Todo para Mimi parecía estar mejorando, Yamato comenzó a llamarla con frecuencia a sus aposentos, prácticamente todas las noches, o la mayoría de noches, unas cuantas estaba con Sora y las demás las dejaba para descansar.

Todas las mujeres del harem, a estas alturas, se sentían un simple agregado. La envidia hacia Mimi era máxima, ya que era la única que Yamato llamaba a sus aposentos.

A medida que pasaban los días, la situación en el harem se volvía cada vez más tensa. Las demás mujeres, en su mayoría relegadas al papel de simples espectadoras, veían con envidia la preferencia que Yamato mostraba hacia Mimi. Los murmullos de resentimiento y celos se extendían por los pasillos del palacio, creando una atmósfera cargada de rivalidad y amargura.

Mimi, sin embargo, estaba completamente ajena a las tensiones que bullían a su alrededor. Para ella, la atención y el afecto de Yamato eran un bálsamo que calentaba su corazón, y cada encuentro con él era un momento de felicidad y plenitud. Aunque a veces se sentía incómoda por la situación en el harem, trataba de mantenerse al margen de las intrigas y centrarse en su relación con Yamato, y en poder cumplir sus labores como concubina, esperando poder quedar embarazada nuevamente (ese era su mayor anhelo, para demostrarle a todas que ella, era mejor que Sora)

Por otro lado, Sora, quien solía ser la favorita de Yamato antes de que Mimi ocupara su lugar, se encontraba cada vez más resentida y frustrada. Aunque intentaba ocultar sus emociones, no podía evitar sentirse herida y desplazada por la creciente presencia de Mimi en la vida de Yamato. Sus intentos de recuperar la atención del sultán parecían ser en vano, y la sensación de haber sido reemplazada por otra mujer la atormentaba día y noche.

Sin embargo, esto no duraría mucho, ya que Yamato estaba listo para dar un paso importante como sultán.


—Tengo planificado hacer una gira al rededor del imperio.—Declaró Yamato.

—¿Gira?—Preguntó Natsuko.

El sultán asintió—Necesito saber cómo está mi reino en toda su extensión.

—Quiero tener una visión completa de nuestro imperio, desde las tierras más remotas hasta las ciudades más grandes —explicó—. Es importante para mí estar al tanto de las necesidades y preocupaciones de nuestro pueblo en todos los rincones del reino.

Natsuko asintió, comenzando a comprender la lógica detrás de la decisión de Yamato.

—Entiendo, suena como una forma efectiva de mantenerse conectado con nuestros súbditos —concedió—. ¿Tienes un plan detallado para la gira?

Yamato asintió con determinación.

—Sí, he elaborado un itinerario que cubrirá todas las regiones importantes del imperio.—respondió—Visitaré diversas ciudades, pueblos y territorios para reunir información y conocer de primera mano las necesidades de nuestro pueblo. Además, quiero saber cómo están las provincias con sus nuevos gobernadores, ahora que no hay príncipes, puse algunos pashás de mi confianza a cargo y necesito ver que todo esté bien.

Natsuko sonrió, impresionada por la dedicación de Yamato a su deber como líder.

—Es un plan ambicioso, pero estoy segura de que será beneficioso para nuestro imperio —comentó—. ¿Cuándo tienes previsto comenzar la gira?

Yamato le lanzó una mirada reflexiva.

—Lo más pronto posible.—respondió— Quiero asegurarme de que nuestro imperio esté en buenas manos mientras estoy fuera, así que necesito prepararme adecuadamente antes de partir.

Natsuko asintió, expresando su apoyo a la decisión de Yamato—Entiendo.

—En mi ausencia necesito que cuides de mi harem y que mantengas todo en orden, que los sirvientes traten bien a mis hijos y mis mujeres. Y que nada se salga de control ahora que no estoy.

Natsuko asintió con seriedad, comprendiendo la importancia de la responsabilidad que Yamato le estaba confiando.

—Entiendo, Yamato. Puedes confiar en mí para asegurarme de que todo esté en orden en tu ausencia —aseguró con determinación—. Me encargaré personalmente de supervisar el harem y de garantizar que tus hijos y esposas reciban el trato adecuado.

Yamato asintió con agradecimiento por la disposición de Natsuko a asumir esta responsabilidad.

—Gracias, madre. Tu apoyo significa mucho para mí —expresó con sinceridad—. Confío en que dejaré nuestro hogar en buenas manos contigo a cargo.

Natsuko sonrió con humildad ante las palabras de Yamato.

—Haré todo lo que esté en mi poder para mantener la estabilidad y la armonía en tu ausencia —prometió.

Yamato asintió confiado.

—Supongo que, ahora que estarás fuera, dejarás a tu hermanon Takeru a cargo del reino.—Comentó Natsuko.

—Takeru no quedará a cargo...—Declaró Yamato— Y tampoco irá conmigo al viaje...—Admitió— O bueno, a una parte del viaje.— Agregó.

Esto sorprendió a la madre sultana.

—¿No?— Preguntó Natsuko— Hijo, yo pensé que, como príncipe le ibas a dar tareas para realizar.

—Y se las daré.— Respondió el rubio— Pero no esa.

—¿No?— Cuestionó la Valide preocupada— Entonces ¿cuál?

—Takeru, durante estos meses que yo estaré en gira, él estará en el cuartel militar de Jenízaros en Bursa.

—¿Para qué?

—Para entrenar.— Respondió Yamato— Todo príncipe merece tener instrucción militar para poder ir a la guerra, Takeru no tuvo esa posibilidad, ya que, cuando llegó su momento, ocurrió la muerte de nuestro pdre y no pudo recicbir la instrucción militar como corresponde.—Comentó.

—Entiendo hijo, pero ¿por qué en un cuartel militar?

—Porque creo que un entrenamiento a puertas cerradas en el cuartel es más provechoso que uno fuera.—insistió Yamato, manteniendo su postura firme ante las preguntas de Natsuko— Es importante que Takeru se someta a un entrenamiento intenso y dedicado exclusivamente a este propósito. No quiero que tenga distracciones ni interrupciones durante este periodo crucial de su formación militar.

