Fleur Weasley no había conseguido dejar de hablar (o más bien, dejar de manifestar su miedo) desde que Yem se había aparecido con su hija en Shell Cottage. Se había asustado tanto por verla semiinconsciente y magullada que Yem apenas había tenido tiempo de explicar lo que les había sucedido. Habían tumbado deprisa a la joven en uno de los sofás del salón.

-Mére...je suis ben...- murmuraba quedamente, despertando poco a poco, respondiendo a los lamentos de su madre.

Fleur gritaba frases en francés que Yem fingía no estar entendiendo, por educación, ya que estaban llenos de improperios que en otra situación no serían dichos.

-Señora Weasley, Vic necesita...

-¡Lo sé, lo sé! En la otra guerra también tuve que aprendeg mucho sobre curación, y siempre procugé integesagme por los estudios de Victoire. Meglín... ¿Qué ha pasado?- interrogó mientras le pasaba a Yem un bote de algo espeso.

Él sabía lo que hacer. Con un paño comenzó a extender el interior del bote sobre el mismo.

-Los Neomortífagos consiguieron acompañar al señor Thomas en su regreso al refugio de Ann. Él...él...merlín, lo han matado- dijo a duras penas. La adrenalina del momento había conseguido que el dolor no aflorara en él, pero ahora sus ojos se empañaron un poco, sin remedio. Continuó, por necesidad- a Vic le alcanzaron un par de maldiciones, pero Ann consiguió curarla un poco antes de traerla hasta aquí.

-Entiendo...-respondió nerviosa Fleur. Se tocó la frente, sudorosa- ma fille...le pire est passé pour vous.

Vic negó varias veces, aun con los ojos cerrados.

-Voy a traegle calmantes- decidió.

Yem se acercó a su amiga, preocupado. Ella seguía negando, despacio, cuando su madre ya se había marchado.

-¿Qué ocurre, Vic?

-Tengo que luchar...-murmuró.

-No estás en muy buenas condiciones ahora mismo- afirmó, procurando sonar lo más calmado posible.

Su respiración se descompensó.

-Ted, Papá, Louis...

-No pasará nada- la consoló.

-Y tú...Ann...ella te necesita- consiguió decir, entre respiraciones rápidas.

Yem no respondió. La preocupación por Ann ocupaba gran parte de sus males en aquellos momentos.

-Vete, Yem- pidió Victoire- vete y cuida de todos. Es lo que sabemos hacer- su pecho si inflaba menos, el dolor parecía haber remitido algo.

El chico la observó unos segundos, con sus palabras aun resonando en su cabeza. No paraba de recordar lo que había hablado con Ann hacía cosa escasa de un par de horas. Le costaba creer que después de tantos meses de lentitud, las cosas estuvieran sucediendo tan malditamente deprisa.

-Es lo que sabemos hacer...-repitió en un susurro.

-Tienes que encontrar a Ted...prométeme que lo vas a encontrar...-se le quebró la voz.

Yem exhaló todo el aire de sus pulmones cuando vio a Fleur reaparecer. Acto seguido, se levantó casi de un salto.

-Tengo que marcharme.

La mujer lo miró un escaso segundo. Todas sus energías iban a ir para su hija.

-Clago,chico.Necesitagántu ayuda.

Él se ajustó la capa, mientras Vic y él se miraban por última vez. La había querido tanto...y aun la quería, pero ahora era tan diferente, tan distinto. Ya no deseaba más que volver a pasar buenos momentos con ella y los demás compañeros, cuando aquella guerra acabara.

-Te lo prometo- solo dijo, antes de desaparecerse.

Los hechizos iban y venían. No se daba cuenta del todo de lo que sucedía. Los ojos vacíos de Scorpius aún estaban en su memoria, y la imagen de James y Josh escondiendo su cuerpo en el cuarto de la limpieza aparecía de vez en cuando para sustituirla, aliviando incluso la primera visión.

-¡Tienes que hacerla reaccionar!- bramó James a lo lejos.

Un rostro familiar se acercó a ella. Estaba llorando.

-Grace por favor, no puedo perderte a ti también...

Las súplicas de Josh la devolvieron a la batalla.

Realmente lo habían perdido. Estaba muerto y no volvería con ellos. Nunca más.

-¡Piensa en lo que el querría! ¡Él querría que venciéramos! ¡Tenemos que hacerlo por él!- gritó, al no obtener su respuesta.

Sacudió la cabeza. Y volvió a escuchar los gritos, estallidos, el ruido del caos.

Imagino por un instante a Scorpius gritándole que reaccionara, que iban a morir, con esa expresión tan suya, como si el mundo fuera imbécil pero la solución fuera sencilla.

Inhaló todo el aire que fue capaz y sacó su varita de la túnica, agarrándola con fuerza.

Josh la tomó del brazo.

-Vamos, tenemos que salir de aquí. ¡James!

Tras desarmar a su último atacante, el joven alzó la vista y observaron a un pequeño grupo de Aurores que habían llegado de refuerzo. James sonrió fugazmente.

-¡Estaré bien, marchaos!

-¿Dónde está Lily?- preguntó Grace nada más echaron a correr.

-Los demás han subido a las torres. Pero Rose se ha quedado por aquí, me ha parecido extraño que su tío la dejara quedarse...

Salieron a los jardines. Varias columnas habían sido derruidas, paredes y dinteles habían caído al suelo y quedaban pocas flores vivas en el césped.

Divisaron la cabellera pelirroja de Rose con otros tres alumnos escondidos en una barricada improvisada con trozos de pared.

-¡Cuidado!- gritó uno de ellos.

Un hechizo casi les roza antes de poder agacharse.

-¿Habéis visto cuantos son?- preguntó otro, a Grace le costó reconocerlo tan despeinado y magullado: Henry Stump. Rose le había dado la mano a Grace y esta se la apretó con fuerza: ella también pensaba en Scorpius.

-Francamente Henry, no los he podido ni contar- respondió Josh.

Los ojos de ambos brillaron mientras se miraron, antes de abrazarse como si no quisieran soltarse jamás. A Grace no lo hizo falta más para saber quién había robado el corazón de su amigo. Verlos le dio fuerza.

-Podemos con ellos- afirmó.

Rose respiró hondo.

-¡Malditos niños cobardes, moriréis tarde o temprano!- bramó una Mortífaga.

La pelirroja los miró a todos, vacilante.

-¡La he visto! ¡Es ella! ¡Matadla de una vez!

Rose se tensó. Creía que estaban hablando de ella, por unos segundos. Entonces volvió a mirar a Grace y vio esa sombra en su rostro.

-¿Es él?- preguntó.

Ella no pudo responder.

-Ya basta, ¡vamos a morir! ¡Hay que atacarlos!

-¡Ewan!- chilló Rose, reaccionando rápidamente y poniéndose en pie, mientras Ewan salía a descubierto y acertaba a un Mortífago en el pecho.

