El suave tintineo de campanas resonaba en la habitación mientras Mimi, con una mezcla de emoción y nerviosismo, se preparaba para el momento más importante de su vida: dar a luz a su hijo. La habitación estaba impregnada de un ambiente bastante ajetreado y movido.

Mimi se encontraba recostada en una cama adornada con delicadas telas y almohadas, rodeada por Yoshino, algunas kalfas y la partera, una mujer sabia y experimentada, estaba a su lado, lista para ayudarla en el proceso de traer al mundo a su hijo.

El rostro de Mimi reflejaba una mezcla de dolor mientras las primeras contracciones comenzaban a hacerse sentir. Inhaló profundamente, tratando de mantener la calma mientras se preparaba para lo que vendría a continuación.

El dolor de Mimi era como una marea furiosa, arrastrándola hacia adentro y hacia afuera en un ciclo interminable de contracciones y agotamiento. Cada ola de dolor que la atravesaba parecía más intensa que la anterior, envolviéndola en un abrazo implacable que le robaba el aliento y la dejaba temblando.

Era un dolor visceral, que comenzaba en lo más profundo de su vientre y se extendía por todo su cuerpo en una cascada de sensaciones abrumadoras. Cada contracción era como un puño apretado alrededor de sus entrañas, apretando con fuerza y sin piedad hasta que parecía que no podía soportarlo más.

—¡Aaaa!— Fue su grito.

—Mimi, tranquila...—Yoshino intentó tranquilizarla.

—¡No puedo estar tranquila!— Exclamó— Me duele.

La oji-rosa hizo una mueca y suavemente pasó un paño mojado por su frente.

—Aaaaa...—Mimi enterró sus uñas en las sábanas completamente adolorida.

—Tranquila, señorita.—La partera, Meiko, le habló— Si sigue gritando perderá la fuerza para pujar.

Mimi apretó los dientes totalmente adolorida.

—Vamos, muerde esto...—Yoshino le entregó un pañuelo, Mimi abrió la boca y la kalfa ingresó el pañuelo a su boca para que lo mordiese.

—Muy bien señorita...—La parte suavemente abrió las piernas de la castaña— Es hora de que puje.

Fue así como obedeció a la siguiente contracción que vino no dudo y pujó.

—¡Vamos, más fuerte!— Animó la partera.

Mimi se quitó el pañuelo de la boca—¡No puedo, duele mucho!

—¡Claro que puedes!—Respondió Yoshino— Has esperado por mucho tiempo a tu hijo. Es momento de que pujes.

Otra contracción vino y la castaña pujó.

Su respiración se volvió entrecortada y agitada, mientras luchaba por mantener la calma en medio del caos que se desataba dentro de ella. Cada gemido que escapaba de sus labios era una expresión tangible de su sufrimiento, un eco de la tormenta que se desataba en su interior.


Mientras tanto en los aposentos de Hikari.

La hermana de Taichi, se encontraba acomodando su pijama, un vestido de tela color rosa, largo con mangas para recostarse a dormir.

Estaba en eso, cuando escuchó unos golpes en su puerta.

¡Toc, toc!

—Adelante.—Exclamó la castaña y la puerta se abrió.

—¡Atención, el príncipe Takeru está aquí!—La voz de un aga anunció la llegada del príncipe.

La castaña rápidamente se colocó en posición he hizo una reverencia.

Fue así como el rubio ingresó al lugar.

—Hola Hikari.

—Buenas tardes, príncipe.— Respondió con la mirada baja.

Takeru se acercó a ella.

—Me alegra ver que todavía no te has ido a la fiesta.

—Estaba dando unos últimos retoques a mi ropa.—Contestó Hikari.

—Espero no haberte molestado.

—No, no me molestaste.— Musitó la castaña— Pero, dime ¿qué haces aquí?

—Vine a hablar contigo.— Comentó— Aproveché que Taichi estaba ocupado con mi hermano, en quien sabe que cosa, para venir a hablar contigo. Esperando que no me evadieras otra vez.

—No te estaba evadiendo.— Contestó Hikari.

—¿No?

Hikari negó— A diferencia de otras veces.—Agregó— Es simplemente que Taichi me tenía los ojos encima y preferí mantener distancia...—Musitó— Además, la madre sultana me pidió que la ayudara con algunas labores y clases con el príncipe Kiriha.

—¿Segura?— Preguntó el rubio— ¿No será que, nuevamente, quieres escapar de lo que sucedió entre nosotros?— Cuestionó— Y quieras negar nuevamente lo que ocurre entre nosotros.

—No, mi príncipe, claro que no...—Admitió.

—¿Entonces?

La joven suspiró.

—Takeru, el beso que nos dimos ese día significó algo, no lo voy a negar.— Respondió Hikari— Al contrario, yo luego de estos meses intentando mantenerme lejos simplemente he terminado más cerca de ti.— Declaró— Pero para mí es difícil dejar fluir mis sentimientos ignorando el resto. Tú bien sabes cómo están las cosas y no quiero que tengamos problemas con mi hermano, en especial tú, yo no quiero que tengas problemas con él.

Takeru tomó sus manos entre las suyas— Entiendo, y aprecio eso, pero ya no puedo retener mis sentimientos por ti.— Besó suavemente la palma de su mano derecha— Yo siempre he estado enamorado de ti y eso jamás cambiará.

Hikari sintió el cálido contacto de los labios de Takeru en su mano, y su corazón latió con fuerza. Sabía que lo que sentía por él era más profundo de lo que había querido admitir, incluso para sí misma.

—Takeru, yo también tengo sentimientos por ti, genuinos, de hace años, no sabes cuanto tiempo he esperado por estar contigo, aunque sabía que corrías peligro siempre guardé la esperanza de reencontrarnos, pero... —sus palabras se quedaron suspendidas en el aire, luchando por encontrar la manera adecuada de expresar sus preocupaciones.

Takeru la miró con ternura, comprendiendo el peso de sus palabras no dichas. Sabía que la situación entre ellos no era sencilla, especialmente considerando la delicada relación con el hermano de Hikari, y la historia que envolvía a sus respectivas familias.

—Hikari, entiendo tus preocupaciones. No deseo poner en riesgo tu relación con tu hermano ni causar ningún conflicto en tu vida. Pero también sé que no puedo ignorar lo que siento por ti. No podemos elegir de quién nos enamoramos, pero podemos elegir cómo enfrentamos las circunstancias que nos rodean.

Hikari asintió, sabiendo que Takeru tenía razón. No podían negar lo que sentían el uno por el otro, pero tampoco podían simplemente ignorar las complicaciones que enfrentaban.

—Entonces, ¿qué podemos hacer? —preguntó Hikari, buscando una solución que pudiera reconciliar sus sentimientos con las realidades de sus vidas.

Takeru sonrió con suavidad, acariciando su mejilla con ternura.

—Podemos encontrar una manera juntos, Hikari. No importa cuán difícil sea la situación, siempre que estemos juntos, podremos superar cualquier obstáculo que se nos presente. Juntos, podemos enfrentar cualquier desafío.

Hikari sintió un rayo de esperanza brillar en su corazón. Sabía que no sería fácil, pero con Takeru a su lado, sentía que podían enfrentar cualquier cosa que el destino les presentara.

—Entonces, estaremos juntos, sin importar qué —dijo con determinación.

Takeru asintió con una sonrisa, sabiendo que juntos podrían superar cualquier adversidad que se interpusiera en su camino. Porque cuando dos corazones están unidos, nada puede separarlos.

—¡Atención, atención!—Un grito se escuchó desde afuera— ¡Todos atentos!

Ambos intercambiaron miradas ante esto.

—¿Qué ocurre afuera?— Preguntó Hikari.

—No lo sé.—Respondió el rubio.

Justo en ese minuto la puerta se abrió y en el lugar apareció una kalfa— Mi príncipe.

—¿Qué ocurre?

—Mi príncipe, el sultán Yamato lo solicita en la sala del trono.— Respondió la esclava.

—¿Por qué?— Preguntó Takeru.

—¿Qué sucedió?

—Mimi Hatun está en trabajo de parto.—Contestó la kalfa— Pronto nacerá el hijo de su majestad.

¿Qué?

Takeru se sorprendió al escuchar esto.

¿Su sobrino pronto nacería?

Pero...¿eso significaba que él?...


Mientras tanto en los aposentos de la madre sultana.

