XVII


I

Haruko miró el reloj sobre la pizarra tratando de calcular cuantos minutos llevaba el equipo de baloncesto del primer tiempo, se suponía que el amistoso contra Hitorizawa iniciaría a la diez de la mañana ¿o era a la diez treinta?

"¿Cómo lo he olvidado?"

Aquello le desanimó, se supone que también quería llegar a mánager del equipo ¿No? Ayako si había ido con el equipo, pero el resto de las chicas no.

"¿Ver qué?" le había preguntado Usume con tono de burla y gesto aburrido, cuando ella le explicó con el mejor de los talantes que era una forma de apoyar al equipo, Usume hizo un gesto grosero con la boca y se río alejándose sin dejar de darle aquellas palabras de despedida que nadie le solicitaba.

"Sigue con tus fantasías, Akagi…"

Y se preguntaba cómo es que ella siquiera podía ser parte del equipo, de cualquier equipo. Esa aparente indiferencia y superioridad era una de las cosas que más solía fastidiarle de Usume Kenta, aunque consideraba que lo mejor era no mostrarse afectada por sus desplantes.

Los que claro, no dejaba de ser sumamente irritantes.

A su alrededor los bolígrafos y hojas resonaban ante la articulada acción del resto de sus compañeros; había examen y, si bien, había estudiado, como siempre sus pensamientos se dirigieron hacia el partido que en aquel momento transcurría a varios kilómetros de ahí.

Aquello también le irritaba. Sin embargo, sus opciones eran totalmente limitadas; suspiro y negó con la firme intención de concentrarse en el examen que se encontraba frente a ella.

Además, había una serie de pensamiento e ideas que le acosaban con especial énfasis desde los últimos días: debía, en su actual caso, forjarse su propio camino y dejar de actuar como una niña. Aunque claro, después de lo ocurrido con Sakuragi y, a pesar de sus intenciones, le había sido imposible actuar normal cuando el sábado recién pasado coincidieran en los entrenamientos del equipo.

Ambos se habían mirados incomodos y estaba segura que su rostro era un reflejo del rojo de Hanamichi. Afortunadamente, él había bajado la cabeza y se había alejado para esquivarla todo lo posible durante el entrenamiento.

Ella había tratado de hacer lo mismo, pero inconscientemente los ojos se habían desviado hacia él, incluso más de lo que usualmente solía buscar a Rukawa.

Nunca la decisión de Ayako de usar una cancha abandonada lejos del gimnasio le había parecido tan acertada. Lo que, a vistas de su actitud, si le había parecido el comportamiento de una niña. Incluso se había demorado a propósito al finalizar para evitar toparse con él al termino de la jornada.

"Eso no ha sido nada maduro"

Pero ¿Cómo debía actuar cuando había rechazado al muchacho? ¿Qué eran en ese momento? ¿Amigos, conocidos?

Suspiró.

"Es difícil pensar que hacer, pero si o si debo madurar"

Y una forma de conseguirlo era cumplir con la misión actual que se había auto impuesto: conseguir más chicas para el equipo, le servía para no pensar en Sakuragi ya que requería de todo su esfuerzo para centrarse en lo que aparentemente importaba en ese momento; el equipo. Sin embargo, de momento estaba resultado ser una tarea terriblemente frustrante, muchas a quienes Haruko había creído interesadas o dispuestas se negaron aludiendo a la violenta personalidad de sus integrantes masculinos y no cambiaron de opinión siquiera al saber que el año anterior habían derrotado a la preparatoria Sannoh.

"¿Sannoh?" preguntaron muchas, lo que le decepcionó terriblemente. Haruko las había creído buenas atletas.

Miró con resentimiento hacía el puesto de Keiko Hamada, la muchacha era la mejor estudiante de su salón y sobresalía a un nivel excepcional en educación física.

"Sé que preparatoria es Sannoh" le había dicho antes de que pudiera terminar de explicarle "vi el partido…" y la luz de esperanza que se pintó en sus ojos, luego se vio apagada cuando a continuación agregó "… fue un partido muy entretenido, casi nadie sospecharía de la improvisación del equipo técnico y de su capitán" y le sonrió casi cínica cuando el gesto de Haruko se endureció "… sé que es tu hermano, Akagi y sé que el director Anzai es considerado uno de los mejores del pais" la muchacha se calzó los zapatos para entrar a clases "… Todos sabemos de los logros del equipo de baloncesto… incluso si es que a ustedes no les interesa decírnoslo. Por cierto – finalizó mirándola con un vago aire de superioridad que le resulto bastante molesto – lo que estás haciendo… esta suerte de reclutamiento ¿no le corresponde al cuerpo técnico del equipo?"

Haruko había pensado en decirle que no era responsabilidad de Ryota, ya que se trataba del equipo femenino, el cual siquiera contaba con una entrenadora más que ellas mismas y Ayako aún oficiaba como mánager, por tanto, sus obligaciones la mantenían muy ocupada. Quiso defender a Shohoku, cuando entendió lo de la improvisación, algo que era muy valorado durante un juego no era en lo absoluto deseable para administrar un equipo.

Miró nuevamente el reloj y aquellas ideas se vieron seguidas por la actual situación del equipo en el amistoso que en esos momentos los enfrentaba a Hitorizawa. Volvía entonces a preguntarse por el marcador. Le parecía que sería tan raro el salir y seguir su rutina normal en el descanso, hablar con las chicas… además Sakuragi también estaba en Shohoku, junto al muchacho Koichi. Ambos castigados por pelearse durante el entrenamiento.

"¿Cómo estará Sakuragi?"

Por qué los recuerdos de él diciéndole cuanto le gustaba, no la habían dejado tranquila esos días. Y era claro que después de ello él había cambiado su actitud, había sido palpable en el entrenamiento y esa mañana, siquiera lo había visto llegar. Aunque claro, mentiría si dijera que se había dedicado a esperarlo. La sola idea de topárselo, le llenaba de ansiedad.

"¿Lo extraño?"

No lo entendía y claramente no sabía cómo actuar en este caso en particular.

Si, admitía que había sentido celos de la relación que el pelirrojo tenía con Kenta, así como la de Fujii y Rukawa, en ambos casos tanto Usume como Fujii parecían haber cruzado la línea divisoria que mantenían ambos muchachos para forjar sus amistades; Kenta incluso había sido recibida por el grupo de Hanamichi y recorría los pasillos de la escuela con ellos como compañía. Lo que había levantado una serie de rumores en la escuela que a Kenta no podían interesar menos.

Y aquello sin mencionar lo que ella escuchara en las escaleras que daban al tejado en donde el grupo solía reunirse; algo ocurría con Hanamichi, Usume y Fujii. En algún momento pensó que tal vez a Sakuragi había comenzado a gustarle Fujii, pero al final solo se había tratado de las sospechas de Kenta sobre algo de lo que nadie podía estar seguro.

Kenta solo se basaba en suposiciones y ella no era una niña.

"Una niña…"

Y aquello sin considerar lo que Fujii se estaba volviendo para Rukawa. Era cierto que la había animado a visitarlo cuando debieran llevarlo al hospital, pero aun así llegando allá, ayudándolo de la insignificante forma que fuera, para Haruko aquello no había reportado mayores o mejores resultados en la escueta relación llevaran.

Le habría gustado girar su cabeza para ver a su amiga, pero solo se inclinó hacia atrás apoyando completamente su espalda a la silla y del rasgueo del lápiz sobre el papel no podía obtener ninguna respuesta.

"¿Me he puesto celosa de Fujii también?"

Volvió a suspirar. Centro la vista a su examen y casi automáticamente, comenzó a responder. Había estudiado a conciencia y su vida más allá de sus problemas personales y aquellos asociados al baloncesto, al menos por los siguiente cuarenta minutos, deberían esperar.

O eso creía.

"¿Cómo lo hacía Ayako? ¿Cómo había podido sortear esos años como asistente y manager sin verse aplastada?"

Era cierto que Ayako tenía otra personalidad, bastante más abierta que la que ella mostrara. No tenía miedo de acercarse a los muchachos y ciertamente que tímida no era, además había sido valiente y tenaz, lo suficiente como para convencer a su hermano de mantenerla en el equipo cuando él pasara a ser el capitán. Y era obvio que adoraba el deporte.

