El ruido de los autos, las molestas luces y la anormal cantidad de personas que transitaban las calles, todo eso gritaba Nueva York. Sí, estaba viviendo el increíble sueño americano y todo gracias a mis grandes amores de mi vida, Kikyo y Koga. No sabía qué hubiera hecho de mi vida si nunca los hubiera conocido.

Ser una persona Hafu en Japón aún en estos días no era algo muy bien visto, y aunque mi madre no tenía la culpa de enamorarse de un hombre escocés, era algo de lo que jamás podría arrepentirse, o eso me había dicho. Lo cierto es que bastaba con observarlos para darse cuenta de todo el amor que se tenían, aunque claro, todo cuento de hadas tiene su parte mala.

Su vida no fue nada fácil por culpa de eso, mi propio abuelo la repudió por eso, o eso fue hasta que yo nací y al verme, según sus propias palabras, se volvió a enamorar de la vida. Y aunque aún su relación con mi padre es muy tirante, no hay duda alguna que nos ama tanto a mí como a mi adorado hermanito, Sota.

Mi vida en lo que fue desde la primaria hasta la secundaria fue un completo desastre, no existió un día de paz fuera donde fuera, para mi mala suerte mis rasgos solo mostraron lo diferente que era de mis otros compañeros, ya a pesar de tener ojos rasgados y cabello negro ébano como la mayoría, el color azul de mis ojos era un claro distintivo frente a ellos, herencia de mi amado padre.

Sin embargo, la mala suerte terminó en cuanto pude entrar a la preparatoria, ahí pude conocer a gente tan maravillosa que no dudaron en aceptarme y quererme por quien yo era, sin juzgarme u odiarme solo por ser distinta a ellos.

Kikyo fue el primer ángel que conocí, fue tan dulce y tierna cuando me conoció, sorprendida y según ella, encantada por el color de mis ojos siendo mitad japonesa, algo que por primera vez hizo que me sonrojada de pena por recibir cumplidos y no de vergüenza y miedo por recibir insultos. A pesar de que ella también poseía una increíble belleza parecida a una muñequita tradicional japonesa, algo que por dentro hubiera deseado ser también.

Fuimos inseparables desde que nos conocimos y tiempo después, mi querida Sango se nos unió, ella también era una chica muy linda y una genial persona, una de las mejores chicas atléticas que conocí en mi vida.

Pero el amor lo conocí cuando mis ojos y los de mi querido Koga cruzaron miradas por primera vez, era un apuesto demonio de la tribu de los lobos, era sexy y tan atlético, pero lo más impresionante era sus hipnotizantes ojos color zafiro. Al momento de conocerlo, quedé totalmente prendada de él y me enamoré como una total idiota.

Y aunque pasó un tiempo entre solo miradas y la presión de mis amigas, al fin tomé coraje para confesarme y encontrarme con la hermosa sorpresa de que él sintiese lo mismo que yo, lo cual me hizo la chica más feliz del mundo en ese momento.

Y para mi buena suerte, al momento de elegir a que universidad ir, Kikyo me ofreció pagar un departamento en Nueva York si yo lograba quedar becada en la universidad, lo cual, por supuesto que acepté y para mi dicha, quedé, todos quedamos exactamente en lo que queríamos y la universidad de nuestros sueños.

Kikyo, Sango y yo quedamos en la universidad estatal de Nueva York y Koga quedó en la privada gracias al dinero de sus padres. Y aunque a Koga no le hacía mucha gracia que fuera Roomie de Kikyo y no me fuera a vivir con él, lo respetó, ya que era un paso muy arriesgado en nuestra relación y no quería arruinarlo.

Kagome: Sí Sango, ya voy llegando al lugar, no sabes lo que me costó poder encontrar, esta ciudad es gigante. – Hablaba sonriente por teléfono cruzando la última calle que le quedaba. – Dile a Kikyo que me espere un minuto más, no se atrevan a pedir sin mí ¿me escucharon? – Reía al entrar al fin a la cafetería.

Kikyo: Hasta que llegas, estaba a punto de llamar a la policía y reportarte como desaparecida. – Decía sonriendo mientras la veía sentarse en su mesa.

Kagome: En mi defensa, esta ciudad es un laberinto endemoniado y más al buscar una cafetería en Google Maps, ¿sabían que existen alrededor de tres mil iguales a esta? – Decía cansada mientras pedía su bebida al amable camarero que no paraba de mirarla embobado.

Sango: Oye chico, sé que mi amiga es realmente linda, pero por favor su pedido es para hoy. – Se burlaba de él, haciendo que Kagome se diera cuenta y se colocara tan roja como un tomate. Llamar de esa forma atención la allí era algo de lo que no estaba acostumbrada.

Hojo: Perdónenme señoritas, de inmediato traigo su café s-señorita. – Tartamudeó por la vergüenza de ser descubierto y por la impresionante belleza de la muchacha en frente suyo.

Kikyo: Vaya Kagome, realmente eres una rompe corazones aquí. – Decía burlándose también y tomando un poco de su café.

Kagome: Ay chicas no empiecen con eso que me da pena. – Decía mientras avergonzada se encogía en su lugar. – No quiero que repitan esas cosas en presencia de Koga, saben lo celoso y posesivo que es. – Más que la burla, lo que le preocupaba es que sus amigas soltaran su lengua frente a Koga y eso le ocasionara problemas, los demonios lobo eran demasiado posesivos y a eso no le ayudaba el hecho de que ella llamara la atención de los hombres así.

Kikyo: Tranquila, queda entre nosotras, a nadie se le escapa lo celoso y posesivo que es tu novio. – Le decía divertida, sorbeteando lo que le quedaba de su café. – Rayos, se me acabó. Voy a pedir otro cuando el admirador de Kagome regrese. – Decía pícara guiñándole un ojo.

Kagome: Ja ja ja qué graciosa Kikyo, oigan les dije que me esperaran para ordenar. – Decía con un puchero.

Kikyo: Te demoraste demasiado Kagome y teníamos hambre… Además, después de aquí estaba pensando ir a una librería que está a unas pocas calles de aquí. El encargado que atiende es un ardiente medio demonio… no saben lo bueno que está. – Decía con una mirada babosa.

Sango: Vaya… sí que te pegó fuerte el amor amiga, debe ser muy atractivo para flecharte así. – Decía sorprendida de verla tan prendada de alguien, ya que por lo general Kikyo era muy exigente con sus estándares y, sobre todo, nunca se fijaba en los machos youkai, mucho menos en una mitad demonio.

Kikyo: Es un adonis, fuerte, alto y muy musculoso… Y lo que es aún mejor, sobre su cabeza tiene unas hermosas orejas de perro, son las cosas más lindas que he visto en mi vida chicas. – Decía con un aire soñador y una mirada enamoradiza.

Kagome: Nunca pensé que llegaría el día en que te viese enamorada de alguien Kikyo, más de un mitad bestia, ¿pertenecerá a la tribu de demonios perro? – Preguntaba curiosa y feliz de ver a su amiga tan entusiasmada.

Kikyo: Yo jamás pensé en enamorarme hasta que lo conocí a él, es que es perfecto… tan hombre. Tal vez tenga suerte y tenga pronto novio, aunque no sé de qué raza de demonio es en realidad y no me importa…- Decía confiada y feliz. – Y así no tendré que hacerles mal tercio a ninguna de las dos. –Se burlaba.

Sango: Oh que lástima Kikyo, con lo que nos gustaba a Kagome y a mí. – Le decía tonteando a su amiga, haciendo que todos se rieran. – Pero me alegre por ti amiga, te deseo suerte y que puedas conquistarlo.

Kikyo: Gracias amigas, ya lo verán, ese hombre va a ser mío. – Decía confiada.

Hojo: Aquí tiene su chocolate caliente señorita. – Decía sonrojado mientras se lo dejaba. – Eh yo me preguntaba… ¿si me podría dar su número para, alguna vez salir? – Rojo de vergüenza proponía.

