Capítulo 47

* * * P.V.A * * *

Hoy, una semana después de que ocurriera la violación, le he echado coraje y he decidido salir de casa para ir al trabajo. Con la universidad podía permitirme no ir, pero no al trabajo, y no puedo perderlo, así que tragándome el miedo y los traumas me he maquillado lo mejor posible para ocultar los moratones y heridas que me quedan en la cara, y he aguantado como si nada hubiera ocurrido trabajando mis cuatro horas sintiendo como si hubieran sido veinte.

Cuando salgo ya cambiada con mi ropa, siento una ansiedad enorme por volver a casa cuanto antes y sentirme segura otra vez, y es que no puedo evitar pensar que en cualquier momento alguien va a saltarme, y todo el rato creo que alguien me sigue, lo que no me deja relajarme ni un segundo.

Camino cada vez más rápido para dirigirme a la estación más cercana al supermercado, tratando de no pensar en paranoias y mantener a raya mi miedo y ansiedad, a la vez que voy viendo la entrada de la estación con alivio, pero me detengo cuando escucho a alguien nombrarme desde un coche que acaba de pararse a mi lado.

Mi terror se disipa cuando veo que es Narumi, y él finge que no nota mi miedo mientras me dice que suba para llevarme a casa. Yo trago saliva y me lo pienso un instante, entrando después sin decir nada, esperando que él sea quien hable.

-No estaba seguro de si vendrías. ¿Estás bien?

-Bueno, no puedo permitirme que me despidan. Por lo menos nadie se ha dado cuenta de lo de la cara.

-Has hecho un buen trabajo, apenas se nota. Sólo la parte del ojo.

Guardo silencio y noto como él poco después me mira de soslayo, haciendo que mi incomodidad se incremente hasta que hablo sin mirarle.

-Narumi, no tienes por qué hacer todo esto, de verdad.

-Lo hago porque quiero. No te preocupes, ¿vale?

Lo miro y asiento con una inmensa gratitud por dentro, porque lo cierto es que si él no estuviera ayudándome tanto, estaría mucho peor.

Él me sonríe levemente y pasa a agarrarme la mano más cercana a él que reposa sobre mi rodilla, haciéndolo despacio hasta ver que estoy cómoda, y le devuelvo el gesto con ganas, pues hace que me sienta mejor.

No tardamos mucho en llegar a mi barrio, y aunque insisto en que no es necesario que me deje justo a la entrada de mi bloque, él lo hace igualmente y habla cuando detiene el coche, mirándome a los ojos.

-Llámame si necesitas algo. Mañana estaré cerca del super, por si quieres que te recoja.

-Narumi, muchas gracias por todo, de verdad, pero no quiero que te conviertas en mi niñera. Tienes tu vida y yo tengo que acostumbrarme a esto. –Comento fingiendo ser fuerte, aunque en realidad me encantaría estar todo el rato acompañada.

-Hacemos un trato; tú vas sola al trabajo y yo te recojo, ¿qué me dices?

Sonrío levemente cuando dice aquello, mostrándome que como siempre hizo, es capaz aún de ver en mis ojos la verdad y lo que necesito.

Vuelvo a sonreír, esta vez con más alegría, y antes de salir del coche le doy un beso en la mejilla y acaricio el mismo lado para darle de nuevo las gracias y pasar a salir del coche después, viendo como se aleja de mi barrio antes de emprender la marcha a la entrada del bloque.

Subo las escaleras aún con esa buena sensación dentro mientras pienso en Narumi, pero en cuanto entro en el pasillo donde está mi puerta y veo parada allí a Ruka, toda esa pequeña alegría se desvanece, aunque lucho porque no se refleje en mi cara.

-Hola. –Saludo cuando estoy cerca, sacando las llaves del bolso. Ella me contempla unos instantes en silencio, y habla haciendo que mi mundo se tambaleé.

-Ese que te ha traído en coche era Narumi, ¿verdad? ¿Cómo es que estabas con él?

-Me lo he encontrado al salir del trabajo. –Digo con indiferencia, dejándola pasar al abrir.

-¿Y después de todo lo que pasó os habéis puesto a hablar así sin más?

Asiento mientras me quito las zapatillas despacio para no mirarla, y ella calla unos instantes en los que sé que está discerniendo que me ocurre algo, y cuando me pregunta si estoy bien me lo corrobora.

-Sí, sólo estoy cansada, Ruka. ¿Cómo estáis vosotros? Últimamente estamos muy ocupados todos.

-Sobre todo tú. Hace mucho que no hablas con Tamao ni le coges el teléfono, está preocupado. ¿Estás enfadada con él?