-¡Protego!

-¡Crucio!

-¡Desmaius!

-¡Es ella!

Ya no supo por quién lo decía.

Se enzarzaron en la batalla. El corazón de Rose se iba a salir de su pecho en cualquier momento. La muerte le pisaba los talones, una vez más. Saltó como pudo el pequeño muro que tras el que se habían ocultado y comenzó a lanzar hechizos a la primera persona que se cruzaba con la vertical de su varita. El calor de un hechizo que había fallado por escasos centímetros le quemó un poco el brazo. Fue consciente de que había conseguido vencer a dos.

Pero eran más.

-¡La tengo, es mía já!- se jactó la mujer. Rose se puso en tensión. Pero no, no iba por ella.

La mortífaga agarraba a Grace del cuello, que tuvo que dejar de resistirse al tener la varita de la bruja en el gaznate.

Josh había sido rápido también y estaba en la misma situación con uno de los Mortífagos más jóvenes.

-¡Suéltala!- exigió, furioso.

-¡Josh, corre- apremió Grace- ella no va a matarme!

La mujer se desternilló, como si hubiera contado el mejor de los chistes.

-¡Claro que no, tu madre y yo éramos las mejores amigas!- dijo con falso entusiasmo- siempre hablaba de lo sucia que eras...

Rose apretó los dientes con rabia.

La mortífaga se tocó la marca tenebrosa ante los ojos de la chica.

-Dónde estás, Ann...-murmuró.

De pronto se escuchó un sonoro estruendo que la empujó hacia el suelo. Distinguió varias capas negras volando por el aire.

-¡Grace!-llamó Josh.

De pronto, silencio. Un silencio que se hizo eterno. Rose cada vez se notaba más exhausta pero logró incorporarse.

-¿Para esto me has llamado, Eretria?

Temía haber escuchado la voz de Sameor, pero en seguida se percató de que no podía ser él. Fuera quien fuera, no era como el mago Oscuro. No te estremecías solo con su voz.

-Quería mostrártela antes de acabar con su vida de una vez por todas. Es hermosa ¿verdad? Más incluso que Pansy...

-Por dentro está podrida- respondió Hennicc Samdon.

Rose se escondió como pudo entre el humo que quedaba, buscando a sus compañeros con la mirada. Vio a Josh dolorido tras una columna. Ewan estaba en el suelo, inconsciente o...no quería saberlo. Los demás mortífagos se habían ido a otro punto de la batalla. Esperó a que él también pudiera verla y le hizo un gesto con la mano: "espera", le indicó. Josh no pareció estar muy de acuerdo con la decisión pero tras unos segundos asintió despacio.

-¡Oh, vamos, mátala de una vez!

-¿Eres tú su nueva novia?- preguntó Grace entre dientes. Su voz sonaba temerosa pero aún le quedaban fuerzas para pelear un poco más- desde luego ella sí que es más fea que mamá, ¿no crees?- preguntó.

No fue hasta ese momento que Rose se dio cuenta de que había otra persona encapuchada. Claro, Michael Samdon.

-Vas a matarla tú- decidió Hennicc, mirando a su hijo- y quítate la capucha para que pueda verte.

Josh hizo el ademán de levantarse pero Rose negó repetidamente.

Tardó varios segundos, pero Michael se quitó la gran capucha mirando al suelo y Rose pudo ver de refilón un rostro que no podía ocultar su miedo.

-Hazlo ¡ahora!

Michael alzó la mirada y se encontró con la de Grace, que llevaba el uniforme de Slytherin, como él había llevado en su día; que se parecía tanto a su madre; que era tan joven...

-No creo que...no- murmuró.

-¿¡Qué has dicho!?- Hennicc lanzó un hechizo y Michael cayó al suelo fulminado.

-¡Ahora!- chilló Rose.

Henry Stump se ablanzó desde atrás hacia Grace y Eretria y le arrebató la varita arrollándola con brutalidad, Grace, Josh y Rose corrieron hacia Hennicc.

-Estás rodeado y tus amigos te han abandonado. Danos tu varita- exigió Rose, triunfante.

Michael seguía en suelo, muy dolorido. Grace se acercó para protegerlo.

-Con esta te debía dos así que empezaré a compensar- dijo en voz baja.

Michael cerró los ojos, cansado.

Hennicc miraba a Rose como si hubiera encontrado un cofre lleno de oro.

-Ya no me importa nada, todos estos meses...- se cayó, como si hubiera comenzado a recordar cosas horribles- ya no me importa morir, solo cumplir con una última cosa...- Rose no lo vio venir-¡Avada kedavra!

Le dio tiempo a cerrar los ojos. Se escuchó un ruido seco, pero potente. Nada ocurrió.

Escuchó un grito de dolor y abrió los ojos, sorprendida. Hennicc Samdon yacía en el suelo.

-No está muerto- dijo una voz a sus espaldas. Todos se sintieron acariciados por ella- solo estará inconsciente bastante tiempo.

Miraron a la desconocida.

Era una mujer bastante alta, pero no se adivinaba nada más tras la enorme túnica. Ni siquiera sus ojos se veían en la oscuridad de la noche. Sin embargo, su voz aun recorría a Rose de pies a cabeza. Había oído esa voz antes, en alguna parte. Era tan familiar como respirar o estar viva.

Josh y Henry atendían a Ewan, cuya respiración era muy superficial e irregular. Tenía los ojos en blanco.

La desconocida dirigió su vista hacia los chicos y tras unos segundos en los que pareció dudar se acercó a ellos. Se escuchó una fuerte explosión a lo lejos, pero nadie se asustó. Ya nadie se asustó.

Rose por fin pudo tomar aire.

-Dejadnos un segundo- solo dijo. Los chicos pudieron ver su rostro al acercarse y se apartaron estupefactos. Josh compartió una significativa mirada con Rose. Grace y Michael observaban la escena confusos.

Una mano morena de largos y finos dedos se posó en la mejilla de Ewan, y acto seguido un destello plateado los cegó a todos.

-Se pondrá bien- dijo la mujer, mientras se incorporaba sin esfuerzo. Cuando se giró para mirar a Rose, ella ya sabía qué iba a encontrarse.

No pudo evitarlo. Los ojos de la pelirroja se empañaron.

-¿Ann?- solo pudo preguntar, como si gimiera con miedo su nombre.

-Lo siento mucho Rose, tuvimos que hacerlo- y esa calidez en su voz le recordó tanto a Harley que se mareó.

-¿Dónde está?- preguntó, entre aterrada y furiosa. Nadie decía nada.

Ann se quitó la capucha y observaron a la chica más hermosa que habían visto. Poco se parecía a Anderson pero fijándose mucho se descubrían ciertas similitudes, tal y como ocurría con Andrew y Harley. Pero aquellos ojos marrones oscuros, prácticamente negros, parecían sin duda los de Harley.

