Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi. La trama si es mía, es ficticia y no representa a nadie en particular. Siendo escrita solo con el fin entretener y sin fines de lucro. Cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia o referencia.


Luego de un largo viaje, volvía a casa, justo el día de su cumpleaños, deseaba celebrar lo que quedaba del día al lado de su novio, pero todo indicaba que él lo había olvidado.


Historia hecha para dinámica "Porque cinco fiestas son mejor que una" de la página "Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma".


EL PRIMERO DE MUCHOS

Kagome se asomó por la ventana del avión; dentro de poco aterrizarían en el aeropuerto de Narita. Aunque había disfrutado su viaje, una cálida sensación de alegría la invadía al saber que regresaba a Tokio. Ese día era especial: su cumpleaños, el primero que celebraría como novia de Inuyasha. Aún le parecía increíble que aquel chico que conoció por casualidad en el Shinkansen, hace ya dos años, resultara ser amigo de su mejor amiga, Sango. Si era sincera, se había enamorado de él poco después de empezar a pasar más tiempo juntos, pero durante mucho tiempo pensó que Inuyasha no la veía de la misma manera. Todo cambió hace seis meses, cuando, de la forma más torpe y adorable posible, él le confesó sus sentimientos en el cumpleaños de Izayoi, su madre.

Estaban en el jardín, luego de la fiesta, disfrutando un poco del aire fresco. Izayoi, que la había aceptado como su hija a Kagome, conversaba con ella mientras Inuyasha fingía mirar el celular desde la mesa cercana.

—Deberías dejar que te presente a alguien— decía Izayoi con tono travieso—. Conozco a varios muchachos guapos, hijos de mis amigas o hijos de amigos de Touga, son responsables, con buenos empleos, de buen ver, muy buenos partidos.

—Mamá… no te entrometas en eso— intervino Inuyasha con el ceño fruncido.

—¿Qué? No digo nada malo, Kagome merece a alguien que la invite al cine, salga con ella por un café, que la lleve a comer a restaurantes elegantes, que la cuide, que la adore, que la haga feliz.

Inuyasha tomó la botella de sake y comenzó a tomarlo con rapidez a cada palabra de su madre, finalmente se puso de pie cuando su madre comenzó a mostrarle en su celular, fotos de aquellos muchachos.

—¿Y por qué no me incluyes a mí en tus opciones para ella? — soltó totalmente desinhibido por el alcohol, provocando que ambas mujeres lo miraran, sorprendidas.

—Inuyasha…— empezó Izayoi, tal vez había exagerado provocando a su hijo.

—No, en serio— continuó él, mirando a Kagome—. ¿Qué tiene de malo que sea yo?— su rostro estaba totalmente rojo, por el alcohol y la vergüenza de estarse confesando—. Vamos juntos al cine, sé que cafetería es su favorita, sé que no le gustan los restaurantes lujosos, prefiere comer okonomiyami en puesto callejero con el señor Kuonji, sé que no le gustan las aceitunas verdes y deja para el final la fruta de los postres— se detuvo solo lo necesario para tomar aire—. Yo me preocupo por ella, me gusta cómo se ríe, su sonrisa, cómo se enoja, si esta triste yo quiero ser quien la consuele. Realmente me gustas— confesó sin apartar su mirada—. Pero tal parece que… estos sentimientos solo son unilaterales.

Kagome sintió que el corazón le saltaba en el pecho, quería decir algo, pero estaba paralizada, no se esperaba aquella confesión.

—Inuyasha— logró susurrar la chica—. Estás borracho, es mejor que…

—¡Estoy diciendo la verdad! El sake solo me dio el valor de decir todo esto— continuó, ahora más nervioso, sentía que ella lo estaba rechazando—. Mañana te lo volveré decir, si hace falta te lo diré todos los días hasta que te convenzas, yo te amo.

Y así fue, todos los días no solo se lo decía, también se lo demostraba. Luego de eso, todo fue muy rápido, tan solo dos meses después de comenzar a salir, Inuyasha le había pedido vivir juntos.

El sonido de la señal de "cinturones abrochados" la sacó de sus recuerdos, el aterrizaje estaba dando inicio, llegarían a la hora pragramada, 17:30 horas. Y por lo que ella podía ver, esa mañana el clima era fresco, el cielo estaba despejado y comenzaba a pintarse en tonos cálidos.

El paso del equipaje por la banda de recolección fue eterno para Kagome, solo veía como poco a poco cada vez eran menos maletas, eso quería decir que la suya sería de las últimas. Suspiró cuando finalmente tuvo su maleta, ya faltaba menos para volver a ver a Inuyasha, salió por la puerta de llegadas internacionales y su corazón se encogió al no encontrar a su novio, pero al escuchar una voz decir "¿Buscas a alguien?" volteó con una enorme sonrisa. Él estaba ahí, como había prometido.

