Capitulo 9

POV de Serena

Amy entró en la habitación con una bandeja de suministros médicos en una mano y su computador en la otra. Su expresión era serena como siempre, pero el brillo en sus ojos delataba que tenía información importante que compartir.

—¿Y bien? —preguntó Rei con impaciencia, cruzando los brazos—. ¿Algo nuevo?

Amy dejó la bandeja sobre la mesita de noche antes de deslizar la tableta entre sus manos.

—Mientras revisaba los registros médicos y los análisis que hemos hecho de tus alas, también estuve consultando la base de datos del computador de Mercurio —dijo, su tono ahora más analítico—. Encontré algunas coincidencias bastante interesantes.

—¿Coincidencias? —repetí, levantando la vista de la manta sobre mis piernas.

Amy asintió y giró la pantalla para mostrarnos imágenes de antiguos textos estelares, acompañados de diagramas de alas muy similares a las mías.

—Según la información que encontré, tus alas coinciden con las de una raza conocida como Angelus Caelesti —explicó—. Fueron los gobernantes de la galaxia durante cientos de años hasta la muerte de Sailor Cosmos, la sailor regente de su planeta.

Se hizo un silencio pesado en la habitación mientras procesaba sus palabras. Saber que hay o por lo menos hubo alguien igual a mí era... extrañamente calmante... era calmante saber que no soy solamente un bicho raro.

—¿Estás diciendo que Serena podría ser…? —Mina dejó la frase en el aire, incapaz de terminarla.

—No lo sé con certeza —admitió Amy—, pero hay algo más. De acuerdo con los registros, las alas de los Angelus Caelesti tenían habilidades regenerativas avanzadas. Si seguimos el tratamiento adecuado y realizamos la cirugía para retirar los fragmentos de metal, deberían sanar por completo.

Exhalé un suspiro de alivio. A pesar de todo, había esperanza.

—Eso significa que recuperaré la movilidad, ¿verdad? —pregunté, solo para asegurarme.

Amy asintió con confianza.

—Exacto. Con el tiempo y la rehabilitación adecuada, deberían regenerarse sin problemas.

La tensión en mis hombros disminuyó un poco. Claro, todavía tenía que enfrentar la cirugía y la recuperación, pero al menos ya no estaba mirando un futuro incierto en el que podría perder mis alas para siempre.

—Bueno, eso es un alivio —dije con una sonrisa cansada—. Aunque no puedo evitar preguntarme… si mis alas realmente son como las de los Angelus Caelesti, ¿qué significa eso para mí?

Amy ajustó sus lentes, pensativa.

—No lo sé aún, pero voy a seguir investigando.

Mina se acercó y me palmeó la espalda suavemente, evitando las zonas heridas.

—Independientemente de lo que signifique, sigues siendo nuestra Serena. No importa de dónde vengan tus alas, seguimos estando aquí para ti.

Las otras asintieron, y una cálida sensación de alivio me envolvió. Por primera vez en mucho tiempo, sentí que no estaba sola en esto.

Amy seguía deslizando sus dedos sobre la pantalla de su computadora, sus ojos escaneaban rápidamente la información que aparecía en el registro del computador de Mercurio. Su rostro permanecía impasible, pero yo la conocía lo suficiente como para notar el brillo en sus ojos cada vez que descubría algo nuevo e importante.

—Esto es… increíble —susurró finalmente, sin levantar la vista de la pantalla.

—¿Qué encontraste ahora? —preguntó Rei, su impaciencia volviendo a surgir.

Amy ajustó sus lentes antes de comenzar a leer en voz alta:

—"Reino del Cielo y la Paz Eterna. El reino celestial, localizado en la estrella más grande de la galaxia, fue conocido como el imperio regente de la galaxia por varios cientos de años. La raza habitante de este reino era Angelus Caelesti, seres de luz que se creía tenían descendencia divina. Físicamente eran hermosas mujeres de cabello dorado, plateado o blanco y alas cuyo tamaño representaba su poder…"

Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Mis manos se cerraron con fuerza sobre la manta, tratando de mantenerme tranquila mientras las palabras de Amy resonaban en la habitación.

—"Los Angelus Caelesti se caracterizaban por su gran energía, vitalidad y la extraña capacidad de estas mujeres de procrear con cualquier ser sin importar su raza o género; además de su famoso odio por la violencia y codicia. Esta raza obtuvo el título de la especie más pura existente y, bajo su reinado, la galaxia vivió un largo periodo de paz."

Mina dejó escapar un silbido bajo.

—Wow… suena como algo sacado de una leyenda.

