Los personajes de H.P. no me pertenecen, yo solo los tomo prestados.

1.-

Salgo de la habitación de Hermione, saboreando la humedad de ella que aún tengo en mis dedos. Su sabor y su aroma son deliciosos y quiero dar la vuelta, regresar al cuarto y sumergir mi boca en su intimidad, que sé ahora que es a mí a quien desea.

Estoy enfermo, lo sé, por desear hacerle cosas que nunca he querido hacerle a ninguna otra mujer, a la hija de mi actual pareja.

Si Amelía se entera de lo que acabo de hacer, me cortaría los testículos. Ella tiene un carácter del demonio, es estricta y siempre necesita tener todo bajo control. Estas dos características fueron, al principio, "cualidades" que hicieron que yo quisiera pedirle una oportunidad para salir con ella, a pesar de que se negaba por la diferencia de edad. Ella tiene 38 y yo 27. La conocí un día que llegó a la agencia donde trabajo para solicitar un diseño de portada para su manual de inglés, ya que ella es profesora de esto.

Amelía es realmente hermosa a pesar de sus años. Tiene el cabello castaño como Hermione, pero es corto y liso, y le llega a los hombros. Sus ojos también son grises como los de su hija. No me fue difícil fijarme en ella; después de todo, siempre me han atraído las mujeres maduras, ya que tuve dos relaciones con mujeres mayores que yo antes de Amelía: con Ava, que tenía 20 años cuando yo tenía 16, y luego con Emily, que tenía 30 cuando yo tenía 22. No puedo explicarme cómo carajos comenzó a gustarme una chica 10 años menor que yo y que, además, es la hija de mi actual pareja, lo que la hace doblemente prohibida.

Juro que intenté que no sucediera, pero no podía dejar de pensar en cómo Hermione me había mirado y sonreído la única vez que la había visto, porque ella siempre tenía una excusa para no estar presente en casa cuando su madre intentaba presentármela.

En una conversación con Amelía, mencionó casualmente el colegio donde estudiaba su hija y yo me vi manejando después de salir del trabajo hasta el plantel.

Sus ojos me miran interrogantes mientras sale del edificio en compañía de una chica pelirroja, que debe tener su edad. Le dice algo que no escucho, obviamente por la distancia, y se devuelve adentro del colegio.

La espero, con el corazón latiendo con un sonido sordo en mi pecho. Hermione vuelve a salir unos minutos después y camina hacia mí, observándome de la misma manera que la primera vez. La saludo y miento descaradamente, diciéndole que su madre me envió a buscarla. Ella asiente, con una molestia que no entiendo al principio, pero luego reconozco como celos, lo que me hace reír, porque si supiera que no tiene ningún motivo para estar celosa.

Su boca se abre, me observa, y veo cómo sus pupilas se dilatan. Mis ojos bajan a sus labios y casi cometo una locura al separarme del coche, con la intención de acercarme a ella para robarle un beso... En vez de eso, me doy la vuelta y abro la puerta del auto para que se suba.

Una vez que ambos estamos dentro del vehículo, no sé por qué me invade la sensación de querer ser sincero con ella, así que le aclaro que fue mi decisión ir a buscarla al colegio... Que quiero que me dé la oportunidad de ser su amigo.

Me doy cuenta de que he hecho lo correcto cuando ella me sonríe. Luego de esto, le hago saber que entiendo su posición al no estar muy de acuerdo con tener un padrastro, contándole mi propia experiencia, ya que mi padre, después de la muerte de mi madre, se casó con una mujer a la que no le tenía mucho aprecio, y Hermione me sorprende, poniendo su mano en mi brazo. Me tenso por el contacto y el efecto inesperado en mi ingle. Ella frota mi brazo, lo que me relaja, y dice que no me ve como un padrastro, lo que me alegra enormemente.

El resto del camino lo hacemos en silencio, pero hubo un momento, cuando entramos en un subterráneo, que me doy cuenta de reojo que Hermione me está observando mientras se muerde el labio, cuando debería ser yo quien se lo esté mordisqueando.

Me remuevo en mi asiento, sintiendo cómo mi pene se tensa, y estiro la mano para evitar que Hermione siga haciendo ese gesto.

