Gracias a mi cómplice Li por su lectura previa. Los errores siguen siendo míos.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama pertenece a mi imaginación.
Capítulo 6
Edward
Suspiré suavemente manteniendo el cuerpo de Bella presionado contra el mío. La sola sensación hizo estremecer mi propio cuerpo, mi sangre parecía fluir acelerada y sin control. Me obligue a tranquilizarme y envolví mis brazos alrededor de su estrecha cintura, aspirando el aroma que desprendía su melena castaña.
Cerré los párpados, disfrutando del momento.
Tenerla en brazos era más de lo que había podido imaginar.
Entonces, desperté…
.
.
Bella
― ¿Por qué me miras así?
Edward movió la cabeza cuando despertó, manteniendo la sonrisa en sus labios me ayudó a ponerme de pie. Era momento de bajar del avión, mientras caminábamos y descendíamos entre los pasajeros, no pasé desapercibida la mano de Edward entrelazada con la mía, se mantenía adelante, evitando que la gente me golpeara por las prisas.
En las más de tres horas de vuelo, conversamos sobre la fiesta donde se emborrachó, los improperios que ocasionó, las palabrerías que dijo y lo bochornoso que fue para él verse en esa situación. Las mejillas de Edward llegaban al punto máximo en la escala de los rojos cada vez que debía hablar del tema de la carta.
Me aseguró que el alcohol desapareció su vergüenza y terminó enredándose con la chica que menos creyó.
Seguía ocultando cosas, lo sabía.
Mencionó que lo difícil sucedió dos meses después, cuando se enteró del embarazo. Siendo el chico responsable que era, ofreció su apoyo.
― Gracias por la carta ―abrace su torso a la vez que caminábamos por el aeropuerto―. Me has hecho comprender tantas cosas, incluyendo tu timidez.
Su sonrisa se amplió. Era sumamente agradable apreciar que su timidez conmigo se iba rompiendo, probablemente nunca sería un chico desatado y lo agradecía, pero algo en mi interior me hacía sentirme bien porque me tuviera confianza.
No hablamos más del tema el resto de la mañana. Fuimos directamente al hotel donde nos hospedamos y de ahí salimos casi corriendo al encuentro con Witherdale.
El hombre alto y robusto se puso de pie apenas nos vio llegar a la mesa.
― Arquitectos ―saludó de mano― son bastante jóvenes.
Sus ojos grises se clavaron en mí. Me recorrió con la mirada y aunque no era lasciva su forma de mirarme, era lógico que me miraba con agrado.
Edward también se dio cuenta porque el resto de la mañana que estuvimos junto a Witherdale, logré percibir su incomodidad. De vez en cuando hacía ruidos disimulados en forma de resoplidos.
― La propuesta que nosotros tenemos para el resort es esta… ―Edward abrió el ipad y empezó a deslizar la punta de los dedos por la pantalla, abrió la imagen en el primer diseño que ambos habíamos elaborado.
Witherdale observó los planos y la imagen en 3D que teníamos, se mantuvo pensativo logrando que nuestro nerviosismo creciera al comprender que ninguno de los tres diseños habían sido de su agrado.
― El primer diseño me gusta ―dijo Witherdale no muy convencido―. Tal vez si hacen algún cambio, podría ser mejor.
Edward me miró escéptico.
― Está bien ―me aventuré en decir―. Mañana podemos tener nuevos planos con la reconstrucción, ¿podemos reunirnos aquí?
Me puse de pie dando por terminada la reunión, de inmediato Edward me secundó y Witherdale nos imitó.
El hombre de ojos grises volvió a recorrerme y no pude ocultar mi incomodidad ante su insistente mirada.
― Me gustaría que la siguiente cita fuera en mi casa, señorita Swan.
Su mano había tomado la mía mientras dejaba un beso. Hice lo posible por remover mi mano de entre las suyas y limpié mi dorso en la tela de mi falda.
― No creo que sea posible ―mascullé.
― Lo correcto sería seguir trabajando en un lugar neutral ―intervino Edward―. Así que nos vemos mañana en este mismo lugar, señor Witherdale.
El hombre mantuvo el mentón elevado. Reconocía esa mirada y estaba tratando de imponer su voluntad, pero eso no sucedería.
― El arquitecto Cullen tiene razón. Lo mejor es mantener un trato únicamente laboral.
Witherdale torció los labios.
― Hasta mañana, señor Cullen ―saludó a Edward con fuerte apretón de mano y un asentimiento para mí.
Solté el aire retenido apenas lo vi marcharse.
― ¿Crees que hicimos lo correcto?
Edward se encogió de hombros.
― No me agrada ese tipo ―reconoció―. No me gusta la forma en que te mira.
― Tampoco a mí ―murmuré―. Sin embargo, me he acostumbrado a que antes de que vean mis ojos, su mirada recorra mi figura.
Edward sacudió la cabeza. La molestia era visible en su semblante.
― Es repugnante, lo sé ―aseguré―. Anda, vámonos. Creo que no tendremos tiempo para siquiera salir un poco.
― Te llevaré a cenar.
Miré directamente sus ojos verdes. Su rostro se había vuelto a teñir de rojo.
― Perdón ―pronunció muy bajo―. Lo correcto sería preguntarte: ¿aceptarías cenar conmigo esta noche?
― Por supuesto, caballero.
― Gracias, señorita Swan ―tomó lentamente mi mano dejando un suave beso en el dorso.
