Entre Líneas

Capítulo 29

No es lo mismo… pero casi.

Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, esta historia es de mi total autoría no está permitida su publicación en otros sitios sin previa autorización. -Azulen-

Summary: ¿Qué harías si pudieras volver a empezar? Sasuke despierta de un largo sueño a punto de tomar una decisión que podría cambiar el destino de todos. SasuSaku. Fluff Romance. Lemmon.

•••

-Hmm…-murmuró Sakura mientras sorbía el caldo caliente con los ojos medio cerrados, bueno, no es que fuera un festín, pero en ese momento el ramen le sabía casi a gloria.

Sasuke la observaba desde el rincón más cercano de la carpa, de pie, con las manos en los bolsillos y ese aire suyo de persona dura e inalterable como un muro.

-Lo siento, no es lo más saludable…- dijo con tono neutro- pero fue lo único que pude encontrar.

-No me quejo- replicó ella dejando escapar un suspiro cansado y una risilla ligera- el ramen instantáneo se vuelve todo un manjar cuando no pruebas bocado desde el desayuno.

De fondo, se oía el quejido del viento golpeando la lona floja de la estructura en la que se había tomado una pausa de su enorme responsabilidad y más lejos, las voces apagadas de los heridos que no dormían ni con sedantes, el ambiente aún olía a metal, a ceniza húmeda y antiséptico pero con el nuevo día Konoha comenzaba a levantar la cabeza rápidamente como dictaba la voluntad de fuego que le caracterizaba.

Las bombas habían hecho estragos en la aldea, la zona central era un campo llano de polvo negro, el norte y el sur junto a todo el distrito Uchiha ya ni existían, el este había sido alcanzado por el incendio del centro y el oeste había resistido por puro milagro con daños menores y secuelas de uno que otro incendio controlado a tiempo.

Sakura estiró las piernas con pereza, dejó el vaso de cartón vacío a un costado y revisó la hora en su teléfono, la pantalla se había roto durante su pelea con Sasori, gimió exasperada ganándose una mirada curiosa de Sasuke, como mínimo la memoria se había salvado.

-Son las once- murmuró, casi como quien piensa en voz alta- Cierto… Sasuke-kun ¿Dónde dormiste anoche? Desapareciste por completo ¿Dónde planeas dormir hoy? ¿No estarás durmiendo en la calle no?

Sasuke tardó un segundo en responder, como si aún procesara el día entero antes de soltar palabras.

-N-no, estuve con mi madre vigilando la carpa médica donde está mi padre- explicó sin expresión- y también Izumi dijo que ella, los niños e Itachi se irán a la finca de su abuela paterna que está fuera de la aldea, no le pasó nada, mi madre quiere quedarse con mi padre hasta que le den el alta, después… dicen que irán temporalmente a la mansión Hokage y yo… veré si me quedo con ellos o busco algo por el oeste, un piso que esté cerca de tu casa- suspiró sus ojos negros le observaron con un atisbo de cansancio.

Sakura lo miró con ternura, de esa que nace sola cuando ya no se tiene energía para las máscaras, se inclinó un poco hacia él y le peinó el flequillo con los dedos, ese gesto simple, íntimo, como si él siempre hubiera estado ahí, como si su mundo no se hubiese puesto de cabeza de un día para el otro.

-Oye… no hace falta que busques nada- dijo con suavidad- Puedes quedarte en mi casa, sería raro que no lo hicieras, no sufrió muchos daños y es una estructura estable, puedes quedarte hasta que reconstruyan el distrito Uchiha, también está cerca del cuartel.

Sasuke ladeó el rostro apenas, frunciendo el ceño, confundido por lo fácil que ella lo decía todo.
-¿No te importa?- preguntó con la voz un poco más baja- Yo… bueno… ya sabes.

-Sasuke-kun siempre es Sasuke-kun- respondió ella sin dudar, con una sonrisa de esas que le desarmaban- Yo voy a cuidar de mi novio en todas sus versiones y más a su versión ancianita que dice tener veinte años- agregó con una risilla- no te creo nada- le mostró la punta de la lengua con aire travieso.

Él parpadeó despacio, algo se ablandó en su expresión, aunque no perdió ese toque de reserva tan suyo, compuso una de esas sonrisas raras y sinceras que pocas veces el mundo podía ver pensando en lo mucho que ella se parecía a su Sakura cuando se ponía así de dulce, sin filtro, sin vueltas.