-Estoy aquí.

-¿Qué?- solo pudo decir, todavía más sorprendida.

-Soy yo. Somos ambos.

-¿Qué está pasando?- murmuró Michael.

Ann se acercó a Rose.

-No hay otra salida. No podíamos vencer a Sameor siendo dos. La profecía...

Rose negó.

-No, no, la profecía hablaba de un tercero...es Harley.

-Lo sé, pero sabes que no podía ayudarla de otra manera- y tuvo la seguridad de que era Harley quien hablaba con ella ahora.

Ella continuó negando.

-Os habéis equivocado, yo...no puedo dejaros, yo...

-Vamos a vencerlo de una vez, solo así podremos estar en paz.

-No lo entiendes, fuiste tú...fue él...

Ann se movió tan rápido que ni lo vio venir, ni siquiera cuando tuvo que inclinarse un poco, ya que ahora era más alta, todos sus movimientos parecían en perfecta armonía con el mundo, como en tantas ocasiones los de Harley. Sus labios se rozaron unos segundos, y de nuevo la sorpresa hizo que su corazón diera un vuelco. Respiró con urgencia de pronto, cuando sus rostros quedaron a escasos centímetros. Acarició su rostro y una chispa plateada brotó de sus dedos, pero se apagó en seguida.

-Supongo que sabes cuál de los dos quería hacer esto por última vez. Mantente viva, Rose. Aun podemos ser felices.

Antes de que se desapareciera, Rose logró asentir despacio.

Olía a sol.

La chica reaccionó tras varios segundos y se acercó a Grace con urgencia, que la miraba con la boca abierta.

-No conocía ese cambio de gustos tuyo...- solo pudo decir.

-Tengo que irme, tengo que encontrar a Albus y a mi tío Harry. Ellos...están a punto de cometer un error...prometedme que estaréis bien.

-¿Estás de broma? Vamos contigo- dijo Josh- ¿Puedes encargarte de Ewan y Michael?

-Si entregas a Michael a los Aurores serán benevolentes- completó Grace. Los hermanos se miraron un segundo- es tu mejor opción.

Michael asintió resignado.

La lucha se estaba empezando a hacer muy cuesta arriba. Con gran esfuerzo y una pizca de buena suerte, había conseguido batir a tres Mortífagos y entre los presentes habían conseguido abatir a un troll y dos trasgos, pero la suerte no siempre estaría de su parte. Los hechizos iban a venían mientras intentaba derrotar al sanguinario Mortífago.

Al menos estaba consiguiendo ponerlo furioso, Albus era muy ágil.

-¡No he conseguido matarte antes, pero te aseguro que no vas a vivir!

Hugo consiguió desarmar al último Mortifago desde atrás, Al se sintió triunfante.

-¡No lo aturdais!- gritó rápidamente a los presentes- ¡Hugo!

El joven Weasley agarró violentamente al mago oscuro y apuntó con su varita al cuello.

-¿Dónde está?- interrogó Albus con urgencia- ¿va a venir a Hogwarts, verdad? ¿¡Qué es lo que planea!?

El Mortífago rio socarronamente.

-¡Contesta!- apremió Hugo.

-Creo que todos sabemos qué es lo que quiere hacer. Va a matarla, por fin está decidido a hacerlo, y después...después habremos vencido.

-¿Habremos? Estás muy equivocado- le dijo mientras caía al suelo ya aturdido por Hugo.

Tenía otros asuntos de los que preocuparse.

-¿Dónde está mi hermana?

Hugó vaciló.

-Creo que se fue con tu padre pero no estoy seguro...

Echaron a correr, el tiempo apremiaba y mucho. Sameor se dirijía hacia allí, si no estaba ya en el castillo o en el exterior, y a Ann la habían visto compañeros... ¿significaba eso que finalmente tendrían que enfrentarse? La sola idea lo mareó.

-¡Albus, Hugo!

Se giraron asustados. Rose corría hacia ellos con gran velocidad y Grace y Josh la seguían de cerca.

Rose los abrazó rápidamente.

-Menos mal que estais bien...

-¡Estás bien!- celebró Hugo a la vez.

Albus y Grace compartieron una rápida mirada, como para confirmarse que estaban bien.

-No hay tiempo para alegrarse tengo algo muy importante que contaros, y no será algo corto.

Los gritos se escucharon con mayor intensidad.

-¡Viene alguien!- se sobresaltó Josh.

-¡Vamos!

Rose los dirigió hacia un aula que conocía bien por su condición de prefecta. Era demasiado pequeña para servir de aula (a no ser que fuera una clase de grupo reducido como algunas de pociones) pero del tamaño perfecto para servir de aula de castigo.

Todos entraron deprisa y ella procedió a hechizar la puerta para conseguir encerrarlos allí el mayor tiempo posible.

Albus acudió a su lado urgente cuando ella terminó el encantamiento.

-¿Qué ocurre, Rose?

Por un momento ella miró a sus amigos. Pudieron ver que estaba muy asustada, pero al mismo tiempo un brillo de decisión en sus ojos la acompañaba todo el rato.

-Hay algo que no os he contado. Algo, que puede ser la única manera de derrotar a Sameor.

Todos se miraron, confusos.

Había perdido de vista a James, entre tanto caos. Intentaba encontrar a padres, amigos...pero todo eso estaba resultando demasiado complicado. Los Mortífagos y las criaturas del bando de Sameor se habían mezclado ya tanto con los defensores de Hogwarts que era tremendamente complicado no enzarzarse en una pelea tras otra, sus únicas opciones consistían en intentar huir de dónde quiera que se encontrara, simplemente buscando a sus amigos y familia.

Un hechizo pasó prácticamente rozando su pelo, chamuscándolo un poco.

-¡Es la hija de Potter!

Se giró, pero no veía a nadie. Todos peleaban entre ellos. Sostuvo la varita en alto, temerosa de recibir otro hechizo, esta vez intencionado. Miró un segundo a las escaleras y dos pisos más arriba vio una cabellera pelirroja que reconoció casi al momento.

-¿Mamá? ¡Mamá!

Echó a correr dispuesta a subir lo más deprisa posible, entonces alguien la agarró súbitamente de la cadera. No le dio tiempo ni a chillar, se golpeó contra en suelo por el costado izquierdo, el resto había sido amortiguado.

La persona que la había derribado se levantó deprisa.

-¡Alarte ascendare!-bramó al frente.

Un Mortífago salió volando por los aires hasta golpearse en el techo. Lily se incorporó mientras tanto.

-Gracias, Cygnus- solo pudo decir. Incluso lo llamó por su nombre, habían pasado muchos días encerrados y el chico era lo más familiar que estaba tan cerca de ella desde hacía un par de horas.

-Te la debía- solo contestó- ¿dónde está el resto?

-Creo que más arriba.