—¿No será muy pronto para que el bebé nazca?—Preguntó Natsuko mientras acomodaba una delicada y larga bata sobre su pijama— Temo por la salud de mi nieto.

—Por qué no tendría buena salud?—Cuestionó Juri— Usted se ha encargado de que esté bien.

—Sí, pero luego de ese veneno estoy preocupada, tal vez sea muy pronto.

—Tranquila sultana...—Comentó la castaña—Este es el momento en que nazca y eso se debe a que está bien. Estoy segura.

—Eso espero.— Musitó Natsuko mientras caminaban.

Verdaderamente temía porque su nieto no naciera bien. Lo que más anhelaba era tener otro descendiente de Yamato.

—Esa esclava no es digna de mi respeto, pero mi nieto es importante, debe estar bien por mi hijo.

—Tranquila.—Hablò la kalfa— Estará bien.


Yamato caminó de un lado a otro por la sala del trono mientras esperaba que llegasen noticias de su concubina que estaba dando a luz.

Taichi observó al rubio, evidentemente estaba nerviosa, era normal, después de todo, quería que su hijo y su concubina estuviesen bien.

—¡Atención, la sultana Rika está aquí!— Un grito se escuchó en el lugar y frente a ellos apareció la pelirroja.

—Mi hermano sultán...—Hizo una reverencia la joven antes de acercarse a Yamato— Me enteré de las noticias.

Yamato se detuvo y observó a su hermana— Mimi está dando a luz.

Rika asintió— Estoy segura que ella estará bien.

—Eso espero.— Comentó el rubio— Quiero que tanto ella como mi hijo o hija estén bien.

—Ambos estarán bien.— Respondió la pelirroja antes de posar una mano en el hombro de su hermano— Estoy segura de que tendremos otro príncipe en medio de nosotros.

Sí, eso esperaba.


—Estás haciendo un buen trabajo.—susurró la partera, colocando una mano reconfortante sobre la suya—. Solo sigue respirando y enfócate en el momento presente.

Mimi asintió con determinación, apretando la mano de Yoshino con fuerza mientras otra ola de dolor la atravesaba. La habitación se llenó con el sonido de su respiración entrecortada, mezclada con sus suaves gemidos de incomodidad.

Otra kalfa acercó un paño húmedo para limpiar su frente perlada de sudor. Le ofreció una sonrisa reconfortante, transmitiéndole su ánimo silencioso en medio del dolor.

La partera continuaba supervisando el progreso de Mimi con cuidado, ofreciendo palabras de aliento y orientación en cada paso del camino. La tensión en la habitación era palpable, pero también lo era el sentido de unidad y compañerismo que las rodeaba.

Finalmente, después de horas de arduo trabajo y dedicación, finalmente el bebé salió.

—Nació...—Musitó la partera.

Mimi suspiró y se dejó caer sobre la almohada.

—Dígame ¿es un niño?— Preguntó.

Pero no obtuvo respuestas.

Mimi alzó la mirada— ¿Es un niño?— Volvió a preguntar— ¡Dígame!

—¡Rayos!— Exclamó Meiko.

Yoshino se sorprendió ante esto— ¿Qué ocurre?

La partera hizo una mueca— El cordón umbilical viene enrollado en su cuello.

¿Qué?

Esto aterrorizó a Mimi.

—¿Esta bien?— Preguntó— ¿Por qué no llora?

La partera hizo una mueca mientras revisaba a la criatura recién nacida.


Mientras tanto en los aposentos de Sora.

La sultana pelirroja caminaba de un lado a otro, totalmente preocupada, enojada y desesperada por el nacimiento de esa criatura.

—Tranquila, Sora.—Musitó Alice.

—Lo siento Alice, pero no puedo estar tranquila.—Respondió la madre de Kiriha— No puedo creer que esa mujer esté dando a luz.

La rubia hizo una mueca.

El pequeño Kiriha dirigió su mirada hacia Miyako— ¿Tendré un hermano?

—Sí, mi príncipe.—Contestó la kalfa.

—¡No es tu hermano!— Exclamó Sora sorprendiendo a todas— Esa criatura jamás será tu familia.

—¿No?—Musitó Kiriha.

Alice negó con la cabeza y se acercó a su sobrino—Sora, no la hables así.—Comentó— Entiendo que no quieras que nazca, yo tampoco quiero que Yamato se centre más en su concubina, pero también Kiriha debe entender que ese bebé será su hermano...—Declaró— Por ende, su competencia.

Buen punto

Kiriha debía ser consciente que ahora tendría un hermano, pero en este imperio, un hermano era considerado un rival para el trono cuando trataba de la corona.

¡Toc, toc!

La puerta sonó.

—Adelante.— Musitó Sora.

Fue así como la puerta se abrió y Juri Kalfa ingresó al lugar.

—Mis sultanas...—Hizo una reverencia.

—¿Qué sucede, Juri Kalfa?

—Su majestad, pide la presencia de su hijo en la sala del trono.—Declaró Juri— Y de ustedes dos.

Sora hizo una mueca, no quería estar ahí. Era difícil para ella saber que todos celebrarían por el hijo que daría a luz Mimi.

Sora se sintió incómoda ante la noticia. No quería participar en los eventos del harem, especialmente cuando se trataba de la concubina de su esposo, Mimi, y el hijo que esperaba. A pesar de sus propias luchas y resentimientos, sabía que debía mantener las apariencias por el bien del imperio y de su propio estatus como sultana. Sin embargo, sus celos no se lo permitian.

—Miyako Kalfa lleva a Kiriha.—Ordenó Alice y luego volteo hacia la kalfa de la Valide— Juri Kalfa, danos unos minutos a Sora y a mí. Pronto estaremos allá.

Juri asintió, hizo una última reverencia y salió del lugar, lo mismo ocurrió con Miyako, quien tomó a Kiriha de la mano, ambos reverenciaron y finalmente salieron por la puerta.

—Sora, entiendo que no quieras ir, y es lógico...—Comentó la rubia— Pero para mantener a mi hermano feliz, y sin dudas de tu lealtad, debes fingir que estás feliz con él y que lo apoyas.

—Me será difícil. No soporto esto.

—Lo sé.— Musitó la sultana de sangre— Pero debes ser consciente que tú siempre serás más importante, después de todo, eres la madre del primogénito, el futuro heredero, no eres una simple concubina favorita ¡Eres una sultana! Y eso es lo que importa.

Sora suspiró— Espero que Mimi dé a luz a una niña.

Así no sería sultana. Aunque prefería mil veces que no naciera aquella criatura y de paso Mimi muriese en el parte.

—Aunque sea un hombre, no debe preocuparte, nunca te quitará la posición que tienes.


—¿Qué le ocurre a mi bebé?— Preguntó Mimi preocupada— ¡Dime!

La partera no le respondió simplemente continúo desenrollando el cordón umbilical de la criatura, esperando que este reaccionara. Y, efectivamente función porque al quitar el cordón el llanto del recién nacido llenó la habitación, anunciando su llegada al mundo.

—¡Bien hecho, Mimi! —exclamó la partera, con una sonrisa de satisfacción—Tu bebé está bien.

—¿Qué es?— Preguntó la castaña.

Meiko sonrió— Felicidades Mimi.— Comentó— Has dado a luz a un niño sano y hermoso.

¿Un niño?

¿Dijo un niño?

La castaña sonrió ante esto.

—¡Felicidades Mimi!— Exclamó Yoshino.

Fue así como la partera se dispuso a envolver al pequeño en una toalla.

Justo en ese momento, la puerta se abrió y en el lugar apareció la sultana madre.

—¿Y?— Preguntó Natsuko— ¿Qué ocurrió?

—Mi sultana, felicidades...—Musitó la partera— Nació su nieto.

¿Nieto?

—¿Es un hombre?— Cuestionó la Valide Sultan.

La partera asintió— Sí, es un niño.

Esta declaración provocó cierta controversia en la mujer de ojos azules, en parte de alegró porque fuese niño, después de todo, su hijo necesitaba un niño para continuar su descendencia, sin embargo, por otro lado le molestaba saber que ahora está concubina sería sultana.

Meiko tuvo intenciones de entregar el niño a su madre.

—¡Ey, no!— Natsuko se apresuró a decir— Primero yo.—Hizo una seña.

¿Qué?

Esto sorprendió a Mimi.

