Buenas aquí les dejo una adaptación de un libro que me gusto, los personajes de inuyasha no me pertenecen si no a "Rumiko" ni la historia ni los personajes del libro sino a "Shelby" espero que les guste
Asesino de brujas
Libro 1
La bruja blanca
(Eso es el amor: darlo todo, sacrificarlo todo, sin el menor deseo de obtener algo a cambio)
Cap.33
No Hay Furia Infernal Más Temible
Inu
Algunos novicios merodeaban fuera de mi habitación destruida cuando Hojo y yo regresamos. Inclinaron la cabeza y se marcharon al verme. Fulminándolos con la mirada, entré en el cuarto para pensar. Para planear. Kag había pasado los últimos dos años como ladrona, así que se le daba mejor que a la mayoría desaparecer. Podía estar en cualquier parte. No era tan tonto como para creer que conocía sus escondites, pero tenía más posibilidades de encontrarla que Bankotsu. De todos modos, los Chasseurs que plagaban la ciudad complicaban las cosas.
Cerré los ojos y me obligué a respirar hondo y pensar. ¿A dónde iría? ¿Dónde se ocultaría? La magia en el aire quemaba mi garganta y me distraía. Estaba impregnada en las sábanas, en el escritorio roto. En las malditas páginas de mi Biblia. En mi piel, en mi pelo. Resistí la necesidad de rugir de frustración. No tenía tiempo para aquello. Debía encontrarla. Rápido. Cada instante que pasaba podía ser el último.
Morirá, Inuyasha. Si no haces algo, morirá.
No. No podía pasar. Piensa.
El teatro parecía el escondite más probable. Pero ¿volvería allí después de haberlo compartido conmigo? Probablemente no. Tal vez fuera mejor apostarnos cerca de la tienda de Pan. Solo sería cuestión de tiempo antes de que ella visitara la Patisserie… a menos que hubiera abandonado Cesarine. Mi corazón dio un vuelco.
Hojo caminó hacia la ventana y vio a mis compañeros pasar marchando. Sabía que no era inteligente sugerir que nos uniéramos a ellos. Aunque compartíamos el objetivo de encontrar a kag, el arzobispo me había mentido: había roto mi confianza, mi fe. Y lo peor era que no sabía lo que planeaban hacer con Kag cuando la hallaran. Aunque el arzobispo tal vez intentaría protegerla, Bankotsu sabía que era una bruja. ¿Cuánto tardaría en contarlo? ¿cuánto antes de que alguien sugiriera matarla?
Debía encontrarla primero. Antes que ellos. Antes que las brujas. Hojo se aclaró la garganta.
- ¿Qué? -repliqué.
-Creo… que deberíamos visitar a mademoiselle Perrot. Ellas son… íntimas amigas. Talvez sepa algo.
Mademoiselle Perrot. Por supuesto. Sin embargo, antes de que pudiéramos movernos, abrieron lo que quedaba de la puerta. De pie en la entrada, jadeando con la mirada fulminante, estaba mademoiselle Perrot en persona.
- ¿Dónde está? -avanzó hacia mí con una amenaza violenta en los ojos. Se había quitado su túnica blanca de curandera y vestía pantalones de cuero y una camisa manchada de sangre-. ¿Dónde está Kag?
Fruncí el ceño ante el entramado de cicatrices en su clavícula y antebrazos.
Sorprendido, Hojo tropezó. Iba a explicárselo, pero sacudí la cabeza de modo cortante y avancé delante de él, intentando que las palabras salieran antes de tragármelas.
-Se ha ido.
- ¿A qué te refieres? Tienes treinta segundos para decirme qué ha ocurrido antes de que derrame sangre, Chasseur. -Pronunció la última palabra como s i fuera un insulto. Puse mala cara. Me obligué a respirar hondo. luego, inhalé de nuevo.
Un momento: ¿derramar sangre?
-Tic toc -gruñó.
Aunque odiaba la idea de contarle lo que había ocurrido entre Kag y yo, no tenía sentido mentir. No si quería su ayuda. Si ella no sabía dónde estaba Kag, no tenía qué seguir. Las posibilidades de encontrarla eran muy bajas. Eso no podía suceder.
-Las brujas atacaron el castillo como distracción y vinieron aquí…
-Lo sé. -sacudió una mano impaciente-. Estaba en el castillo con Miroku cuando desaparecieron. Me refiero a qué ha ocurrido con Kag.
