Capítulo 21: No podrán conmigo.

Era un día como cualquier otro, Finn caminaba tranquilamente hacia la entrada de la escuela con su característica mochila verde colgando del hombro y la cabeza ocupada en pensamientos dispersos. El aire frío de la mañana lo ayudaba a mantenerse despierto mientras observaba a los demás estudiantes pasar a su lado, inmersos en sus propias conversaciones y rutinas.

Al llegar al patio central, justo antes de dirigirse a la entrada principal, un extraño ruido llamó su atención. Apenas tuvo tiempo de dar un paso hacia atrás cuando algo pesado cayó con un estruendoso ruido frente a él, el golpe seco lo hizo retroceder un poco más y su mirada bajó instintivamente hacia el suelo. Ahí estaba: su escritorio, el mismo que usaba en clases con las esquinas ya algo desgastadas por los años, ahora yacía destrozado en el pavimento. Alrededor de él, había hojas de papel que reconoció al instante, las cuales comenzaron a volar con el viento esparciendo sus garabatos, apuntes y dibujos por todo el lugar.

Finn alzó la vista rápidamente hacia el segundo piso buscando el origen del desastre, y lo vio. Mark, inclinado hacia afuera de la ventana del aula, le sonreía con esa arrogancia que tanto odiaba. A su lado estaban dos de sus secuaces riéndose entre dientes mientras intentaban no llamar demasiado la atención de los demás.

-Ooops, me parece que ya no perteneces aquí-dijo Mark, su tono burlesco resonando en los oídos de Finn como un eco desagradable.

Finn no respondió, su mandíbula se tensó y sus dedos buscaron instintivamente el brazalete plateado que Fern le había regalado. Lo rozó con cuidado recordando las palabras del chico:

"Cuando te sientas solo o herido, cúbrelo con tu mano y piensa que estoy ahí contigo"

Inspiró profundamente y cerró los ojos un momento, podía sentir la mirada burlona de Mark clavada en él pero esta vez no iba a ceder. Ya no.

Por mucho tiempo, he intentado seguir con mi vida e ignorar los acosos… pero ahora, todo será diferente. No voy a dejar que el miedo me gane, ellos no van a poder conmigo.

Finn abrió los ojos y soltó un suspiró dejando caer los hombros mientras su expresión cambiaba, no había miedo ni sorpresa en su rostro, solo determinación. Sin mirar a Mark ni a sus compañeros otra vez, comenzó a recoger sus cosas, incluido su escritorio. Un grupo de estudiantes que había presenciado el incidente lo miraban con curiosidad, algunos murmuraban entre ellos, otros simplemente observaban en silencio. Finn no les prestó atención, se arrodilló, tomó uno de sus papeles arrugados y lo alisó con calma.

Cuando terminó de reunir todo, enderezó la espalda y sin voltear hacia la ventana, entró al edificio con pasos lentos pero firmes, llevando consigo sus papeles y escritorio como podía. La sensación del brazalete contra su muñeca le recordaba que no estaba solo.


Hace unos días atrás…

El sol apenas empezaba a asomarse por el horizonte cuando Finn abrió los ojos, parpadeó un par de veces acostumbrándose a la tenue luz que se filtraba por las persianas de su habitación. La alarma de su teléfono marcaban las 6:30 a.m pero hoy no la había necesitado, llevaba días despertándose temprano, incapaz de dormir tranquilo. Tras la confrontación con sus bullies en la oficina del director, Finn sentía que ahora no podía tener ni un minuto de paz, sus días estaban llenos de una constante tensión, siempre esperando el siguiente movimiento, el siguiente golpe. Sabía que ellos lo culpaban. Que ellos pensaban que era su culpa por "atreverse" a dejar que su madre interviniera, por "humillarlos" delante de la autoridad.

Se incorporó lentamente, sintiendo el peso de la fatiga acumulada en sus hombros. Desvió la mirada hacia Jake, el perro de pelaje amarillo-anaranjado seguía durmiendo profundamente a los pies de su cama, no pudo evitar sonreírle con cierta envidia.

-Tienes suerte, amigo-murmuró en voz baja, como si temiera romper la calma de la mañana. Sus pensamientos no tardaron en regresar al día anterior, reviviendo la reunión con el director, las miradas acusatorias de Mark y sus amigos, y la fría sensación de injusticia que lo había dejado con un nudo en el estómago. Estiró los brazos y saltó de la cama dejando que sus pies tocaran el frío suelo, miró su confiable mochila verde que había preparado la noche anterior, lista para otro día de escuela, el simple pensamiento lo hizo estremecerse, cada paso por los pasillos, cada clase, cada descanso entre períodos, era como caminar sobre una cuerda floja, esperando caer. Pero Finn apretó los puños, decidido. Había tomado una decisión: no se rendiría. Aunque sus bullies intentaran aplastarlo, aunque el miedo lo mantuviera en vilo, no les daría la satisfacción de verlo caer. Con un último vistazo a Jake, Finn se preparó para otro día recordando las palabras de alguien que siempre lograba tranquilizarlo.

"No podrán contigo si tú no los dejas."

-Vamos a intentarlo otra vez-se dijo a sí mismo con una débil sonrisa que no le llegaba a los ojos. Tras terminar de vestirse, y mientras se ponía su sudadera favorita, una de color azul oscuro con la palabra "BLE" en el centro escrita en rojo, escuchó un suave golpeteo en la puerta, lo que despertó a Jake, quien primero sacudió la cabeza y luego miro hacia la puerta, gruñó dándole a entender a Finn que se estaba preparando para ladrarle a quién sea que estuviera del otro lado, pero el adolescente intervino a tiempo-Jake, no. Tranquilo. Quizás sea mi mamá-

-¿Finn?-y no se equivocaba, la voz de Minerva resonó del otro lado-¿ya estás despierto? baja, el desayuno ya está listo-

-Saldré en un minuto-respondió esforzándose por sonar más animado de lo que realmente estaba. Jake, satisfecho con la explicación, dejó de gruñir y volvió a tumbarse en la cama, aunque seguía vigilando la puerta con sus grandes ojos atentos. Finn, por su parte, se miró en el espejo del armario una última vez antes de dirigirse a la puerta. Por fuera parecía tranquilo, pero por dentro, la ansiedad y el cansancio seguían pesando sobre él-un día a la vez, Finn...-murmuró para sí mismo, antes de girar el picaporte y salir de su habitación, preparándose para afrontar lo que el día le deparara.

Bajó las escaleras con pasos lentos, encontrándose con el cálido aroma del café y las tostadas recién hechas. Minerva estaba sentada en la mesa de la pequeña cocina, hojeando un periódico local pero al verlo entrar, dejó de leer y le dedicó una pequeña sonrisa.

-Buenos días, cariño ¿dormiste bien?

Finn se encogió de hombros corriendo la silla desocupada para tomar asiento frente a su madre.

-Más o menos.

Minerva lo observó detenidamente, notando las ojeras bajo sus ojos y la falta de entusiasmo en la voz.

-Si necesitas quedarte en casa hoy, puedo avisarle a la escuela.

-¡No!-exclamó Finn, a lo que la mujer lo observó con una ceja arqueada-quiero decir, no, está bien. No quiero quedarme-

Había una determinación en sus palabras que hizo que Minerva no insistiera. En lugar de eso, le sirvió un poco de jugo y dejó que desayunara en silencio.

-Recuerda que si pasa algo no dudes en llamarme-añadió la mujer suavemente. Finn asintió agradecido por el silencioso apoyo de su madre, aun así, no quería preocuparla más de lo necesario.

Poco después terminó el desayuno, se despidió de Minerva con un abrazo rápido y salió de su casa, ajustando las correas de su mochila en los hombros. El aire fresco de la mañana lo recibió, despejando un poco la nube de ansiedad que lo había acompañado desde que se despertó. Caminó por las calles conocidas con un ritmo constante, dejando que los sonidos del vecindario lo acompañaran: el ladrido ocasional de un perro, el ruido de los autos que pasaban, el crujido de las hojas bajo sus pies. Por un momento, permitió que la rutina lo tranquilizara, como si nada fuera a interrumpir ese pequeño momento de paz.

Pero cuando la escuela apareció en su campo de visión, su cuerpo se tensó ligeramente. La sombra de lo que le esperaba en ese lugar volvió a caer sobre él, recordándole que su batalla estaba lejos de terminar.

No voy a dejar que ellos ganen…

Apretó las correas de su mochila como si fuera un recordatorio de su determinación, a pesar de todo. Estaba listo para enfrentar lo que el día le deparara.

A medida que caminaba por el pasillo y se acercaba hacia su locker, comenzó a notar pequeños detalles que hicieron que una sensación incómoda le recorriera el cuerpo. Primero fue la mirada de un grupo de estudiantes que, al verlo, intercambiaron risas silenciosas y comentarios apenas audibles. Luego, fueron las hojas de papel esparcidas por el suelo del pasillo cuando entró al edificio: eran de un cuaderno que reconoció de inmediato, uno de los que solía usar para tomar notas.

