Gracias a mi cómplice Li por su lectura previa. Los errores siguen siendo míos.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama pertenece a mi imaginación.
Capítulo 5
Edward
Que Bella descubriera una parte de mi vida me hacía sentir… ¿cómo explicarlo? Tal vez la palabra correcta era apesadumbrado.
No sentí que fuera justo. Y no porque no deseaba que supiera, sino porque hubiese querido ser yo quién descubriera mis secretos ante ella. Había imaginado poder contar mi vida, mientras compartíamos una deliciosa cena en su apartamento.
Con anticipación mi cabeza había recreado escenarios y en cada uno hablábamos demasiado cerca.
Suspiré resignado.
No debía pensar cosas indebidas de mi Bella.
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Bella
― Es demasiado bueno… ―tragué por completo el rollito de sushi.
Los ojos castaños de Rose se pusieron brevemente en blanco. Ella comía los rollitos de sushi lentamente dejándolos remojar en la salsa de wasabi.
― Es la receta de siempre ―dijo―. Es sushi vegano; hechos de pepino, jícama y aguacate y que a ti no te gustan.
Pasé la servilleta por la comisura de mis labios mientras me hacía la desentendida.
― Pues has mejorado mucho que ahora me encantan ―canturree animada.
― ¿Te encantan de la misma forma que te gusta Edward Cullen?
Me atraganté. Empecé a dar pequeñas palmadas en mi pecho hasta que la comida bajó.
― ¡Por Dios, Rose! Es solo mi compañero de trabajo, además yo no creo en estúpidos enamoramientos, no tengo tiempo para ello.
Rosalie sonrió. Lo hizo de esa forma tan despreocupada que me hizo sonreír.
― Ahora soy yo la que tiene dudas ―exhaló, degustando un rollito de sushi―. ¿Será que está casado?
Mi sonrisa se desvaneció lentamente. Sentí como si me dieran un puñetazo en el estómago y me dejaran sin aire.
― Quizá es viudo y el niño no tiene una mamá ―siguió hablando― también podría ser que comparte custodia con la madre de su niño, ¿quien será?
Me removí encima del almohadón. Estábamos en la sala de estar, sentadas alrededor de la mesita de centro.
― No seas tan dramática ―traté de sonar casual.
Siendo honesta me había hecho todo tipo de cuestionamientos en torno a Edward y su paternidad. Había imaginado desde un supuesto matrimonio roto hasta una paternidad compartida.
― ¿¡Qué!? No son tan descabelladas mis ideas, porque obviamente ese niño no llegó por medio de inseminación artificial… ―sus expresivos ojos marrones se expandieron al punto máximo―. Oye, ¿y si pagó un vientre con tal de ser padre? Ya es muy natural que hombres quieran ser padres, ahí tienes a Cristiano Ronaldo el famoso CR7 ―suspiró― Emmett siempre hablaba de soccer conmigo.
Ahí estaba de nuevo saliendo de sus labios el nombre de mi hermano. Si mis cuentas no fallaban era la décima vez que lo mencionaba.
La razón de su momentánea separación se debía a que su vida marital empezó demasiado pronto; ambos se perdieron de vivir una vida de adolescente normal. No se dieron la oportunidad de asistir a fiestas con chicos de su edad, de ir a reuniones de amigos, no pensaron en querer mejorar. Ninguno quiso estudiar y hoy lo estaban pagando con creces.
La edad adulta y madurez los hizo reconocer que no solo podían vivir de amor, sino que había algo más para ellos.
Su decisión fue darse un tiempo. Los celos de Emmett habían rebasado la paciencia y tolerancia de Rose.
Una cosa llevó a la otra. Ambos terminaron sacando lo peor de cada uno, su decisión fue irrefutable y lo mejor fue darse un espacio antes de tomar cualquier resolución para su matrimonio.
― ¿No has hablado con Emmett? ―pregunté volviendo a nuestra cena.
Rose dejó lentamente los palillos sobre su plato y se cruzó de brazos. Noté como sus hombros se hundieron en cuanto pronuncié el nombre de mi hermano.
― Parece muy feliz viviendo su vida de soltero. No ha respondido ni un solo mensaje.
Alargue mi mano hasta cubrir la de ella dándole un suave apretón que ella me correspondió con una leve sonrisa.
― No te hagas ideas sin antes hablar con él ―pedí.
― No lo haré con la condición de que me cuentes más de Edward Cullen.
Dejé caer los palillos encima del sushi y rodé los ojos. No haría tal cosa.
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Edward se incorporó cuando llegué a la mesa de trabajo. Era un hábito frecuente que empezaba a resultar normal entre nosotros. Su educación y caballerosidad siempre prevalecían ante todo.
― Anthony envió esto para ti ―una pequeña caja de chocolates dejó en mis manos. Sonreí al escuchar el nombre de su hijo y asentí en agradecimiento.
― Dile que muchas gracias.
― Y esto es de parte mía ―puso un sobre blanco encima de los chocolates, lo miré sin entender―. No la abras por favor ―pidió― al menos, no delante de mí.
Sostuve el sobre entre mis manos. La curiosidad empezó a picar mis dedos.
― ¿Qué es? ―indagué.
― Es una disculpa formal. Mi intención nunca fue ocultar a mi hijo, créeme que jamás lo haría.
― Edward, no, no hace falta… ―empecé a sacudir la cabeza―. De verdad, puedes estar tranquilo, sé comprender que tenemos conversaciones pendientes que muchas veces no queremos compartir o simplemente no es el momento.
Se acercó tanto que elevé mi rostro para apreciar sus facciones masculinas.