Kagome: Oh lo siento, pero… Tengo novio, lo lamento. – Decía apenada, más al ver a sus dos amigas querer explotar de la risa y triste por rechazarlo.

Hojo: Oh entiendo… ¿es obvio no? Perdone mi imprudencia señorita, que lo disfrute. – Se iba cabizbajo y desanimado.

Kikyo: Vaya Kagome lo flechaste, pobre, pero Koga ganó por completo tu corazón. – Decía con una mirada comprensiva.

Kagome: Sí, Koga es el único para mí. – Decía tomando tímida su bebida. –

Ya cuando finalizaron y pagaron la cuenta, se dirigieron a la librería del grandioso adonis que había flechado a su amiga, la cual era medianamente grande y muy bonita.

Kikyo: Aquí es… Tendré que dejarlas solas un momento amigas, voy a buscar a mi galán, deséenme suerte. – Decía segura mientras se acomodaba la blusa para mostrar un poco más de escote y se alocaba el pelo, para con una coqueta mirada buscar a su pretendiente.

Kagome: Vaya, parece que va en serio. – Decía divertida de ver tan alocada y decidida a su querida amiga. – Yo mientras tanto voy a ver que tesoro perdido podré encontrar por aquí, no me vendría mal un libro para matar el tiempo. – Decía sonriendo.

Sango: Kagome… ¿estás segura qué te lo puedes permitir? Sino, yo no tengo inconvenientes en ayudarte y lo sabes. – Decía mirándola preocupada, sabía que la familia de Kagome no eran personas de dinero.

Kagome mirándola algo avergonzada, le dijo: No te preocupes por mí Sango, mis padres decidieron mandarme una mensualidad para cubrir mis gastos y uno que otro capricho. Te agradezco el gesto, pero tampoco quiero tu caridad. – Decía apenada y seria.

Sango: Oh, no quise que lo vieras así, pero me disculpo si fue el caso… Bien, vamos a ver que tiene esto de bueno, aparte del galán misterioso de Kikyo. – Sonreía para aliviar el ambiente tenso que se había formado.

Kagome: Yo iré por este lado, sabes que me encanta el misterio. – Decía mientras apuntaba a una estantería llena de libros, con el título que decía "Sección de misterios" arriba.

Sango: Yo iré por acá entonces, o donde quiera que ese pasillo me lleve. – Decía no muy entusiasmada de ver tantos libros.

Kagome en cambio, se acercó campante hasta el estante y comenzó a revisar algo que le llamara la atención.

O eso estaba haciendo hasta que sintió la sensación de ser observada y se volteó buscando de donde venía esa sensación, hasta que se asustó al ver a un atractivo muchacho observándola fijamente mientras estaba apoyado al final del pasillo, sobre la esquina de la estantería.

X: ¿Te puedo ayudar en algo? – Decía el misterioso muchacho, una simple vista se veía a alguien atractivo, aunque no lo podía asegurar con firmeza, ya que llevaba una gorra que no le permitía ver la mitad de su rostro.

Kagome: Estoy revisando por mientras, pero gracias por el ofrecimiento… ¿Eres el dueño de este lugar? – Preguntaba curiosa por su postura tan segura ante ella.

X: Algo así, es un negocio familiar en realidad, mi padre es el dueño… Soy Inuyasha, por cierto. – Decía mientras le sonreía y le estiraba la mano para saludarla.

Kagome: Mucho gusto, es muy linda su librería. – Decía algo sonrojada al notar lo grande y cálido que era su mano, y que por lo que podía ver, también era un demonio como Koga por sus largas y afiladas garras.

X: Gracias ¿Podría saber el nombre de tan linda dama? – Oh no, Kagome se dio cuenta de que el atractivo muchacho le estaba coqueteando abiertamente. – La verdad es que te vi desde que entraste a la tienda y no pude evitar acercarme, quería saber tu nombre.

Kagome algo nerviosa por su evidente coqueteo, no sabía que tenía ese muchacho que la hacía sentir tan nerviosa pero aún así debía marcar cierto límite, ella era una mujer comprometida con su relación.

Kagome: Me llamo Kagome. – Tímida le cogía la mano y aceptaba el saludo.

Inuyasha: Que hermoso nombre tienes… Kagome. – Decía mientras le sonreía.

Kagome: Gracias, mi novio me lo dice muy seguido. – Supo que era el momento de marcar el límite.

Inuyasha: Vaya que lástima, ¿Y qué estás buscando Kagome? – Decía algo serio por el evidente rechazo, dejando de lado el coqueteo, pero cumpliendo su trabajo.

Kagome: Aún estoy viendo, pero puedo hacerlo por mi cuenta, gracias. – Decía incomoda por su insistente presencia.

Inuyasha: Está bien, espero encuentres lo que buscas. – Decía mientras pasaba de ella, con su cuerpo muy pegado a su espalda, causándole indeseables escalofríos a Kagome para luego irse.

Kagome extrañada por el muchacho, decidió seguir en lo suyo y olvidar esa inesperada interacción, esperando que Koga no percibiera el olor de ese hombre en su cuerpo o iba a tener problemas.

Kikyo: Ahí estás Kagome, te estaba buscando, no logré encontrar a ese chico por ningún lado, así que será mejor que nos vayamos… Total, ya mañana empezamos las clases y aún nos quedan cosas por desempacar. - Decía desanimada al no entrar a su galán.

Kagome: Está bien Kikyo, de todas maneras, nada me llamó la atención lo suficiente para comprarlo. Tal vez cuando vengas otro día tengas más suerte y lo encuentres, animo, no te desanimes tan pronto. – Decía abrazándola cariñosa, intentando reconfortarla.

Sango: Al fin nos vamos, estos lugares no son lo mío en lo absoluto. – Decía hastiada.

Kikyo: Ya lo sabemos cabeza de baloncesto. – La molestaba riendo, intentando subir su ánimo.

Sango: Oye. – Le decía riendo también.

Kagome enternecida las veía con amor y adoración, era su pequeña pero cálida familia, y no las cambiaría por nada en el mundo.

1 mes después…

Kagome: ¿Y qué era eso tan importante que no podías esperar a contarnos? – Decía al ver a su amiga tan feliz y emocionada, mientras terminaba de poner la comida del almuerzo y se sentaban a comer, con Sango de invitada a su departamento para conocer la emocionante noticia.

Kikyo: Bueno, verán al final logré dar con el chico de la librería y lo invité a salir. Salimos un par de veces, una cosa llevó a la otra y hace una semana tuvimos sexo salvaje y fue asombroso, la tiene muy grande y la sabe ocupar muy bien, me dio muy duro contra la cama toda la noche, era una verdadera bestia… - Decía encantada y cachonda recordando la pasional noche.

Kagome: ¡Kikyo! Por dios mujer, no des tanto detalle. – Decía avergonzada y divertida.

Kikyo: ¿Es que acaso tú y Koga no hacen así el amor también? – Preguntaba divertida por la cara de espanto de su amiga.

Kagome: Digamos que no, él es un poco brusco a veces, pero suele venirse rápido…- Avergonzada, contaba sus intimidades, cosas que nunca había dicho abiertamente.

Kikyo: ¿Me estás diciendo que nunca te ha dado un orgasmo cuando lo hacen? – Preguntaba incrédula y triste por la vida sexual de su amiga.

Kagome: Dos veces, logró un orgasmo en nuestra relación…- Tímida por la mirada de sus amigas. – Pero eso no me importa, porque de todas formas yo lo amo.

Kikyo: Que mal por ti amiga, pero Inuyasha es todo lo contrario, es un animal, semental en la cama. Sabe dónde y como tocarte y su polla… ¡por dios la tiene enorme! Y la sabe ocupar muy bien. – Decía perdida en sus recuerdos. – Me quedé totalmente satisfecha en la cama y luego, me pidió ser su novia ¿lo pueden creer? –

" Inuyasha… ese era el nombre del chico de la tienda que me coqueteó" Pensaba confundida Kagome, pero feliz de que al final ese chico sí le hubiera hecho caso a su amiga, ella se lo merecía y más al ver lo feliz que estaba por como se manejaba en la cama.