La partera simplemente obedeció y le entregó el pequeño a la sultana madre.

Natsuko observó atentamente al pequeño, era bastante lindo, se parecía a Yamato—Bienvenido al mundo mi bello príncipe.—Declaró— Eres muy bello.— Besó suavemente su frente y luego dirigió su mirada hacia las esclavas— Bañen y vistan al pequeño.

—¿No cree que lo mejor será entregárselo a su madre?— Preguntó Yoshino.

La madre sultana dirigió su mirada a Mimi e hizo una mueca—Este bebé es un príncipe, debe estar presentable para ser presentado a su padre.— Respondió— Luego tendrá tiempo para estar con su madre.

¿Qué?

¿No la iba a dejar conocer a su hijo?

—Pe-pero...—Mimi intentó hablar y levantarse.

—¡Ey! Mimi, tranquila...—Yoshino rápidamente la sostuvo.

—Pero quiero ver a mi pequeño.

—Lo siento, pero la sultana acabó de ordenar que debe ser preparado, su majestad vendrá a conocerlo.—Respondió la kalfa.

Mimi dejó caer unas lágrimas ante esto— Pero solo quería ver su rostro.

¡No era justo!


—¿Por qué se demorará tanto?— Musitó Yamato.

—Tranquilo Yamato.— Habló Rika.

—Hermano, ya sabes como es esto.— Declaró Alice— Debes estar tranquilo.

Sora se encontraba en su lugar completamente molesta, cruzaba los dedos rogando al cielo que ojalá que el bebé de Mimi fuera una niña, no quería que fuese sultana o que Kiriha tuviera un hermano.

Justo en ese minuto la puerta se abrió y en el lugar apareció el príncipe Takeru.

—Hermano...—Hizo una reverencia— Escuché las noticias.

—¡Qué bueno que llegas Takeru!— Exclamó Yamato.

—¿Aun no saben qué es?— Preguntó el menor con bastante curiosidad, la verdad es que, se sentía alegre porque tendría un nuevo sobrino, pero aunque intentaba luchar con su preocupación, era inevitable que desapareciera la incertidumbre por su futuro si un nuevo príncipe nacía.

El mayor negó—No, todavía no.

—Estoy segura de que será una niña.—Musitó Alice.

Rika volteo hacia ella— ¿Por qué dices eso?

—Porque considero que sería bueno para nuestro hermano tener una hija...—Respondió la rubia— Para formar alianzas políticas, es necesario tener una sultana.—Comentó— Y, creo que sería bonito tener una niña iluminando con su belleza el harem...— Musitó fingiendo ternura.

La pelirroja hizo una mueca ante este comentario, ya que sabía exactamente de donde nacía.

—Un niño no estaría mal.— Habló Rika— Creo que, antes de alianzas políticas, es necesario pensar en el linaje de nuestra dinastía...— Dirigió su mirada hacia su sobrino— Además, Kiriha quiere un hermano para jugar ¿no?

Kiriha asintió— ¡Sí!— Exclamó— Quiero alguien para jugar y correr en el harem.

Rika sonrió ante esto y acarició el cabello del pequeño rubio, copia de Yamato.

—Bueno, una hermana también puede jugar con el príncipe...—Comentó Daigo Pashá, cuñado de Yamato, apoyando la idea de su esposo.

—Lo importante es que nazca con salud.— Taichi decidió agregar— Ya sea hombre o mujer, esperemos que sea el primer descendiente de muchos más.—Comentó— Espero que, la señorita Mimi le de muchos hijos e hijas.

Sora frunció el ceño ante esto.

—Mimi no es la única.—Comentó el esposo de Alice—Sora también puede.

Alice asintió.

—Bueno, pero actualmente la que resultó embarazada fue Mimi...—Respondió Rika— Y, creo que eso es un buen mérito, después de todo, no demoró mucho en quedar embarazada. Eso significa que es fértil.

Yamato suspiró, la verdad es que estaba nervioso en estos momentos, no podía pensar en concubinas, tener más hijos o en el género de su bebé. Lo único que quería era que naciese bien.

Justo en ese minuto la puerta se abrió y en el lugar apareció kizlar aga del harem.

—Mi sultán.— Hizo una reverencia.

—Gennai Aga...—Pronunció su nombre—¿Qué sucedió?

—La señorita Mimi dio a luz.— Respondió Gennai.

—¿A sí?— Preguntó Yamato— ¿Qué fue?

—Lo felicito mi sultán.— Comentó el aga—Me complace informarle que su concubina favorita, Mimi, ha dado a luz a un bello niño.

¿Qué?

Una oleada de emoción se apoderó dentro de Yamato, quien se sorprendió ante aquella noticia. Una sonrisa victoriosa se hizo presente en los labios de Rika, así como en Taichi, quien se alegró por la llegada de un nuevo príncipe.

Sin embargo, el terror y el enojo se hicieron presentes en Sora, quien verdaderamente sintió ganas de desmayarse ante aquella horrible noticia.

—¿Un príncipe?— Preguntó Alice incrédula—¿Fue un príncipe?

Gennai Aga asintió.

Finalmente, una sonrisa de orgullo y felicidad se extendió por su rostro.

—¡Eso es maravilloso! —exclamó Rika.

Yamato asintió—Quiero conocer a mi hijo y ver a su madre.

Gennai asintió con solemnidad y condujo al sultán hacia donde Mimi descansaba con su recién nacido. Mientras tanto, el harem se llenaba de un ambiente festivo, con las mujeres compartiendo felicitaciones y celebrando la llegada del heredero al trono.

Sora, por su parte, observaba la escena con una mezcla de emociones. Aunque sentía un ligero resquemor ante la noticia, sabía que era su deber como sultana apoyar a su esposo y a su nuevo hijo en este momento de alegría para el imperio.


—Hoy otro hijo se ha unido a la familia.—Musitó Natsuko con alegría— ¡Felicidades!

Yamato sonrió ante esto— ¿Cómo está él?

—A pesar del duro parto, el pequeño está bien.—Respondió la madre sultana— Es un niño sano, fuerte y hermoso.

Yamato pasó su mirada por el lugar y se acercó a la cama donde descansaba su concubina.

—Su majestad...—Musitó la castaña.

El rubio suavemente pasó su mano por su mejilla.

—¿Dónde ha estado?— Preguntó Mimi— Grite su nombre...—Tomó su mano— Quería que estuviese a mi lado.

—Aquí estoy ahora.—Declaró el oji-azul y se acercó a la castaña para besar su frente.

Mimi sonrió ante esto, le alegraba saber que Yamato estaba con ella, sin embargo, aun seguía triste, necesitaba ver a su pequeño.

—¿Dónde está mi hijo?—Preguntó.

El rubio acarició su mano.

—¿Cómo está?— Cuestionó Mimi.

—Nuestro hijo está bien.

—¿Por qué lo alejaron de mi sin que pudiera conocerlo?— La voz de la castaña era desconsolada— No pude siquiera abrazarlo.—Comentó—Su majestad, por favor, déjeme ver a mi hijo.

Yamato se sorprendió ante esta petición.

—No me han dejado verlo.

¿Qué?

El rubio observó sorprendido a su madre y las esclavas.

—¿Cómo es eso?

Natsuko hizo una mueca preocupada— ¿E? ocurre que queríamos tenerlo listo y presentable para ti.

—Una madre merece conocer a su hijo luego de dar a luz.

—Sí, pero no creí que fuera tan necesario...—Comentó la madre sultana.

—Traigan al niño con su madre.— Ordenó el rubio.

Natsuko dirigió su mirada a Juri— Has que lo traigan, si está listo, claro.

La kalfa asintió y salió del lugar.


Taichi ingresó a la sala del trono— Todos, por orden de su majestad deben estar en los aposentos de la sultana Mimi.

Rika sonrió ante esto y rápidamente se colocó en pie.

Sora frunció el ceño— No quiero estar ahí.— Se cruzó de brazos.

—Sora...—Alice volteo hacia ella y tomó su mano— Tienes que ir. Al sultán no le agradará si no vas.

La pelirroja hizo una mueca.

—Sé que no te gusta esta situación.—Comentó la rubia.

—Sin embargo, debe complacer a su majestad, solo así usted podrá mantener su posición.—Daigo le habló con respeto a la sultana.

