CAPÍTULO 50

El caluroso verano de Kioto ardía sobre la piel, el sol a lo alto no mostraba clemencia para elevar la temperatura. Por suerte, aún no había llovido y si bien la humedad era un poco alta, tampoco era lo suficiente como para resultar insoportable.

Utahime caminaba entre los pasillos de los edificios que comprendía la escuela, llevaba mala cara y no precisamente por estar molesta, simplemente sentía que estaba a punto de derretirse.

Ese día estaría ocupada con los entrenamientos de los alumnos para el evento de intercambio. Quería supervisarlos ya que no hacía mucho que Hibari y Kei había tenido su incidente en la misión. Conociendo lo imprudente que podía llegar a ser la chica pelirroja, era mejor echarles un ojo para que no se sobre exigieran.

Los muchachos de segundo y tercero estaban combatiendo entre ellos en el campo, Utahime se paró bajo la sombra del árbol más cercano y los observó. Movió su cuello a un lado y a otro, no tenía ganas de nada. Culpó al calor de su indisposición, sin embargo, las tareas debían cumplirse.

—¡Chicos! ¡Reúnanse, por favor! —gritó Utahime.

Los alumnos llegaron a donde su profesora; sudando a mares y cansados. Estaban esforzándose mucho para el evento de intercambio y eso llenó de orgullo a Utahime. El año pasado lo habían hecho genial, aunque desafortunadamente habían perdido.

—Siguen entrenando duro pese a que este año no tendremos combates individuales, los felicito.

—Había entrenado un montón para ese momento, siento lastima de que no sea así —se quejó Kei.

—Acabas de recuperarte, si no fuera por Okkotsu, seguirías en cama incapaz de competir —le aclaró Utahime.

—Lo sé, quería demostrar lo mucho que he crecido.

—Te dejaremos lucirte en el evento, descuida —le animó Hibari.

—Profe ¿Cómo eligieron los eventos de este año?

—Bueno, intentamos que fueran actividades agradables y que desafíen sus habilidades y trabajo en equipo.

—¿Podría darnos una pista? —preguntó Chizuka.

—Lo lamento, pero solo lo sabrán hasta el día del evento.

—Siento que puedo esperar cualquier cosa del profesor Gojo —se quejó Kei con un gran suspiró. Ese viaje a Corea había dejado mucho aprendizaje sobre las manías del peliblanco.

—Estos días estarán recibiendo entrenamiento de parte de Kamo y Nishimiya, aprovechen bien su tutela ¿de acuerdo?

—¿Kamo senpai vendrá? —preguntó asombrado Ichiro, de tercero.

—Por su puesto. Recuerden que este año iremos a Tokio, así que perderemos la ventaja del terreno.

—Escuché que los hechiceros de Hokkaido vendrían de nuevo —comentó Chizuka.

—Correcto. Será un sistema de evaluación similar al año pasado.

—De pronto siento más presión…

—No hay nada de qué preocuparse —les alentó Utahime con esa calma y buena vibra que todos adoraban de ella—. Sigan practicando, aunque no tendrán misiones estas semanas por los preparativos, no deben lesionarse.

—¡Sí! —gritaron los seis en coro.

Bajo el sol de verano, los chicos continuaron con su entrenamiento. Las posibilidades de victoria seguían siendo buenas y todos esperaban ansiosos el día de mostrar lo aprendido luego de un año de arduo trabajo.

El tema de Hokkaido era hasta cierto punto un dolor de cabeza. La última vez que vio a Gojo, en su muy inesperada sorpresa de recibimiento, hablaron sobre ello y también… Gojo lanzó una bomba que no se la veía venir ni en sus más locos sueños.

Te diré esto, porque tarde o temprano te enteraras —dijo Gojo poniendo una cara seria. Siendo honestos, esperaba que Utahime lo entendiera.

¿Ahora con que vas a salir? ¿Qué hiciste? —le reprochó con un suspiro.

Instauramos de nueva cuenta el Jingikan y Hijikata estará a cargo —dijo sin más, con una sonrisa inocente en su brillante rostro. Utahime parpadeó, esperando a que admitiera que era una broma. Gojo siguió sonriendo, a diferencia de Utahime.

¿Es una broma?

Me temo que no.

¿Cómo es que sucedió eso? Es decir, ¿desde cuando hablas con To… Hijikata?

