Mimi estaba acostada en su cama, con la mirada perdida en el techo. Las sombras de la noche se cernían sobre su habitación, acentuando el peso de sus preocupaciones. Se lamentaba en silencio, recordando el momento en que dio a luz a su hija, Izumi. En un mundo donde los hijos varones eran considerados herederos y continuadores del legado, tener una niña había sido un golpe a sus esperanzas y sueños.
De repente, el sonido de la puerta abriéndose suavemente rompió el silencio. Mimi se incorporó ligeramente y vio a Airu entrando con cautela, llevando un plato lleno de dulces.
—Airu, ¿qué haces aquí a estas horas? —preguntó Mimi, sorprendida por la visita inesperada.
Airu, con una sonrisa nerviosa, se acercó a la cama de Mimi y dejó el plato sobre la mesa de noche.
—Mi señora, la sultana Sora está repartiendo dulces y dinero por el palacio. Dice que es para celebrar el nacimiento de la pequeña Izumi.
Mimi sintió un nudo formarse en su estómago. La noticia la tomó por sorpresa, pero la mención de Sora la hizo enfurecer. Se levantó de la cama, con los ojos brillando de indignación.
—¡Sora está celebrando el nacimiento de Izumi! —exclamó Mimi, su voz cargada de amargura—. ¡Ella está usando el nacimiento de mi hija para burlarse de mí!
Airu retrocedió un paso, preocupada por la reacción de Mimi.
—Mi señora, pensé que querría saberlo. No imaginé que esto la molestaría tanto...
Mimi respiró hondo, tratando de calmarse, pero el dolor y la ira eran demasiado intensos.
—Saca esos dulces de aquí, Airu. No quiero nada que venga de Sora en mi habitación. Ella no está celebrando por Izumi, lo hace para humillarme y recordarme que no he dado a luz a un heredero varón.
Airu asintió rápidamente, tomando el plato de dulces.
—Lo siento, mi señora. No fue mi intención causarle más dolor.
Mimi volvió a recostarse en la cama, sus pensamientos un torbellino de emociones. Observó a Airu salir de la habitación con el plato, dejando atrás un rastro de tristeza y resentimiento.
Mientras la puerta se cerraba, Mimi se quedó en la oscuridad, luchando con sus sentimientos de impotencia y frustración. Sabía que debía ser fuerte por su hija, pero la realidad de su situación era difícil de aceptar. Con el corazón pesado, cerró los ojos, esperando que el nuevo día trajera consigo un rayo de esperanza en medio de tanta adversidad.
Mientras tanto en los aposentos de la madre sultana.
—Me gustó lo que hiciste hoy.—Musitó Natsuko— Muy bien.—Comentó— No pierdas tu tiempo discutiendo con Mimi.
—Ya han comido todos los dulces que di en honor a la hija del sultán.—Declaró Sora con una sonrisa.
Natsuko asintió.
—Mamá ¿cuando iré a ver a mi hermanita?— Preguntó Kiriha.
La madre sultana sonrió conmovida: —Kiriha...—Lo llamó—Si tú solos pudieras ver lo hermosa que es tu hermana.—Comentó—¡Es hermosa!— Exclamó— Y ya le di su nombre.
—¿A sí?
Natsuko asintió.
—¿Cuál?
—Izumi.—Contestó— Como la hermana del antiguo sultán.
—Buen nombre.— Musitó Sora.
—Espero que con ese nombre tenga mucha suerte, felicidad y alegría.—Comentó Natsuko—Mañana la conocerás.
Kiriha sonrió: —Ahora somos tres hermanos.
—Claro.—Respondió la valide— Pero nunca debes olvidar que eres el mayor y el más importante.
Sora sonrió ante esto y Kiriha también.
Un día nuevo comenzó en el palacio. Como siempre, los agas haciendo guardia, vigilando atentamente cada entrada y pasillo, asegurando la seguridad del sultán y de todos sus habitantes. Los sirvientes y kalfas del harem se movían diligentemente, ordenando cada rincón, asegurándose de que todo estuviera en perfecto estado para los miembros de la casa real.
Las concubinas, por su parte, se reunieron en la sala de clases, donde recibían lecciones sobre etiqueta, música y danza, preparándose para cualquier ocasión en la que pudieran ser llamadas a demostrar sus habilidades ante el sultán y sus invitados. El ambiente estaba lleno de murmullos y risas suaves, mezcladas con las notas de un laúd que una de las jóvenes tocaba con destreza.
En medio de toda esta actividad, Mimi se encontraba en sus aposentos, observando desde su ventana el bullicio del palacio. La luz del sol entraba a raudales, iluminando su rostro cansado. A pesar del nuevo día, no había podido dormir bien, preocupada por la situación con Sora y la incertidumbre sobre el futuro de su hija Izumi.
Finalmente, decidió olvidar un poco todo e ir a darse un baño para desestresarse.
Yoshino y ella caminaron por el pasillo: —¿Estás mejor ahora?
Mimi suspiró: —Estaré mejor si recibo una carta del sultán.
—Tranquila, pronto la recibirás.—Musitó Yoshino.
La castaña hizo una mueca— ¿Y si no me envía una carta? Luego de saber que tuve una niña
—Sultana Mimi, el sultán no diga eso.—Declaró la pelirosa— Sé que no esperaban una niña, pero él no sería tan cruel como para despreciar a su hija.
—Pero a mí sí.—Respondió la castaña— ¿No me contaste la historia de la madre de la sultana Alice?—Recordó— ¿No me dijiste que perdió el favor del antiguo sultán por dar a luz a una niña?
Yoshino suspiró: —Sí.—Contestó— Pero el sultán Yamato no es como su padre.
En muchos sentidos estaba demostrando ser lo opuesto.
—Además, ese fue el caso de la madre de la sultana porque no era una de sus favoritas.—Declaró la kalfa— La madre de la sultana Rika solo tuvo una niña y eso no quitó que fuera la favorita hasta el día de su muerte.
—Pero ¿quién sabe si yo seré lo suficientemente especial en el corazón de su majestad como para que me perdone esto?— Preguntó Mimi.
—Tranquila.—Yoshino depositó una mano en su hombro.
La castaña nuevamente suspiró y decidió seguir su camino. No habrá avanzado mucho cuando en el pasillo apareció cierta mujer pelirroja.
Mimi hizo una mueca al reconocer a la sultana Sora, quien traía una sonrisa en el rostro.
—Señorita Mimi...—Musitó la pelirroja al estar frente a la castaña—Felicidades.
¿Señorita Mimi?
¡Ella era una sultana!
Mimi observó molesta a Sora.
—Al parecer, no tuviste éxito.—Comentó la pelirroja con burla— ¿Me equivoco o querías un apuesto niño?
Mimi rodó los ojos y dirigió una mirada seria hacia Sora— No tengo tiempo para hablar con usted, permiso.—Musitó antes de continuar su camino.
Sin embargo, Sora la tomó del brazo y con tono burlón hizo mención a las palabras que Mimi hace un tiempo dijo: —Voy a darle un hijo pronto al sultán.—Habló— No tendré niñas, solo tendré varones.
Mimi se mordió el labio inferior.
—¿Eso fue lo que dijiste?
La castaña volteo hacia y la observó con desprecio. No iba a dejar que Sora la tratase así.