—Pero no lo es —respondió Lita en voz baja, mirando de reojo mis alas.

La descripción encajaba perfectamente conmigo... mi cabello dorado, las alas... no sé del resto, pero por lo menos encajo en la parte fisica.

Amy continuó:

—"El reino celestial cayó cuando cinco de los planetas más fuertes de la galaxia decidieron enfrentarlos tras la muerte de Sailor Cosmos, la sailor protectora del planeta y de todo el universo. Se rindieron sin siquiera llegar a pelear. Tras descubrir las características sanadoras de su cabello, lágrimas, sangre y plumas, se decidió la comercialización de aquellas hermosas mujeres como esclavas a precios elevados. La totalidad de la raza fue vendida a diferentes planetas en el transcurso de los primeros tres años desde la primera subasta. La extinción de la raza se dio durante la epoca el milenio de plata, cuando una descendiente de la familia real murió."

El silencio se hizo pesado en la habitación. No sabía qué decir. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho, como si algo dentro de mí respondiera a aquellas palabras de una forma que no entendía del todo.

—Eso es… horrible —murmuró Rei, sus puños apretados con fuerza—. Vendieron a toda su raza como si fueran mercancía…

Amy asintió con gravedad antes de continuar:

—"Entre algunas curiosidades de este reino está que, antes de su caída, transfirió sus riquezas a reinos menores de la galaxia. Se conoce que el tesoro y los libros del reino fueron transferidos a un planeta aliado desconocido; según el registro de la biblioteca, esta pudo haber sido conocida como la biblioteca más grande de la galaxia.

El ejército de este planeta, compuesto únicamente por doce mujeres, cada una con una simple espada, ha sido reconocido por ser el más pequeño y débil de la historia, lo que es posiblemente la razón por la cual se rindieron sin intentar pelear."

—Eso no tiene sentido —interrumpió Lita con el ceño fruncido—. Doce mujeres con espadas no pueden proteger todo un reino.

—Quizás no eran guerreras… —dije en voz baja, más para mí misma que para ellas—. Quizás no sabían pelear, y por eso prefirieron rendirse en lugar de luchar en una guerra que no podrían ganar.

Amy pasó la página en la pantalla y su expresión se volvió aún más seria.

—Esto es lo más importante —dijo antes de leer la última parte—. "Se revela la princesa heredera, la joven princesa Harmonía de cinco años, fue comprada por la reina Serenity del reino de la Luna, tras tras la caída del reino celestial.

La princesa Harmonía murió a los 45 años defendiendo a la última reina de la Luna, la reina Serenity Selene, y a la hija de la reina Serenity, la princesa Serenity Harmonía Selene, última princesa de la Luna. Se cree que el reino de la Luna albergó descendencia de la última princesa del reino celestial. Sin embargo, tras la destrucción del Milenio de Plata, se cree que la raza pereció con la muerte de la princesa Harmonía".

La habitación quedó en un silencio absoluto.

Sentí que todo el aire había abandonado mis pulmones.

—Serenity Harmonía Selene… fue ese mi nombre pasado?—susurré con la voz temblorosa y Amy asintió suavemente.

No necesitaba que nadie más lo dijera. No hacía falta que Amy confirmara lo que todas ya habían comprendido.

Ese era mi nombre.

Ese era mi linaje.

Yo… yo era la última.

Mina fue la primera en romper el silencio.

—Espera, espera… —dijo, frotándose las sienes con las yemas de los dedos—. Si este reino existió por cientos de años y fue tan importante, ¿por qué su caída fue tan contemporánea con el Milenio de Plata?

—Eso no tiene sentido —agregó Lita, cruzándose de brazos—. ¿No deberían haber desaparecido hace muchísimo tiempo?

Amy exhaló suavemente y volvió a mirar la información en su computadora antes de responder.

—No fueron esclavizadas inmediatamente después de la caída de su reino —explicó—. En realidad, el reino celestial se convirtió en un planeta subordinado durante cien años antes de que los altos mandos de la galaxia decidieran comercializar a su población.

—¿Subordinado? —preguntó Rei, con el ceño fruncido—. ¿Quieres decir que los obligaron a servir a esos cinco planetas que los traicionaron?

—Exactamente —confirmó Amy—. Según los registros, en ese período de sumisión, la madre de la princesa Harmonía nació en cautiverio. Eso fue 2000 años antes del nacimiento de la princesa Harmonia.

Mina abrió los ojos con sorpresa.

—¿Dos mil años?

—Sí, eran una especie longeva—asintió Amy—. El nacimiento de la madre de serena fue 2100 años después. Para ese entonces, el comercio de los Angelus Caelesti ya estaba en su punto más alto, y ella fue una de las últimas que fueron vendidas en ese tiempo. Fue comprada por la reina Serenity del Reino de la Luna.