-Entonces… te veré en casa…-dijo, girando hacia la salida- no te quedes trabajando toda la noche, recuerda descansar- su voz fue baja y aparentemente sin emociones pero aún así su preocupación le hizo sonreír.

-Tu tampoco te quedes dando vueltas por aquí- le recordó ella, ya de pie- Si puedes, échales un ojo a mis padres y trata de tranquilizarlos si se ven muy alterados…. Uhm Sasuke-kun, se amable con ellos… ¿Sí? bueno, ya sé que lo serás- habló rápidamente con nerviosismo- pero también intenta hablar con más confianza, Sasuke-kun y mis padres se llevan muy bien, no quiero que mi madre empiece a sospechar… solo, no alteremos demasiado la vida de mi novio ¿sí?- rio.

Él asintió.

-Entiendo… uhm… nos vemos, Sakura…

¿Por qué le ardía tanto la cara?

•••

El viento helado se coló sin pedir permiso bajo la tela ligera de su sudadera negra, arrancándole un estremecimiento que le subió por la espalda como un escalofrío involuntario, sintió frío, un frío real, no el tipo que proviene de una técnica o un campo de batalla, sino ese que se siente cuando uno empieza a bajar la guardia, pensó con cierta culpa que la comodidad de ese mundo lo estaba ablandando.

Había pasado por condiciones mucho peores en su vida, infiernos que no se parecían en nada a este caos amable, un caos mil veces mejor que las ratoneras que Orochimaru llamaba guaridas, de hecho, con las prisas ni siquiera se había dado cuenta de que llevaba más de un día sin ducharse, la misma ropa colgando de su cuerpo desde la pelea con Deidara, manchada, rasgada en los bordes y con olor a humo viejo, aun así, por alguna razón, todo eso parecía menos importante.

Alzó la vista, el cielo, despejado por primera vez en días, lo sorprendió con una manta estrellada tan clara que por un instante le recordó su infancia, una noche como esa, tumbado en el tejado de una casa que otra vez, ya no existía.

Pero esta vez… esta vez, el clan Uchiha volvería a levantarse entre sus cenizas.

Una sonrisa pequeña con una mezcla de alivio y esperanza, se dibujó en sus labios.

-¡Sasuke! ¿Qué haces ahí parado, hijo?

La voz fuerte y risueña lo hizo voltear sobre el hombro sin sobresaltarse, ya no le sorprendía.

-Tío Teyaki- saludó con una leve sonrisa de esas que salían solas con él.

-¿Por qué holgazaneas? Voy a decirle a tu madre ¿eh? Aquí nos faltan manos y tu ahí de pie como si nada- le picó el costado con el codo de buen humor y señaló una pila de tablas a su derecha- Ayúdame con eso, no hay tiempo que perder.

Sasuke lo miró por un momento, a punto de decir que no, que tenía que ir a hablar con sus padres, contarles que se quedaría en casa de Sakura... Pero se detuvo.

¿Tenía que hacer eso?

El pensamiento lo atravesó con extrañeza, no sabía cómo comportarse con sus propios padres, no estos… no en este mundo, realmente había olvidado como se sentía tener una familia.

-¿Sasuke?- la enorme mano de su tío se movió frente a su cara, como espantando un pensamiento- ¿Estás aquí?

-S-sí- asintió, sacudiéndose la cabeza- Lo siento, iré a ver a mi padre luego de llevar esto.

Teyaki lo miró con un matiz de curiosidad, pero no insistió.

-Vaya… sí que estás preocupado por Fugaku ¿eh? Te noto diferente…no estés triste, Sasuke-chan- le dio un apretón cariñoso en el hombro- saldremos de esto, todos juntos.

Saldremos de esto.

Tres palabras sencillas.

Pequeñas, pero dichas con la naturalidad que solo tienen quienes creen en los lazos, palabras que quizás, en su infancia, lo habrían cambiado todo, porque a veces, basta una sola persona… una sola… para cambiar un destino.

Se agachó y tomó las tablas, le pesaron más de lo esperado, claro, ese cuerpo no era exactamente como el suyo así que canalizó chakra hacia los brazos, afortunadamente el control de chakra era algo más de fortaleza mental que física, tal como Sakura le había enseñado, un truco que mejoraba su taijutsu y que antes le había parecido de lo más lógico, casi sin esfuerzo, levantó toda la pila de una sola vez.