Natsuko frunció el ceño, aún preocupada por la decisión de Yamato.

—Pero ¿no podríamos hacerlo aquí en el cuartel de Estambul? —preguntó nuevamente—. Sería más conveniente y seguro para Takeru.

Yamato suspiró, tratando de explicar su elección.

—El líder de los jenízaros está actualmente en Bursa, y su plan de entrenamiento es muy específico y riguroso —explicó—. Además, quiero que Takeru tenga la oportunidad de sumergirse completamente en este ambiente militar, rodeado de aquellos que han dedicado sus vidas a este arte. Creo que será una experiencia invaluable para él.

Natsuko asintió lentamente, comenzando a comprender las razones detrás de la decisión de Yamato.

—Porque creo que necesita un entrenamiento intenso. Necesito que se concentre solo en eso, después de todo, necesito que esté listo para la próxima campaña. Vencimos en nuestra guerra contra Egipto, no obstante, uno nunca sabe cuándo una nueva guerra puede nacer y, desde ahora, Takeru participara en ella. Como todo príncipe.

—Eso lo entiendo. Pero ¿Por qué debe ser en Bursa? ¿Por qué no aquí en el cuartel de Estambul?

Yamato suspiró, tratando de explicar su elección.

—El líder de los jenízaros está actualmente en Bursa, y su plan de entrenamiento es muy específico y riguroso —explicó—. Además, quiero que Takeru tenga la oportunidad de sumergirse completamente en este ambiente militar, rodeado de aquellos que han dedicado sus vidas a este arte. Creo que será una experiencia invaluable para él.

—¿Y por qué no le pides que él se venga a Estambul?

—Porque él es un hombre ocupado.—Respondió Yamato— Como dije, tiene todo un plan de entrenamiento para jóvenes estudiantes de jenízaros en Bursa.

—Pero Takeru no es principiante, es un príncipe, tiene un poco de conocimiento. Tú y Ken Aga se han encargado de eso.

—Sí, pero en el tiempo que comenzó su entrenamiento como jenízaro era muy pequeño y fue eclipsado por la muerte de nuestro padre.—Contestó Yamato— Desde entonces ha pasado tiempo. Quiero que Takeru sea bien preparado para que realice su juramento lo antes posible. Ya que necesitaré que él participe en campañas militares.


Hikari miraba a Takeru con preocupación en sus ojos mientras se encontraban en el jardín del palacio, disfrutando de un momento de tranquilidad juntos.

—Takeru..., comenzó ella, su voz llena de emoción contenida.

—Tengo que irme, Hikari, interrumpió Takeru suavemente, anticipando la pregunta que ella estaba a punto de hacer. Mi hermano quiere que complete mi entrenamiento en el cuartel militar de Bursa.

Hikari asintió lentamente, comprendiendo la importancia de la decisión de Takeru y la responsabilidad que conllevaba.

—Lo sé.— dijo ella con calma, aunque la preocupación todavía se reflejaba en su mirada— Pero... ¿por qué tan lejos? ¿Por qué no puedes completar tu entrenamiento aquí en Estambul?

Takeru suspiró, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre sus hombros—Hikari, mi hermano cree que es lo mejor para mí. Quiere que tenga la mejor instrucción militar posible, y eso significa ir a Bursa.

Hikari asintió, aunque aún luchaba por aceptar la idea de que Takeru se iría—¿Estás seguro que solo será entrenamiento?

—Eso me dijo.

Hikari hizo una mueca.

—Estoy seguro, Hikari.—respondió Takeru, leyendo la preocupación en los ojos de ella. Sus propias dudas y temores se entrelazaban con los de su amada, pero no podía permitir que eso lo detuviera. Debía confiar en la palabra de su hermano, aunque la sombra de la duda se cernía sobre ellos.

Hikari se mordió el labio inferior, temiendo lo peor. Sabía que, en el pasado, las intrigas palaciegas y las ambiciones despiadadas habían cobrado un alto precio en la familia real. La idea de que Yamato pudiera estar conspirando contra Takeru era una preocupación constante que había estado acechando en su mente desde hacía tiempo.

—Takeru, no puedo evitar preocuparme.—confesó Hikari en voz baja, su voz apenas un susurro en la quietud del jardín— Las circunstancias en el palacio son volátiles y nunca sabemos qué podría estar tramando Yamato.

Takeru la miró con tristeza, sintiendo el peso de la incertidumbre que los rodeaba. —Lo sé, Hikari, pero debemos mantenernos fuertes y unidos. No permitiremos que nada nos separe, te lo prometo.

Hikari asintió, encontrando consuelo en las palabras reconfortantes de Takeru. Aunque el futuro era incierto y las sombras de la intriga palaciega se cernían sobre ellos, sabían que juntos podrían superar cualquier obstáculo que se interpusiera en su camino.

—¿Estás seguro que todo seguirá igual?

Takeru tomó las manos de Hikari entre las suyas, mirándola con ternura—Nada cambiará entre nosotros, Hikari, aseguró él con voz firme. Te prometo que volveré, y cuando lo haga, estaremos más fuertes juntos. Esto es solo temporal, pero necesito hacerlo por mí mismo y por mi familia.

Hikari asintió, dejando escapar un suspiro de resignación. —Lo entiendo, Takeru.— dijo ella, tratando de mantenerse valiente frente a la inevitable separación. Te esperaré.

Takeru le dedicó una sonrisa reconfortante antes de abrazarla con ternura, prometiendo en silencio que regresaría a su lado tan pronto como fuera posible. A pesar de la distancia que los separaría, su amor permanecería inquebrantable, fortalecido por la determinación y el compromiso mutuo.


Fue así como el sultán se preparó para irse.

Mimi no podía creer que su sultán nuevamente tuviera que irse. No quería estar sin él, sobre todo ahora que volvió a ser su mujer de todas las noches. No obstante, sabía que su compromiso con el imperio era mayor.

Sora, a pesar de tener cierta preocupación por Yamato, estaba feliz. Si Yamato estaba lejos no podría estar sus noches con Mimi.

