Buenas aquí les dejo una adaptación de un libro que me gusto, los personajes de inuyasha no me pertenecen si no a "Rumiko" ni la historia ni los personajes del libro sino a "Shelby" espero que les guste
Asesino de brujas
Libro 1
La bruja blanca
(Eso es el amor: darlo todo, sacrificarlo todo, sin el menor deseo de obtener algo a cambio)
Cap.31
El Olvido
Kag
Cuando desperté, a duras penas era consciente del suelo moviéndose debajo de mí… y de un par de brazos esbeltos y largos. Rodeaban mi cintura, sujetándome cerca. Luego, sentí un dolor en la garganta. Llevé la mano hacia allí y sentí la sangre fresca.
-Kag -dijo ansiosa una voz familiar-. ¿Me escuchas?
Hojo.
-Despierta, Kag. -El suelo aún se movía. Un golpe sonó cerca, seguido de un bum estrepitoso. Una mujer se reía-. Por favor, ¡despierta!
De pronto, abrí los ojos.
Estaba en el suelo detrás de la cama con la cabeza en el regazo de Hojo, junto a una jeringa descartada.
-Es el antídoto -susurró-. No había suficiente para una dosis completa. Está perdiendo, Kag. La bruja… ha hecho estallar la puerta. La Balisarda de Inuyasha ha volado por el pasillo, debes ayudarlo. ¡por favor!
Está perdiendo.
Inuyasha.
La adrenalina invadió mi cuerpo y me incorporé con rapidez, tosiendo por el polvo que flotaba en el aire. El mundo giraba alrededor. Inuyasha y la bruja habían destrozado la habitación: había agujeros en el suelo y en las paredes, y el escritorio y el cabecero de la cama estaba hechos añicos. Hojo me apartó cuando un trozo de yeso cayó donde habían estado mis piernas.
Inuyasha y la bruja caminaban en círculos en el centro de la habitación, pero él tenía dificultad para moverse. Apretaba los dientes, intentando que sus músculos obedecieran mientras atacaba con mi cuchillo a la bruja. Ella se escabullía antes de que él moviera los dedos. Inuyasha inhaló bruscamente como si ella lo hubiera golpeado.
Me puse de pie con dificultad. La oscuridad nublaba mi vista y mis extremidades eran torpes y pesadas como las de Inuyasha. Pero no importaba. Debía detener aquello.
Ninguno de los dos me vio. La bruja sacudió la mano hacia delante y Inuyasha la esquivó. El estallido impactó contra la pared. La bruja tenía una sonrisa sádica en los labios. Estaba jugando con él, con el hombre que había quemado a su hermana.
Hojo registraba cada uno de los movimientos de la bruja.
-Todos están fuera todavía.
Me balanceé, con la visión nublada mientras alzaba las manos. Pero no había nada. No podía concentrarme. La habitación se movía y giraba.
La bruja nos miró. Inuyasha se movió para atacar, pero ella sacudió la muñeca y lo lanzó de nuevo contra la pared. Avancé mientras él yacía en el suelo.
-Eres una tonta -dijo la bruja-. Has visto su odio y, sin embargo, corres a ayudarlo…
Un hilo cobró vida, atado su laringe. Cerré el puño y las palabras murieron en su garganta. Mi sangre fluía más espesa por los pinchazos de la jeringa mientras ella luchaba por respirar. Me tambaleé y perdí la concentración, pero Hojo me atrapó antes de que cayera. La bruja dio un grito ahogado y se sujetó la garganta mientras recobrara el aliento.
Estaba demasiado débil para luchar. Apenas podía mantenerme en pie, era imposible vencer a una bruja así. No tenía más fuerza física para dar y mi mente estaba demasiado saturada de droga para distinguir patrones.
-Os merecéis el uno al otro. -La bruja me arrancó de los brazos de Hojo y salí volando por el aire para colisionar contra el pecho de Inuyasha. Él se tambaleó por el impacto, pero me rodeó con los brazos y suavizó la caída. Veía destellos ante mí.
El grito de guerra de Hojo me revivió, pero fue interrumpido bruscamente. Oi otro golpe seco detrás de nosotros y él chocó con nuestras rodillas.
-No puedo…. Vencerla. -Aunque ya no sangraba, aún me sentía débil. Mareada, no podía mantener los ojos abiertos-. Estoy demasiado… débil…
Apareció lo oscuridad y mi cabeza cayó.
El modo en que Inuyasha me sujetaba se volvió doloroso. Abrí los ojos y lo vi mirándome con determinación.
-Úsame.
Sacudí la cabeza con toda la fuerza que pude reunir. Los destellos nublaban mi vista.
-Puede funcionar. -Hojo asentía frenético y Inuyasha me soltó. Me puse de pie con dificultad-. ¡Las brujas usan a otras personas todo el tiempo!
Abrí la boca para negarme, para decirles que no le haría daño, que no sometería su cuerpo como lo hacían otras brujas… pero una mano tiró de mi pelo. Aterricé en los brazos de la bruja de cabello pardo, mi espalda presionaba contra su pecho.
