Descargo de Responsabilidad.No me pertenece nada.


Punto de vista Naruto

Habían pasado tres días desde que llegué a este mundo tan increíble y peligroso. Tres días en los que aprendí un poco sobré el panorama general y sobre la situación en la que me encontraba.

Tres días en este mundo extraño habían sido un bombardeo de información. Zhu Zhuqing, con su voz fría y esos ojos felinos que parecían juzgar cada una de mis palabras, me había explicado lo básico mientras avanzábamos hacia Ciudad Suotuo.

Me habló de las principales facciones que dominan este continente. Primero, el Salón del Espíritu, una organización poderosa que supervisa y regula a los Maestros del Alma. Se dice que poseen la mayor concentración de Títulos Douluo, los Maestros del Alma más fuertes. Además, son responsables de las ceremonias de Despertar del Alma y ofrecen apoyo financiero a los Maestros del Alma de bajo rango. Sin embargo, también tienen una reputación controvertida debido a sus métodos autoritarios y su ambición por consolidar el poder en todo el continente.

Luego están los Imperios, como el Imperio del Cielo Dou y el Imperio Estrella Luo. Estas naciones tienen sus propios ejércitos y academias para entrenar a Maestros del Alma, y aunque colaboran con el Salón del Espíritu, también compiten por la supremacía en el continente.

Zhuqing también mencionó a los sectores y clanes influyentes, como el Clan Dragón Tirano del Rayo Azul y el Clan Tigre Blanco. Estas familias poseen linajes de Almas Marciales poderosas y han producido algunos de los Maestros del Alma más renombrados de la historia.

Aprendí que casi todos en este mundo poseen un Alma Marcial, una manifestación única que puede variar desde herramientas simples hasta bestias míticas. Sin embargo, solo aquellos con poder espiritual, conocido como Poder del Alma, pueden cultivar y avanzar como Maestros del Alma. Los niveles de poder se clasifican en rangos, y alcanzar cada nuevo nivel es un testimonio del crecimiento y la dedicación de uno.

Cuando Zhuqing me preguntó sobre mi propia Alma Marcial y origen, decidí ser cauteloso. Le expliqué que mi Alma Marcial era una forma de energía especial que me permitía realizar técnicas únicas, evitando entrar en detalles sobre el chakra o mi pasado como ninja. En cuanto a mi procedencia, mencioné que venía de una aldea lejana, aislada del resto del mundo, lo cual no era del todo falso.

Pero cuando pude entender el porqué me preguntó por mi Alma Marcial no pude evitar pensar que mi sistema es muy pero muy problemático.

Zhu Zhuqing me miró con una seriedad que rara vez mostraba, su mirada fija hacia el horizonte mientras seguíamos nuestro camino.

—Tu Alma Marcial… no es común.

Me detuve un momento, sorprendido por su afirmación.

—¿Qué quieres decir con eso?

Ella no giró la cabeza, pero su tono fue firme, como si ya tuviera todo claro.

—Las Almas Marciales pueden dividirse en dos tipos: las de bestia y las de herramienta. Las de tipo herramienta, en su mayoría, son débiles y no tienen un uso práctico en combate. Pero tú… tienes algo diferente.

No pude evitar sentir un escalofrío recorrerme al escuchar esas palabras. Sabía que mi Alma Marcial no era normal, pero no esperaba que Zhu Zhuqing lo percibiera tan fácilmente.

—¿Cómo lo sabes? —pregunté, tratando de mantener la calma.

Ella me miró finalmente, y su voz se volvió aún más grave.

—No hay duda. El poder que emanas no es común. Y los anillos de alma… son morados. Eso no es algo que un novato pueda obtener sin un linaje o alguna historia oculta detrás. Es algo que solo los más fuertes logran al principio.

Me rasqué la cabeza, tratando de restarle importancia.

—Es solo suerte… —respondí en voz baja, sin mucha convicción.

Zhu Zhuqing negó con la cabeza, como si no creyera ni una palabra.

—No se trata de suerte. Es más que eso. —Hizo una pausa, sus ojos mostraron una mezcla de cautela y desconfianza. Luego continuó—: Recuerdo escuchar la historia de alguien con tu misma Alma Marcial. Tang Hao, el Titulado Douluo más joven de la historia.