Sora se mordió el labio inferior, lamentablemente el consejo del cuñado de Yamato era cierto, sin embargo, se sentía con cero ánimos de estar ahí, no quería conocer al bastardo de su hombre.

Fue así como, sin ganas, Sora salió de la sala del trono en dirección a los aposentos de Mimi. Al llegar todos se colocaron en posición.

Mimi evidentemente al ver a la pelirroja evidentemente no se sintió comoda, sin embargo, en su rostro se formó una sonrisa victoriosa en su rostro.

—Mi sultán...—Rika hizo una reverencia ante Yamato— Estamos aquí.

—Queremos conocer al pequeño príncipe.—Musitó Alice.

Yamato sonrió ante esto y pasó su mirada por su hijo que estaba junto a su madre, Sora. La pelirroja al sentir la mirada del sultán hizo una reverencia en señal de respeto, aunque en su cara estaba claro que no estaba feliz con esa situación.

Justo en ese minuto Juri ingresó al lugar con el pequeño en brazos

—Aquí está su hijo...—La castaña le habló al sultán.

El rubio recibió suavemente al pequeño en sus brazos.

Yamato tomó entre sus brazos a su hijo y lo observó, se parecía un poco a su primer hijo, Kiriha. Era rubio de ojos azules, sin embargo, su piel era mucho más pálida, además, tenía la nariz de Mimi. Por alguna razón, el pequeño le recordó a uno de sus hermanos, el mayor, era parecido a él.

—¿Cómo se llamará, hijo mío?— Preguntó Natsuko.

Yamato observó atentamente a su bebé, a su mente venían muchos nombres del pasado, nombres de sus sobrinos, sus medios hermanos, su padre, su abuelo. Sin embargo, aquellos nombres en su minuto significaron miedo para él, ahora quería que fuera diferente, quería que aquellos nombres tuviesen otro significado y con este pequeño lograría esto.

—Tu nombre es Thomas.—Nombró sin más— Tu nombre es Thomas.— Repitió— Tu nombre es Thomas, príncipe Otomano.

Mimi sonrió.

Yamato volteo hacia la kalfa de Mimi— Lleva al pequeño con su madre.

Yoshino asintió, fue así como tomó al bebé y lo acercó hacia Mimi.

Mimi rodeo al pequeño entre sus brazos, admirando al recién llegado con asombro y admiración. Las lágrimas de alegría resbalaban por las mejillas de Mimi mientras sostenía a su hijo contra su pecho, sintiendo una conexión instantánea y abrumadora con él.

Mimi sintió un torrente de emociones abrumadoras al sostener a su hijo por primera vez. Su corazón latía con fuerza en su pecho, mientras las lágrimas de alegría y asombro llenaban sus ojos. La sensación de tener al recién llegado entre sus brazos era indescriptible, una mezcla de amor incondicional, asombro y un profundo sentido de responsabilidad.

Al mirar al pequeño ser que ahora descansaba contra su pecho, Mimi experimentó una conexión instantánea y visceral. Podía sentir el latido de su propio corazón sincronizándose con el del bebé, como si hubieran estado esperando encontrarse durante toda una eternidad. Cada detalle, desde sus pequeñas manos hasta su suave piel, la dejaba maravillada y llena de gratitud.

En ese momento, Mimi se dio cuenta de que su vida había cambiado para siempre. Ya no era solo ella misma; ahora era madre, con la responsabilidad sagrada de cuidar, proteger y amar a este pequeño ser con todo su ser. Aunque inundada de emociones abrumadoras y el peso de la nueva responsabilidad, Mimi también se sintió llena de una profunda felicidad y un sentido de propósito renovado.

—Bienvenido al mundo, mi pequeño tesoro.—susurró Mimi, su voz llena de amor y gratitud mientras acariciaba suavemente la cabeza de su hijo— Nunca estarás solo, siempre estaré aquí para ti, para cuidarte y amarte con todo mi corazón.


Fue así como todo el harem, mejor dicho, el palacio y el reino se llenaron de alegría. Se repartió mucho dinero, se lanzaron fuegos artificiales y como dijo Yamato, todos los miembros del consejo ofrecieron regalos al príncipe recién nacido. La felicidad era máxima, en especial para Mimi, quien ahora ya no era solo una concubina. Ahora era una sultana.

Yamato la llenó de regalos para ella y su hijo.

Mimi se sentía abrumada por la generosidad de Yamato y la atención que recibía tanto ella como su hijo recién nacido. Los regalos eran abundantes y lujosos, desde joyas exquisitas hasta finas telas bordadas con hilo de oro. Cada gesto de Yamato reflejaba su profundo afecto y respeto por Mimi, ahora convertida en sultana.

Con cada obsequio que recibía, Mimi se sentía más segura de su nueva posición en el palacio y en el reino. Ya no era solo una concubina en la sombra, sino una figura prominente y respetada, destinada a desempeñar un papel importante en el futuro del imperio.

Además de los regalos materiales, Yamato también le ofreció su apoyo incondicional y orientación en los asuntos de estado. Como consejero de confianza del sultán, Yamato estaba decidido a asegurarse de que Mimi estuviera bien preparada para asumir sus nuevas responsabilidades como sultana y madre de un heredero al trono.

Quizás, Thomas era pequeño, pero ella haría todo lo posible por lograr que se convirtiese en el próximo gobernante.

Yamato no solo se hacía presente dándole regalos, sino que, también pasaba tiempo con ellos, todas las mañanas iba a saludar a su pequeño antes de comenzar con sus labores y en las noches iba a cenar con ellos. No pasaba la noche con Mimi en el sentido de pasional, ya que Mimi entró en período de cuarentena, donde Yoshino le aconsejó que se preocupara de estar bien y cuidara su figura para estar presentable para el sultán. Aunque, le resultaba difícil, moría por comer muchas cosas, al alimentar a Thomas perdías energía, no obstante, sabía que debía mantenerse, no quería perder el favor de Yamato.


~Dos semanas después~


Mimi observó atentamente como Yamato sostenía a Thomas, siempre en las mañanas venía a saludar a su hijo antes de comenzar con sus labores de sultán.

—Está creciendo rápido, ¿verdad? —comentó Mimi con afecto mientras acariciaba suavemente el cabello de Thomas.

—Una vez escuché a mi madre decir que los recién nacido por semana crecen rápido.—Comentó Yamato.

—Pronto estará corriendo por todo el palacio.—Comentó Mimi.

Yamato asintió— Esperemos que sí.— Declaró— Kiriha quiere que su hermano crezca pronto para que puedan jugar.

"Kiriha"

Mimi sonrió de lado, a pesar de que, a ella no le permitían estar cerca del pequeño príncipe para jugar, como en el principio, si esperaba que pudiera llevarse bien con Thomas, su hijo, después de todo, ambos eran hermanos. Y, aunque Yoshino le repetía que debía tener cuidado con el hijo de Sora, para ella era difícil ver maldad en un niño tan pequeño.

—Mi sultán...—Taichi ingresó al lugar— Disculpe, pero ya es hora de ir a la reunión.

—Sí.— Respondió Yamato y dirigió su mirada hacia Mimi, quien tomó al bebé entre sus brazos— Permiso, Mimi, debo retirarme.

—Lo entiendo...—Mimi hizo una reverencia—Que tenga buen día mi sultán.

El rubio sonrió— Igualmente.— Se acercó a ella, tomó su rostro por el mentón y suavemente depositó un beso en sus labios, luego de esto volteo hacia la puerta y se fue.


El sol estaba brillando en el cielo sobre los exuberantes jardines del palacio otomano, pintando el cielo con un agradable tono celeste mientras Takeru y Hikari disfrutaban de un momento de tranquilidad juntos. El sonido de los pájaros cantando y el suave murmullo de la brisa creaban una atmósfera serena y acogedora.

Takeru, con una sonrisa juguetona en su rostro, corría por entre los senderos del jardín, seguido de cerca por Hikari, quien reía con alegría mientras trataba de alcanzarlo. El príncipe, con gracia y agilidad, saltaba por encima de los setos y se escondía detrás de los árboles, desafiando a Hikari a atraparlo.

—¡Ven aquí, Takeru! ¡No te escaparás esta vez! —exclamaba Hikari entre risas, su corazón lleno de emoción y alegría ante el juego travieso del príncipe.