Toshizo —dijo Gojo, para terminar lo que ella no pudo. Una parte de su ego se hería de saber que podía llamarlo por su nombre y él continuaba siendo Gojo la mayor parte del tiempo.

Explícame, porque estoy increíblemente consternada —y por su expresión, también estaba molesta.

Es una larga historia…

Creo que me he ganado el derecho a escucharla.

Hime, te has ganado el cielo si pudiera dártelo —Gojo la besó en los labios. Fue el mejor sexo que habían tenido.

Gojo estuvo bastante tiempo explicando como habían llegado a la idea de reformar el Jingikan, sus planes de mejoramiento e incluso el porqué de los miembros de este. Le contó sobre su encuentro con Hijikata el año pasado en el sushi y cómo fue que decidió darle el cargo tras discutirlo con Gakuganji. Utahime preguntó un montón de cosas, pero fueron dos en particular las que estaban fuera de los tecnicismos de todo lo que implicaba lo que Gojo quería hacer.

¿Por qué no me incluiste? Y ¿no se te ocurrió que podría no querer ver a Hijikata?

Respondiendo a la segunda, sé que no es el caso. Vamos, no lo odias ni tantito —dijo con humor, alzando los hombros—. Además, confío en ti, aun si quisieras dejarme por él tras su reencuentro, si eso te hace feliz lo aceptaría.

Eso no va a pasar jamás. Lo dices solo para satisfacer tu ego ¿no? —replicó molesta, arrojándole una almohada a la cara. Gojo aceptó el golpe.

¿Quieres la verdad? Sé que Hijikata te aprecia y haría todo lo posible por ayudarte. Lo elegí porque sé que no permitiría verte desfavorecida. Y… porque es increíble en su trabajo.

No necesito niñeros…

Eso me remonta a la primera pregunta. No es oficial y no debería decirlo, sin embargo, me preguntas directamente, así que debo responder.

Deja de darle vueltas, solo dime.

El viejo te dejará a cargo de la preparatoria de Kioto dentro de dos años. Él va a anunciarlo oficialmente en el evento de intercambio. Claro, si tu respuesta es favorable antes.

Dijiste que solo fue una plática privada —murmuró con sorpresa.

Lo fue, pero ahora que hemos oficialmente iniciado los preparativos del Jingikan hay que tomar acciones.

Estás poniendo el mundo de la hechicería de cabeza ¿lo sabes? —Utahime miró a Gojo de forma que sentía más orgullo de que los planes fueran ya tangibles y no más ideas. Cierto era que Gojo puso al mundo de cabeza simplemente por nacer.

Claro —sonrió con ánimo.

Aun así, me molesta que me hayas dejado de lado, además incluiste a Kaori.

Necesito gente de confianza.

Es mucho que procesar —dijo tras un suspiro—. Haré mi mejor esfuerzo, lo prometo.

Cuando asciendas a directora, no debería pasar mucho hasta que me mude a Kioto y asuma tu puesto de profesor.

Suena tan irreal que me gustaría reírme. No creo que alguien siquiera pensara que algo así sucediera.

Dentro de poco podré decir que me acuesto con mi jefa ¿no es eso emocionante? —dijo con mucha ilusión de imaginar el escenario.

No te atrevas siquiera a mencionarlo como broma —refunfuñó de inmediato.

Pasaremos todos los escenarios posibles. ¿No es nuestra relación super excitante?

Lo es, pero no por eso.

Serás una increíble directora, Hime.

Bien, no parece que vayamos a estar libres de los deberes de hechiceros a corto plazo —Utahime volteó a ver a Gojo, había duda en sus ojos y Gojo la supo reconocer.

Hay mucho trabajo por hacer —dictó firmemente.

¿Crees que sea conveniente iniciar una familia justo después de eso?

Sería muy complicado —Gojo se cruzó de brazos y meditó al respecto. Nada que pudiera imaginarse le hacía caer en un escenario realista. Utahime no dijo nada—. No tengo la más mínima idea sobre ser padre.

No es que yo sí la tenga, pero los bebés demandan cuidado sin descanso —habló Uta con paciencia. También estaba pensando en que deberían hacer—. Sería irresponsable dejar el puesto si acabara de aceptar o dejar descuidado a mi hijo por el trabajo.

Hubo un silencio por parte de ambos.

Que complicado… —concluyó Gojo con evidente desgano.