-Ha huido -dije apretando los dientes-. Una bruja… nos ha seguido aquí y nos ha atacado. Kag me ha salvado la vida. -Guardé silencio con el pecho tenso y pensé en cómo darle la noticia. Ella debía saberlo-. Mademoiselle Perrot… Kag es una bruja.
Para mi sorpresa, ella ni siquiera parpadeó. Una leve tensión en su boca fue el único indicio de que me había oído.
-Claro que lo es.
- ¿Qué? -la incredulidad tiñó mi voz-. ¿Lo...? ¿Lo sabías?
Me miró de mala manera.
-Hay que ser un idiota para no notarlo.
Como tú. Su acusación silenciosa resonó en el cuarto. Lo ignoré, la punzada afilada de otra traición me dejó sin palabras.
-Ella… ¿te lo ha contado?
Mademoiselle Perrot resopló, poniendo los ojos en blanco hacia el techo.
-No hay necesidad de sentirse herido. No, no me lo ha contado. Tampoco se lo ha contado a Hojo y, sin embargo, él también lo sabía.
Hojo movió los ojos entre los dos con rapidez. Tragó con dificultad.
-No… sabía nada…
-Ah, por favor. -Ella lo fulminó con la mirada-. Insultas a todos al mentir.
Él encorvó los hombros y miró el suelo. Negándose a mirarme.
-Sí. Lo sabía.
Todo el aire me abandonó con una ráfaga. Tres palabras. Tres golpes perfectos.
La furia amarga regresó con mi aliento.
- ¿por qué no has dicho nada?
Si Hojo me lo hubiera dicho, si Hojo hubiera sido un verdadero Chasseur, nada de eso habría sucedido. No me hubiera tomado por sorpresa. Podría haber lidiado con eso antes de… antes de…
-Te lo he dicho. -Hojo aún se miraba las botas, empujando un trozo de yeso caído con el pie-. Kag es mi amiga.
- ¿Cuándo? -pregunté inexpresivo-. ¿Cuándo lo supiste?
-Durante la quema de la brujas. Cuando… Kag tuvo su ataque. Ella lloraba y la bruja gritaba… luego intercambiaron los roles. Todos pensaron que Kag tenía una convulsión, pero olí la magia. -Alzó la vista, su nuez subía y bajaba. Sus ojos brillaban-. Se quemaba, Inuyasha. No sé cómo, pero le quito el dolor a esa bruja. Lo sufrió por ella. -exhaló fuerte-. Por eso no te lo dije. Porque aunque sabía que Kag era una bruja, sabía que no era malvada. Ya había ardido en la hoguera una vez. No merecía arder dos veces.
Sus palabras fueron recibidas con silencio.
-Nunca le habría hecho daño.
Mientras las palabras salían de mi boca, comprendí la verdad que contenían. Aunque Hojo me lo hubiera dicho, nada habría cambiado. No hubiera sido capaz de atarla a la hoguera. Enterré el rostro entre las manos. Derrotado.
-Suficiente -dijo con brusquedad mademoiselle Perrot-. ¿Hace cuánto que se ha ido?
-Aproximadamente una hora.
Hojo se movió con incomodidad evidente antes de murmurar:
-La bruja ha mencionado a Tsubaki.
Mis manos cayeron cuando el miedo contorsionó el rostro de mademoiselle Perrot. Sus ojos, antes acusadores, me miraron con urgencia repentina y perturbadora.
-Debemos irnos. -Abrió la puerta y salió-. No podemos hablar sobre esto aquí.
La inquietud anudó mi estómago.
- ¿Dónde podemos ir?
-Al Bellerose. -No se molestó en mirar atrás. Al ver que no había alternativa, Hojo y yo la seguimos-. Le dije a Miroku que nos encontraríamos… y hay alguien allí que tal vez sepa dónde está Kag.
-:-
El interior de Bellerose estaba iluminado con luz tenue. Nunca había entrado en un burdel, pero asumía que el suelo de mármol y las láminas doradas sobre las paredes indicaban que aquel era un burdel más glamuroso que otros. Había una arpista en un rincón. Tocaba el instrumento y cantaba una balada triste. Las mujeres vestidas con prendas blancas trasparentes bailaban despacio. Algunos hombres ebrios las observaban con ojos hambrientos. Una fuente burbujeaba en el centro de la sala.