Sango: Te felicito Kikyo lo conseguiste, pero ¿eso qué tiene que ver con nosotras? – Preguntaba extrañada, al igual que Kagome, que no entendía nada el porque las había reunido tan urgentemente.

Kikyo: Porque quiero presentarlo a ustedes y quiero hacer una cena hoy en la noche en el departamento, ya verán, es un amor. – Decía contenta.

Kagome: Está bien Kikyo, sería un gusto poder ayudarte y recibirlo esta noche.

Kikyo: Gracias Kagome, pero será algo sencillo no se preocupen, ya pédi toda la cena por la aplicación, así que no hay mucho más que ordenar y verse lo mejor posible, no quiero que me dejen mal. – Decía en tono broma.

Y así todas ordenaron y cada una fue a arreglarse, hasta que llegó la bendita hora.

Kikyo: Yo voy. – Gritó al escuchar el timbre sonar y contenta fue a abrir para luego tirarse en los brazos del hombre que recibió. – Al fin llegas Inuyasha, te extrañé todo el día cariño. – Decía mientras lo veía enamorada.

Inuyasha: Buenas noches y gracias por recibirme. – Decía con una coqueta sonrisa, mirando disimuladamente a Kagome, quien no pudo evitar ocultar su asombro al ver al apuesto muchacho. Sin la gorra y con una camisa casi desabotonada, podía apreciar con todo esplendor su gran atractivo, sin duda era demasiado puesto para ser humano.

Fieras y ardientes llamas doradas eran sus ojos, con una hermosa piel bronceada y un hermoso cabello plateado, casi blanco, que estaba adornado en su cabeza, como Kikyo había dicho, por dos hermosas orejitas caninas, que sin duda daban mucha ternura.

Decir que era malditamente hermoso era quedarse corto, con los tres botones desabrochados de la camisa se podía apreciar a la perfección el marcado pecho de músculos que tenía, y con las mangas arremangadas, se podía ver sus fuertes antebrazos con esas manos y sus afiladas y peligrosas garras.

Sango: El gusto es nuestro, eres bienvenido por favor pasa. – Le decía amablemente.

Así todos pasaron a la sala de estar y se quedaron platicando y comiendo por un largo tiempo, aunque Kagome permaneció la mayoría de la callada y pensativa, intentando no mirarlo y ponerse nerviosa al ver como la mirada de él se dirigió a ella cada cierto tiempo, sin que ni Kikyo ni Sango se dieran cuenta.

Fue tanta su incomodidad, que apenas terminaron de comer presurosa se ofreció a recoger la pequeña mesa de cetro e ir a la cocina a ordenar y lavar lo que estaba sucio.

Pensando que ya estaba a salvo en la cocina, se relajó y comenzó a ordenar la alacena, pero al no conseguir llegar hasta el alto mueble, es que se tropezó y por poco se cae, hasta que sintió unas fuertes y grandes manos con garras sujetar con fuerza su cintura, evitando su caída y acercándola hacia su pecho.

Inuyasha: Deberías tener más cuidado. – Le susurraba al oído, y aún con su agarre en su cintura, Kagome podía sentir como si la estuviera olfateando, lo cual la comenzó a incomodar hasta cuando sintió algo grande y muy duro restregarse contra su trasero.

Para peor es que su vestido rojo no la protegía mucho y podía sentir lo que, juraba que era una gran e hinchada erección, refregarse deliciosamente en su trasero, lo que provocó que en contra de su voluntad se le erizaran sus pezones y comenzara a jadear.

En verdad no sabía qué hacer al sentirlo con tanto descaro fregarse contra ella de esa forma, si suponía que estaba ahí porque estaba enamorado de Kikyo.

Kagome: Ya estoy bien, gracias. – Decía tratándose de soltar de su firme agarre, lo que provocó que solo la sujetara con mayor fuerza haciendo uso de su clara ventaja demoníaca.

Inuyasha: No seas arisca con el novio de tu amiga… KAGOME. – Se burlaba mientras comenzaba a jadear con fuerza al refregarse cada vez más rico y duro contra ese maravilloso trasero.

Provocando que, sin poder evitarlo, Kagome se mordiera el labio por las eléctricas oleadas de placer que le invadían al sentir el delicioso frote de esa gran polla, Kikyo no mentía al decir lo superdotado que era, pero esto no estaba bien, ella no era de las personas que hacían daño, no podía estar disfrutando esto, ella tenía un novio y Kikyo era la novia de Inuyasha, esto no correspondía.

Kagome: Por favor para Inuyasha, a-ahh esto no está bien, yo tengo novio y esto que haces no me gusta. – Decía intentando liberarse de él.

Inuyasha: No seas mentirosa Kagome, ahhh puedo oler tu excitación, tienes un aroma tan delicioso. – Jadeaba mientras enterraba su nariz en su sedoso cabello y luego comenzaba a besar sensualmente su cuello mientras aumentaba el ritmo de las embestidas encima de la ropa que le hacía, Kagome lo estaba volviendo loco.

Kagome: ¡N-no basta! – Le dijo un poco más fuerte mientras lo empujaba y veía la sonrisa de idiota que le daba.

Inuyasha: Sabía que eras deliciosa, pero nunca imaginé que tanto… Me traes loco Kagome. – Se abalanzó sobre ella intentando besarla, siendo esquivado por poco por Kagome, quien se apartó al ver sus intenciones.

Kagome: ¿Qué haces? ¿Te has vuelto loco? Tú estás con mi amiga ahora, eres el novio de Kikyo, respétame o sino…

Kikyo: ¡Inuyasha! Aquí estabas, te estaba buscando, ¿necesitas algo de la cocina? – Se acerca contenta a abrazarlo, ignorando el tenso ambiente que existía.

Inuyasha: Estaba ayudando a Kagome con la limpieza de la cocina ¿verdad Kagome? – Preguntaba con una cínica sonrisa, mientras con descaro correspondía el abrazo de su enamorada novia.

Kagome: S-sí Kikyo, Inuyasha solo me estaba ayudando… Pero ya terminó, así que puedes llevártelo si quieres… - Contestaba culpable de tener que mentirle a su amiga, pero al ver la mirada de enamorada que le daba a Inuyasha, entendía que no podía destruir eso.

Kikyo: Si es tan increíble mi Inuyasha, es el hombre que cualquier mujer podría desear, es el novio perfecto. – Suspiraba mientras lo miraba con todo el amor y pasión que sentía por él. – Pero tú viniste a venirme a mí mi amor, no a ayudar a Kagome ¿verdad? Volvamos a la mesa y luego te quedadas a dormir y a hacer otras cositas… - Le insinuaba pícara y coqueta.

Inuyasha: Encantado mi amor, te haré disfrutar de mi compañía toda la noche. – Lo decía mientras veía fijamente a Kagome, haciéndola sentir aún más nerviosa al ver como la miraba mientras le decía eso a Kikyo, como si en verdad eso fuera para ella.

Kikyo: ¿No te molesta que Inuyasha se quedé, verdad Kagome? – Le preguntaba ajena a las miraditas que su novio le lanzaba a su mejor amiga.

Kagome: N-no Kikyo, por supuesto que no, es tu departamento después de todo. – Decía incomoda, no entendía el juego de Inuyasha con ella, pero no iba a permitir que lo había pasado entre ellos en la cocina volviese a ocurrir. – Pero vayan, aún me queda por hacer aquí, luego los alcanzo. – Rogando que ya se fuera para poder estar tranquila.

Kikyo: Está bien, vamos mi amor, dejamos sola a Sango y no la querrás ver molesta. – Decía riendo mientras lo jalaba.

Inuyasha: Claro, lo que tú digas querida Kikyo. – Decía mientras no dejaba de ver a Kagome con una sonrisa cínica, para luego irse a la sala de estar junto a Kikyo.