"Quizás solo soy yo"

Y era el tipo de pensamientos que aún la justificaban como una niña.

La sonrisa quebrada de Sakuragi se coló en su memoria y como es que aquella noche pensó en lo triste que le habían parecido sus siempre vivaces ojos. Lo había dañado, pero había sido lo correcto.

De todas maneras, aquellos pensamientos no abandonaron su cabeza cuando sonó la campana anunciando el final de la clase.

‒Te ves más distraída de lo normal ‒ le dijo Matsui, una vez que las tres comenzaron a compartir un bocadillo durante el primer receso.

‒Estoy pensando en el partido ‒ mintió mientras trataba de sacarse el recuerdo de Sakuragi de la cabeza.

Afortunadamente no lo había visto durante la llegada y esperaba que durante el descanso aquel escenario se repitiera. Se supone que era algo que había superado, pero el sábado recién pasado, cuando debiera acudir al entrenamiento se había sentido más nerviosa de lo normal.

Y cuando Ayako, decidiera finalmente, no usar el mismo espacio que los hombres había suspirado aliviada.

‒Miren es Sakuragi ‒ y de la nada sus propias aliadas la habían traicionado, Haruko trató de no voltear, pero Matsui, quién claramente no estaba enterada de lo que ocurría en su cabeza y corazón alzó el brazo saludando al pelirrojo, tanto ella como Fujii le copiaron solo que cada una fue mucho menos efusiva ‒parece que Kenta lo lleva al lugar donde entrenamos el sábado ‒ aseveró Matsui.

Y, a todas luces parecía evidente, entonces su mirada se cruzó con la de Sakuragi y este casi saltó del susto para girar y lograr que todos sus acompañantes; Yohei, Noma, Okus, Takamiya y Kenta le miraran extrañados. Solo Yohei volvió la mirada hacia ella extrañada y esbozó un gesto que parecían disculpas.

‒ ¿Por qué los lleva ahí? ‒ preguntó sin poder ocultar el tono de molestia.

‒Bueno, Sakuragi es del equipo ¿no? ‒ dijo Matsui volviendo la vista a ella ‒ si ese lugar pasa a ser usado por nuestro equipo quizás más adelante también lo usen ellos ‒ tenía sentido, pero aún así le parecía que Kenta estaba de nuevo entrometiendo a Sakuragi en cosas que no le correspondían.

"Como con Fujii"

Giró hacia ella y el silencio que mantuviera se le hizo demasiado cómplice.

‒Habrá que ver una forma de limpiarlo ‒ dijo ella y Haruko asintió, era cierto. El sábado después de terminado el entrenamiento se habían quedado barriendo el pavimento de la cancha, así como despejando el espacio a su alrededor, el lugar no contaba con banquillos, jaula para los balones siquiera algún tipo de espacio techado para guardar sus equipos.

Razón por la cual debían en cada entrenamiento llevarlos desde el espacio de los hombres o el gimnasio hacia el exterior.

Quizás para Ayako, con su constante optimismo no fuera evidente, pero era claro que la situación del naciente equipo femenino era bastante más precaria de lo que ella podría llegar a considerar.

"Y nos siguen faltando chicas"

‒Bueno, eso no significa que tengamos que perder tiempo ¿les parece? ‒ miró a sus compañeras y estas asintieron ‒Fujii, tu seguirás preguntando en las de primero, yo en la de segundo ‒ y rio nerviosa al mirar a Matsui, lo que hizo que esta rodara los ojos ‒ tú le preguntaras a las de tercero.

‒Sigo sin entender porque eres tan tímida con ellas ¿sabes que tu hermano asusta más que cualquiera de ellas? ‒ Haruko negó.

‒Eso es mentira, es cierto que mi hermano puede ser serio, pero jamás ha sido intimidante ‒ en aquel momento los pensamientos de Haruko, por primera vez en el día, se centraron en algo más que el equipo o Sakuragi, así que, sin quererlo, se perdió el gesto que entre sus amigas compartieron.

II

Había algo en Nishi Himaya que le recordaba a Sakuragi o quizás era la culpa por haber sido tan tajante con el pelirrojo al dejarlo fuera de ese partido, pero el muchacho tenía aquel desplante; a medias nervioso a medias inseguro, a medias abrumador especialmente por la forma en la cual este seguía al balón, como si fuera algo precioso.

Era el ala izquierda de la Hitorizawa y le había parecido un muchacho de lo más cordial, lo que claramente contradecía la personalidad de Sakuragi hasta que claro, lo vio jugar. Al igual que ellos, el director Tezuka había presentado ante Shohoku una formación que se podía calificar como secundaria, quizás con la idea de dar más ruedo a todo su equipo y no solo a los titulares.

Los que habían resultado ser, sorpresivamente, buenos.

Su mejor jugador estaba en la banca y miraba el partido aburrido. Ryota se había aprendido todo de Yugo Hashimoto, lo que ahora le parecía una pérdida de tiempo al ver que este siquiera reaccionaba a las jugadas de su equipo.

Otro muchacho, al cual reconoció como el número seis de Hitorizawa, Yüji Kaijura pasó veloz frente a él para tratar de atrapar el balón que amenazaba con salir del área cuando, nuevamente Nishi Himaya extendió su mano y giró en el aire para lanzar este de vuelta al juego. Aun así, sus intentos fueron en vano cuando este fue interceptado por un veloz Senichi Kiba, en una acción que le pareció demasiado improvisada, el jugador de Shohoku no pudo hacerse del balón el tiempo suficiente, ya que el número cuatro del equipo contrario, Daisuke Akiyama, corrió hacia este y volvió a golpear el balón esta vez para conseguir más espacio y tiempo, fue entonces Kuwata quién detuvo la jugada, al interceptarlo y ordenó el medio campo, dando un paso hacia atrás y obligando a todos a tomar sus puestos originales.

Ryota se acercó a Ayako, quién estaba haciendo anotaciones para susurrarle.

‒ Que Kiba se una a los entrenamientos junto a nosotros, tiene buena velocidad, pero le falta control ‒ Ayako asintió y la vio mover con velocidad su lápiz para anotar sus órdenes, lo que le permitió centrar nuevamente la atención en el partido.

Por experiencia y antigüedad Miyagi había decidido dejar a Kakuta de capitán y a Kuwata de centro, dejando a Matsuo, Kiba y Jun como acompañantes y estaban dominando el partido, llevaban trece minutos del primero tiempo y ya aventajaban por ocho puntos, la mayoría hechos en jugadas terminadas por Iori Matsuo. Kiba también había demostrado ser un buen elemento, mientras que Jun tenía un buen dominio del dribleo, razón por la cual Ryota lo había dejado liderando el ataque y el muchacho no había decepcionado.

Ryota miró a la banca, ahí estaban los muchachos de siempre y en las galeras observaban atentos Rukawa y Mitsui. Tenía en su cabeza la idea fija de darles a todos la experiencia de un partido. Ya había visto él que al principio incluso Matsuo, de una personalidad tan hermética se había mostrado errático, mientras que Kiba había fluido con el encuentro, la diferencia evidente entre un muchacho con experiencia en el juego frente a otro novato.

Cuando el cronometro llegó a los diecisiete minutos, Ryota se acercó al estudiante que hacía de arbitro y le pidió tiempo fuera, para rápidamente llamar a dos de sus jugadores:

— ¡Ishii, Sasaoka! — ambos muchachos, literalmente saltaron al escucharlos y se formaron ante él cual soldados, ya Ishii había demostrado una inesperada habilidad para los lanzamientos de tres puntos mientras que por su parte Sasaoka a pesar de lo infantil y pequeño que parecía, tenía velocidad y una tenacidad para enfrentar jugadores que, en comparación, eran superiores que él no había previsto — el número seis; Kaijura — le dijo mirándolo fijamente — no quiero que lo marques, sino que sencillamente le estorbes — Sasaoka le abrió los ojos con sorpresa, pero asintió sin decir nada más.

Ya ambos muchachos se habían mostrado titubeantes cuando él los llamara, claramente no había estado en sus planes jugar.

"Debo darles confianza…"

Miró su reloj, quedaban tres minutos para finalizar el primer tiempo.