Mientras tanto, en la corte, los consejeros y miembros de la alta sociedad debatían sobre los posibles desafíos y oportunidades que podrían surgir durante la ausencia del sultán. La incertidumbre reinaba en el palacio, pero todos estaban unidos en su deseo de que Yamato regresara sano y salvo, listo para guiar al imperio hacia un futuro próspero.

Y así, el sultán Yamato se preparó para partir, dejando atrás un palacio lleno de esperanzas, temores y intrigas. Su destino estaba marcado por la grandeza y el deber, y solo el tiempo revelaría qué deparaba el futuro para él y para el imperio otomano.


El día de la partida había llegado, y en el palacio otomano, el sultán Yamato se preparaba para despedirse de sus seres queridos antes de emprender su viaje. En el gran salón del palacio, se reunieron la sultana Natsuko, Sora con su hijo Kiriha en brazos, y Mimi con su pequeño hijo Thomas.

Yamato se acercó primero a su madre, la sultana Natsuko, quien lo recibió con un abrazo cálido y lleno de amor maternal.

—Madre, dijo Yamato con voz suave pero llena de determinación, —ha llegado el momento de mi partida. Prometo regresar pronto y con la victoria en nuestras manos.

Natsuko asintió con tristeza, sabiendo que su hijo tenía un deber que cumplir. —Ve con la bendición de tus ancestros, hijo mío, respondió ella, con orgullo y preocupación en sus ojos.

Luego, Yamato se acercó a Sora y su hijo Kiriha, quienes lo miraban con mezcla de tristeza y preocupación.

—Sora, Kiriha...—Yamato alzó su mano hacia su concubina principal— Los extrañaré mucho mientras esté fuera.

—Nosotros también, mi sultán.— Respondió la pelirroja tomando su mano y besando sus nudillos— Por favor, manténgase a salvo y regrese pronto.

—Lo prometo. —Yamato depositando su mano en el cabello de su hijo— Cumple con tus clases y entrañamientos como todo buen príncipe. Y cuida bien de tu madre.

Kiriha asintió solemnemente, con los ojos brillando— Lo haré, papá. ¡Te esperaré aquí!

Yamato sonrió con ternura antes de enderezarse y pasar en dirección hacia Mimi, quien sostenía al pequeño Thomas.

—Mimi.—Pronunció su nombre— Espero que estés bien, estas semanas que estarás sin mí.

—Eso espero mi sultán, aunque, estoy segura de que será difícil...—Mimi besó su mano— Lo echaré de menos.

El rubio acarició suavemente la mejilla de la castaña— No estaré mucho tiempo fuera.

—Eso espero.—Comentó Mimi.

Yamato depositó su mano en la espalda del pequeño bebé—Cuida bien de nuestro hijo.

Mimi asintió.

Fue así como el rubio depositó un beso en la frente de Thomas y luego caminó hacia la salida.

Con un último vistazo a su familia, se alejó con paso decidido, llevando en su corazón las palabras de despedida y la promesa de volver.


Durante esos tres meses, Yamato viajó por los extensos dominios del imperio, cumpliendo con sus deberes como líder y asegurándose de que la estabilidad y la prosperidad se mantuvieran en todas las regiones bajo su gobierno. Desde las bulliciosas ciudades hasta los remotos pueblos en las montañas, Yamato se dedicó a escuchar las preocupaciones de su pueblo y tomar medidas para abordarlas.

Cada día lejos de su hogar, sentía el peso de la responsabilidad sobre sus hombros, pero también encontraba fortaleza en el apoyo y la confianza de aquellos a quienes servía. Las jornadas se sucedían entre reuniones políticas, inspecciones de proyectos de desarrollo, visitas a comunidades locales y encuentros con líderes regionales.

A pesar de su ocupado itinerario, Yamato encontraba momentos para enviar mensajes a su familia, expresando su anhelo por reunirse con ellos pronto. Las imágenes de sus hijos se mantenían vivas en su mente, impulsándolo a seguir adelante incluso en los momentos más desafiantes.

Sin embargo, a medida que pasaban los días, la nostalgia por su hogar se hacía más intensa.

Por su lado, Takeru estaba cumpliendo con su entrenamiento militar en la base de los jenízaros en Bursa. Como buen príncipe y estudiante, intentaba como buen príncipe, se esforzaba al máximo durante su entrenamiento militar en la base de los jenízaros en Bursa. Desde el amanecer hasta el atardecer, se sumergía en un riguroso régimen de ejercicios físicos, tácticas de combate y estudios estratégicos.

Con determinación, Takeru buscaba perfeccionar sus habilidades de combate cuerpo a cuerpo, manejando con destreza una variedad de armas tradicionales y modernas. A medida que avanzaba en su entrenamiento, demostraba un rápido progreso, ganándose el respeto de sus instructores y compañeros por su dedicación y habilidad natural.

Sin embargo, Takeru comprendía que el entrenamiento militar no solo requería fuerza física, sino también astucia y conocimiento estratégico. Por ello, se sumergía en los libros de tácticas militares y estrategias de guerra, absorbiendo cada detalle y buscando comprender las lecciones del pasado para aplicarlas en el presente.

Además de su formación militar, Takeru también se esforzaba por mantener una conducta digna de su linaje real. Demostraba respeto hacia sus superiores y camaradas, mostrando humildad en la adversidad y liderazgo en los momentos de desafío.

Aunque el camino del entrenamiento militar era arduo y exigente, Takeru se aferraba a su determinación y al objetivo final: convertirse en un líder capaz de proteger y servir a su pueblo con honor y valentía. Cada día en la base de los jenízaros era una oportunidad para forjar su carácter y prepararse para los desafíos que el futuro le deparaba.

Además de su riguroso entrenamiento militar, Takeru encontraba tiempo para mantener el vínculo con sus seres queridos. Regularmente, dedicaba momentos de tranquilidad para escribir cartas a su amada Hikari y a su madre, Natsuko, en el palacio.

En cada carta, expresaba sus pensamientos más íntimos y compartía sus experiencias durante el entrenamiento. Le contaba a Hikari sobre sus progresos en las artes militares, asegurándole que cada paso que daba lo acercaba más a su regreso a su lado. Le expresaba su amor y su anhelo por reunirse de nuevo, prometiendo que su amor nunca menguaría a pesar de la distancia.