-Estoy cansada de esto y tu madre espera. ¿Los matarás o lo hago yo?
No pude responder. Mi atención estaba centrada en la cuerda delgada y mortal que había aparecido en el aire entre la bruja y Inuyasha.
Un patrón.
Estaba débil, pero Inuyasha… aún era fuerte. Y, a pesar de todo, le quería. Le quería los suficiente como para que la naturaleza lo hubiera considerado digno de intercambiar. Él no era un cuerpo más. Un escudo de carne. Él era… yo.
Podía funcionar.
Con la respiración entrecortada, cerré el puño. El patrón desapareció con un estallido dorado.
Inuyasha abrió los ojos de par en par cuando su cuello se tensó y su espalda se separó de la pared. Su columna luchaba por permanecer intacta mientras la magia lo alzaba como si colgara de la horca. La bruja gritó, me soltó y supe sin mirarla que estaba en una postura similar. Antes de que pudiera contraatacar, moví la muñeca y Inuyasha pegó los brazos a su cuerpo, paralizado, con los dedos juntos. Inclinó la cabeza hacia atrás de modo antinatural, extendiendo la garganta. Exponiéndola.
Hojo corrió hasta el pasillo mientras los gritos de la bruja se volvían ahogados… desesperados.
-Hojo -dije bruscamente-. Un arma.
Él corrió y me entregó el Balisarda de Inuyasha. La bruja se resistió más contra el hechizo que la ataba; el miedo por fin invadía sus ojos odiosos… pero resistí. Alcé el cuchillo contra su garganta y respiré hondo. ella movía los ojos desorbitados.
-Te veré en el infierno -susurré.
Flexioné la mano y los cuerpos de la bruja y de Inuyasha cayeron mientras el patrón desaparecía. La daga hirió su garganta cuando ella cayó y su sangre brotó, cálida y espesa, sobre mi brazo. Dejó de sacudirse en cuestión de segundos.
Asesina de brujas.
-:-
El silencio en la habitación era ensordecedor.
Miré el cadáver de la bruja mientras la Balisarda colgaba inerte a mi lado, observé la sangre que formaba un charco a mis pies.
Cubrió mis botas y manchó el borde de mi vestido. El sonido de la batalla del exterior había desaparecido. No sabía quién había ganado. No me importaba.
-Hojo -dijo Inuyasha con calma mortal. Me estremecí ante el sonido de su voz. Por favor, dios. Si puedes oírme, hazlo entender. Fuera lo que fuera que Hojo estuviera viendo en el rostro de Inuyasha, hizo que abriera mucho los ojos, y no me atreví a mirar-. Vete de aquí.
Hojo me miró y supliqué sin palabras que no se fuera. Él asintió, enderezando la espalda y avanzando hacia Inuyasha.
-Creo que debería quedarme.
-Vete. De. Aquí.
-Inuyasha…
- ¡VETE DE AQUÍ!
Me giré, las lágrimas rodaban por mis mejillas.
- ¡No le hables así!
Los ojos de Inuyasha chispeaban de furia y cerró los puños.
-Pareces haber olvidado quién soy, Kagome. Soy el capitán de los Chasseurs. Le hablaré como quiera. Hojo retrocedió veloz hasta el pasillo.
-Estaré aquí afuera, Kag. Lo prometo.
Una oleada de desesperanza me invadió cuando se marchó. Sentí los ojos de Inuyasha ardiendo en mi piel, no podía mirarlo de nuevo. No podía ver el odio que encontraría en sus ojos… porque una vez que lo hiciera, sería real. Y no podía ser real. Era imposible.
Él me quería.
El silencio se prolongó entre los dos. Incapaz de soportarlo, alcé la vista. Sus ojos dorados, que habían sido hermosos como el atardecer, eran llamas vivientes.
-Por favor, di algo -susurré. Él apretó la mandíbula.
-No tengo nadada que decirte.
-Aún soy yo, Inuyasha…
Él sacudió la cabeza velozmente.
-No. Eres una bruja.
Más lágrimas rodaron por mi rostro mientras hacía un esfuerzo para ordenar mis ideas. Había tanto que quería decir, tanto que necesitaba decirle… pero no podía concentrarme en nada más que en su odio, en el modo en que curvaba el labio como si yo fuera algo repulsivo. Cerré los ojos ante la imagen, mi mentón temblaba de nuevo.
-Quería contártelo -comencé a decir en voz baja.
-Entonces, ¿por qué no lo hiciste?
-Porque… no quería perderte. -Aún con los ojos cerrados, extendí hacia él su Balisarda. Una ofrenda-. Te quiero, Inuyasha.
Él resopló y me arrebató el cuchillo de la mano.