Ese nombre me hizo tensar los músculos sin querer.

—¿Tang Hao? —pregunté, reconociendo el nombre por la conversación que tuvimos días atrás.

Zhu Zhuqing asintió lentamente, como si estuviera preparando sus palabras con cuidado.

—Tang Hao… fue el más grande de todos los Douluo de tipo herramienta. El Martillo Cielo Claro es el Alma Marcial de herramienta más poderosa del continente. Pero lo que la mayoría no sabe es que el Clan del Cielo Claro, a pesar de ser una de las facciones más fuertes, nunca mostró su alma marcial públicamente antes de lo sucedido con el Salón del Espíritu. No por miedo, sino porque su poder era tal, que el Salón del Espíritu, y el resto de las grandes potencias, no podrían permitir que alguien tuviera un alma de ese calibre sin control.

—Entonces, ¿me estás diciendo que mi Alma Marcial es peligrosa como la suya?

Zhu Zhuqing no dijo nada durante un momento, pero sus ojos seguían fijos en el horizonte, como si evaluara mis palabras.

—No es que tu Alma Marcial sea idéntica a la suya. Pero la fuerza que emana es rara, y eso no pasa desapercibido para las fuerzas del continente. Los anillos morados son un indicio de algo mucho más allá de lo que podrías haber obtenido por simple suerte. Y si eres capaz de liberar tal poder sin haber sido entrenado como debería ser, eso podría causar problemas.

Me quedó claro lo que estaba tratando de decir. No tenía que ser un experto para saber que alguien como yo, con anillos morados, no pasaría desapercibido, especialmente si mi alma marcial seguía siendo un misterio para todos.

—¿Qué harías tú si estuvieras en mi lugar? —pregunté, curioso por saber si ella sabía algo que pudiera ayudarme.

Zhu Zhuqing me miró un momento, y finalmente soltó un suspiro.

—Lo primero sería tener cuidado. El Salón del Espíritu no tolera anomalías. Y aunque no sepas la magnitud de tu alma, ellos sí lo notarán. Si te consideran una amenaza… no dudarán en actuar.

Permanecí en silencio por un momento, sopesando sus palabras. Tenía muchas preguntas, pero sentí que no era el momento adecuado para hacerlas. Sin embargo, algo en mí comprendió que debía mantenerme alerta.

—Gracias por la advertencia. Tendré cuidado.

Zhu Zhuqing asintió con firmeza, y continuó caminando sin decir una palabra más. Yo la seguí, mi mente ocupada con las implicaciones de lo que acababa de escuchar.

¡Maldita sea! ¿Cómo voy a poder sobrevivir a este mundo sin siquiera poder usar mi Alma Marcial? Ni siquiera conozco jutsus poderosos aún. No pude evitar maldecir en mi mente mientras procesaba toda la información.

[Objetivo oculto completado: Aprende un poco más del Martillo del Cielo Claro

-Recompensa: 3 niveles ]

¡Vaya completé otrvobjetivo oculto de la misión principal, no me lo esperaba! Tres niveles no está nada mal.

No pude evitar sentir que al menos tuve un poco de suerte.

El camino hacia la ciudad parecía interminable, y las palabras de Zhu Zhuqing aún resonaban en mi cabeza. Tenía que ser cuidadoso, muy cuidadoso. Mi alma marcial ya no era un simple misterio para mí, pero las implicaciones de lo que había aprendido me hacían sentir como si estuviera caminando sobre un alambre muy delgado. El poder que emana de mí no podía ser normal, y Zhu Zhuqing tenía razón: mi Alma Marcial no pasaría desapercibida por mucho tiempo.

De repente, algo que no había anticipado ocurrió. Mientras caminábamos en silencio, un sonido familiar comenzó a emanar de dentro de mi mente, como si una voz profunda estuviera susurrando, pero nadie más podía oírla.

[Misión recibida: Despertar tu segunda alma marcial

Detalles: Se requiere ocultar el Martillo Cielo Claro y evitar que cualquier otra persona descubra su existencia. Tu segunda Alma Marcial será esencial para tu supervivencia en este continente.