Y sin pensarlo mucho más les sonrió. Sasaoka sacudió la cabeza y Miyagi claramente lo vio como con ambas palmas de las manos se golpeaba suavemente las mejillas, como si tratara de despertarse de un sueño. Aquello le pareció conmovedor y triste al mismo tiempo. Nadie debería creer que aspirar a jugar un amistoso en un equipo al cual se había entrado voluntariamente era parte de un sueño.

Al fin de cuentas, ahí todos era deportistas y/o basquetbolistas, quizás por ello muchos renunciaban.

Ishii se sacó los lentes con un gesto tranquilo y Ayako le sonrió cuando se los recibió para resguardarlos, el muchacho que siempre llevara el cabello rapado se lo había estado dejando crecer. Lo que, de nuevo, le recordó a Hanamichi. Ya había notado que, durante los últimos meses, al pelirrojo no solo le había crecido el cabello, sino que aparentemente no se lo había vuelto a pintar.

El cambio se realizó con rapidez y en cuanto Jun y Kuwata salieron de la cancha procedieron a sentarse, este último además cogió una botella de agua y con avidez bebió.

Los minutos restantes sirvieron para hacer entrar en calor a los dos nuevos jugadores. Tal cual como Ryota lo imaginara Sasoka no solo cumplió con lo ordenado de estorbar a Kaijura, sino que había tenido tiempo de infiltrarse en el área dentro de la línea de tres puntos, esquivando a la defensa con habilidad. Sin embargo, en un último ataque, otro de los jugadores de Hitorizawa, el número cuatro; Akiyama, que había logrado evitar un tiro sencillo de parte de Jun, lanzó el balón con todas sus fuerzas desde el área contraría en un pase largo al número nueve, un muchacho de nombre Motoki, quién sin complicarse pudo evitar la defensa de Matsuo y hacer, igualmente, un tiro sencillo cortando la diferencia de ocho a seis puntos.

"Matsuo juega bien, pero no tiene buena defensa"

—¿Viste lo de Matsuo? — preguntó a Ayako y esta le asintió con seriedad. De inmediato la vio tomando notas y, probablemente, fijando el curso de los entrenamientos futuros para sacar el máximo de provecho del muchacho.

Centró su vista en este, desde su llegada Matsuo había destacado por su altura y seriedad, aunque Ryota sospechaba que el silencio del muchacho estaba más asociado a su desinterés de interactuar con ellos que a una verdadera personalidad introvertida como, por ejemplo, la de Rukawa. Aun así, había sido una sorpresa para todos, el virtuosismo del muchacho el cual había quedado manifiesto en el primer entrenamiento que presenciara y que, con el pasar de las semanas, solo se había hecho más evidente.

Lo que, realmente, le había significado un alivio. Sobre todo, considerando que justo para ese partido no contaba ni con Rukawa, ni con Sakuragi.

"Aún si estuvieran, debo darle espacio al resto"

El silbato sonó dando fin al primer tiempo e inmediatamente Ayako se le acercó con botellas y toallas ayudada por Kuwata. No pasaron siquiera treinta segundos antes de que todos se acercaran a él para recibir instrucciones, el calor le rodeo con el ruido de los alientos entrecortados de sus jugadores.

— Matsuo — llamó al muchacho que había sido objeto de su análisis durante los últimos minutos — has hecho un excelente partido — este solo asintió, por lo que Ryota miró al resto de los jugadores — si mantenemos el ritmo no deberíamos tener problemas en finalizar el partido con la misma ventaja — si giró hacia Ishii — la defensa se cierra cada vez que te ve acercarse, úsalo como una oportunidad para practicar lanzamientos de tres puntos, si vienen sobre ti puedes cedérsela a Sasoka — y ya mirando a este continuó — sigue estorbándole a Kaijura, si sigues con esa presión pronto dejaran de darle pases ¿entendido? — los muchachos volvieron a asentir y varios dedicaron esos segundo para hidratarse.

Al mismo tiempo Ryota se centró en Kakuta y Matsuo, apuntó al más alto.

— Es hora de que descanses — y tal cual lo imaginaba el muchacho solo asintió y se dirigió a la banca en donde procedió a sentarse sin mostrar la mínima molestia. Con Rukawa habría sido diferente, si bien este no habría protestado o desobedecido si se habría comportado de forma hostil.

Miró hacia la galería y Rukawa estaba apoyado sobre la verja con su atención fija en ellos.

— ¿Con quien reemplazaras a Matsuo? — le preguntó Kakuta, Ryota miró a su banca y algo parecido a la incomodidad le recorrió la espalda al notar que no conocía a sus jugadores. Durante los entrenamientos todos parecían más que aceptables, pero ya sabía él que los partidos eran los que marcaban la diferencia.

Además, siempre debía considerar las implicaciones del resultado de ese partido. El año anterior Shohoku le había arrebatado el invicto al equipo más poderoso del país, lo que había bastado para darles el renombre necesario para salir de la irrelevancia como equipo. Y, en ese momento, se había hecho lo necesario para ello.

Había sido una planeación a corto plazo con un objetivo demasiado elevado como para conseguirlo con sus limitados recursos. Ahora, sin embargo, tenía mucho más material que probar y ante lo que podría ser un nuevo inicio para Shohoku, sabía que se peleaba con lo que se esperaba no solo de él, si no de todo el equipo.

Shohoku no solo había sido Akagi, Hanamichi o él, era una preparatoria que además del suyo cargaba con todos las expectativas y sueños de quienes le habían acompañado desde el inicio. La imagen de Ayako conversando con algunos de los jugadores y mostrándoles sus datos captó su atención.

Tanto los chicos de primero, aquellos que se habían quedado en la banca y ella habían dedicado sus horas y días a entrenar, a apoyar y a empujarlos en la dirección que estaban actualmente. Claro que se les debía y Ryota estaba dispuesto a tomar esa responsabilidad.

—Intentaré con Katsuo — contestó. No vio Kakuta asentir, ni menos como es que este procedió a sentarse, para Ryota los alumnos de tercer año, como él, tenían un compromiso diferente al cual debían someterse; guiar a los más jóvenes y no sentía que fuera algo que él debería ordenar cada vez que debiera hacerse.

Miyagi se acercó a Akira Katsuro, quién tras Ayako asentía a lo que esta decía sobre sus anotaciones. En los entrenamientos se había mostrado hábil y cooperativo, solía seguir sus instrucciones con bastante precisión, pero, a su gusto, le faltaba seguridad.

"Y la mejor forma de construirla es que juegue"

III

Ryota había tratado de hacerle algún gesto, pero él se había sentido demasiado avergonzado para responderle, por tanto, fingió no verlo. De acuerdo a lo que su padre le informara, su capitán había sido de los primeros en llegar al hospital el viernes recién pasado, junto a varios de sus compañeros lo que le había hecho sentir terriblemente culpable, sobre todo al recordar como es que le había enfrentado en el baño antes de desmayarse.

Al día siguiente, cuando acudiera al entrenamiento de medio día de los sábados Ryota se había acercado preocupado por su estado. Y lo conversado entre ambos fue agradable, pero después del espectáculo que había dado el día anterior, decidió que, si Miyagi decidía mantenerlo al margen del primer partido del año, lo aceptaría.

Bastaba con que se recuperara ¿cierto?

Durante la noche había llegado a la conclusión de que, en su actual estado mental y físico, no sería un aporte para Shohoku y la sola idea de insistir con estar solo para no pensar en Kinoshita y tener algo de la normalidad que existiera antes de su irrupción, le resultaba patética. Rukawa, que siempre se había caracterizado por su disposición tranquila, poco dado a la emocionalidad se había visto sobrepasado. Y lo peor era que se trataba de cosas que él no podía controlar, como aquella sensación de debilidad que le embargara desde el día en que fuera un maestro del cual siquiera sabía el nombre quién llegara a impartir clases en vez de Kinoshita.

Y desde entonces no había dejado de pensar en ella. Ahí, desde su lugar, el partido solo era ruido de fondo ante lo que movía sus pensamientos, de hecho, todo lo que en algún momento le interesara se había vuelto eso; ruido de fondo para sus ideas.

Su cabeza, demasiado pragmática incluso para su propio bien, desde el primer día le decía que debió haber dejado de lado el asunto, en cuanto ella se marchara. Pero en nada había ayudado que la viera en todas partes, incluso cuando lo llevaron al hospital su fantasma había tomado asiento al lado de su cama mientras su padre hablaba con la enfermera de turno. Lo que fue mucho más incómodo de lo que creyera.