-¡Con esa fuerza me das ganas de haber sido shinobi!- rió Teyaki, sorprendido- Pero estos huesos ya no están para eso- bromeó, haciéndolo sonreír por reflejo.

Una risa corta, pero sincera, se le escapó sin darse cuenta.

-Eso está mejor- le revolvió el cabello con la mano grande y callosa- Ánimo, hijo ¿Cómo está Fugaku? ¿Y mi hermana?

-Están bien, papá está mejorando rápido porque Sakura… está haciendo un gran trabajo.

-¡Oh, Sakura-chan! Entonces está en muy buenas manos- dijo con una sonrisa amplia- Debes sentirte afortunado con una novia así ¿eh? ¡Es una buena chica!

Sasuke levantó una ceja.

-Lo es…

-¡Claro que sí!- estalló en una carcajada, llevándose la mano al estómago- Recuerdo como si fuera ayer cuando pasabas por la panadería a pedir paletas de fresa para dárselas, Uruchi siempre dijo que tu método era infalible, un pequeño galán.

-Hn.

-Déjalas aquí- le señaló un rincón bajo una lona-Me dijo Itachi que comandarás la policía.

Asintió.

Teyaki se acercó y le sacudió el aserrín del hombro, como quien limpia a un hijo antes de una ceremonia.

-¿Nervioso?

-No… está todo bien.

-Buena respuesta- rió otra vez, con ese tono cálido que recordaba- Lo harás bien.

Le revolvió el cabello otra vez, sin pudor, con esa ternura que le pellizcaba el pecho, sus tíos siempre habían sido buenos con él… y en este mundo, eran incluso mejores al parecer, pues habían compartido mucho más tiempo, muchas más vivencias.

-Anda, ve a descansar, mañana te espera un gran día así que ánimo, Sasuke-chan, dale mis saludos a la pequeña Sakura- se despidió con una gran sonrisa.

Y de pronto, entendió lo que Itachi quiso decir aquella vez, medio en broma, medio en serio.

El Sasuke de este mundo es un niño mimado.

Y tenía razón.

Porque en un solo día, él había recibido más afecto familiar del que recordaba en toda su vida.

•••

-Mamá- saludó con voz baja y grave para no despertar a su padre, apenas un murmullo que se deshizo con el ruido de la carpa al abrirse.

Entró con pasos sigilosos, como quien no quiere interrumpir algo sagrado pues su madre dormía sentada en un sillón hinchable con una manta cruzada a la altura del pecho, se sobresaltó con el sonido de su voz, despertando de golpe.

-¡Dios!- exclamó con voz contenida llevándose la mano al pecho- Cielo, no me des esos sustos- se quejó con dulzura, en ese tono tan de madre que parecía ser exclusivo del idioma de Mikoto Uchiha.

Sasuke bajó la mirada con cierta vergüenza y se sentó a su lado, hundiéndose ligeramente en el improvisado sillón que ella seguramente había traído con la intención de dormir cerca de Fugaku, estaba claro que llevaba ahí más tiempo del que admitía, sus ojos tenían ojeras marcadas, y su cabello recogido en un moño descuidado distaba de la apariencia pulcra que había visto al llegar.

Para su incomodidad y quizá para su secreto alivio ella no tardó en rodearlo con los brazos, atrayéndolo hacia sí con ternura maternal, como si aún tuviera ocho años y no fuera ya un hombre curtido por la guerra, la pérdida y el dolor.

-¿Tienes frío?- preguntó mientras pasaba los dedos por su cabello suelto, enredado por la batalla y por la falta de costumbre- Estás helado, cielo, puedes dormir tú en el sillón, yo me quedaré con tu padre en el futon.

Él no respondió de inmediato, solo sintió sus manos acariciar sus mechones como si quisiera desenredar también sus pensamientos, era curioso lo fácil que se deshacía su armadura cuando ella hablaba así, tan suavemente, como si el mundo no se estuviera desmoronando allá afuera, le daba una sensación de seguridad familiar y al mismo tiempo desconocida, el remanente de una emoción empolvada en algún lugar de su corazón.

-Me quedaré con Sakura- dijo al fin, como quien toma una decisión sin estar muy seguro.

Mikoto sonrió, pero en su mirada había algo más, tristeza, quizás… culpa.

-Está bien- dijo con dulzura- Mucho mejor, aquí estarás muy incómodo…

¿Lo decía en serio? ¿O era sólo una manera elegante de dejarlo ir?

