Chichi tenía una sonrisa enfermiza en los labios. Su aura verde se había extendido a su cabello y sus ojos se habían tornado del mismo color. Su ki había subido hasta la estratosfera. Al igual que con la verdadera Chichi, no se había hecho presente hasta que se transformó, pero al hacerlo sintieron un escalofrío recorriéndole la espalda.
— Llamo a esta forma… Bestia esmeralda. ¿Os gusta? — Sonrío y se lanzó directamente contra Vegeta. — Llevo muchísimo tiempo deseando hacer esto.
Chichi no mostraba piedad. Una risa diabólica emergía de sus labios mientras se lanzaba contra el Saiyan, golpeándole directamente en el estómago.
— Zamas me dijo que disfrutaría, pero no podía imaginarme hasta qué punto… llevo décadas deseando hacer esto…
Lo siguiente que vio Vegeta fue el puño de Chichi impactando contra su cara a tal velocidad que no pudo detenerla. Con una risa maníaca, la humana golpeó justo en el codo, que, emitiendo un crujido, se partió y quedó en un ángulo extraño.
Pero no se detuvo ahí, lo tomó por la pierna y, girándolo como una peonza, lo lanzó contra un edificio. Estaba cargando ki entre sus manos cuando, repentinamente, se detuvo y lanzó el puño para detener la arremetida de la espada de Trunks.
El arma había impactado contra su brazo, cortando el qipao y provocando una leve herida que lo estaba manchando de rojo, que hacía un fuerte contraste con el negro y el verde.
— ¿Pensabas que no me había percatado de que estabas ahí? — Su voz era fría como el hielo, muy distinta a su conducta maníaca de momentos antes. — Sabes… Hasta hace muy poco te tenía mucho respeto, Trunks… Gohan se preocupaba por ti…
— Espera… ¿Tú eres?
— La Chichi de esta línea temporal, sí. — Reconoció, mirándole con aquellos ojos fríos. — Continuando con lo que decía… Zamas me ha hecho ver lo equivocada que estaba sobre ti.
— ¿Quién es ese tal Zamas y qué te dijo?
— Oh, es muy simple… me hizo ver cómo el hecho de que seas un fracasado… — Chichi aferró la espada y comenzó a apretarla, generando cortes que le causaron heridas que continuaron sangrando. — Destruyó mi vida.
Hubo un sonoro "crack" cuando la espada cedió y se partió en dos. La parte superior del arma cayó al suelo ante la atónita mirada de Trunks. Chichi permaneció en silencio mientras se miraba la mano sangrante con absoluta indiferencia.
— Cuando Gohan murió, una parte de mí lo hizo para siempre con él. — Prosiguió. — Intenté fingir que había algún motivo para seguir viviendo, por ti… por tu madre… por este mundo… pero mientras lloraba cada noche en la soledad de mi dormitorio, en las montañas… siempre me preguntaba ¿Por qué? No te imaginas las veces que estuve tentada de acabar con todo yo misma.
— Chichi…
— Silencio… estoy hablando. — Chichi no le miraba, seguía mirando cómo la sangre le corría por la muñeca, manchando el qipao. — Cuando Black apareció… fue la gota que colmó el vaso. Seré sincera contigo… estaba deseando que me matara… creo que habría sido la muerte perfecta… asesinada por Goku… Era la broma más cruel que el destino podía reservarme.
— No tenía ni idea de que tú…
— Si vuelves a replicarme mato a tu madre, Trunks.
El Saiyan tragó saliva. Había algo en aquella mirada asesina que le indicó que genuinamente estaba pensando en matar a Bulma. Y, si realmente era la Chichi de su época, como aparentaba ser… sabría exactamente en qué lugar estaría… donde estarían los refugiados. Podría matarlos a todos sin esfuerzo.
— ¿Vas a volver a interrumpirme?
— No…
— Bien. Como iba diciendo… Perdí a Gohan… y le perdí porque murió para proteger tu miserable vida. Y aun así… tú no fuiste capaz de vencer a los androides tú solo. Tuviste que volver al pasado usando la máquina de tu madre… rompiste las reglas de los Kaiyoshin… y así fue como provocaste que Black llegara. — Mantuvo su expresión imperturbable. — Todo es culpa tuya. Si hubieras hecho lo que tenías qué hacer… si hubieras sido mejor… si no hubieras sido una carga para mi hijo… entonces quizá seguiría vivo. Y no habría un segundo apocalipsis cayendo sobre nosotros.
Chichi cerró el puño, concentrando su Ki para curarse, cerrando las heridas de la mano y la del brazo.
— Es por eso por lo que te odio, Trunks… y por lo que creo que no mereces seguir viviendo. — Su mirada se recrudeció aún más. — Te odio incluso más que a tu asqueroso padre del que seguramente heredaste los genes que te forzaron a querer el protagonismo, aunque eso le costase la vida a mi hijo.
— Creo que si Gohan te viese ahora mismo… estaría muy triste de ver en qué te has convertido.