A su padre le preocupaba que todo fuera culpa de los Kenta, como ocurriera en el pasado y él se había sentido incapaz de decirle la verdad. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo esclarecer que esa mujer se había metido en todas sus fibras? Una mujer de la cual, además, su padre siquiera sabía nada; un fantasma. Y aun así el recuerdo de como se sintió su piel al estrecharla le recorrió la espalda con un escalofrío que le puso la piel de gallina, inexplicablemente una sonrisa se coló en su rostro y de no haberlo tenido cubierto se habría sentido ridículo y culpable por no controlarlo.

Era culpa de Kinoshita, esa mujer, que él hubiera caído en esas semanas de debilidad y aún así la recordaba con deseo y ambición. Como alguien a quién debía de aspirar en vez de reprochar, porque si, también entendía que ella había jugado con él, que lo había seducido y usado para luego dejarlo en completo abandono.

"Quizás vio a través de mi"

Quizás ella había descubierto su interés desde que le tocara el brazo en aquella primera clase para sacarlo de su descanso. Era todo lo que había bastado a esa mujer para atraparlo. Y cuando pensaba más claramente en como habían ocurrido las cosas Rukawa podía ver aquellas migajas de atención que ella dejara en el camino para volverlo un bobalicón, como es que le había atendido cuando se accidentara frente a ella, la forma desafiante y maternal en la cual le tratara en su casa, como le había ignorado y luego castigado, haciéndole verse como alguien realmente tonto frente a ella.

"Como un niño"

Sacudió la cabeza. Hace mucho que había dejado de ser uno. ¿Por qué se sentía tan tonto? como si siguiera siéndolo.

El silbato que dio por terminado el primer tiempo lo sacó de vuelta a la realidad, de pronto aquel pequeño gimnasio se sintió frío e incómodo. Cuanto le habría gustado estar en su casa, en su cama. Pero sabía que no podía, siguiendo el ejercicio que había comenzado los días anteriores fijó la vista en los jugadores y en cada detalle que captara su atención.

‒ Tienen muchos jugadores veloces este año ‒ dijo Mitsui a su lado, Rukawa lo sabía y, al mismo tiempo, agradeció las palabras de su compañero de equipo, era algo que se serviría para pensar en algo más que Kinoshita, que esa mujer.

‒Hay muchos jugadores… ‒ dijo simplemente, mirando a un muchacho de llevaba la camiseta número catorce, desde ahí se veía de estatura mediana y la forma en la cual reaccionaba ante las palabras de Miyagi o de Ayako le recordó a Fujii, dando brinquitos cada vez que era interpelado, de seguro tenía un carácter tímido.

‒Ese alto te imita ¿cierto? ‒ Rukawa no necesitó mirar a Matsuo para saber a quién se refería Mitsui, era algo que había captado en los entrenamientos y ante lo cual no había podido hacer mucho, excepto claro, molestarse.

"Ahora todo me enoja"

Era tan solo que…

‒No lo sé ‒ contestó, más que nada por desinterés que por desconocimiento ‒ pero tratándose de un novato… ‒ notó como es que Mitsui se giró hacia él con gesto extrañado en su rostro.

‒ ¿Es un novato? ‒ si, por como se movía era lógico que nadie lo creyera. Matsuo era seguro, veloz y fuerte. Todas las jugadas que habían requerido habilidad, si bien eran básicas, las había ejecutado de tal forma, en la cual casi no se veían fallas, excepto quizás por unos cuantos movimientos que le parecieron demasiado inquietos.

‒Al menos eso dijo… ‒ finalizó antes de que el silbato volviera a sonar, esta vez para llamar de vuelta a los jugadores a la cancha.

En aquel momento otro muchacho entró en lugar de Matsuo y Rukawa no lo reconoció, llevaba el número tres, camiseta que nunca antes viera usar a nadie, era un muchacho bastante más bajo que él, que llevaba el cabello desordenado y relativamente largo, lo vio ajustarse una cinta de la forma en que lo hiciera ese jugador escandaloso de Kainan.

"¿Nobu…? ¿Ogana? ¿Nobuse?"

De parte del otro equipo, un jugador de la banca hizo ingreso y Rukawa pudo notar que llevaba el número doce en su camiseta, la diferencia de altura entre él y el muchacho de Shohoku era notoria y este se inclinó bastante más cuando esperó que el arbitro del encuentro hiciera el lanzamiento inicial.

Si bien Hitorizawa ganó el balón, el salto dado por el número tres de Shohoku le resultó bastante bueno y así como Mitsui lo había señalado, todo el equipo corrió a defender cuando el número seis de Hitorizawa, que ya les había dado problemas por su velocidad y habilidad en el primer tiempo, burló eficaz a la defensa de los números doce y trece de su equipo, ambos eran muchachos que habían estado en la banca el año anterior y si bien Rukawa había entrenado con ellos, no le parecían que fueran jugadores excepcionales, al menos no como Miyagi o el idiota de Sakuragi.

Otro de los jugadores de Shohoku (Kiba) bloqueó la intención clara de su contrincante de realizar un tiro sencillo, consiguiendo que este diera un pase al jugador del equipo contrario que había entrado durante el entretiempo, Miyagi lo había nombrado un par de veces, pero como en muchos casos Rukawa no le prestó atención. Fue cuando el número doce no perdió el tiempo y si bien la defensa que ya había fallado, logró cerrarse frente a él, este solo dio un suave saltó y lanzó.

El balón atravesó el aro sin siquiera tocar sus bordes y la malla cedió con la suavidad de la seda.

La diferencia bajó a cuatro puntos.

Los aplausos de los que se encontraban en el gimnasio, no más de treinta personas, contrastaron con el pesar de los jugadores de Shohoku. Él debería estar ahí.

"¿Para qué? ¿Estorbar?"

Se imaginó así mismo tratando de guiar al equipo, solo para ceder ante su propia debilidad. Sentía que el cualquier momento Hitorizawa alcanzaría a Shohoku y, que, en parte, era su culpa el no estar disponible para su capitán o para su equipo.

"¿Para qué?"

El silbato volvió a sonar, por una falta ocurrida en el juego lo que captó su atención para ver a Kakuta extendiendo su mano a otro jugador de Hitorizawa y ayudándole a poner se pie a modo de disculpa, el gesto fue rechazado por este bruscamente cuando golpeó la mano del capitán del equipo logrando que el arbitro volviera a pitar.

Pero el gesto había quedado ahí.

Usume Kenta también le había golpeado en la mano, solo que él no se la había extendido a ella sino a la otra muchacha, aquella que le entregara su primera carta.

"Kazehaya…"

¿Era ella?

A su alrededor todo un grupo de personas los rodeaba y Kenta se había agachado para ayudar a la muchacha.

¡Zorras! les gritó mientras ayudaba a la muchacha a ponerse de pie, en ese momento, pero era claro que ella sola no podía con la muchacha.

¡Nadie te dijo que te metieras! ‒ le respondió alguien, solo que para él fue imposible tratar de recordar el rostro. Vio claramente como Usume buscó entre los presentes a la culpable y otra chica se adelantó. Vio el intercambio de palabras, solo que le fue imposible recordarlas, volvió la vista a Kazehaya y gruesas lágrimas corrían por las mejillas de la muchacha. Siempre era así cuando se trataba de ella.

Nunca podía verla.

Siempre era una fracción, un recuerdo sin contexto e inconexo, los cuales habían reaparecido en cuanto los hermanos Kenta volvieran a su vida.

Koizumi Kazehaya había sido quizás, su primera admiradora y por lo que entendía de sus vagas memorias había pagado un precio muy alto por ello. A veces creía que podía recordarla, pero no era así; sus ojos, su cabello, como había lucido todo era difuso.

"Es lo mismo con mi madre…"

De nuevo sonó el silbato del marcador y la diferencia había aumentado, ahora era de siete puntos.

"Yo también podría hacer eso…"

Era cierto, antes de todo lo ocurrido con Kinoshita él podía aumentar la diferencia de puntos que llevaba Shohoku en sus partidos. Cuando no estorbaba, cuando jugar era su incentivo diario.

"Yo también podría ayudar con eso"

IV

‒ El sábado esto era un desastre ‒ dijo Usume mientras se sacaba el blazer, él como todos se le quedó mirando mientras ella seguía hablando. En algún momento de ese fin de semana el enojo que sintió hacia ella se había esfumado ante el evento que fuera su último rechazo.