Rei se cruzó de brazos, asimilando la información.

—Entonces, aunque el reino celestial cayó hace muchísimo tiempo, la línea de sangre de sus habitantes se mantuvo viva hasta que su raza fue completamente erradicada…

—Y la última princesa de ese linaje… —Lita volvió la mirada hacia mí, sus ojos reflejaban una mezcla de asombro y preocupación—. Fuiste tú.

Tragué saliva, sintiendo un nudo formarse en mi garganta.

—Parece que sí —murmuré, mis dedos apretando la manta sobre mis piernas.

El peso de aquellas palabras caía sobre mí como una losa. No era solo el hecho de que mis alas fueran parte de mi identidad, sino que también llevaban consigo la historia de un reino perdido, de una raza extinguida y de un linaje que, sin que yo lo supiera, había estado siempre ligado al Milenio de Plata.

Mina me observó con atención antes de sonreír suavemente y extender su mano para tomar la mía.

—Bueno, serás la última, pero eso no significa que estés sola.

Le devolví la sonrisa, aunque todavía sentía mi pecho oprimido por la magnitud de todo lo que acababa de descubrir.

No estaba sola… pero por primera vez en mi vida, entendí lo que realmente significaba ser única.

Sentí la tensión en el aire, el peso de la conversación amenazando con aplastarnos a todas. La verdad era demasiado grande, demasiado compleja, y sinceramente, no quería seguir pensando en ello en ese momento. Así que, respiré hondo y decidí cambiar de tema.

—Bueno… al menos mis alas pueden ser reparadas —dije con una sonrisa forzada, encogiéndome de hombros—. Supongo que es una ventaja, ¿no?

Mis amigas me miraron con incredulidad.

—¿De verdad estás tratando de restarle importancia a esto? —preguntó Rei, claramente molesta.

—No es eso… es solo que… bueno, hay cosas más urgentes ahora —dije, girando un poco las alas con cuidado—. Mis alas están dañadas, sí, pero con el tratamiento adecuado sanarán. No es como si las usara todo el tiempo.

—¿No las usaste antes? —preguntó Mina con curiosidad.

Me encogí de hombros.

—Solo en un par de transformaciones, realmente. La mayor parte del tiempo no las necesitaba. Quiero decir, tengo el poder del cristal de plata, puedo teletransportarme y flotar cuando es necesario. Así que no es como si hubiera dependido de ellas. Algunas veces simplemente me acuesto en mi cama con ellas, cuando las guardo por mucho tiempo se siente como si tuviera un brazo dormido.

Lita se cruzó de brazos y suspiró.

—Bueno, eso al menos explica por qué no notamos nada antes.

—Exacto —asentí—. Además, si tienen capacidades regenerativas, como dijo Amy, entonces en unos meses estarán como nuevas.

Mina se acercó y me dio un leve codazo en el brazo.

—Eso no significa que puedas ignorarlo.

Sonreí con un poco más de sinceridad esta vez.

—Lo sé, lo sé. Pero por ahora, prefiero concentrarme en lo positivo. Y lo positivo es que no voy a perderlas y que no hay efectos secundarios por lo de la primera vez.

Mis amigas se miraron entre sí. Sus expresiones seguían siendo preocupadas, pero al menos el ambiente ya no estaba tan pesado.

—Supongo que eso es cierto… —murmuró Rei, aunque todavía parecía algo dudosa.

—Entonces, ¿Qué sigue? —preguntó Lita.

Amy revisó su computadora una vez más.

—Lo mejor sería empezar con el tratamiento lo antes posible. Ya sabemos que Serena necesitará cirugía para retirar los fragmentos de metal y reparar las fracturas en las estructuras óseas de las alas. Después de eso, solo será cuestión de tiempo y cuidados.

—Eso suena manejable —dije, tratando de sonar confiada.

Mina sonrió.

—Bueno, si alguien puede sanar rápido, eres tú.

Todas rieron suavemente, y aunque el peso de la verdad seguía ahí, me sentí un poco más ligera.

Amy seguía revisando su computadora, claramente considerando todas las opciones disponibles para la cirugía. Yo, por mi parte, trataba de no pensar demasiado en el hecho de que pronto estaría en un quirófano. Suspiré y decidí abordar algo que probablemente se convertiría en un problema.

—Amy… hay algo que deberíamos tomar en cuenta antes de seguir planeando esto.

Amy levantó la vista de la pantalla con curiosidad.

—¿De qué se trata?