Recogió las hojas rápidamente, mirando alrededor con desconfianza. Nadie se detuvo a ayudarlo ni pareció prestarle atención. Algunos incluso pasaron por encima de las hojas sin siquiera disculparse.

Cuando llegó frente a su locker, una ráfaga de aire frío lo golpeó, y no fue por el clima. Estaba entreabierto. Finn sintió que su corazón daba un vuelco temiendo que alguien se hubiera atrevido a invadir su casillero para poder robarse sus pertenencias. Al abrirlo por completo, encontró su interior completamente vacío, sus libros de clase y cuadernos habían desaparecido, dejando solo un par de envolturas de caramelos arrugadas, y un graffiti que decía:

"NO VUELVAS."

Finn apretó los dientes, intentando contener la rabia.

-No podrán conmigo-pensó cerrando de golpe el casillero.

Al otro lado de la ciudad, en la cochera de una vieja pero elegante casa, Marceline afinaba las cuerdas de su bajo mientras Georgy discutía con Booboo sobre qué canciones deberían tocar para grabar primero.

-La balada tiene que ir al inicio-insistió el baterista, apuntando al título de un cuaderno con las páginas llenas de tachaduras y garabatos.

-¡No! la balada es el cierre perfecto-replicó Booboo cruzándose de brazos.

-¿Por qué mejor no lo decidimos después?-preguntó Wendy desde el otro lado de la habitación, golpeteando ligeramente uno de los platillos de la batería para llamar la atención de ambos hombres-ni siquiera hemos llegado al estudio aún-

Marceline los ignoraba, concentrada en afinar su instrumento y repasar mentalmente las letras. El ruido caótico a su alrededor era lo único que lograba calmarla antes de comenzar un gran evento, estaba tan inmersa en su mundo que no notó los pasos acercándose a la cochera, ni el crujir de la puerta abrirse. Al elevar la mirada, se encontró con su padre, Hunson, de pie en el umbral, observándola con una expresión desafiante.

-¿Qué quieres ahora?-preguntó la joven de largo cabello oscuro con un tono más cortante del que había esperado.

-Solo quiero hablar contigo antes de que se vayan-respondió Abadeer entrando en la cochera sin esperar invitación.

-Si vienes a sermonearme sobre mi "futuro" y lo "irresponsable" que soy, no tengo tiempo para eso.

Hunson levantó las manos en señal de rendición.

-No vine para eso, Marcy-ella arqueó una ceja incrédula pero dejó su bajo a un lado para escuchar lo que sea que tuviera que decir-quería desearte suerte-dijo con un tono sorprendentemente relajado-sé que este disco significa mucho para ti, y… bueno, sé que he sido muy duro contigo en el pasado pero creo que tu madre estaría orgullosa de lo que estás haciendo-

El corazón de Marceline se encogió ante esas palabras.

-¿De verdad piensas eso?-preguntó intentando mantener su tono neutral.

-Sí-respondió Hunson-lo lamento, Marcy. Por todo-

Por un momento, el caos en la cochera desapareció dejando solo a padre e hija en un raro instante de conexión. Marceline asintió lentamente, sin saber qué responder, pero sintió que, quizás, esta vez las palabras de su padre eran sinceras.

-Gracias-murmuró al final volviendo su atención al bajo para ocultar su expresión.

Hunson sonrió ligeramente y salió de la habitación dejándola sola con sus pensamientos.

Georgy y Booboo seguían discutiendo sobre el orden del setlist, Wendy intentaba mediar con paciencia, y Marceline permanecía ensimismada en su bajo, afinando las cuerdas y dejando que la música en su cabeza la guiara. El inesperado acercamiento de su padre, Hunson, la había tomado por sorpresa, y aunque las palabras de apoyo resonaban en su mente, una parte de ella no podía evitar preguntarse si eran genuinas o simplemente un intento torpe de reparar los daños de años de desaprobación y distancia.

-¿Todo bien, Mar?-preguntó Wendy, apoyando su teclado sobre su regazo mientras observaba a su amiga con curiosidad.

La joven desvió la mirada, dándose cuenta de que había permanecido en silencio más tiempo del que se imaginaba.

-Eh, s-sí. Solo estaba… pensando-respondió mientras ajustaba el volumen de su amplificador. Wendy la observó con un deje de escepticismo y preocupación, pero decidió no presionarla.

-Bueno, más te vale concentrarte en la música. Porque tenemos que dar una buena impresión hoy-dijo refiriéndose al productor que evaluaría su demo más tarde.

-Tranquila, sé lo que hago. Estoy lista-respondió Marceline dejando que una pequeña sonrisa se dibujara en su rostro.

Georgy y Booboo finalmente llegaron a un acuerdo, aunque más por agotamiento que por convicción, y los preparativos continuaron su curso. Marceline cerró los ojos mientras tocaba, dejando que el sonido de la banda se mezclara con el ruido persistente en su cabeza. No era perfecto, pero estaba cerca, y eso era lo único que importaba ahora.

De vuelta en la escuela, Finn seguía lidiando con las consecuencias de la mañana. Durante la clase de geografía, uno de sus compañeros le deslizó una nota, al abrirla encontró un dibujo bastante burdo que lo caricaturizaba junto a frases insultantes que hicieron que su rostro se encendiera de rabia y vergüenza; sin embargo, en vez de provocar una escena, guardó el papel y siguió prestando atención a la clase como si nada.

-No van a poder conmigo-murmuró para sí mismo, repitiéndose la frase como un mantra mientras intentaba ignorar las miradas y las risas.

Para colmo el día no mejoró en lo absoluto. Después de recibir ese espantoso dibujo, soportó miradas burlonas en los pasillos y risitas ahogadas en cada clase. Pero lo peor llegó durante la clase de gimnasia. Luego de correr varias vueltas al campo bajo el sol del mediodía, Finn estaba agotado. Se dirigió a las duchas junto con los demás, dejando sus cosas en el vestidor, como siempre hacía cada vez que iba allí.

Mark, quién había estado observándolo durante toda la clase con esa sonrisa burlona que Finn ya conocía demasiado bien, se giró hacia uno de sus "amigos" mientras el adolescente desaparecía en la ducha.

-Oye tú, ve al vestidor y hazte cargo de sus tenis-le susurró a Blombo dándole un codazo.

Aunque dubitativo al principio, éste finalmente asintió y se escabulló al vestidor. Apenas Finn terminó de ducharse y regresó al vestidor se dio cuenta que algo no estaba bien, sus tenis no estaban donde los había dejado: sobre una banca junto a su ropa, miró alrededor, revisó debajo de las demás bancas y en los casilleros abiertos pero no había señales de ellos. El tiempo corría y tenía clase de historia con el profesor Petrikov en cinco minutos, no había forma de que pudiera buscarlos ahora.

Con un suspiro resignado, se puso los calcetines y salió del vestidor sintiendo las miradas de los demás en sus pies descalzos mientras caminaba por el pasillo. Cuando entró en el salón de clases, Simon lo miro por encima de sus gafas con una expresión de desaprobación.

-Finn Mertens ¿dónde está tu calzado?-preguntó con tono severo.

Finn tragó saliva sabiendo que no tenía una buena respuesta.

-Los… los extravié, profesor. No me dio tiempo a buscarlos.

El hombre arqueó una ceja claramente no muy convencido.

-Se extraviaron ¿eh? bueno, espero que los encuentres pronto. Pero mientras tanto, no puedes andar descalzo por la escuela, es contra el código de vestimenta.

Finn asintió, sintiendo como las miradas de sus demás compañeros lo quemaban.

-Lo entiendo, profesor. Lo siento.

-Muy bien, toma asiento-le ordenó Simon volviendo su atención a la pizarra. Finn se sentó al fondo del salón, deseando poder desaparecer. Mientras tanto, en el corredor, Mark y sus amigos reían en voz baja, disfrutando del espectáculo que habían causado.

En lo que transcurría la hora de clase, Finn intentaba enfocarse en lo que el profesor Petrikov explicaba en la pizarra pero su mente no dejaba de divagar. La incomodidad de estar solo con los calcetines en una clase llena de estudiantes lo hacía sentir completamente expuesto. Apretaba el bolígrafo con fuerza mientras intentaba tomar notas, pero las palabras de Simon se sentían lejanas, como si estuvieran bajo el agua.

De repente, escuchó un pequeño sonido, casi como un chasquido, proveniente del lado izquierdo del salón. Giró la cabeza ligeramente, sin llamar demasiado la atención, y vio a Phoebe, que lo miraba con una mezcla de discreción y simpatía.

Ella le hizo un gesto con la mano indicándole que mirara debajo de su escritorio. Finn frunció el ceño, algo confundido, pero cuando miró hacia abajo, vio que ella había deslizado un par de tenis hacia él, eran algo viejos, con un par de manchas en la tela blanca y las suelas ligeramente desgastadas, pero estaban limpios y claramente bien cuidados. Finn levantó la vista hacia Phoebe, sorprendido, y ella solo se encogió de hombros con una pequeña sonrisa.