—Sí, eso dije.—Respondió Mimi— Eso dije.— Afirmó con seriedad—Y le daré muchos hijos al sultán.—Declaró—Pero tú ni siquiera podrás darle una niña.—Declaró la castaña— Porque el sultán no quiere tocarte.
Esto molesto a la pelirroja.
—Pobrecita.—Musitó la castaña— De a poco pierdes todo.
La sonrisa desapareció del rostro de Sora y el enojo se hizo presente.
—Te lo recordaré cuando el sultán regrese y te rechace.— Respondió—Te vas a arrepentir.
—Ya veremos.—Declaró Mimi desafiantemente—Permiso.—Musitó antes de salir del lugar.
Una semana después~
Luego de dar a luz a Izumi, Mimi, rápidamente se colocó a régimen, lógicamente respetando una dieta balanceada para no tener problemas con su leche. A diferencia de su primer post-parto, decidió ser precavida con su cuarentena y con su alimentación. Rápidamente el peso desapareció, con dos bebés tenía que amantar a dos, pero eso no quitó que intentase estar en forma para no ser una mujer sin gracia.
Yamato estaba pronto a llegar y quería estar lo más presentable para él.
El sol comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el cielo con tonos cálidos y dorados mientras la figura imponente del palacio imperial se alzaba majestuosamente ante el paisaje. El aire estaba impregnado de una sensación de anticipación y emoción, ya que se acercaba el momento en que el sultán Yamato regresaría a su hogar después de una larga ausencia.
En el gran patio del palacio, Natsuko, la madre del sultán, aguardaba con impaciencia junto a sus dos hijas, Rika y Alice. Sus rostros se iluminaron con sonrisas radiantes cuando vieron aparecer a lo lejos el carruaje que transportaba a su amado hijo.
Cuando el carruaje finalmente se detuvo y Yamato emergió de su interior, fue recibido con una exuberante bienvenida. Natsuko fue la primera en acercarse, con los brazos abiertos y los ojos brillantes de alegría.
—¡Yamato, hijo mío! —exclamó, abrazándolo con fuerza—. Te hemos extrañado tanto.
Yamato correspondió al abrazo de su madre con ternura, sintiendo la calidez y el amor que emanaban de ella. Luego, se volvió hacia sus hermanas, Rika y Alice, quienes también se acercaron para saludarlo con entusiasmo.
—Bienvenido de vuelta, hermano —dijo Rika, con una sonrisa brillante—. Espero que tu viaje haya sido fructífero.
—Sí, bienvenido de vuelta —añadió Alice, con una expresión de alivio en su rostro—. Te extrañamos mucho.
Después de saludar a sus hermanas, Yamato se volvió hacia Sora, su concubina principal, quien estaba esperando con su hijo Kiriha a su lado. Sus ojos se encontraron y se iluminaron.
—¡Kiriha!— Exclamó antes de abrazarlo.
—¡Padre que bueno que regresaste!— Musitó el menor.
—Lo extrañamos mucho, mi sultán.—Comentó la pelirroja.
Yamato le dedicó una sonrisa a la sultana, Sora devolvió la sonrisa de Yamato con una expresión de felicidad genuina, se acercó a él y besó los nudillos de su mano.
Con cada saludo y abrazo, el palacio resonaba con el sonido de la alegría y la emoción, ya que la familia real se reunía una vez más después de una larga separación. Para Yamato, no había lugar en el mundo al que perteneciera más que a su hogar, rodeado del amor y el apoyo de aquellos que más significaban para él.
No obstante...
—Faltan algunas personas.—Comentó Yamato— ¿Dónde están Mimi y Thomas?
—Mimi estaba un poco ocupada con sus bebés.
¿Bebés?
—Mimi dio a luz en tu ausencia.—Informó Natsuko.
El rubio observó sorprendido a su madre.
Eso explicaba porque no estaba ahí.
—¿Fue un niño, verdad?—Preguntó Yamato.
Kiriha negó: —No lo fue.—Respondió— Fue una hermosa niña.
Yamato alzó las cejas sorprendido, Sora sonrió ante esto, esto era una victoria para ella.
Mientras tanto en el harem, Mimi se encontraba junto a sus sirvientas repartiendo oro a las mujeres. Sí, oro. No podía darse el lujo de perder el respeto que ella merecía por dar a luz a una niña. Debía mantener su estatus y la mejor forma era dando dinero.
— Aquí tienen, un pequeño regalo para ustedes.—dijo Mimi mientras entregaba una bolsa de monedas a una de las mujeres.
Las concubinas aceptaban el oro con sonrisas superficiales, pero en cuanto se alejaban un poco, los murmullos comenzaban.
— ¿Has visto cómo Mimi está repartiendo oro?—susurró una de las concubinas a otra.
—Sí, claro. Lo hace para no perder su estatus después de haber dado a luz a una niña.—respondió la otra, lanzando una mirada de reojo hacia Mimi.
—Estoy segura que cuando el sultán regrese la dejará a un lado.—agregó una tercera concubina, fingiendo una sonrisa mientras guardaba las monedas en su bolsillo.
—Eso espero.—Comentó la primera—Aunque, creo que nos está dando oro para no hacerlo, después de todo, no puede darse el lujo de perder el respeto que tenía por haber dado a luz a una niña.
Mimi continuaba con su labor, consciente de los murmullos, pero segura de que el oro que repartía era una inversión necesaria para mantener su posición en el complejo y competitivo entorno del harem.
— Que lo disfruten, queridas.—dijo Mimi con una voz dulce, aunque sus ojos reflejaban una determinación férrea.
Las mujeres siguieron recibiendo el oro, conscientes de las dinámicas de poder que se jugaban en el harem, mientras Mimi seguía distribuyendo su riqueza, decidida a no perder el respeto y la influencia que había logrado obtener.
Justo en ese minuto Juri Kalfa apareció en el lugar.
—Sultana Mimi.
La oji-miel al escuchar su nombre alzó la mirada.
—Juri Kalfa.
La nombrado al estar frente a la oji-miel hizo una reverencia.
—¿Qué ocurre?
—Vengo a informarle que el sultán acaba de llegar.
—¿A sí?— Musitó Mimi.
¡Genial! No podría escapar de su castigo
Pensó con ironía.
La kalfa asintió.
—El sultán desea verla.—Declaró Juri.
—¿Verme?
La kalfa asintió.
Mimi se mordió el labio inferior, verdaderamente no tenía ganas de verlo, por eso no fue a la recepción. No quería tener que dar cuenta por dar a luz a una niña.
Mimi ingresó a la habitación y al hacer esto, se encontró con el sultán, quien se encontraba a un lado de la pequeña y acariciaba suavemente su rostro.
—Mi sultán. —Hizo una reverencia.
El rubio dirigió su mirada hacia la recién llegada— Mimi.
El silencio se hizo presente, Mimi no sabía exactamente que hacer o decir, así que sin dudarlo se arrodilló frente al sultán.
—Mi sultán, perdóneme.
Yamato la observó sorprendido.
—He dado a luz a una niña. —Declaró— No un niño. —Continuo— Me avergüenzo, porque no cumplí mi promesa, dije que le daría solo príncipes.
El rubio la observó sorprendido. Acaso ¿era broma? ¿enserio Mimi le estaba pidiendo perdón por una niña? Entendía que las niñas no eran bien vistas en el harem, pero frente a él, todos eran iguales.