—Es muy probable que me despierte a la mitad de la cirugía —dije con total naturalidad, como si hablara del clima.

Amy parpadeó un par de veces antes de fruncir el ceño.

—¿Cómo que "te despiertes a la mitad"?

—Bueno, no es la primera vez que me operan —expliqué con un encogimiento de hombros—. Y en todas esas ocasiones, la anestesia no funcionó del todo.

Pude ver la incredulidad en su rostro.

—¿Todas?

—Todas —confirmé—. Cuando era niña, los médicos intentaron aumentar la dosis de anestesia, pero tampoco funcionó. Así que después de que me desperté un par de veces en medio del procedimiento, decidieron que la mejor opción era explicarme lo que estaban haciendo mientras operaban.

Amy me miró como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo.

—¿Qué clase de médicos pensaron que era buena idea operar a una niña despierta?

—Médicos humanos que no sabían qué más hacer —respondí con una sonrisa amarga—. No podían dormirme del todo, así que optaron por hablarme con calma y decirme qué estaban haciendo, paso por paso, mientras intentaban terminar la cirugía lo más rápido posible.

Amy cerró los ojos y tomó aire lentamente, probablemente tratando de contener su frustración.

—Serena… eso no es normal.

—Lo sé —respondí sin perder la sonrisa—. Pero al menos gracias a eso sé bastante sobre procedimientos quirúrgicos.

Amy me lanzó una mirada de advertencia.

—Esto no es un chiste.

—No lo es —admití—, pero si me pongo a pensar demasiado en ello, me voy a estresar más de lo necesario.

Amy suspiró, claramente preocupada.

—Si en verdad eres descendiente de los Angelus Caelesti, tiene sentido que la anestesia no funcione bien en ti. Probablemente metabolizas los medicamentos a una velocidad anormalmente alta.

—Lo que significa que, a menos que tengamos un método mejor, voy a terminar despierta en medio de la cirugía otra vez —dije con resignación.

Amy asintió, su mente ya trabajando en soluciones.

—Podríamos intentar una combinación de anestesia con monitoreo constante. Y si eso no es suficiente, usar magia para mantenerte dormida podría ser la mejor opción.

—Definitivamente prefiero la magia antes que volver a escuchar a alguien diciéndome "ahora vamos a retirar el tejido dañado" mientras estoy despierta.

Amy apretó los labios en una línea tensa.

—Definitivamente no voy a permitir que eso pase esta vez.

Sonreí levemente.

—Por eso confío en ti. Sé que encontrarás una forma de que esto salga bien.

Amy me miró por un momento antes de soltar un suspiro más relajado.

—Haré lo mejor que pueda.

Amy volvió su atención a la computadora, tecleando rápidamente mientras buscaba en los registros médicos de los Angelus Caelesti. Yo la observé en silencio, notando cómo su expresión pasaba de concentración a frustración en cuestión de minutos.

—No hay casi nada… —murmuró, frunciendo el ceño—. Es como si sus registros médicos hubieran sido borrados o simplemente nunca documentados.

—Bueno, considerando que fueron esclavizados y exterminados, no me sorprende —comenté con un suspiro—. Dudo que a sus captores les importara llevar un buen historial médico.

Amy asintió con una expresión tensa y siguió buscando. Finalmente, después de un rato, su expresión cambió levemente.

—Encontré algo —dijo con cautela—. No es un registro detallado, pero hay una referencia a un procedimiento quirúrgico realizado en tu vida pasada.

Me enderecé de inmediato.

—¿Y qué dice?

Amy leyó en voz alta:

—"Paciente: Princesa Serenity Harmonía Selene. Procedimiento: cirugía mayor. Método anestésico: sedantes de dosis para adultos de…" —Amy hizo una pausa y me miró con una mezcla de sorpresa y preocupación—. "Sedantes de dosis para adultos, mezclados con un veneno de categoría media".

Parpadeé, procesando lo que acababa de escuchar.

—¿Me operaron con… veneno?

—Eso parece —Amy entrecerró los ojos, revisando más detalles—. Y considerando que la especie del Reino de la Luna tiene una biología distinta a la humana, su dosis de sedantes debe haber sido mucho más fuerte de lo que un humano promedio podría soportar.

—Pero eso significa que… —Lita, que había estado escuchando atentamente, frunció el ceño—. Serena necesitó una combinación de una dosis extrema de sedantes y veneno para mantenerse dormida en su vida pasada.

—Y ahora, sin siquiera eso, me despierto en medio de las cirugías —murmuré, sintiendo un escalofrío recorrer mi espalda.

Rei golpeó la cama con frustración.