Takeru se detuvo de repente, mirando a Hikari con una chispa traviesa en sus ojos— ¿Oh, en serio? Creo que tendrás que esforzarte más si quieres atraparme.

Con una sonrisa desafiante, Takeru se alejó corriendo una vez más, pero esta vez Hikari estaba decidida a no rendirse fácilmente. Con determinación en su mirada, comenzó a correr tras él, su risa llenando el aire mientras se sumergían en un juego de persecución lleno de diversión y complicidad.

A medida que el juego continuaba, sus risas se mezclaban con el suave susurro del viento y el aroma embriagador de las flores en flor. Takeru conducía a Hikari a través de los rincones más escondidos del jardín secreto, deteniéndose de vez en cuando para recoger una flor y colocarla en el cabello de su amiga, haciendo que su risa se convirtiera en suaves suspiros de deleite.

Mientras el sol se posicionaba de a poco en centro del cielo, creando un espectáculo de luminosidad, Takeru y Hikari se encontraron atrapados en un mundo aparte, donde el tiempo parecía detenerse y solo existían ellos dos y su conexión especial.

Y en medio de la diversión y la risa, ambos comenzaron a sentir algo más profundo florecer entre ellos, una conexión especial que iba más allá de la amistad. En ese jardín encantado, bajo el suave resplandor del atardecer, Takeru y Hikari se dieron cuenta de que tal vez, solo tal vez, el amor había estado floreciendo en sus corazones todo este tiempo.

—Una flor para otra hermosa flor.— El rubio le extendió una rosa a la castaña.

Ella sonrió, con las mejillas sonrojadas por el gesto romántico— Gracias, Takeru. Es preciosa.

Takeru la miró fijamente, sintiendo la atracción palpable entre ellos. Sin una palabra más, se acercó lentamente a Hikari, sus ojos fijos en los suyos. El mundo a su alrededor parecía desvanecerse mientras se acercaba, cada paso lleno de anticipación y deseo.

Takeru se acercó lentamente a Hikari— ¿Sabes? Este día está comenzando bien, aunque sería mejor si pudiese probar tus labios...

La castaña depositó sus manos en el pecho del rubio, mientras la distancia entre ellos era mínima— Takeru, no creo que sea lo mejor...—Comentó— Por favor, vamos de a poco.

Takeru detuvo su avance, respetando la súplica de Hikari. Su corazón latía con fuerza, una mezcla de deseo y comprensión inundando sus pensamientos. Tomó las manos de Hikari entre las suyas, acariciándolas suavemente con sus pulgares.

—Lo siento, Hikari. No quería presionarte. Solo... me dejo llevar por el momento.—explicó Takeru, con sinceridad en su voz— Por supuesto que podemos ir despacio. Tu comodidad es lo más importante para mí.

—No quiero que creas que no te quiero.—Comentó— Si te quiero, pero, considerando la situación, creo que es bueno ir de a poco.

—Claro.— Respondió el rubio— Lo entiendo.

Su situación era muy endeble, era lógico que Hikari quisiera ir lento para esperar exactamente qué ocurriría con él, algo que entendía, ya que ni él sabía lo que iba a ocurrir con él. Además, valoraba mucho que, a pesar de todo, finalmente aceptara sus sentimientos.

—Bien, creo que ya es hora de que me vaya...—Comentó Hikari— Tu madre me pidió ayuda con unos asuntos.

Takeru asintió—Yo también debo irme, tengo entrenamiento, pasaré tiempo con mi sobrino.

La castaña sonrió, hizo una reverencia— Que tenga buen día, mi príncipe.— Fue así como Takeru besó su mano e Hikari se retiró del lugar.


En los lujosos aposentos de Mimi, la sultana Rika, hermana del sultán Yamato, fue anunciada con elegancia por un sirviente antes de entrar. Vestida con túnicas suntuosas y con una mirada serena pero cautivadora, Rika emanaba la gracia y la dignidad propia de su linaje real. Entró en la habitación con paso firme pero delicado, su presencia llenando el espacio con una aura de autoridad y calidez.

Mimi recibió a la sultana con una sonrisa radiante. Thomas estaba placidamente dormido.

—Querida sultana Rika, es un honor tenerte aquí con nosotros.—dijo Mimi con cortesía, haciendo una reverencia respetuosa.

Rika asintió, evidentemente agradada por la recepción de aquella concubina.

—El honor es mío, Mimi. Es un placer, como siempre, venir a ver a mi sobrino.—respondió Rika con amabilidad, dirigiendo su mirada hacia Thomas que yacía en la cuna.

—Tome asiento.

La pelirroja asintió, fue así como tomó asiento en un sofá junto a su pequeño, suavemente acarició el rostro del pequeño.

—Hola, mi querido príncipe.—respondió Rika con una sonrisa, acariciando con ternura la cabeza del bebé.

—¿Quiere cargarlo?— Preguntó Mimi.

La pelirroja asintió— Sí.

Fue así como Airu cuidadosamente tomó a Thomas en sus brazos, sosteniéndolo con delicadeza mientras acunaba su cabeza con ternura y se lo entregó a la hermana de Yamato.

—Qué hermoso es. Tiene la misma mirada valiente y noble que su padre, el sultán Yamato. Sin duda, será un príncipe digno de su linaje.—comentó Rika con admiración, suavemente balanceando al bebé en sus brazos.

Mimi sonrió con orgullo ante las palabras elogiosas de la sultana Rika, sintiéndose honrada por su reconocimiento.

—Eso espero, sultana.—Comentó Mimi con gratitud, observando con amor la conexión entre su cuñada y su hijo.

Rika continuó acariciando suavemente la cabeza de Thomas, sintiendo una oleada de amor y devoción por el pequeño príncipe que tenía en sus brazos. Sabía que sería un privilegio verlo crecer y convertirse en un líder digno de su posición.

—Mimi, antes de venir aquí, pensé en traerte un pequeño regalo. Sé que la vida en el palacio puede ser agotadora a veces, así que espero que esto te traiga un poco de alegría.—dijo Rika y dirigió su mirada hacia su kalfa de compañía— Suzie, entrégale mi presente.

Fue así como la esclava levantó entre sus manos una caja y se la entregó a la sultana, Mimi miró la caja con curiosidad y emoción, agradecida por el gesto amable de su cuñada.

—¿Qué es esto?

—Un regalo para que puedas criar a mi sobrino.— Respondió Rika.

Fue así como Mimi abrió la caja y frente a ella encontró un frasco— ¿Qué es esto?

—Aceite de almendras dulces.—Contestó Rika— Suaviza e hidrata la piel del bebé. Espero que lo use mi sobrino para que su piel sea suave.

Mimi sonrió— Muchas gracias mi sultana. No era necesario.

—Claro que debo. Thomas es mi sobrino.— Musitó la pelirroja mientras observaba con cariño a su príncipe— Merece lo mejor.

Mimi observó con una sonrisa mientras su hijo y la sultana se sumergían en un mundo de juegos y risas, sabiendo que este encuentro marcaría el comienzo de una relación especial entre la sultana Rika y su amado hijo, Thomas.

—Pero claro, para tener lo mejor, tú debes ser lo suficiente para él...—Comentó Rika.

Este comentario sorprendió a la castaña.

—Espero que seas lo suficientemente buena para ser madre de un príncipe.—Habló la pelirroja— Y una sultana.

—Pues claro sí mi sultana.— Respondió Mimi—Intentaré en hacerlo.

—¿Intentar?— Cuestionó la hermana de Yamato— No debes intentar, debes serlo...—Declaró—Por sobre todas las cosas, nunca olvides que eres una esclava, para ti será mucho más difícil que para otra mujer del imperio ser madre.— Recordó.

La castaña se mordió el labio inferior.

—Sin embargo, tienes una forma de hacer eso más fácil.—Declaró—Y eso es, teniendo complacido a su majestad, el sultán, Yamato.— Respondió Rika.

¿Complacido?

—Y tú sabes bien como debes mantenerlo complacido.— Comentó la pelirroja— De algún modo, pusiste a Sora a la defensiva, creo que eso no es algo menor.

Sí, lo sabía, sin embargo, inconscientemente puso a Sora a la defensiva y ahora ella debía protegerse de esa mujer.

—Lamentablemente ella es la madre del príncipe heredero.—Murmuró Mimi— Y la consorte principal.