Un derrubamiento de una pared a veinte metros de ellos y los nervios provocados durante toda esa batalla los hicieron colocarse juntos de espaldas, cubriendo todo el campo de visión.

-¿¡Quieres subir entonces!?- preguntó él. Ya no iba a hacerlo sola.

-¡Vamos!- necesitaba encontrarse urgentemente con su familia.

Para acceder a las escaleras subieron por una montaña de escombros.

-¡Atento!-Le advirtió Lily. Cygnus se puso en guardia.

Miraron de nuevo a su alrededor. Ella pudo ver cómo un par de personas que no podía distiguir desde tan lejos de qué lado estaban aparecían en sus campos de visión.

-¡Vamos!- lo apremió de nuevo, agarrándolo del brazo con ansia.

Pero el chico no la obedeció. Lo intentó de nuevo, casi haciéndole daño. Pero de nuevo, no se movió.

-¿¡Qué demonios te pasa!?

-Estaba en Azkaban- solo dijo, y casi no le entendió.

-¿¡Quién!?- preguntó.

-El asesino de Hysaacc.

Lily miró más detenidamente a los extraños. Uno de ellos era muy grande y un poco deforme, cubierto de pelo y sangre casi por todo su cuerpo.

Miró a Cygnus. Y entendió lo que estaba haciendo.

-¡No!- se negó- ¡escondete Cygnus, vamos a morir, no podemos contra ellos!

-No te voy a pedir que te quedes.

Comenzó a avanzar hacia ellos, zafándose de su agarre con firmeza.

Ella dudó largos segundos, hasta que finalmente negando con la cabeza volvió a ocultarse tras los escombros.

-¡Estoy aquí!- les gritó al hombre lobo y al carroñero- ¡no voy a huir más de vosotros!

Ellos lo miraron, el medio hombre sonrió y pudo ver la mugre en sus dientes.

-Te recuerdo...te escapaste de mí el año pasado...por los pelos ¿verdad? Puedo yo solo, lárgate- le dijo a su compañero. Este se desapareció.

Cygnus no podía disimular su rabia, sujetaba la varita con fuerza, su puño cerrado temblaba.

-Entonces decidiste matar a otros ¿no? Al prefecto de Slytherin, y a una niña de tan solo doce años.

-Oh, sí, lo recuerdo. Ella era una sangre sucia... me habría encantado devorarla. Lástima. Hoy sin embargo, no habrá nadie que me lo impida.

-Claro que sí. Y pienso ser yo.

Se acerco hacia Cygnus casi a cuatro patas y a gran velocidad, pero el joven mago había practicado para eso. Unprotegolo hizo rebotar unos metros. Echó a correr, siempre mirándolo. Cuando se hubo recuperado, volvió a perseguirlo.

-¡Crucio!

-¡Protego! ¡Septumsempra!

-¡Avada kedavra!

Se tiro al suelo para esquivar el hechizo y tuvo que agarrarse a la rota balaustrada para poder levantarse. El licántropo ya estaba bastante próximo a él.

-¿Sabes que la carne sabe mejor cuando la víctima ha sufrido primero?¡Crucio!

Sintió como mil cuchillos clavándose en su carne. No quería gritar, pero lo hizo. Continuó con el sufrimiento largos segundos.

-¡Desmaius!

El hombre lobo salió disparado, precipitándose aturdido por el precipicio por el que se cercía el castillo de Hogwarts.

Lily se acercó a la balaustrada deprisa, mientras Cygnus intentaba levantarse, las piernas aun le fallaban y el alivio por el fin de la maldición era demasiado dulce aun como para recuperar fuerzas.

-¿Crees que habrá muerto?- preguntó Lily temerosa mientras observaba el cuerpo, tal solo un pequeño punto a su vista.

-Sea como sea no matará a nadie más.

La observó unos segundos. Su mirada era madura y decidida.

-Te debo la maldita vida, otra vez.

-Por Hysaacc- solo dijo. Y le tendió la mano para ayudar a levantarse.

-Por Scorpius- respondió.

-Y ahora, vámonos.

-¡Buscad a Ann!- gritaba Harry a los pocos Aurores y miembros de la Orden del Fénix que estaban próximos a él- ¡es importante que la encontremos antes de que él llegue!

-¡Harry!- bramo una voz que el hombre conocía muy bien.

Su amigo Ron fue el primero en llegar hasta él, sudando como nunca antes. Detrás, Hermione no se detuvo hasta no estar a centímetros de él, desesperada.

-¡No la encontramos, Harry!- estaba fuera de sí.

-¿Nadie la ha visto?- se preocupó.

-Hemos preguntado a todo aquel que nos hemos cruzado...

-Tiene que estar buscando a Ann...

-Si le pasa algo...-comenzó Ron.

-No podremos perdonarnoslo. ¿¡Me oyes!? ¡Jamas!

-¡Mamá, Papá!

Ambos se giraron al grito de su hijo pequeño. Hugo, Grace y Josh acudieron a su encuentro.

-¡Hugo! Merlín.

Harry miró a sus acompañantes.

-¿Y mis hijos?

-No sabemos dónde está Lily- respondió primero Josh.

-Albus se ha ido con Rose.

-¿¡Qué se han ido!?- preguntó Hermione, alterada- ¿¡Se han ido a dónde!?

Grace los miró a todos, muy incómoda.

-Creo que lo sabeis- respondió Hugo por ella- ¿¡Por qué no nos dijisteis nada!? ¡Rose no habría tenido que llevar sola toda esa carga!

Hermione se quedó sin palabras así que Ron fue el que le respondió.

-Hugo, tienes idea... ¿Teneis todos una mínima idea de lo pequeña que es la posibilidad de que la teoría de Harry sea correcta? ¿De que este plan funcione?

-Da igual- dijo Hermione a media voz- porque ella querrá intentarlo de todas maneras- si no la encontramos...tenemos que encontrarla.

Hugo miró a sus padres y a su tío.

-No podemos. Ella ha tomado la decisión. La tomó desde el primer momento.

-No... ¡no!- Ron miró a Harry, suplicante- por favor...

-La detendremos- determinó Harry, finalmente- por eso debemos localizar a Ann.

Pero Josh, Grace y Hugo no estuvieron completamente de acuerdo.

- ¡Ya está aquí! - bramaban los Neomortífagos mientras los obervaban en las sombras. Se habían reunido en la torre de Astronomia. Muy predecible. No habían tenido problemas en encontrarlos.

El cuerpo de Ann observo como un enorme relámpago se lucía en el cielo hasta caer cerca de la entrada del castillo. Todo el suelo tembló sobre sus pies, y escucharon varios derrumbamientos. Varios de ellos gritaron con júbilo.

-Ahora solo tiene que peinar la zona y matarla. Sencillo- dijo uno de ellos- y cuando haya caído...todo habrá terminado.

-O todo comenzará- completó otra.