A su madre, Natsuko, le escribía con respeto filial y sinceridad. Le contaba sobre sus avances en el campo militar, compartiendo con ella los desafíos y las lecciones que enfrentaba cada día. Expresaba su gratitud por la educación y el apoyo que había recibido de ella a lo largo de los años, y le aseguraba que estaba decidido a honrar el legado de su familia con su dedicación y sacrificio.

A través de estas cartas, Takeru encontraba consuelo en el lazo afectivo que compartía con su amada y su madre, recordándole que, aunque estuviera lejos, su amor y su lealtad hacia ellos nunca vacilarían.

Mientras tanto, en el harén las cosas estaban tranquilas. Sora se encargada de cuidar y criar a su hijo Kiriha. Mimi hacia lo mismo con su pequeño Thomas. Entre ellas, de vez en cuando, había roces, para ser más específicos entre sus criadas.

A pesar de la aparente calma en el harem, la convivencia entre Sora y Mimi a veces se veía afectada por roces, especialmente entre sus respectivas criadas. La rivalidad y la competencia entre las criadas surgían ocasionalmente, ya sea por el favoritismo de sus amas o por disputas menores que surgían en el día a día.

Sora, dedicada a cuidar y criar a su hijo Kiriha, se esforzaba por mantener la armonía en el harem, pero a veces se encontraba enfrentando desafíos inesperados. Su prioridad era su familia, pero no podía ignorar completamente los conflictos que surgían entre las criadas, quienes a menudo buscaban destacarse ante sus amas o ganar influencia en el harem.

Mimi, por otro lado, también se encontraba ocupada con la crianza de su hijo Thomas, pero no estaba ajena a las tensiones que surgían entre las criadas. Aunque intentaba mantenerse al margen de los conflictos, a veces se veía obligada a intervenir para calmar las disputas y restaurar la paz en el harem.

Entre Sora y Mimi, la relación era en su mayoría cordial, ya que compartían la experiencia de ser madres y enfrentaban juntas los desafíos de criar a sus hijos en un entorno tan peculiar como el harem. Sin embargo, las diferencias de personalidad y las tensiones entre sus criadas a veces creaban fricciones entre ellas, que debían resolver con paciencia y diplomacia para mantener la estabilidad en el hogar compartido.

Natsuko se esforzaba por mantener un ambiente sereno y armonioso en el harem, aprovechando su tiempo para interactuar y fortalecer los lazos familiares con sus nietos. Con cariño y paciencia, pasaba momentos especiales con Kiriha y Thomas, compartiendo historias, enseñanzas y risas.

Además de su papel como abuela amorosa, Natsuko también se dedicaba a organizar actividades para todas las mujeres del harem, con la ayuda de Sora y las hermanas de Yamato. Las fiestas eran una ocasión para celebrar y disfrutar de la compañía mutua, mientras que las clases de cocina, pintura, baile y música ofrecían oportunidades para aprender y divertirse juntas.

Las clases eran diseñadas de manera inclusiva, permitiendo que mujeres con diferentes niveles de habilidad y experiencia participaran y se apoyaran mutuamente. Natsuko fomentaba un ambiente de camaradería y cooperación, donde todas podían sentirse valoradas y motivadas a explorar nuevas habilidades.

A través de estas actividades, Natsuko no solo proporcionaba entretenimiento y diversión, sino que también promovía la creatividad, el aprendizaje y el compañerismo en el harem. Cada evento era una oportunidad para fortalecer los lazos familiares y crear recuerdos duraderos entre todas las mujeres que compartían su vida en el palacio.


El cálido resplandor de las antorchas iluminaba el lujoso salón donde el sultán Yamato se encontraba cenando con el pashá de Tekirdağ. La mesa estaba cubierta con una exquisita variedad de manjares, mientras que el aroma tentador de la cocina turca llenaba el aire.

En la sala principal, Yamato y Taichi se encontraban al rededor de una mesa, dispuestos a cenar junto a Rentaro Satsuma Pashá, un hombre de cuarenta años de aspecto imponente y elegante, su cabello era azulado, ojos grises y piel bronceada. Y, su esposa, una joven de veintidos años de cabello rubio, ojos morados y piel pálida.

Junto a ellos había un niño de cabello rubio de ojos azules.

—Mi hermano sultán ¡Es un honor tenerlo aquí!

La joven tomó la mano de Yamato y besó sus nudillos.

—Relena.— Yamato pronunció el nombre de su hermana— Es un gusto estar aquí, junto a ti y tu esposo.— Dirigió su mirada hacia el pashá.

El hombre bajó su cabeza en señal de reverencia— Es un honor para nosotros recibirlo en nuestro hogar.—Dirigió su mirada hacia el guarda espalda— Así también a Taichi Pashá.

Taichi asintió y bajó la cabeza en señal de respeto.

Yamato dirigió su mirada hacia el niño.

—Mi sultán, aquí tengo a mi hijo Asuka.—Musitó Relena.

—Pues claro que me acuerdo.— Respondió el sultán.

¿Cómo olvidaría a su sobrino?

El niño hizo una reverencia—Bienvenido sultán Yamato. Espero que se sienta bienvenido.

Yamato le dirigió una mirada de aprobación y suavemente depositó su mano en su cabello— Que grande estás, Asuka.—Luego dirigió su mirada a Relena—Veo que tu madre te ha criado bien.

Relena sonrió— He intentado hacer lo que puedo.—Comentó—Con él y con mis demás hijos...—Agregó— Aunque, ellos no están aquí, ya que es tarde y ellos están descansando.

—No te preocupes.— Respondió el sultán.

Sabía que la hija de Relena no sobrepasaba los tres años y su hijo menor apenas tenía un año.

—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos.—Musitó Relena.

Yamato asintió.

—Lamento mucho no haber ido al castillo mientras la guerra se realizó.—Musitó la sultana— Sé que usted es de la idea que las mujeres estén en el harem del palacio principal, pero, mi hijo no estaba bien y...

