Gracias a mi cómplice Li por su lectura previa. Los errores siguen siendo míos.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama pertenece a mi imaginación.

Capítulo 4

Edward

Algo pasaba con Bella y si no fuera porque era ilógico diría que estaba enfadada conmigo, realmenteno sabíasi esa era la palabra correcta. En el transcurso del día se había comportado indiferente, distante en nuestras conversaciones, bastante esquiva para ser ella.

Mi ánimo empezaba a jugar con mis emociones.

Quería acercarme y preguntarle qué ocurría.

― Has estado muy pensativo ―Ángela comentó al llegar de nuevo a la constructora. Desde que había sido admitido compartíamos el almuerzo juntos―. ¿Quieres que te ayude a cuidar de Elizabeth?

Negué.

No podía contarle lo que pasaba conmigo. Seguramente soltaría una carcajada si le dijera que tenía un monólogo dentro de mi cabeza que se debatía por hablar con Bella… con mi Bella.

Suspiré.

.

.

Bella

― Creo que deberíamos salir un fin de semana ―opinó Diego―. Desaburrirnos de todo lo relacionado a la constructora ¿no creen?

― Me parece perfecto ―canturreó Renata mientras daba suaves aplausos.

Sinceramente no les había puesto la debida atención. Mi mente estaba en Edward y Ángela. Después de coincidir en el restaurante no podía estar tranquila y es que no se podía ocultar el grado de camaradería que compartían, los había visto interactuar de una manera tan… cómplice, los vi sonreír, conversar y posiblemente secretearse como dos grandes amigos.

Era obvio que su comportamiento iba más allá del compañerismo. Lo que me hacía pensar que ellos ya se conocían y no eran simples compañeros de trabajo. Pero, también recordando el carácter de Edward podía atribuir que su amistad reciente fuese de lo más normal, porque él era así, dulce y sencillo.

Sin embargo, estaba el tema de su abuela. La confianza que existía entre él y Ángela.

― Bella, ¿qué te pasa? ―mi compañero indagó―. Tu mente parece a millas de distancia.

Forcé una sonrisa que fue creíble para Diego ya que se relajó y continuó con su verborrea sin fin.

― Debemos hacer un viaje los tres ―expresó―. Podríamos ir a Canadá y pasar ahí algunos días… ―guardó silencio al ver que Edward Cullen llegaba con Ángela. Los miró con interés y se acercó más a nosotras―. De verdad que hacen una gran pareja ―susurró― feo con fea.

Soltó una leve carcajada que no fui capaz de compartir, así como tampoco lo hizo Renata.

― Estaba bromeando ―hundió sus hombros pareciendo apenado―. ¿A quién le importan estos dos? No creo que nadie de la oficina siquiera los recuerden al salir de la constructora.

― No eres gracioso, Diego ―repliqué―. Lo único que estás logrando con tu actitud burlona es descubrir que te duele que hayas sido totalmente ignorado para el proyecto.

Caminé hacia la estación de café sin esperar si Diego hablaba. Abrí la pequeña nevera y saqué una botella de agua, bebí un corto trago, apenas humedecí mis labios cuando escuché la voz de Ángela detrás de mí.

― Una chica rubia vino a buscarte.

Voltee hacia ella. Ángela tímidamente se dirigía a mí, ella muy raras veces me dirigía la palabra y eso me causaba intriga.

― ¿Cuándo?

― Fue antes de salir al almuerzo. Le dije que estabas en una junta y no quiso esperarse, me dejó su nombre ―cerró por un momento sus párpados y luego me vio con atención a través de sus gruesos anteojos―. Rosalie Swan.

¿Qué hacía aquí Rose? Ordené a mis nervios controlarse, si mi cuñada estaba en la ciudad era por un motivo grande. Tenía que hablar con ella lo más pronto posible.

― Gracias ―dije cortésmente.

Ángela mantuvo una sonrisa en sus labios mientras preparaba café helado. Ambas sosteniéndonos la mirada como si quisiéramos decir mucho más.