― Pude darme cuenta de la desilusión que causó en ti cuando me viste con Anthony. Y con esto no me refiero a que no te haga feliz que sea padre, sino que hubieses preferido saberlo por mí.
Fruncí los labios. Era extraño como empezaba a conocerme, porque él había acertado en sus palabras.
― Pensé que éramos amigos ―el resentimiento se coló en mi voz―, supongo que Ángela es más amiga que yo ―miré sus ojos a través de sus anteojos― porque seguramente ella sí sabe de tu hijo.
Los gestos de Edward se contrajeron en una mueca de confusión. Su semblante se tornó rojo encendido mientras una débil sonrisa aparecía en sus labios.
Comprendí de inmediato que había sonado como una mujer celosa y dolida. Puse mi mano en su antebrazo, quería explicarle que no era lo que estaba pensando, pero no hubo tiempo porque la puerta se abrió.
― Es bueno verlos juntos ―expuso Aro llevando las manos a sus bolsillos― su viaje a Miami está programado para mañana a primera hora, los boletos de avión están listos, al igual que el hospedaje.
― ¿Qué viaje? ―pregunté ganando la atención de mi jefe.
Aro frunció ligeramente el entrecejo.
― Señorita Swan ―el tono de su voz se endureció― parece que su mente no estuvo en la junta de esta mañana. Ahí les expliqué el motivo de su viaje a Miami.
Giré levemente mi rostro hacia Edward. Estaba avergonzada por andar distraída, pero él lo comprendió dándome una sonrisa ladeada y tranquilizadora que me hizo sentir bien, sabía que era su manera de apoyarme.
― Estaremos allí mañana mismo ―afirmó con seguridad.
― Su reunión con Witherdale es de suma importancia ―Aro comentó―. Y su puntualidad es parte del proyecto, ese tipo odia esperar ―nos sonrió― mucha suerte en su primera prueba.
Aro salió triunfante de la sala de juntas.
― Parece que vamos a nuestra ejecución en vez de una reunión de trabajo ―susurré.
Escuché la suave risa de Edward al caminar a mi lado.
― Paso por ti para irnos al aeropuerto ―propuso― ¿estás de acuerdo?
― Bien, esperaré por ti. No llegues tarde.
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Apenas llegué al apartamento y me descalcé para ir corriendo a mi habitación, me dejé caer en la cama y saqué la carta que guardaba en mi bolso.
La desdoblé cuidadosamente y el olor a la colonia de Edward inundó mis fosas nasales.
Sonreí. Era un bonito gesto.
Mis ojos vagaron por la hoja, era la caligrafía más perfecta:
Querida Bella…
Espero estés sonriendo porque una carta es lo que menos esperabas de mí.
Dirás que no entiendes porqué elegí escribirte en vez de hablarlo contigo, también lo hablaré en persona, no te preocupes.
Estoy tratando de romper mi timidez, lo siento, si no soy el más hablador. Como te he contado me cuesta mucho socializar, no estoy acostumbrado a la atención de las personas porque siempre pasé desapercibido y siendo invisible.
Al ser criado por una mujer mayor, mi educación fue conservadora. No fui el niño más desastroso, pero sí el más educado. Mi abuela se esforzó por criarme y le debo todo lo que soy.
Por eso hasta el día de hoy vivo con ella y estoy encargado de su bienestar. Por cierto, le he contado de ti, espero que algún día quieras conocerla, porque ella está contando los días para invitarte a comer a casa.
Quizás te preguntes: ¿cómo fue mi juventud? Mi adolescencia fue muy parecida a mi niñez. No hubo grandes cambios, me costaba entablar conversaciones y cuando llegó el turno de las chicas, nunca tuve valor para acercarme.
La primera chica de la que me enamoré. Me rechazó públicamente, me expuso ante nuestros compañeros de clases y no se cansó de humillarme por haber puesto mis ojos en ella.
Rodé por la cama. Aplasté la hoja a mi pecho y me quedé viendo hacia el techo.
Suspiré, imaginando la vida de Edward. Quería ahora mismo tener esa tipa frente a mí, tomarla de los cabellos y arrastrarla hasta saciar mi coraje.
Negué con la cabeza.
Fue entonces que volví a tomar la hoja y seguí leyendo.
Sé qué quieres saber de mi niño. No estoy casado, él fue concebido en la única fiesta que acepté ir, tenía veintiún años y fue la primera vez que me alcoholizaba.
Estoy tan avergonzado por contarte esto, sé qué pensarás que soy un idiota. Sin embargo, considero que debo ser honesto y contarte lo que ocurrió...
Me senté de golpe en la cama y continué leyendo.
Hola, como ven Edward se está confiando en Bella y están a punto de tener una hermosa amistad, ya verán en el siguiente capítulo. Tenía muchas ganas de hacer algo así, que fueran personalidades invertidas y él fuese el chico introvertido y dulce. ¿Qué piensan ustedes de Edward y Bella?
Aquí los nombres quienes comentaron el capítulo anterior: Isabella Salvatore R, Elizabeth Marie Cullen, Pepita GY, Coni Salinas Ríos, mrs puff, marisolpattinson, Verónica, Flor McCarty-Cullen, Diannita Robles, Rosemarie28, Sinn Ontiveros, Cary, Dulce Carolina, Daniela Masen, ALBANIDIA, Tata XOXO, Antonella Masen, Cassandra Cantu, Ary Cullen 85, Deniz, Krisr0405, Maryluna, jocelyn jazrodriguez, saraipineda44, Smedina, paramoreandmore, Adriana Molina, Noriitha, francicullen, Lili Cullen-Swan, piligm, rociolujan, Lou 279, The Vampire Goddess y comentarios Guest
Gracias totales por leer 💞