Harley se cansaba de tanta palabrería.

Los desmayó a todos con solo mover la mano. A todos, menos a la última que acaba de hablar. Con magia llego hasta el, ya desarmada previamente, y la agarró de la túnica de Mortífaga.

-Qué ingenua...-solo dijeron con su nueva voz, opinando exactamente lo mismo- tú también acabarás muriendo ¿lo sabes, verdad?

La mujer se quedó sin habla unos segundos. Le dieron el tiempo necesario para contestar.

-Mátame cuando quieras, será un gran honor.

-No estaba hablando de mí- contestó con impaciencia- a Sameor no le interesas ni tú, ni vosotros, ni nadie...no quiere amigos, hace años que se perdió...ni siquiera quiere sirvientes. Si consigue matarme...matara a todo aquel que ose acercarse a él. Sois solo el medio para el fin. Si lo consigue...ya no quedará nada. Ya no quedará nadie.

Por un momento, pudo ver en sus ojos que le había creido todas sus palabras.

-Acuérdate de lo que te he dicho. Te salvará la vida si no regreso.

Y la aturdió también.

Salieron a la almena. Desde allí se veían los potentes hechizos de Sameor.

"Debemos ir ya"dijo Ann

"Estoy listo"respondió Harley

Se preparó para desaparecerse pero en el último milisegundo lo escucharon en su cabeza.

"¡Ann!"

"No has podido evitarlo, ¿verdad?"se burló de su hermana."Está bien, me mantendré callado"

"¡Yem!... ¿dónde estás?"

"En Hogwarts. Tenía que estar aquí. He encontrado a Ted, se lo había prometido a Vic"

"Me alegro"respondió. Pero no podía ocultar su tristeza, ni a Harley, ni a Yem, a muchos metros de ella físicamente.

Los pensamientos de Yem llegaron a tropel, y como Harley le había prometido, procuró ignorarlos. Pero Ann no quería, ni podía.

Le hizo llegar todos sus sentimientos. Eran en forma de palabras sí, pero todas venían a su mente al mismo tiempo. Intentó abrazarlas como pudo, y, cerrando los ojos, era como si él estuviera a centímetros de ella. Liberó sus propios sentimientos, no quería guardarse nada, aquella podía ser la última vez. Quería que él supiera cuanto lo quería.

"Eres lo mejor que me ha pasado"le dijo él.

Su tormenta de emociones respondió por ella. Pero no podía expresarlo, ni siquiera en su cabeza.

"No te preocupes por lo que me has pedido. Lo haré. Se que es la única manera de no perderte"

Entonces ya pudo.

"Te quiero, Yem. Adiós"

Y bloqueó a Yem de su mente. Dio la bienvenida de nuevo a Harley y juntos se reajustaron al cuerpo que compartían.

Avanzaron con paso decicido hasta el borde del patio y se materializaron con el aire, formando una estela blanca sobre el castillo, en dirección a su entrada.

Ted acompañaba a la malherida profesora Badgreen al encuentro de Yem, que estaba intentando ayudar al máximo numero de personas que resultabas heridas cerca de las cocinas, lugar que aun estaba medianamente controlado por los habitantes de Hogwarts. Sentó a la profesora en una silla con cuidado mientras el muchacho corría a su encuentro. Lo observó unos segundos, sin decir nada. Pero finalmente, tuvo que preguntárselo, de nuevo.

-¿Lo has conseguido?

Pudo ver cómo Yem se esforzaba en mantenerse fuerte y no llorar. Respiró con fuerza antes de responder.

-Sí. Va a suceder.

-¿De que estais hablando?- preguntó la profesora que, aunque sus extremidades sangraban por una maldición, se mantenía aun consciente.

-La batalla va a comenzar.

Los estaba matando a todos, sin miramientos. Le daba igual ya que fueran mortífagos, profesores, niños, criaturas mágicas...solo le importaba ella. Verla. Matarla. Quizás...no. ¡No! Ya había tomado su decisión. Acabaría con ella. No quería gobernarlos, no quería ser mejor...la sola idea le producía asco. Cómo iba a querer ella ser normal...pudiendo no serlo. Pudiendo ser cómo él. Incluso en el momento de su nacimiento, incluso ahí...renunció a lo que era. No lo entendia, y eso era quizás lo que más le friustaba de todo. Que a Ann Anderson no podría entenderla, y él lo comprendía todo.

Se sentía triunfante a pesar de esas dudas. Las personas morían a su paso con apenas un pequeño esfuerzo por su parte. Ella jamás podría matarlo. Se preguntó si lo sabía...había aprendido a cerrar su mente a él, pero ojalá, ojalá le dejara ver, ojalá pudiera ver en ella la misma certeza que él tenía.

Que él sería el vencedor.

La vio. Un relámpago blanco en el cielo. La esperó, casi riendo. Ella no iba a permitir ni que entrara en el castillo. Se enfrentaría a él allí mismo.

-Es inútil- dijo, sin alzar la voz- cuando te haya matado a ti, mataré al resto. Mataré a todo aquel que te haya amado.

Una figura alta encapuchada se apareció a metros de él. En seguida se dio cuenta de que no podía ser Ann. Su silueta era distinta. Se sorprendió, y una sospecha que no le agradó en absoluto comenzó a hacerse un hueco en su cabeza.

Se quitó despacio la capucha. Tanto Ann como Harley quisieron disfrutar de ese momento en el que sorprenderían por completo a aquel que tanto daño les había hecho desde el día de sus nacimientos.

Claro que se sorprendió, más todavía. Abrió mucho los ojos, aunque no movió ningún músculo de su cuerpo, su rostro fue bastante expresivo.

Esperaron pacientes a que Sameor hablara y solo medio minuto después sonrieron levemente, medianamente triunfantes.

-Te noto abrumado- dijeron.

Habían puesto no solo una barrera para que ninguna otra persona interfiriera, sino que también habían puesto una barrera entre sus mentes. No querían que Sameor los descubriera, o supiera lo que estaban pensado. Él intentaba romper esa barrera mental a pesar de que así Ann y Harley también leerían sus pensamientos. Debía de estar muy intrigado.

Finalmente, habló, y por algún motivo no sonó tan intimidante y horrible como otras veces.

-Se me ocurren varias formas que has podido tener de recuperar tu aspecto natural, pero admito que estoy preguntándome cuál ha sido la forma.

-Nunca fuimos tú y yo- dijo, esta vez solo Ann- ni siquiera cuando nací. Estaba todo escrito, estaba todo dicho en la profecía.

-También yo la escuché, hace muchos años. Confiaste demasiado en el poder que tenía tu hermano en una tonta profecía.

-He confiado lo justo- replicó- sabía que necesitaba la magia que le había entregado al nacer. Ahora la tengo. Ahora vamos a derrotarte. Tengo la magia más poderosa de los dos. Tenemos- se corrigieron- la magia más poderosa.