Era lo más ostentoso que había visto en la vida. Encajaba con madame Izayoi.
-Perdemos el tiempo. Deberíamos estar fuera buscando a Kag…
-Comencé a decir furioso, pero mademoiselle Perrot me lanzó una mirada asesina por encima del hombro antes de avanzar hacia una mesa parcialmente cubierta en el fondo del salón.
Miroku Lyon se puso de pie cuando nos acercamos, entre cerrando los ojos.
- ¿Qué narices hacéis aquí?
Ella tomó asiento con un suspiro intenso y sacudió una mano entre los tres.
-Escucha, Miroku, tengo asuntos más importantes que atender que tú y tu competición por ver quién es más hombre.
Él tomo asiento en otra silla, cruzó los brazos y se hundió en el sitio.
- ¿Qué podría ser más importante que yo?
Ella inclinó la cabeza hacia mí.
-Este idiota ha perdido a Kag y debo hacer un hechizo localizador para encontrarla.
¿Hechizo localizador?
Observé confundido mientras extraía un frasquito de su capa. Lo abrió y vertió el polvo oscuro sobre la mesa. Miroku parecía aburrido, inclinado hacia atrás en su silla. Miré a Hojo, buscando confirmación de que la mujer ante nosotros había enloquecido, pero él no me miraba. Cuando ella extrajo un cuchillo y alzó su otra mano, mi estomago dio un vuelco al comprenderlo.
La mansión de Tremblay. Tres perros envenenados. Sangre brotando de sus hocicos. El hedor de la magia penetrando en el aire: negra y mordaz, más ácida que la magia en la enfermería. Distinta.
Me miró mientras se hacía un corte en la palma de su mano y permitía que la sangre goteara sobre la mesa.
-Probablemente debería decirte que mi nombre no es Brie Perrot, chass. Soy Sango, pero mis amigos me llaman Gogo.
Sango Monviosin. Había estado oculta en la Torre. En nuestras narices.
Busqué instintivamente mi Balisarda, pero Hojo puso la mano en mi brazo.
-Inuyasha, no. Está ayudándonos a encontrar a Kag.
Me aparté, horrorizado, furioso, pero mi mano se detuvo. Ella me guiñó un ojo antes de devolver su atención a la mesa. El polvo negro se solidificó al entrar en contacto con su sangre… y comenzó a moverse. La bilis subió a mi garganta y me ardió la nariz.
- ¿Qué es eso?
-Sangre seca de un sabueso. -Observaba embelesada mientras unos símbolos extraños cobraban forma-. Nos dirá dónde está Kag.
Miroku inclinó el torso hacia adelante y apoyó el mentón en el codo.
- ¿Y dónde crees que puede estar?
Gogo frunció levemente el ceño.
-Con Tsubaki le Blanc.
- ¿Tsubaki le Blanc? -Él enderezó la espalda y nos miró con incredulidad, como si esperara que alguno se riera-. ¿Por qué esa zorra reina de las brujas tendría interés en Kag?
-Porque es su madre-. De pronto, las formas se detuvieron y Gogo me miró. En pánico-. El rastro de Kag desaparece al norte en la Foret des Yeux. No puedo ver más allá. -la miré y ella asintió de modo imperceptible ante mi pregunta silenciosa. Su mentón temblaba-. Si Tsubaki tiene a Kag, podría estar muerta.
No. -sacudí la cabeza con vehemencia, incapaz de aceptarlo-. Solo debemos encontrar el Chateau. Eres bruja. Puedes llevarnos hasta allí y…
Las lágrimas furiosas aparecieron en sus ojos.
-No sé dónde está el Chateau. Solo una Dame blanche puede hallarlo y ¡has perdido a la única que conozco!
-No… ¿no eres una Dame blanche?
Sacudió su palma ensangrentada bajo mi nariz como si eso significara algo.
- ¡Claro que no! ¿De verdad son tan ignorantes los Chasseurs?
Miré la sangre acumulándose con histeria creciente. El mismo olor ácido de antes me invadió.
-No lo entiendo.
-soy una Dame rouge, idiota. Una dama roja. Una bruja de sangre. -Golpeó la mesa con la mano y deshizo las formas negras-. No puedo encontrar el Chateau porque nunca he estado allí.
Un zumbido apareció en mis oídos.
-No. -sacudí la cabeza-. No puede ser. Debe de haber otro modo.