Inuyasha ya estaba impaciente, la gente continuaba saliendo, pero nada de su novia, el último mensaje de ella era avisándole que seguía esperando su maleta. Cuando por fin la vio, se quedó un segundo inmóvil. En medio de familias que se reunían y de turistas buscando donde dirigirse, estaba Kagome, con el cabello recogido en un moño despeinado, las ojeras marcadas por la falta de sueño y, aun así, para él, su novia lucia hermosa. La había extrañado más de lo que se había permitido admitir. Una semana sin su voz, sin su aroma, sin sus risas, sin su forma de abrazarlo por la espalda mientras él cocinaba o su calor a su lado a la hora de dormir, había sido demasiado.

—Bienvenida a casa— dijo con una sonrisa ladeada mientras se acercaba y le quitaba la maleta con cuidado.

—Inu…— susurró ella, rodeándole el cuello con los brazos y enterrando la nariz en su cuello—. Te extrañé tanto.

Él sostuvo el abrazo con fuerza, bajando un poco la cabeza para aspirar su dulce aroma, sentía que todo encajaba de nuevo.

—Yo también, Kagome, vayamos a casa.

… … …

Durante el trayecto en auto, Kagome no mencionó nada de su cumpleaños, Inuyasha aun no le deseaba un "Feliz Cumpleaños", pero por ahora no pensaría en ello, conociendo a Inuyasha, seguramente estaba esperando un momento más privado.

Inuyasha le preguntó a Kagome por la boda: que si Kouga lloró o si estuvo por acobardarse. Ella respondió con sonrisas y grandes detalles, sin mencionar lo que comenzaba a pesarle en el corazón. Él la escuchaba con atención, robándole miradas de vez en cuando. Por ello, pudo notar que los ojos de su novia se apagaban en breves momentos, lo que provocó que una alarma en su interior se encendiera.

… … …

Al llegar al departamento, Inuyasha llevó la maleta de Kagome al dormitorio y antes de que pudiera preguntarle si deseaba comer algo, su novia se excusó para ir a ducharse. Él la observó desaparecer por el pasillo con el ceño apenas fruncido. Era evidente que estaba cansada, pero algo más había en esa forma de evitar su mirada.

¿Habrá pasado algo allá?, ¿Se sentirá enferma?

La ducha caliente ayudó a Kagome a aflojar los músculos y aclarar la mente, pero mientras se secaba, seguía esperando algo, tal vez: una carta en el espejo o en la almohada, unos chocolates sobre la cama, que al salir de bañarse él llevase un pastel… ¡Algo!

Pero, nada.

Mientras Kagome se duchaba, Inuyasha aprovechó para preparar la cena con tranquilidad, curry, como a su novia le gustaba. Kagome volvió con una camiseta suya y pantalones cómodos. Tenía el cabello húmedo, y los ojos ligeramente más brillantes, aunque no por alegría.

—Adivina quien llegó al trabajo con brillos en el cuello— espero un momento, pero Kagome solo le miró fijamente—. Sesshoumaru, los intentó ocultar con su camisa, estábamos a 28 grados y no se la desabotonaba, fue hasta que el sol le dio en cierto ángulo, que pude ver los brillos junto a su oreja, al parecer, su hija le lanzó polvo de hadas.

—Entiendo, si son difíciles de quitar.

Inuyasha suspiró, no de daría por vencido, encontraría la manera de hacerla sonreír, no quería forzarla a hablar de aquello que no le quisiera decir.

—Por cierto, Sango y Miroku se están volviendo locos con las gemelas, cuando una niña esta despierta la otra se duerme, dicen que aun no logran sincronizar sus horarios.

—¿Los fuiste a ver?— dos días antes de su viaje, las hijas de sus amigos habían nacido y solo las conocía por foto.

—Aun no, te esperaba para ir, dicen que es bueno también llevarle un regalo a la madre, pero sabes que no soy bueno en eso.

—Podríamos ir el próximo fin de semana.

Inuyasha asintió, estaba satisfecho sacarle más platica a su novia. Terminaron de cenar y fueron directo a la cama, Kagome se giró dándole la espalda, dispuesta a recuperar sus horas de sueño, aunque deseaba llorar y reclamarle por olvidar su cumpleaños, no lo hizo. Sintió como Inuyasha la abrazaba y tal vez era por el cansancio, pero no luchó, no se alejó, simplemente cayó dormida.


La luz del sol despertó a Kagome, eso quería decir que eran más de las 10 de la mañana. Se había dormido con el corazón hecho un nudo, y ahora despertaba aun cansada. Se giró en la cama y notó que Inuyasha ya se había levantado, pasó con suavidad su mano por el lugar que había ocupado su novio, ya estaba frio, eso quería decir que él se había levantado al menos hace una hora.

Estaba por volver a intentar dormir, pero un aroma muy delicioso la sacó de su letargo. Café recién hecho y dashi… ¿Inuyasha estaba haciendo sopa miso?