Recompensa: 3 niveles ]

Las palabras del sistema se clavaron en mi mente. ¿Despertar una segunda alma marcial?

Me quedé inmovil por un momento mientras procesaba la nueva misión.

-¿Estás bien?- Zhuqing me mira por un momento.

Asentí rápidamente, asegurándome de que no estaba dando signos de estar perdiendo la cabeza.

—Sí, solo… no me siento muy bien, nada importante.

El sistema continuó resonando en mi mente.

[ Despierta tu segunda alma marcial. Para ello, se necesita encontrar una fuente de energía espiritual adecuada para permitir el despertar. La habilidad será crucial para ocultar el poder real de tu Alma Marcial principal.]

¿Kurama? Fue lo primero que pensé al escuchar esa palabra en mi mente. Mi corazón dio un brinco, sin entender por qué el nombre del Zorro de las Nueve Colas me llegó a la mente de forma tan clara. Pero, ¿qué significaba eso? ¿Cómo podía despertar algo que no entendía? ¿Cómo era posible que supiera su nombre? Nunca de me abría pasado por la cabeza de que el Zorro pudiera tener un nombre.

Zhu Zhuqing, al notar que ya habíamos avanzado lo suficiente y que no íbamos a llegar pronto a la ciudad, habló.

—¿Estás seguro de que estás bien? Deberíamos descansar antes de continuar.

Me tomé un momento antes de responder. ¿Kurama? ¿Es esto lo que el sistema quiere decir con "segunda alma marcial"?

Era una pregunta que no podía responder. Aunque no sabía qué esperaba exactamente de esta "segunda alma", sentía que la conexión con Kurama, esa extraña sensación de que había algo más dentro de mí, no era pura casualidad. Era… como si una parte de mí, una muy antigua, estuviera despertando. Pero no tenía idea de cómo o por qué.

Finalmente, miré a Zhu Zhuqing y decidí que era mejor mantener la calma. Tenía que descubrir cómo despertar esta "segunda alma" por mí mismo, sin hacer ruido, sin que el resto del mundo se enterara de lo que realmente estaba ocurriendo.

—Sí, tienes razón. Necesitamos descansar. —Respondí, forzando una sonrisa.

Zhu Zhuqing asintió y avanzó para buscar un lugar adecuado para descansar, mientras yo me quedaba atrás por un momento, pensando en las implicaciones de lo que acababa de escuchar. Kurama. ¿Qué significaba esto? ¿Cómo encajaba en mi vida?

Con la mente ocupada en estas preguntas sin respuesta, comencé a caminar hacia donde Zhu Zhuqing ya había preparado un pequeño campamento.

Me senté frente a ella y no pude evitar notar que era una chica muy linda. Su cabello tenía dos pequeños arcos que parecía unas orejas de gato, unos ojos muy bonitos y un pecho bastante grande para su edad.

Su prometido es bastante afortunado.

No pude evitar evitar elogiar la suerte que tenía ese tal Dai Mubai al tener una prometida bastante atractiva.

Mientras divagaba, no pude evitar cerrar los ojos mientras también pensaba una forma de despertar mi segunda alma espiritual.


Al abrir mis ojos nuevamente, ya no me encontraba en el bosque Estelar. Si no en una especie de alcantarilla donde el agua me llegaba a los talones.

!¿ Y ahora en dónde diablos estoy?! !¿No se suponía que hace un segundo estaba en el bosque con Zhuqing?! ¡Sistema donde estoy!

No pude evitar pensar alarmado mientras observaba la situación en la que me encontraba. Por suerte el sistema me indicó donde estaba

[Advertencia: el usuario se encuentra en su conciencia. Encuentre al Zorro de las Nueve Colas e intente convencerlo de que se convierta en su segunda Alma Marcial.]

—¡¡¿QUÉ?!! —grité al leer el mensaje.

El eco de mi voz rebotó en las paredes húmedas de esa inmensa alcantarilla. El ambiente era oscuro, cargado de una energía densa que me ponía los pelos de punta. Solo podía oír el sonido del agua estancada bajo mis pies y el eco lejano de una respiración profunda… demasiado profunda para ser humana.

Di un paso, y luego otro, con el corazón palpitando a mil por hora. Sabía que no estaba solo.