-No lo hay. -las lágrimas rodaban por sus mejillas mientras se ponía de pie, pero se las limpió rápidamente. El aroma se intensificó-. A menos que conozcas a otra Dame blanche, una dispuesta a traicionar a sus hermanas y llevar a un Chasseur a su hogar… Kag está muerta.
No.
- ¿Conoces a una bruja así, Chass? -Golpeó mi pecho con su dedo, con lágrimas en sus ojos. Miroku se puso de pie y puso una mano vacilante en su espalda-. ¿Conoces a una bruja dispuesta a sacrificarlo todo por ti, como hizo Kag? ¿La conoces?
No.
-De echo -respondió una voz fría y familiar-, conoce una.
Nos giramos juntos para mirar a mi salvadora. Estuve a punto de ahogarme al verla con una apariencia solemne y elegante.
Dios, no.
Madame Izayoi sacudió una mano hacia los hombres que escuchaban a hurtadillas.
-Es una conversación privada, queridos. Espero que comprendáis.
La magia, intoxicante, estalló en el aire y los ojos de los hombres se pusieron vidriosos. Centraron la atención en las bailarinas, que tenían la misma expresión vacía.
Gogo avanzó señalándola con un dedo acusador.
-Sabías lo de Tsubaki. Advertiste a Kag. Eres una bruja.
Madame Izayoi guiñó un ojo las miré confundido, mis fosas nasales ardían. Mi mente funcionaba a toda velocidad. ¿Bruja? Pero madame Izayoi no era…
La compresión llegó a toda prisa y la sangre ardiente subió a mi rostro.
Mierda.
Era tan estúpido Tan ciego. Apreté los puños mientras me ponía de pie. La sonrisa traviesa de madame Izayoi vaciló e incluso Gogo se encogió ante mi furia.
Por supuesto que madame Izayoi era una bruja.
Y que mademoiselle Perrot era Gogo.
Y que Gogo era una bruja. Pero no una bruja cualquiera: una Dame rouge. Una especie nueva de bruja que hacía magia con sangre.
Y mi esposa, el maldito amor de mi vida, era la hija de la Dame des Sorcieres. La heredera de Chateau le Blanc. La maldita princesa de las brujas.
Y todos lo habían sabido. Todos menos yo. Incluso el maldito Hojo.
Era demasiado.
Algo se quebró en mi interior. Algo permanente. En aquel segundo, ya no era un Chasseur... si alguna vez lo había sido. Desenvainé mi Balisarda y observé con placer vengativo cómo me miraban los demás. Cautelosos. Asustados. La arpista en el rincón dejó de tocar. Miraba el suelo, boquiabierta. El silencio se hizo espeluznante...
-Sentaos-dije, mirando a madame Izayoi y a Gogo. Como ninguna se movió, di un paso.
Miroku sujetó la muñeca de Gogo. Tiró de ella para que tomara asiento a su lado. Pero madame Izayoi permaneció de pie. Giré mi daga hacia ella.
-Kag se ha ido. -Moví la daga, despacio y cortante, de su rostro a la silla vacía-. Tsubaki le Blanc se la ha llevado. ¿Por qué?
Ella entrecerró los ojos y miró los símbolos negros amorfos sobre la mesa.
-Si Tsubaki de verdad se la ha llevado...
- ¿Por qué?
Acerqué la daga a su nariz y ella frunció el ceño.
-Por favor, capitán, no es modo de comportarse. Le contaré todo lo que desee.
A regañadientes, bajé el cuchillo mientras ella tomaba asiento. Mi sangre ardía más con cada latido de mi mandíbula.
-Qué giro más desafortunado, Alzó la vista hacia mí, alisando su falda con nerviosismo-, Asumo que las brujas han revelado la verdadera identidad de su esposa. Kagome le Blanc. La única hija de la Dame des Sorcieres.
Asentí, tenso.
Hojo se aclaró la garganta antes de que madame Izayoi pudiera continuar.
-Disculpe, madame, pero ¿por qué nunca hemos oído de Kagome le Blanc hasta ahora?
Ella lo miró con estima.
-Querido muchacho, Kagome ha sido el secreto más celosamente guardado de Tsubaki. Incluso algunas brujas no sabían de su existencia.
-Entonces, ¿por qué tú sí? -replicó Gogo.
-Tengo muchas espías en el Chateau.