—No me des explicaciones, Relena.—Se apresuró a decir el sultán— Recibí tu carta y tus presentes, así como tu esposo dio la explicación correspondiente.—Comentó— Sé que tu hijo menor estaba enfermo y viajar significaría un problema. Después de todo, es un bebé. Requiere cuidado, al igual que tus demás hijos.

Con tres hijos pequeños era casi imposible viajar.

La rubia asintió— Sí, pero de igual forma, quiero disculparme.— Musitó— Escuche que tuvo un nuevo hijo y como su hermana era mi obligación hacerme presente. De algún modo quise participar y envié regalos. Espero que usted y su nueva concubina los hayan recibido.

—Los recibimos.— Respondió Yamato— Te agradezco por eso. Espero que, pronto puedas ir a palacio.—Comentó— Tanto tú, como tus hijos, para que conozcan a su primo nuevo.

Relena sonrió— Sí, eso espero. Mi esposo, Rentaro Pashá me comentó que, le colocó el nombre de nuestro difunto hermano, Thomas.

Yamato asintió— Así fue. Espero que no te moleste.

—¡Claro que no!— Exclamó la sultana— Al contrario, me honra que le haya colocado el nombre de nuestro hermano.

Thomas, el hijo de Hiroaki, era hermano completo de Relena, así que, era lógico que toda referencia a él sería bienvenida.

—Espero que el pequeño príncipe sea tan fuerte como él.—Comentó Relena— Y pueda ser de su agrado.

—Estoy seguro que así será.— Respondió Yamato.

—Bien...—Comentó Rentaro Pashá— Creo que llegó la hora en que el sultán cene.

Relena asintió.

Fue así como luego de agradecer por los alimentos se dispusieron a comer.

—Es un honor recibirlo en nuestra provincia, Sultán Yamato.—comenzó el Rentaro Pashá con cortesía— Me han dicho que su viaje ha sido todo un éxito hasta ahora.

Yamato asintió con gratitud, agradecido por la hospitalidad del pashá. —Gracias, Pashá. Debo decir que Tekirdağ es realmente impresionante. Su hospitalidad no tiene parangón.

El cuñado de Yamato sonrió con satisfacción ante el elogio—Es un placer para nosotros recibir al gobernante de nuestro imperio. Dígame, ¿cómo ha sido su viaje hasta ahora? ¿Ha encontrado lo que buscaba en nuestras tierras?

Yamato tomó un sorbo de vino antes de responder—Mi viaje ha sido fructífero hasta el momento —comenzó, con una expresión reflexiva— He tenido la oportunidad de conocer a muchas personas y aprender mucho sobre las diferentes costumbres que tienen las personas de cada provincia del imperio. Pero aún hay mucho por hacer.

El pashá asintió con comprensión—Comprendo. Siempre hay más por descubrir en nuestro vasto imperio.

Hubo un breve silencio antes de que el pashá cambiara de tema—Permítame preguntarle, Sultán Yamato, ¿cómo está su hermano, el príncipe Takeru? He oído hablar mucho de él.

Yamato se tomó un momento antes de responder—Takeru está bien.—dijo con cuidado— Actualmente está dedicado a su entrenamiento militar en el cuartel de Bursa. Creo que está aprendiendo mucho y se está preparando para su futuro papel en nuestro imperio.

—¿Entrenamiento militar?

Yamato asintió— Uno nunca sabe cuando la guerra vendrá y necesito que él esté preparado para participar en ellas.

Rentaro Pashá alzó una ceja— Disculpe sultán, pero ¿está queriendo decir que hará participar al príncipe en batallas?

—Sí, eso tengo planeado.

Rentaro tuvo intenciones de decir algo, sin embargo, fue interrumpido por su hijo.

—Madre, disculpa, pero tengo mucho sueño...—Musitó el niño.

Relena dirigió su mirada a su hijo y luego hacia Yamato— Disculpe, mi hermano sultán, pero mi hijo está cansado.

—No te preocupes hermana. Es un niño, creo que es hora de que descanse.

—Permiso.—Relena se colocó en pie y tomó a su hijo de la mano— Lo llevaré a su habitación.

Yamato asintió.

—Asuka, despidete de tu tío sultán.—Relena le mencionó a su hijo.

Asuka asintió e hizo una reverencia.

—Buenas noches.

—Buenas noches.—Respondió Yamato.

Fue así como Relena también hizo una reverencia y salió del lugar junto a su hijo.

Yamato volvió su concentración hacia su comida.

—Disculpe, mi sultán, pero me sorprende que haga que el príncipe Takeru tenga instrucción militar.

—¿Por qué?— Preguntó el sultán.

—Porque nunca antes se había visto que, un hermano del sultán continuara vivo, mucho menos que obtuviera instrucción militar.— Comentó Rentaro— Usted sabe, por los riesgos que esto conlleva.

Yamato hizo una mueca ante esto— Takeru es un príncipe, merece instrucción militar.—Declaró— No veo que signifique un riesgo.

—Perdón que se lo diga, pero en cierto punto lo es.—Respondió el pashá— Después de todo, eso puede generar revuelo entre los jenízaros y al no estar conforme podrían aliarse a él en una posible emancipación por parte del príncipe hacia usted.

—¿Emancipación?

El Pashá asintió— No digo que el príncipe Takeru sea un rebelde, pero uno nunca sabe cuándo podría estar en desacuerdo con usted y, termine planeando algo para usurpar el trono.

—No creo que Takeru sea capaz de algo así.

—No digo que sea.—Respondió Rentaro— Pero uno nunca sabe lo que puede ocurrir a futuro. Las cosas pueden cambiar de un momento a otro.

Yamato frunció el ceño, reflexionando sobre las palabras del pashá. La idea de una posible rebelión entre los jenízaros era preocupante, pero también estaba convencido de la importancia de proporcionar una formación militar adecuada a su hermano.

—Entiendo tus preocupaciones, Rentaro.—respondió Yamato con seriedad—. Pero confío en que Takeru comprende la responsabilidad que conlleva su posición. Además, es crucial que esté preparado para cualquier eventualidad en el futuro.