Ella me pregunta por qué debe dejar de hacerlo, y es obvio que no puedo decírselo, así que no le contesto. Ella gira su cabeza al frente, nuevamente molesta, y cuando llegamos a su casa, abre la puerta sin esperar a que yo me baje primero y se la abra. Pero, antes de que se baje del coche, tomo su brazo, haciendo que se detenga. Ella forcejea, pero yo no cedo.

Una lucha interna me invade, porque en verdad quiero responderle a su pregunta, ya que no me gusta la sensación de saberla molesta conmigo.

Finalmente, sigo el camino de la sinceridad y le digo que es porque no quiero hacer algo que no debo. Su rostro se ilumina y, sin esperármelo, me da un beso en la mejilla, logra soltarse de mi agarre y se baja del auto, despidiéndose luego de mí.

Yo solo me quedo ahí, tocando mi rostro, pensando en el problema en el que me acabo de meter... Y en el que me voy a seguir metiendo por lo que acabo de hacer.

Ver su mochila olvidada en el mueble, cuando me disponía a ir a la cocina a prepararme un bocadillo antes de ponerme a hacer un trabajo que había traído a casa, fue demasiada tentación para mí. Hermione y yo habíamos estado muy distanciados, al menos en lo que se podía, al compartir el mismo espacio en el coche, primero en la mañana y luego en la tarde. Yo había decidido hacer lo que le prometí; no hacer nada que dañara a su madre, y eso implicaba no buscar un acercamiento hacia Hermione. Así que no le hablaba, lo que tampoco importaba mucho porque ella también dejó de hablarme. Incluso, dejé de despedirme y saludarla con un beso en la mejilla, con el fin de marcar distancia. Pero todo esto no servía de nada cuando seguía pensando en ella, imaginándola desnuda, encima de mí, mientras tenía relaciones con Amelía.

Hermione me había dicho que no estaba celosa por haberme visto hablar con Lana, pero sabía que me mentía. Así que, con la intención de saber la verdad, me dirigí al mueble, tomé la mochila y la abrí, comenzando a buscar alguna especie de diario. Las chicas de su edad siempre llevaban uno, y Hermione no podía ser la excepción. Jamás me imaginé encontrar el poema más hermoso que nadie jamás me había escrito, porque era claro que, de la persona de quien hablaba en él, se trataba de mí.

Saber que ella me deseaba como yo la deseaba a ella nubló mi juicio, tanto como para subir hasta su habitación con todo y su mochila.

Verla ahí, de pie, al abrirme la puerta de su cuarto, me recordó que era Hermione, la hija de Amelía, mi novia. Y quise, solo devolverle el bolso e irme, pero la última frase del poema que ella me había escrito hizo eco en mi cabeza. Y en verdad quería que ella supiera que estaba equivocada, que mis ojos solo reflejaban su mirada.

No sé qué voy a hacer ahora, porque tengo claro que lo que acaba de ocurrir entre Hermione y yo marca una diferencia: ya no puedo seguir tratando de ignorar que ella me gusta, pero no quiero hacerle daño y tampoco quiero seguir haciéndoselo a Amelía, porque, aunque haya dicho que no lo haría, es obvio que sí se lo he hecho, al seguir en una relación con ella, cuando creo no solo me gusta su hija, sino que me estoy enamorando de ella.

Lo mejor que puedo hacer ahora es tomar mis cosas e irme antes de que Amelía llegue del instituto. Le dejaré una nota diciéndole que todo entre nosotros ha terminado. Tengo la excusa perfecta para que no sospeche nada de la verdadera razón por la cual le pongo fin a nuestra relación. He mencionado que es estricta y le gusta tener todo bajo control, lo que ya no me parecen cualidades, sino defectos que me agobian cada vez que ella ha querido controlar mi vicio con la nicotina y entrometerse en la forma en la que suelo diseñar. Hemos tenido varias discusiones por esto, y le diré que ya no soporto que me siga tratando como un niño.

Hago todo esto deprisa y, con el dolor que siento porque ni siquiera pienso despedirme de Hermione, salgo de la casa de Amelía, para nunca más volver.