Kagome al verlos desaparecer al fin pudo volver a respirar con tranquilidad e intentar relajarse, aún no entendía del todo qué demonios había pasado entre Inuyasha y ella en esa cocina, pero por suerte Kikyo no los había visto haciendo eso tan vergonzoso.

Se avergonzó al recordar como Inuyasha había refregado su gran polla contra su trasero de una forma tan excitante, que se había mojado un poco en contra de su voluntad, lo cual ni siquiera Koga nunca había logrado con ella. Pero estaba mal, ahora comprendía que se trataba de él, era él el muchacho del que Kikyo llevaba tanto tiempo enamorada, se lo había contado ese día en la cafetería y que después por azar, ella lo había conocido en esa librería.

No entendía que estaba jugando, había aceptado ser el novio de Kikyo y se había acostado con ella, aparte de que ella claramente lo había rechazado ese día en la librería, pensó que le había quedado claro que ella no quería nada con él.

Bueno, ahora de lo único que tendría que cuidarse era de no volver a tener un momento a solas con él como ese, impidiendo eso, todo lo demás lo podría soportar.

Unas horas después…

Que equivocada estaba… eran las dos de la madrugada y aún Kikyo e Inuyasha seguían follando como animales en su habitación. Lo peor, Kikyo prácticamente estaba gritando como una loca de placer y por debajo, algo más silencioso, podía escuchar los jadeos y gruñidos de Inuyasha. Todo combinado al regresar de la cama, ¡Dios! Juraba que la iban a romper si seguían así.

Kikyo: AHHH OHHH SIII AHHHH DAME MÁS AHHH INUYASHA DIOS AHHHHH SIII. – Gemía mientras era penetrada por detrás por el poderoso medio demonio, quien la montaba con cara llena de placer, mientras se mordía el labio hasta hacerlo sangrar por lo afilado de sus colmillos.

Inuyasha: AHHH OHHH AHHHH K-KIKYO AHHHH. – Gemía y gruñía diciendo el nombre de su novia, pero imaginando que todo eso se lo estaba haciendo a la hermosa y escurridiza chica, que se encontraba a tan solo dos habitaciones separadas de él.

Después de una hora completa de sexo salvaje, al fin se lograron callar, lo malo, es que yo estaba demasiado húmeda y excitada producto de haber escuchado todos sus gemidos y jadeos. Pero me negaba a masturbarme, menos pensando en lo que había pasado en la cocina con él e imaginar que lo había hecho a Kikyo me lo hacía a mí.

Así que, con una dolorosa pulsación en su húmeda vagina, decidió obligarse a dormir, ya que mañana Koga y ella iban a poder tener una cita luego de no verso por toda la semana a causa de la diferencia de sus horarios.

De esa forma llegó la esperada mañana, por lo que al despertar lo primero que hizo fue escoger la ropa que se iba a colocar para ese día, decidiendo por un hermoso conjunto de ropa interior de un sensual color carmesí, el favorito de Koga. Ya luego se decidió por una corta pero linda falda de color blanco y una blusa floreada que era ceñida a la forma de su cuerpo, ya contenta con su conjunto, lo dejó sobre su cama y se dirigió al baño a dejarse muy limpia para su hombre.

Después de un delicioso y relajante baño, vio la hora y se apresuró a salir, y al momento de hacerlo escuchó como la puerta principal se cerraba. Extrañada fue hasta la habitación de Kikyo y despacio vio desde la puerta, viendo solo a Kikyo quien dormía profundamente y sin ningún rastro de Inuyasha.

Al ver que Inuyasha ya se había marchado, es que más aliviada y tranquila, fue hasta su habitación para ponerse su ropa y terminar de arreglarse. Pero al momento de vestirse, extrañadísima quedó al no encontrar por ningún lado su ropa interior… podría jurar en una Iglesia, que ella lo había dejado sobre su cama antes de tomar el baño.

Y a pesar de que revolvió todo su cuarto y cajones, no logró encontrarlo y no le quedó de otra, que escoger otro de sus conjuntos, algo decepcionada de no poder ir con el favorito de su novio.

Casa de Koga

Koga: Buenos días a mi preciosa novia. – Le abría la puerta de su apartamento y la recibía con un pasional beso, producto de estar tanto tiempo alejado de su tan hermosa e irresistible novia, Koga podría jurar que no existía mujer más hermosa que la suya, lo cual hacía que su pecho se inflara de orgullo masculino al saber que era solo suya.

Kagome: Buenos días mi amor, te extrañé tanto. – Decidía corresponder su beso y tomando la iniciativa, al haber sido tan estimulada el día anterior y no poder complacer sus ganas con sexo real.

Koga: Vaya, alguien despertó ansiosa… Ven acá preciosa, te voy a hacer gozar. – Decía contento al ver a su novia tan cachonda y con iniciativa, que no espero a nada y la carga directo a la cama, donde hicieron el amor por horas hasta cansarse.

Luego de una ardua sesión de sexo salvaje, Kagome como ninguna vez antes en la relación se pudo venir dos veces, lo cual era muy sorprendente y algo que los contentó a ambos. Kagome muy satisfecha se durmió en los brazos de su amado novio y comprendió que todo el deseo que antes había sentido se debía estrictamente al hecho de haber estado sin Koga y eso le había pasado la cuenta.

Hicieron tantas veces el amor que durmieron de golpe hasta el otro día, donde luego salieron a pasear y tener tiempo de calidad juntos, sin duda, se amaban demasiado. Ya llegando la noche, Koga caballerosamente fue a dejarla hasta el departamento de Kikyo, sin imaginar que le abriría un casi desnudo Inuyasha, quien solo andaba con ropa interior y con todo su fabuloso y sensual pecho desnudo.

Esto por supuesto que molestó mucho a Koga, quien al ver que también era parte demonio y de familiares de las bestias de Inu No Taisho, es que más ira le entró, provocando que quisiera saltarle encima para golpearlo.

Inuyasha esperaba sorprender a su hermosa Kagome, pero nunca esperó que llegara de la mano del idiota de su novio, lo cual lo enfermó de celos al ver lo cerca que estaban y como ese la protegía de él. ¡Ja! Que idiota más iluso, nadie la apartaría de su lado… nadie.

Kikyo molesta al escuchar tanto grito y gruñidos entre Koga e Inuyasha, es que molesta increpó a Koga, sabía que el novio de su amiga era celoso, pero celarla de su propio novio, de su Inuyasha, era ridículo.

Koga: No me parece que este tipo esté aquí, casi desnudo cuando mi novia también vive aquí y tiene sus derechos Kikyo. – Le gritaba bastante molesto, porque ya se había dado cuenta de las insistentes miradas que el imbécil le daba a SU NOVIA.

Kikyo: Este es mi departamento Koga, fueron mis padres los que compraron este lugar y si Kagome vive aquí es porque así lo quiero, no porque tenga algún derecho. – Dijo molesta mirando duramente a Koga y luego a Kagome, quién herida por la humillación de su amiga, bajaba dócilmente la mirada. – Y como es mi casa, te exijo que te vayas Koga, ya no eres bienvenido, Inuyasha es mi novio y puede estar desnudo tanto como él quiera, le guste a quien le guste. – Molesta y firme se mantenía frente a ellos mientras protectoramente abrazado el musculoso brazo de su mitad bestia, ella no lo dejaría ir por ningún motivo, estaba convencida que era el amor de su vida y lo lamentaba si a su amiga no le gustaba, pero no estaba en discusión a quien a elegir en caso de.

Inuyasha sintiendo el fuerte respaldo de Kikyo y su protección, cínicamente veía como el maldito lobo debía irse con la cola entre las piernas, frustrado y humillado por su querida Kikyo, quien iba a pensar que esa patética algún día mujer le iba a ser tan útil.