—¡Esto es ridículo! ¿Cómo se supone que alguien pueda operarte en estas condiciones?

Amy se quedó pensativa, mordiéndose el labio inferior.

—Si eso funcionó en el pasado, tal vez podamos replicarlo, pero usando magia en lugar de veneno. Algo que pueda reducir tu resistencia sin poner en riesgo tu salud.

—Siempre podemos probar dejándome inconsciente de un golpe —bromeé, intentando aliviar la tensión.

Rei me fulminó con la mirada.

—No es gracioso.

—Lo sé, lo sé —suspiré—. Pero tampoco podemos hacer mucho hasta que encontremos la mejor forma de manejar esto.

Amy asintió, sus dedos volviendo al teclado.

—Seguiré investigando. Si en el pasado lograron hacerlo, tiene que haber alguna otra referencia en algún lado. Aquí parece haber algunas alternativas mágicas.

Me crucé de brazos, todavía procesando lo que Amy había encontrado. La idea de necesitar magia para dormir durante una cirugía era extraña, pero después de lo que había pasado con los anestésicos humanos, no sonaba tan descabellado.

—Si decimos que la solución es usar magia en lugar de veneno… ¿cómo exactamente lo haríamos? —pregunté en voz alta, mirando a mis amigas—. Porque hasta donde sé, ninguna de nosotras conoce hechizos de sueño ni nada parecido que no esté relacionado con el Cristal de Plata o nuestras transformaciones.

Amy se quedó en silencio, como si estuviera calculando posibilidades en su cabeza. Rei frunció el ceño y se apoyó en la pared, pensativa.

—Tienes razón… —admitió finalmente—. Nuestro poder se enfoca en la batalla. No sabemos lanzar hechizos específicos como los registrados en el milenio de plata.

Lita se cruzó de brazos, frunciendo el ceño.

—Quizás podríamos intentar canalizar energía de otra forma, pero nunca hemos probado hacer magia que no sea ofensiva.

—¿Y si usamos el Cristal de Plata? —preguntó Mina, mirando en mi dirección—. Serena, ¿crees que podrías usarlo para algo como esto?

Me mordí el labio, incómoda con la idea.

—El Cristal de Plata solo reacciona cuando quiero proteger a alguien —murmuré—. Dudo que pueda usarlo en mí misma para inducir el sueño.

Solamente sé como usar el cristal de plata en momentos especificos.

Amy asintió.

—Además, el Cristal de Plata no es un objeto común de magia. Su poder responde a tus emociones y deseos más profundos. Si tu instinto de supervivencia se activa en la cirugía, el cristal podría interferir en lugar de ayudar.

Suspiré, sintiéndome frustrada.

—Entonces, si ninguna de nosotras sabe cómo hacer esto y no podemos depender del Cristal de Plata… ¿qué opciones nos quedan?

Suspiré y me encogí de hombros, aceptando la inevitable realidad.

—Bueno… supongo que me resigno —dije, recostándome en la cama con una expresión cansada—. Solo denme una dosis de anestesia suficiente para sedar un elefante, unas buenas gafas de sol, un manga y una canción decente de fondo.

Eso, y me repetiré eternamente que estoy con Amy... no sé como será... yo realmente necesito centrarme en algo más para evitar... llorar.

Amy me miró con una mezcla de incredulidad y preocupación.

—¿Eso es todo lo que pides?

—Sí. Si igual voy a despertar a la mitad de la cirugía, al menos quiero fingir que estoy de vacaciones en la playa en vez de en una mesa de operaciones.

Mina dejó escapar una pequeña risa, mientras Lita y Rei intercambiaban miradas entre la diversión y la preocupación.

—Eres increíble, Serena —murmuró Rei, cruzándose de brazos—. Pero bueno, si eso es lo que quieres…

—También preferiría que nadie me describa con lujo de detalle lo que está haciendo mientras estoy medio dormida —agregué, levantando un dedo en advertencia—. Si escucho algo como "ahora cortaremos aquí" o "espera, eso no debería estar ahí", voy a entrar en pánico.

Recordé vagamente la sensación de la piel tirando bajo las herramientas, el murmullo de voces apresuradas y mi propia voz apenas audible pidiendo que pararan...

Yo realmente no quería volver a la sala de operaciones...

Amy suspiró, claramente luchando entre ser profesional y reírse ante mi resignación.

—Haré lo posible para evitarlo —prometió—. Y buscaré la mejor opción para que no despiertes a la mitad… aunque con tu historial, no puedo garantizar nada.

Me encogí de hombros.

—Mientras tenga mis gafas y mi música, me conformo.