- ¿No eres bienvenida allí?
-Soy tan bienvenida como tú, cariño.
- ¿Por qué? -pregunté.
Me ignoró. En cambio, posó la mirada en Miroku.
- ¿Qué sabe sobre su padre, Su Alteza?
Él inclinó el cuerpo hacia atrás y alzó una ceja oscura. Hasta ese momento, había observado lo que ocurría con distancia fría, pero la pregunta de madame Izayoi pareció tomarlo por sorpresa.
-Lo mismo que todo el mundo, supongo.
- ¿O sea?
Se encogió de hombros. Puso los ojos en blanco.
-Es un putero famoso. Detesta a su esposa. Financia la cruzada de la sabandija del arzobispo contra estas criaturas majestuosas.
-Acarició con apreciación la columna de Gogo-. Es apuesto, un mierda para la política y un padre desastroso. ¿Debería continuar o.…? No entiendo por qué algo de eso podría ser relevante
-No deberíais hablar así sobre él. -Ella frunció los labios, furiosa. Es vuestro padre... y un buen hombre.
Miroku bufó.
-Sin duda es la primera que lo piensa.
Ella resopló y se alisó de nuevo la falda. Era evidente que aún estaba enfadada.
-A duras penas importa. Esto es más importante que vuestro padre... aunque sin duda verá su fin si Tsubaki obtiene lo que quiere.
-Explícate-gruñí.
Lanzó una mirada irritada hacia mí, pero continuó.
-Esto es más antiguo que todos vosotros. Que yo. Que Tsubaki incluso. Comenzó con una bruja llamada Midoriko y un hombre santo llamado Constantino.
Un hombre santo llamado Constantino. No podía referirse al hombre que había forjado la Espada Balisarda. El santo.
- ¡Kag me ha contado esta historia! -Gogo adelantó el torso con los ojos brillantes-. Midoriko se enamoró de él, pero él murió y las lágrimas de ella crearon L Eau Mélancolique.
-Me temo que es cierto a medias. ¿Os cuento la verdadera historia? -Hizo una pausa, mirándome expectante. Os garantizo que tenemos tiempo.
Con un gruñido impaciente, tomé asiento.
-Tienes dos minutos.
Madame Izayoi asintió a modo de aprobación.
-No es una historia bonita. Es cierto que Midoriko se enamoró de Constantino, un caballero de una tierra vecina, pero no se atrevía a contarle lo que era. El pueblo de ella vivía en armonía con el de él y no quería romper el equilibrio delicado entre los reinos. Sin embargo, como suele ocurrir, ella pronto anheló que él la conociera por completo. Le habló de la magia de su pueblo, de la conexión que tenían con la tierra y, al principio, Constantino y el reino la aceptaron La veneraban a ella y a su gente: las llamaban Dames blanches. Damas blancas, Puras y brillantes. Y como la más pura y brillante de todas, Midoriko se convirtió en la primera Dame des Sorcières. -Sus ojos se oscurecieron-. Pero con el paso del tiempo, Constantino comenzó resentir la magia de su amante. Estaba celoso y furioso porque él no la poseía. Intentó arrebatársela. Como no pudo, tomó la tierra en su lugar. Sus soldados marcharon hacia Belterra y asesinaron al pueblo de Midoriko. Pero la magia no funcionó para él y sus compañeros. Por mucho que lo intentaran, no podían poseerla: no como las brujas. Enloquecido de deseo, murió por su propia mano.
Miró a Gogo y dejó asomar una sonrisa pequeña y lúgubre. -Midoriko lloró su mar de lágrimas y lo siguió hasta la otra vida.
Pero la hermandad de Constantino sobrevivió. Ellos obligaron a las brujas a ocultarse y reclamaron la tierra y su magia para los suyos Conocéis el resto de la historia. La reyerta familiar continúa. Cada lado más amargo: vengativo. Los descendientes de Constantino continúan controlando esta tierra a pesar de haber renunciado a la magia por la religión hace años. Con cada Dame des Sorcières nueva, las brujas intentan reunir sus fuerzas y con cada intento, fracasan. Además de ser superadas en número, mis hermanas no pueden vencer a la monarquía y a la Iglesia en combate: no con sus Balisardas. Pero Tsubaki es distinta a sus predecesoras. Es más inteligente. Astuta.
-Suena igual que Kag-susurró Gogo.
