Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es anhanninen, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to anhanninen. I'm only translating with her permission.
Capítulo 2
Jasper me dio mala suerte. Recibí una llamada sobre disputa doméstica ni bien salí, y también es el viejo Sr. Ronsen, el peor. Cuando me detengo frente a la casa, se encuentra en el patio delantero con un bate de béisbol, vistiendo solo calzoncillos. Honestamente, al diablo mi vida.
—Sr. Ronsen, baje el bate, ¿de acuerdo? —Me acerco con las manos en alto, pero a él no le parece inocente y blande el bate.
—¡Esto no es asunto tuyo! —grita.
Asiento con la cabeza.
—Es entre usted y su esposa, ¿verdad?
Él asiente.
—¡Exactamente, así que vete, carajo!
—Lo haría, pero me llamaron para que viniera. Sabe que tengo que ver a Jane, ¿cierto? Tengo que asegurarme de que esté bien.
Tengo una sensación molesta de que ella no lo está si él está así de borracho, así que regreso a mi coche y a la radio para pedir una ambulancia y refuerzos antes de acercarme a él de nuevo. Intento parecer lo menos amenazante posible, pero el Sr. Ronsen sigue nervioso, blandiendo el bate, y solo son las diez y media de la mañana.
Honestamente, al diablo mi maldita vida.
—¿Dónde está Jane, Sr. Ronsen? —pregunto, ajustándome el chaleco antibalas. Por si acaso. Ser disparada en el pecho es lo peor que me ha sucedido en la vida, así que le tengo un poco de temor, y sé con seguridad de que él tiene armas—. Sé que no la lastimarías, ¿cierto?
Él camina de un lado a otro, sacudiendo la cabeza.
—Fue su culpa, jefa.
Asiento con la cabeza, mordiéndome el labio mientras me acerco más hacia la puerta.
—¿Qué hizo, señor?
Él pone los ojos en blanco, dándose la vuelta.
—¡No lo entiendes! —grita, bajando al suelo—. ¡Todos los días de mi vida, Swan! ¡Todos los días! ¡Los pasé enfermándome por ella!
Al menos sigue sabiendo mi apellido.
—Tienes cáncer de pulmón —digo—. Lo hicieron las minas.
—¡Para darle a ella la mejor vida!
Asiento.
—Le diste a tu esposa e hijos todo, pero vas a estar bien.
Me acerco al porche y creo que puedo lograrlo. Está tan borracho que no puede igualar mi velocidad.
Me equivoco.
Aunque él no la iguala, el extremo de su bate sí lo hace, y me quedo sin aliento cuando entra en contacto con mi costado. Entonces, escucho las sirenas. Lucho para recuperar el aliento mientras me golpea de nuevo, y pronto alguien le está gritando que se tire al suelo. Giro la cabeza y miro como le disparan con la pistola eléctrica. Recupero el aliento antes de apresurarme al interior de la casa.
Jane está herida, pero bien. Creo que su brazo está roto, y viajo con ella en la parte trasera de la ambulancia hacia el hospital. El personal corre rápidamente hacia ella cuando llegamos, y yo los sigo hasta la parte trasera, mirando a las enfermeras trabajar hasta que casi soy apartada del camino por el mismísimo Dr. Edward Cullen, jefe de urgencias.
Somos vecinos.
Y no nos llevamos bien.
—Recibimos un reporte de dos víctimas, ¿o no? —pregunta, echándome un vistazo—. Una oficial.
Una enfermera se queda atónita y entonces asiente con la cabeza.
—La jefa.
—Sí, bueno, tal vez podrías sacarla de mi sala de examinación.
Ella se espabila, y camina entonces hacia mí.
—Estoy bien.
Edward mira en mi dirección.
—Por lo que escuché, probablemente tengas una costilla rota, así que siéntate y déjanos solos aquí, Swan.
Literalmente me sacan de un empujón de la sala y me dirigen a la sala de al lado. Las dos enfermeras me quitan el chaleco antibalas mientras siseo de dolor. Pero estoy bien. Probablemente. Alguien que no fuera Edward Cullen será quién decida eso.
Hay varias razones por las que no me llevo bien con el buen doctor.
Es un imbécil.
Es mi vecino.
Es mi imbécil vecino que tengo que soportar todos los días.
Además, me escribe una nota cuando olvido sacar los cubos de basura, lo cual es algo estúpido. Sé cuando es el día de la basura. Llevaré los cubos cuando tenga la jodida oportunidad. Es un imbécil obsesivo. Y jamás permitiría que me tocara.
—¿No hay otro doctor de turno para que me dé el alta? —pregunto, echando un vistazo a mis costillas magulladas en el espejo.
La chica niega con la cabeza.
—El Dr. Maher está ocupado.
Resoplo con enojo, y duele. Al segundo que la puerta se abre, me bajo la camiseta y volteo hacia esta mientras Cullen entra.
—¿Cómo está Jane?
Asiente con la cabeza.
—Coherente y yendo a que le hagan una tomografía. Y bien, escucho rumores de un bate.
—Un borracho con un bate. Podría haberlo hecho peor.
Arquea una ceja.
—Déjame echarte un vistazo.
—Vete al diablo, Cullen. Estoy bien.
—No hasta que yo lo diga. Ponte una bata o levanta tu camiseta. Tú decides.
Pongo los ojos en blanco y levanto mi camiseta mientras él silba.
—Hagámosle una radiografía a la Srta. Invencible. Podría estar equivocado, pero creo que puede ser vencible y tener una o dos costillas rotas.
Levanto mi dedo del medio en su dirección mientras sale de la sala.
La radiografía es rápida al menos, y luego me quedo esperando. Cullen tarda cuarenta y cinco minutos en regresar y decirme cuánta razón tiene.
—Son tres, de hecho —dice, luciendo orgulloso por alguna loca razón—. Solo trabajo de escritorio para ti, Swan.
—Oh, no, cómo llevaré mis cubos de basura —digo con desdén.
—Podrías haber resultado seriamente herida —espeta.
—Pero no fue así.
—Si necesitas darte por vencida en el concurso de pastelería, la gente lo entenderá.
—¡Ja! Tres años, amigo. No me ganarás esta vez. Puedo hornear con un brazo.
—Solo digo que no te verás mal.
—Amigo, voy a patear tu trasero como siempre lo hago. Ahora, ¿puedo regresar al trabajo?
Él niega con la cabeza.
—Recomiendo unos días de descanso.
—La jefa nunca duerme, Doc.
—Entonces un descanso de una tarde al menos. No me hagas llamar a Jasper.
La amenaza es suficiente. Puede que me tome el resto del día.
—Está bien.
Él sonríe radiantemente.
—Bien. Te recetaré unos analgésicos. No hay mucho más que hacer con las costillas rotas.
Asiento con la cabeza.
—No es mi primera vez. Ahora, ¿puedo irme a la mierda de aquí?