Sí…

¿Deberíamos esperar un poco más? —sugirió como una opción viable—. Es decir, ya acordamos que sí lo haremos, solo hay que decidir el momento adecuado para que no se vuelva un problema.

Utahime miró a Gojo y la seriedad con la que había propuesto aquello. No parecía una mala idea el posponerlo hasta tener las cosas claras.

Hablemos de ello nuevamente cuando se acerque el momento —dijo Utahime.

De alguna u otra manera, todo saldrá bien.

Eso quiero pensar…

Acordaron entonces no verse hasta el evento de intercambio que sería dentro de cuatro semanas, eso les serviría para enfocarse cada uno en los entrenamientos de sus respectivos alumnos y formular estrategias adecuadas para la ocasión.

Casi había pasado un año desde que Gojo y ella comenzaron nuevamente a intimar y lanzarse indirectas bastante obvias. Una cosa llevó a la otra y ahora eran una pareja formal ante los ojos de todos.

No se verían ese mes, sin embargo, hablaban bastante por teléfono e intercambiaban mensajes. Últimamente se hacía costumbre darse las buenas noches cuando Utahime iba a la cama, a veces temprano otras más tarde, lo que era seguro es que Gojo siempre estaba en vela sin importar la hora.

—Profesora Utahime, ya que estamos con tiempo libre… —comenzó Chizuka de manera sospechosa. Justo acababan de terminar una sesión de entrenamiento.

—No tienen tiempo libre, deben entrenar arduamente —le corrigió.

—Pero el jueves es el cumpleaños de Hibari —alegó Manabu alumno de tercero, compañero de la mencionada.

—Oh, ¿tan pronto es 10 de agosto? El tiempo pasa volando—dijo Utahime. Con tanto trabajo y cosas por hacer había perdido la noción exacta del tiempo.

—Queremos ir a Kibune, a comer sobre el río.

—Con el calor que hace será muy refrescante estar bajo los árboles y la brisa del agua corriendo —añadió Hibari, como intento para hacer más apetecible el ir y que Utahime lo permitiera.

—Está bien. Pueden ir a comer, pero solo les daré ese día.

—¿Qué dice? Usted también vendrá, profesora.

—¿Me están invitando?

—Recuerde que es nuestra mamá oso. Claro que sí.

—E-está bien, los acompañaré —dijo tímida. ¿Cómo es que tenía tanto cariño por parte de los chicos? Será que ya estaba volviéndose mayor.

Fue una gran salida de excursión al bosque en los riachuelos del río Kibune a disfrutar la experiencia del kawadoko: comer en las plataformas que están literalmente posicionadas sobre el río. Utahime recordó que descubrió la actividad una vez que se mudó definitivamente a Kioto, la primera vez que fue estuvo segura de que habría sido algo que seguramente hubiera hecho como estudiante, así que no fue sorpresa que los muchachos estuvieran tan entusiasmados al respecto.

La comida era sencilla, pero deliciosa a simple vista: se trataba de platillos tradicionales japoneses de la región de Kioto y no por ello menos sabrosos. El cumpleaños de Hibari fue alegremente festejado e inclusive hicieron la promesa de volver una vez que hubieran ganado en el evento de intercambio de ese año. Utahime dijo que, de ser así, ella correría con los gastos de la celebración.

Fue un día estupendo, la verdad es que no se había dado cuenta que ella también necesitaba un descanso mental del trabajo para solo enfocarse en pequeños momentos del día a día, como un cumpleaños. Uta miró con una sonrisa refrescante la fotografía que le habían enviado los chicos del festejo.

Todo era felicidad hasta que vio la hora en su teléfono, iban a ser las nueve de la noche. Utahime sacó del cajón de su mesa de noche la tira de pastillas que religiosamente tomaba todas las mañanas.

Contempló por varios segundos aquel objeto y nuevamente miró la hora. Fue al baño a revisar su ropa interior, no encontrando evidencia de lo que quería. Volvió a la cama a sentarse y miró nuevamente las pastillas.

—Siempre soy muy exacta. Se supone que hoy debería haber llegado mi periodo —se decía a sí misma de forma contemplativa. No se alarmó, solo intentaba ser racional—. Debe ser por estrés o algo así.