Los ojos de Chichi pasaron de la frialdad a la furia tan rápido que Trunks apenas pudo reaccionar a tiempo para evitar el golpe cubriéndose con el trozo de espada que le quedaba. Chichi golpeó hasta que el arma se rompió a su paso y procedió a atacar a Trunks con una brutalidad que no había visto en ninguno de sus enemigos.
— No eres nadie para hablar de mi hijo, maldito bastardo.
Chichi estaba tan iracunda que no percibió a alguien lanzarse en su contra hasta que un golpe en el estómago la lanzó por los aires. Impactó con un edificio que se retorció mientras se desplomaba. La verdadera Chichi resoplaba mientras miraba en la dirección en la que había atacado.
— Y tú no eres nadie para hablar por él… — Gruñó, apretando los puños en su forma de bestia divina.
Tomó una judía mágica y se la pasó a Trunks.
— Encárgate de tu padre, deprisa.
A Chichi no le sorprendió ver que una explosión despejaba los restos del edificio y ver cómo su alter ego se elevaba, aumentando la intensidad del verde de su aura. Pero ella no se quedó atrás, aumentando el suyo propio.
— Tú no deberías inmiscuirte… Esto no es asunto tuyo. —Exclamó. —Vuelve a tu línea temporal… sé feliz con tus hijos y déjame en paz.
— No puedo dejar las cosas así. Le debo mucho a Trunks. Me ha pedido que le ayude y eso pienso hacer.
— ¿Qué puedes deberle tú a él?
— Si no fuera por él… — La señaló con el dedo. — Acabaría siendo como tú. Habría perdido a mi marido, a mi hijo… y a todos los que amo. Y habría caído desesperada en las artimañas de Black, como tú lo has hecho.
— Lo perdí todo. A todos los que quería. Durante años he estado sola, olvidada. Ahora, por fin… tengo una razón, un propósito… y tú no me la vas a arrebatar. — Gruñó. — Así que, te lo voy a pedir por última vez… vuelve a casa… o te mataré y seré yo la que vuelva en tu lugar.
Chichi, en su interior, estaba ardiendo de rabia por las palabras de su doppelgänger. La idea de que volviese al pasado en su lugar y pretendiese ocupar su puesto hacía que le hirviese la sangre. Pero decidió serenarse un poco y mantener la compostura.
— Y yo te voy a advertir a ti que desistas… y sólo lo voy a hacer una vez. No voy a tener reparos en acabar contigo sólo porque seas yo.
Vegeta se incorporó y tragó la judía mágica. Un quejido escapó de sus labios cuando su hueso se recolocó. El príncipe de los Saiyan estaba visiblemente enfadado. A pesar de todo, su hijo lo ayudó a incorporarse. Vegeta elevó la vista y vio a Goku peleándose con Goku Black.
— Padre. Ayuda a Goku a acabar con Black. Chichi y yo nos ocuparemos de la otra Chichi.
Gruñó, frustrado, porque Chichi le había humillado, pero entendía que Goku Black parecía una amenaza más peligrosa. Así que, sin dudarlo demasiado, se transformó en Super Saiyan Blue y se lanzó hacia la batalla para apoyar a Goku.
Las dos Chichis habían empezado su batalla, pero estaba claro quién era superior. Aunque la técnica de la Chichi futura era menos depurada, su poder puro era muchísimo mayor. Su cuerpo se movía con más soltura, y sus movimientos eran más ágiles. No tardó en someter a la Chichi más joven.
— ¿Por qué eres tan fuerte? ¿Por qué Black es tan fuerte? No lo comprendo… — Gruñó cuando se la quitó de encima.
— Zamas me bendijo con este cuerpo, Chichi… Un cuerpo que es el pináculo del poder que puedo poseer… Una réplica exacta de tu propio cuerpo, de dos años en tu futuro. — Sonrió, soñadora. — Y después… me enseñó las maravillas del ki divino.
— Deduzco que ese tal Zamas es Goku Black… — Suspiró Chichi.
— Correcto. Y por eso mismo puedes dirigirte a mí como "Chichi Black", lo simplificará todo hasta que terminemos.
— Zamas… lo recordaré. — Susurró Chichi. — Trunks… no sé si voy a poder con ella.
— Para eso estoy aquí. — Trunks se transformó en su forma de Super Saiyan. — Luchemos juntos.
— Por supuesto… ¿Cómo si no ibas a superar algún obstáculo, Trunks? ¿Tú sólo? — Gruñó Chichi Black. — Siempre pidiendo gente en la que apoyarte. ¿Eso quieres? ¿Llevar la muerte de mi alter ego también en tu consciencia?
— Me gustaría no tener que cargar con la tuya, Chichi. No sé qué diablos te ha prometido Zamas, pero sea lo que sea, no vale la pena.
Chichi tomó el Pothala de su oreja y lo sopesó con el dedo un instante. Regresó a su forma base y lo miró como si estuviera repentinamente aburrida, cansada de la conversación.
— Creo que es momento de acabar con esto de una vez. Zamas ya se ha divertido bastante con Goku y verte aún con vida me enferma.