Ahí era la pena lo que le había invadido y cualquier cosa que Usume le provocara se vio completamente olvidado ante su propia desgracia. De la cual aún no le hablaba a ninguno de sus amigos. Aún así no había podido evitar contarle todo a su madre. Se había preparado para deshacerse en lagrimas frente a ella, pero más allá del malestar y la presión sobre su garganta nada ocurrió, nada caía.

"Hijo, tu sientes demasiado"

Y no era la primera vez que su madre se lo decía.

Ahí viendo como sus amigos compartían y bromeaban con Usume, sintió que tal vez estos se habían vuelto lo suficiente maduros como para compartir su última pena amorosa, pero ciertamente que ese día no sentía gana alguna del escrutinio al cual lo someterían. Además, se sentía estúpido. Había intentado un salto de fe el cual fue aplastado con la mayor de las gentilezas cuando Haruko se disculpó por no sentir nada hacia él, siquiera el rechazo de Yoko le había dolido tanto y a ella la había llorado todo un verano.

"¿Deberé sentir esto por Haruko todo el año? Sería lo justo ¿no?"

Cuando alzó la vista Usume apuntaba hacia uno de los rincones del lugar para dirigir sus pasos hacia allá seguida fielmente por Yohei, a diferencia del resto de sus acompañantes este también se había quitado su saco y copiando a la muchacha arremangado su camisa.

Fue cuando Usume se giró hacia ellos.

‒ ¡Vamos! ‒ dijo estirando sus brazos ‒ ¿no me ayudarán?

‒No quiero ensuciarme ‒ contestó Okus aunque Noma copio a ambos muchachos y le lanzó su chaqueta a la muchacha.

‒Si hay que mover esto será mucho mejor si lo hacemos los hombres ‒ rio, haciendo que Usume y Yohei le lanzaran una sonrisa tranquila. Fue cuando la muchacha lo miró directamente.

‒ ¿No ayudaras? ‒ preguntó, a lo que Hanamichi no pudo responder, solo que a la muchacha no le intereso y burlesca dijo ‒ ¡Por favor Hanamichi! ‒ y caminando hacia él continuo ‒ les invitaré a comer a la salida y… ‒ agregó sonriéndole ‒ piensa que este es el campo en donde tu princesa se convertirá en el ángel de Shohoku ‒ ya sabía él que Usume estaba tratando de motivarlo y ella no tenía como saber lo ocurrido entre Haruko y él, aun así sus palabras le parecieron puñales dirigidos a su cuello, pecho y estómago.

"Haruko jamás será mi princesa"

Y como herido por ellos, se dejo caer en cuclillas para cubrirse el rostro y, nuevamente, intentar llorar.

"¡Haruko no me ama!"

Recordó cuando le gritó por haber golpeado a Rukawa, solo que ella jamás supo que lo hizo porque el maldito zorro había sido muy cruel con ella. Y la desazón de esa vez le pareció casi infantil, sobre todo al considerar todo lo que habían pasado juntos después. Lo mucho que todo aquello había significado para él y lo poco que le había importado a ella.

"Ella jamás me amará…"

No notó cuando Takamiya y Okus, se le habían acercado. Pero si sirvió que estos le hablaran para salir de su estupor.

‒ ¿Te sientes bien Hanamichi? ‒ preguntó Takamiya, al tiempo en que fue visible como es que Yohei, Noma y Usume se dirigían hacia él. Le habría gustado llorar como lo hiciera hace un año, pero no ocurrió, sentía la presión en la garganta, en el pecho y nada.

‒ ¿Comiste algo que te enfermó? ‒ preguntó Yohei cuando se le acercó, este a diferencia del resto se puso a su altura y retrocedió espantado ‒ ¡Hanamichi! ¡¿Pero que…?!

‒ ¿Qué pasó? ‒ escuchó decir a Noma.

‒ ¡Va a vomitar! ‒ gritó Yohei, lo que de inmediato alejó a todo el grupo para luego cogerlo del brazo y comenzar a empujarlo ‒ ¡No se preocupen! ‒ dijo ‒ ¡Lo llevaré a un lavabo! ‒ y sin que nadie se opusiera o interpusiera lo encaminó.

‒ ¡Yohei…! ‒ trató de decir, para solo ser ignorado. Además, era evidente que se estaba dejando hacer ya que la excusa de su amigo le había servido para alejarse. Dieron vuelta a la esquina de un edificio, donde finalmente Yohei lo dejó en paz.

"Debería llevar una cuenta de todas las veces en que me ha salvado"

‒ ¿Qué es? ‒ preguntó finalmente Yohei una vez que se puso frente a él. Su amigo era bastante más bajo, sin embargo, la seriedad con la cual solía conducirse ante asuntos que eran importates le hacía pensar a Hanamichi que incluso con esa diferencia de altura Yohei lograba imponerse.

Además, resultaba casi imposible el ignorar la sensatez que asomaba no solo en su rostro, sino en sus gestos y claramente, lo haría en sus palabras. Solo que para no enfrentarlo directamente volvió a agacharse, no podía mirar directamente a Yohei. Sentía demasiada vergüenza y cuando su voz se quebrara sería peor.

Volvió a cubrirse el rostro y lo dejó salir.

‒ Le declaré mis sentimientos a Haruko ‒ dio un hondo respiro y la presión de sus manos comprimió el aire que debería entrar a su sistema, en vez de ello el aroma a tinta y sudor se coló en sus fosas y sin apartarlas continuó ‒ después de llevar al hospital a Rukawa, ella llegó allá. Se veía tan preocupada que entonces lo supe… pero ‒ apartó sus manos y centró la vista en el suelo, había baldosas de concreto gastadas y en medio de las grietas de estas pasto y maleza estaba creciendo, entonces alzó la vista y miró directamente a su amigo ‒ debía hacerlo ¿entiendes?

Yohei estaba serio y sus ojos se habían suavizado, la mueca de su boca también era recta, tenía lo brazos cruzados sobre el pecho y para Sakuragi fue claro el movimiento de sus hombros al respirar profundamente, solo que al igual que él no fue capaz de enfrentarlo directamente cuando le habló.

‒Lo entiendo ‒ dijo tranquilamente ‒ era mucho mejor resolverlo de una vez que seguir esperando ¿cierto? ‒ y como siempre Yohei había acertado.

En ocasiones Hanamichi sentía que podría vivir en ese estado sempiterno de esperanzas en los cuales, por azar del destino, la naturaleza o incluso sus propios méritos Haruko terminaba enamorándose de él. Además, el baloncesto le había ayudado a sobrellevar esa espera permitiendo, además, que ambos tuvieran más cosas en común. Pero desde que volviera de su lesión, sentía que las cosas no podían mantenerse iguales, muchas cosas. Y ver que Haruko seguía interesada en Rukawa con la misma intensidad de hace un año le hacia sentir que él no había avanzado en nada.

Aunque claro, existieron momentos en los cuales aquello parecía un logro cada vez más cercano, o así lo había creído él.

Y desde que había terminado por conocer a Rukawa, la admiración que este provocaba ya no le parecía tan ridícula lo que hacia su camino al corazón de la muchacha mucho más complejo.

Moviéndose en el universo en que ellos lo hacían, amando el baloncesto de la forma en que Haruko lo hacía, era claro que ignorar a Rukawa era casi imposible.

Lo que le parecía tremendamente injusto. Él también se había convertido en un deportista, no solo en uno, era un genio en que en meses había logrado dominar un deporte, que había estado en el equipo que derroto al campeón de campeones, era guapo, alto, inteligente.

"Y completamente invisible para Haruko"

Aunque debió preguntarle a ella para finalmente confirmarlo. Lo que claro, no había dejado de doler. Yohei nuevamente se inclinó a su altura y le preguntó.

‒ ¿Qué harás ahora? ‒ solo entonces y, casi para su alivio, un par de solitarias lágrimas comenzaron a caer por su rostro. Se las limpió veloz y espero un par de segundos, si hablaba en ese momento no terminaría de decir lo que pensaba.

Solo que no sabía que pensar tampoco. Ni que hacer, o decir. Todo se reducía a Haruko y si ella ya no estaba en su vida ¿Qué sentido tenía?