Sin embargo, nada de lo que pudiera decirse le hacía sentir más calma. La única manera de estar segura era haciendo una prueba. Una parte de ella sentía que estaba siendo dramática al respeto, pero era lo mejor, solo salir de dudas y ya. Estaba muy segura de que saldría negativa.

Al volver de la farmacia, tal vez por los nervios o las ansias, no tenía ganas de orinar, estuvo una media hora tomando agua hasta que por fin consiguió ir al baño. Puso la prueba en el lavamanos y salió del cuarto de baño. Tomó asiento en la sala mientras ponía el temporizador en su teléfono. Cerró los ojos y rezó instintivamente por un resultado negativo, eso le llamó la atención puesto que ¿no era ella la más interesada en embarazarse? O sea, sí, pero no era el momento adecuado: vivían separados, no estaban casados, Gojo tenía mil cosas que hacer, además se lo había prometido y fue precisamente por eso que empezó a tomar las píldoras.

En un abrir y cerrar de ojos el tiempo pasó y ella volvió al baño, sin vacilar tomó la prueba y miró el resultado.

Muchas emociones recorrieron su cuerpo y mente. La parte consciente que no quería estarlo aún y la parte inconsciente que no le molestaría, ambas se enfrentaron y crearon un revoltijo de emociones en su estómago.

Utahime suspiró y tiró la prueba a la basura, volvió a orinar y entró a la ducha. Mientras el agua helada empapaba su cuerpo, refrescando además sus ideas, sintió que, después de todo, era un alivio que hubiera obtenido un resultado negativo.

La mesa estaba servida diligentemente, con dos humeantes tazas de té verde, la tetera de cerámica hirviendo al centro. Los dulces ceremoniales dispuestos al lado de las tazas. El incienso en la habitación inundaba el ambiente, era un olor ligero y fino, para amenizar la ocasión.

Conocía bien ese salón, había participado en numerosas reuniones a lo largo de su carrera como profesora, lo usaban para tratar temas de importancia o cuando atendían a los Altos Mandos o personas importantes de la sociedad de hechicería.

Cuando Utahime entró, Gakuganji ya estaba esperándola ahí, su pose seiza seguía siendo perfecta pese a su espalda ligeramente encorvada por la edad. El olor del incienso penetró rápidamente en las fosas nasales de la pelinegra. Con gran porte se adentró al salón y tomó asiento frente al director.

No podía decir que sabía el motivo por el que la había citado, podría falsamente suponer que faltando tres semanas para el evento de intercambio debían discutir alguna cuestión, sin embargo, la reunión era demasiado formal como para que se tratara de eso. Si su intuición no le fallaba y con la información de Gojo, debía tratarse solo de una cosa.

—Gracias por su amable recibimiento, director —dijo Utahime una vez que se había sentado, igual de prolija que su superior.

—No solemos venir a menudo aquí los dos solos, aunque hemos trabajado mucho tiempo juntos.

—Es porque siempre estamos ocupados y cuando lo hacemos es para atender gente importante.

—Adelante —dijo como cortesía para que Uta tomara de su té ya servido.

—¿Tiene algún tema que desee tratar? —bebió, tenía un sabor fuerte.

—¿Cómo va tu vida con Gojo Satoru? ¿Te ha dado muchos problemas?

—Me ha dado problemas, sí, aunque nada que no pueda manejar.

—Es bueno escucharlo —el viejo tomó un sorbo de té—. Ha madurado, pero sigue siendo un mocoso insolente en ocasiones.

—Lo sé, es una parte inherente de él, supongo.

—Estos últimos años ha trabajado arduamente, no solo como hechicero encargado de exorcizar maldiciones —Gakuganji pareció hablar con más seriedad, incluso precavido—. Gracias a la tierra labrada, ahora podemos plantar las semillas, pero para poder recoger esos frutos hay que cuidar el campo trabajado —volvió a tomar otro sorbo de té, Utahime lo escuchaba con mucha atención—. Lo que quiero decir es que la parte que viene es mucho más difícil que la anterior. No solo es conseguir el orden, sino también mantenerlo.

—¿Qué quiere decir?

—No es un trabajo que Gojo pueda hacer solo, aunque se empeñe en querer abarcar todo por su cuenta.

—Suena a algo que él haría, sin duda —respondió un poco incómoda. Si alguien sabía del peso que llevaba Gojo era ella.

—Por eso debe tener a gente de confianza en la cual apoyarse para mantener sus ideales.