-No, es sólo que necesito tiempo para estar sola, ya sabes. No me pasa nada con vosotros.

-Oye, Airi. ¿Qué te pasa? Estás muy rara, más que los últimos días, ¿ha pasado algo? ¿Tiene que ver con Taiga?

-Ruka, estoy muy cansada. Quiero irme a dormir, por favor. –Murmuro con voz temblorosa, a la vez que lucho por no llorar a causa de la ansiedad y el miedo, pero ella se acerca despacio y me abraza sin decir nada, haciendo que no pueda evitar derramar lágrimas que ve en cuanto se separa un poco para hablarme.

-Cuéntame que ha pasado y así podré ayudarte, Airi. Somos amigas, puedes confiar en mí. ¿Qué te ha pasado en la cara?

Me alejo unos pasos para que no pueda tocarme, y siento como a cada lágrima el maquillaje empieza a correrse con fatales consecuencias, así que sin decir nada me acerco a la cocina y mojo una servilleta en el agua para empezar a desmaquillarme con cuidado, tirándola a la basura al terminar y girarme para volver a su lado, sentándome en el suelo sin atreverme a mirarla.

-Dios, Airi... ¿Qué ha pasado? –Pregunta arrodillándose frente a mí con una mueca de horror en el rostro.

Cojo aire despacio para llenarme de valor, centrando mis ojos en los suyos para hablar débilmente aguantando los sollozos, rogando como pocas veces he hecho antes.

-Tienes que jurarme que, si te cuento esto, nadie va a saberlo pase lo que pase. No puedes decírselo a Tamao, ni a Ken, ni a Genji... a nadie, Ruka, porque si mi hermano o Genji se enteran harán una locura, y está vez nadie podrá detenerlos.

Ella asiente asustada por lo que está escuchando, pero su mirada me deja claro que está siendo sincera y guardará la promesa al ver mi dolor y miedo, así que vuelvo a callar para ganar valentía, hablando despacio mientras todos los demonios y recuerdos de esa noche vuelven a mí.

-Cuando fui a casa de Genji la semana pasada al saber lo que le pasó, y me fui, unos hombres me asaltaron y me dejaron inconsciente. Me desperté atada a una estantería como en una gran nave de almacenamiento cerca del puerto. Eran 3 hombres de Kuroki para cobrarse que no hubiera cumplido mi parte del trato para con él. Me pegaron y me violaron, dejándome después allí. Cuando salí para volver a casa me encontré a Narumi, y ha estado ayudándome desde entonces. Él es el único que lo sabe.

-Dios mío, Airi... lo siento muchísimo. ¿Por qué no has ido a la policía?

-¡No puedo, Ruka! No podrán hacer nada, esa gente tiene a muchos sobornados, y encima ahora que Genji está en el sindicato y se dedica a ir dando palizas para ellos... acabaría salpicándole esto y no quiero que acabe en la cárcel tampoco.

-Lo sé, pero esa gente tiene que pagar. –Agrega con el horror, y la impotencia en la voz.

-Así están las cosas. No podemos hacer nada. No pueden enterarse ni Genji ni Tamao, Ruka. Irán a por Kuroki, irán a matarlo.

-Tranquila, no voy a decir nada, lo sé. –Me interrumpe para hablar con solemnidad, agarrándome después una mano para volver a hablar. -¿Cómo lo estás llevando? ¿Fuiste al médico?

-Narumi me llevó a uno de su confianza. Las pruebas y eso están bien, no tengo nada serio. El cuerpo se acaba curando.

-Quizás deberías ir a algún psicólogo, Airi. Es normal que no sepas gestionar eso tu sola.

-No quiero ver a nadie, Ruka. Quiero estar sola y no hablar del tema. No estoy preparada todavía.

Ella me contempla llorar, y acaba accediendo por la pena que le causo, pasando después a abrazarme con fuerza para dejar que me desahogue sobre su hombro mientras mis sollozos se hacen protagonistas en la sala, cada vez con más frecuencia y fuerza, hasta que Ruka es capaz de articular palabra y consolarme entre susurros.

-Ahora no estás sola, yo estaré contigo, Airi. Tranquila.

No puedo responderla, y simplemente me aprieto más contra ella para expresarle mi gratitud, haciendo que vuelva a hablar para decirme que lo siente cuando vuelve a captar toda la desesperación que me inunda por dentro, y creo que no podré sacar de mí, al menos no en mucho tiempo. Ojalá todo pudiera ser cambiado, ojalá pudiéramos volver al pasado.