Mimi hizo una mueca: —Juro que le daré una niña.
Yamato observó en silencio a la castaña, verdaderamente no sabía que hacer o decir con respecto a esta situación.
—Ponte de pie. —Le ordenó.
Mimi se mordió el labio inferior ante esto, dudó unos segundos en obedecer, pero finalmente se resignó a colocarse de pie.
Yamato observó a la castaña, parecía triste, esto le causaba cierta inquietud ¿estaba así solo por Izumi?
Suavemente acarició su mejilla.
—¿Por qué estás triste?—Preguntó el rubio— Acaso ¿no estás feliz por ver a tu sultán?
—Claro que lo estoy.—Respondió Mimi.
—¿Entonces?
La castaña simplemente se mantuvo en silencio, no quería decir algo de lo cual se pudiera arrepentir.
—Yo estoy feliz de verte.—Declaró el rubio— Y también estoy feliz por conocer a mi pequeña hija.—Volteo hacia la cuna.
Yamato observó encantado a la pequeña, era su primera hija, eso era algo emocionante, porque todos sus otros hijos eran varones y saber que ahora tenía una princesa a la cual debía cuidar lo hacía sentir orgulloso.
—Se llamará Izumi...—Yamato murmuró y acarició a su hija— La sultana madre escogió un hermoso nombre.
Mimi observó a su hija y luego de Yamato, quien suavemente tomó a la pequeña entre sus brazos.
—Que tengas días felices hija mía.— Declaró Yamato— Eres hermosa.—Besó su frente.
—¿Amas a tu hija?
—¿Cómo podría no amarla?— Preguntó Yamato sorprendido— Los niños y las niñas son iguales para mi.— Declaró— Ella será igual a Kiriha y Thomas.
Este comentario sorprendió a la oji-miel.
—Ella es sangre de mi sangre. — Declaró el rubio.
Sí, era sangre de su sangre, pero jamás podría heredar el trono. Por eso Sora se lo refregaba en la cara.
Mimi observó a su pequeña que dormía plácidamente en los brazos de su padre.
—La sultana Izumi será tan linda como su madre ¿verdad?— Yamato le habló a su hija.
La pequeña simplemente continúo durmiendo.
Mimi sonrió al ver la alegría en el rostro de Yamato mientras observaba a su pequeña.
—Ordenaré que preparen una fiesta hoy en el harem para celebrar la llegada de mi hija.
—¿De verdad?
El rubio asintió.
Pocos celebraban la llegada de una niña a la dinastía, pero él no haría excepciones en sus hijos por el sexo biológico, al contrario, quería ser un buen padre con sus hijas, independiente de la concubina o posición que pudiese ocupar.
La puerta de la sala del trono se abrió con un leve chirrido, y Taichi Pashá entró con paso firme. Sus ropas aún llevaban el polvo del camino y su rostro mostraba los signos del cansancio tras la reciente expedición militar. La sala del trono estaba iluminada por la luz del sol que entraba a raudales por los ventanales, creando un ambiente de solemnidad y majestuosidad.
Yamaki Pashá, cuñado del sultán Yamato y una figura de gran influencia en el palacio, estaba revisando unos documentos junto al trono. Al ver entrar a Taichi, dejó a un lado los pergaminos y se acercó con una sonrisa cálida.
—¡Taichi! —exclamó Yamaki, extendiendo una mano en señal de saludo—. ¡Qué alegría verte de regreso sano y salvo!
Taichi tomó la mano de Yamaki y la estrechó con firmeza.
—Gracias, Yamaki Pashá. Es un honor volver al palacio después de la campaña. Su apoyo fue invaluable.
Yamaki asintió, su expresión reflejando orgullo y curiosidad.
—¿Cómo fue la expedición? Cuéntame, ¿tuvimos éxito?
Taichi asintió, dejando entrever una leve sonrisa.
—La expedición fue un éxito. Logramos asegurar las fronteras y derrotar a las fuerzas enemigas. Las tropas mostraron un gran valor y disciplina. No obstante, hubo un inconveniente con la última provisión que envió.
Yamaki frunció el ceño, interesado.
—¿Un inconveniente? ¿Qué sucedió?
Taichi sacó un rollo de pergamino de su bolsa y se lo entregó a Yamaki.
—Aquí está el reporte completo. Las provisiones y las armas que nos envió llegaron a tiempo y en buenas condiciones, excepto la última entrega. Hubo un retraso considerable y, al llegar, notamos que faltaban algunas cajas de municiones y alimentos.
—Sí.—Respondió Yamaki— Mis sirvientes ya me informaron de las situación.
Genial
—Lamento lo que sucedió, yo he intenté administrar todo correctamente, como dije que lo haría, organicé todas las municiones y sustentos.—Explicó Taichi— Todo estaba en orden hasta ese momento.
—Sé que todo estaba orden. Yo también fui claro y preciso al enviarte todo.
—Sí, lo fue.—Respondió el castaño— Esto fue culpa mía. Creo que entre tantas cosas era inevitable que algo así ocurriera.
—¿Inevitable?— Cuestionó Yamaki— A ti nunca se te pasa algo. Siempre eres atento. Por algo Yamato te tiene en gran estima. Dime ¿cómo pudo ocurrir esto?
Taichi suspiró—Tengo una seria sospecha, pero no estoy seguro.
—¿Sospecha?— Preguntó el esposo de Rika— ¿De qué?
—Que fue un sabotaje.
—No me extrañaría.—Declaró Yamaki— Tú bien sabes que, estás en un lugar que, muchos codician.
Sí, lo sabía.
—Hacerte quedar mal frente al sultán le abre una gran puerta a los demás, incluso a mí, de ser la mano derecha del sultán.—Agregó el esposo de Rika.
—Espero que no me traiciones.
—Tranquilo, no tengo intenciones de eso.—Comentó el mayor— Simplemente te estoy advirtiendo, aunque tengas mucho sigues siendo muy joven e inexperto en algunos asuntos. Debes estar alerta.
El sol se ponía lentamente sobre el horizonte, tiñendo el cielo de tonos cálidos y dorados mientras Alice aguardaba en la entrada del palacio, ansiosa por la llegada de su esposo, Daigo. Su corazón latía con fuerza en su pecho, lleno de alegría y preocupación por el resultado de la expedición.
Finalmente, después de lo que le pareció una eternidad, divisó a Daigo entre la multitud de soldados y viajeros que regresaban de la misión. Con un suspiro de alivio, corrió hacia él, sus ojos brillando de felicidad al verlo sano y salvo.
—¡Daigo! —exclamó Alice, lanzándose a sus brazos en un abrazo apasionado—. ¡Qué alegría verte de regreso!
Daigo la estrechó con fuerza contra su pecho, devolviendo el abrazo con igual intensidad.
—¡Alice, mi amor! —respondió, su voz cargada de emoción—. Extrañaba tanto tu presencia y tus dulces palabras.
Alice se separó ligeramente de Daigo, observando su rostro con preocupación.
—¿Cómo te fue en la expedición, querido? ¿Lograron cumplir con su misión?
Daigo asintió con solemnidad, una sonrisa de satisfacción curvando sus labios.