Rentaro asintió, aunque aún parecía dubitativo—Lo entiendo, mi sultán. Solo espero que esta decisión no traiga problemas adicionales en el futuro.

Yamato asintió en respuesta, comprendiendo las preocupaciones del pashá. Sabía que cada acción que tomaba como sultán tenía sus implicaciones, pero confiaba en que su decisión de entrenar a Takeru sería beneficiosa en última instancia.

—Estoy seguro de que Takeru comprenderá la importancia de su formación militar —dijo Yamato, tratando de tranquilizar a Rentaro— Y haré todo lo posible para evitar cualquier conflicto futuro.

Rentaro asintió, aunque aún parecía preocupado. La conversación continuó en un tono más ligero, pero la sombra de la incertidumbre sobre el futuro del imperio persistía en la mente de Yamato mientras continuaba con su cena.

Fue así como luego de terminar la cena, Yamato se dirigió a descansar a sus aposentos, sin embargo, en el trayecto a su habitación, Taichi lo intersectó.

—Mi sultán, tengo algo importante que informarle.—anunció Taichi.

Yamato levantó la mirada, notando la expresión seria en el rostro de su leal guardaespaldas.

—¿Qué sucede, Taichi? —preguntó, interesado en la noticia.

—Acaba de llegar una carta para usted, directamente del palacio —respondió Taichi, entregando el sobre al sultán con cuidado.

Yamato tomó la carta y examinó el sello real en el frente con curiosidad. Sabía que las comunicaciones del palacio siempre llevaban consigo un peso significativo.

—Gracias, Taichi —dijo, mientras rompía el sello y abría el sobre para leer el contenido.

Yamato ingresó a sus aposentos y revisó la carta que le envió su madre informándole que todo estaba bien en el harem. Era bueno saber que sus mujeres y sus hijos estaban bien en su ausencia.

También le contaba un poco de la tesorería utilizada en el harem.

Y le comentaba algunas noticias de Takeru, aunque no era tan necesario, ya que él todas las semanas recibía cartas del jefe de jenízaros.

Sin embargo, llegó a un punto que llamó bastante su atención.

Pronto él llegaría a la provincia de Kocaeli, la provincia más cercana a Estambul es por eso que, su madre le escribió lo siguiente:

"Quiero enviarte un poco de diversión, enviaré al cocinero real, unas kalfas que se encargaran de llevar especies para realizarte masajes y oro, ya que me enteré de que necesitas para continuar dando presentes al pueblo. Si quieres, puedo enviarte una de tus concubinas del harem para pasar unas noches, supongo que debes extrañar a tu harem"

Yamato leyó la carta con una mezcla de sorpresa y gratitud. La idea de recibir una visita del cocinero real y las kalfas para recibir masajes y oro le pareció una grata sorpresa, especialmente considerando las necesidades del pueblo que aún quería atender. Sin embargo, lo que más llamó su atención fue la propuesta de enviar a una de sus concubinas del harem para pasar unas noches con él.

La idea de tener a una de sus concubinas junto a él, incluso por un corto tiempo, despertó en él una mezcla de emociones. La idea de tener compañía y consuelo en medio de la incertidumbre y el estrés de la gira era tentadora. Después de todo, hace semanas no estaba con mujeres.

Cuando comenzó su gira no le dio tanta importancia a no estar con mujeres, pasado un mes fue a unas cuantas provincias y unos pashás le ofrecieron mujeres, con las cuales pasó unas noches, pero nada especial, luego de un tiempo decidió desistir de esto, ya que cada cinco días cambiaba de provincia, y las exigencias eran mayores, solo tenía tiempo para el pueblo y para hablar con los gobernadores que dejó a cargo de cada provincia. Las noches las utilizaba para dormir.

Ahora estaba cerca de su palacio, su madre podía enviar a cualquier mujer que él quisiese, un hecho que le llamaba la atención, ya que, tenía cierto interés en llamar a una de sus mujeres a pasar tiempo con él.


~Días después~


Todas las mujeres estaban reunidas en el harem.

La madre sultana las había citado y todas estaban atentas a ella.

—Ha llegado una invitación del sultán desde Kocaeli, donde mi hijo estará unos días.— Anunció Natsuko a todo el harem.

—¿Kocaeli?— Preguntó Mimi.

Yoshino afirmó— Es la provincia vecina de Estambul, no queda muy lejos de aquí.— Susurró la respuesta.

La sultana madre se paseó frente a todos observando atentamente a las mujeres, a las kalfas ya los sirvientes que se encontraban con la mirada baja.

—Como Kocaeli es una provincia que queda cerca de aquí, enviaré al cocinero real y algunos sirvientes a entregarle algunas municiones. para el tiempo que queda en su gira.— Comentó— Básicamente quiero enviarle lo mejor a mi hijo. Y, luego de presentarle esta idea en una carta, él respondió.

Mimi asintió con interés mientras escuchaba la explicación de Natsuko sobre la invitación del sultán desde Kocaeli. Aunque tenía curiosidad por la razón detrás de esta repentina visita, mantuvo su compostura y escuchó con atención.

Natsuko continuó, su mirada escudriñando a todos los presentes con intensidad. Era evidente que estaba tramando algo, y las mujeres del harem observaban con cautela, sintiendo la tensión en el aire.

—Como Kocaeli es una provincia cercana, quiero asegurarme de que mi hijo reciba todo lo mejor durante su estadía allí —explicó Natsuko, su tono sereno pero firme— Por eso, enviaré al cocinero real y algunos sirvientes con suministros de primera calidad para acompañar a mi hijo durante su gira. Es mi deber como madre garantizar su comodidad y bienestar.

Las mujeres asintieron en silencio, comprendiendo la importancia de asegurar el cuidado y la atención adecuados para el sultán durante su viaje.

Natsuko tomó una respiración profunda antes de responder, su expresión serena pero calculada—También a mi hijo le he ofrecido la compañía de una concubina.—Declaró— El palacio de Kocaeli está cerca, así que, será fácil enviar a la mujer que él quiere.

Esto provocó el murmullo de todas las mujeres quienes intercambiaron miradas.