‒ ¿Cre… ‒ carraspeo al verse traicionado por su garganta ‒ … ¿crees que ella quiera seguir siendo mi amiga? ‒ Yohei estaba serio y asintió.

‒ Haruko no es una persona resentida, la pregunta es: ¿si quieres tú ser su amigo? ‒ solo le quedó negar. Parecía un premio insulso al lado de lo que realmente quería. Había querido el campeonato, pero solo habían triunfado ante Sannoh.

No quería otro premio de consuelo.

‒ Hanamichi… ‒ suspiró su amigo ‒ sabias que era algo que podía ocurrir, Haruko nunca fue especialmente reservada cuando se trataba de Rukawa. Aun así, tu fuiste insistente en hacerte notar ante ella ‒ se encogió de hombros ‒ es solo que… no resultó.

Recordó el partido con Kainan y como es que, a pesar de todos los logros conseguidos, de toda la habilidad adquirida no fue suficiente. Habían perdido cuando él sabía que merecían más. Que podían más.

"Quizás con Haruko sencillamente no puedo conseguir más"

‒ ¿Qué debo hacer ahora? ‒ preguntó más al aire que a su acompañante, Yohei se incorporó y cruzo los brazos tras la cabeza.

‒ Seguir, tal cual lo hiciste con Yoko antes de Haruko… ya sabes cómo esto ‒ en ese momento le toco negar.

‒ Creo que esto es peor ‒ dijo levantándose, cuando alzó la vista hacia Yohei y a pesar de sentirse seguro con él no pudo evitar decirle ‒… no le digas a los otros.

Yohei asintió tranquilo, pero aun así le aclaró.

‒Terminarán dándose cuenta ¿sabes? Sobre todo, Noma y Usume ‒ era cierto, además de Yohei, Noma era bastante perceptivo, aunque solía guardarse sus opiniones y motivos, incluso más que Yohei solo porque era demasiado perezoso para meterse en problemas.

Sin embargo, con Usume sería diferente. Desde el principio su amiga había mostrado cierta reticencia hacia Haruko, la cual se le hacia incomprensible. Si ella lo estimaba de la forma en la cual él lo hacía, de seguro se volvería aún más desagradable con ella.

O, al menos, eso creía.

‒Cuando Usume lo sepa, quizás se dedique a molestar a Haruko ‒ dijo a lo que Yohei reaccionó con extrañeza.

‒No sé si Haruko le importe tanto… ‒ contestó este tranquilizándolo en parte ‒…aunque ciertamente que no le agrada. Si quieres, yo puedo hablar con ella ‒ Hanamichi solo le miró a medias aburrido, a medias indignado.

‒Me estas usando de excusa para acercártele ‒ declaró molesto, a lo que Yohei solo asintió esbozando una sonrisa.

‒Cumpliría muy mal mi papel si no me aprovechara de tu desgracia‒ y con aquello se sintió más que fastidiado.

‒ ¡Yohei! ‒ se acercó a este y aprovechando su altura lo atrapó desde el cuello para empezar a forcejear con él ‒ ¡Que no tengas el mínimo de respeto por mi sufrimiento! ‒ y si bien seguía sintiéndose triste el enojo ante las palabras de su amigo le había servido para momentáneamente, dejar de pensar en el hueco en su pecho que su angel de Shohoku había dejado.

Aun así, sentía que lo dicho por Yohei se había parecido demasiado a las palabras de su madre, ambos concordaron en la importancia de continuar y ella le había recordado que durante toda la secundaria él se había recobrado de un corazón roto casi cincuenta veces.

"¿Entiendes lo fuerte que eres?"

Eso le había dicho ella, le recordó que se había recuperado de una terrible lesión en tiempo récord y que había derrotado el campeón de país siendo solo un supuesto novato.

"Eres un genio, y tu corazón ha tenido tantos kintsugi que ya casi es de oro"

En ese momento su madre le había abrazado y lamentado por que él no fuera el niño pequeño que ella solía consolar. De todas maneras, demasiado triste para rechazar el cariño de su madre, le correspondió el abrazo.

"Saldrás de esta, hijo. Eres lo suficientemente fuerte para ello"

V

El número cinco de Shohoku había resultado más difícil de controlar de lo que su apariencia indicaba. A todas luces se trataba de un muchacho tímido o así lo había creído cuando se saludaron, pero al tener que exigirse mucho más de lo que esperaba para detenerlo era claro que el nuevo capitán y aparente director, había predispuesto a su equipo "los verdugos de Sannoh" con nuevo material, con nuevo y reluciente material.

Él mismo había decidido mantenerse en la banca al saber que ninguno del equipo titular, que eliminara a los mejores del país, estaría presente. Sin embargo, al mirar el partido no fue difícil descifrar el por qué Shohoku había llegado a esas instancias y había tenido ese desempeño.

Incluso sin Rukawa, Sakuragi o Mitsui el equipo mantenía un control del orden y el caos que se desplegaba en el juego, en el cual todos sabían cómo actuar cuando otro no estaba.

"Lo que me encantaría lograr aquí…"

Además, su defensa era cerradísima incluso con jugadores que no eran tan altos como Rukawa o Sakuragi.

Yugo, que se sabía un jugador veloz y hábil, había visto todos sus intentos de anotar cortados por los jugadores numero doce y trece, razón por la cual había decidido cambiar su estrategia y comenzar hacer lanzamientos acompañándose por Akiyama y Kaijura, los únicos que habían podido resistir la marcación de los jugadores de Shohoku.

Lo que le resultaba bastante humillante, ya sabía él que Hitorizawa no eran una preparatoria que acaparara las portadas de los diarios deportivos escolares o que siquiera llamara la atención, pero eran un grupo disciplinado y que estaba ahí por verdadero amor al baloncesto. Por lo cual, si bien su propia participación había reportado varios puntos para su equipo, le parecía a él que entre mayor fuera su esfuerzo, Shohoku duplicaba los propios.

Por su cuenta y en jugadas iniciadas por él había logrado anotar dieciocho puntos, lo que en cualquier otro escenario seria un resultado favorable, pero a cada punto que hiciera, Shohoku respondía con dos o tres más.

Actualmente la diferencia era de doce puntos con ventaja a Shohoku de sesenta y dos contra cuarenta, la mayor con la cual se había topado en su corta vida como jugador. Y él que se había creído demasiado bueno para estar en un partido con suplentes.

"Que idiota, yo debería ser quien rescatara a mi equipo"

Pero en vez de ello había caído preso en cada una de las estrategias del equipo contrario.

¿Cómo se hacía eso? Pasar del anonimato e irrelevancia, a la superioridad que en ese momento veía. En la cual incluso un equipo secundario era capaz de someterlos, sin aparentemente, ningún tipo de dificultad.

El muchacho al cual había decidido marcar era prueba de ello. No había registro alguno de Senichi Kiba dentro del equipo regular de Shohoku, o al menos que estuviera el año anterior. En tanto que Rukawa estaba junto a Mitsui, ambos mirando desde las gradas. Y si lo pensaba, claro que tenía sentido. Era de toda lógica que Shohoku tuviera de sobra para llenar sus vacantes y hacer varios equipos más y así mismo, obviamente que buscaría probarlos a todos antes de dejarlos en el equipo titular.

Y la mejor forma de conseguirlo era haciéndoles jugar con equipos como Hitorizawa, lo suficientemente decentes como para presentar un desafío que le permitiera ganar experiencia a sus novatos.

"A los malditos novatos"

Y con el maldito novato al cual no había podido detener y que había, literalmente, huido con el balón sin que él pudiera hacer nada para alcanzarlo. Por suerte frente a él Kaijura – que de seguro estaba tan fastidiado como él- y Motoki se había cruzado para detener su avance. Yugo no vio ninguna señal, pero si fuera él, al verse así de bloqueado buscaría a quién ceder el balón y por su izquierda dos jugadores buscaban ser los receptores del pase, por tanto, en ese mismo segundo su misión pasó de quitarle el balón al muchacho a interceptar el balón.

Así que fue a marcar al número nueve, anteriormente este le había cometido una falta y no había podido cóbrasela. No se equivoco cuando vio a este extender los brazos para atrapar el balón y antes de recibirlo lo golpeó con la suficiente fuerza y sutileza como para hacerle perder el equilibrio, consiguiendo que fuera Akiyama quién pudo retener el balón. Y en cuanto ambos asintieron él sabía que debía correr hacia el aro contrario.