El chico rubio tomó los tenis con cuidado, intentando no hacer ruido, y notó que eran un poco más pequeños que su talla. Aun así, se los puso rápidamente debajo del escritorio. Sentía los dedos algo apretados, pero no le importó.

Phoebe inclinó la cabeza hacia él y susurró en voz baja.

-No te preocupes por devolverlos. Solo quiero que no te metas en problemas.

Finn asintió lentamente, sin saber qué decir. Su pecho se llenó de una cálida sensación que, por un momento, alivió el nudo de incomodidad que había sentido todo el día. Desde el frente del salón, Petrikov se aclaró la garganta, y ambos volvieron su atención a la pizarra, aunque el adolescente no pudo evitar sonreír levemente mientras anotaba lo que el profesor escribía.

Por primera vez en lo que llevaba de la jornada escolar, sintió que podía soportar un poco más de todo esto.

"Marceline & The Scream Queens" estaban en el estudio de grabación, un espacio amplio con paneles de aislamiento acústico en las paredes y una consola de mezclas que parecía salida de una película. Era la primera vez en sus vidas que se enfrentaban a un entorno tan… profesional, y la emoción era palpable en el aire, aunque también lo eran los nervios.

-Bueno, aquí estamos-dijo Wendy dejando caer su bolso que contenía su teclado junto a una batería desmontada-nuestro primer disco oficial-

Fern, sentado en una de las sillas giratorias junto a su guitarra eléctrica, golpeteaba sus dedos contra el borde de una mesa, su pierna derecha no dejaba de moverse en señal de inquietud.

-Esto es… esto es en serio ¿verdad?-murmuró mirando a Marceline como si buscara su aprobación.

Marceline, quien se encontraba afinando su bajo, levantó la cabeza y le lanzó una sonrisa confiada.

-Por supuesto que lo es, por eso estamos aquí. Pero, Fern, relájate, todo va a salir bien.

-Sí, es fácil para ti decirlo, Marcy-comentó Booboo riendo suavemente mientras presionaba las llaves de su trompeta-tú eres la que tiene más experiencia aquí. Yo siento que voy a romper algo antes de siquiera poder tocar una nota-

-Este lugar es más… acogedor de lo que imaginaba-comentó Georgy mirando a su alrededor mientras ajustaba su bufanda.

Fern ya estaba jugueteando con las mezcladoras de sonido de la consola.

-¡No toques nada, Fern!-gruñó la joven de largo cabello oscuro enfocándose en su bajo-nos van a sacar de aquí antes de poder empezar-

Antes de que el rubio de ojos verdes pudiera responder, la puerta del estudio se abrió y entró el productor: un hombre de cabello corto, bufanda gris alrededor de los hombros, un sombrero que debió pertenecerle a algún músico que conoció en el pasado, y gafas rectangulares, con aire relajado pero profesional.

-Buenos días, chicos. Mi nombre es Pat, seré su productor. Mi trabajo es asegurarme de que saquemos el mejor sonido de ustedes. No se preocupen si cometen errores; de eso se trata estar en el estudio. Aquí pueden experimentar y repetir todo lo que necesiten-el grupo asintió en silencio, aunque algunos se mostraban más tensos que otros, Pat continuó-tenemos cinco días asignados para este proyecto y podrán grabar un máximo de veinte canciones. Si logramos menos, no pasa nada, pero quiero que tengan en cuenta que la calidad es más importante que la cantidad. Tómense su tiempo y den lo mejor de ustedes-

Marceline dio un paso adelante, asumiendo su papel como la líder de la banda.

-Entendido, Pat.

-Cuando estén listos, comenzamos con la primera pista. Sin presiones ¿de acuerdo?

Tras decir eso, el hombre se retiró de la sala directo a la cabina de audio, una vez que el grupo se quedó a solas, la joven tomó aire profundamente, ajustó el micrófono frente a ella y antes de comenzar con la primera canción del disco, miró a su banda.

-Chicos, escuchen. Sé que todos estamos un poco nerviosos hoy, pero esto es lo que hemos estado esperando. Hemos trabajado muy duro para llegar hasta aquí, y confío en cada uno de ustedes. Vamos a tomar este proyecto con calma, grabaremos canción por canción para que así el disco quede perfecto ¿están todos conmigo?

Los demás accedieron con más confianza y convicción esta vez.

-Gracias, Marcy. Necesitaba escuchar eso-dijo Fern, quién se permitió darle una pequeña sonrisa sin dejar de sostener su guitarra.

-¡Perfecto!-exclamó Pat, quién aplaudió suavemente para llamar la atención del grupo-empecemos entonces, Marceline, como eres la vocalista principal y líder de la banda ¿quieres ser la primera en grabar?-

-Claro-la joven asintió-empecemos con la primera canción de la lista-

Mientras se colocaba los auriculares y se dirigía al micrófono, los demás la observaron en silencio. Su presencia tranquila y decidida les daba confianza. Marceline cerró los ojos por un momento, tomando aire profundamente antes de empezar a tocar las primeras notas de su bajo. Georgy comenzó a marcar el ritmo en los tambores y las primeras notas de la guitarra de Fern llenaron el espacio, Marceline cerró los ojos mientras su voz se unía al sonido dejando que la música la envolviera. El sonido llenó el estudio, rico y vibrante, cómo si canalizara toda su energía y pasión en esas primeras melodías.

A pesar de los nervios iniciales, había algo mágico en ese momento. Para Marceline, era un pequeño paso hacia algo más grande, y aunque el camino no estaba completamente claro, por primera vez en mucho tiempo, sintió que iba en la dirección correcta.

El gimnasio de la escuela era un bullicio de actividad, estudiantes iban y venían cargando cajas de luces, telas brillantes y figuras decorativas mientras el comité estudiantil daba instrucciones para transformar el espacio en un escenario digno de la temática del baile de invierno: "Noche Estrellada". Cerca de una de las paredes principales, un grupo de chicos trabajaba en un enorme lienzo que serviría como fondo. La pintura, inspirada en el icónico cuadro de Van Gogh comenzaba a tomar forma con sus tonos azules vibrantes y remolinos dorados que simulaban estrellas.

Finn estaba sentado en el suelo ajustando una serie de guirnaldas de luces que colgarían del techo mientras conversaba animadamente con Phoebe, quien lo ayudaba a desenredarlas. Ambos reían entre pequeños tropiezos con cables, disfrutando del trabajo en equipo; sin embargo, no muy lejos de ellos, Mark y sus inseparables "amigos" los observaban con aire de suficiencia. Al notar la buena disposición de Finn, Mark frunció el ceño y se inclinó hacia los otros susurrando algo que hizo que rieran en complicidad.

El grupo se acercó a donde estaba el rubio de ojos azules, llevando varios objetos con ellos: decoraciones a medio terminar y herramientas esparcidas.

-Oye, Mertens-dijo Mark con una sonrisa falsa mientras dejaba caer una caja de adornos frente a él-vamos a tomar un descanso ¿te molestaría terminar esto por nosotros?-

Finn alzó la mirada algo desconcertado, pero antes de que pudiera responder, Mark ya le estaba entregando un rollo de tela brillante y se alejaba hacia la salida del gimnasio.

-Sí, gracias, Finn-dijo Jamaica dejando una pila de estrellas de papel y riendo mientras se iba con los demás.

-¡Eres un verdadero héroe!-añadió Blombo en tono burlón, chocando los cinco con Toughy.

Phoebe al ver la situación, frunció el ceño y se cruzó de brazos.

-Pero ¿qué rayos les pasa? ¡no pueden simplemente irse así y dejarte todo el trabajo!-exclamó con indignación dando un paso hacia ellos. Finn negó con la cabeza y detuvo a su amiga tomándola del brazo suavemente.

-Déjalos, Phoebs. No vale la pena-respondió con media sonrisa-puedo encargarme de esto, no te preocupes-

La chica lo miro confundida pero terminó respetando su decisión, confiando en que él sabía cómo manejar la situación. Por otro lado, en el patio trasero de la escuela, Mark y sus amigos habían encontrado una pelota olvidada y jugaban entre risas, despreocupados por los preparativos. No pasó mucho tiempo antes de que una silueta conocida apareciera frente a ellos: Heidi, una de las líderes del comité estudiantil.

-¿Qué están haciendo aquí?-los encaró Heidi con las manos en la cintura y una expresión severa.

-¿Tú qué crees que estamos haciendo? relajándonos-respondió Mark con obviedad rodando los ojos.

-Pues espero que estén bien descansados, Finn me contó que ustedes lo dejaron haciendo todo el trabajo para poder venir a perder el tiempo aquí-replicó la chica, su mirada se posó en cada uno de ellos.

Aquel comentario provocó que Jamaica dejara de reír por un instante y que Toughy evitara mirarla directamente.

-No tengo idea de qué estás hablando-mintió Mark intentando lucir despreocupado.

-Oh, por favor-Heidi arqueó una ceja incrédula-si no vuelven al gimnasio ahora mismo y terminan lo que dejaron pendiente, voy a asegurarme de que los profesores se enteren-

Aquella amenaza hizo que el grupo intercambiara miradas nerviosas. Finalmente, Mark soltó un gruñido y, con un gesto hacia los demás comenzó a caminar de regreso al gimnasio.