—¡Silencio, señoritas, la madre sultana está hablando!—Exclamó Gennai.

Fue así como todas rápidamente guardaron silencio.

—Muy bien, como les estaba diciendo, a mi hijo le ofrecí la compañía de una mujer.— Repitió Natsuko— Y él ha aceptado.

—¿A sí?— Preguntó una mujer?

—¿Quién irá madre sultana?— Cuestionó otra.

—¡Silencio!— Exclamó Gennai— Dejen terminar de hablar a la madre sultana.

Natsuko observó a todas las mujeres.

—Mi hijo, aceptó, y mandó a pedir a una de usted.—Comentó.

Esta declaración provocó que la curiosidad fuera mayor.

—¿A quién pidió madre sultana? —preguntó Sora, con una mirada de curiosidad en sus ojos.

—Pidió a su concubina principal...—Natsuko dirigió su mirada hacia la pelirroja— A ti.

¿Qué?

—Mi hijo en su carta ha expresado su deseo de que tú, Sora, lo acompañes durante su estancia en Kocaeli.—Declaró Natsuko y luego se dirigió a los demás— Ha pedido específicamente su presencia para que pueda estar junto a él durante este tiempo.

Un murmullo de sorpresa recorrió la habitación mientras las mujeres procesaban esta revelación. Mimi se quedó sin palabras, sintiendo una mezcla de confusión y preocupación por la repentina solicitud de Yamato. ¿Por qué preferiría a Sora sobre ella para acompañarlo en su viaje?

Natsuko mantuvo su compostura, ocultando la verdad detrás de una mentira elaborada. Era consciente del juego político que se avecinaba y estaba dispuesta a manipular la situación para proteger el honor de su familia, aunque eso significara distorsionar la verdad ante las personas más cercanas a ella.


—No puedo creerlo, Airu...—Musitó Mimi mientras lloraba desconsoladamente sobre su cama abrazando su almohada— Yamato envió a buscar a Sora para que lo atienda en el palacio de Kocaeli.

Airu hizo una mueca ante esto y tomó asiento a su lado— Sultana, debe estar tranquila.

—¡No puedo!— Respondió la castaña—¡No puedo!

Airu depositó sus manos en sus manos en los hombros de Mimi.

—Yamato siempre dijo que me amaba, que me prefería...—Recordó— ¡Que yo era su favorita!

—Sí, lo sé.

—¡Entonces!— Exclamó la oji-miel— ¿Por qué me hizo esto?

Airu hizo una mueca— Bueno, Mimi, yo sé que para ti es difícil aceptarlo, pero, Sora también es importante para él.—Declaró— Es la madre de su primer hijo. Lleva años a su lado. Es lógico que va a querer pasar tiempo con ella.

Mimi sollozó, sintiendo como si su mundo se desmoronara a su alrededor. Las palabras de Airu resonaban en su mente, pero aún así, el dolor y la confusión no disminuían.

—Pero... ¿y yo? —preguntó Mimi con voz entrecortada— ¿Qué hay de mí? ¿Acaso no significo nada para él?

Airu la miró con compasión, entendiendo su dolor.

—Claro que significas algo para él, Mimi —respondió con suavidad—. Pero a veces, el amor no es tan simple como parece. Yamato tiene una historia complicada con Sora, y aunque eso no justifica su decisión de dejarte de lado, puede ayudar a entender un poco más su situación.

Mimi se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, tratando de encontrar consuelo en las palabras de Airu.

—Pero duele tanto... —murmuró— Me siento traicionada, Airu. Como si todo lo que vivimos juntos no significara nada para él.

—Mimi, por favor, tranquilízate.—Rogó la rubia—Piensa en que, tal vez, lo hizo por tu bien.—Comentó la rubia— Thomas todavía es muy pequeño para estar tanto tiempo sin ti.—Habló— Tal vez, no quería que lo dejarás, y por eso citó a Sora.

Mimi negó con su cabeza— ¡No!— Exclamó— Está claro que lo hizo porque en realidad es ella a quien ama.


~Tres días después~


El sol se ponía lentamente en el horizonte, tiñendo el cielo con tonos dorados y rosados mientras Yamato se encontraba en sus aposentos, esperando con impaciencia la llegada de su compañía. Había recibido la noticia de que Sora estaba en camino para unirse a él en Kocaeli, y su corazón latía con anticipación por el reencuentro con la mujer que amaba.

Con cada paso más cerca que oía resonar en el pasillo, la emoción de Yamato crecía. Se puso de pie con una sonrisa ansiosa, esperando ver el rostro de su amada aparecer detrás de la puerta. Pero cuando esta finalmente se abrió, la expresión de Yamato cambió instantáneamente de expectación a sorpresa, desilusión y finalmente, ira.

La joven entró en la habitación con un velo que cubría su rostro, su figura envuelta en una elegante tela que dejaba solo entrever su contorno. Yamato contuvo el aliento, esperando ansiosamente el momento en que pudiera ver los ojos que tanto amaba.

La joven al llegar frente a él hizo una reverencia.

—Qué bueno que llegaste, querida.—Yamato alzó su mano.

La joven tomó su mano y se levantó.

—Espero que hayas tenido un buen viaje.

La joven asintió.

—Fue un buen viajo, mi sultán.

Yamato alzó una ceja al escuchar la voz, ya que era diferente, no como la de Mimi.

Acaso ¿estaba resfriada?

Fue así como depositó sus manos en el velo, suavemente lo levantó, revelando su rostro, la sorpresa y la decepción se reflejaron en los ojos de Yamato.

No era Mimi quien estaba ante él, sino Sora, con una expresión expectante y nerviosa en su rostro. La sorpresa de Yamato se transformó rápidamente en desilusión, y luego en ira contenida.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Yamato con voz tensa, su semblante endurecido por la furia contenida.


~Tres días antes~


Natsuko tomó la carta con manos temblorosas, sintiendo un nudo en la garganta mientras leía las palabras escritas por su hijo. La habitación estaba tranquila, solo interrumpida por el suave murmullo de las cortinas ondeando con la brisa. A medida que sus ojos recorrían las líneas, una mezcla de emociones turbulentas se apoderaba de ella.