Kagome a punto de llorar le rogó a Koga que se marchara y que no empeorara su situación con Kikyo, porque no tendría a donde ir y no podía poner en juego su carrera ni universidad. Aparte, con eso le quedaba más que claro del lado de quien estaba, y de que, si ella le llegaba a contar del acoso sexual que Inuyasha estaba haciendo con ella, no le creería y hasta se pondría en su contra.

Koga, frustrado y derrotado, se fue, triste al ver la forma en que esa Kikyo había humillado a su novia y como eso le había dolido hasta tal punto de casi llorar. Intentaría una solución para que su Kagome no tuviese que seguir en ese lugar por más tiempo.

Tensas, Kikyo y Kagome entraron al departamento, seguidas de un indiferente Inuyasha, quien más que molesto por el espectáculo de Koga, estaba celoso al verlo tan cercano y protector con su Kagome, le enfermaba de celos de pensar que había pasado toda la noche en su casa como Kikyo le había dicho.

Así que, molesto se dirigió al dormitorio de Kikyo y allí se quedó en completo silencio, siendo observado por una preocupada Kikyo que juraba que su amado estaba molesto por la falta de respeto que había hecho el novio de su amiga.

Enfadada se volteó hacia Kagome y la confrontó:

Kikyo: ¿Qué fue todo eso Kagome? ¿Con qué derecho dejas que tu novio entre a mi casa a exigir cosas? – Escupía molesta.

Kagome: Lo siento Kikyo, no sé bien explicar qué sucedió… Sabes lo celoso que es Koga y se molestó al ver a tu novio casi sin ropa al abrir la puerta. – Decía nerviosa y temerosa por la forma tan seria que tenía Kikyo para hablarle, ninguna vez antes le había hablado así.

Kikyo: Me tienen sin cuidado los celos de tu novio Kagome, eso no es problema ni mío ni de Inuyasha. Esta es mi casa y si mi novio quiere andar desnudo, ni tú ni Koga se lo van a impedir ¿oíste? –

Kagome: Lo siento Kikyo, no fue mi intención ofenderte, pero pensé que también podía considerar esta como mi casa y tener al menos derecho a opinar si no estaba de acuerdo en algo. – Decía sumisa, pero de igual forma molesta por como Kikyo la estaba tratando solo por ese individuo aparecido, si era todo un adonis y lo que seguía, pero ella era su amiga antes que todo.

Kikyo: Sí... tal vez tú sí Kagome, pero no tu novio. No te olvides quienes compraron este techo donde duermes. – Decía hiriente, sin importarle los sentimientos de su querida amiga.

Kagome: Entiendo… Me queda más que claro tu punto Kikyo y no te preocupes, que no volverá a ocurrir. – Decía muy dolida de las palabras dichas por su amiga, aquella que pensó que la entendía, sobre todo, quería, hoy le refregaba en su cara la caridad que estaba haciendo con ella.

Sin duda, Inuyasha había cambiado mucho a la que solía ser su querida amiga Kikyo, lo mejor sería que pronto comenzara a buscar un trabajo de medio tiempo que le diera lo suficiente para alquilar un pequeño lugar y con sus gastos.

Finalizada la discusión y con tensión en el aire, Kagome pasó al lado de la que solía considerar su mejor amiga y se encerró en su habitación. Solo allí pudo liberar sus emociones y comenzar a llorar, se sintió muy triste por la actitud que estaba tomando Kikyo con ella, no entendía como Inuyasha había sido capaz de cambiar a su amiga en tan poco tiempo.

Con un nudo en su garganta y con silenciosas lágrimas recorriendo su rostro, se recostó sobre su cama y presionó su cara en su esponjosa almohada, y al colocar su mano por debajo, sintió sorpresivamente una tela de ropa que ella estaba segura, no había colocado allí.

Rápido, sacó la tela hacia su vista, impresionándose al descubrir que era la parte inferior de su sensual conjunto de ropa interior carmesí, no se explicaba como había llegado hasta allí, si ella había revuelto toda la habitación buscándolo el día anterior.

Sin embargo, no estaba limpio. Extrañada lo revisó sintiéndolo medio húmedo y pegajoso, acercándoselo a la nariz para olerlo. De pronto, asqueada, lo empujó al suelo y luego devolvió la vista sobre su almohada y metió la mano, sacando el brasier rojo del conjunto, que estaba en las mismas condiciones que sus bragas. Ruborizándose totalmente al darse cuenta de qué ambas prendas estaban bañadas en mucha cantidad de semen, casi aún caliente.

"No podía ser" Pensaba Kagome, viendo un poco sonrojada y asustada, el resto blanquecino de semen que bañaba la copa de corpiño. Inuyasha le había robado su ropa interior para masturbarse con ella y luego déjársela como recordatorio de lo que quería hacer con ella.

Sin querer, sus pezones se irguieron muy duros y su vagina se humedeció. Estaba mal, él era un pervertido e infiel, la pobre de Kikyo lo defendía a capa y espada, mientras que él le dejaba en su cama como regalo su ropa interior bañada con su semen.

Inuyasha: ¿Te gustó mi regalo? – Preguntó con una sonrisa, mientras afirmaba en una despreocupada pose sobre la puerta, que había logrado abrir tan sigilosamente que Kagome ni cuenta se había dado. Kagome sobresaltada lo volteó a ver con las mejillas sonrojadas y nerviosas, al menos no estaba casi desnudo y se había puesto una camisa y pantalón de pijama, no supo que contestar.

Inuyasha: Eso es sólo una pequeña muestra de cuánto te deseo. – Decía con una mirada depredadora mientras caminaba hacia ella con el sigilo de una pantera, a punto de saltar sobre su presa, haciendo que Kagome fuera retrocediendo hasta quedar atrapada entre sus musculosos brazos y la pared de su habitación, haciendo que Inuyasha la apresara lado a lado de su rostro. – Te deseo como no tienes idea Kagome, desde que te vi en la librería deseo que seas mía, solo mía. - Le decía jadeante, buscando con insistencia sus labios, para devorarlos tal y como deseaba.

Kagome: Déjame en paz… Por favor, que no entendiste que no me interesas, soy muy feliz con mi novio y no quiero a nadie más. – Decía intentar evitar que la besara, apartando continuamente su rostro de sus pervertidos propósitos.

Inuyasha: Tu estúpido noviecito… ¡Ja! Ese tonto es un pobre intento de imitación de demonio, no te merece, en cambio yo sí. – Decía mirándola con una oscura pasión. – Apuesto que no te complace como lo haría yo, ¿escuchas a Kikyo como gime cuando la hago mía? Esa podrías ser tú si quisieras, porque yo solo me la he follado pensando en ti, le hago el amor de la forma que te lo haría a ti si me dejaras. – Decía con roncos jadeos por la excitación que sentía al tenerla pegada a su cuerpo, dejándola sonrojada y sin palabras por su declaración, lo que él aprovecho para estampar sus labios en su boca y besarla con toda la pasión que guardaba por ella.

Kagome jadeó por la sorpresa de que consiguiera robarle un beso en la misma casa de Kikyo, no tenía vergüenza alguna. Se formó una lucha feroz y apasionada entre sus bocas, por un lado, Kagome quien luchaba por no corresponderle, pero haciéndolo al mismo tiempo, confundida por el deseo prohibido que sentía por él, y él por tener el control de sus besos y saciar su deseo animal por ella.

Sin embargo, Kagome sí se acordaba de Kikyo y de por supuesto, su amado Koga y ella no podía hacerles esto, ella no era de esas malditas zorras. Así que con mucha fuerza se revolvía entre los fuertes brazos de Inuyasha, intentando conseguir su libertad y que dejara de comerla de esa exquisita forma la boca.

Ante esto, Inuyasha la acercó y apresó con aún más fuerza y comenzó a refregarse con ella y a darle pequeñas pero sensuales embestidas por sobre la ropa, haciendo que ambos comenzaran a jadear y hasta gemir, logrando que Kagome se perdiera en el placer y correspondiera deseosa y feliz los hambrientos besos de Inuyasha.