-Esto no se queda así…-murmuró entre dientes, visiblemente molesto.

El gimnasio vibraba con el bullicio de los estudiantes trabajando, aunque algunos miembros del comité notaron la tensión en el aire cuando Mark y sus "amigos" regresaron, visiblemente contrariados después de su encuentro con Heidi. Se dirigieron con desgana hacia la zona donde habían dejado sus decoraciones incompletas, echando miradas furtivas en dirección a Finn quien seguía ocupado acomodando las luces junto a Phoebe.

-¿Qué mosca les picó?-susurró Phoebe percatándose de las miradas.

Aunque se también se dio cuenta, Finn optó por no hacerles caso y terminó de colgar las últimas luces. Minutos después, sintiendo sus manos pegajosas y llenas de polvo por el esfuerzo, decidió aprovechar que terminó su tarea para dirigirse al baño y lavarse las manos. Mientras salía del gimnasio, Mark se inclinó hacia Jamaica y murmuró algo en su oído señalando en dirección al rubio de ojos azules, el mencionado asintió con una sonrisa perversa, y Mark hizo un gesto para que lo siguieran.

En el baño, Finn había dejado correr el agua fría y se inclinaba sobre el lavabo, salpicándose el rostro y frotándose las manos para quitarse los restos de polvo y pegamento. Estaba tan concentrado en limpiarse que no notó cuando Mark y su grupo entraron, cerrando la puerta tras ellos con un golpe sordo.

-Vaya, vaya ¿miren quién está aquí? el héroe del comité estudiantil-dijo Mark apoyándose contra la pared con una sonrisa falsa.

Finn levantó la mirada, viendo a Mark desde el espejo del lavamanos ligeramente confundido.

-¿Qué rayos quieres ahora, Mark?

-Oh, nada. Solo quería, ya sabes, hablar un poco contigo sobre algo-dijo mientras avanzaba lentamente hacia él-¿sabes? me resulta curioso que justo después de que nos tomáramos un pequeño descanso, Heidi llegara a decirnos que supuestamente "dejamos todo el trabajo a medias"-

El adolescente se volteó y lo miro sin comprender.

-No tengo idea de a qué te refieres.

Mark soltó una risa seca aunque sus ojos irradiaban irritación.

-¿Así que ahora me tomas por tonto?-preguntó alzando ligeramente la voz. Finn abrió la boca para responder, pero antes de que pudiera decir algo, Mark notó algo en una esquina del baño: una cubeta transportable llena de agua jabonosa y un trapeador que el conserje había dejado ahí. La expresión de Mark cambió de repente, pasando de la molestia a una sonrisa fingidamente amistosa-¿sabes, Mertens?-añadió mientras señalaba la cubeta-hemos estado trabajando mucho ¿no crees que deberíamos aprovechar este pequeño descanso para refrescarnos un poco?-

-No estoy interesado en tus juegos, Mark-respondió Finn retrocediendo un poco.

Pero Mark no le dio tiempo para más. En un movimiento rápido, lo empujó con fuerza, haciéndolo caer al suelo. Finn soltó un quejido al golpearse contra las baldosas frías.

-¡Blombo, pásame la cubeta!-ordenó Mark, y su amigo obedeció de inmediato, arrastrando el recipiente hacia él mientras Jamaica tomaba el trapeador con una risa burlona.

-Aquí tienes-dijo Blombo carcajeándose. Antes de que Finn pudiera levantarse, Mark inclinó la cubeta y le arrojó el agua jabonosa encima, empapándolo de pies a cabeza. El frío del agua y el olor químico del detergente lo hicieron jadear mientras los otros reían a carcajadas.

-¡Vaya, Finn! creí que te estabas lavando las manos, pero parece que necesitabas un baño completo-se burló Jamaica mientras agitaba el trapeador como si fuera un cetro.

-¿Y qué tal si lo ayudamos a limpiarse?-añadió Mark con una sonrisa cruel. Jamaica avanzó con el trapeador, apuntando hacia la cara de Finn, quien sintió un nudo formarse en su garganta. Su cuerpo temblaba, mezcla de frío y rabia, y por un instante sintió ganas de echarse a llorar. Pero entonces, su mirada se posó en el brazalete de su muñeca, el que Fern le había regalado días atrás.

Pensó en lo que le diría si él estuviera allí presente.

"Eres más fuerte de lo que crees, Finn. No dejes que nadie te haga sentir menos."

Respiró hondo, cerrando los ojos un instante, y cuando los abrió, una chispa de determinación brillaba en ellos. Jamaica bajó el trapeador hacia su rostro pero Finn reaccionó a tiempo, con un movimiento rápido tomó el mango del trapeador, sorprendiéndolo. En un instante, el chico rubio se levantó de un salto y con un giro brusco le arrebató el trapeador de las manos.

-¿Qué diablos...?-balbuceó Jamaica retrocediendo.

Finn sostuvo el trapeador como si fuera un arma improvisada, apuntando hacia el grupo con firmeza.

-¡Ya basta, Mark! no pienso dejar que sigan tratándome como si fuera su juguete.

La seguridad en su voz hizo que incluso Mark dudara por un momento. Finn avanzó un paso, sosteniendo el trapeador como si supiera exactamente cómo usarlo, lo que hizo que los otros retrocedieran un poco.

-¡Vámonos de aquí!-murmuró Toughy jalando de la manga de Mark.

-Tch. No hemos terminado, Finn-gruñó Mark apuntándolo con un dedo antes de salir del baño seguido de su grupo.

El adolescente se quedó allí, empapado con el trapeador todavía en las manos. Respiró profundamente, dejando salir toda la tensión.

Lo logré… Me defendí…

Cuando los pasos de Mark y sus secuaces se desvanecieron por el pasillo, Finn se dejó caer contra la pared del baño soltando el trapeador con un sonido sordo contra el suelo. Su respiración seguía siendo irregular y su corazón latía con fuerza dentro de su pecho. Por unos segundos, el eco del silencio llenó el ambiente, interrumpido solo por el goteo del agua jabonosa que seguía cayendo de su ropa al suelo, Finn cerró los ojos y dejó que su cabeza cayera hacia atrás contra la pared mientras un remolino de pensamientos invadía su mente.

Fern tenía razón, no tengo que dejar que me pisoteen o me hagan menos.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro pero también sentía algo de amargura. Había querido evitar problemas, no incrementar el conflicto; no obstante, una parte de él se sentía aliviada. Por una vez en su vida no había dejado que Mark ni sus "amigos" se salieran con la suya. Se levantó con esfuerzo y se miró en el espejo. Estaba empapado, su cabello goteaba, y el olor del detergente le resultaba desagradable. Pero había algo más en sus ojos: una chispa de determinación que no había visto antes. Se inclinó sobre el lavabo, volvió a lavarse las manos y el rostro, respiró hondo.

No importa lo que hagan o digan, puedo con esto.

El día avanzó rápidamente y el sonido de la campana marcó el final de las clases. Los estudiantes comenzaron a salir del edificio conversando distraídamente sobre los preparativos del baile y las tareas que aún quedaban por terminar si es que querían finalizar el semestre tranquilos para así poder relajarse un poco y disfrutar de las dos semanas que tendrían de receso invernal. Finn salió de la escuela junto con Phoebe con su mochila verde colgando del hombro, todavía un poco mojado aunque menos que antes, tan solo esperaba no tener que contraer un resfriado, justo cuando le quedaban pocos días para terminar las clases y asistir al baile. La chica de cabello rojo cobrizo lo observó con curiosidad y preocupación.

-¿Te encuentras bien, Finn? Te veo… agotado-comentó ella. Finn le restó importancia al comentario esbozando una sonrisa.

-Estoy bien, Phoebe. Tuve un día… movido, eso es todo.

La chica lo observó por un par de minutos antes de cambiar de tema.

-Oye, estaba pensando ¿te apetece un chocolate caliente? Hay un lugar por aquí cerca que vende uno delicioso, podríamos ir antes de que oscurezca y cada quien deba volver a su casa a hacer la tarea.

El adolescente sonrió ampliamente, la idea de pasar un rato tranquilo con su mejor amiga le parecía justo lo que necesitaba.

-Suena genial, vamos.

Ambos comenzaron a caminar por la acera conversando sobre los planes para el baile, las decoraciones, Phoebe le comentó a Finn que quizás iría al baile usando un viejo vestido que le perteneció a su madre, pero, en eso, Finn detuvo su andar y frunció el ceño al ver un charco de lodo que reflejaba el sol del atardecer. No obstante, no era eso lo que lo había hecho detenerse, algo en él llamó su atención.