—¿Cómo se atreve?— murmuró para sí misma, sintiendo cómo la indignación ardía en su pecho.

Su hijo, el sultán del imperio, había osado sugerir que Mimi, la segunda concubina, fuera convocada al palacio en Kocaeli para estar con él. Era una afrenta a la tradición, un insulto a la posición de Sora como la concubina principal y madre de su nieto primogénito.

Natsuko se puso de pie, con los puños apretados, y sus ojos fulminaban de furia mientras recorría la habitación con pasos firmes— ¡Inaceptable!—exclamó en voz alta, su voz resonando en la estancia— ¿Cómo puede pensar que Mimi debería ocupar el ¿Lugar de Sora? ¡Es una falta de respeto hacia ella!

Sus manos temblaban mientras apretaba la carta con fuerza, sintiendo el peso de la traición y la decepción. Había dedicado su vida a proteger el honor y la reputación de su familia, y ahora se encontraba confrontada con la deshonra provocada por las palabras de su propio hijo.

—¿Qué tiene la cabeza de mi hermano?— Preguntó Alice— Pedir a esa esclava, antes de a la sultana Sora, la madre de su hijo mayor.

—¡No sé!— Exclamó Natsuko—Verdaderamente está embrujado por esa mujer.

La indignación de Natsuko no conocía límites. Se sentía traicionada y desafiada por la sugerencia descarada de su propio hijo, el sultán del imperio. Mientras las palabras de Alice resonaban en la habitación, Natsuko se vio reforzada en su determinación de abordar esta afrenta a la posición de Sora y al honor de la familia.

—Está claro que necesita un recordatorio urgente de sus responsabilidades y de quién es la verdadera madre de su heredero —declaró Natsuko con determinación, su voz resonando con autoridad— No permitiré que esta falta de respeto hacia Sora.

—¡Pues claro que no! Sora merece su lugar.

Natsuko asintió— Es hora de que mi hijo comprenda el error de sus acciones y rectifique su comportamiento.

Con pasos decididos, Natsuko salió de la habitación, su expresión decidida y su mente llena de planes para enfrentar a su hijo y corregir el desequilibrio que había surgido en el palacio. No toleraría que el amor ciego de Yamato por Mimi eclipsara su deber hacia su familia y su legado.

Alice asintió en silencio, reconociendo la determinación de su madre y sintiendo una mezcla de preocupación y admiración por su fuerza de carácter. Sabía que Natsuko no descansaría hasta que se hubiera restablecido la justicia y el honor en el palacio en Kocaeli, y estaba lista para apoyarla en cualquier medida que fuera necesaria.

Mientras tanto, en el corazón del imperio, Yamato continuaría su viaje ajeno a la tormenta que se avecinaba en el hogar que había dejado atrás. Pero muy pronto se enfrentaría a las consecuencias de sus acciones y tendría que enfrentarse a la fuerza implacable de su madre, decidida a restaurar el orden y la dignidad en su familia.


+Si se dan cuenta a las hermanas de Yamato las he colocado con personajes de sus propias temporadas. Ejemplo: Rika la emparejé con Mitsuo Yamaki Pashá (El líder Hypnos, líder de esa corporación que se encargaba de acabar con los Digimon en el mundo humano en Digimon Tamer) Ahora a Relena la shipee con Rentaro Satsuma (En español su nombre era Comandante Samson, quien estaba a cargo de DATS en la temporada de Digimon Data Squad) La única que no empareje con alguien de su temporada fue Alice, ya que quise incluir a un personaje de Digimon Tri.

+Algunos dirán ¿por qué colocas tan pocas escenas con los pashás o el consejo? La verdad es que, estoy esperando que tiempo pase, los primeros capítulos del Sultán no los encontré tan interesante.

BethANDCourt: ¡Hola! Sí, Mimi actúo sin pensar, esa escena la saqué de la serie, tampoco me gustó esa escena de Hurrem, pero creo que fue una escena optima para Mimi en esa situación por su nerviosismo, así como dijiste. Sí, los bebés están bien. Bueno, hay que entender a Megumi, está super cansada. Sirve de aquí para allá a las sultanas y a todos. Debe estar colapsada. Pero tienes razón al decir que es descuidada, después de todo, Thomas y Kiriha son muy pequeños. Sí, a estas alturas hay que tener miedo, después de todo, Taichi en su objetivo por mantener a Hikari con bien, puede cometer cualquier locura. Mientras que por el otro lado, en el ámbito de su trabajo, Taichi está haciendo todo bien. Ayudó a Mimi porque él sabe lo triste que es la situación, además de que, no soporta a Sora. Sí jsjsjsjs da bastante enojo que Yamato esté con tantas mujeres (Tranqui a muchos yo creo que le estresa) Bueno con respecto a Revenge fue un cambio cortísimo, pero, espero que te haya gustado. Agradezco mucho tu interés en continuar con la narrativa. Si estás disfrutando, te animo a seguir leyendo y compartiendo tus comentarios. ¡Recibe un afectuoso saludo!

Adrit126: ¡Hola! Sí, esta vez Mimi no actuó bien, Yamato tenía razones en enojarse. Pero se debe a su nerviosismo. Más que entenderla, yo creo que, Yamato supo colocarse en su lugar. Y sí, Sora creyó ganar, pero no lo logró. Sí jajaa Taichi es de lo mejor (No volveré a cometer el error de la trilogía, porque Taichi es el personaje que más amo de todo Digimon, quiero que sea amado en mis historias jsjss) Quiero expresar mi gratitud por seguir la historia. ¡Un abrazo afectuoso para ti!

+Sigo con la dinámica:

Relena Beyhan Sultan

+También otro título:

Sultanzade (nombre) Bey: Este es el título que se le daba a los hijos de las sultanas, en otras palabras, príncipes que no tenían derecho al trono. Ejemplo: Sultanzade Asuka Bey, quien es hijo de Relena, por lo tanto, es sobrino del sultán y nieto del antiguo sultán Hiroaki. Es parte de la familia real, pero no tiene opción al trono.