Capítulo 22: Primera Cita.

Finn se encontraba en su habitación preparándose para la noche del baile. Había regresado a casa de la escuela más temprano de lo acostumbrado, era una excepción pues quería lucir impecable en ese día tan importante. Desde que llegó a casa, Minerva se ocupó de ayudar a su hijo con todo lo necesario, desde su traje, el cual era negro con detalles en color celeste, hasta su cabello que (a opinión de Finn) era algo muy innecesario y tedioso pero al mirarse al espejo del baño, quedó sorprendido de cómo tan solo un leve cambio reflejaba aún más sus facciones. Acomodó su traje una y otra vez mientras Jake lo observa desde la ventana con curiosidad. A pesar de que intentaba actuar con indiferencia, se sentía ansioso por lo que pudiera llegar a pasar esa noche.

-No tienes nada de qué preocuparte, Finn-le aseguró su madre acomodándole el cuello de la camisa-sólo disfruta la noche y diviértete-

Finn asintió y exhaló profundamente.

Por otro lado, Fern también se estaba preparando. Había ido al apartamento de Bonnie que era mucho más espacioso que el suyo para poder cambiarse, se encontraba frente a un espejo en el recibidor ajustándose el traje, casi idéntico al de Finn con la diferencia de que el suyo tenía tonos verdes en lugar de celestes, además de que fue una adquisición de parte de la mujer de cabellos rosas puesto que no contaba con el dinero suficiente para comprarse un traje y menos rentar uno. Lucía más tenso de lo normal, a fin de cuentas, esa noche no solo se trataba de un tonto baile escolar, también era su primera cita con Finn como pareja oficial. Marceline y Bonnibel estaban ahí para ayudarlo.

-Relájate, Fern. Todo saldrá bien-lo tranquilizó Marceline mientras Bonnie a su lado, asintió con una sonrisa. A pesar de sus palabras de ánimo, el chico rubio de ojos verdes no pudo evitar sentirse inseguro-por cierto ¿tienes la copia del disco de la banda para obsequiarle a tu novio?-

Fern asiente sacando del interior de su saco un estuche con el primer disco oficial que grabó con la banda.

-No sé si es algo que se hace en un baile pero… no encontraba otro momento apropiado y, quiero entregárselo lo más pronto posible-ambas mujeres intercambian miradas cómplices pero no dicen nada.

-Bueno, ya es hora de irse. No queremos que Finn te espere mucho tiempo ¿no?-preguntó Bonnibel. Fern respiró hondo, salió del apartamento y se encaminó hacia la entrada del edificio.

Justo al salir, y sin que se dé cuenta, Marceline saca su teléfono y le toma una foto. El sonido de la cámara hace que el chico se voltee con el ceño fruncido.

-¿En serio, Marcy?-se quejó. Ella se ríe y le muestra la pantalla.

-Tranquilo, es una buena foto. Te la pasaré después y también se la mandaré a Finn luego de que termine el baile. Ahora vete, que te espera una cita increíble-

Fern suspira pero no puede evitar sonreír levemente.

-Gracias, jefa-dijo antes de irse. Marceline y Bonnibel lo observan desde lejos, compartiendo una mirada satisfecha.

Phoebe también está preparándose para ir al baile, su padre se encuentra en la planta baja de la casa esperando impacientemente a que salga de su habitación para llevarla. Cuando ella finalmente le anuncia que ya está lista, se asoma a la escalera vistiendo el vestido de graduación que le perteneció a su madre: un vestido anaranjado atardecer con un ligero escote en V, manga 3/4 y por dentro unos tules de color morado, magenta y rojo, representando al fuego en todo su esplendor. Además, lleva unos zapatos chatos de color rojo-anaranjado con gemas de fantasía y cuentas del mismo color.

Su padre, al principio, se muestra sorprendido por su apariencia pero rápidamente vuelve a su expresión severa.

-¿De dónde diablos sacaste ese vestido?-preguntó con dureza.

-Lo encontré en una caja en el armario de tu habitación-respondió Phoebe manteniendo la calma-¿no te gusta? Vi una foto tuya con mamá cuando fueron juntos al baile escolar y pensé que sería buena idea usarlo-

Sin embargo, su padre negó con la cabeza.

-No debiste ponerte ese vestido sin preguntarme primero-dijo con un tono de voz cortante-lo mejor sería que te lo quites y uses uno de los muchos que tienes en tu habitación. No es buena idea revivir momentos del pasado-

La chica de cabello rojo cobrizo se sintió herida y ofendida por el comentario.