Una reja gigantesca apareció frente a mí, tan alta como una montaña. Entre las sombras, dos ojos rojos se abrieron de golpe como si despertaran de un largo sueño. Brillaban como brasas encendidas. Y luego… una voz gutural, potente y llena de desprecio, retumbó en todo el lugar.

—Tsk. Así que al fin decides venir, mocoso.

Sentí que el suelo temblaba con solo escuchar su tono. Detrás de los barrotes, una figura colosal se movía con lentitud, como una bestia que no tenía apuro en devorarme.

—¿Kurama? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.

Un gruñido profundo resonó, y las fauces del Zorro de Nueve Colas se mostraron entre la penumbra.

—No me llames así tan libremente, humano. Apenas y sabes quién soy, y ahora vienes con la ridícula idea de que me convierta en tu "segunda alma marcial". Patético.

Me tensé. No sabía qué responder. El sistema había dicho que debía convencerlo… pero no parecía que estuviera de humor para negociar.

—Oye, no es como si yo supiera lo que está pasando. ¡Este mundo no tiene nada que ver con el mío! Apenas sé cómo funciona, ¡ni siquiera puedo usar chakra bien aquí!

Kurama soltó una risa seca y amarga, que más parecía un rugido.

—¿Y crees que eso me importa? ¿Que porque apareciste en este nuevo mundo con un sistema idiota pegado a tu cerebro, voy a saltar de alegría y ayudarte como un buen zorrito domesticado?

Se acercó más a la reja. Su aliento cálido y salvaje golpeó mi rostro como una ráfaga de fuego.

—Este continente Douluo… Hmph. Humanos que se creen dioses porque cazan bestias para robar su poder. Espíritus que se convierten en armas. Contratos forzados, clanes arrogantes y guerras por prestigio. Nada ha cambiado. En mi mundo o en este, los humanos siguen siendo iguales. Egoístas, ambiciosos… cobardes.

Sus palabras me golpearon como cuchillas. Y sin embargo, no podía apartar la mirada.

—¿Y tú qué? —continuó con un gruñido bajo—. ¿Esperas que me una a ti porque el sistema lo dijo? ¿Porque necesitas esconder el verdadero poder que no sabes usar?

Apreté los puños.

—¡No! —respondí con fuerza—. ¡No estoy aquí porque quiera usarte como un arma! Solo… estoy intentando sobrevivir. Este mundo es cruel, lo sé, y tú probablemente lo veas más claro que yo. Pero no vine a convertirme en otro monstruo más. No vine a repetir los errores del pasado.

Kurama no respondió de inmediato. Me observó en silencio, como si buscara algo en lo más profundo de mi alma. Entonces, lentamente, se enderezó, dejando ver toda su majestuosa forma.

—Hmph. Tienes fuego… pero aún no eres digno. No soy un "anillo de alma" para que me selles en un bastón o me absorbas como a un espíritu cualquiera. Yo soy Kurama. El Zorro de las Nueve Colas. Y si algún día quieres que pelee contigo… tendrás que demostrarme por qué debería confiar en ti.

El sistema volvió a hablar en mi mente, con un tono más frío que nunca:

[Progreso de la misión: "Despertar segunda Alma Marcial" – 25%

Requisito: Ganar el respeto del zorrosellado. Prueba de voluntad inminente.]

Kurama me mostró los colmillos, en una sonrisa peligrosa.

—¿Quieres mi poder, mocoso? Entonces prepárate. Porque si vas a usar mi nombre… tendrás que soportar mi furia primero.

Una luz roja me envolvió de golpe, y el agua a mis pies comenzó a hervir. La conciencia se sacudió como si el mundo entero estuviera a punto de romperse.

Kurama soltó una risa grave que retumbó como un trueno dentro de la alcantarilla.

—¿En serio crees que voy a jugar tu jueguito de "sistema", como si fuera una de esas bestias espirituales con las que juegan los humanos de este mundo? No, chico… yo no soy uno de esos perros amaestrados con anillos de colores.

Su mirada ardía de furia contenida, pero también de orgullo. Era la viva imagen de un poder antiguo, indomable.