-Kag no se parece en nada a esa mujer -gruñí.
Miroku inclinó el torso hacia delante y nos fulminó con la mirada.
-Disculpadme todos, pero Kag me importa una mierda... Al igual que Tsubaki, Midoriko y Constantino. Cuéntame lo de mi padre.
Mis nudillos empalidecieron sobre mi daga.
Suspirando, madame Izayoi tocó mi brazo con una advertencia silenciosa. Cuando me aparté de su mano, puso los ojos en blanco.
-Estoy llegando a él. Como decía, Tsubaki es diferente. De niña, reconoció el poder dual de este reino. -Miró a Miroku-. Cuando coronaron a tu padre como rey, una idea cobró forma: un modo de atacar a la corona y a la Iglesia a la vez. Ella observó cómo él contraía matrimonio con una princesa extranjera, tu madre, y tú nacías. Se alegro cuando él dejó bastardo tras bastardo a su paso. Hizo una pausa, desinflándose un poco. Incluso yo escuchaba cautivado mientras ella ponía la mirada en blanco-. Aprendió los nombres de los bastardos, conoció sus rostros... incluso los de aquellos cuya existencia el mismo Inu no no conocía. En ese momento me miró, y mi estómago se contrajo-. Con cada niño, la alegría de Tsubaki, su obsesión, solo crecía, aunque esperó para revelar su propósito.
- ¿Cuántos? -interrumpió Miroku, con voz cortante. ¿Cuántos niños?
Ella vaciló antes de responder.
-Nadie lo sabe con exactitud. Creo que el último recuento aproximado fue de veintiséis.
- ¿Veintiséis?
Se apresuró a continuar antes de que él siguiera hablando.
-Poco después de su nacimiento, Su Alteza, Tsubaki anunció ante nuestras hermanas que estaba embarazada. Y no de cualquiera: esperaba un hijo del arzobispo.
-Kag-dije, sintiéndome levemente mareado.
-Sí. Tsubaki habló de un encantamiento para liberar a las brujas de la persecución, de un bebé para terminar con la tiranía de los Lyon. Inu no Lyon moriría... al igual que sus descendientes. El bebé en su vientre era el precio a pagar, un regalo, decía ella, enviado por la Diosa. El golpe final contra el reino y la Iglesia.
- ¿Por qué Tsubaki esperó para matar a Kag? -pregunté con amargura. ¿Por qué no la mató cuando nació?
-Una bruja realiza su rito de pasaje en su cumpleaños número dieciséis. Es el día en que se convierte en mujer. Aunque las brujas anhelaban la salvación, la mayoría se sentía incómoda ante la idea de asesinar a una niña. Tsubaki no tuvo problema en esperar.
-Entonces Tsubaki... solo concibió a Kag para vengarse. -Mi corazón se retorció. Una vez había sentido pena por mi propia llegada miserable al mundo, pero Kag... su destino era mucho peor. Literalmente, había nacido para morir.
-La naturaleza exige equilibrio -susurró Gogo, tocando el corte en su palma. Perdida en sus pensamientos. Para terminar con el linaje del rey, Tsubaki también debe terminar con el suyo.
Madame Izayoi asintió agotada.
-Dios-dijo Miroku-. No hay furia más temible que una mujer despechada.
-Pero... -fruncí el ceño-. No tiene sentido. ¿Una vida a cambio de veintiséis? Eso no es equilibrado.
Madame Izayoi juntó las cejas.
-La percepción es algo poderoso. Al matar a Kagome, Tsubaki terminará para siempre con el linaje de le Blanc. La magia de la Dame des Sorcières pasará a otro linaje cuando Tsubaki muera. Sin duda terminar con su legado es un sacrificio digno para concluir con otro legado, ¿no?
Fruncí más el ceño.
-Pero los números aún no tienen sentido.
-Tu percepción es demasiado literal, Inuyasha. La magia tiene matices. Todos sus hijos morirán. Todos los hijos de él morirán. -Toqueteó una mancha inexistente sobre su falda-. Por supuesto, la especulación no importa. Nadie más puede ver el patrón del hechizo, así que debemos usar la interpretación de Tsubaki.
De pronto, Gogo alzó la vista entrecerrando los ojos.
- ¿Cuál es tu rol en todo esto, madame? Has intentado comprar a Kag.