Quedaba menos de un minuto y no quería terminar el partido sin haber hecho lo máximo por su equipo, incluso si aquello no era lo suficiente.

Sin dejar de avanzar miró hacia su compañero y este ya le había lanzado el balón, el cual no le costó atrapar, paralelo a él el número trece se estaba cerrando con la clara intención de estorbarle, si saltaba tendría la posibilidad de hacer un lanzamiento a distancia, solo que otro jugador de Shohoku, el número tres, le adelantó dejando en claro que no le dejaría saltar.

Pero gracias a sus antepasados, desde atrás del número trece pudo ver a Akiyama, quién le alzaba el brazo para recibir su pase, no lo pensó y lo hizo. Akiyama, libre, se detuvo y se mantuvo fuera del área, lanzó para encestar tres puntos y mirando el arco que hacía el balón, fue claro para él que no lo lograría.

"Debo ir…"

Y tal cual lo predijera, el balón rebotó contra la parte trasera del aro. Como siempre lo hiciera, saltó y sabiendo que por potencia física muy pocos podrían disputarle ese rebote, se vio así mismo, con una diferencia de segundos clavando el balón en el aro.

Era lo suficiente como para hacerle sentirse mejor con su desempeño, quizás su equipo no había vencido a Shohoku los verdugos de Sannoh, pero él podría demostrarles que era lo suficientemente bueno como para darles pelea.

Aunque claramente, no había esperado oposición, ni que ningún tipo de fuerza se le opusiera. En esos segundos él debía ser el maldito héroe de su equipo y conseguir la dignidad de un juego bien peleado.

Pero no, Shohoku siquiera les daría esa oportunidad. El balón fue presionado, primero contra su mano y luego contra él, para finalmente salir del área de juego, en el preciso momento en el cual el silbato que señalaba el final del partido sonaba.

Yugo Hashimoto escuchó la exhalación de derrota que llenó el gimnasio y se sintió culpable por ella. Quizás si hubiera entrado durante el primero tiempo la diferencia no sería tanta. Quizás si no se hubiera creído mejor de lo que realmente era, el resultado sería diferente, quizás si hubiera calentado más, practicado más…

"Tantas cosas más…"

Se había ilusionado con desafiar a los verdugos de Sannoh demasiado confiado en sus propias habilidades para que fueran los suplentes quienes les aplastaran de una forma tan vergonzosa. Incluso más que la rabia era la vergüenza la que no le dejó mirar al resto de sus compañeros, a su director o incluso a los miembros de Shohoku cuando ambos equipos se formaron para despedirse y agradecer la participación del otro.

Yugo llegó a su hogar y saludó a sus padres como cualquier día, señalando estar demasiado cansado para siquiera contarles de su día, incluso cuando su madre le miró llena de ilusión sobre el partido de ese día. Había mentido y esa mentira lo arrastró durante toda la noche, mientras era incapaz de conciliar el sueño, recordando los movimientos de los jugadores número cuatro y cinco de Shohoku, el doce y el trece quienes habían limitado los movimientos de Kaujira y los suyos propios volviendo la defensa intratable.

"Son un buen equipo"

Un excelente equipo. Y si quería desafiarlos nuevamente, tanto él como Hitorizawa y todos sus compañeros debían esforzarse más. Era la única respuesta posible a todos los quizás que esa noche no le dejaran dormir y que en el futuro seguirían rondando su cabeza.

VI

‒ ¿Te parece si almorzamos juntos? ‒ preguntó Miyagi inclinándose hacia su novia. Esa tarde su madre no estaría en casa lo que dejaría a Keiko a su cuidado, así que lo más cercano que tendría a una celebración por su primer triunfo sería el pasar con su novia el almuerzo.

Ayako quién iba sentada revisando sus anotaciones le miró con un gesto a medias entre la sorpresa y expectativa, para seguidamente sonreírle.

‒ Claro ‒ contestó para volver a centrarse en sus anotaciones.

Ellos y el equipo eran los únicos a esa hora en el vagón, lo que no era extraño. Era medio día y en Kanagawa a esa hora se estaba en la escuela o en el trabajo. Así que había más ruido del normal; el equipo abiertamente hablaba de las jugadas que habían realizado, así como de lo que más admiraran del equipo de Hitorizawa y todos concordaban que Yugo Hashimoto, así como Yüji Kaijura habían sido los mejores. Él por su parte se centró en Senichi Kiba y Akira Katsuro, los dos únicos que pidieron a Ayako mostrarles sus anotaciones. Ambos resultaron ser una gran sorpresa, sobre todo Katsuro, quién había sido un buen reemplazo de Iori Matsuo incluso con la diferencia en altura.

Lo había notado en cuanto debiera pelear por el salto al inicio del segundo tiempo en donde Katsuro consiente de estar en desventaja frente a su contrincante, se había inclinado más de lo normal consiguiendo un salto que le había impresionado, incluso si aquello no le había reportado el quedarse con el balón. Mostraba que el muchacho podía adaptarse con rapidez, así como era capaz de enfrentar sin titubeos a quienes se veían con mayor capacidad física. Había sido generoso con sus pases y en cuanto tenía la oportunidad se centraba en buscar la ventaja para el equipo, incluso si eso significaba ceder su protagonismo, el balón o una jugada.

Lo que le hacía un jugador pragmático de verdad a diferencia, por ejemplo de Hanamichi o incluso Rukawa, al cual miró también con satisfacción. Ya que, si bien no había sido parte del equipo, ese día se había presentado con un mejor semblante al del viernes y una mejor disposición a la del sábado recién pasado. Quizás en un par de días más podría volver a hablar con él y tratar de entender que le estaba ocurriendo.

Volvió la vista al exterior y un gris océano se extendía a su vista, el día estaría lo suficientemente helado como para exigir más abrigo y quizás alguna bebida caliente. No sabía que le había empacado su madre para el almuerzo, pero esperaba que al menos llevara algo de sopa. Por otro lado, la satisfacción de ver que sus jugadas, estrategias y decisiones les habían reportado un triunfo con una amplia ventaja le tenía flotando un par de centímetros sobre el suelo. Así que incluso si es que no había la comida que él deseaba ese día estaba siendo uno de los mejores de su vida.

Al llegar a la estación de Kamonomiya, Mitsui se despidió mientras ellos continuaron hasta su destino. Al llegar a Shohoku, no tardaron en encontrarse con Haruko y las otras chicas esperándoles para saber el resultado del juego, así mismo el muchacho Yamazaki. Lo que le extraño ya que había esperado encontrarse con Hanamichi.

Quién mejor comunicó como había transcurrido el partido fue Ayako, ya que respondió las preguntas de las muchachas aun embargada con la emoción de la victoria, Usume tampoco se encontraba en el lugar, pero eso no le importó. Vio a Matsuo caminar junto con Koichi, mientras el resto del equipo se despedía para volver a encontrarse en el entrenamiento de esa tarde.

‒Esperaba que Hanamichi fuera el primero en estar aquí… ‒ dijo y si bien no se trató de una pregunta Haruko se mostró notoriamente contrariada ante la mención del pelirrojo, fue Matsui quién respondió.

‒No lo hemos visto hoy… ah, excepto en la mañana cuando iba con Usume y su grupo al patio que usamos el sábado pasado.

‒ ¿Por qué iban ahí? ‒ peguntó Ayako. Siendo en ese momento Fujii quién contestara.

‒Parece que ordenaron un poco… de seguro Usume les pidió ayuda ‒ tenía sentido para Ryota, no era explicito, pero si indiscutible que la muchacha Kenta había hecho buenas migas con Hanamichi y su grupo.

‒Ciertamente que Sakuragi no haría nada que dañara al equipo de baloncesto, incluso si no es el suyo ‒ para Miyagi fue evidente como Haruko enrojeció, lo que nuevamente le extraño. Ella no solía reaccionar con tanta efusividad ante la mención de Hanamichi.

"¿Habrá ocurrido algo entre ambos?"

Y la idea de que el pelirrojo le había revelado sus sentimientos, nuevamente le emocionó como no imaginó que algo así lo haría. Era como se habían conocido y hecho amigos; dos adolescentes ignorados por las chicas que tanto amaban. Si él había tenido suerte con Ayako, quizás Sakuragi también había conseguido su objetivo.