Dejando de resistirse, Kagome pasó ambos brazos sobre el sensual cuello del híbrido y comenzó a luchar por el control del beso, besándolo de forma hambrienta de deseo también, ante esto, excitado Inuyasha dejó que sus manos recorrieran deseosas su cuerpo, hasta llegar debajo de su corta falda y acariciar una nalga de ese delicioso trasero.

Aprentándola contra su erección, la hizo sentir el poder de su deseo y lo que estaba a su disposición para que lo disfrutara como quisiera. Kagome al sentir su dura polla contra su palpitante y húmeda vagina, sensualmente lo empujó sobre su cama y se sentó en su hinchada polla, mientras coqueta tomaba sus grandes manos y las colocaba en sus grandes senos, haciendo que él los apretara.

Logrando que Inuyasha la mirara totalmente embobado y lleno de deseo, babeando por probar su cuerpo y eso estaban a punto de hacer cuando Kikyo tocó la puerta de Kagome, que para milagro, estaba cerrada desde dentro, y paralizando lo que estaban haciendo.

Kikyo: ¿Kagome? ¿Sigues despierta? Oye, no sigas molesta por favor. Mira lo siento, no deberías hablarte así hace un momento… - Decía triste a través de la puerta, mientras se apoyaba en ella.

Kagome totalmente en shock por lo que estaba haciendo y por lo que había pensado hacer, dejándose llevar por las continuas seducciones de Inuyasha, es que inmediatamente quitó las manos de sus pechos, se bajó de su notable erección y se arregló nerviosa, la ropa. Con culpa y asco por si misma, también se pasaba la mano por la boca, intentando borrar los besos que Inuyasha y ella habían compartido apasionadamente hasta tan solo cinco minutos atrás.

Kagome: No te preocupes Kikyo… Y-yo no estoy enojada, vuelve a dormir, puedes quedarte tranquila. – Decía viendo la puerta que la separaba de su amiga, con mucha culpa por lo que había hecho, sentía vergüenza, de ella y por haber atrevido a faltar a su lealtad con su amiga y a su relación con Koga, él era un buen hombre y no se merecía una traición semejante.

Kikyo: ¿En verdad? Gracias por ser tan buena y comprensiva conmigo Kagome, eres la mejor amiga que alguien podría desear. – Decía con una sincera mirada de cariño hacia su querida y valerosa amiga, a veces se preguntaba que había hecho para merecer a alguien tan buena como Kagome. – Y aunque quisiera dormir, no puedo aún, Inuyasha salió a comprar y no ha regresado todavía, así que estará viendo algo de televisión en mi habitación para que no te asustes. – Decía, apartándose de la puerta y yéndose.

Kagome: Gracias Kikyo, buenas noches, que descanses. – Decía mirando a Inuyasha de mala forma por la mentira que había dicho, solo para venir a molestarla, acosarla, seducirla, como quisiera llamarlo.

Inuyasha por otro lado, estaba relajado y contento sobre su cama, esperando que Kikyo se fuera para seguir continuando eso tan delicioso con su hermosa Kagome. Lo había encendido tanto verla tan sensual y dispuesta con él, como correspondió sus besos con la misma hambre que él y como iba a dispuesta a montarlo como una perra. Sin duda alguna, Kikyo no era ni la mitad de mujer que era su Kagome, ella era la mujer más deliciosa que existía y la más hermosa también.

Por eso en parte entendía al idiota del lobo ese, que fuese así de celoso y posesivo con ella, si él fuera el novio de Kagome le tendría puesto rastreador y no iría a ningún lugar sin su permiso ni compañía, era demasiado hermosa y perfecta para descuidarla, si él fuese su dueño, Kagome jamás se libraría de él.

Kagome: Vete de aquí ahora mismo Inuyasha y no me molestes más por favor, entiende que no te quiero ni me interesas…- Decía confrontarlo para que se largara y la dejara en paz de una vez por todas.

Inuyasha: Tus acciones ni tu olor dicen eso Kagome, puedo oler lo excitada que estabas por querer acostarte conmigo hace unos momentos, como me arrojaste a tu cama y me hiciste tocar tu cuerpo. – Decía levantándose de la cama y acercándose hasta agarrarla con sus grandes manos y apresarla contra su cuerpo, dios como le encantaba sentir su hermoso cuerpo contra el suyo. – Me ibas a montar como una perra ¿verdad? ¡Vamos confiesa que también te gusto y que querías acostarte conmigo! – La zamarreaba mientras la acercaba a su cuerpo con fuerza para besarla, mirándola con un enfermizo deseo.

Kagome: ¿Te has vuelto loco? Déjame en paz, no me vuelvas a buscar ni a seducir, eres el novio de Kikyo, solo eso. No te quiero ni me gustas, ni nunca desearé ser tuya, en los únicos brazos que serán mujer son los de mi novio. – Decía mientras intentaba salirse de esos fuertes y brazos y asustándose un poco al ver la oscura mirada de Inuyasha sobre ella, sintiendo como hacía con más fuerza su agarre, provocándole un poco de dolor.

Inuyasha: ¿Sabes Kagome? Soy descendiente de la exquisita y poderosa línea de demonios perro del oeste, y una de sus grandes cualidades es que cuando escogen a una mujer que los enloquece, son capaces de todo con tal de obtenerla. – Decía con una mirada sombría y malévola sonrisa, logrando intimidarla, percibiendo la amenaza. – Quiero que seas mía, solo mía y no voy a descansar hasta conseguirlo me oíste. ¡Vas a pertenecerme a mí! – Le alzaba la voz molesta por su continuo rechazo, disfrutando de sentirla estremecerse en sus brazos.

Kagome: N-no, tú estás loco, completamente loco, no sé porque ni desde cuando estás enamorado u obsesionado conmigo, pero olvídate de mí ¡Aléjate! – Le decía empujándolo al fin lejos de ella y escapando de su poder. – Kikyo es tu mujer, sé feliz con ella, pero a mí déjame en paz. – Decía furiosa abriéndole la puerta de su cuarto para que se fuera y regresara con Kikyo.

Inuyasha se movió hasta llegar a un lado de la puerta y sonriéndole con burla le dijo: Nunca mi amor. – Y con furia la cogió del cuello y la obligó a besarlo a la fuerza. Kagome se removía como loca, intentando arañarle para que la soltara, pero no consiguiendo hacerle ningún rasguño, su fuerza era animal.

Luego de cansarse de besarla, le suena con creciente burla y se fue de regreso al cuarto de Kikyo, inventándole que no había conseguido encontrar aquello que había ido a comprar.

Kagome muy impactada y con miedo cerró su puerta y le puso cuanto seguro pudo, hasta movió una cómoda por si se le ocurría querer romper la cerradura, y solo así se sintió algo más tranquilo, debía irse muy pronto de allí, Inuyasha estaba loco.

No conocía mucho sobre la cultura de los youkai, Koga en particular no le gustaba hablar mucho de eso con ella, pero lo que sí sabía, es que era muy peligroso convertirse en el objeto de deseo de cualquier hombre, fuera de demonio o humano. No sabía si Inuyasha solo quería acostarse con ella, si la amaba o si estaba totalmente obsesionado con que le perteneciera, lo que fuera, no debía dejar que lo consiguiese y con ese pensamiento, pudo encontrar al fin el preciado sueño.

A la mañana siguiente se levantó muy cansada y estresada por lo que ayer había pasado, con Inuyasha metido todo el tiempo allí era muy agotante estar tan alerta, por lo que, somnolienta fue a darse un baño, sin percatarse en colocar el seguro.

Ya con el agua lista para bañarse, se ganó bajo la tibia y relajante lluvia que caía sobre su cuerpo, limpiando su cuerpo. Comenzó limpiando su cabello con su champú de flores de cerezos y siguió con el aseo de su cuerpo con el mismo aroma, cuando escuchó la puerta del baño abrirse y viendo entrar a Inuyasha totalmente desnudo, se acercaba presuroso a ella y la empujaba con la pared, tapándole la boca.