-Para protegerla. -Madame Izayoi sacudió una mano impaciente. Fruncí el ceño ante el movimiento. Tenía anillos dorados en cada dedo, pero en su dedo anular izquierdo... un anillo de madreperla. Prácticamente idéntico al que le había dado a Kag.
- Sabía que en algún momento Tsubaki la encontraría, pero hice todo lo que estuvo en mi poder para evitar que sucediera. Así que intenté comprar a Kag, como has dicho tontamente, por su protección. Aunque no era lo ideal, podría haberla vigilado aquí en el Bellerose. Podría haberla mantenido a salvo hasta que hubieran hecho otros planes. Sin embargo, ella rechazó mi propuesta una y otra vez.
Alzó el mentón y miró a Gogo a los ojos.
-El año pasado, mis espías me informaron de que habían robado el anillo de Midoriko. Fui a visitar a cada traficante conocido en la ciudad... Todos tenían familiares que habían sido recientemente asesinados por brujas.
Incliné el torso ante esa información. Kaede. Kaede había sido asesinada por brujas. Lo cual significaba...
-Cuando supe que Monsieur Tremblay tenía el anillo, vi mi oportunidad.
Cerré los ojos. Sacudí la cabeza con incredulidad. Con tristeza.
Monsieur Tremblay. Todos esos meses, me había centrado en vengar a su familia, en castigar a las brujas que les habían hecho daño. Pero las brujas hacían justicia para sí mismas.
El que hubiera sido mi suegro. Un traficante de objetos mágicos.
Él había sido la causa de la muerte de Kaede... del dolor de Kikyo.
Me obligué a regresar al presente.
Hay un momento para el duelo y un momento para seguir adelante.
-Sabía que Kag lo buscaba con desesperación -continuó madame Izayoi-. Le ordené a Enju que contactara con ella. que la ayudara a escuchar a escondidas mi conversación con Tremblay. Para su beneficio, incluso le pregunté a él dónde lo había escondido. Y luego, cuando Enju confirmó que vosotros planeabais robar el anillo, avisé al arzobispo de dónde estaría su hija esa noche.
- ¿Hiciste qué? -exclamó Gogo. Madame Izayoi encogió los hombros.
-Se rumoreaba que él había estado buscándola durante años...
Muchas brujas creían que ella era el motivo por el cual él se había obsesionado tanto con darnos caza. Él quería encontrarla. Prefiero pensar que nos asesinaba como una clase de castigo macabro por su pecado, pero no tiene importancia. Pensé que él no le haría daño. Después de todo, es su padre y no podría negarlo después de verla. Son idénticos. Y ¿qué mejor lugar para esconderla que dentro de la Torre de los Chasseurs?
Gogo sacudió la cabeza, atónita.
- ¡Un poco de sinceridad habría ayudado!
Madame Izayoi juntó las manos sobre su rodilla, sonriendo satisfecha.
-Cuando ella escapó de la casa de Tremblay, pensé que todo estaba perdido, pero la escena en el teatro obligó al arzobispo a involucrarse de modo permanente. No solo ella obtuvo su protección, sino que también obtuvo un esposo. Y no cualquier esposo: al capitán de los Chasseurs. -Amplió su sonrisa mientras me señala-. De verdad que salió mucho mejor de lo que jamás podría haber...
- ¿Por qué? -Miré el anillo de madreperla en su dedo. ¿Por qué tomarse tantas molestias? ¿Por qué te importa si Inu no Lyon muere? Eres una bruja. Solo te beneficiarías con su muerte.
Un recuerdo reapareció. La voz de Kag sonó en mi cabeza.
No seas estúpido. Por supuesto que las brujas tienen hijos varones.
La comprensión llegó.
La sonrisa de la mujer desapareció.
-No... podía quedarme a un lado viendo cómo morían personas inocentes...
-El rey no tiene nada de inocente.
-El rey no será el único afectado. Cientos de personas morirán...
- ¿Sus hijos?
-Sí. Sus hijos. Ella vaciló, mirándonos a mí y al príncipe. Maldiciéndose a sí misma. No habrá herederos supervivientes. La aristocracia se dividirá peleando por la sucesión. La credibilidad del arzobispo ya ha sufrido... y su autoridad también a juzgar por tu presencia aquí. Me sorprendería que el rey no hubiera pedido ya una audiencia. Pronto, los Chasseurs se quedarán sin líder. En el caos subsiguiente, Tsubaki atacará.