Sameor los observó unos segundos, luego comenzó a reír socarronamente.

-Nunca me has demostrado ser más fuerte que yo, nada de lo que has hecho estos dieciocho años me ha hecho dudar un solo segundo que puedo vencerte. ¿Qué ha cambiado ahora? Puede que tengas la fuerza que perdiste ¿Pero eso importa? La magia sigue siendo una disciplina en la que admitamos, siempre te he llevado la delantera.

Ann se limitó a observarlo detenidamente, como pensando mil cosas acerca de él al mismo tiempo. Seguía bloqueando sus pensamientos en su cabeza.

-Debes de sentirte muy solo- acabó diciendo.

-No necesito a nadie. Ni siquiera a ti.

La chica volvió a quedarse en silencio unos instantes.

-Cuando atacaste San Mungo...cuando me viste, cuando por fin vi tu rostro no supe darme cuenta, o sí lo hice pero tal vez la idea me parecía tan horrible que simplemente la ignoré, como tengo que hacer con otros muchos pensamientos y teorías que rondan nuestras cabezas porque al fin y al cabo yo quería ser normal, y aprendí a simplificar. Pero ahora lo veo claro. Me querías a tu lado.

Sameor no dijo nada, pero con su magia intentaba romper la barrera que Ann había conjurado para mantener a salvo a todo el mundo y saltaban chispas feroces de color morado que de milagro no golpeaban a ninguno de los dos.

-Pensaste que si me decías que Harley y tú erais hermanos él acabaría interesándose por ti, que lo atraerias, entonces yo me podría sentir tentada a...buscarte, a dialogar contigo...por Harley. Pero ahí te equivocaste porque él fue más fuerte de que lo pensabas, y se quedó a mi lado, me quedé a su lado- no se sabía cual de los dos hablaba a través de ese cuerpo.

-Al fin y al cabo, es la historia del mundo, Ann. Dos entes parecidos pero distintos se odian, pero también se atraen, y solo así capaces de crear cosas con las que la humanidad a veces solo podría soñar con tener.

-¿Es que no lo comprendes? Yo no te necesito. Tenía amigos, tenía a Harley, tenía una familia. Tú rompiste con todo esto, cuando eras muy pequeño quemaste vivos a tus padres y hermanos, lo averigue tras una larga búsqueda de información sobre ti, Vilhelm.

Que lo llamara por su nombre lo enfureció.

-Te mataré por esto. ¡No quiero que vivas!- gritó, fuera de sí- Primero morirás tú, lentamente, y luego todo aquel que haya decidido quererte, seguirte ¡o incluso admirarte en silencio!

-Eso es lo que nos distingue. Yo decidí amar, decidí ser más humana que tú. Tengo la magia más poderosa que existe, y voy a derrotarte.

Sameor apretó los dientes. Volvía a recuperar su pose oscura, fría y calculadora y la miró directamente a los ojos cuando dijo.

-Bien, ahora lo descubriremos.

Ann sacó dos varitas. La suya, de Sáuco y la de Harley, de Serbal, con plumas del mismo fénix. Lista para emplear ambas.

El primer haz de luz verde voló por la cargada atmosfera.

Albus corría todo lo deprisa que podía, seguido de todos los alumnos que de nuevo había conseguido reunir. Rose le seguía bastante de cerca.

-¡Al!

Se detuvieron un momento, observando cómo Lily y Cygnus corrían hacia ellos.

-Acabamos de verlo...está sucediendo. Ya está sucediendo- dijo Lily apremiante.

-Dónde- preguntó Rose urgentemente.

-Cerca del bosque prohibido- contestó Cygnus- Ann ha debido de crear una barrera para que nadie más muera.

Albus y Rose se miraron.

-Te dije que algo así podía suceder- le recordó ella.

Él asintió.

-Necesitamos más gente. A mi padre, la Orden...

-No están dispuestos a ayudar- interrumpieron Josh y Grace- volviendo a su encuentro- Hugo se ha quedado intentando pelear pisos más arriba.

-Allí íbamos ahora- añadió Lily.

-Teneis que quedaros. No lo entiendes. Hay que romper esa barrera de Ann.

-¿No pensarías que ibais a hacerlo sin nosotros, verdad?

Se giraron para observar cómo James, Ted, Yem y un grupo de Aurores y profesores un tanto malherido acudían a su encuentro.

-La ayudaremos en todo lo que podamos- dijo el profesor Longbottom.

De nuevo, Rose y Albus cruzaron miradas.

-Tal vez el modo de ayudar a Ann os parezca un poco extraño, pero teneis que escucharme.

Y volvió a contar lo mismo que a sus amigos, deprisa y sin pararse demasiado.

-Eso es una completa estupidez, Rose.

-Tio Harry también lo piensa, James. Lo creyó desde el primer momento que sucedió. ¿Por qué te crees que mis padres han estado tan enfadados con el tuyo todos estos meses? Él decidió contármelo.

Eso pareció convencer un poco a James.

-Por favor- suplicó Rose- ayudadnos.

-¿¡Por que te empeñas en mantener la barrera, Ann!?- preguntó, furioso. Le asestó otra maldición, que dio de lleno en su pecho. La chica se dobló. Dos segundos después, le devolvió la maldición pero él logró esquivarla. La estaba venciendo.

Ann rio, había recibido varias maldiciones pero conseguía curarse.

-Lo que realmente me preguntó es por qué no eres capaz de vencerme. Conoces la maldición, esta claro que la has utilizado muchas veces.

-Sería sencillo matarte así, pero ni tú estas dispuesta a matarme ni yo quiero que dure poco. Sé todo lo que puedes aguantar con vida, ya puse a prueba la fuerza de Harley hace un año.

Mientras hablaba Ann le lanzó un hechizo desmaius que lo tiró al suelo. Ella se incorporó.

Segundos después, Sameor reía.

Otros hechizos. Ambos confluyeron. Ann y Harley intentaron resistir con todas sus fuerzas.

Los hechizos la golpearon. Salió despedida de nuevo.

"No creo que podamos soportar mucho dolor más, Ann" se alarmó Harley.

"Lo intento Harley pero...no puedo matarlo. No con una maldición"

"Es lo que estoy notando. Parece que a él le pasa lo mismo. Pero ¿Por qué no?"

-Somos demasiado iguales, ¿verdad?-preguntó Ann desde el suelo, muy magullada- no puedes matarme porque no puedes matarte.

Sameor se aproximó, más a ella, frío y letal.

-Tal vez no pueda matarte- admitió- pero puedo torturarte tanto que desees acabar con tu vida y solo entonces, me veré liberado por fin.

-Por eso no has podido matarme en todos estos años...- Sameor la agarró con sus propias manos y sus rostros quedaron más cerca que nunca- nunca lo has deseado lo suficiente- lo miró a los ojos, eran excatmente del mismo color pero eran capaces de contar dos cosas muy diferentes- no puedo amarte. Pero siento mucha lástima por ti.