—¡Olvida eso!— Exclamó Rika suavemente depositando al bebé en la cuna y luego levantandose de su lugar—Eres una sultana, la madre de un príncipe, no importa que no sea el primogénito. No asciende el príncipe que nace primero. Sube al trono el que tiene más poder y para eso su madre debe tener una buena posición.

—¿Cómo logro tener buena posición?

Rika se acercó a la joven: —Existen muchas opciones.—Musitó— Pero la clave principal está en el sultán.

Mimi repasó esas palabras en su cabeza.

—Nunca lo olvides.— Repitió la hermana de Yamato— Sora jamás rival si de tu lado tienes al sultán.

Con eso le decía todo

Ella no buscaba favorecer a una concubina más que a otra en ese harem, después de todo, todas eran esclavas. Sin embargo, quería que una de ellas demostrase que verdaderamente merecían estar en esa dinastía, ya que no quería que sus sobrinos sufrieran a causa de la debilidad de una loca y estúpida pelea en el harem.

Fue así como volteo hacia la puerta y salió del lugar.

—Me voy.

Ante esto, Mimi rápidamente hizo una reverencia, sin embargo, en la mente de ella solo resonaban las palabras de Rika.


Mientras tanto, en el salón del trono, Yamato se encontraba reunido con alguno de sus hombres de confianza. El consejo real, conformado por sus personas de confianza, no soldados, ni personas para le guerra, como en el consejo de guerra, sino sus sirvientes reales.

—¿Estamos de acuerdo con todo lo acordado?— Preguntó Yamato.

Todos asintieron.

—Muy bien, entonces el consejo se dará por terminado...—Declaró— Salvo que alguno tenga algo más que agregar.

Fue en ese minuto cuando uno de los pashás decidió hablar.

—Mi sultán.—Habló Spencer Pashá.

—¿Sí?

—Sé que, el tema del príncipe Takeru, es algo que se ha cerrado...—Comentó—Después de todo, usted ya dio la sentencia para él...—Declaró.

—Sí.— Respondió Yamato.

—Pero, creo que es necesario que sea informado de todo lo que ha hecho...—Declaró Spencer— El príncipe Takeru ha ganado una considerable popularidad entre el pueblo y los diversos sectores de la corte. Sus acciones y su carácter han capturado el corazón de muchos, y su nombre es elogiado en todas partes.

Daigo, uno de los pashás de confianza, asintió en acuerdo— Es cierto, mi sultán. La gente habla con admiración sobre las cualidades del príncipe Takeru. Su valentía y su amabilidad hacia los ciudadanos comunes lo han convertido en una figura querida por muchos.

Los otros pashás asintieron en señal de confirmación, respaldando las palabras del gran visir y de Daigo.

Yamato escuchó con atención las noticias, su semblante reflexivo— Entiendo.— respondió finalmente— Es alentador ver que el príncipe Takeru ha ganado el aprecio del pueblo y la corte.

—Sí, es alentador...—Comentó otro pashá— Pero a la vez es preocupante.

¿Preocupante?

—Mucha popularidad puede significar un riesgo para usted y su puesto en el trono.— Mencionó un cuarto pashá.

Yamato frunció el ceño, considerando cuidadosamente las palabras del pashá. La idea de que la popularidad del príncipe Takeru pudiera representar un riesgo para su propio gobierno le hizo reflexionar sobre los posibles escenarios.

—¿En qué sentido podría representar un riesgo para mi gobierno?— preguntó Yamato, buscando una explicación más detallada—Es bueno que el pueblo quiera a su príncipe.

—Sí, lo es...—Respondió Masami Izumi Pashá— Pero si la popularidad del príncipe continúa creciendo, podría eventualmente eclipsar su propia autoridad como sultán. Las masas podrían empezar a ver en él un líder más carismático y querido, y podrían cuestionar su liderazgo.

Los otros pashás asintieron en acuerdo con las palabras de su colega, expresando su preocupación por la estabilidad del reino en un ambiente de creciente fervor hacia el príncipe.

Yamato contempló la situación en silencio por un momento, evaluando cuidadosamente las implicaciones. Sabía que debía manejar esta situación con astucia y determinación para preservar su propio poder y la estabilidad del reino.

—Entiendo sus preocupaciones.—dijo finalmente, su voz firme y decidida— Pero no deben preocuparse. Mi pueblo no me traicionaría.

—Eso es lo que usted piensa. Pero nunca se sabe.—Comentó otro pashá.

—El sultán confía en su pueblo, y, además, en sus capacidades.— Habló Daigo— No necesita consejos, él sabe lo que hace, y sabrá qué hacer con su hermano. Así que, por favor no le den preocupaciones innecesarias.

Taichi hizo una mueca ante este comentario, Yamato pareció agradado por esto, pero el hermano de Hikari sabía que esto era una forma de ganar su aprobación (lo cual logró con esa mirada de aprobación que el sultán le dio) sin embargo, no estaba en lo correcto. Lamentablemente los pashás tenían razón al advertir a Yamato por las acciones de Takeru.

—Ya escucharon.— Declaró Yamato— Tengo todo bajo control y continuará así.

—Es una ofensa que crean que no.—Comentó el esposo de Alice.

Rápidamente los pashás bajaron las miradas ante esto.

—Lo sentimos.

—No quisimos ofenderlo.

—Sultán, permítame asegurarle que nuestra única intención es garantizar la estabilidad y la prosperidad de nuestro reino. Si en algún momento percibimos una amenaza potencial, es nuestro deber informarte para que puedas tomar las medidas necesarias.

Yamato asintió, mostrando su agradecimiento por la franqueza y lealtad de sus consejeros—Aprecio su dedicación al reino y su disposición para señalar posibles riesgos. Sin embargo, sé bien lo que hago.

Fue así como Yamato dejó claro que no estaba dispuesto a saber más de ese tema.

Concluyendo la reunión, los pashás se retiraron del salón del trono, dejando a Yamato sumido en sus pensamientos. Sabía que debía mantener un equilibrio delicado entre la confianza en su pueblo y en sus propias capacidades, y la necesidad de estar alerta ante posibles amenazas.


Después de la reunión con el consejo, Yamato salió del salón del trono con paso firme, su mente aún absorbida por las discusiones y preocupaciones políticas que habían surgido. Mientras avanzaba por los pasillos del palacio, se encontró con su madre, Natsuko, quien lo esperaba con una expresión seria pero decidida en el rostro.

—Madre.

—Hijo.

Yamato se acercó a ella, tomó su mano y la besó.

—¿Cómo estás? ¿cómo te sientes? ¿te fue bien en la reunión?

—Sí, madre...—Respondió, decidiendo omitir la parte de Takeru, porque la verdad era que no quería amargarse más el día por esa situación— Me fue bien en la reunión.

—Que bien.— Comentó Natsuko.

—Todo estuvo en orden y claro.

—Eso es bueno.— Musitó la oji-azul— Disculpa por aparecer aquí como si nada, pero necesito hablar contigo.

—¿Hablar conmigo?

Natsuko asintió— Necesito hablar contigo sobre esta noche.

—¿Qué ocurre con esta noche?

—Verás...—Respondió— Mira, sé que estas semanas has estado junto a tu concubina favorita, Mimi, ya que aprovechas de pasar tiempo con tu hijo.

Yamato asintió.

—Lo cual es algo lógico, sin embargo, creo que has dejado de lado a Sora y tu otro hijo.—Declaró Natsuko.

—¿De lado?

Natsuko asintió— Has pasado mucho tiempo con tu concubina y Thomas, no obstante, desde que regresaste de la guerra no le has dado tiempo a Sora y Kiriha, lo cual no me parece correcto...—Comentó— Sé que, estás ocupado con tu propio quehacer, pero como madre, es mi deber aconsejarte.

—He ido a algunos entrenamientos de Kiriha.

—Sí, pero eso no es suficiente.—Comentó Natsuko— Él también te necesita ver más tiempo, al igualque su madre, después de todo, son una familia.

Yamato escuchó las palabras de su madre con atención, sintiendo una punzada de culpa al darse cuenta de que había descuidado a Sora y Kiriha en medio de sus responsabilidades y preocupaciones. Aunque había estado ocupado con los asuntos del reino y su tiempo junto a Mimi y su hijo recién nacido, comprendía ahora que no debía descuidar a su otra concubina y a su hijo mayor.