—Sí, mi amor. La expedición fue un éxito. Logramos asegurar la ruta comercial y derrotar a nuestros enemigos sin sufrir grandes pérdidas. Pero eso no es todo...
Alice frunció el ceño, intrigada por el tono misterioso de Daigo.
—¿Qué quieres decir con "eso no es todo"?
Daigo le tomó las manos con ternura, mirándola directamente a los ojos.
—Creo que ya sabes a qué me refiero.
Alice alzó una ceja: —Acaso ¿el plan de sabotaje a Taichi funcionó?
Daigo asintió.
—Fue todo un éxito.—Comentó— El sultán está bastante enojado con él porque perdió las municiones.
La rubia sonrió ante esto: —¿Es verdad?
El peliverde asintió.
—Dudo que de un momento a otro comience a desconfiar de él, pero luego de que solucioné el problema enviando carta a nuestra provincia expresó su gratitud hacia a mi.—Comentó— Al parecer le caí en gracia por mi acción.
—Eso es bueno.—Comentó Alice orgullosa.
Quizás, era un pequeño paso, pero de alguna forma les servía.
—¿Y, sabes a quién mi hermano dejará a cargo de Egipto?
Daigo negó: —Por el momento no.—Respondió— Yamato dijo que a la vuelta de la expedición lo diría.
—¿Durante la expedición no dio alguna señal?
—Lamentablemente no.—Contestó el peliverde— Espero que, mi participación y esta pequeña hazaña al solucionar el problema de Taichi nos beneficie.
—¡Pues claro que debería! Eres yerno de la dinastía, tienes derecho absoluto a gobernar una provincia, mucho más que Taichi.
—Eso espero.—Comentó Daigo.
Aunque lo dudaba porque Taichi evidentemente era mejor visto que cualquier otro pashá.
El palacio estaba envuelto en un aura de celebración y alegría. El sultán Yamato había ordenado una gran fiesta en el harén para celebrar la llegada de su hija Izumi, fruto de su unión con Mimi. Los preparativos habían comenzado desde el amanecer, y ahora, al caer la noche, todo estaba listo para la espléndida festividad.
La entrada al harén estaba adornada con farolillos de colores y guirnaldas de flores frescas, llenando el aire con fragancias dulces y embriagadoras. Los músicos, vestidos con trajes brillantes y coloridos, tocaban melodías festivas con laúd, flautas y tambores, creando una atmósfera vibrante y animada que resonaba por todo el palacio.
Dentro del harén, las paredes estaban decoradas con tapices dorados y sedas de colores vivos. Las lámparas de aceite, cuidadosamente distribuidas, proyectaban una luz suave y cálida, iluminando los rostros sonrientes de las concubinas y los sirvientes que se movían de un lado a otro, asegurándose de que todo estuviera en su lugar.
En el centro del gran salón, había una mesa larga repleta de manjares exquisitos: frutas exóticas, dulces bañados en miel, carnes asadas con especias y una variedad de panes y pasteles. Todo dispuesto con elegancia y opulencia, como correspondía a la celebración de la familia real.
Las concubinas, ataviadas con sus mejores galas, se agruparon alrededor de la mesa, charlando y riendo. Sus vestidos de seda y joyas brillaban a la luz de las lámparas, y sus risas llenaban el aire con una sensación de ligereza y felicidad. Entre ellas, Mimi, aunque algo fatigada por los recientes acontecimientos, no podía evitar sonreír al ver a todos celebrando la llegada de su pequeña Izumi.
Las bailarinas del harén comenzaron su actuación, moviéndose con gracia y precisión al ritmo de la música. Sus danzas eran una mezcla de belleza y arte, diseñadas para encantar y deleitar a todos los presentes. Mimi, observando desde su asiento, se sintió profundamente conmovida por el espectáculo y el esfuerzo que se había puesto en organizar la fiesta en honor a su hija.
—Quiero darle la bienvenida a mi hija.—Declaró Yamato.
Todos se observaron entre ellos sorprendidos, pocas veces un sultán o un príncipe celebraba la llegada de una niña a la familia, por lo general se celebraba la llega de un príncipe, no una sultana.
—Izumi.—Pronunció su nombre— La sultana Izumi.
Natsuko observó con ternura a su pequeña nieta.
—Espero que tenga un buen crecimiento.—Declaró— Y que sea bendecida con belleza.
—Y riqueza.—Agregó Rika.
Yamato asintió— Espero lo mismo.
Natsuko observó complacida a su hijo, Yamato, que sonreía mientras sostenía entre sus brazos a su pequeña hija.
Todo el ambiente era feliz en el harem, aunque esto era poco inusual, después de todo, era una niña, pocas veces se celebraba la llegada de una niña. La única vez que Hiroaki celebró la llegada de una hija suya fue cuando nació su hija mayor, y finalmente cuando nació Rika, por ser hija de Rumiko, su concubina favorita.
—Quiero declarar que Mimi tendrá un aumento de su sueldo en un quince por ciento. —Habló Yamato llamando la atención de todos.
¿Qué?
Todos se sorprendieron al escuchar esto.
No esperaban esta declaración.
—Disculpe sultán...—Habló Alice— Pero ¿por qué le dará oro? Generalmente, a las concubinas que dan a luz a niñas se les aumenta el salario a lo más en un diez por ciento ¿Por qué Mimi recibirá una asignación extra del veinte porciento?
Esto era extraño, considerando que de por sí, Mimi ya ganaba más que las demás.
—Porque yo quiero que así sea.—Respondió Yamato— Es la madre de mi primera hija, merece tener una atribución adicional.
¿Atribución adicional?
Sora frunció el ceño ¿Por qué solo le daba asignaciones de dinero extra a Mimi? ¡Ella llevaba alrededor de dos años recibiendo el mismo sueldo! Yamato ya lo daba más dinero o joyas. Eso no era justo, ella era la madre del heredero al trono.
—Pero...
—Pero nada.—Interrumpió—Quiero que mi hija tenga lo mejor.—Sentenció Yamato—Y eso conlleva un sueldo mayor para su madre.
Alice bajó la mirada: —Claro, mi sultán.
En medio del bullicio y la alegría de la fiesta en el harem, Hikari y Takeru se encontraron a solas en el tranquilo jardín del palacio. Había pasado mucho tiempo desde que estuvieron juntos de esta manera, y el reencuentro llenaba sus corazones de emoción y felicidad.
Hikari, con los ojos brillantes de alegría, miraba a Takeru con cariño mientras este le tomaba las manos con ternura.
—Takeru, no sabes cuánto te he extrañado —susurró, su voz temblorosa de emoción—. Me alegra tanto verte de nuevo, sano y salvo.
Takeru le devolvió la mirada con una sonrisa sincera.
—Yo también te he extrañado, Hikari. Cada día lejos de ti fue una eternidad. Pero ahora que estoy de vuelta, nada más importa que estar contigo.
Los dos se abrazaron con fuerza, aferrándose el uno al otro como si temieran perderse de nuevo en la vastedad del mundo. La alegría de estar juntos después de tanto tiempo era abrumadora, y compartieron risas y susurros de amor en medio del silencio del jardín.
Takeru se inclinó frente a Hikari y unió sus labios en un beso.
Ambos parecían felices, nada existía a su alrededor, no obstante, estaban tan centrados en el otro que, no se dieron cuenta que justo en ese momento una esclava salía del harem y los encontró en pleno acto.
