El Señor Saotome a muerto
El señor Kuno miraba fijamente a las hijas del señor Tendo, sentado en el pequeño comedor de estilo japonés que había sido testigo de tantos momentos familiares. Le resultaba increíblemente difícil decir en voz alta lo que tanto había guardado en su interior. Pero ya no tenía alternativa.
Las tres jóvenes miraban con curiosidad al hombre serio que siempre acompañaba a su benefactor, el poco agraciado pero amable señor Saotome. Kuno rara vez hablaba más allá de lo necesario, y su presencia imponente siempre había sido un contraste con la torpeza afable de su jefe.
Kasumi, con su habitual gentileza, inclinó ligeramente la cabeza, como invitándolo a continuar. Nabiki alzó una ceja, más intrigada que preocupada. Akane, en cambio, frunció el ceño, como si ya presintiera que lo que estaban a punto de escuchar iba a cambiarlo todo.
Kuno respiró profundamente. Su voz, cuando habló, tenía una gravedad que hizo que incluso Nabiki perdiera momentáneamente su expresión de indiferencia.
—Como saben, soy el abogado de la familia Saotome y he estado encargado de entregarles su pensión desde que su padre partió —hizo una pausa, y por un momento pareció más viejo, más cansado
Las chicas asintieron. Era un hecho doloroso recordar a su padre pero permanecieron en silencio: su padre se había ido sin dejar rastro, sólo quedaban recuerdos y preguntas sin respuesta.
—Pero ahora —continuó Kuno, bajando la mirada—, es mi lamentable deber informarles que su benefactor, el buen amigo de su padre, ha fallecido
trágicamente hace menos de cinco días.
Un silencio pesado se abatió sobre la sala. Kasumi llevó una mano a la boca, horrorizada. Nabiki entrecerró los ojos, intentando procesar la noticia con rapidez. Akane, con el ceño fruncido, rompió el silencio.
—¿Tío Genma falleció? —preguntó Akane, con los ojos bien abiertos, sin poder ocultar su sorpresa.
—¿Cómo... cómo murió? ¿Y por qué no nos avisaron antes?
Continuó entre sollozos
-No fue posible avisarles, señoritas, porque el encargado del funeral y de todos los arreglos tras la muerte de mi jefe, el señor Genma Saotome, fue su hijo mayor, quien hasta hace muy poco desconocía de su existencia
Las jóvenes estaban impactadas por la noticia de la muerte de su benefactor, el tío Genma, como solían llamarlo con cariño.
Fue entonces cuando el abogado, el señor Kuno, retomó la palabra con tono solemne:
—Hay otra cosa que debo decirles —anunció con seriedad—. El señor Saotome dejó un testamento... y una carta adjunta.
Lo que nos ocupa en este momento es la carta, por lo que procederé a dar lectura.
"Mi hijo se casará con una de ellas —la que él elija— con el fin de brindarles protección, compañía y asegurar el futuro de nuestras familias."
Así finalizaba la carta
Las tres jóvenes no sabían cómo reaccionar... ¿Casarse?
—Debo agregar, señoritas —continuó el mensajero con voz firme—, que la pensión que se les proporcionaba hasta ahora no les será entregada, a menos que se cumplan los requisitos estipulados por él señor Saotome que su único afán era protegerlas, ya que deben recordar que, sin él, no pueden seguir habitando esta casa solas, pues aún son menores de edad.
Las jóvenes hermanas Tendo no podían creer que su querido tío Genma hubiera partido de este mundo. Sin embargo, él las había metido en una situación compleja que jamás imaginaron que pudiera ocurrir.
El abogado pasó saliva, ya que aún no les había dado lo que, a su parecer, era la peor noticia.
—¿Entonces… qué va a pasar con nosotras? —preguntó Kasumi, la mayor de las hermanas, con voz temblorosa.
—Como estipula la carta y el testamento
tras su partida, ustedes quedarán bajo el cuidado de su hijo mayor, Ranma Saotome que es con quién alguna de ustedes habrá de casarse.
Las palabras del abogado cayeron
Las palabras del abogado cayeron como una pesada losa sobre las hermanas. Kasumi, la mayor de las tres, fue la primera en reaccionar.
Kasumi, aún procesando todo lo que había escuchado, miró al abogado con una expresión de incertidumbre.
—Entonces, ¿debemos mudarnos a dónde el joven Saotome nos indique? ¿Estoy entendiendo bien? —preguntó, su voz llena de una mezcla de duda y resignación.
El abogado asintió lentamente, sin mostrar sorpresa ante la pregunta.
—Así es, señorita Tendo. De hecho, tengo aquí instrucciones precisas de que deben ser trasladadas a la mansión Saotome a la mayor brevedad posible y con la máxima atención.
Las hermanas se quedaron en silencio, sin saber cómo reaccionar ante esa nueva e inesperada orden. La mansión Saotome no solo representaba un cambio de hogar, sino una vida completamente distinta a la que conocían. El solo pensamiento de mudarse a un lugar tan ajeno las inquietaba profundamente.
—¿Cuándo tenemos que irnos? —preguntó Nabiki, quien ya comenzaba a organizar mentalmente lo que tendrían que hacer.
—Lo antes posible —respondió el abogado—. He preparado todo para que el traslado sea lo más rápido y cómodo posible.
Kasumi, mirando a sus hermanas, suspiró con pesar. No estaba segura de si podrían adaptarse a lo que les esperaba, pero no había otra opción.
—Muy bien. Supongo que no hay nada que podamos hacer para cambiar esto —dijo, con una determinación resignada.
Nabiki, aunque visiblemente molesta, asintió.
—No hay forma de escapar de esta locura —murmuró.
continuara...