-¿Finn?-pronunció Phoebe deteniéndose-¿qué sucede?-

-Espera aquí un segundo-respondió caminando hacia el charco con cautela. Al acercarse, vio algo que lo dejó atónito: allí, parcialmente sumergidos en el lodo, estaban sus tenis. Los mismos que había perdido esa mañana cuando se estaba duchando en el vestidor del gimnasio de la escuela-¡mis tenis!-exclamó, olvidándose momentáneamente de todo lo demás. Se quitó rápidamente los tenis que Phoebe le había prestado y metió las manos en el charco, sacando sus tenis cubiertos de lodo. No le importaba lo sucios que estaban; se los quedó mirando con una mezcla de incredulidad y alivio-¡pensé que nunca volvería a verlos!-Phoebe, viendo la escena, se cruzó de brazos con una pequeña sonrisa.

-¿Todo este tiempo estaban ahí? ¡eso es tan raro!

Finn no perdió tiempo. Corrió hacia una mesa de picnic cerca del gimnasio y, usando unos pañuelos de papel que llevaba en la mochila, comenzó a quitar el lodo de sus preciados tenis. Aunque no quedaron perfectos, se veían lo suficientemente presentables para ponérselos de nuevo. Se sentó en el banco y se colocó sus viejos tenis con una sonrisa de satisfacción.

-Ah… ahora sí, mucho mejor. Me siento como si fuera yo mismo otra vez-dijo con un tono ligero, aunque en el fondo significaba mucho más para él.

Phoebe se acercó y se puso de pie frente a él apoyando la barbilla en la mano.

-Bueno, ¿listo para el chocolate caliente ahora que tienes tus fieles compañeros de vuelta?

Finn asintió, levantándose del banco, devolviéndole los tenis prestados a su amiga y acomodándose la mochila.

-Más que listo.

Ambos se dirigieron al pequeño café cercano, dejando atrás el gimnasio, el charco de lodo y el pesado día. Aunque Finn sabía que aún le quedaban obstáculos por enfrentar, en ese momento, con Phoebe a su lado y sus tenis de vuelta, sintió que las cosas estaban empezando a cambiar.


Los días que siguieron a la producción del disco de "Marceline & The Scream Queens" fueron intensos, pero también una oportunidad para poder relucir su talento y su compromiso como grupo. Además de que este sería el momento ideal para que Fern finalmente pudiera dar a conocer su proyecto, algo personal en lo que había estado trabajando por mucho tiempo.

So, I walk alone...

In... my... mental home,

I can't let on…

Marceline tocó las últimas notas de su bajo, y el sonido en la cabina cesó. Pat (aún con los auriculares puestos) hizo una seña de pulgar arriba, se levantó y se quitó los auriculares para así escuchar lo que el grupo tuviera que decir.

-Gran trabajo todos-los felicitó el hombre-con esta canción podemos dar por finalizado el álbum. Ahora solo faltaría que piensen en un título y diseño de portada-

Antes de que todos pudieran celebrar y salir de la cabina para por fin darse un respiro, Fern intervino.

-¡Esperen!-exclamó haciendo que tanto Marceline como los demás se detuvieran pocos centímetros antes de llegar a la puerta.

-¿Qué sucede ahora, Fern?-preguntó Booboo un poco impaciente por querer salir de allí y tomar un respiro luego de haber pasado gran parte del día trabajando en las últimas canciones del disco.

-Tengo otra canción más para añadir…-dijo de repente, llenando de curiosidad e intriga a todos-es algo en lo que he estado trabajando durante días y… bueno, me gustaría tocarla si no les molesta-

Hubo un momento de silencio entre los integrantes de la banda antes de que Marceline asintiera con una sonrisa.

-Adelante, Fern. Sorpréndenos.

Fern asintió, fue a sentarse en una butaca que había en la cabina, tomó su guitarra, acomodó el micrófono y comenzó a tocar los primeros acordes de la pista de introducción. Pat rápidamente encendió la consola de sonido y se colocó los auriculares para poder escuchar mejor la melodía.

Si a tu corazón yo llego igual

Todo siempre se podrá elegir

No me escribas la pared

Solo quiero estar entre tu piel

Su voz, llena de emoción contenida, resonó en el estudio, mientras la letra hablaba de cómo alguien había cambiado su vida desde que lo conoció.

Y si acaso no brillara el sol

Y quedara yo atrapado aquí

No vería la razón

En seguir viviendo sin tu amor

Y hoy que enloquecido vuelvo

Buscando tú querer

No queda más que viento, uh

No queda más que viento

Y si acaso no brillara el sol

Y quedara yo atrapado aquí, oh

No vería la razón

De seguir viviendo sin tu amor, oh-oh-oh

Al terminar, hubo un breve instante de quietud antes de que Marceline rompiera el silencio con un comentario burlón.

-Así que… ¿quién es el afortunado? ¿eh?-preguntó con tono divertido cruzándose de brazos. Fern desvió la mirada, un incómodo sonrojo se hizo presente en su rostro pero ya no podía seguir escondiendo lo que sentía por Finn por mucho más tiempo.

-Es para Finn-admitió en voz baja dando un suspiro.

Marceline soltó una risa breve, divertida por la revelación.

-Lo supe desde que se dieron aquel beso en la pijamada-comentó-pero ya, en serio ¿de verdad te gusta ese cabeza hueca?-añadió a modo de broma, aunque sin intención alguna de maldad. Fern se encogió de hombros con las mejillas un poco rojas, no tenía una respuesta clara pero lo que sentía por Finn era diferente a cualquier otra conexión que hubiera tenido antes-oh, vamos, viejo. No te hagas el tímido ahora-insistió dándole un ligero codazo-es lindo saber que te enamoraste-

Fern frunció el ceño, e intentando defenderse, se cruzó de brazos.

-Bueno ¡tú le dedicaste una canción a Bonnie en el festival! Y no vi a nadie molestarte por eso-espetó mirándola con una ceja arqueada.

-Touche-admitió la joven levantando las manos en señal de rendición-pero al menos yo fui lo suficientemente valiente para poder admitirlo sin ponerme roja como una manzana-Fern bufó y desvió la mirada, aunque no pudo evitar sonreír levemente. Marceline le dio un leve golpe en el hombro, más en señal de camaradería que de burla-relájate, amigo. Lo importante es, que hiciste algo increíble. A Finn le encantará esa canción… si es que llega a descifrar el mensaje oculto en ella-añadió con una sonrisa socarrona-y si no llega a darse cuenta, entonces juro que iré a buscarlo y lo golpeare para que se dé cuenta-

-No, tranquila. No será necesario hacer eso-le dijo Fern-le daré una copia del disco apenas esté listo y salga la fecha de lanzamiento-

Mientras tanto, Finn caminaba tranquilamente hacia la entrada de la escuela con su característica mochila verde colgando del hombro y la cabeza ocupada en pensamientos dispersos. El aire frío de la mañana lo ayudaba a mantenerse despierto mientras observaba a los demás estudiantes pasar a su lado, inmersos en sus propias conversaciones y rutinas.

Al llegar al patio central, justo antes de dirigirse a la entrada principal, un extraño ruido llamó su atención. Apenas tuvo tiempo de dar un paso hacia atrás cuando algo pesado cayó con un estruendoso ruido frente a él, el golpe seco lo hizo retroceder un poco más y su mirada bajó instintivamente hacia el suelo. Ahí estaba: su escritorio, el mismo que usaba en clases con las esquinas ya algo desgastadas por los años, ahora yacía destrozado en el pavimento. Alrededor de él, había hojas de papel que reconoció al instante, las cuales comenzaron a volar con el viento esparciendo sus garabatos, apuntes y dibujos por todo el lugar.

Finn alzó la vista rápidamente hacia el segundo piso buscando el origen del desastre, y lo vio. Mark, inclinado hacia afuera de la ventana del aula, le sonreía con esa arrogancia que tanto odiaba. A su lado estaban dos de sus secuaces riéndose entre dientes mientras intentaban no llamar demasiado la atención de los demás.

-Ooops, me parece que ya no perteneces aquí-dijo Mark, su tono burlesco resonando en los oídos de Finn como un eco desagradable.

Finn no respondió, su mandíbula se tensó y sus dedos buscaron instintivamente el brazalete plateado que Fern le había regalado. Lo rozó con cuidado recordando las palabras del chico:

"Cuando te sientas solo o herido, cúbrelo con tu mano y piensa que estoy ahí contigo"

Inspiró profundamente y cerró los ojos un momento, podía sentir la mirada burlona de Mark clavada en él pero esta vez no iba a ceder. Ya no.

Por mucho tiempo, he intentado seguir con mi vida e ignorar los acosos… pero ahora, todo será diferente. No voy a dejar que el miedo me gane, ellos no van a poder conmigo.

Finn abrió los ojos y soltó un suspiró dejando caer los hombros mientras su expresión cambiaba, no había miedo ni sorpresa en su rostro, solo determinación. Sin mirar a Mark ni a sus compañeros otra vez, comenzó a recoger sus cosas, incluido su escritorio. Un grupo de estudiantes que había presenciado el incidente lo miraban con curiosidad, algunos murmuraban entre ellos, otros simplemente observaban en silencio. Finn no les prestó atención, se arrodilló, tomó uno de sus papeles arrugados y lo alisó con calma.