Pero ¿qué rayos?
Pensó la esclava.
~Una semana después~
Todo parecía brillar para Mimi, al parecer, el sultán no estaba enojado con ella por dar a luz a una niña, al contrario, venía constantemente a sus aposentos a ver a sus hijos. Esto no pasaba desapercibido para Sora y Kiriha, quienes estaban molestos por esto. Yamato sin darse cuenta le estaba prestando más atención a su nueva familia.
En la sala del trono.
Yamato se encontraba hablando con Taichi Pashá y Mitsuo Yamaki Pashá.
—Su majestad, sé que este tema quedó atrás, pero necesitamos convérsalo.
—Taichi, como ya sabes, esas provisiones y armas eran cruciales para nuestra defensa. Prefería no recriminarte más por eso, ya que entiendo que era tu primera expedición a cargo.
—Lo sé, no obstante, esta situación no puedo dejarla sin resolver.
—¿Sin resolver?
Antes de que Taichi pudiera responder, Yamaki Pashá, uno de los oficiales de mayor confianza del sultán, dio un paso adelante.
—Sultán Yamato, con su permiso, quisiera hablar en defensa de Taichi Pashá.
Yamato asintió, dando a Yamaki la oportunidad de explicarse.
—Adelante, Yamaki. Estoy dispuesto a escuchar.
Yamaki se inclinó ligeramente en señal de respeto antes de comenzar.
—Sultán, las provisiones y armas que se perdieron no eran simples suministros. Eran el armamento especial que usted mismo ordenó y que yo personalmente envié a Taichi Pashá para su custodia. Conozco bien a Taichi y sé que jamás permitiría que algo tan importante cayera en manos equivocadas por negligencia.
Yamato frunció el ceño, intrigado por las palabras de Yamaki.
—¿Entonces, qué estás sugiriendo, Yamaki?
—Estoy sugiriendo, mi sultán, que hubo un sabotaje —respondió Yamaki con firmeza—. Alguien dentro de nuestras filas, o quizás un enemigo externo, saboteó nuestras provisiones y armas con la intención de debilitarnos. Taichi Pashá ha sido una pieza clave en nuestra defensa y siempre ha demostrado ser un hombre leal y capaz. No creo que esta pérdida sea producto de su incompetencia.
El sultán Yamato se recostó en su trono, meditando sobre lo que acababa de escuchar.
—Sabotaje... Esa es una acusación grave, Yamaki. ¿Tienes alguna prueba de esto?—Musitó Daigo.
Yamaki asintió y dio un paso adelante, presentando un pequeño cofre de madera.
—Aquí dentro hay documentos y registros que muestran movimientos inusuales en nuestras rutas de suministro, así como informes de espías que mencionan actividades sospechosas cerca de los almacenes donde se guardaban las provisiones. Todo apunta a una acción deliberada para sabotear nuestras defensas.
Yamato tomó el cofre y revisó los documentos con cuidado. Su expresión se volvió más seria a medida que avanzaba en la lectura. Finalmente, levantó la vista hacia Taichi Pashá y Yamaki Pashá.
—Parece que hay más en juego de lo que pensábamos. Yamaki, quiero que lideres una investigación exhaustiva sobre este sabotaje. Y Taichi, sigue cumpliendo con tu deber. Tendremos que ser más vigilantes de ahora en adelante.
Taichi Pashá, visiblemente aliviado, se inclinó profundamente.
—Gracias, sultán. No le fallaré.
Yamaki Pashá también hizo una reverencia.
—No descansaremos hasta encontrar a los responsables, mi sultán.
El sultán Yamato asintió, su mirada llena de determinación.
—Entonces estamos de acuerdo. La seguridad de nuestro reino depende de ello.
Y así, con la nueva misión encomendada, Yamaki y Taichi Pashá se dispusieron a descubrir la verdad detrás del sabotaje, mientras el sultán Yamato reafirmaba su compromiso de proteger su reino contra cualquier amenaza.
Sora se lanzó llorando a su cama, desbordando en angustia y dolor.
—¿Está todo bien?—Miyako le pregunto preocupada.
—No, nada está bien.—Respondió Sora— ¿Has visto la sonrisa en el rostro de Yamato últimamente?
—Sí, parece más feliz de lo habitual.—Declaró la kalfa.
—¿Y sabes por qué? Porque Izumi, esa maldita niña de Mimi, está trayendo alegría a su vida. Como si no fuera suficiente que Mimi ya tenga su favoritismo...
— Pero usted le dio un hijo a Yamato. Es natural que...
— ¡No me importa eso! ¿Acaso no ves que no se trata solo de tener hijos? Se trata de quién es importante en su vida, de quién él prefiere. Y parece que, pese a todo, sigue prefiriendo a Mimi.
—Entiendo su preocupación, pero quizás debería considerar...
—¿Considerar qué? ¿Aceptar que soy simplemente la madre su hijo y una concubina más? ¡No! No puedo aceptarlo. No puedo aceptar que Yamato siga dándole ese lugar especial a Mimi, a pesar de todo lo que he hecho por él.
—Sé que esto es difícil para usted, pero quizás hablar con Yamato...
—¿Hablar con Yamato? ¿Y decirle qué? ¿Qué me siento relegada y olvidada en mi propio hogar? No, eso no cambiará nada. Yamato tiene su mente fija en Mimi, y parece que no hay nada que pueda hacer al respecto.
—Quizás no ahora, pero aún hay tiempo. Las cosas pueden cambiar. Pero por ahora, ¿puedo ofrecerle algo para calmar su ánimo?
—No, gracias. Solo... déjame estar un momento a solas.
Miyako asiente con respeto y sale de la habitación, dejando a Sora sumida en sus pensamientos, luchando con la amarga realidad de su situación.
En la imponente sala del trono, Yamato revisaba con seriedad unos documentos importantes cuando Taichi, su leal consejero, entró con paso firme.
—Mi sultán, el joven príncipe Kiriha desea verlo —anunció Taichi con respeto.
Yamato asintió, apartando los documentos y levantando la vista.
—Hazlo pasar, Taichi —ordenó con amabilidad.
Con un gesto de asentimiento, Taichi salió de la sala y en pocos momentos regresó acompañado por Kiriha, el hijo de Yamato. El joven príncipe entró con cautela, mostrando una expresión sombría en su rostro.
—Kiriha, ¿qué sucede? —preguntó Yamato, notando de inmediato la tristeza en los ojos de su hijo.
Kiriha se acercó lentamente al trono de su padre y se inclinó con respeto antes de hablar.
—Padre, necesitaba hablar contigo —dijo con voz apagada.
Yamato frunció el ceño, preocupado por la preocupación de su hijo.
—Por supuesto, Kiriha. Siempre puedes hablar conmigo. ¿Qué te preocupa?
Kiriha inhaló profundamente antes de continuar.
—Padre, estoy preocupado por mamá —confesó, su voz cargada de tristeza—. Está muy triste últimamente, y yo... yo no sé qué hacer.
Yamato se sorprendió por las palabras de su hijo. No esperaba escuchar que Sora, su amada esposa, estuviera sufriendo tanto.
—¿Sora está triste? —inquirió Yamato, sintiendo una punzada de preocupación en su pecho.