-Me quieres. Como si alguien como tú fuera capaz de querer. El arzobispo nos dijo que las brujas eran astutas. Nos dijo que eran crueles. Pero caí en sus trucos al igual que él. -Un sonido furioso y antinatural desgarró su garganta-. La bruja dijo que tu madre te esperaba. Es ella, ¿verdad? Tsubaki le Blanc. Eres… eres la hija de la Dame des Sorcieres. Lo que significa que… -Esta vez, fue un sonido angustiante, crudo, cargado de incredulidad, como si lo hubieran apuñalado en el corazón sin previo aviso. No abrí los ojos para ver cómo lo comprendía. No podía soportar ver la última pieza encajar-. La historia de las brujas era cierta, ¿no? El espectáculo. El arzobispo…
Dejo de hablar abruptamente y el silencio reinó otra vez. Sentí sus ojos en mí como un hierro candente, pero no abrí los míos.
-No sé cómo no lo he notado antes, -Ahora su voz era gélida-. Su interés inusual en tu bienestar, que se negara a castigarte por tu rebeldía, el modo en que me obligó a casarme contigo. Todo tiene sentido. Incluso os parecéis.
No quería que fuera cierto. Lo deseaba con cada fragmento de mi corazón roto. Mis lágrimas caían abundantes y rápidas, un torrente de tristeza que Inuyasha ignoró.
-Y yo aquí: abriendo mi corazón estúpido ante ti. -subió el volumen de la voz con cada palabra-. Caí de lleno en tu trampa. Necesitabas dónde esconderte, ¿no? Pensabas que los Chasseurs te protegerían. Pensabas que yo te protegería. Me… -Su respiración se volvió entrecortada-. Me has usado.
La verdad de sus palabras fue un puñal en mi corazón. Por un segundo, vi el destello de miseria y dolor debajo de su furia, pero luego desapareció bajo el odio.
Un odio que parecía más fuerte que el amor.
No es cierto -susurré-. Tal vez, al principio… pero algo cambió, Inuyasha. Por favor, debes creerme…
- ¿Qué se supone que debo hacer, Kag? -Sacudió las manos en el aire mientras su voz se convertía en un rugido-. ¡Soy un Chasseur! Hice un juramento para cazar brujas… ¡para cazarte! ¿Cómo has podido hacerme esto?
Me estremecí otra vez y retrocedí hasta que mis piernas se toparon con la cama.
-También hiciste una promesa ante mí. Eres mi esposo y yo soy tu esposa.
Sus manos cayeron junto a su cuerpo. Derrotado. Una chispa de esperanza ardió en mi pecho. Pero luego cerró los ojos, pareció derrumbarse, y cuando los abrió de nuevo, carecían de emoción. Vacíos. Muertos.
-No eres mi esposa.
Los restos de mi corazón se hicieron añicos.
Presioné una mano contra mi boca intentando reprimir mis sollozos. Las lágrimas nublaban mi visión. Inuyasha no se movió cuando pasé corriendo a su lado, no intentó atraparme mientras tropezaba en la puerta. Caí sobre mis manos y rodillas afuera.
Hojo me rodeó con sus brazos.
- ¿Estás herida?
Me aparté de él con rapidez y me puse de pie con torpeza.
-Lo siento, Hojo. Lo siento mucho.
Luego, comencé a correr… Corrí lo más rápido que me permitía mi cuerpo roto. Hojo me llamaba, pero lo ignoré y bajé a toda velocidad las escaleras. Desesperada por poner la mayor distancia posible entre Inuyasha y yo.
No me ruegues que te deje, y que me aparte de ti. Sus palabras me apuñalaban a cada paso. Donde quieras que tú fueres, iré yo; y donde quiera que vivieres, viviré.
No permitiré que te hagas daño de nuevo, Kag. Te protegeré. Todo irá bien.
Te quiero, Kag.
No eres mi esposa.
Corrí hacia el vestíbulo, agitada. Pasé junto al rosetón destruido. Juntos a los cadáveres de las brujas. Junto a los Chasseurs. Nadie se interpuso en mi camino. Si Dios estaba allí, si me observaba, se apiadó de mí, tampoco estaba el arzobispo.
No eres mi esposa.
No eres mi esposa.
No eres mi esposa.
Atravesé corriendo las puertas abiertas y me dirigí a ciegas a la calle. El atardecer brillaba demasiado en mis ojos doloridos. Bajé con torpeza los escalones de la iglesia, con la mirada borrosa, antes de tomar la calle hacia el Soleil et Lune.
Podía lograrlo. Podía refugiarme allí una última vez.
Una mano pálida apareció a mis espaldas y sujetó mi cuello.
Intenté girarme, pero una tercera jeringa apuñalo mi garganta. Me resistí débilmente a mi captor, pero el frío ya corría mi columna.
La oscuridad llegó rápido. Parpadeé mientras caía hacia delante, pero unos brazos pálidos y delgados me sostuvieron.
-Hola, cariño -canturreó una voz familiar en mi oído. El cabello blanco como la luna cayó sobre mi hombro. Vi destellos dorados y la cicatriz en mi garganta se frunció con un estallido de dolor. El comienzo del fin. El patrón de vida del revés.
Nunca más nunca más nunca más.
-Es hora de ir a casa.
Esta vez, le di la bienvenida al olvido.
Continuara…
Pd: gracias por sus comentarios x)
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