—Gojo sabe que puede contar conmigo.

—También debe tener a quienes puedan ser capaces de detenerlo si se sale de control…

—Habla como si fuera a hacer una locura —la voz de Utahime apaciguó las inquietantes palabras del director.

—Solo es por suponer, sin embargo, hablamos de Satoru Gojo. Todo es posible.

—Así que… ¿Espera que sea esa clase de freno?

—Conciencia —le corrigió—. No hay muchos que pueda decir que tienen influencia sobre Gojo. Tú eres una de esas personas y eso te vuelve muy valiosa para Gojo y sus aliados, así como una amenaza para sus enemigos.

—¿A dónde quiere llegar? —Utahime no estaba entendiendo nada.

—Te voy a nombrar como la siguiente directora de la escuela de hechicería de Kioto —soltó sin más.

Como la conversación había iniciado de manera extraña, que lo dijera ahora se sentía como una sorpresa para ella. ¿Qué tenía que ver una cosa con la otra?

—Pero… ¿Por qué? —preguntó consternada. Utahime frunció el ceño—. Si solo lo hace por lo que dijo sobre Gojo, entonces prefiero no hacerlo.

—No me malinterpretes, tal vez no debí iniciar de esa forma —Gakuganji esbozó una tenue sonrisa, él casi nunca hacía eso, pero fue atrapado por viejos recuerdos que le parecieron agradables—. Nos conocemos desde que estudiabas en la preparatoria de Tokio, donde mostraste un gran desempeño; después te uniste a nuestra sede de Kioto y desde entonces has estado trabajando diligentemente a mi lado. Nos apoyaste durante la batalla contra Sukuna, aun cuando no tenías que hacerlo. Has probado tu valentía, fuerza e inteligencia en innumerables ocasiones. Tienes un temperamento amable, sin embargo, sabes cuando tienes que ser feroz. Los alumnos confían en tí, así como el resto del personal de la sede.

—Gracias por pensar eso de mí.

—Sobre Gojo Satoru, es un arma de doble filo. Claro que tengo interés en que puedas llevarlo por el buen camino cuando se vea descarriado, sin embargo, te lo dije ¿no? Que no quería que tu vida fuera miserable.

—Ser directora me daría poder sobre Gojo más allá solo de lo personal, claro que él no es precisamente el más obediente.

Era lógico suponer que Gojo le había contado sus planes de permanecer en Kioto una vez que hubieran terminado sus asuntos más importantes en Tokio, probablemente referentes al Jingikan y que era por la futura ausencia de Gojo en Tokio que necesitaba que Gakuganji cambiara puestos con él. No lo decía, pero el único en el que confiaba plenamente dentro de los Altos Mandos, sin él estando cerca, solo era Gaku, quien podría anticiparse y hablar de los pormenores.

Sin embargo, Gakuganji estaba escéptico sobre cómo funcionarían las cosas una vez que Utahime fuera la directora. Cuando el viejo se lo comentó a Gojo, fue a raíz de que Gojo insistiera que debía ir a Tokio, claro que Satoru jamás mencionó el hecho de que pensaba asumir el puesto que Utahime dejaría libre. No le preguntó si ese había sido su plan desde el principio o simplemente lo decidió después. La última vez que tocaron el tema él dijo que lo haría, entonces Gakuganji tuvo una ligera duda en si sería lo mejor, pues él conocía de primera mano lo complicado que es trabajar con el hechicero Gojo Satoru. No quería poner a elegir a Utahime entre su vida personal y laboral.

—¿Podrás manejarlo? Sin afectar tu vida personal.

—Sí no puedo, entonces supongo que no merezco lo uno ni lo otro —dijo con firmeza.

—¿Quieres pensarlo? —insistió Gakuganji. Utahime era preciada para él y quería proteger sus intereses.

—No lo necesito—negó Utahime con una sonrisa—: acepto. Seré la siguiente directora.

El viejo volvió a dar un trago al té.

—No esperaba menos.

—Haré mi mejor esfuerzo, lo prometo.

—Bien, porque iniciarás el siguiente año.

¿Qué?

¿No es que iba a pasar dentro de dos años tal como se lo había dicho Gojo? Utahime parpadeó y solo pudo más que sonreír con ligera preocupación. El duro trabajo comenzaría más pronto de lo que pensaba.