Kiriha asintió con pesar.
—¿Por qué?
—Porque tú ya no le colocas atención.—Respondió el pequeño.
Esto sorprendió al mayor.
—¿Qué?— Preguntó Yamato.
—Lo que escuchaste.—Contestó Kiriha— Ya no le colocas atención como antes, solo piensas en tu reino, en Mimi y sus hijos, pero ignoras a mi madre.
Esto sorprendió al sultán y también lo enojo: —¿Quién te dijo eso?
—Nadie.—Respondió el pequeño— Yo solo me di cuenta.—Comentó— La he visto llorar mucho estos días.
Yamato alzó una ceja sorprendido.
—Ella no quiere que la vea, pero es inevitable.—Habló el menor—Cree que ya no importante para ti.
Yamato sintió una mezcla de sorpresa, culpa y preocupación al escuchar las palabras de su hijo. Nunca había imaginado que su enfoque en los asuntos del reino pudiera estar afectando tanto a Sora. Se preguntaba cómo pudo haber sido tan ciego ante su sufrimiento.
—Claro que es importante.
—No lo parece.— Respondió el menor— Ya no vienes a vernos.— Declaró— Solo vas donde Mimi y sus bebés.—Habló— Hace tiempo no vienes a cenar.
Sí, eso era verdad.
—He estado ocupado.
Kiriha bajó la mirada triste: —Lo sé, pero eso no quita que extrañemos.
La tristeza era evidente en su rostro.
Yamato analizó su comportamiento el último tiempo.
—Kiriha, yo... —titubeó Yamato, buscando las palabras adecuadas para responder— Yo no quiero que te sientas triste. Lamento si no les he dado la atención suficiente.
Kiriha alzó la mirada, sintiendo un pesar abrumador por haber tenido que compartir esa dolorosa verdad con su padre.
—Lo siento, padre. No quería causarte problemas. Sé que eres un sultán, pero yo quiero a mi familia...—susurró, su voz llena de tristeza.
Por unos segundos se vio a él mismo hace años pidiéndole a su padre más atención.
Lo cual provocó un dolor abrumador en su pecho.
Yamato se acercó a su hijo, debía admitir que estaba orgulloso de que decidiera venir a hablar con él. Ya no era tan pequeño, tenía seis años, era lógico que él se daría cuenta de todo lo que ocurría y tenía sentido que a estas alturas le pidiera más atención.
—Kiriha, nunca es un problema cuando me hablas con honestidad y sinceridad. Te agradezco por tener el coraje de decirme la verdad. Ahora que sé cómo se siente mamá, haré todo lo posible para remediar la situación y demostrarle cuánto la quiero y la valoro.
El pequeño príncipe asintió, sintiendo un poco de alivio al ver la determinación en los ojos de su padre.
—Gracias, padre. Sé que puedes arreglar las cosas —dijo con una sonrisa débil.
Yamato devolvió la sonrisa de su hijo con gratitud.
—Haré todo lo que esté en mi poder para hacerlo, Kiriha. Y siempre estaré aquí para ti y para mamá, pase lo que pase.
Kiriha asintió agradecido.
Justo en ese momento la puerta se abrió y nuevamente Taichi apareció en el lugar.
—Mi sultán...—Hizo una reverencia.
—Taichi ¿qué sucede?
—Daisuke Pashá está afuera junto a sus sirvientes.—Declaró el hermano de Hikari— Viene a la reunión.
Mientras en el harem, cierto bullicio llenaba el aire con risas y conversaciones suaves, un grupo de concubinas se encontraba reunido en un rincón apartado, murmurando entre ellas con expresiones de complicidad y misterio.
—¿Has oído?— susurraba una de ellas, con los ojos brillando con anticipación— Dicen que hay un romance secreto entre el príncipe Takeru e Hikari.
Otra concubina asintió con emoción— Sí, he escuchado los rumores. Parece que se han estado encontrando a escondidas en el jardín últimamente.
Mientras tanto, Rika, la hermana de Yamato, caminaba por el harem con gracia y elegancia, sumida en sus propios pensamientos. No estaba prestando mucha atención a las conversaciones a su alrededor.
—¡Sí!— Exclamó otra concubina— Takeru a Hikari tienen un amorío secreto.
Rika al escuchar esto literalmente quedó en shock. Intrigada, se detuvo en seco y se acercó al grupo de concubinas, arqueando una ceja con curiosidad.
—¿De qué hablan, señoritas?— preguntó con voz suave pero firme.
Las concubinas se sobresaltaron al ver a Rika, la poderosa hermana del sultán, acercarse a ellas. Intercambiaron miradas nerviosas antes de que una de ellas, reuniendo valor, respondiera.
—Lo siento, sultana Rika, no pretendíamos perturbar su paz. Estábamos simplemente... comentando sobre los asuntos del palacio.—dijo la concubina con cautela.
Rika frunció el ceño, detectando la incomodidad en la voz de la concubina.
—Parece que estaban hablando de algo más que simples 'asuntos del palacio'— observó con perspicacia. —¿Qué es lo que realmente están diciendo sobre el príncipe Takeru y Hikari?
Las concubinas se miraron entre sí, indecisas sobre qué decirle a la hermana del sultán. Finalmente, una de ellas decidió hablar, con voz temblorosa.
—Escuchamos rumores, Lady Rika. Rumores sobre un posible romance entre el príncipe Takeru y Hikari, la joven sirvienta del palacio.— confesó la concubina, evitando el contacto visual.
Rika asimiló la información con calma, aunque por dentro se sentía sorprendida por lo que acababa de escuchar. Sin embargo, mantuvo su compostura regia y asintió con seriedad.
—Entiendo.— dijo simplemente— Gracias por su honestidad. Seguiré investigando este asunto por mi cuenta.
Con una inclinación de cabeza, Rika se alejó del grupo de concubinas, dejándolas en un incómodo silencio. Mientras caminaba por el harem, su mente se llenaba de preguntas sobre el supuesto romance entre Takeru y Hikari, y estaba determinada a descubrir la verdad detrás de los rumores.
—Como usted bien sabe, nosotros nunca sucumbimos a las órdenes de Joe.—Declaró Daisuke.
Sí, eso lo sabía.
—Gracias a ustedes fue posible la conquista.
El Motomiya asintió: —No obstante, la honra de nuestra provincia quedó demacrada por culpa de Joe y sus seguidores.—Aclaró.
Sí, eso era verdad.
—Es por eso que, hemos decidido al sultán darle un regalo especial.—Declaró Daisuke— A usted y a su familia.
—¿A sí?— Preguntó Yamato.
El Motomiya asintió: —Queremos construir un mausoleo en su nombre.
Esto llamó la atención del rubio.
—¿Un mausoleo?
Daisuke nuevamente asintió.
—Sí.—Respondió— Sabemos lo importante que es, para un sultán, ser recordado luego de su muerte.—Explicó— Y sabemos que, para tener un lugar adecuado y glorioso es importante comenzar pronto a construirlo.—Declaró— Esperamos que su majestad tenga mucho tiempo con vida. Sin embargo, construir ese mausoleo será de gran ayuda en su carrera.
Eso era verdad. Muchos sultanes construyeron sus mausoleos en vida. Lo que permitió que llenaran ese lugar de riqueza.
—Me parece una buena idea.