Cuando terminó de reunir todo, enderezó la espalda y sin voltear hacia la ventana, entró al edificio con pasos lentos pero firmes, llevando consigo sus papeles y escritorio como podía. La sensación del brazalete contra su muñeca le recordaba que no estaba solo.

Dentro del salón de clases, la profesora de matemáticas explicaba los ejercicios del día cuando notó algo fuera de lugar. Miró alrededor y frunció el ceño.

-¿Dónde está Finn?-preguntó cruzándose de brazos. Antes de que alguien pudiera responder, la puerta del salón se abrió de golpe dejando ver a Finn, quien entró agitado, sudando debido al esfuerzo y sosteniendo con una mano libre, y algo de dificultad, una de las patas de su escritorio. La profesora lo observó perpleja y exasperada-coloque su escritorio donde estaba y tome asiento, Sr. Mertens. Ya tiene diez minutos de retraso-le indicó con tono firme.

El adolescente simplemente obedeció. Mientras pasaba empujando su escritorio hasta su lugar correspondiente, pudo oír las risitas de Mark y sus "amigos" pero decidió ignorarlos. Finalmente dejó caer su peso sobre la silla visiblemente agotado pero con la satisfacción de no haber cedido ante la humillación.

Más tarde en la cafetería, tras el incidente con Mark, Finn sintió cómo todo lo que había pasado finalmente lo alcanzaba. Se sentó en una mesa apartada, pero no muy lejos de la salida por si tenía que huir, no pudo concentrarse en su almuerzo debido a la sensación de impotencia que le revolvía el estómago, su bandeja estaba frente a él, pero no podía tocar la comida. Antes de que pudiera hundirse más en sus preocupaciones, vio una sombra acercarse a su mesa, por un momento creyó que se trataba de Mark pero al elevar la mirada, se encontró con Bonnibel.

-He estado observando lo que te pasa-habló la mujer de cabellos rosas, dejando su bolso sobre la mesa y tomando asiento frente a él-y creo que ya es hora de hacer algo al respecto, es momento de que las cosas cambien… para bien-Finn la miró con curiosidad, y Bonnibel continuó-¿qué te parecería si en la escuela existiera un club anti-bullying? Podríamos hacer algo para cambiar esto-

El rubio de ojos azules frunció el ceño, no es que le pareciera mala la idea pero dudaba que algo así fuera a funcionar.

-¿Un club?-repitió con algo de sarcasmo y escepticismo-¿y qué vamos a hacer? ¿decirle a Mark y a los idiotas de sus amigos que no sean agresivos con los demás?-

La mujer no se inmutó ante el tono cínico con el que le hablaba su peor estudiante.

-Podríamos hacer más que eso, Finn. Hay otros estudiantes como tú que han sido agredidos y que creen que su única salida es… bueno, quitarse la vida-murmuró eso último sintiendo un nudo formarse en su garganta-pero si nos unimos y trabajamos juntos, podemos apoyarnos entre nosotros. Puedo encargarme de hablar con los profesores, el consejo estudiantil, buscar un espacio seguro, pero lo más importante es demostrarles que no tienen control sobre nadie-

Finn bajó la mirada hacia su bandeja.

No sé qué decir, a decir verdad la idea de mi profesora no se oye mal. En cierto modo me da esperanzas, la posibilidad de que las cosas puedan llegar a cambiar, tal vez no ahora pero en el futuro de la escuela. Aunque… también tengo miedo.

-No lo sé…-murmuró-siempre es lo mismo, nadie hace nada. Y al final, los que terminamos perdiendo la batalla somos nosotros-

Bonnibel apoyó los codos sobre la mesa y se inclinó hacia él.

-Si seguimos con ese pensamiento es obvio que ellos ganarán-dijo con convicción-yo sé que cambiar las cosas no será fácil, pero alguien tiene que dar el primer paso-

Finn sintió su pecho encogerse, recordó el brazalete en su muñeca y la promesa de Fern, si no hacía algo ahora ¿cuánto tiempo más iba a soportar? ¿qué sería de él el próximo año, tan cerca de graduarse de la preparatoria? Elevó su mirada y se encontró con los ojos determinados de su profesora.

-Está bien-dijo luego de unos segundos de silencio-te ayudaré con esto-

-No lo lamentarás-aseguró Bonnibel con una sonrisa satisfecha dibujándose en su rostro, tomó su bolsa y se levantó de su asiento en la mesa de la cafetería-bien, tengo que volver a la sala de profesores, siquiera he comido por venir a comentarte mi idea ¡nos vemos luego!-

Finn no estaba del todo convencido, pero viendo el lado positivo, sintió que las cosas quizás podrían cambiar.

Cuando Bonnibel llegó a la sala de profesores se encontró con el mismo ambiente de siempre: algunos docentes hablaban sobre los próximos exámenes y asignaturas pendientes, otros simplemente aprovechaban su descanso para sacar una bebida de la máquina expendedora o prepararse un café. La sala tenía un par de asientos gastados, una mesa llena de papeles y la cafetera que burbujeaba en una esquina. Sin perder el tiempo, la mujer de cabello rosa carraspeó para llamar la atención de todos.

-Quiero hablarles de algo importante-dijo con el tono firme y seguro que solía usar durante sus reuniones con el consejo estudiantil-he estado observando lo que ocurre en la escuela y creo que es hora de hacer algo al respecto-varios docentes elevaron su vista con intriga, aunque algunos continuaban con lo suyo-voy a crear un club anti-bullying-continuó-un espacio donde los estudiantes que sufren acoso puedan encontrar apoyo y buscar soluciones reales-

Hubo un breve silencio antes de que alguien soltara una risa disimulada. La profesora Anne, una mujer de cabello corto claro, se cruzó de brazos y la miró con escepticismo.

-¿Un club anti-bullying? Bonnibel, sé que te gusta involucrarte en estos temas pero esto es un instituto. Los adolescentes siempre han tenido conflictos entre ellos, es parte del crecimiento.

-Exacto-intervino el profesor James, quien estaba a cargo del club de lectura y de la biblioteca junto con Myrtle, la bibliotecaria principal-a veces se empujan, se dicen cosas hirientes… pero es su manera de marcar terreno. Es normal-

La mujer de cabello rosa frunció el ceño ante esos comentarios.

-¿"Normal"? a ver ¿llaman "normal" que destruyan las pertenencias de otros estudiantes? ¿qué lo empujen contra los lockers? ¡¿Qué lo insulten todos los días hasta que termine creyéndoselo?!

Algunos de los profesores allí presentes desviaron la mirada incómodos con la conversación.

-Mira, entiendo que quieras hacer algo-dijo Anne de la forma más condescendiente posible-pero estos chicos no son más que niños. Pelean, hacen bromas pesadas, pero con el tiempo aprenden a controlarlo-

Bonnibel sintió un nudo de frustración formarse en su pecho.

-¿Y si no lo manejan? ¿y si alguien termina herido?

-No podemos estar controlando todo lo que pasa en los pasillos-expresó James encogiéndose de hombros-además, ya existe un protocolo de disciplina para esos casos-

Bonnibel rechinó los dientes.

Por supuesto, el "protocolo", ese conjunto de reglas que rara vez se toman en serio.

-No se trata solo de disciplina, sino de apoyo-insistió-de hacerles saber a los estudiantes que no están solos-

Un pesado silencio cayó sobre la sala. Nadie parecía convencido… hasta que Simon, que había permanecido en silencio todo el tiempo, dejó su taza de café sobre la mesa y se inclinó un poco hacia ella.

-Me interesa-dijo, con su voz tranquila-cuéntame más-

Bonnibel lo miró con sorpresa antes de esbozar una leve sonrisa.

-Gracias, profesor Petrikov.

Simon asintió, animándola a continuar, mientras los demás volvían a sus conversaciones, ignorando lo que para él parecía una idea que valía la pena escuchar.

-¿Y bien?-preguntó Marceline, dando un sorbo a su bebida-dijiste que querías contarme algo importante-

Tanto Marceline como Bonnibel estaban en el pequeño café donde se habían reunido la primera vez. A pesar de la hora, el lugar seguía tan acogedor como siempre: luces cálidas, el suave murmullo de conversaciones y el aroma a café recién hecho flotando en el aire.

Marceline ya la esperaba en una de las mesas junto a la ventana, removiendo distraídamente su café con una cuchara. Bonnibel dejó su bolso a un lado y suspiró, como si intentara ordenar sus pensamientos antes de hablar.

-Hoy hablé con Finn-comenzó-lo vi después de que tuvo un problema con un compañero de clases en la cafetería, y no pude evitar notar lo afectado que estaba-

Marceline hizo una mueca ¿cómo es que aquello no le sorprendía?

-No es sorpresa. Ese idiota siempre ha sido un problema.

-Exacto. Y eso es justo lo que quiero cambiar-Bonnie apoyó los codos sobre la mesa, inclinándose ligeramente hacia Marceline-quiero formar un club anti-bullying en la escuela. Algo que realmente sirva para ayudar a los estudiantes que están pasando por esto-

La joven de largo cabello oscuro se cruzó de brazos, evaluándola.