― Bien, entonces debo darme prisa para estar presentable ―admití sonriente. Me sentía halagada y era porque Edward siempre me hacía sentir así.
― No necesitas nada para verte hermosa.
Enarqué las cejas. Las palabras de Edward no las sentía vacías ni tampoco tenían ese trasfondo que sentía cuando algún otro hombre las repetía.
― Te creo ―respondí siendo honesta―. Tienes un no sé qué, que me provoca confianza.
Ambos reímos antes de seguir nuestro camino.
.
Aprecié de buena manera la hermosa vista que tenía frente a mí. La noche estaba por cubrirnos y nos regalaba la mejor puesta de sol desde el restaurante Baia Beach Club Miami.
Era mi tercera copa de vino, sabía que debía parar porque sino Edward me llevaría arrastrando hasta el hotel.
― Edward… ―susurré por encima de la mesa― ¿por qué no me has revelado quién es la madre de tu hijo?
De un trago bebió el resto del vino que contenía su copa.
― Bueno ―se removió en su lugar― en la carta te di pistas.
Hice memoria. O mejor dicho forcé mi mente a recordar algunas líneas:
Para mí fue un sueño despertar con ella, creí que sería el inicio de algo real entre nosotros y no una simple fantasía, pero toda mi emoción y sentimientos reprimidos se esfumaron cuando ella me vio compartiendo la misma cama.
Fui yo la que me removí sintiéndome cada vez más intrigada.
― No me digas que es… ―dejé que mi voz se apagara.
― Su nombre es Kate ―confesó―. Ya sabes, era de las chicas más inalcanzables de la universidad y mejor amiga de la chica de la que siempre viví enamorado, Irina. Sé que resultará ser todo un enredo.
Suspiró ruidosamente.
― Esa noche… las dos se propusieron a seducirme ―encogió sus hombros― era una forma de burlarse de mí y evidenciarme ante su grupo de amigos. Sin embargo, algo no salió bien, no sé si Irina sé arrepintió y solo Kate terminó lo que tenía planeado. Desde entonces me odió, no quería tener a Anthony y mi abuela y yo tuvimos que dialogar arduamente con ella y su familia hasta que aceptó tenerlo.
― Ella no se hace cargo de Anthony, verdad.
Sacudió la cabeza. Se quedó pensativo y con rapidez tomó la botella de vino llenando su copa vacía, se bebió de golpe lo que había servido.
― Nunca lo quiso ―su voz se entrecortó. Y comprendí el dolor que le causaba hablar de su hijo y el rechazo al que fue expuesto―. Solo me lo entregó y no quiso saber nada de él, nunca lo tuvo en brazos ni siquiera le interesó ver lo hermoso que era.
― ¿Estuviste con ella al momento del nacimiento de Anthony?
Asintió, dándome una ligera sonrisa.
― La acompañé siempre y ese día estuve ahí, recibí a mi hijo en brazos y fui quien cortó el cordón umbilical.
― ¿Y qué pasa con la familia de Kate? Al final también son familia de Anthony.
― Sus abuelos lo ven cada navidad, bueno… intentan y le envían regalos en cada cumpleaños. Su trato es amable, aunque algo distante. Ellos viven en Canadá, así que no hay mucha relación familiar entre mi niño y ellos.
― ¿Qué pasó con Kate?
Edward exhaló quedamente y volvió a encogerse de hombres mientras bebía de nuevo del vino.
― No sé nada, supongo que ha seguido adelante. Ella no quería ser madre y prácticamente la obligué a serlo.
― Existen los anticonceptivos, Edward.
― También los preservativos. Kate simplemente no supo qué hacer, era muy joven.
― No la justifiques. El hecho de que no haya querido tener un hijo por sus mil razones no significa que tiene que ser una perra desnaturalizada. El niño existe y ella sabe, no le cuesta nada acercarse y saber cómo está. Si no lo ha hecho es porque es una desobligada sin sentimientos.
Apretó los labios y negó.
― Desde entonces mi abuela ha cubierto bien ese papel. Es una gran mujer que necesito que conozcas ya.
― Estaré encantada.
― Entre ella y Ángela han hecho que la vida de Anthony sea mejor.
De pronto sentí una molestia inexplicable en mi estómago. Como si de una patada se tratara y me hubiesen dejado sin aire.
Intenté sonreír, pero era pésima para mentir y no tenía ganas de hacerlo. La mueca de enfado se mantuvo en mi cara, casi podía imaginar que parecía una leona enjaulada, la pregunta sería ¿por qué?
― Aprecias mucho a Ángela ¿verdad?
― Sí. Es mi única amiga.
Lentamente bajé mi mirada hacia la copa de vino y arrastré los dedos por la copa fría. La sensación de molestia pareció crecer dentro de mi pecho.
― Nos conocemos desde siempre ―dijo visiblemente emocionado―. Somos vecinos, así que ella conoce mi vida al revés y al derecho. Sus padres también forman parte de nuestra vida y juntos hemos formado una bonita familia.
El resto de la noche el tema de conversación se convirtió en Ángela. Aún no lograba descifrar porque la sola mención de la chica podía ponerme de mal humor.
¿Qué había mal en mí?
Hola, después de unos días de descanso volvemos a las actualizaciones, les recuerdo que esta historia se actualiza una vez por semana. Y bueno, ¿qué opinan? Creo que Bella está celosa ¿o no?
Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior:
Gracias totales por leer 💞