Frunció el ceño, confundido ¿Era condescendencia lo que se asomaba en sus palabras? ¿Le estaba hablando como a un extraño? ¿O simplemente como a un hijo al que no quería incomodar?

Sin pensarlo demasiado, se dejó caer sobre su regazo, la cabeza apoyada en sus piernas, el rostro oculto entre los pliegues de su manta, se permitió aunque sólo fuera por un momento ser el niño que nunca tuvo oportunidad de ser, el niño que necesitaba una madre, la que él había perdido mucho antes de que ella muriera.

-Mamá… -susurró- ¿Vas a odiarme si el Sasuke que conoces nunca regresa?

El silencio que le respondió fue largo, pero no incómodo, Mikoto le acarició el hombro con ternura, luego suspiró con resignación.

-Claro que no… -dijo al fin- Más bien, desearía poder tenerlos a ambos conmigo, se llevarían muy bien… como si fueran gemelos…

Rió con suavidad, como si la idea fuera absurda, pero también, de algún modo, bella.

-Pero me temo que eso no será posible… ¿verdad?- completó.

-No lo creo…

-Entonces voy a consentir un poco a mi hijo perdido mientras tenga la suerte de tenerlo conmigo.

Él alzó la vista y la vio sonreírle con los ojos vidriosos, sintió una punzada en el pecho, quiso memorizarla, realmente quiso guardar en su mente cada pestaña, cada línea de su rostro, como si supiera, aunque no quisiera aceptarlo, que tal vez algún día no volvería a verla jamás.

Otra vez.

-Gracias… -susurró, incorporándose con lentitud.

Vaciló y luego preguntó, con la voz cargada de una vulnerabilidad que se le antojó vergonzosa e infantil.

-¿Puedes… hablarme un poco sobre mí? Digo… sobre mi versión en este mundo, Sakura me ha pedido no alterar nada, y no estoy seguro de cómo es mi relación con sus padres…

Mikoto rió suavemente, divertida por la torpeza de su pregunta.

-Es complicado de explicar- dijo- Pero como madre reconozco que eres un poco más… distante, te llevas muy bien con Kizashi y Mebuki, son muy cercanos a nuestra familia- sonrió.

Sasuke frunció apenas los labios.

-Sasuke-chan es un chico muy bueno- continuó ella- Algo callado, bastante reservado… en eso se parecen, pero con la familia y sus amigos siempre ha sido… más risueño…

Sonrió con ternura y le pellizcó la mejilla con la confianza que sólo una madre se permite.

-Eres gentil, como él, pero necesitas sonreír un poco más, tienes una sonrisa preciosa porque yo te la heredé- bromeó risueña- también eres muy cariñoso con Sakura así que trátala bien ¿Sí? No hagas que se sienta triste o no querrá casarse contigo- suspiro preocupada.

Sin querer él dejó escapar una pequeña risa, breve y nasal, más por vergüenza que por diversión y giró su rostro sonrojado en un pobre intento por ocultar el rubor de sus mejillas.

-Supongo que te relajarás con el pasar de los días- añadió Mikoto, con los ojos negros brillando de confianza.

Más risueño.

Por supuesto.

Era una versión de sí mismo que no había tenido que cargar con tanto, una versión que no arrastraba el peso de un linaje aniquilado, ni el odio acumulado, ni la culpa heredada, una versión libre y feliz… que nunca vio a sus padres morir, que no asesinó a su hermano, que no asesinó al amor de su vida, que no estuvo en prisión y que no era tratado como una escoria.

¿Podría él llegar a ser así?

¿Podría este mundo con su calor, su desorden y su afecto familiar reparar esa parte rota que había llevado tanto tiempo ignorando?

¿Podría sanar lo suficiente como para convertirse en un mejor hombre para Sakura?

No respondió, pero una idea cálida, levemente esperanzadora, se encendió en su pecho.

Tal vez, sólo tal vez… sí.

•••

¿Y ahora qué?

Las luces de la casa estaban apagadas, todo silencio, ni una sombra, ni un suspiro, se sintió extraño estando de pie fuera de la casa.

Miró la fachada con el ceño levemente fruncido ¿No había nadie? ¿Estaban durmiendo?

Claro, deseó palmearse la frente, eran las dos de la madrugada.

¿Sakura ya habría llegado?