—Este mausoleo no será solo para usted.—Declaró Daisuke— También queremos hacerle este presente a su concubina principal.—Comentó— Sabemos que, las concubinas principales descansan con el sultán. No obstante, queremos que este lugar sea especial donde usted pueda privilegiar a su favorita, quien es un futuro pueda ser la madre del heredero.
Esto llamó la atención de Yamato. Esto era inusual, aunque, no le sorprendía. Todos buscaban de diferentes maneras en ganarse su respeto o el de futuros sultanes. Daisuke sabía que, él a escoger a su concubina favorita, posiblemente podía (indirectamente) estar designando a la siguiente madre sultana, lo cual significaba ganarse el respeto de sus descendientes.
Sí, muchos miraban muy a futuro, pero eso era normal, nadie era eterno, al contrario, lo sultanes pasaban y algunas veces los pashás eran quienes lograban ver más, un ejemplo claro de eso era Masami Izumi Pashá, quien estuvo vivo en el reinado de su abuelo Rupert, luego en el reinado de Hiroaki y ahora continuaba vivo en el suyo. Con Rupert ganó confianza, con Hiroaki ganó títulos y ahora en su reinado estaba en la cúspide de la pirámide.
—Espero que reciba nuestro obsequio como una señal de nuestro respeto.—Finalizó Daisuke.
Yamato asintió: —Lo acepto con gusto.
Sin embargo, debía hablar al respecto con su madre.
Rika, decidida a investigar los rumores sobre el supuesto romance entre Takeru y Hikari, se encaminó hacia los aposentos del príncipe. Con paso firme pero tranquilo, tocó suavemente la puerta y esperó a ser invitada a entrar.
Takeru abrió la puerta y se sorprendió al ver a su hermana.
—¿Rika?— Musitó.
—Hola.
—Hola.—Respondió— ¿Qué haces aquí?
—¿Estás ocupado?
El rubio negó.
—¿Puedo pasar?—Preguntó Rika— Necesito hablar contigo.
Takeru se sorprendió ante esto— Claro, entra.
Fue así como Rika entró en la habitación con una expresión seria en su rostro, observando a Takeru con detenimiento.
—¿A qué debo el honor de tu visita, hermana?— preguntó el rubio.
—Príncipe Takeru, he escuchado ciertos rumores que me gustaría aclarar contigo.—comenzó Rika, su voz firme pero tranquila.
Takeru tragó saliva, tratando de mantener la compostura ante la mirada penetrante de su hermana.
—¿De qué rumores estás hablando, hermana?— preguntó, intentando sonar seguro de sí mismo.
Rika lo miró directamente a los ojos.
—He oído que has estado teniendo un romance secreto.
—¿Romance secreto?
La pelirroja asintió— Con Hikari.—Musitó sin rodeos— La hermana de Taichi.
¿Qué?
Takeru se sorprendió ante esto.
El corazón de Takeru se detuvo por un momento antes de comenzar a latir con fuerza nuevamente. La idea de que su hermana supiera sobre sus encuentros clandestinos lo llenaba de pánico.
—Pe-pero ¡que estupidez es esa!— Exclamó el rubio.
—Es lo que se dice en el harem.
—¡N-no, eso es completamente falso!— habló Takeru, tratando de mantener la calma— No sé de dónde han surgido esos rumores, pero le aseguro que no hay nada de verdad en ellos.
Rika lo observó con atención, evaluando cada una de sus palabras y gestos.
—¿Estás seguro?
—¿Por qué preguntas?— Preguntó el rubio— ¡Claro que estoy seguro!
—¿Sabes? No me sorprende que piensen esto, después de todo, Hikari y tú son muy cercanos. Incluso, demasiado.—Comentó—Su cercanía es poco común.
—Solo somos amigos.
—Amigos, pero fácilmente podría pensar lo contrario.
Takeru se mordió el labio inferior.
—Dime ¿enserio no sucede algo más?
El rubio se sintió muy nervioso ante la pregunta de su hermana, lamentablemente Rika era muy observadora e inteligente, no le sorprendía que dudase.
—Lo juro, hermana, yo sé muy bien cuales son las reglas y jamás las rompería.
—Sí, sé que conoces la reglas, pero hay veces que las personas pierden la cabeza por amor.—Comentó Rika— Lo cual no debe ser.
—Bueno, este no será el caso, Hikari y yo no estamos juntos.—Respondió el oji-azul.
La pelirroja observó con seriedad a su hermano esperando ver algo que dijese que estuviese mintiendo. Este rumor significaba algo grave, porque trataba de un príncipe perdonado con la hija del antiguo gran visir (una noble) estos rumores podrían traerle mala fama y eso no lo podía permitir.
—¿Me lo prometes?
—Te lo prometo hermana.—Contestó Takeru.
—¿De verdad?
—De verdad.
Rika se mordió el labio inferior.
Aunque su mente estaba llena de dudas, por el momento decidió aceptar la respuesta de Takeru.
—Muy bien, príncipe Takeru. Agradezco tu sinceridad.— dijo Rika con seriedad— Si descubro que estos rumores tienen algún fundamento, espero que estés preparado para asumir las consecuencias.
Con un leve asentimiento, Rika se despidió de Takeru y salió de la habitación, dejando al príncipe con el corazón aún acelerado y la mente llena de preocupaciones. Aunque había logrado negar los rumores, sabía que la situación estaba lejos de resolverse.
—...así es como Daisuke Pashá y su gente me acaban de ofrecer la construcción de un mausoleo en mi honor.— Terminó de relatar Yamato a su madre.
—¿Un mausoleo en tu honor?—Preguntó Natsuko sorprendida.
El rubio asintió.
—¡Wow!— Exclamó la Valide— Eso es bueno.
No quería que su hijo muriera pronto, ni siquiera consideraba que esa fuera una opción, pero saber que preparaba un lugar lleno de riqueza significaba que las posteriores generaciones lo recordarían muy bien.
—Daisule dijo que hará todo lo posible para que el lugar quede agradable, tanto para mí como para mi familia.—Comentó.
Su familia, con eso refería a su descendencia, posibles nietos, alguna concubina, su madre.
—Mi pregunta es ¿vas a querer ser enterrada junto a mí?— Cuestionó el rubio— O preferirías ser sepultada junto a mi padre.
Ambas opciones eran factibles para las concubinas del sultán que tenían hijos, podían ser sepultadas con su majestad o su hijo. Por lo general, las madres preferían estar sepultadas con sus hijos muertos como señal de lealtad, ya que la mayoría de los príncipes moría sin ascender al trono. No obstante, había madres que preferían ser sepultadas al lado del sultán para ser consideradas como "importantes" generalmente los sultanes sepultaban a sus concubinas favoritas junto a ellos.
—Buena pregunta.—Comentó Natsuko.
—Sé que sería un honor estar sepultada junto a mi padre.—Declaró Yamato— Pero, eres mi madre, y sé que también lo sería al estar junto a mí.
La mujer asintió afirmando esto.
—Todavía falta tiempo para una posible muerte mía, hijo.
—Lo sé.—O al menos, eso esperaba— Pero me han ofrecido hacerte un lugar importante tanto a ti como a mi concubina favorita.
—¿A tu concubina favorita?
Yamato asintió.