La lanzó al suelo con todas sus fuerzas.

"No grites" pidió Harley.

Apretó los dientes con fuerza.

Giró sobre si misma tosiendo varias veces.

-Cuando estuviste a punto de matar a Rose...creías que ella no era tan importante para Ann, que ya no le importaba. Solo a Harley, y podías fácilmente herirle a él...pero si yo te hubiera contado...lo importante que era para mí...no habrías sido capaz de hacerlo.

-¡Claro que habría sido capaz! ¡Sabía lo mucho que os importaba a ambos y aun así pude matarla!

Un hechizo la envió volando hasta chocar con su propia barrera, con fuerza. Pudo sentir como algo en su espalda se rompía. Pero eso parecía importar muy poco. Abrió mucho los ojos.

-No, no pudiste- dijo, como si acabara de reverlasele algo.

"Ann, ¿Qué ocurre?"

Escucharon un potente ruido en el otro extremo del encantamiento de protección. A pesar de tener la vista nublada, consiguieron mirar. Decenas de hechizos procuraban romper la barrera.

Pudo notar cómo Sameor intenaba retirar elprotego. No podía permitirlo. Siguio luchando con todas sus fuerzas.

Lo intentó durante minutos, pero Ann se resistía, al mismo tiempo que más y más hechizos procuraban romper la barrera. Ella chilló, del esfuerzo.

-¡Ya basta!- se alteró Sameor- ¡Crucio! ¡Crucio! ¡Crucio!

No podía matarla pero las maldiciones asesinas le afectaron, la odiaba lo suficiente como para causarle mucho dolor.

"No resistiremos mucho más"

"Te equivocas, podemos vencer. Ahora más que nunca"

-¡Septumsempra!

Acertó de lleno. Sameor chilló y la sangre comenzó a teñir su ropa.

"Curará"

Así lo hizo, aplicándose contrahechizos, pero Ann tuvo tiempo de incoporarse, temblando.

Para cuando pudo mirarlo vio sangre por todo su rostro. Él se reía histérico. Jamás lo había visto perder el control sobre sus emociones de esa manera.

No tuvo reflejos suficientes como para esquivarlo. La agarro por la cabeza e intentó estamparla contra una roca bastante grande que había en esa parte del camino, la primera vez no fue capaz, pero la segunda, pudo notar como la piedra la golpeaba en su sien derecha. Se mareó al instante.

"No podemos desmayarnos, Ann"

"Lo estoy intentando"

"La barrera..."

"Lo sé"

-¡Contemplad el final de Ann Anderson!- se aproximó al lado del hechizo donde se agolpaban más haces de luz procurando romperlo- ¡Quiero que lo veais todo, que no os perdáis un mísero detalle!

"Lo siento mucho, nos he fallado"

"Les hemos fallado" se rindió Ann.

No les quedaban fuerzas. Parecía que ya estaban muy lejos de allí.

Su vista era muy borrosa, pero el color violeta de la barrera desapareció. El hechizo había terminado. Sameor volvió a reir, triunfante de verdad por primera vez. Ni Ann ni Harley se dieron cuenta de que el propio mago oscuro volvió a conjurar la misma barrera para que nadie pudiera interrumpir el momento en el que remataría a Ann de una vez por todas. Se giró, dispuesto a realizar su cometido.

Se congeló, por un segundo.

Una persona había logrado penetrar la barrera los segundos en los que Ann había perdido el poder sobre la suya. Una persona se había atrevido a enfrentarse a él. Protegía a Ann como podía, colocándose delante de ella con la varita en alto.

-Hemos estado hablando de ti, ¿sabes?- le dijo, con esa voz gélida que siempre le había caracterizado. Había recuperado la calma, el control.

-Lo he oído- respondió Rose, un poco temblorosa, pero segura de sí misma- bastante reveleadora la frase de Ann ¿Cómo fue? Ah, sí...algo así como que no puedes matarme.

Protegió aun más el cuerpo de sus amigos.

Volvió a reír, pero esta vez estaba tranquilo, determinado.

-Claro que puedo matarte. No eres más que una bruja cualquiera. En cambio yo...yo soy más que eso. Debería de ser reconocido como un Dios ante vosotros.

-Prefiero morir ahora a llamarte Dios- respondió.

-Entonces muere.¡Avada kedavra!- dijo, mientras Rose le lanzaba unExpelliarmus.

Se escucharon varios chillidos. Luego una explosión de luz verde, que de pronto se vio envuelta en otra plateada que los cegó a todos varios segundos.

En lo que pareció una eternidad la barrera se había roto, y la tierra levantada y la oscuridad de la noche apenas los dejaron ver.

Sin embargo, se veía lo suficiente como para ver que una de las figuras se acercaba a otra que yacía en el suelo.

Muerta.

Le examinó el rostro. Aunque cubierto de sangre, pudo ver sus ojos sin vida.

-El amor es la magia más poderosa de todas- solo le dijo.

Y Rose ya no lo miró más.

Se giró y pudo ver cómo Yem, Albus y Josh cargaban con el cuerpo de Ann, urgentemente. El resto de la gente aun parecía desconcertada. Sus ojos se encontraron con los de su tío Harry, tan solo un segundo. Este respiró aliviado.

La gente comenzó a gritar con júbilo su nombre. No el de Harley ni el de Ann, que tanto habían hecho por salvarlos a todos, sino el suyo. Había sido ella la que había terminado con la peor pesadilla del mundo mágico.

Ellos siempre habían tenido razón.

-Cuéntame de nuevo qué ha sucedido

Rose tenía lágrimas en los ojos. No sabía qué pasaba con Ann y Harley. ¿Estaban muertos? ¿Había conseguido Ann salvarlos a ambos?

-Sameor iba matarme- tartamudeo- pero Harley, Andrew...- se entrecortó. Andrew Anderson. Cómo no había podido darse cuenta- todos creímos que estaba ido, pero pudo apartarme de la maldición a tiempo.

-Entonces... ¿la maldición iba hacia ti?

-Sí.

-¿Estás segura, Rose?

Rose miró a su tío con lágrimas en los ojos.

-Cómo no voy a estar segura-gimió.

-Pero entonces...Merlín. Eso puede cambiarlo todo si Ann no sale de esta Rose. Tú eres importante.

Ella negó varias veces.

-No lo entiendo.

-Si Ann salvó a Harley y él te ha salvado a ti...lo más seguro es que ahora tengas la magia de Ann, Rose.

-¿Qué?- preguntó desconcertada.

-Piénsalo, si Ann entregó magia a su hermano al nacer, Harley lleva dentro magia muy poderosa. Si es verdad que el se ha sacrificado por ti...si te ha protegido...