Se quedó pensativo por un segundo, luego dio un leve salto y aterrizó suavemente en el balcón, se disculpó internamente por la intromisión mientras deslizaba la puerta de cristal, que como esperaba, no estaba cerrada con llave, Sakura y su manía de dejar todo abierto… incluso en otras dimensiones, pensó, negando con resignación y una pizca de ternura.

Sus ojos oscuros y agudos recorrieron con rapidez la sala.

Todo estaba en su sitio, salvo por algunos cojines fuera de lugar y una taza vacía sobre la mesa baja, pero Sakura no estaba allí.

Se quedó en silencio, afinando el oído, el ambiente estaba completamente desprovisto de presencia humana.

¿Y sus padres? ¿Dónde estarían? En los últimos dos días había tenido la oportunidad de cultivar una relación más cercana con su madre, bastante útil considerando que se sentía un poco más confiado moviéndose en ese mundo, ahora tenía una vaga idea de cómo tratar con sus suegros pero los había visto aún y por un momento, el pensamiento inquietante de que algo les hubiese pasado cruzó su mente, Sakura le había dicho que no se preocupara por ellos solo que los tranquilizara si estaban alterados por todo lo que había pasado, eso implicaba que ya había hablado con ellos ¿no?

Justo entonces, como si la casa respondiera a su pensamiento, escuchó el leve chirrido de la puerta principal al cerrarse con cuidado, luego una voz familiar ascendió desde el piso de abajo.

-¿Sakura? ¿Sasuke-kun? ¿Están en casa?

Era Kizashi, la voz cálida y risueña como recordaba, lo siguiente que oyó fueron pasos subiendo las escaleras sin ninguna prisa.

Sasuke se quedó inmóvil, como si le hubieran congelado en mitad de la habitación, sin saber por qué se sentía tan repentinamente nervioso ¿Qué tenía de raro? ¿Por qué le latía tan fuerte el corazón?

Tres suaves golpes en la puerta lo devolvieron a la realidad.

-¿Están presentables?- bromeó del otro lado- ¡Voy a entrar!- canturreó.

Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió.

-¡Sasuke-kun!- exclamó Kizashi, sorprendido al verlo de pie, despeinado y con la ropa sucia- pero di que estás aquí dentro, muchacho- rio- uff eres un desastre, necesitas una ducha urgente.

Sus ojos azules lo escanearon de arriba abajo con una mezcla de preocupación y genuina simpatía.

-Sakura debe tener algo tuyo por aquí… Me dijo Mikoto que su casa quedó destrozada y que pudieron salvar muy poco, siéntate un rato estarás cansado, voy a buscarte algo.

Entró como si fuera su propia habitación y comenzó a rebuscar en el armario con total naturalidad, Sasuke lo observó sin moverse mientras él sacaba una chaqueta, un par de camisetas, pantalones… incluso ropa interior, todo acabó en una pila desordenada sobre la cama.

Era caótico, sí, pero también reconfortante, cada movimiento de Kizashi estaba lleno de esa despreocupada calidez suya.

-¿Ves? Te lo dije- rió- Ella siempre se está robando tu ropa pero ¡Qué suerte tienes!- añadió dándole unas palmadas en el hombro- ¿Qué pasa, Sasuke-kun? Te ves apagado ¿Es por tu padre? ¿Está bien?

El tono se volvió más suave, comprensivo y familiar.

Asintió con suavidad.

Era la misma aura paternal que recordaba del Kizashi de su mundo, o había cambiado ni un poco y aun así, lo desconcertaba que lo tratara con tanto cariño, como si realmente le conociera de toda la vida, solo que de hecho en este mundo el sí le conocía de toda la vida.

-¡Sasuke-kun!- la voz de Mebuki se coló por la puerta segundos antes que ella- Pareces un vagabundo- dijo sin preámbulos, aunque el tono severo se diluyó rápido en una mirada preocupada- Ve a ducharte, cielo ¿Has comido algo?

Sasuke negó con la cabeza.

-Vale, prepararé algo para que cenen, Sakura me ha mandado un mensaje, dice que no tarda en volver así que date una ducha y luego baja- añadió, dándole una palmadita en el brazo- oh, cierto, te dejaste el móvil y las llaves en el sillón- dejó ambas cosas sobre la cama con delicadeza y asintió.

Ella ya no era la suegra distante y reservada que él recordaba, no quedaba rastro de su distancia ni su juicio, solo veía a una mujer cálida, maternal, llena de años de confianza con él, le hablaba como si fuera su hijo.