Se sentó en la cama, se debatía en si ir a la cocina o quedarse más tiempo en el dormitorio, cuando la puerta del cuarto se abrió, allí estaba él, sin camisa, descalzo, con sus pantalones deportivos de la universidad y sosteniendo una bandeja de comida en las manos.

—¡Despertaste!, ¡Feliz cumpleaños, Kagome!— dijo con una sonrisa amplia y cálida.

—Pero… eso fue ayer— lo miró, confundida.

—¿Ayer?, no, es hoy

¿Acaso Kagome seguía medio dormida?

—Claro que no, fue ayer— tomó su celular y le mostró la pantalla—. ¿Ves?, fue ayer.

—Kagome… tienes la fecha y hora mal— fue su turno de mostrarle su celular.

La chica no podía creerlo, entró a su configuración y se dio cuenta del error que había cometido, se había equivocado de zona horaria. El cambio de horario y la falta de sueño habían jugado con su percepción.

Los mensajes por parte de familiares y amigos no tardaron en llegar, aquello hizo que se sintiera aún más tonta, ¿cómo es que el día anterior no pensó en eso?, ¿por qué no le pareció extraño que su madre tampoco no la felicitara?

Cubrió su cara con la almohada, se sentía ridícula, se había deprimido por un tonto error, se había sentido olvidada, llegó a pensar que no era importante para Inuyasha, lo había juzgado mal, pensando que era un horrible novio, cuando la novia horrible había sido ella.

—Kagome, ¿Por qué lloras?— preguntó alarmado, dejando la bandeja sobre el tocador—. Kag, mírame.

—Pensé que lo habías olvidado— confesó, sollozando.

—Tonta— abrazó a su novia con ternura, ahora entendía la actitud de ella el día anterior—. Te juro que estuve a punto de despertarte a la medianoche sólo para felicitarte— murmuró, besando su cabeza—. Pero pensé que merecías dormir bien después de tu vuelo.

—Lo siento.

—No tienes por qué disculparte— le hizo mirarla—. ¿Qué te parece si ahora disfrutamos del delicioso desayuno que te preparé?— se levantó y fue por la bandeja de comida.

—¿Hiciste todo esto tú?— estaba conmovida, no solo era un desayuno, había un pequeño pastel blanco con fresas.

—Excepto el pastel.

Kagome lo besó sin decir nada más, el beso fue cálido, dulce.

—Gracias, Inu, eres el mejor regalo que podría tener.

—Me alegra escuchar eso, porque hoy eres toda mía— le sonrió pícaramente, no fue difícil convencer a su suegra, ella se mostró enternecida cuando él le confesó sus intenciones de pasar ese primer cumpleaños solo con Kagome—. Porque aún en contra de mi voluntad, mañana te tendré que compartir con tu familia y mis padres, quieren ir a comer a ese restaurante mexicano que te gusta.

—¿No debería ser al revés?, hoy es mi cumpleaños y tú deberías ser todo mío— le debatió, arqueando una ceja.

—Como sea, al final, tú eres mía y yo soy tuyo, pero hay algo que no te puedo perdonar, ayer te metiste a bañar sin mí— dijo, provocando que Kagome riera de manera tierna.

—Eso se puede arreglar muy fácil, pero primero quiero disfrutar esta delicia que has preparado para mí.

… … …

Después del desayuno, se ducharon juntos entre cosquillas y risas. Por la tarde, ambos terminaron tirados sobre la alfombra de la sala, el televisor estaba encendido, pero ninguno prestaba mucha atención a la película. Inuyasha se había recargado contra el sofá y Kagome reposaba sobre su pecho.

—Así que… ¿de verdad pensaste que se me olvidaría tu cumpleaños?— murmuró él, con una sonrisa juguetona.

—No lo sé… el cansancio, la confusión con la hora, el jet lag… y quizá un poco el miedo— confesó ella, sin alzar la mirada—. Es tonto, lo sé, pero es mi primer cumpleaños contigo como mi novio y supongo que tenía muchas expectativas.

—Jamás me olvidaría de algo tan importante, deseo celebrar todos nuestros cumpleaños juntos.

Kagome sintió que el corazón se le desbordaba. Sus ojos se humedecieron otra vez, pero ahora no era tristeza ni confusión, era felicidad pura, tan cálida como el sol de esa mañana.

—Entonces estamos de acuerdo— susurró ella, alzando la mirada para buscar la suya—. Porque yo quiero lo mismo.

Y así, aquel cumpleaños no solo se volvió el primero que compartían como pareja, sino también una promesa silenciosa: la de construir recuerdos juntos cada año, cada día, desde ese momento en adelante.


26/04/2025

Bueno, he aquí esta historia para festejar el cumpleaños de Kagome, esta vez decidí que fuese sobre ella porque creo que casi siempre me enfocó en los cumples de Inu.

Espero les haya gustado, nos estamos leyendo.