Rose creyó comprender lo que quería decir. No era ningún secreto que su tio había intentado estudiar la magia del amor todos aquellos años, y que había sido la protección de su madre la que lo había salvado.

Se quedó sin palabras.

-Podríamos llamarlo vínculo

Rose frunció el ceño.

-Cuando Ann salvó la vida de su hermano, y le entregó parte de su magia, creó un vínculo con él, un vínculo muy poderoso. Sabes de qué hablo. Ann y Harley no pueden estar mucho tiempo separados: se echan de menos, se necesitan...en fin.

-A dónde quieres llegar- apremió Hermione. Tanto Ron como ella y su hija escuchaban atentamente lo que Harry quería decir.

-Quiero llegar al día en el que Harley se interpuso entre tú y una maldición asesina. Quiero llegar al día en el que el chico utilizó la magia de su hermana para salvar a Rose.

Rose no acababa de entender a qué se refería.

-Fue la magia de Ann lo que hizo que Harley pudiera llegar hasta ti, ¿verdad?

Miró fijamente a su tío.

-Sí, supongo... De otra forma habría sido imposible que hubiera llegado a tiempo.

Asintió.

-Rose, hace muchos años, cuando mi madre se interpuso entre Voldemort y yo, creó un hechizo tan poderoso que consiguió matarle, un hechizo que me protegió de su maldición asesina.

Entonces Rose lo entendió.

-Estás insinuando que...pero... ¡no es lo mismo!

-Mi madre no era la bruja con más poder del mundo, y Harley, diciéndolo fríamente, solo es un canal de la magia de Ann. Pero realmente...Dumbledore solía decir que el amor es la magia más poderosa de todas. Y Ann es muy poderosa, pero es poderosa por todo el sacrificio que ha hecho por Harley, y él mismo, dieciocho años después, ha realizado otro acto de amor con la magia de Ann. Si tengo razón y la profecía está hablando de un hechizo que nace del amor, incluso me habría inclinado a pensar que el que realmente vencería tendría que ser Harley. Pero resulta que la profecía habla en su final de una bruja que tiene en su poder la magia más poderosa. Hay una manera de interpretarlo, Rose. Ann ya no tiene esa magia.

Los latidos de Rose se aceleraron con alarmante rapidez.

-Tú la tienes.

-Eso es absurdo- respondió Ron- solo porque no entendamos como funciona la magia de Ann no tenemos que andar haciendo esas teorías.

Hermione no dijo nada, simplemente miraba a Harry, incrédula, pero pronto su rostro cambió a determinación.

-No pienso poner en peligro la vida de Rose por una conjetura.

-Mamá...

-Ni se te ocurra, Rose. ¿Me estás escuchando bien?

-Lo que dice el tío Harry tiene mucho sentido.

-Pongamos que barajamos esa opción por un segundo, la posibilidad de que tengas razón...- miró a su amigo a los ojos- no pienso apostar la vida de mi hija por una posibilidad entre cien de sea la verdadera forma de derrotar a...

-Shh. Ya no podemos decir su nombre. Él podría encontrarnos- interrumpió Ron- Estoy de acuerdo con Hermione.

-Yo no- rebatió Rose- es mi vida, yo decido lo que hago con ella y si de verdad hay una mínima posibilidad de que...

-¡Rose Weasley!- su madre estaba fuera de sí- ¡Por nada del mundo voy a permitirte que...

-¡Ya no soy una niña! ¡Además tengo motivos para creerte!- dijo, refiriéndose a Harry- cuando Harley y yo estábamos peleados algun tipo de magia me empujaba a estar con él. Y no estoy exagerando, no podía estar así con él...y a él le pasaba lo mismo. Al pricipio pensábamos que era cosa de Ann, y tal vez inconscientemente lo era, tal vez no era cosa suya y era...el destino, o algo así.

-Pero... ¿¡Tú te estas oyendo, Rose!?

A pesar de todo, no era capaz de mirar a sus padres a la cara.

-Yo...esto tampoco es fácil para mí- dijo Harry.

-Pero no es tu hija- le incriminó Ron, mordaz- si hubieran sido Lily, Albus o James ¡se lo hubieras ocultado!

-¿Cómo puedes decir eso?- Preguntó, ofendido por el comentario de su amigo- es verdad que me pudo la adrenalina del momento, metí la pata antes...

-No. Yo tenía que saberlo. Tenía que saber que soy una posibilidad para acabar con Sameor. Y ¡No, ya vale!- le dijo a su madre, que había estado a punto de interrumpirla- todo está muy claro en mi cabeza. Ahora sé cual es mi papel en todo esto. Ahora por fin lo entiendo...

-Tus padres tienen razón. No podemos estar seguros...

-Velaremos por la recuperación de Ann y Harley- dijo Hermione- eso es lo que haremos. Esperar. Pero prométeme Rose, prométeme que no harás nada sin consultarnos. Y prometenos que esperarás. Que no harás ninguna tontería.

Los miró a los tres.

-Lo prometo- dijo finalmente- y ahora tengo que ir a ver cómo están- terminó, abandonando el cobertizo de La Madriguera.

Se quedaron en silencio.

-Esto...-comenzó Hermione, pero se le cortó la voz- no se si alguna vez podre perdonarte esto, Harry. De verdad que no.

Ron salió detrás de ella con el rostro sombrío. Ni miró a su amigo.

La gente la tocaba y gritaba su nombre, en gratitud absoluta. Rose estaba confusa, no era prácticamente capaz de distinguir los rostros. Unos brazos familiares la rodearon.

Sus padres.

Solo fue capaz de hablar tras unos segundos.

-Lo siento...tenía que hacerlo. ¿Me perdonáis?

Y se rio vagamente por su infantil petición, mirando a su tio y padrino, que la observaba con orgullo y alivio a través de la multitud, y de sus gafas redondas.

La sonrisa se le borró rápido del rostro.

-Ann y Harley...-solo dijo.

-Vamos- su padre tiró con fuerza de ella para sacarla de la avalancha de gente.

Para cuando llegaron, el corazón le iba a estallar. Se habían desaparecido pero a ella le parecieron prácticamente minutos de viaje.

Todavía estaban tendiendo a Ann al lado del cadáver de Andrew.

-Esto es un suicidio- no pudo evitar opinar Ted.

Yem sufrió al escuchar sus palabras.

Rose se acercó a él y le puso una mano sobre su hombro.

-Yem, sé que esto es muy duro para ti...

-No nos perdonaría que no lo intentáramos.

-No, no lo haría. Ellos son dos personas diferentes.

Tras un par de segundos, Yem se agachó a juntar las manos de los hermanos.

Nada sucedia. Con el paso de los segundos, la angustia de Rose iba acrecentándose.

Por un lado, las otras veces había funcionado. Por otro...aquello era una nueva situación. Harley tendría que regresar.

Albus le dio la mano y se la apretó, con fuerza.

-Por favor- suplicó, cerrando los ojos.