Apenas oí sus palabras. La revelación creciente me inundó. Fluyó por mi cuerpo, avivando más la furia en mis venas.
-Te enamoraste de él, ¿verdad?
Su voz subió una octava.
-Bueno... querido, es un poco más complicado que... -Golpeé la mesa con el puño y ella se estremeció. La vergüenza se mezcló con mi furia mientras su rostro adoptaba una expresión de derrota-. Sí, me enamoré.
La mesa guardó silencio. Sus palabras me golpearon. Me atravesaron. Miroku alzó las cejas, incrédulo.
-No le dijiste que eras bruja. Mis palabras eran severas, afiladas, pero no hice nada por suavizarlas. Esa mujer no merecía mi pena.
-No. -Miró mis manos, frunciendo los labios-. Nunca le conté qué era. No... quería perderlo.
-Dios santo-dijo Miroku en voz baja.
- Tsubaki... ¿os descubrió juntos? -preguntó Gogo.
-No-dijo madame Izayoi en un susurro-. Pero... me quedé embarazada pronto y.… cometí el error de contárselo. Hace tiempo, fuimos amigas. Las mejores amigas. Más cercanas que hermanas. Creí que ella lo entendería. -Tragó con dificultad y cerró los ojos. Su mentón temblaba-. Fui una tonta. Me arrebató de los brazos a mi hermoso niño... cuando nació. Nunca se lo conté a Inu no.
Miroku contorsionó el rostro con desprecio.
- ¿Diste a luz a mi hermano?
Gogo lo empujó fuerte con el codo.
- ¿Qué le sucedió al bebé?
Madame Izayoi mantuvo los ojos cerrados. Como si no pudiera soportar mirarnos... mirarme.
-Nunca lo supe. La mayoría de los bebés varones terminan en lugares de acogida u orfanatos si el niño no tiene suerte, pero sabía que Tsubaki nunca tendría esa amabilidad con mi hijo. Sabía que ella lo castigaría por lo que yo había hecho, por lo que Ino no había hecho. -Exhaló temblorosa. Cuando abrió los ojos, me miró directamente. Lo busqué durante años, pero estaba perdido para mí.
Perdido. Contorsioné el rostro. Era una manera de decirlo.
Otra hubiera sido: tirado en la basura y abandonado para morir.
Ella hizo un gesto de dolor ante el odio en mi expresión.
-Quizás él siempre estará perdido para mí.
-Sí. -El odio ardía a través de mi pecho-. Lo estará.
Me puse de pie, ignorando las miradas curiosas de los demás.
-Hemos desperdiciado demasiado tiempo aquí. Kag ya podría estar a mitad de camino hacia Chateau le Blanc. Tú -Señalé a madame Izayoi con el dedo- me llevarás allí.
-Nos llevarás-dijo Hojo-. Yo también iré.
Gogo se puso de pie.
-Y yo.
Miroku hizo una mueca mientras también se incorporaba del asiento.
-Supongo que eso significa que también iré. Si Kag muere, por lo que parece, yo moriré.
-De acuerdo -repliqué. Pero nos iremos ahora. Kag nos saca kilómetros de ventaja. Debemos ganar tiempo o estará muerta antes de que lleguemos al Chateau.
-No. -Madame Izayoi también se puso de pie, limpiando las lágrimas en sus mejillas. Enderezando los hombros-. Tsubaki esperará para realizar el sacrificio. Al menos una quincena.
- ¿Por qué? -Aunque lo que más quería era no hablar de nuevo con esa mujer, ella era mi único camino hacia Kag. Un mal necesario. ¿Cómo lo sabes?
-Conozco a Tsubaki. Su orgullo sufrió terriblemente cuando Kag escapó la primera vez, así que se asegurará de que haya la mayor cantidad posible de brujas presentes para atestiguar su victoria. Para las brujas, Nochebuena es Modraniht. En este momento, brujas de todo el reino viajan hacia el Chateau para la celebración. -Me atravesó con una mirada afilada-. Modraniht es una noche para homenajear a sus madres. Tsubaki adorará la ironía.
-Qué suerte que no tengo madre. -Ignorando la expresión dolida de la mujer, pasé junto a las bailarinas de ojos vacíos y los hombres ebrios hacia la salida-. Nos reuniremos aquí en una hora. Aseguraos de que no os sigan.
Continuara…
Pd: gracias por sus comentarios :)
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