—Este continente… este estúpido continente lleno de "Maestros del Alma", no es diferente al mundo del que vienes. Los humanos siguen siendo los mismos en todos lados: codiciosos, arrogantes, dispuestos a esclavizar lo que no comprenden, a controlar lo que temen. ¿Anillos espirituales? ¿Almas marciales? Términos nuevos para lo mismo de siempre: encadenar a las bestias como herramientas.

Yo tragué saliva, sin atreverme a decir una palabra aún. Kurama no había terminado.

—He sentido sus intenciones, Naruto. He visto cómo observan, cómo planean. Ese Martillo que cargas… ese poder antiguo, despierta el hambre en los corazones de estos "cultivadores". Y ahora este maldito sistema te lanza otra cadena, otra tarea, sin siquiera explicarte nada. Y tú... ¿quieres que me convierta en parte de eso?

—No es eso… —respondí al fin, con la voz algo temblorosa—. No quiero usarte. Quiero sobrevivir. Quiero entender qué está pasando. Si eres parte de mí, entonces necesito tu ayuda… no como una herramienta, sino como un aliado.

Kurama chasqueó los colmillos, y durante un largo instante no dijo nada. Solo me miró, evaluándome. Como si buscara algo más allá de mis palabras.

—Aliado, ¿eh? Eso no es lo que muchos me han ofrecido antes. Tú no eres especial por tenerme dentro. Pero... —inclinó un poco su enorme cabeza, sus ojos brillando con una chispa distinta—. Tienes agallas para venir aquí y hablarme como un igual. Eso, al menos, me divierte.

Guardó silencio otro momento, y luego murmuró, más bajo:

—Tal vez… solo tal vez… si quieres que luche contigo, primero tendrás que demostrar que no eres como los demás. Este mundo… este sistema… quieren doblegarme. Pero tú, Naruto… puedes ser distinto.

Levantó la cabeza con un rugido sordo que sacudió las paredes del lugar.

—Escúchame bien: no soy tu segunda alma marcial. Aún. Si quieres mi poder, tendrás que ganártelo. Hazme respetarte. Hazme verte como algo más que otro humano sediento de poder. Y entonces… quizás... te permita llamarme por mi nombre sin que eso me dé náuseas.

Me quedé en silencio. Sabía que no había ganado nada aún. Pero algo había cambiado.

Por primera vez, sentí que Kurama no era solo un poder oculto, sino un ser con voluntad. Un ser que estaba empezando a observarme… no como huésped, sino como posible compañero.

Y así, el escenario estaba listo. El primer paso para despertar mi segunda alma marcial no era encontrar poder… era ganarme su respeto.

Kurama retrocedió ligeramente, su mirada aún afilada como una hoja.

—Muy bien, mocoso… si quieres que me convierta en tu Alma Marcial, si quieres tener mi poder sin convertirte en un monstruo como los que me encerraron antes, entonces te pondré a prueba.

Sus ojos brillaron con una intensidad rojiza y, de pronto, todo el mundo alrededor comenzó a temblar.

—Esta no será una pelea. No necesito medirme contra un insecto para saber cuánto vales físicamente. Esta será una prueba de voluntad. De juicio. De quién eres realmente cuando no hay tiempo para pensar y todo lo que te queda… es decidir.

La oscuridad se arremolinó alrededor mío, y sentí cómo mi cuerpo era arrastrado hacia otro lugar dentro de mi conciencia.

Cuando abrí los ojos, estaba de vuelta en el Bosque Estelar... pero algo andaba mal.

—¿Zhu Zhuqing? —dije, al notar su figura tirada en el suelo, sangrando del brazo.

Ella me miró con expresión de dolor, mientras a su lado un pequeño niño, no mayor de diez años, lloraba desconsoladamente. Vestía harapos y estaba encadenado a un poste como si fuera una bestia. Detrás de ellos, un Maestro del Alma con tres anillos (uno amarillo, dos morados) se reía con crueldad.

—No te metas, chico —dijo el maestro, mirándome—. Esto es parte de mi entrenamiento. Esa gata se entrometió, y el niño es mi nueva bestia espiritual en proceso de domesticación.

Sentí una presión en el pecho. Todo dentro de mí pedía actuar, liberar el martillo, golpear, hacer justicia. Pero una voz resonó de nuevo.