-¿Cómo puedes decirme algo así? Este vestido era de mamá y seguro le haría feliz verme usándolo, y más para mi propio baile escolar-con un nudo en la garganta se retiró a su habitación y se sentó en su cama, sintiendo el impulso de echarse a llorar. No obstante, no tiene tiempo para eso, pues su teléfono suena indicando que tiene una llamada de Finn. Tomó su celular y respondió con tranquilidad, ocultando sus emociones-hey, Finn. Todo está bien, solo tuve un pequeño contratiempo pero llegaré lo más pronto posible. No te preocupes por mí, adelántate, hoy es una noche importante para ti. Después de todo… es tu primera cita con Fern-

Finn se sonroja al escuchar esas palabras y parpadeó sorprendido.

-¿Cómo lo sabes? Nunca te lo dije.

La chica se rió suavemente, aun fingiendo que todo estaba bien.

-Lo adiviné. Pero no fue por arte de magia, solo por el cariño que te tengo como amigo.

El adolescente se quedó en silencio por unos segundos. Sus palabras le llegan más de lo que dejan ver.

Desde que nos conocimos, Phoebe siempre tuvo una inusual forma de entenderme, incluso si no le doy explicaciones.

-Nos vemos allá-pronunció finalmente intentado sonar relajado aunque la sensación que le dejó la conversación con su amiga aun rondaba por su cabeza. Antes de salir de su casa, Minerva le sugiere a Finn que se deje tomar una foto para recordar la ocasión. Finn, algo avergonzado, accede. Después de lo que pareció ser una interminable sesión de fotos con la vieja cámara de su madre, ambos salieron de la casa, lo lleva en su auto y lo deja a unos metros del gimnasio de la escuela. Cuando el adolescente está por bajar, nota que la mujer está llorando-¿estás bien, mamá?-pregunta preocupado.

Minerva se seca las lágrimas rápidamente y sonríe.

-No estoy triste, Finn. Son lágrimas de felicidad-respondió ella-pero quien debería preguntar eso soy yo ¿cómo te sientes, cariño? Estás terminando un año escolar y después de las vacaciones de navidad comenzarás otra etapa-añadió sosteniendo una de las manos de su hijo quien no pudo evitar soltar un suspiro.

No puedo negarlo, mamá. Me siento un poco nervioso por lo que me deparará en el futuro pero, al menos ahora sé que no estoy solo en esto, tengo a mis amigos, a Bonnie, a Fern pero sobre todo a ti.

-Estoy bien, mamá-respondió el rubio de ojos azules sin dejar de verla-bien, emocionado pero también nervioso ¿es normal sentir estas emociones al mismo tiempo?-la expresión de preocupación en su rostro hizo reír a Minerva ligeramente.

-Sí, es absolutamente normal sentirse así, hijo. Comenzarás una nueva aventura, una nueva etapa de tu vida. Estoy muy orgullosa de lo mucho que has crecido… aunque…-Minerva se tomó una pausa y habló con sus ojos cristalinos-me hubiera gustado que tu padre estuviera aquí para ver en la persona en que te has convertido-

Finn sintió un peso en el pecho, pero en lugar de decir algo triste, le sonríe con calidez.

-Yo también, mamá… pero sé que él está orgulloso de mí, donde sea que esté.

Sin darle tiempo a reaccionar, Finn le da un rápido abrazo con el gran amor que tenía por ella. La mujer de corto cabello rubio correspondió el abrazo mientras se preguntaba en qué momento había pasado tan rápido el tiempo, aún recordaba cuando Finn era apenas un bebé regordete con algunos cabellos rubios, una cara tan adorable y una sonrisa traviesa mientras correteaba por la casa.

Cuando se separaron, Minerva colocó ambas manos en los hombros de su hijo y le dio un último vistazo.

-Ve y diviértete, cariño. Esta es solo el comienzo de muchas más aventuras.

Finn asintió con una última sonrisa antes de bajar del auto. Mientras camina hacia la entrada, Minerva se quedó un momento observándolo desde la ventana, sintiendo que, poco a poco, su niño se convertía en un adulto.

Con un suspiro lleno de orgullo y melancolía, encendió el motor del auto y se aleja.

Al llegar a la entrada de la escuela, Finn ve a Fern acercándose, por un instante el tiempo parece detenerse. El chico rubio sonríe ampliamente al verlo y siente su corazón latir más rápido.

-Hey-ambos se saludan al mismo tiempo, lo que provoca que se sonrojen.

-Te ves increíble-dijo Finn sin poder evitarlo.

-Tú también…-Fern se ruboriza y baja la mirada-aunque, creo que eso ya lo sabías-

El adolescente se ríe y niega con la cabeza.

-No está de más escucharlo.

Hay un breve silencio entre ellos, pero no es incómodo. Al contrario, es como si estuvieran disfrutando del momento antes de entrar, hasta que Fern rompe el silencio.