-Suena bonito en teoría, pero ¿crees que funcione?

-La mayoría de los profesores piensan igual que tú-respondió Bonnibel esbozando una sonrisa irónica-hoy presenté la idea en la sala de descanso y todos me miraron como si estuviera perdiendo el tiempo. Dicen que los adolescentes "siempre han sido así" y que "es parte de crecer"-

-Claro-Marceline bufó-como si eso hiciera que duela menos cuando te arruinan la vida todos los días-

-Exacto-Bonnie se inclinó un poco más hacia ella-por eso necesito tu ayuda. Quiero saber si conoces a alguien que haya pasado por esto y no haya logrado superarlo del todo. Si hay personas que siguen arrastrando las cicatrices de lo que vivieron en la escuela, quiero escucharlas, saber cómo podemos ayudarlas-

Marceline permaneció en silencio por un momento, observando su café como si sus pensamientos se hubieran hundido en él.

-Sí… conozco a algunos-dijo finalmente con un tono más serio de lo habitual-no es algo que se supere fácilmente. A veces, incluso después de años, sigue afectando la forma en que ves el mundo, la forma en que confías en la gente-

Bonnibel notó la expresión ensombrecida de su amiga y sintió un leve pinchazo de culpa por hacerla revivir los recuerdos de cómo fue que su relación se había venido cuesta abajo por poner demasiadas expectativas en la otra y en estar siempre enfocadas en sus objetivos, y el nunca permitirse un poco de dedicación en sí mismas o en la otra.

-No tienes que hablar de ello si no quieres…

-Nah, está bien-dijo Marceline, sacudiendo la cabeza y forzando una sonrisa-si de verdad quieres hacer esto, entonces cuentas conmigo. Voy a preguntarle a algunas personas, a ver quién estaría dispuesto a hablar-

La mujer de cabello rosa sonrió con alivio.

-Gracias, Marcy.

-No me lo agradezcas aún-Marceline apoyó un codo en la mesa, mirándola con una media sonrisa-vas a necesitar más que buenas intenciones para que esto funcione-

-Lo sé. Pero si alguien puede hacer que funcione, soy yo.

La joven la observó con incredulidad para luego soltar una risa suave.

-Esa es la Bonnie que conozco.

Finn se dejó caer sobre su cama con un largo suspiro, la luz de la lámpara en su mesita de noche proyectaba sombras en las paredes y el sonido del ventilador de techo era lo único que rompía con el silencio en la habitación. Había sido un día largo y duro, y su cabeza estaba llena de pensamientos, el incidente del escritorio, la conversación en la cafetería con su profesora, sumado lo que ocurrió en el festival… era demasiado.

Se frotó el rostro con ambas manos, tratando de despejar su mente pero en lugar de eso, sus pensamientos se desviaron hacia el brazalete en su muñeca.

Lo observó con atención deslizando los dedos sobre el metal, Fern se lo había entregado aquella noche en el jardín trasero de su casa. Con una expresión que Finn no había podido descifrar del todo.

-Es como... un lazo que nos une. Cada vez que te sientas solo o herido, cúbrelo con una mano y piensa en mí. Imagínate que estoy ahí contigo, protegiéndote-le había dicho cuando se lo entregó.

¿Qué significo yo para él en su vida? ¿Soy solo su amigo? ¿Alguien en quien confiar? ¿O algo más que eso?

Un suspiro escapó de sus labios, sabía que eran algo más allá de ser simples amigos luego de lo que hicieron aquella noche que pasó en su apartamento y por muy extraño que sonara, aun no tenía una respuesta clara. Y lo que era peor… tampoco estaba seguro de que respuesta quería encontrar. Un nudo incómodo se formó en su pecho al recordar la expresión de dolor que Fern había puesta aquella noche en el festival cuando él y Phoebe lo encontraron lleno de golpes, y el cómo eligió ir a sus brazos antes que buscar consuelo en él, como si hubiera querido decir algo con esa mirada pero que al final terminó guardándolo para sí.

Luego estaba Phoebe, su amistad con ella de algún modo estaba cambiando y se sentía diferente. No podía ignorar la preocupación que le generó cuando lo encontró con su rostro maltratado e hinchado por los golpes, la forma en que todos insistieron en saber la verdad, en qué fue lo que sucedió realmente y en cómo había intentado evitar decir la verdad.

¿Por qué no le dijo la verdad en el momento en que lo encontró?

Quizás no lo hizo porque no quería que ella lo viera como alguien débil y "poco hombre" como solían referirse a él Mark y sus secuaces, o quizás porque una pequeña parte de él intentaba aferrarse a lo que alguna vez tuvieron, aunque sabía que eso quedó en el pasado y que ya no podían volver atrás.

Parpadeó un par de veces al preguntarse por la hora que era, estaba tan perdido en sus pensamientos que casi olvidó que tenía sesión de estudio con Fern esa misma tarde.

-¡Oh, mierda!-murmuró incorporándose rápidamente de la cama. Desde su rincón en la habitación, Jake levantó la cabeza con curiosidad antes de soltar un bostezo y volver a acomodarse para dormir-voy a llegar tarde-agregó mientras se ponía apresuradamente los tenis.

Jake movió la cola con desgana y volvió a cerrar los ojos. Finn rodó los ojos con una sonrisa y, tras asegurarse de tener todo dentro de su mochila salió de su casa rumbo al edificio de apartamentos.

Finn cruzó el vestíbulo, subió las escaleras hasta el segundo piso y caminó por el pasillo hasta la sala donde se realizaban las sesiones de estudio. Al entrar, vio a Fern ya instalado en el escritorio de siempre con un cuaderno abierto y un bolígrafo en la mano.

-Pensé que ya no vendrías-comentó el chico rubio de ojos verdes sin levantar la vista de sus propias notas.

-Sí, lo siento, estaba… distraído-admitió Finn dejando su mochila sobre la mesa.

Fern soltó un suspiro y giró el bolígrafo entre sus dedos antes de dirigir la mirada hacia él.

-No sé porque no me sorprende.

-¡Oye!-Finn frunció el ceño y se dejó caer en la silla frente a él-al menos intento ser puntual-replicó sacando su cuaderno de su mochila.

-Intentarlo no es lo mismo que lograrlo-dijo Fern apoyando un codo en la mesa y lo observó con una media sonrisa que parecía que se estaba burlando de él-pero bueno, al menos llegaste-

Finn rodó los ojos, aunque en el fondo le alivió ver que Fern no estaba realmente molesto. Se acomodó en su asiento y hojeó su cuaderno hasta dar con el ejercicio que habían dejado pendiente la última vez.

-Bien ¿por dónde comenzamos?

-Por dónde lo dejamos la última vez, genio-respondió el chico rubio con las puntas teñidas de verde con sarcasmo señalando el ejercicio en la hoja-vamos, inténtalo tú primero-

Finn asintió, tomó su lápiz y se inclinó sobre el cuaderno, tratando de concentrarse en los números frente a él. Pero su mente no tardó en divagar nuevamente, vagando entre todo lo que había pasado últimamente. La conversación con Bonnibel en la cafetería, la expresión de Fern en el festival, la forma en que Phoebe lo miró tras encontrarlo herido… Y entonces, de repente, lo recordó.

El baile de invierno.

Internamente, se reprochó por haberlo olvidado. Se suponía que debía haber buscado una cita, pero entre todo lo demás, nunca lo hizo.

Probablemente todas sus compañeras ya tenían pareja.

Dejó caer el lápiz y suspiró, sintiendo una pequeña punzada de decepción, no es que estuviera obsesionado con la idea de ir con alguien, pero ahora se sentía rara la idea de tener que ir solo. Desvió la mirada hacia Fern quien seguía concentrado en su libreta, tomando notas con el ceño ligeramente fruncido.

Tal vez pueda pedirle un consejo…

-Oye, Fern ¿tú qué harías si…?-pensó el adolescente, pero antes de que pudiera formular la pregunta, las palabras que salieron de su boca fueron otras completamente diferente a esas-¿quieres ir al baile conmigo?-

El sonido de un bolígrafo cayendo del escritorio se sintió más fuerte de lo que debería.

-¿Qué?-Fern levantó la mirada de golpe, sus ojos reflejaron confusión y sorpresa ante la inesperada pregunta.

Finn parpadeó, dándose cuenta un segundo tarde de lo que acababa de decir. Sintió el calor subir por su rostro.

-Digo… como en una cita-se rascó la nuca evitando la mirada de Fern-quiero decir, no hemos hecho nada juntos desde aquella noche en tu apartamento y… además, tampoco tenemos definido que somos luego de lo que pasó y… en fin, ya sabes, pregunto por si quieres ir y si te interesa-

El rubio de ojos verdes siguió observándolo como si el adolescente acabara de preguntarle lo más absurdo del mundo.

-¿Me estás pidiendo que vaya contigo a un baile escolar?-preguntó despacio como si necesitara asegurarse de que haya escuchado bien lo que dijo Finn.

-Bueno… sí.