—Disculpa, madre no fui consciente de eso, pero tienes razón", admitió Yamato con humildad, reconociendo su error— He estado tan absorto en mis deberes como sultán y en el cuidado de mi nuevo hijo que he descuidado a Sora y Kiriha.

Eso no era justo para ellos, ni para Sora ni para Kiriha. Debía enmendar mi error y pasar tiempo con ellos también.

—Es por eso que, quería proponerte que, hoy a la noche, como buen día Jueves, vayas a cenar con ellos. Y, a continuación, pases la noche con Sora.— Comentó— Ya sabes, como los hacías antes, Sora también necesita atención de mujer.

Yamato escuchó atentamente la propuesta.

—Está bien madre. Haré lo que me pides.

Natsuko asintió con aprobación, aliviada de que su hijo hubiera aceptado sus palabras— Es importante recordar que la familia es una parte fundamental de nuestra vida, Yamato. No dejes que tus deberes como sultán te alejen de tus seres queridos.

Yamato asintió en acuerdo, decidido a corregir su error y fortalecer los lazos con su otra concubina y su hijo mayor—Gracias por recordármelo, madre.— dijo con gratitud— Esta noche dedicaré tiempo a Sora y Kiriha.

Con estas palabras, Yamato se despidió de su madre y se preparó para reunirse con Sora y Kiriha, decidido a compensar el tiempo perdido y a fortalecer los lazos familiares que eran tan importantes para él.


Fue así como el día rápidamente transcurrió.

Al llegar la noche, Mimi comenzó a arreglarse, atentamente estaba acomodando sus joyas cuando en el lugar apareció Yoshino con Thomas en los brazos.

—Mi sultana...—Musitó— La nodriza acabó de alimentar al príncipe.

Mimi sonrió— Gracias Yoshino.

La kalfa depositó al bebé en la cuna y luego dirigió su mirada a la sultana.

—¿Qué está haciendo sultana?

—¿Qué no es obvio? Me estoy arreglando.—Comentó la castaña—Es Jueves, debo ir donde el sultán.

Yoshino hizo una mueca ante esto— No será necesario, Mimi, esta vez no irás a sus aposentos.

—¿Qué?— Preguntó la castaña— ¿No pasaremos la noche juntos?

Yoshino negó— Estás en cuarentena, hace poco tiempo diste a luz a tu hijo, por nuestras costumbres tendrás que esperar para estar con él de esa forma.

—Sé que debo esperar la cuarentena, pero podemos pasar un momento hablando y durmiendo, como las demás noches.

—Lo siento. Pero no será posible.

—Pe-pero es Jueves...—Musitó Mimi— Supongo que él no estará con alguien más ¿no?

La oji-rosa se mordió el labio inferior ante esto, lamentablemente, la madre sultana si quiso que una mujer pasara la noche con él.

—¿Por qué te callas?

—Mimi...—Pronunció su nombre— Digo, sultana.—Corrigió— Lo mejor será que descanse.

—Yoshino ¡dime! ¿alguien pasará la noche con su majestad?

La kalfa hizo una mueca— Disculpa, pero hubiese preferido que no lo supieras.— Comentó.

—¿Saber qué?

—Escuché que Yamato iría a visitar a su hijo a los aposentos de la sultana Sora y luego pasaría la noche con ella.

—¿Qué?

—Al parecer, por consejo de la madre sultana, Yamato decidió darle atención a la sultana Sora por esta noche.

—Pe-pero ¡este es mi día!

—Sí, lo es.— Respondió Yoshino— Pero el sultán ha estado todos los días viniendo hacia acá, durmiendo contigo, viendo a su hijo, y no le ha prestado atención a Kiriha, ni a su madre.—Musitó— Por ahí las mujeres del harem estaban hablando que Sora perdió el favor del sultán y eso no es bien visto en una sultana. Supongo que la madre sultana quiso remediar ese hecho.


—Hoy en el entrenamiento estuve junto a mi tío Takeru.—Musitó Kiriha.

—¿Sí?

El pequeño asintió— Y me dijo que estoy convirtiéndome en una excelente guerra al igual que tú.

Yamato sonrió ante esto.

—Él parecía asombrado con mis movimientos. Digo que le recordaba a ti. Y eso me alegró.— Comentó Kiriha con determinación, sus ojos brillando con confianza— Quiero ser un buen sultán y guerrero, fuerte, así como tú.

Yamato colocó una mano sobre el hombro su hijo con un gesto de apoyo— Esa determinación te llevará lejos, Kiriha. Nunca dejes de entrenar duro y nunca pierdas de vista tu objetivo. Estoy seguro de que te convertirás en un guerrero excepcional.

Kiriha asintió con determinación— ¡Lo haré!

Sora observó atentamente como su hijo hablaba con su padre.

—Espero que con toda esa valentía y fuerza protejas a tu hermano.— Comentó el sultán.

—¡Claro!— Exclamó Kiriha— Protegeré a Thomas, así como tú proteges a tío Takeru.

Sora hizo una mueca ante este comentario, le aterraba pensar en que Kiriha tuviera misericordia del hijo de Mimi, después de todo, esa mujer simplemente estaba estorbando en su relación con Yamato.

—Eso espero.—Declaró Yamato— Como hermano mayor es tu deber.

Kiriha asintió.

—Dime ¿algún día tendré hermanas como tú tienes a tía Rika y Alice?

El mayor alzó una ceja— ¿Por qué preguntas eso?

—Porque tú quieres a las sultanas y las cuidas mucho.

Este comentario hizo pensar a Yamato, ya que sí, tenía planeado tener más hijos, después de todo, era su deber, pero por el momento debía esperar. Mimi todavía estaba muy recién al parto y Sora llevaba dos pérdidas, así que no estaba seguro de que pudiera darle más descendientes.

—No hagas esas preguntas, Kiriha...—Comentó Sora mientras se acercaba a su hijo— Y mejor termina de comer, ya que es hora de ir a dormir.

—Pe-pero...—Intentó hablar el pequeño— Quiero estar con mi padre.

—Ya has estado mucho tiempo con él.—Musitó la pelirroja— Es tarde y debes dormir.

Kiriha frunció el ceño y dirigió su mirada hacia Yamato.

—Hazle caso a tu madre.—Ordenó el sultán— Si quieres ser un sultán fuerte debes dormir.—Comentó— Y si quieres ser un sultán sabio debes obedecer a tu madre. El deber de cada hijo, sea sultán o príncipe es de obedecer a su madre, donde sea y siempre.—Aconsejó.

El pequeño tuvo intenciones de insistir, sin embargo, se contuvo, lo mejor sería obedecer a su padre, después de todo, no era solo su antecesor, era el sultán del imperio.

—Está bien.— Fue así como Kiriha terminó de comer su comida, le dio un sorbo a su vaso con agua y se levantó— Buenas noches, padre.— Hizo una reverencia y luego se acercó a Sora para besar su mejilla— Adiós madre.

Sora sonrió y le hizo una seña a Miyako, quien se acercó al príncipe, tomó su mano. Hizo una reverencia frente a ambos soberanos y luego salieron de los aposentos.

—Kiriha está cada vez más grande.—Musitó Yamato.

—Y más lindo...—Comentó Sora.

—Se ve que será un joven inteligente.

—Sí como su padre...—La pelirroja depositó su mano en su brazo del sultán.

Yamato tomó la mano de Sora, suavemente la acarició.

—Mi sultán, extrañaba mucho pasar un momento con usted.— Declaró—Después de todo, luego de regresar de la guerra, se preocupaba solo de Mimi.

—Ella estaba embarazada, requería de mi atención.

A pesar de que, el último tiempo decidió enfocarse en Mimi, no quería desatender a la pelirroja, al contrario, era la madre de su primogénito y aunque no era tan fuerte su atracción hacia ella, como la que sentía por la oji-miel, le tenía cariño. Y, no quería ser como su padre, quería darle a cada concubina su lugar.

—Lo sé, pero eso no quita que lo haya extrañado...—Comentó la pelirroja.

Yamato posó su mano sobre el hombro de Sora—Tranquila, aunque no siempre te llame, tú sabes que me preocupo por ti. Eres la madre de mi hijo.

—Sí, lo sé...—Musitó— Pero me es inevitable extrañarlo, después de todo, yo a usted lo amo.

"Lo amo"

Escuchar eso era algo normal en el harem, todas las concubinas decían "amar" al sultán, pero siempre se había preguntado ¿qué tan cierto era esto?