-Vamos, cariño- le dijo a Kizashi con una sonrisa- Déjalo descansar, se le nota decaído.

Mebuki volvió la vista hacia Sasuke una vez más.

- Voy a preparar tu favorito para animarte ¿sí?- arrugó un poco la nariz al sonreírle amablemente, un gesto que también solía tener Sakura- ¿Estás seguro de que te encuentras bien, Sasuke-kun?

Sus ojos verdes, muy parecidos a los de Sakura, se fijaron en él con ternura, él les regaló una pequeña sonrisa cansada pero sincera y tranquilizadora.

-Estoy bien… solo ha sido un día largo- respondió con voz baja.

Ellos asintieron, conformes y se despidieron con una última mirada antes de desaparecer escaleras abajo, a lo lejos alcanzó a oír cómo hablaban entre ellos sobre el desastre en la aldea, intercambiando impresiones con una cercanía natural, doméstica.

Sasuke se quedó quieto un instante más, mirando la ropa sobre la cama, el cuarto en penumbra, las paredes silenciosas que parecían haberlo acogido sin juicio, el rastro de calidez que sus suegros habían dejado atrás flotaba en el aire, impregnado en los pequeños detalles, el orden familiar, el aroma tenue de lavanda y madera, la sensación de pertenencia que aún lo desconcertaba.

No pudo resistirlo.

Con movimientos suaves y meticulosos, comenzó a doblar la ropa que yacía desordenada sobre el colchón, una a una, las prendas fueron tomando forma entre sus manos, las colocó con cuidado en una esquina vacía del armario, el desorden aunque cálido, le producía una incomodidad que no podía ignorar así que terminó el ritual con una camiseta gris y unos pantalones de tela suave, los dejó sobre la cama y suspiró, satisfecho con su elección de pijama.

Entró al baño en silencio, cerrando la puerta tras de sí con un clic discreto, mientras se desvestía, una leve incomodidad le recorrió la espalda, mentalmente era la primera vez que estaba allí, sí, pero todo le hablaba de intimidad, como el vaso del lavamanos, dos cepillos de dientes: uno rosa, uno azul, uno suyo, sin dudas, las evidencias físicas de una cotidianidad que aún no sentía como propia, pero que en ese momento empezaban a atraerlo con una fuerza tibia y seductora.

El agua caliente cayó sobre su cuerpo como un suspiro prolongado.

Su piel, tensa y endurecida por la batalla, comenzó a ceder bajo la caricia constante del agua, sintió cómo el calor le aflojaba los músculos, le borraba el cansancio de los hombros, se inclinó, dejando que el agua empapara su cabello largo y enmarañado, que ahora le caía por la cara en mechones pesados. Maldijo en voz baja mientras intentaba desenredarlo.

Lo cortaré mañana, pensó con decisión sin importarle si al otro Sasuke le gustaba de esa forma, él lo estaba odiando.

Mientras el agua se deslizaba por su espalda, llevándose consigo la suciedad, el sudor, los rastros de un día demasiado largo, se permitió sentir, por primera vez en mucho tiempo y no era solo cansancio físico.

Era algo más, como una calidez que se le estaba colando por los poros.

Pensó en la diferencia abismal entre ese mundo y el suyo, pensó en su hogar con Sakura, en la paz que había estado construyendo junto a ella, en cómo lo llenaba... pero también en lo mucho que había perdido desde que era un niño, esta versión de su vida le ofrecía algo que ni siquiera sabía que seguía anhelando, su familia, un hogar completo, abrazos que no nacían de la costumbre, sino del amor.

Era... abrumador.

Una emoción sutil pero potente le apretó el pecho, ese calor, ese cariño tan palpable, estaba llenando una parte rota que había aprendido a ignorar.

Y entonces la sintió.

Dos manos delicadas rodearon su torso por la espalda, en un abrazo repentino y el aliento se le detuvo, la piel de unos senos cálidos y suaves se pegó a su espalda mojada y reconoció su olor antes de escuchar su voz.

-No te gires…- susurró Sakura, su aliento cálido contra su piel- Solo… quédate así un momento… me siento sola… te necesito…

No había exigencia en su tono, solo vulnerabilidad, un ruego frágil, tan intimo y sincero que le hizo tambalear.

Cerró los ojos e inspiró con lentitud embriagándose de su aroma impregnado en cada centímetro del baño.

