, podría añadir una dinámica interesante a la familia jsjsjs pero ya veremos si ocurre. En todo caso, me gustó tu idea de 3 príncipes y una sultana, siempre esa cantidad me ha llamado la atención. Sí, sería interesante una relación Mihrimah-Hurrem, pero no daré spoiler jajaja Sobre la religión: Creo que lo mencioné en un capítulo del inicio, dejaré eso de la religión "islam" a un lado, porque quiero respetar mis creencias, así como creo que de seguro hay gente que no cree en nada o creen en otras cosas. Sé que era algo propio del imperio, sin embargo, voy a utilizar otra forma para que Mimi "renazca" Habrá otro simbolismo (así logro darle mi toque sin necesidad de incomodar a aquellos que no creen en el Islam o aquellos que tienen otras creencias) Jjaja vas por buen camino con tus sospechas de Sora y Taichi, no diré cual de tus suposiciones es cierta, pero vas por buen camino. Créeme, este harem tiene víboras que muestran serlo y que están calladitas, Mimi tendrá muchas rivales a las cuales deberá destruir. Así como también hará amigas. Sí, Alice es bastante cruel, será como Hatice y Sah una combinación jajaja pero respeta a la dinastía ¡ojo! eso es importante. La sultana madre, al igual que las hermanas de Yamato, siempre intentaran hacer lo mejor por su sangre, así que la cuidará, por el bebé. Espero que te esté gustando la historia, si es así espero que sigas leyendo y comentando. Te mando un abrazo.

TheBigParadox: Jsjsjs eso es bueno jajaja que consumas completo el producto es buena señal jsjsjs ¡Con gusto te invito al baby shower! Vas por un camino acertado con el tema de los hijos, más o menos, me estoy debatiendo en esos números, no daré spoiler sobre una posible Mihrimah, puede que sí o puede que no, ya veremos (A mí también me gusta esa escena) ¡Lo siento! Debía darle personalidad al sultán Yamato de Yamato Ishida de Digimon debía hacerlo jajaja pero mantendré lo de las cartas. Créeme, Gennai será un personaje importante, similar a Haci Aga de Kosem, Sumbul Aga de Hurrem y Bulbul Aga de Safiye. Sobre Rika, si es buen personaje, será como una Humasha mejorada (Sí, sé que Humasha es de Kosem, pero ninguna hermana de Suleiman me gusta para ser su "hermana favorita") Tranqui, pronto sabremos más sobre su relación con Ryo Bey, y sí, vas por el camino correcto será nuestro Beli Bey jsjsjs Sora está a punto de colapsar jajaja y es solo el inicio. Mimi no olvida, solo está esperando el momento, todavía es muy nueva en esto jsjsjs Muchas gracias por seguir la historia, espero que te esté gustando, si es así espero que sigas leyendo y comentando. Te envió un cordial saludo.

Adrit126: ¡Me alegra mucho que estés disfrutando de la historia y que te emocionara tanto la noticia del embarazo de Mimi! Sin duda, hay muchas emociones y giros inesperados en el camino, ¡así que prepárate para más sorpresas! Todavía es muy pronto para que Natsuko tiemble, pero Sora si lo hará jajaja Ya veremos si algún día se entera de lo que Natsuko quiso hacer, Mimi por el momento intentará llevar la fiesta en paz con la Valide. Respecto a Alice y su esposo, y las tensiones en el harem, definitivamente hay mucho en juego y muchas intrigas por resolver. Rika jamás se dejará someter jajaja Así que ¡atentos! Ya veremos que pasa, espero que te esté gustando la historia, si es así espero que sigas leyendo y comentando. Te mando un abrazo.

mimato bombon kou: Jajaja me imagino esa escena, me acordé de una experiencia similar, sin embargo fue en otro contexto jajaja que bueno que te emocione esta historia. Sin duda, las cosas se pondrán interesantes ahora que Sora tendrá que enfrentar la realidad de que no podrá interferir en los planes de Mimi tan fácilmente. Ya veremos cual será la cantidad de hijos jsjsjs habrá que esperar. Si estás disfrutando, te animo a seguir leyendo y compartiendo tus comentarios. ¡Recibe un afectuoso saludo!

Gery: ¡Hola! Me alegra saber que te colocó feliz el capítulo jajaja Disculpa, pero fue votación, aunque bueno si algunos quieren en un futuro puedo darles un capítulo similar. Sí, el anillo aquí también será importante, incluso más de lo crees (En el sultán el anillo fue importante para Maihdevran-Hurrem-Nurbanu y se le dio realce en La sultana Kosem, sin embargo, esta historia será tipo "¿Qué hubiese pasado si Nurbanu, Hurrem y Kosem hubiesen estado en la misma época" así que el anillo será importante) Estoy de acuerdo contigo en la importancia de tener una sultana en la historia, alguien que no solo sea una figura decorativa, sino una confidente y apoyo vital para el sultán. Mihrimah sería una adición fascinante, especialmente considerando su papel histórico y su relación con su madre. Sí, Mimi necesita aliados y de a poco los va a tener, con respecto a la cantidad estoy de acuerdo con esa cantidad para hijos hombres (Haré mi propia versión de los hijos, aunque tomaré ciertos rasgos de los hijos de Hurrem, algo así como "Selim mejorado" para ejemplificar) Hice una encuesta en instagram sobre una hija de Sora, ya que me estaba interesando nuevamente la idea y ganó "no apoyo" jajaja no les gustó la idea, aunque sería interesante. Taichi será un Rustem mejorado, su personalidad no será como la de él, pero si su lealtad a Mimi (Hurrem) y ya veremos si se convierte en el yerno jajaja Todo es un misterio por el momento. Gracias por seguir la historia, es genial contar con tu interés y apoyo. Si estás disfrutando de la trama, espero que continúes leyendo y compartiendo tus comentarios. ¡Un cordial saludo y muchas gracias nuevamente!