― Felicitaciones ―murmuró tan bajo que apenas la escuché―. Supe que formas parte del proyecto más ambicioso.

― Sí, Edward y yo formamos parte ―resalte.

Ella asintió bebiendo de su café.

― A él también lo felicité ―confesó.

― Parece que son muy amigos ―las palabras borbotearon de mi boca― ¿se conocen desde hace mucho?

Sus ojos marrones se abrieron en una expresión graciosa. Quizá sorprendida por mi curiosidad.

― Sí. Estudiamos juntos desde que tengo memoria.

― Ah… Lo suponía, es por eso la confianza que se tienen.

― Muchas veces le ayudo a cuidar de su abuela ―reveló.

― ¿Está enferma? ―indagué.

Ángela hundió sus hombros sin dejar de sonreír. Reconocía que era amable, igual que Edward. De hecho tenían mucho en común.

― Es una anciana muy lista que está mejor que nosotras dos.

Junte las cejas sin entender porque llevaba cuidados especiales. Ángela me comprendió porque de inmediato vociferó:

― Tuvo un accidente hace algunas semanas. Edward la llevaba a sesiones de movilidad, pero ahora está mejor que nunca. ¿No te contó?

La curiosidad en su voz me molestó haciéndome sentir incómoda.

― No. No tenemos porque hablar de su vida privada ―recalque para no sentirme tan mal― nuestro trato es estrictamente laboral.

Aprecié cierta luminosidad en su mirada. Lo que me hizo cuestionarme por qué estaría feliz.

.

― Oh, Bella ―Edward me dio alcance a la hora de salida― hoy no podré asistir a tu apartamento para continuar con el trabajo.

Quería ser grosera y no responderle. Ignorarlo, pero no tenía el corazón para ser dura con él.

― Supongo que debes cuidar de tu abuela ―como buena bocona hablé sin pensar.

La sorpresa en su rostro no me hizo sonreír.

― ¿Cómo sabes de mi abuela?

Fruncí los labios.

― ¿Hay algo de malo en que lo sepa? ―cuestioné.

― No ―sacudió la cabeza― solo que me hubiese gustado que te enteraras por mí.

Quizá algo pasó por sus pensamientos porque de inmediato sonrió un tanto incrédulo.

― Has estado molesta conmigo porque yo… ―dudó― Bella, me encantaría que supieras tantas cosas de mí, no quiero que pienses que no deseaba contarte.

― No puedo pensar otra cosa cuando llevamos semanas reuniéndonos en mi casa, te he contado mi vida entera ¿y tú…? Creí que confiabas en mí.

En un hábito conocido de él, empezó a pasar sus manos por su pelo. Se veía sumamente nervioso.

― ¡Lo hago!

Miré hacia nuestros compañeros que pasaban cerca de nosotros, viéndonos con atención. Estábamos haciendo un escándalo en el área del vestíbulo, justo en la entrada del edificio donde todos entraban y salían.

Mi celular sonó: era Rose.

― Gracias por avisarme que no trabajaremos hoy ―fui honesta―. Tengo que irme.

Me giré sobre mis pies y continué mi camino a la salida.

.

― Te prometo que me quedaré por unos días ―dijo Rose― no quiero intervenir en tu vida diaria.

― Sabes que puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

― Tampoco se trata de invadir tu privacidad ―me guiñó.

Seguimos caminando por el pasillo de los vegetales. Mi cuñada estaba eligiendo una caja de espinacas.

Tener a Rose en casa me hacía sentir bien y no tan sola. Llevaba un par de días y ya no deseaba que se fuera nunca, era consciente que su paso sería temporal, ella y Emmett se debían una conversación larga y tendida para llegar al mismo punto y saber si querían seguir o no.

Mientras ese diálogo se concretaba, me sentía a gusto con Rose. Ella y yo siempre habíamos sido buenas amigas.

― Pero papá yo no quiero comer vegetales ―la dulce voz de un niño llamó mi atención. El chico de gafas parecía negarse a comer brócoli, lo vi sacar de la canasta que cargaba, el ramillete verde.