—Y como es debido, creo que, tú mereces un lugar apropiado donde descansar luego de la muerte.
Sí, eso era verdad.
—Es un honor que piense en mi riqueza luego de la muerte.—Declaró Natsuko.
Es lo mínimo que podía hacer, después de todo, era su madre, quería que tuviera lo mejor.
—¡Y claro! Para mí es un honor que me consideres en ese lugar.— Habló la oji-azul—Así que acepto con gusto.
Quería ser recordada por ser la madre de un sultán, antes que estar al lado de Hiroaki, quien a pesar de ser su "pareja" nunca llegó a amarla como tal.
—Entonces, así será.—Musitó el rubio.
Natsuko sonrió: —Dijiste también que ofrecieron hacer un lugar especial para tu concubina favorita.
Yamato asintió.
—Supongo que estás pensando en darle ese lugar a Sora ¿no?
El rubio hizo una mueca ante esta pregunta: —La verdad es que no lo he pensado.—Comentó.
—¿No?— Preguntó Natsuko— ¿Por qué?
—Porque tenía planificado en volver a las antiguas costumbres.—Comentó— Creo que es, apropiado que cada madre descanse con su hijo. Así como las antiguas concubinas de mi padres están descansando con mis hermanos, creo que será lo mejor.
—Claro que es buena idea.—Declaró la oji-azul— Para las concubinas secundarias, claro.—Habló— Ahora te están ofreciendo construir un lugar específico para tu concubina o consorte principal.
Natsuko observó a Yamato con seriedad, reflexionando sobre sus palabras antes de hablar.
—Yamato, entiendo tu deseo de seguir las antiguas costumbres, pero también debes considerar el impacto que esto tendría en el reino y en la percepción de tu gobierno. Sora ha estado mucho tiempo contigo.—Comentó—Estuvo a tu lado cuando nadie creía en ti como heredero al trono, sido una figura prominente en la vida del palacio durante mucho tiempo. Construir un lugar especial para ella en el mausoleo no solo sería un gesto de respeto hacia ella, sino también hacia aquellos que nos dieron su apoyo desde Crimea. Recuerda que ella fue una concubina presentada y preparada allá.
Sí, tenía razón. Gracias a que Sora fue presentada desde Crimea tuvo apoyo de esa provincia. Bueno, en realidad gracias a ella y también a Taichi, quien al ser sobrino del Khan le dio ayuda.
Yamato frunció el ceño, pensativo ante las palabras de Natsuko.
—Pero, ¿no sería injusto para las otras concubinas y consortes? ¿No podría interpretarse como un favoritismo hacia Sora?
Natsuko negó con la cabeza.
—No si lo haces de manera justa y equitativa. Puedes asegurarte de que cada madre tenga su propio lugar en el mausoleo de su respectivo hijo, pero también puedes reservar un área especial para Sora, reconociendo su posición única como tu consorte principal y madre de tu hijo heredero. Sería un gesto de honor y gratitud hacia ella.
Yamato analizó estas palabras.
—Piensa que, esto podría subirle el ánimo. Tú bien sabes que está triste porque no ha podido darte un hijo y toda esta presión desde que tu concubina te ha podido dar hijos la ha hecho sentirse menos. Todos tus obsequios de aquí a un tiempo han ido solo a Mimi. No creo que sea justo.
Sí, eso era verdad, Sora desde hace un tiempo había perdido ese brillo especial que tenía.
—Pero, Mimi.
—Ella entenderá.— Declaró Natsuko— Tú mismo has dicho que planeas tener más hijos con ella ¿no?
Yamato asintió.
—Sí eso se da, creo que para Mimi sería más honorable estar sepultada con el resto de sus hijos en un solo mausoleo.—Comentó la oji-azul— Piensa en la posibilidad de que tenga más príncipes.
Yamato reflexionó sobre las palabras de Natsuko, comprendiendo la lógica detrás de su sugerencia. La verdad es que no quería generar problemas, pero a su mente vino el recuerdo de Kiriha. Él estaba triste por su madre, lo cual era algo lógico, de alguna manera él estaba haciendo a un lado a Sora, lo cual no era lo mejor. Sora era su primera mujer, merecía ser reconocida.
Finalmente, asintió con determinación.
—Tienes razón, madre. Construiré una parte especial del mausoleo para Sora. No solo como mi consorte, sino como la madre de mi primogénito y mi primera mujer.
Natsuko sonrió, satisfecha con la decisión de Yamato.
—Creo que es una elección sabia y honorable, hijo.
Yamato asintió, sintiéndose seguro de su decisión.
—Gracias, madre. Siempre aprecio tus consejos y tu sabiduría.
Con esa resolución tomada, Yamato se preparó para abordar el siguiente paso: comunicar su decisión al resto de la corte y comenzar los preparativos para la construcción del mausoleo especial. Con Natsuko a su lado como consejera y aliada, estaba seguro de que tomaría las decisiones correctas para el bienestar de su reino y su gente.
+No se enojen con Yamato, pero está en una posición difícil. Mimi es el amor de su vida, pero Sora es su primer amor. Y muchas personas por miedo no se atreven a dejar a su primer amor por el amor de su vida.
+Creo que pocos esperaban que trajera a Izumi a la historia jajaj Había muchas opciones, algunos me dijeron Nene, pero mi problema es que Nene es el interés amoroso de Kiriha en todos los universos de Digimon, entonces, no podía. No sabemos si Mimi tendrá más hijos o no. Pero me gustaría que tiren sus fichas jajaja A ver quien le acierta.
Adrit126: Hola. Sí, yo también la odie jajaja pero lamentablemente es una reacción lógica, esto fue una especie de "derrota" para ella. Ya veremos cómo será la evolución de Mimi ahora con su pequeña hija. Sí, Sora canta victoria, ya veremos qué sucederá. Puede ser jajaja si nos basamos en la novela jajaja o tal vez no. Todo es un misterio. Sí, fue Daigo y si, hizo quedar mal a Taichi. Todo por la ambición de poder. Ojalá te haya gustado el capítulo, ojalá sigas comentando, te mando un abrazo a la distancia.
BethANDCourt: Sí, faltó la escena, pero ya la arreglé, lamentablemente la escena no se había guardado. Ya que fue una de las últimas que escribí (Creo) Fue Daigo quien quiso sabotear a Taichi, Takeru tendrá otros momentos, él siempre intentará hablar con Yamato primero, no le dará un golpe por la espalda a la primera. Sí, fue muy chocante la actitud de Mimi, pero lamentablemente era algo de esperar de ese tiempo, solo tendría una victoria si tuviera un hijo, ahora no la tuvo, pero ya veremos que ocurrirá. Ojalá todo se le de bien. Sí, fue corto, porque no tenía muchas inspiración he estado ocupada. Pero de a poco voy alineando los astros. Espero que te haya gustado este capítulo e intentaré hacer todo lo posible con tus personajes favoritos. Ojalá te haya gustado el capítulo, ojalá sigas comentando, te mando un abrazo a la distancia.
DespinaMoon98: ¡Hola! No, no la he dejado, simplemente he estado un tanto ocupada (bastante ocupada) y bloqueada con algunas escenas. Pero hoy (justo hoy jaja) hubo actualización. Ojalá te haya gustado el capítulo, ojalá sigas comentando, te mando un abrazo a la distancia.