[Advertencia del sistema: este escenario es una simulación de prueba. La muerte no es real, pero las decisiones lo son. Solo se puede salvar a uno.]

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué? —murmuré—. ¿Salvar a uno?

Kurama volvió a hablar, su voz como un eco lejano:

—Esa es tu prueba, chico. No se trata de fuerza, se trata de peso. De aquello que un día tendrás que cargar sobre tus hombros. Un aliado herido o un inocente desconocido. Elige. Solo puedes salvar a uno.

Zhu Zhuqing, jadeando de dolor, alzó la mirada y dijo con dificultad:

—No lo pienses... salva al niño.

El pequeño sollozaba, encogiéndose contra el poste mientras el maestro avanzaba con una sonrisa maliciosa.

Tenía segundos para actuar.

Mis piernas temblaban. Mi cuerpo gritaba por hacer algo. Pero ¿Qué era lo correcto?

Mis puños temblaban. Mi mente gritaba para que decidiera. Una parte de mí quería correr hacia Zhu Zhuqing. Otra me rogaba que salvara al niño. Pero en medio de esa tormenta de pensamientos, una sola idea atravesó mi mente como un rayo.

No voy a elegir.

—¡No me importa si esto es una prueba, o un juego enfermo! —grité con toda la fuerza que tenía en el pecho—. ¡Yo voy a salvar a los dos!

La voz de Kurama resonó con burla desde la nada.

—¿Otra vez con esa testarudez? Eres un tonto, mocoso. Si no tomas una decisión, los perderás a los dos. ¡Así es como funciona el mundo!

—¡Entonces cambiaré ese mundo también! —bramé mientras corría hacia el maestro del alma.

El falso enemigo se giró sorprendido, y sin pensarlo me lancé directo hacia él. No tenía el Martillo del Cielo Claro en mis manos. No tenía técnicas espectaculares ni anillos espirituales que me respaldaran. Solo tenía mi voluntad. Y eso fue suficiente para mover mi cuerpo.

Apreté los dientes mientras sentía la energía espiritual bullir en mi interior como si algo… o alguien respondiera a mi grito.

Una ráfaga de chakra rojo estalló desde mi espalda, envolviéndome por un segundo con una silueta casi fantasmal. Era como una sombra con forma de zorro que me cubría, etérea, incompleta… pero real.

El alma marcial estaba empezando a despertar.

—¡Hagámoslo! —grité, lanzando un golpe directo que rompió las cadenas del niño en una explosión de energía rojiza.

El maestro del alma retrocedió. Su figura comenzó a desvanecerse, y lo mismo con el entorno. Zhu Zhuqing, el niño… todo comenzó a desvanecerse como si estuviera hecho de humo.

Mi respiración era pesada. Caí de rodillas, jadeando.

La voz de Kurama volvió a sonar, más suave esta vez, casi con un toque de respeto.

—Hmph… qué molesto eres. Siempre luchando contra lo que no entiendes. Siempre arrastrándote hacia adelante sin aceptar las reglas.

Pude ver su silueta frente a mí, cruzado de brazos, su pelaje ondeando en esa prisión mental.

—Muy bien. No me importas lo suficiente como para pelear contigo por esto. Pero si insistes tanto… aceptaré ayudarte. No porque me caigas bien, sino porque me interesa ver hasta dónde puedes llegar con esa obstinación tuya.

[Felicidades. Has completado la Prueba del Zorro.

Kurama ha aceptado convertirse en tu Segunda Alma Marcial.

Estado actual: Vinculación Parcial (1 de 9 colas desbloqueadas)

Recompensa: 3 niveles]

La energía rojiza se arremolinó a mi alrededor, como si una parte de mí se solidificara. No era tan poderosa como el Martillo del Cielo Claro… pero era mía. Y sentí que una nueva fuerza nacía dentro de mí.

Cuando abrí los ojos, ya no estaba en mi conciencia. Estaba sentado en el bosque, con Zhuqing frente al fuego, mirándome con una ceja arqueada.

—¿Tuviste una pesadilla?

Sonreí levemente.

—No… fue una conversación con una bestia bastante cabezota.

