Gracias a mi cómplice Li por su lectura previa. Los errores siguen siendo míos.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 3

Leí el señalamiento de la entrada del rancho. La tejana.

Hice un mohín. El lugar era bastante pequeño pero bien conservado, estaba cubierto por árboles que apenas permitía divisar la casa del fondo con tejado rojo.

— ¿Estás segura de que es aquí? —indagó Bree desde la camioneta, mientras yo bajaba a mirar la entrada del rancho.

Asentí con la cabeza. No había muchas casas por aquí y según el mapa ese debía ser el rancho.

Me acerqué al viejo portón con algo de duda. Golpeé dos veces y esperé. Bree se quedó en la camioneta revisando su celular.

Una mujer mayor abrió lentamente la reja. Era menuda con el cabello blanco y corto, tenía una expresión dulce.

— ¿Sí? —preguntó, mirándome con atención.

— Hola, soy Bella Swan —le sonreí amable— usted debe ser Maria Hale, abuela de Jasper.

La mujer parpadeó y luego sonrió. Sus líneas de expresión remarcadas alrededor de sus ojos me hacían ver que no tenía idea de quién era yo.

— Sí, Jasper es mi nieto, ¿en qué lío se metió ahora ese muchacho?

Junté las cejas y empecé a mordisquear mis labios para evitar reírme. Eso quería decir que Jasper no había cambiado en años.

— En ningún lío —aclaré—. Al menos eso creo. Estoy aquí porque necesito verlo.

La mujer asintió con una risita jugando en sus labios.

— Bueno, si dices ser su amiga deberías saber que no vive aquí. Pero porque no pasas, niña —me hizo un gesto para que pasara.

Volteé hacia Bree y le indiqué que se acercara. Ella de un salto bajó de la camioneta y corrió hacia nosotras. Saludó a María con esa euforia que solía tener, que ya casi le arrancaba el brazo mientras caminaba entre saltos por el camino de tierra hacia la casa.

Al entrar a la estancia nos ofreció café y nos pusimos cómodas en los viejos sillones. También nos contó que su marido había fallecido hace algunos años y ella estaba bajo el cuidado de una enfermera que Jasper pagaba para ella.

Nos mostró un álbum de fotos. En todas y cada imagen eran Jasper en distintos años de su vida. Me hizo reir cada imagen y fue difícil que la nostalgia no me abordara, era bonito descubrir un poco de ese amigo socarrón y confianzudo.

— ¿Y en qué parte de Nueva York viven? —interrogó cuando mis dedos movían el álbum de fotos.

Bree y yo compartimos miradas por unos segundos.

— En ninguna —respondí—. Nosotras vivimos a unas horas, aquí mismo en Texas. ¿Jasper vive en Nueva York?

La anciana llevó una de sus temblorosas manos a su cabello. Nos observó de esa manera como si nos estuviera estudiando y ligeramente negó con la cabeza.

― ¿Por qué están aquí? ―interrogó, mirando a Bree―. Ella no es hija de mi nieto, ¿verdad?

Bree se acomodó mejor en el sillón. Llevando algunos mechones de su corto cabello oscuro detrás de sus orejas.

― No señora ―respondió, conteniendo una risita―. Yo también conocí a Jasper hace años, cuando yo era una nena pequeña y fastidiosa, aunque bueno, sigo siendo fastidiosa, ¿verdad, Bella? ―me tiró un suave codazo.

― Le prometo que Bree no es hija de Jasper ―aseguré solemne.

― Mmm… ―rumió la anciana sin dejar de vernos―. Entonces, ¿qué las trajo aquí?

― La camioneta.

Fulminé con la mirada a Bree. Ella parecía no querer hablar en serio ni un momento. Se encogió de hombros y abrazó sus piernas mientras hundía su rostro en las rodillas, escondiéndose de mí.

Me aclaré la garganta para que la señora Maria me pusiera atención, me había dicho que le hablara fuerte porque no oía muy bien.

― Jasper trabajó en la hacienda Swan ―empecé a explicar en voz fuerte―. Llegó ahí buscando una oportunidad de trabajo cuando era un crío, digamos que él creció con nosotros, solo que hace años decidió regresar con ustedes.

Ella asintió mientras procesaba, al menos eso creía al ver su rostro pensativo. De pronto sacudió la cabeza como si estuviese recordando algo.

― Mi nieto vive en Nueva York, ahí trabaja desde hace unos años ―relató―. Se las arregló bastante bien por allá. Supongo que tuvo ayuda de su amigo, aunque nunca me ha contado mucho.

Sentí que mi estómago se encogía. Empezaba a sentirme extraña como si me fueran a dar una mala noticia, no sabía explicar lo que sentía realmente.

― ¿Qué amigo? ―inquirí suavemente con el corazón martillando en mi pecho.

Maria se encogió de hombros con un gesto evasivo.

― Edward ―pronunció como si solo el nombre lo explicara todo―. Uno de esos muchachos con los que se crió. No sé bien la historia, pero creo que vivían en la misma hacienda.

Todo en la habitación dio vueltas. Bree apretó mi mano o fui yo quien apreté la de ella, no importaba, pero su agarre al mío, me hizo aferrarme al presente.

Abrí la boca y tomé una larga bocanada.

― Edward… ―susurré― ¿Edward Masen?

La anciana frunció ligeramente el ceño.

― Edward Cullen ―aclaró con cautela.

Pestañeé. ¿Cullen? ¿Qué significa eso?

― No, quien vivió en la hacienda era Edward Masen, hijo de Esme Masen ―corregí, intentando ordenar el caos en mi cabeza―. Edward, tenía el color de pelo de un dorado cobrizo muy peculiar.