"Sé bueno con Sakura, o no querrá casarse contigo"

La voz de su madre resonó en su mente con suavidad maternal.

Con lentitud, llevó sus manos hacia las de ella, entrelazándolas con delicadeza, las acarició con los pulgares, sintiendo el leve temblor de sus dedos, Sakura suspiró contra su espalda y lo abrazó más fuerte, como si su cuerpo hubiese estado esperando ese gesto durante todo ese tiempo, sintió un sollozo suave y discreto ahogado en la piel de su espalda, su rostro se apoyó en su omóplato y él sintió cómo sus labios dejaban pequeños besos cálidos y húmedos sobre su piel.

El corazón le latía con fuerza y podía sentir también el corazón de ella, pulsando en sincronía contra su espalda.

Sakura deslizó una mano hacia su mejilla, haciéndole girarse despacio hacia ella, sus ojos jade se encontraron con los negros de él y la electricidad suave que crepitaba en el aire se volvió irresistible, lo besó, no con ese deseo arrebatador del día anterior, sino con ternura infinita, un beso lento y puro que le hablaba de amor verdadero, del tiempo compartido, de lo que eran ellos dos.

Era su Sakura, no cabía duda y por un momento, se preguntó si acaso se habían intercambiado de lugar ellas también y la había recuperado, porque ese beso… ese beso sabía a hogar y le llenó de la ilusión de poder tenerlo todo, de poder quedarse ahí con su familia y con el amor de su vida, sentía a flor de piel el sentimiento egoísta de querer fusionar ambos mundos, borrar sus errores con sus besos y que sus caricias purifiquen su alma mortificada.

Sin darse cuenta, comenzó a corresponderle, primero con contención y ligera resistencia, luego con hambre de su afecto, sus manos encontraron la cintura de ella con la seguridad de alguien que conoce cada centímetro de un cuerpo y Sakura le abrazó con más fuerza, girando hacia él del todo acorralándole contra la esquina de la ducha, como si con ese gesto pudiera asegurarse de que no escaparía de ella nunca más, enredó las manos tras su nuca profundizando el contacto de sus labios, su lengua se encontró con la suya en medio de un suspiro aliviado.

Ella era necesaria como el aire para él.

La intensidad del beso creció pero no había lujuria solo necesidad, un deseo dulce y desesperado de fundirse con alguien que lo comprendía, como si ese cuerpo tan habituado al contacto de ella se lo estuviera exigiendo.

El aroma de Sakura lo envolvió, lo saturó, le nubló los pensamientos y cuando quiso darse cuenta, ella ya se había subido a sus caderas con naturalidad, abrazándole con las piernas, repartía besos por su cuello con lentitud, como si degustara cada parte de él, como si necesitara memorizarlo de nuevo y él se estremecía con cada caricia de su boca, suspiros lentos deslizándose entre sus labios, resoplando sobre su piel nívea.

El agua seguía cayendo, como un telón que los aislaba del mundo, su labios volvieron a su encuentro y ella ahogó un gemido frotando sus caderas contra las suyas incitante, el contacto hizo arder su cuerpo en deseo y necesidad, jadeó buscando concretar lo que habían comenzado pero entonces el mundo se congeló para él cuando Sakura le paró con un suspiro apesadumbrado y descendió lentamente de sus caderas tirando de él de vuelta hacia la realidad con una sonrisa triste en su rostro, le besó dulcemente acariciando su mejilla y entonces sintió sus lagrimas rodar por su rostro.

-Extraño demasiado a Sasuke-kun…- susurró rodeándole con los brazos- pero no es correcto que hagamos esto, lo siento- suspiró- he sido yo, es culpa mía, no debí meterme aquí y hacer esto…

No era su Sakura…

Se relajó en el instante, casi sintiéndose agradecido por la dureza y frialdad de la vida shinobi que le ayudaba a calmarse en momentos tan drásticos como esos, pestañeó despejando sus pensamientos intoxicados por las hormonas.

-Por un momento creí que eras mi esposa- susurró casi culposamente- no sé… sentí… que se habían intercambiado o algo así…

-Lo sé… me he dado cuenta…- le dio una sonrisa pequeña, afligida- pero no quiero aprovecharme de eso y tampoco… quiero traicionar a Sasuke-kun otra vez, que me de unos cuantos besos con su cuerpo no le importará demasiado- rio nerviosa viéndole salir de la ducha y tomar una toalla para enredarla en su cadera- pero quizás le enfurruñe un poco si pasamos a lo otro, eso… es algo que nos tomamos muy en serio… es así como nos damos amor… ¿sabes?- bromeó un poco cerrando la cortina blanca y solo escuchó el agua correr mientras salía del baño.