"Le preguntaré en el entrenamiento"

Además, ese día les levantaría el castigo a Hanamichi y a Yamazaki, por tanto, ante su vista las cosas no hacían más que mejorar.

Después de dejar su equipo en sus casilleros, así como informar a la dirección de su triunfo Ryota buscó a Ayako los comedores del instituto, quién le esperaba en una mesa demasiado concurrida a su gusto. El clima había dejado a la mayoría de los estudiantes en lugares techados antes de arriesgarse a almorzar en los patios. Varios le saludaron y felicitaron por su triunfo en su primer partido como capitán y director interino sin interrumpirle demasiado para proceder a retirarse en cuanto lo vieron acercarse a su novia.

Para su grata sorpresa, Ayako había conseguido una porción de ramen. Lo que a esas alturas del almuerzo era toda una proeza.

‒Kasumi, solo pudo guardarme una porción ‒ dijo ella. Kasumi era una compañera de su salón con quién Ayako solía llevarse bastante bien, aunque Ryota no se arriesgaría a creer que eran amigas.

‒Estaba deseando tomar algo caliente ‒ dijo mientras dividía las porciones entre ambos, a falta de cuencos para sopa él y Ayako usaron tazas de café, lo que habría escandalizado a cualquier adulto. Pero él estaba profundamente agradecido de que ella se hubiera adelantado a sus deseos y conseguido un plato como ese, especialmente para ese día.

No había nada que pudiera molestar a Ryota esa jornada. Quizás incluso haría el entrenamiento menos exigente.

De a poco el comedor comenzó a vaciarse a medida que los minutos transcurrían y así como Ayako había compartido el ramen con él, Ryota le compartió su almuerzo. La sensación de encontrarse en una cita le invadió a medida que el silencio los rodeaba y ellos mismos comenzaban a hablar en voz baja.

‒Te ves muy satisfecho ‒ dijo ella con una sonrisa en la cual parecía bastante fácil perderse.

‒Debo estarlo ‒ contestó ‒ un triunfo en el primer partido siempre es razón para sentirse feliz.

‒Feliz, eso es bastante más que satisfecho ‒ Ryota asintió sin poder contener su sonrisa.

‒ ¿Es muy engreído de mi parte? ‒ Ayako negó.

‒Por supuesto que no, tienes derecho a disfrutar de tus triunfos, los jugadores que elegiste respondieron bien y los cambios fueron adecuados.

Entonces sin notarlo él le cogió la mano, y si bien Ayako enrojeció no hizo además alguno de alejarse y solo bajó la vista algo cohibida. Pero cuando lo miró, Ryota tenía la mirada pérdida quizás aún en el partido.

‒Me preocupaba ‒ dijo ‒ que un mal resultado afectara el proyecto ‒ solo entonces la miró a ella ‒ el de Shohoku, no solo el del equipo ‒ Ayako asintió comprensiva y agregó.

‒Es un desafío importante y creo que su inicio ha sido el correcto ‒ fue entonces Ryota quién sonrió cansado.

‒ ¿Los triunfos nos dan la razón? ‒ ella negó.

‒Es el resultado… solo que en esta ocasión ha sido un triunfo ‒ era cierto, si al final de su periodo como capitán lograba una preparatoria fuerte para lo que fuera y un equipo completamente unido se daría, realmente, por satisfecho.

La campana que los llamaba a clases sonó, Ayako se puso de pie y él la siguió. Centró su vista en las manos de la muchacha y lo delicadas que se veían, de estas subió a sus muñecas y se quedó perdido en el espacio entre su cintura y su brazo, el vaivén de sus pasos y como es que su cabello oscuro se balanceaba. Aquel era un atributo poco común, casi nadie tenia el cabello rizado de esa forma tan natural, además de ser más alta que el promedio y poseer un valor a toda prueba.

Desde que él tomara el mando del equipo Ayako solo le había apoyado y dado consejos sobre cómo lidiar, principalmente a los estudiantes más antiguos ya que los conocía mejor. Era ella quién le había dicho que fuera a ver a Rukawa cuando este enfermara y le había comentado sobre el posible descontento en el equipo si es que mantenía a un grupo como privilegiado. Y antes, con el capitán Akagi, había sabido motivarle con lo necesario para sacar lo mejor de él contra Sannoh.

Había sido la voz de la razón en el peor momento del equipo, si Hanamichi aprendió lo básico fue gracias a ella. Y ahora, sin dejarlo de lado la veían embarcarse en aquel desafío que significaba levantar un equipo de la nada.

"Es hora de que yo la ayude"

Y sin pensarlo mucho extendió su mano y cogió la de ella.

Ayako se giró a mirarlo en el preciso momento en que abría la puerta para salir del comedor, pero Ryota lo evitó, dejándola a ella entre él y la salida. Pudo percibir como que su cercanía la perturbaba ya que se encogió nerviosa, así como su gesto al mirarlo excedía por mucho a la sorpresa y le resultó muy difícil el controlarse al notar como es que sus mejillas cambiaron de color a un rubor que la volvió sencillamente adorable.

"Como si no fuera suficiente lo hermosa que me parece"

Sabía que el paso siguiente era besarla, todo su cuerpo se lo decía. Quería apegarla en lo posible a él mismo y estrecharla como lo hiciera aquella vez en que ella le había besado, se había sentido tan bien y por cómo iba su día que robarle un beso a Ayako solo lo mejoraría.

"Soy intrépido… un héroe… un maldito dios"

‒Por cierto ‒ dijo con total y falsa tranquilidad, sobre todo al sentir que él también se estaba ruborizando ‒ estaba pensado en que… bueno, me has ayudado tanto. Que quisiera hacer lo mismo y ayudarte a reclutar más chicas para tu equipo ‒ Ayako parpadeo de tal forma que en milésimas de segundos su rostro volvió a la normalidad para volver a sonreírle con todo su ser.

"Solo por ver su sonrisa"

‒ ¡Claro! ‒ contestó ella con toda emoción ‒ Haruko sobre todo ha… ‒ y aquello fue todo lo que pudo tolerar.

La hizo callar con un beso, el cual si bien la tomó por sorpresa ella contestó con una agitación similar a la suya. Sabía a ramen y era tan o más cálido de lo que él había supuesto, la respiración sobre su rostro le envió toda clase de aromas cual más adorable y cuando ella retrocedió para ser detenida por la puerta Ryota volvió a sentir la aceleración de la victoria.

En aquel momento su pecho se extendió y su estomago subió a la altura de sus pulmones, se atrevió a introducir su lengua en la boca de su novia y Ayako como respuesta pasó su brazo libre tras su cuello solo para acercarlo más.

Era lo que había querido, sentir el cuerpo de ella con la suficiente calidez y suavidad para hacerle querer más, para desear que todos y todo desapareciera y que solo quedaran ellos en medio de la nada. Más nervioso de lo que hubiera esperado llevó su mano libro a la cadera de la muchacha y se atrevió a apretarla contra sí.

Un latigazo de sensacional emoción le recorrió todo el cuerpo, como si le hubiera golpeado un rayo.

Sentía tanta presión y de pronto el calor se le hizo demasiado. La escuchó ahogar un suspiro contra su boca y estuvo seguro de escuchar la madera de la puerta crujir bajo su agarre.

"Quiero más…"

Y de pronto ya no tenía aire. Fue, entonces, la idea de que la ropa les estorbaba lo que le hizo detenerse, con la urgencia de salir de una pesadilla. Solo que si hubiera sido por él se habría sumergido en ella de nuevo y sin titubear.

Y si bien no quería, supo que debía bajar la intensidad de su beso, para finalmente abrir los ojos y ver que ella estaba igual de agitada que él.

‒De… debemos ‒ dijo ahogando un suspiro ‒ hay que ‒ Ayako tragó pesado y carraspeo ‒ hay que volver ‒ deseo decirle que no, que perfectamente podrían saltarse las clases y esconderse ambos en algún lugar en donde nadie los molestara, en donde no hubiera luz que les acusara.

En vez de ello, solo asintió.

‒Si, vamos.


N/A:

Oajala hayan disfrutado el capítulo. Debe ser el más largo de todos los que he escrito casi 11 mil palabras.

Atte.-

Brujhah