— ¿No irás a…? — Chichi alzó la voz, pero fue demasiado tarde.
Black Chichi se llevó el pendiente a la otra oreja y se lo colgó. Goku Black en aquel momento se separó de Goku y la miró.
— ¿Qué estás haciendo? Eso no era parte del plan aún. — Exclamó Black antes de sentir cómo su cuerpo se precipitaba contra el de Chichi.
Tras entrar en contacto, los cuerpos se fusionaron y emitieron un último resplandor. Cuando la luz se difuminó, mostró a un nuevo guerrero.
— ¿Esa pinta tendría si me fusionara con Goku? — Exclamó Chichi.
La figura ante ellos resultaba difícil de identificar. El pelo estaba alborotado y largo, y el físico muscular estaba condimentado con una zona pectoral femenina.
— No es lo que esperaba… pero supongo que tendrá que servir. — Su voz no sonaba doble como en el caso de Lazuchi. Por el contrario, sólo la voz de Goku emergió de aquellos labios. — De cualquier forma, esa mujer estaba empezando a hartarme.
— ¿Esa mujer? — Preguntó Chichi, apretando los puños. — ¿Acaso…?
— ¿Qué? ¿Esperabas que una débil mente humana pudiera opacar la de un dios? — Se echó a reír. — Sigo siendo Zamas. Chichi no era más que un recurso para aumentar mi poder en caso de ser necesario.
— ¿Y ha hecho eso por voluntad propia? ¿Sabiendo lo que pasaría?
— Oh, le mentí… pero ya es tarde para enmendarlo. También se creyó que iba a permitirle quedarse en tu línea temporal si te mataba… Aún no puedo creerme que fuese tan crédula. Si tú eres justo cómo ella, no tardaré en librarme de ti.
— Hablas mucho para no tener ninguna posibilidad. —Chichi se crujió los nudillos. — Yo me encargo de esto.
— Chichi… no seas ridícula. — Le expresó Vegeta.
Ni siquiera el príncipe sería tan arrogante como para verse con posibilidades, pero Chichi se mantenía segura. Zamas sólo sonrió, se posicionó para combatir, cargó su ki y… nada ocurrió.
— ¿Buscas tu Super Saiyan Rosé? Que lástima que ese cuerpo no te permita usarlo, ¿Cierto? ¿Ya has olvidado que soy humana? Un androide, además.
Zamas se dio cuenta en seguida del problema. Pero le vio una rápida solución. Comenzó a cargar su ki, intentando transformarse de nuevo, sin éxito.
— ¿Por qué no puedo…?
— ¿Transformarte en mi forma de bestia? Goku tampoco puede hacerlo. Sólo mi hijo y yo tenemos ese poder. Planeaste tu fusión sin pensar en su compatibilidad.
— No necesito transformarme para matarte.
Zamas se lanzó contra Chichi en un movimiento rápido como una centella y empezó a golpearla en el estómago una y otra vez. Chichi ni siquiera parecía defenderse…
El ki convencional de Zamas era indetectable debido a su cuerpo de androide, pero el divino no dejaba de subir mientras golpeaba sin cesar en un ataque de pura rabia no contenida hasta que la hizo rodar por el suelo, estampándose contra un edificio.
Chichi, con el cuerpo magullado y ensangrentado, se incorporó, abandonó su forma de bestia y, tras levantarse, escupió sangre y expresó una extraña sonrisa.
— Para alguien que dice no sentir nada de lo que sentía mi otra yo… eso ha sido bastante personal.
— Cállate y muere de una vez para que pueda acabar con el resto y purgar este mundo de todos estos mortales indignos.
— Escúchame bien, Zamas… crees que tienes el control de esta situación… porque eres una especie de dios… ¿No es cierto? Supongo, por esos pendientes, que un Kayoshin.
— ¿A dónde quieres llegar?
— Tengo la impresión de que te molesta que mi marido, Vegeta y yo hayamos accedido al poder de los dioses.
— Unos repugnantes pecadores como vosotros no merecéis eso. Es otro motivo más para exterminaros.
— Sabes… llevaba mucho tiempo deseando probar esto en combate… — Chichi alargó la sonrisa. — Saber lo mucho que lo detestas sólo hace que se sienta mejor…
Zamas se tensó cuando empezó a sentir el ki divino de Chichi empezar a crecer de forma exponencial. El poder que había estado acumulando momentos antes parecía una minucia en comparación.
— Vas a arrepentirte de haberme pegado tan fuerte, Zamas.
El aura de Chichi, así como su pelo y sus ojos, empezaron a tornarse de un vivo color malva. Su sonrisa creció, tomando un aspecto desquiciado similar al que habían visto en la otra versión de sí misma. Zamas estaba asustado e iracundo a partes iguales, porque había reconocido a la perfección el tipo de energía que estaba emitiendo. El poder de un dios de la destrucción, el mismo poder que blandía Beerus.
— Llamamos a esta forma… Ultra Ego. — Su sonrisa se ensanchó. — Espero que te guste… Y ahora… ¿Serías tan amable de pegarme más fuerte?