El silencio que se instaló entre ambos se sintió eterno. Finn sintió su corazón latir con fuerza en su pecho. Fern finalmente apartó la mirada, rascándose la mejilla con aire pensativo.

-No lo sé…-murmuró-no es precisamente mi tipo de ambiente. Después de lo que pasó cuando fui a la escuela hace unos días… no estoy seguro de si me voy a sentir cómodo-

Finn asintió lentamente sintiendo otro ligero pinchazo de decepción.

-Sí, lo entiendo…

Fern lo miro de reojo y suspiró.

-Dame tiempo y déjame pensarlo ¿de acuerdo?

-¿En serio?-Finn alzó la mirada.

-Desde luego. No puedo prometer nada pero, lo pensaré.

-Con eso me basta-dijo el chico rubio sonriendo un poco.

Fern rodó los ojos con una sonrisa y volvió a tomar su bolígrafo.

-Ahora concéntrate. Si vas a llevarme a un maldito baile, al menos no quiero que te quedes estancado con esto.

Finn soltó una risa y volvió a inclinarse sobre su cuaderno, sintiendo que su corazón latía un poco más ligero que antes.

Después de lo que había vivido hace unos días en la escuela, Fern no estaba seguro de querer volver a un ambiente así pero ahora que lo pensaba mejor, no podía negar que la idea de tener una cita con Finn no le disgustaba del todo. Tampoco podía negar que la propuesta lo había tomado por sorpresa y aún no estaba seguro de si el adolescente lo dijo en serio o si solo lo soltó sin detenerse a pensarlo, pero el hecho de que se lo preguntara específicamente a él, lo hizo sentir… extraño.

No de una mala manera, sino de una forma que no estaba acostumbrado a procesar.

Mientras Finn intentaba enfocarse en el ejercicio, Fern lo observó de reojo. Había algo en su expresión, en la forma en que fruncía el ceño mientras trabajaba, lo que lo llevó a cuestionarse si Finn siquiera entendía lo que acababa de hacer.

El rubio de ojos verdes suspiró y apoyó su cabeza contra una mano, observando fijamente al otro chico antes de preguntar con voz tranquila pero inquisitiva.

-Finn ¿por qué me invitaste al baile escolar si ni siquiera somos novios? ¿O acaso lo somos y no me di cuenta?

Finn se tensó de inmediato, su mano apretó con más fuerza el bolígrafo mientras intentaba evadir la mirada de Fern. Sintió su rostro arder de vergüenza y por un momento pareció no encontrar las palabras adecuadas. Pero tras unos segundos de silencio incómodo, se obligó a responder.

-Aquella noche en tu apartamento… hicimos el amor… y… y me dijiste que eso es lo que hacen las personas que se aman-murmuró, sintiendo su corazón latir con fuerza-en ese momento deduje que sentías eso por mí, pero nunca pude descifrar si cuando lo dijiste, te referías a que me amas como amigo o algo más… porque después de eso nunca dejaste en claro qué éramos-

Fern entrecerró los ojos, sintiendo su propia respiración volverse más pesada.

Finn tiene razón, nunca deje nada en claro después de esa noche… quizá porque tenía miedo de hacerlo. Pero ahora siento que es el momento apropiado para aclarar las cosas. Y si vamos a ir juntos a un estúpido baile escolar, ¿qué mejor forma de resolver toda tensión que ahora? antes de complicar todo más adelante y seguir dejando la relación que tenemos como una pregunta sin respuesta.

El silencio se hizo más denso entre ellos hasta que Fern, tomando una bocanada de aire, decidió enfrentar sus propios miedos.

-No sé que somos, Finn… pero sé que no quería que lo que pasó esa noche fuera algo de una vez y ya-confesó con la mirada fija en el escritorio frente a él.

Finn sintió una punzada en el pecho.

Esa no era la respuesta que esperaba oír, esperaba a que Fern dijera de una vez por todas que no podemos seguir siendo solo amigos, por la forma en que me trata y se comporta cuando está cerca de mi, da a entender que no es la típica forma en la que se tratan los amigos.

Tragó saliva, sintiendo la decepción incrementarse en su interior.

-Entonces ¿qué quieres que seamos?-preguntó con voz apenas audible.

Fern volvió a verlo, notando la intriga y expectativa en los azules ojos de Finn. Sus propios pensamientos eran un caos, pero en el fondo ya conocía la respuesta. No podía seguir negándolo, no podía seguir fingiendo que solo eran amigos cuando en realidad quería dar un paso más allá con él.

-Quiero…-inspiró profundamente antes de soltarlo-quiero que dejemos de ser solo amigos. Quiero que seamos algo más, Finn. ¿Quieres ser mi novio?-

Finn lo miró con los ojos abiertos de par en par, su respiración entrecortada mientras procesaba lo que acababa de escuchar. Su corazón latía con tanta fuerza que sentía que se le iba a salir del pecho, no pudo evitar sentirse inmensamente feliz, iba a poder acercarse más a Fern y no había nada ni nadie que pudiera impedírselo.

No había esperado a que el chico fuera el primero en tomar la iniciativa, y sin embargo, ahí estaba, dándole la respuesta que había esperado por tanto tiempo. Una sonrisa enorme se formó en su rostro antes de soltar un tembloroso suspiro.

-Sí-respondió sin pensarlo dos veces, sin atreverse a dudar. Con una emoción sincera reflejada en sus palabras-sí quiero-

Fern dejó escapar una risa entre dientes, sintiendo su propio corazón latir con fuerza. Se sentía tan absurdo que hubieran tardado tanto en llegar a esto, pero ahora que finalmente lo habían dicho en voz alta, una especie de alivio lo inundó. Finn, incapaz de contenerse, se inclinó hacia adelante y lo abrazó con fuerza, apoyando la cabeza en su hombro. Fern dudó solo un momento antes de corresponder el abrazo, cerrando los ojos por un instante.

Luego de eso, ambos acordaron intentarlo, con nervios pero también con emoción. Sabían que manejarlo en la escuela y con sus amigos no sería sencillo, pero se prometieron ser honestos entre ellos y tomarse las cosas con calma. Ya encontrarían el momento para decirle a los demás sobre su recién descubierta relación.

Más tarde en el apartamento de Fern, las palabras pasaron a segundo plano mientras compartían un momento de intimidad. Entre besos cada vez más profundos y caricias que recorrían sus cuerpos con una mezcla de deseo y ternura, Finn se separó levemente, llevando sus manos a los bordes de su camiseta, se la quitó, arrojándola a un rincón del pequeño espacio junto con su gorro de oso el cual cayó a los pies de la cama, y apoyó su frente contra la de Fern.

El rubio con las puntas teñidas de verde pudo ver reflejada la pasión y las ansias que tenía el adolescente por querer que lo tomara en ese mismo momento y lo hiciera suyo nuevamente, pero se llamó a la reflexión antes de que pudieran ir más allá de lo pensado.

-Finn, no apresuremos las cosas… por favor-pidió en un susurro.

-¿Por qué no?-preguntó el rubio de ojos azules-¿no me amas, Fern? Porque yo sí lo hago-

-Claro que sí, te amo más que a nada, Finn. Pero… intentemos llevar las cosas con calma-respondió Fern-no será por mucho tiempo, pero tienes que ser paciente ¿lo prometes?-

Finn con la respiración agitada asintió. No iba a presionarlo, pero no podía negar que la tensión entre ellos crecía con cada momento que pasaban juntos; sin embargo, aceptó llevar las cosas a su ritmo.

-Lo prometo-susurró acariciando su mejilla antes de volver a besarlo.

El momento continuó intensificándose, las prendas comenzaban a desaparecer poco a poco hasta que Fern quedó con el torso descubierto. Justo cuando Finn volvía a inclinarse sobre él, un ruido en la puerta los hizo sobresaltarse.

-¿Fern?-la voz de Bonnibel sonó desde la entrada. Ambos se congelaron, los ojos abiertos como platos antes de que Fern reaccionara apresuradamente y se cubriera de nuevo. Finn, rojo como una manzana, se giró lentamente hacia la puerta justo cuando Bonnibel la abría y los encontraba en medio de una posición comprometedora. El silencio fue tan denso que Finn juró que hasta podía oír su propio pulso desbocado. La expresión de la mujer de cabello rosa era ilegible, pero su ceja arqueada indicaba que había visto suficiente-no quiero saberlo-dijo simplemente cerrando la puerta con calma y dejándolos en un mar de incomodidad.

Finn y Fern intercambiaron miradas, sintiéndose mortificados por haber sido descubiertos de esa manera. Sin embargo, tras el primer impacto, una risa nerviosa escapó de los labios de Finn, contagiando a Fern.

-Bueno… al menos ahora estamos seguros de algo-murmuró Finn con una sonrisa tímida.

-¿De qué?-preguntó Fern mirándolo con curiosidad.

-De que esto es real-respondió tomando su mano con firmeza. Fern le devolvió el apretón sintiéndose más seguro que nunca.

A pesar de la incómoda interrupción, ya no había más preguntas sin respuesta. Ahora solo quedaba ver hacia dónde los llevaría esa nueva relación.