Se sintió culpable.

A diferencia de Sakura, él no podía tomarse tan a la ligera el hecho de que, por un momento, habían estado a punto de hacer el amor ahí, bajo el agua, como si fueran simplemente dos personas con derecho a quererse sin condiciones, como si fueran la pareja que este mundo creía que eran.

Pero no lo eran.

Y aunque su cuerpo había respondido con una entrega casi devota, su mente... su mente no opinaba igual y lo había detenido justo antes del abismo, porque por supuesto se habría arrepentido en cuanto le mirase al ojos y se encontrara con que no era ella.

Porque no era ella.

No exactamente.

Y esa diferencia mínima, esa grieta invisible, había bastado para cortarle el aliento y apagarle los sentidos como un cubo de agua helada, por un segundo se había dejado arrastrar por la ilusión, la voz, el olor, la forma en que le había besado con tanto amor y su mente, traicionera, lo había convencido de que esa mujer desnuda, jadeando suave contra su cuello, era su esposa.

Que podía permitirse tocarla, acariciarla, amarla.

Pero no.

No era lo mismo… pero casi.

Apoyó la frente en la pared, por un momento dejando que el frío ambiente de invierno colándose por el cristal de la puerta bajara por su espalda sin ofrecerle consuelo alguno, su cuerpo ardía en deseo contenido, su respiración aún temblaba y su mente era una maraña insoportable de contradicciones.

Sintió la vergüenza prenderle fuego al rostro, el carmín se intensificó en sus mejillas cuando escuchó, apagado por el correr del agua, un pequeño gemido de placer al otro lado de la pared, uno que Sakura intentaba ahogar mordiéndose los labios, evitando ser oída mientras saciaba su propia sed.

La imagen fue fulminante, la idea de ella, sola, en la misma ducha que habían compartido segundos antes, buscándose a sí misma en la oscuridad de la frustración, le perforó el estómago.

Y lo entendía.

Porque él se sentía igual.

El deseo se le acumulaba en la garganta, se le anudaba en la base del abdomen, caliente y cruel. Pero no podía seguir adelante, no con esa Sakura, no sin confundirse más, no sin romper algo dentro de sí que aún no estaba seguro de poder recomponer, pero y si…

¿Estaría teniendo su Sakura ese firme autocontrol?

El pensamiento le atravesó sintiendo el cuerpo tenso, la piel aún húmeda y su mente volando con imágenes de su esposa y su otro yo convertidas en cuchillas, se secó con movimientos mecánicos y se vistió sin mirarse al espejo, cada roce de la tela contra su piel le resultó molesto, como si estuviera encubriendo una verdad que no quería enfrentar, con una mezcla de rabia muda y humillación, se acercó a la puerta de la habitación y echó el pestillo.

El clic seco sonó como una sentencia.

-Sakura, no salgas- pronunció, su voz dura, contenida, fría como un cristal a punto de romperse.

No sabía si lo había escuchado y tampoco se atrevió a comprobarlo.

Se sentó en el borde de la cama, el rostro entre las manos, los codos apoyados en las rodillas, el deseo aún palpitaba en sus venas, terco y feroz, y la idea de quedarse a medias lo hizo soltar una risa breve, amarga, casi patética, se sintió una mínima parte de lo que alguna vez había sido.

Qué idiota.

Qué humano.

Suspiró, resignado, el orgullo y la vergüenza no le daban tregua así que solo cerró los ojos un instante, buscando el autocontrol que se le escapaba entre los dedos como arena y se estremeció cuando deslizó sin mucho cuidado el elástico de sus pantalones de pijama y la ropa interior alcanzando una caja de pañuelos desechables.

Iba a ser una noche larga.

Una muy jodida noche larga.

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Notas de la autora:

Amo esta dualidad tortuosa de no saber lo que quieren, o saber que quieren pero no es lo correcto desde sus perspectivas, este capítulo se suponía que tenia que publicarlo el lunes! Pero a penas tuve tiempo ahora después de trabajar así que disculpen el retraso, volvemos con entrelineas y volvemos con fuerza!

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Gracias por leer!

Con cariño,

Azulen.