La mujer no respondió enseguida. Parecía debatirse entre hablar y no. Se incorporó lentamente y caminó hacia la pequeña cocina, la seguí. No pretendía perder el tiempo al venir aquí, ella sabía mucho y era obvio que desconfiaba de mí ¿por qué habría de confiar? Ella no me conocía.

― No me gusta hablar de las personas que ya no están ―murmuró, distraída frente a la estufa.

Mis pulmones se escogieron y el aire me hizo falta en segundos.

― ¿Ya no están? ―indagué con más miedo qué antes.

Ella levantó la mirada, seria.

― Esme… ―dudó― falleció hace años.

Mi estómago se contrajo. Me aferré al marco de la puerta evitando caer de bruces contra el piso.

― ¿Cómo? ―preguntó Bree―. ¿Está segura?

Mi voz no salía de mi boca. Sentía que no podía respirar.

― Murió de parto ―reveló.

― ¿Parto? ―Bree y yo exclamamos al mismo tiempo.

— Una niña —añadió en voz baja—. Eso fue lo último que supe.

María ordenó unas ollas en los gabinetes, probablemente haciendo tiempo para no hablar más de la cuenta.

— ¿Dónde estaban? ¿Qué pasó con Edward? —aventuré más bajito.

— Se fueron a Nueva York. Es todo lo que sé. Un lugar grande, mucha gente, otra vida. Qué sé yo.

Se hizo el silencio, más cargado que antes.

Volvimos a sentarnos junto a la mesa. Yo estaba helada por dentro. María se veía más serena.

— ¿Edward se cambió el apellido? —preguntó Bree, insegura.

— Supongo que sí —respondió María sin emoción—. Mi nieto nunca me lo explicó. No era asunto mío. Jasper decía que le iba bien, pero más no sé.

Me quedé un rato en silencio, asimilando cada palabra. Era como si alguien hubiese arrancado una parte de mi historia y la hubiese reescrito sin avisarme.

— Señora María —empecé con cautela— necesito hacerle una última pregunta. Bueno, dos.

Ella me miró con desconfianza, aunque no era hostil.

— Dime.

— ¿Tiene la dirección de Edward? Necesito hablar con él ―tragué saliva―. Es importante para ambos.

— ¿Y por qué tendría que dártela? ―masculló.

Me removí incómoda en la silla.

— Porque fue parte de mi vida. De nuestra vida. Y hay cosas que necesito entender —mi voz se quebró al final—. No quiero hacerle daño. Solo hablar.

Ella me estudió largo rato, como si intentara descubrir si yo decía la verdad. No sabía si fue la manera en que lo dije pero sus ojos se suavizaron. Asintió lentamente como si supiera que está conversación tarde o temprano iba a llegar.

— Veré si tengo algo —cedió al fin—. Jasper dejó unos papeles por ahí. Si está la tarjeta, te la daré. Pero si no, no me pidas más de lo que sé.

Asentí con gratitud, aunque me dolía la garganta de tanto contener emociones.

— También ¿tendría el número de Jasper? No quiero molestarlo, pero me gustaría hablar con él. Saber un poco más.

Suspiró resignada y se puso de pie otra vez para ir al pequeño cajón. Rebuscó un rato hasta encontrar un papel.

— Aquí está ―anunció, dejando un pedazo de papel doblado en cuatro―. Es su número de celular. A veces no contesta al primer intento, pero puedes enviarle un mensaje diciéndole que vas de parte mía, seguro te responderá.

Tomé el papel con cuidado como si tuviera algo frágil entre mis dedos. Sentí la mirada de Bree sobre mí, no dijo nada.

Agradecí en un susurro y lo guardé en mi bolsillo interior de mi chaqueta.

— Gracias, señora María. Por todo esto. Por el café. Por la verdad que pudo contar.

Ella me miró, ahora con un poco más de ternura.

— La verdad llega cuando debe llegar, niña. Ni antes ni después.

Y no supe si eso me tranquilizaba o me asustaba más.


Capitulo extra en agradecimiento a su apoyo. Sé qué dirán que es muy corto, pero tomen en cuenta que es algo extra y de imprevisto para ustedes. En el grupo les dije que estos capítulos son los regularmente hago para mis historias y son más concisos y menos detallados que los que vengo trabajando en el inicio, les hice una pregunta: ¿cual narración gusta más esta o la anterior que es más detallada? Me gustaría que se animaran a comunicármelo, para saber si no estoy perdiendo el tiempo escribiendo mucho y a ustedes no les gusta leer. En el grupo me han dicho que prefieren que sean largos y semanales ¿qué opinan ustedes? Y bueno, ahora vamos al capítulo, ya saben que Esme ya no está con Edward y están enteradas de que murió. ¿Teorías?

Nos leemos la siguiente semana.

Agradezco a quienes comentaron el capítulo anterior: Cary, paramoreandmore, stefanny93, Flor McCarty-Cullen, Deniz, Pepita GY, Antinella Masen, Rosemarie28, Jade HSos, Fiorella Rodríguez, Andrea, Dulce Carolina, ALBA, kari815-A, Ary Cullen 85, Daniela Masen, Sheei Luquee, Cassandra Cantú, Lily Pattinson Stewart, Dani, Mariana, Diannita Robles, Smedina, Maryluna, Noriitha, Lili Cullen-Swan, Magda291077, Tata XOXO, Car Cullen Stewart Pattinson, saraipineda44, Marbellí, y comentarios Guest

Gracias totales por leer🔥