Acarició suavemente el rostro de Sora.

—Tranquila, ahora estoy para ti.—Musitó.

Sora ante esto sonrió, luego se acercó a su majestad, alzó su rostro y suavemente depositó un beso en sus labios. Yamato correspondió al beso suavemente tomando el rostro de Sora por el mentón. Aunque, por alguna razón, esta vez sus besos tenían otro sabor.


Mimi llegó a las afueras de los aposentos del sultán, donde se encontraba el guarda espalda real.

—Taichi Pashá, buenas noches.

—Buenas noches, sultana Mimi.—Respondió.

—Necesito hablar con su majestad.

El castaño hizo una mueca al escuchar esto, la verdad era que él no quería negarl el acceso,, después de todo, prefería que Yamato estuviese con otro no con Sora. Sin embargo, debí seguir ordenes.

—Lo siento, sultana Mimi, pero no puedo interrumpir, él está junto a la sultana Sora.

Sí, lo sabía.

—Sé que está con ella, pero yo necesito hablar con su majestad, hoy es Jueves y este día es para que esté conmigo...— Comentó Mimi.

—Pues...

—Nadie nunca ordenó eso.— Una tercera voz se escuchó en el lugar y frente a ellos apareció la kalfa de Sora, Miyako.

Miyako se acercó a ellos.

—Taichi Pashá ¿Qué hace esta mujer aquí?— Preguntó la kalfa.

Mimi hizo una mueca ante este comentario.

—Miyako Kalfa, no es una simple mujer, es la sultana Mimi.— Respondió Taichi.

—¡Como sea!— Exclamó la mujer de cabello lila— ¿Qué hace ella aquí?—Preguntó— ¿Quiere ver al sultán?

El castaño asintió en silencio.

—Supongo que le dijiste, Taichi Pashá, que no será posible ¿verdad?— Contestó Miyako.

—¡Claro que es posible!— Exclamó Mimi— Este día es mío, Yamato lo usa para estar conmigo, no con Sora.

—Mimi, estás en cuarentena.—Declaró— Es obvio que no pasará contigo.

—¡Sultana!— Corrigió la castaña—Dime ¡sultana!

Miyako frunció el ceño—Sultana...—Corrigió— lo siento, pero mi señora está en estos momentos con su majestad, usted no puede molestar.

—Pe-pero...—Mimi intentó hablar— Yamato...

—¡Sultán Yamato!—Corrigio Miyako—Y no puede verte, esclava.

—¡Soy una sultana!—Exclamó la castaña— Debes obedecerme.

—Yo solo sigo órdenes de la sultana Sora.—Respondió la mujer de cabello lila— No de usted.

Mimi frunció el ceño y dirigió su mirada hacia el guarda espalda real— ¿Taichi Pashá?

El castaño hizo una mueca— Lo siento, Mimi, pero no puedo intervenir.—Contestó— Su majestad pasará la noche con la madre de Kiriha.

Mimi apretó su puño ante esto.

—Debes aceptarlo, no eres la única mujer del sultán...—Declaró Miyako— Al contrario, su primera mujer siempre será mi señora.

La castaña observó molesta a esa kalfa entrometida, y sin decir más, volteo en dirección contraria para alejarse.


+Debo mencionar que jugué con muchos de ustedes por Instagram jaja tirando un pedazo del capítulo donde decía "niña" jajaja y muchas empezaron a especular diferentes cosas jajaja

+El sabor de los labios de Sora es diferente jajaja es el sabor de la culpa Yamato.

+A algunos no les gustará las muestras de cariño de Yamato a Sora, pero yo repito lo que siempre he dicho, no quiero que el amor de Mimi y Yamato sea algo sin explicación. Yamato ha estado años con Sora, entonces, no será tan fácil olvidarse de ella, considerando su posición, Mimi tendrá que luchar para tener su amor absoluto. Eso significa que Yamato no dejará a un lado a Sora así como así como Suleiman a Maidevran (en cierto punto se sintió muy poco creíble su interés por Hurrem) Además, por el carácter de Yamato en Digimon, diera la impresión que es un chico fiel.

+Estoy con los ánimos bajos porque regresé a clases, entonces volverá a ser paso tortuga, porque no tengo mucho tiempo. Ojalá me comprendan por favor.

Adrit126: ¡Hola! Sí, son unas víboras esas dos. No se dieron cuenta, o quizás, no quisieron darse cuenta, porque Alice es respetada, al igual que Sora, por algo tienen la posición que tienen. Sí, Mimi no es tan inocente, de a poco va naciendo la fiera en que se convertirá. Bueno, aquí nació, el hermoso príncipe. Con respecto a Daigo, es el inicio, será bastante molesto y ambicioso, lamentablemente, es un hombre de confianza de Yamato, así que él confiará en él, a diferencia de Taichi y Rika que no. Ya veremos que ocurre. Espero que te esté gustando la historia, si es así espero que sigas leyendo y comentando. Te mando un abrazo.

Gery: Hola jaja que bueno que hayas disfrutado de los ultimos tres capitulos. Sí, de a poco el amor de Yamato y Mimi va siendo más bonito, sin embargo, el amor cuando es de verdad es cuesta arriba, pronto se vendrá la tormenta. Bueno, el hijo acabó de nacer, no fue doble. Pero eso no significa a futuro no pueda ser. Entiendo tu frustración respecto a las acciones de Sora y Alice, y comparto tu opinión sobre la necesidad de que algunas situaciones se resuelvan de manera apropiada para el desarrollo de la trama. Y me alegra que entiendas que son Sultanas y por eso tienen muchas formas de no ser descubiertas, Sora fue astuta, Alice también. Además, ambas son respetadas, y sí, no hay pruebas sólidas entonces es imposible ser culpadas. Tus observaciones sobre el papel de la madre sultana en la gestión del harén son acertadas. La gestión del harem es crucial para la estabilidad del reino, y es comprensible que el sultán pueda tomar medidas si considera que no se está cuidando adecuadamente. Ya veremos jaja si Rika logra llegar a la dirección del harem como Humasha, ojalá que sí, aunque tendrá que tener cuidado. Sobre el collar de tulipán, llegará, pero no todavía. Falta un tiempo para que Mimi sea absolutamente parte de la familia imperial, ya que Sora a pesar de llevar años, no tiene. Yamato está esperando darle eso a una persona que demuestre tener los valores de una verdadera sultana. Mimi tendrá que hacer méritos, sin embargo, no será fácil. Aun así todo está reciente. Ya veremos como se desarrolla. Espero que te esté gustando la historia, si es así espero que sigas leyendo y comentando. Te mando un cordial saludo.

BethANDCourt: ¡Hola! Bienvenida. Que bueno que te esté gustando esta historia. Es bueno, en cierto modo, no saber de donde nace, así te sorprende jsjsjs me gusta que sea nuevo para los lectores, así se van sorprendiendo. Que bueno que te esté gustando esta pareja, entiendo, hay personas que aman el Sorato, pero eso no quita que puedas leer de otras, me alegra que se convierta en una de tus favoritas, espero que continues leyendo, comentando y espero no decepcionarte. Si estás disfrutando de la trama, espero que continúes leyendo y compartiendo tus comentarios. ¡Un cordial saludo y muchas gracias nuevamente!

DespinaMoon98: jajaja sí, creo que yo al escribir también tuve esa reacción por Taichi jajaja estuvo toda la noche el pobre, algo debía encontrar jaja Me alegra que te gusten las actualizaciones jsjsjs bueno creo que regresaré a ser Tirtle Step, aproveché que estaba de vacaciones, pero ahora regresé a clases ToT Estoy totalmente de acuerdo contigo sobre la "pinki friend" de Sora, ¡definitivamente tomó algunas decisiones muy cuestionables! 😅 Pero así es como avanza la trama, de alguna forma su esposo debe ganarse la confianza de Yamato, solo así será rival para Taichi. Sí, se vio lindo Yamato cuidando de Mimi, después de todo, tiene a su hijo, debe cuidarla si quiere que ambos estén bien. Bueno, aquí tenemos el capítulo, fue un niño jajaja Sora está totalmente enojada, pero eso provocará más problemas, no se dejará intimidar tan fácilmente. Si estás disfrutando, te animo a seguir leyendo y compartiendo tus comentarios. ¡Recibe un afectuoso saludo!