Kikyo: Inuyasha ¿estás seguro de qué no quieres que te espere para ir a comprar juntos? Yo ya me bañé, pero si quieres hacerlo de nuevo contigo, el sexo en la ducha es delicioso. – Le decía coqueta del otro lado de la puerta.

Inuyasha: Sí, el sexo en la ducha es delicioso. – Decía pícaro mientras se empujaba contra el cuerpo desnudo de Kagome y hacía que le abría las piernas, logrando colocar su enorme polla entre el medio y comenzando a frotarse, disfrutando de ver las caras llenas de placer que Kagome hacía y haciéndolas él también. – Pero no te preocupes por mí y ve Kikyo, yo me voy a demorar un poco aquí. – Le sonreía coqueto a Kagome aumentando el ritmo de las fricciones, logrando que ambos comenzaran a jadear.

Kagome en contra de su voluntad, estaba apresada entre la ducha y el hermoso cuerpo bien dotado de Inuyasha, quien mientras le respondía a su novia, le refregaba su pene en su húmeda entrada, logrando excitarla aún más.

Kikyo: Bueno, intentaré no demorarme mucho entonces, adiós amor. – Decía alejándose de la puerta y yéndose.

Inuyasha: Adiós Kikyo. – Sonreía burlesco mirando a Kagome, atenta hasta escuchar el cesar de pasos y el cierre de la puerta exterior. – Dios Kagome, eres malditamente exquisita desnuda, mira como la tengo solo por ti… ¿lo sientes? – Jadeaba contra su rostro, metiendo un poco de su gran pene en su entrada, logrando que Kagome cerrara los ojos, se arqueara contra él y se mordiera sensualmente los labios, Dios que grande lo tenía.

Kagome: S-sí… y es grande, muy grande. – Decía perdida en su conciencia, no logrando conectar ideas por el increíble placer que estaba sintiendo.

Inuyasha: Sí, lo es... y te puede hacer gozar mucho mi hermosa Kagome. – Y deseoso, aprovechando su momento de debilidad, la tomó de las piernas y la alzó con su gran fuerza, como si fuera más que una pluma, le abrió aún más las piernas y una sorprendida Kagome mirándolo, lentamente le metió hasta lo más profundo su gran y caliente polla.

Kagome: A-AH Inuyasha. – Gemía sorprendida, con los ojos y labios muy abiertos de sorpresa, al sentirlo por completo en su interior, sintiéndolo completamente delicioso, Kikyo tenía razón, la tenía muy grande y eso se sentía muy rico.

Inuyasha jadeó y gruñó de placer al haber entrado en su interior, sintiendo como lo recibira con calidez y estrechez, esto era putamente una delicia.

Ambos jadeantes por el placer y no pudiendo pensar en nada más y ni en nadie, Inuyasha con una sensual sonrisa comenzó a moverse y penetrarla mientras gemían. Kagome al recibir tanto placer por las deliciosas embestidas, se aferraba con las uñas a su pecho y gemía con los ojos cerrados de gozo, regalándole una erótica imagen de Inuyasha, quien también gemía y aumentaba la velocidad para más placer de ambos.

Una, dos, tres, seis, ocho embestidas y con la mente nublada de placer, Kagome fue capaz de entrar en razón y darse cuenta de qué mierda estaba haciendo. Estaban teniendo sexo, estaba teniendo sexo salvaje con Inuyasha… el novio de Kikyo, Dios mío, no podía ser.

Recuperando el raciocinio y aprovechando lo perdido que Inuyasha en su placer de penetrarla, es que lo pudo empujar y hacer que se saliera de su caliente interior, y a a pesar de que sintió un frío vacío, salió de la bañera, se colocó su bata y salió como alma que lleva el diablo, sin siquiera alcanzar a secar su cuerpo.

Dejando a un jadeante y descolocado Inuyasha quien estaba intentando recuperar la respiración y con todo su pene erecto y bañado en los deliciosos jugos del interior de Kagome. Intentando recuperar la respiración de la rica sesión de sexo que estaban disfrutando, es que engreídamente se reía y procedía a terminar su baño tan gratificante. Y aunque no le gustó el hecho de tener que venirse en mano, haber logrado meter su gran polla en la dulce y exquisita vagina de la hermosa Kagome, y lograr hacerla gemir como una perra en celo, todo había valido la pena, dios sí que lo había hecho, eso había sido putamente exquisito.

Kagome nerviosamente y con una crisis de pánico, terminaba de vestirse y prácticamente huía de su casa. Por dios, ¿Qué había permitido que pasara? Tuvo que haberlo apartado de ella apenas lo había visto entrar, pero no, ¿Qué hizo ella? Dejó que le metiera su polla bien duro muchas veces mientras gemía como loca, no podía creer que había disfrutado estar teniendo sexo con él, para peor Kikyo volvía a tener razón, la sabía mover exquisito…

Dios, si Koga la llegaba a oler en este momento estaba totalmente perdida, por unos segundos de placer podría irse toda su vida al carajo, su amistad con Kikyo, su relación con Koga, no, debía hacer algo…

Tan mal como estaba no pensó en otra cosa que hablarlo con alguien, debía desahogar esta constante agonía y quien mejor que su amiga Sango.

Sango: ¿Así que vienes de haber tenido sexo con el novio de nuestra amiga en la ducha? ¿En su casa? – Preguntaba con una mirada insólita, queriendo no creer lo que le decía.

Kagome: Técnicamente no fue sexo como tal, solo… él solo me metió su polla un par de veces…- Agachaba la mirada avergonzada. – Él se metió cuando yo me estaba bañando Sango, te lo juro, yo no lo invité ni nada…. La verdad es que, me ha estado acosando desde que Kikyo organizó esa dichosa cena en su departamento ese día. – Le confesaba angustiada, rogando que su amiga le creyera.

Sango: Espera ¿qué? Explícate Kagome, necesito entender esto para confiar en lo que me dices. – Seria, pero luchando por creer la versión de su amiga, si se había dado cuenta de una que otra mirada por parte de Inuyasha a Kagome, pero lo había visto normal porque su amiga siempre ha sido muy hermosa y llamaba fuertemente la atención, pero muy distinto era acosarla estando la misma Kikyo presente.

Kagome: Ese día fue a molestarme a la cocina mientras yo ordenaba la alacena, me cogió con fuerza y se frotaba su polla contra… Luego llegó Kikyo y fingió como si nunca hubiera hecho nada. – Decía preocupada que su amiga dudara de ella, porque si Sango no le creía a Kikyo sería imposible que lo hiciera.

Sango: ¿Y por qué no lo apartaste Kagome? – Le preguntaba algo escéptico.

Kagome: Lo intenté Sango, siempre lo he intentado lo juro, pero tiene una fuerza monstruosa, no fui capaz ni cinco centímetros poder moverlo lejos de mí, estaba como un poseso, me besaba con desespero y mucha rudeza. – Le explica, ocultando por supuesto la parte en la que ella le había correspondido.

Sango: Había escuchado algunos rumores de lo obsesivos que eran los demonios perro con las hembras que escogían para poseer, pero nunca pensé que Inuyasha sería así por tener una mitad humana, aunque si ese hubiera sido el caso yo hubiera esperado que fuese con Kikyo en vez de contigo, no tiene sentido esa obsesión que siente por ti. – Le decía extrañada.

Kagome: Yo tampoco me lo explico mucho la verdad, lo único que me dijo que cuando nos conocimos ese día librería quedó flechado por mí. – Decía consternada al igual que su amiga, en verdad que no entendía el porqué Inuyasha estaba tan encaprichado con ella solamente con esa interacción que habían tenido.

Sango: ¿Cuándo se conocieron ustedes Kagome? – Extrañada al desconocer esa parte de la historia.