Ella frunció el ceño, confundida, pero no dijo nada más. Y yo, por primera vez en ese día, sentí que no estaba solo.

Kurama estaba conmigo.


El resto del viaje fue silencioso. Aunque Zhu Zhuqing no volvió a mencionar nada sobre mi alma marcial o los anillos morados, sabía que sus palabras seguían rondando su mente… igual que en la mía. Cada paso que daba hacia Ciudad Suotuo se sentía como si me acercara a algo más grande de lo que podía entender.

Cuando por fin vimos las murallas de la ciudad, ya era entrada la tarde. Las calles estaban llenas de gente: comerciantes, viajeros, y muchos jóvenes con uniformes de academias. Parecía una ciudad vibrante, pero también había una tensión subyacente que no terminaba de identificar.

Zhu Zhuqing caminaba como si quisiera evitar ser reconocida.

—¿Qué pasa? —le pregunté en voz baja.

Ella dudó un momento antes de responder.

—Hay alguien aquí que preferiría evitar por ahora.

No necesitó decir más. Lo entendí de inmediato. Aunque no lo había mencionado antes con nombre y apellido, sabía que hablaba de Dai Mubai, su prometido por obligación. Aquel del que me había hablado con desprecio disfrazado de indiferencia.

Entramos por la avenida principal, buscando alojamiento, pero el bullicio cerca de una posada llamó nuestra atención. Un grupo de curiosos se había reunido en un círculo, gritando y animando como si estuvieran presenciando un espectáculo.

Zhu Zhuqing se tensó de inmediato.

—Es él —dijo con frialdad, y avanzó sin esperar.

La seguí, abriéndome paso entre la multitud hasta que lo vi.

Un joven de cabello rubio, musculoso, con aire arrogante y una sonrisa desafiante. Frente a él, otro muchacho más delgado pero de mirada aguda y serena. Al parecer se llamaba Tang San por lo que pude escuchar de lejos.

Ambos estaban en combate, no con violencia extrema, pero sí con una intensidad que acallaba cualquier risa del público. El espíritu de hierba azul plateada de Tang San se extendía por el suelo como una red de hilos vivientes, mientras Dai Mubai usaba su presión física y sus anillos de alma para forzar una ventaja.

Zhu Zhuqing no dijo nada, pero la vi apretar los puños.

—¿Quieres intervenir? —pregunté.

Ella negó con la cabeza.

—No vale la pena. Aún no.

Yo observaba en silencio… hasta que el sistema volvió a activarse dentro de mi mente, con ese tono frío y mecánico que ya comenzaba a reconocer.

[Misión oculta desbloqueada.

Objetivo: Romper el contrato de matrimonio entre Zhu Zhuqing y Dai Mubai.

Recompensa:

-Aumento en afinidad de compañera de equipo

-Tecnica de Cultivo Dual

Advertencia: Esta misión implica enfrentarse a intereses políticos del Clan Estrelladel Tigre Blanco. Requiere estrategia, no solo fuerza.

Fracaso: Ser Netorareado]

¿Ser Neto-que?¡¿Qué demonios significa eso?! ¡¿Cultivo Dual?! No pude evitar pensar que este sistema lo estaba empujando a ser un gato rompehogares. No sabía que significaba el fracaso de la misión pero no pude evitar sentir que el sistema se estaba burlando de mi.

Mientras reflexionaba sobre la misión,el combate terminó en una tregua respetuosa entre Dai Mubai y Tang San, la multitud comenzó a dispersarse.

Zhu Zhuqing y yo aprovechamos la oportunidad para buscar alojamiento en la ciudad. Mientras caminábamos, ella se detuvo y me miró fijamente.

—Naruto, he decidido unirme a la Academia Shrek. Necesito fortalecerme y creo que es el mejor lugar para hacerlo.

Su determinación era evidente. Asentí, comprendiendo que esta decisión también podría brindarme la oportunidad de crecer y aprender en este mundo.

—Te acompañaré. También quiero hacerme más fuerte y descubrir más sobre mi alma marcial.

Zhu Zhuqing esbozó una leve sonrisa, y juntos nos dirigimos hacia la Academia Shrek, conscientes de que este sería el comienzo de una nueva etapa en nuestras vidas.

Fin de capitulo