― Nada de eso Anthony. La semana pasada hiciste lo mismo…

Me paralice al ver quien era el padre. El hombre alto y desgarbado que se acercó volviendo a poner el brócoli en la canasta era nada menos que Edward Cullen.

― Edward ―pronuncié tan alto que volteó hacia mí.

Pestañee tan solo una vez más. El pequeño era una copia calcada de su padre; usaba anteojos, tenía el mismo pelo desordenado y esa forma tan graciosa de caminar.

Era Edward Cullen en miniatura.

― Eres papá ―logré articular.

Edward esbozó una sonrisa llena de orgullo. Con las manos en los hombros del pequeño caminó hacia mí.

― Hola, Bella ―saludó cordialmente―. Él es mi hijo Anthony Cullen. Hijo, ella es mi compañera de trabajo, Bella Swan.

El niño sin perder tiempo tomó mi mano dejando un corto beso en mi dorso.

― Encantado, señorita Swan ―fueron sus primeras palabras dirigidas a mí.

Fue un encanto oír su dulce vocecita de caballero miniatura.

― Hola, Anthony ―pasé mis dedos por su suave pelo desordenado―. Es un gusto saber de ti.

Levanté la mirada, enfocándome en Edward. Quería hacer tantas preguntas. Pero él se notaba tan incómodo que pensé que no tenía intención de hablar.

Como la imprudente que era, pregunté: ― ¿Por qué no me dijiste que tenías un hijo?

― Yo… ―rascó su nuca, un poco desencajado―. Bueno, es la primera vez que tengo una amiga, mi círculo social es muy pequeño. Así que no sabía cómo contarte.

Miré de nuevo al niño. Era delgado, alto y con una carita alegre, parecía lleno de felicidad viviendo en su propio mundo.

― Ya veo ―me desanime un poco―. Quizás realmente no somos amigos, sino compañeros de trabajo.

El semblante de Edward palideció. Nervioso pasó varias veces las manos por su pelo, tirando un poco de las hebras cobrizas.

― No, claro que no ―comentó, mirando fijo mis ojos―. Nosotros somos amigos, Bella y no quiero perderte.

La decepción que sentí dentro de mí me hizo suspirar. De pronto tenía ganas de llorar como una adolescente que había descubierto una infidelidad ¿qué pasaba conmigo?

― Hablamos luego ―susurré, me incliné hacia el niño y le di un pequeño y cálido abrazo― me dio realmente gusto conocerte, Anthony.

El pequeño caballero envolvió sus cortos brazos en mi cintura. Olisquee su pelo y fue agradable impregnar mi sentido olfativo con ese olor a manzanilla.

Me enderecé y di una última mirada a Edward, caminando lejos de él y su hijo.

Busqué a Rose con la mirada y la seguí. Ella seguía empujando el carrito del supermercado.

― ¿Quién es él? Y no me digas que nadie porque estás a punto de llorar, lo veo en tus ojos.

La miré retadora.

― Creí que éramos amigos, pero no es así.

― Definitivamente no son amigos, sobre todo cuando te comportas como la novia celosa.

Exhalé ruidosamente. Rose no dejaría de molestarme con Edward Cullen.


Muchas adivinaron desde el primer capítulo que era padre y ahora sabemos que lo es. Otro punto es que Edward aún no se da cuenta que Bella está celosa, ni ella lo sabe, ¿quieren conocer un poco más?

Gracias especiales a quienes comentaron el capítulo anterior: Ary Cullen 85, ALBANIDIA, Sinn Ontiveros, Pepita GY, Cary, Smedina, Cassandra Cantu, Car Cullen Stewart Pattinson, marisolpattinson , mrs puff, Adriu, Diannita Robles, Dulce Carolina, Flor McCarty-Cullen, Rosemarie28, Tata XOXO, jenni317, Adriana Molina, krisr0405, saraipineda44, Iza, Noriitha, piligm, The Vampire Goddess, Lili Cullen-Swan, Antonella Masen, Maryluna, Marxtin y comentarios Guest

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