Kagome: Fue ese día en la librería, cuando acompañamos a Kikyo y ella fue a buscarlo y tú y yo nos separamos a buscar algo que comprar ¿te acuerdas? Bueno, ahí él se me acercó y coqueteó conmigo, pero inmediatamente le dije que yo tenía novio… y eso fue todo. No tenía idea de que era el mismo chico, porque ocupaba una gran gorra que tapaba su rostro y casi no pude verle la cara, luego cuando llegó a la cena, ahí recién lo reconocí. – Decía apenada y cabizbaja, sintiendo el fuego de la mirada inquisidora de Sango.

Sango: Bueno, ahí está la respuesta a nuestras dudas entonces… Se enamoró de ti a primera vista y tú duramente lo rechazaste, lo que está bien, pero digamos que los demonios en general, ninguno maneja bien eso del rechazo por parte de una mujer, menos si es hermosa y la desean con mucha intensidad. Ellos pueden volverse realmente obsesivos y posesivos cuando fijan su atención en alguna hembra que les atraiga, muchos no aceptan un no por respuesta, llegando muchas veces a matar a la pareja actual de esa persona. – Le decía preocupada.

"Koga" Pensó Kagome inmediatamente preocupada, nunca se hubiera imaginado lo poco civilizado que eran algunos demonios aún al día de hoy.

Sango: Kagome… lo único que te puedo aconsejar es que evites cualquier contacto íntimo con Inuyasha, el que sea, hasta que te intente tomar de sus manos. Entre más intimidad y conexión tienen con esa mujer, más obsesivos y peligrosos se vuelven, está en su naturaleza. Aunque con esto que me cuentas, es muy sospechoso que se convirtiera en novio de Kikyo y que ahora, lo único que haga sea intentar seducirte. – La miraba seria.

Kagome: ¿Qué intentas decir Sango? – Preguntaba extrañada al no comprender su punto.

Sango: Que ahora creo que por la única razón por la que se acercó a Kikyo, fue para llegar a ti de forma más segura y fácil que pudo conseguir, y qué mejor que siendo novio de tu mejor amiga para acercarte a ti. –

Kagome: No puede ser cierto… ¿cómo podría ser tan infeliz? – Decía impresionada de esa posibilidad, rogaba que no fuese cierto porque sino Kikyo la odiaría de por vida, estaba realmente muy enamorada de él.

Sango: Puede ser una gran posibilidad que sea así, por lo que lo mejor es que salgas pronto de esa casa, ojalá mañana mismo. – Decía seria y preocupada por sus amigas, porque si esto resultaba ser cierto, estaban en grave peligro. Aún no conocían lo peligroso que era Inuyasha ni de lo que era capaz de hacer por poseer a Kagome.

Kagome: ¿Podría quedarme aquí unos días hasta encontrar otro lugar? – Preguntaba, apenada de tener que ser una carga para su amiga.

Sango: Claro Kagome, desde mañana mismo si así lo quieres. – La abrazaba reconfortándola y apoyándola en su decisión.

Kagome: Gracias por tu apoyo Sango, vendré mañana con mis cosas, ahora es hora de irme y por favor aún no menciones nada, entre más discreta sea mi huida, menos problemas tendremos. – Decía confiada que lo podía manejar y que todo saldría bien.

Sango: Está bien Kagome, nos vemos mañana entonces. – Decía despidiéndola y preparándose para tenerle un cuarto limpio y ordenado donde pudiera dormir.

Sin embargo, en contra de todos sus planes, Kikyo tuvo que salir de urgencia a un viaje y regresaría en dos días más, lo que la obligaba a quedarse para cuidar el departamento hasta que ella regresara, así ella también tendría tiempo para pensar ya que ni siquiera Koga podría acompañarla.

Por lo que se relajó, y gracias al calor, apenas vestía una sensual tanga y una corta remera ya punto de ir a dormir, es que escuchó como alguien abría la puerta principal sin problema y entraba a la casa. Sorprendida por a quien veía, le preguntó:

Kagome: ¿Qué estás haciendo aquí Inuyasha? ¿Cómo entraste? – Preguntaba asustada por la fiera y hambrienta mirada que le dirigía, haciéndola darse cuenta de que estaba casi desnuda frente a él.

Inuyasha: Kikyo me dio una de las llaves de emergencia ¿No es linda? ¿Y a qué vine? Es simple, vine a terminar lo que empezamos el otro día, en la ducha ¿recuerdas? – Decía acercándose lentamente como un depredador, haciéndola retroceder hasta atraparla en su propia habitación y cerrando la puerta al entrar, esta noche sería solo de ellos, ya no tenía a donde huir… Lo peor es que se veía realmente deliciosa, lista para ser comida por él, pensaba mientras se relamía los labios y colmillos, devorándola con los ojos.

Kagome: ¿Qué no te quedó claro el otro día que quiero que me dejes en paz? ¡Vete! – Gritaba mientras intentaba rodearlo para escapar, pero sin éxito porque en menos de dos segundos estuvo apresada en sus fuertes brazos otra vez y por lo que veía, estaba vez no tenía ninguna intención de dejarla ir.

Inuyasha: No dejaré que escape de mis brazos Kagome…. Vamos, yo sé que tú también lo deseas, gemías como una perra en celo ese día mientras te hacía mía. – Le susurraba en oreja para luego lamerla y comenzar a repartir fogosos besos por todo su cuello, provocándole mucho placer, uno de los puntos más sensibles de Kagome eran su cuello y los pezones.

Kagome: N-no… suéltame, no quiero. – Decía intentando resistirse a sus caricias ya sus intentos por besarla.

Inuyasha: Sí, si quieres Kagome, ¡Dios estás tan húmeda! mmm Mi polla quedó bañada de tu esencia ese día, gemías tan rico Kagome. – Decía jadeando con los labios separados mientras metía una mano bajo su tanga y la corría a un lado para después desabrochar sus propios pantalones y sacar su dura polla. Haciendo que, por esto, Kagome inconscientemente aguantara la respiración, emocionada y expectante hasta cuando comenzó a sentir nuevamente esa maravillosa sensación de la gran y poderosa polla de Inuyasha en su interior.

Kagome/Inuyasha: A-ahhh AHHH MMM AHHH. – Y al no ver más resistencia de Kagome, Inuyasha comenzó el delicioso y sensual vaivén mientras la acorralaba contra una pared y la embestía con rudeza, logrando extraer muchos jadeos y gemidos.

Al ver la expresión de placer en el hermoso rostro de Kagome es que, aprovechó para besarla siendo gratamente correspondido por ella y comenzando una interminable pelea de lenguas, los dos se devoraban la boca y gemían mientras disfrutaban.

Kagome presa del placer que le daba la buena sesión de sexo que estaba teniendo con Inuyasha, es que se había perdido en la locura y ahora era ella también lo besaba y lo acercaba a ella para acariciarlo y que la acariciara. En un arrebato, ella misma empujo el cuerpo de Inuyasha sobre su cama y sensualmente se terminaba de desnudar para él y se ganaba encima para cabalgarlo como una verdadera perra.

Ante esto Inuyasha simplemente se perdió en el placer, gemía, jadeaba y gruñía con fiereza por lo delicioso del momento, comenzando a acariciar y a chupar los grandes y bellos pechos que tenía Kagome, enloqueciéndola aún más y que aumentara el ritmo.

Inuyasha: Córrete para mí preciosa, siii Ahhh quiero verte llegar al cielo ahhhh ahhh KAGOME AHHH. – Decía finalmente corriéndose en su interior, expulsándole por completo todo semen adentro.

Kagome: A-AHH AHHHH INUYASHA AHHHHHH. – Gemía como loca al ser la primera vez en su vida que tenía un orgasmo tan fuerte y delicioso como eso.

Inuyasha con los ojos medianamente rojos cambió bruscamente de postura, dejando bajo de él a Kagome y sin previo aviso, mordiéndola. Sorprendiéndola y haciendo que, con eso, tuviera un doble orgasmo, algo que nunca le había sucedido antes.

Agotados y contentos por lo que habían hecho, ambos se dejaron vencer por el sueño, aún desnudos en la cama e Inuyasha abrazando posesivamente a Kagome siendo cubiertos solamente por una sábana.