-Tengo algo para ti-dijo metiendo la mano en el saco de su traje y sacando el estuche con el primer disco oficial que grabó con "Marceline & The Scream Queens"-no estoy seguro de si esto es lo que se acostumbra a hacer en un baile escolar, pero… quería dártelo-

Finn toma el disco con sorpresa para luego sonreírle con gratitud.

-Gracias, Fern. Significa mucho para mí-se quedan en silencio un momento, hasta que el sonido de la música proveniente del gimnasio los saca de su pequeño mundo-¿listo para entrar?-preguntó extendiendo su mano.

Fern lo mira por un momento y luego toma su mano con firmeza.

-Listo-juntos, cruzan la entrada hacia la gran noche que los espera. El baile había comenzado no hacía mucho, no había nada fuera de lo común, era parecido a cualquier otro baile escolar, música que estuviera de moda entre los adolescentes resonaba en los altavoces junto con una que otra melodía romántica para las parejas. Algunos estudiantes se dirigieron en pequeños grupos a tomarse la foto conmemorativa con la réplica de la pintura "Noche Estrellada", unos cuantos chicos parecían haber bebido ponche demás, el cual fue alterado con alcohol que alguien trajo de contrabando al evento, entre esos chicos por desgracia se encontraba Mark quien no perdía tiempo de fastidiar a todos-¿crees que esto haya sido una buena idea, Finn?-

Tardó un momento en responder. Hasta ahora, la noche no iba mal. Había saludado a algunos compañeros, evitado conversaciones incómodas y hasta había conseguido un vaso de ponche sin incidentes… pero la presencia de Mark en el centro de la pista, tambaleándose con un vaso en la mano y riendo con su grupo de amigos, era una mala señal.

-No lo sé-dijo Finn dando un suspiro-pero ya estamos aquí ¿no?-

Fern cruzó los brazos.

-Mira, no quiero ser pesimista pero algo me dice que esto va a ponerse feo.

Finn siguió su mirada hasta Mark, quien, con movimientos torpes, se acercaba a un grupo de estudiantes desprevenidos, lanzando comentarios que provocaban risas incómodas o expresiones de fastidio. No era difícil notar que había bebido más de lo debido.

-Genial-murmuró el adolescente con el ceño fruncido-justo lo que necesitábamos-

-¿Y ahora qué hacemos?-preguntó Fern con el ceño fruncido.

Finn suspiró y desvió la mirada.

-Nada. No es nuestro problema… aún.

Ambos decidieron moverse a un costado del gimnasio buscando alejarse del escándalo de Mark. Fue entonces cuando vieron a Phoebe junto a la mesa del ponche, observando el líquido con una ceja arqueada. Al notar su presencia, la chica les hizo una seña para que se acercaran.

-Díganme que no han bebido esto-dijo en cuanto estuvieron a su lado. Finn miró su vaso a medio terminar y Fern, que aún tenía el suyo en la mano, frunció los labios.

-¿Por qué?-preguntó el rubio de ojos verdes.

Phoebe tomó un vaso limpio, lo llenó y le dio un pequeño sorbo. Inmediatamente hizo una mueca de disgusto.

-Porque alguien le echó algo…-chistó la lengua y dejó el vaso en la mesa-no es tan fuerte, pero suficiente para que algunos empiecen a comportarse como idiotas-

Fern rodó los ojos y señaló con la cabeza hacia la pista.

-Bueno, eso explica a Mark.

Finn dejó escapar un resoplido y dejó su vaso sobre la mesa.

-¿Quién demonios se tomó la molestia de colar alcohol en un evento escolar?

Phoebe sonrió con ironía.

-Por favor, Finn. Es una fiesta de adolescentes. No es como si esto no pasara siempre.

-Genial…-repitió Finn en un murmullo masajeándose las sienes-lo último que quiero es que esto termine en un desastre-

Fern se encogió de hombros.

-Si eso pasa, al menos tendremos algo de que reírnos en la semana-Finn no estaba tan seguro de que fuera solo eso. Algo dentro de él le decía que la noche estaba lejos de ser tranquila-es solo cuestión de tiempo-

Después de un buen rato bailando canciones animadas, Finn y Fern decidieron tomar un descanso. Se abrieron paso entre la multitud hasta una de las mesas donde pudieron servirse un poco más de ponche, esta vez asegurándose de que no tuviera algún "ingrediente extra", y así recuperar el aliento.

-Esto es más agotador de lo que esperaba-comentó Finn pasándose una mano por la frente mientras le daba un sorbo a su bebida.

Fern, sentado a su lado, sólo asintió observando la pista de baile con una expresión neutral. Entonces la música cambió, un ritmo más suave comenzó a sonar por los altavoces envolviendo el gimnasio con una atmósfera más íntima. La canción que sonaba como música de fondo era "There is a Light That Never Goes Out" del grupo The Smiths.

-¡Es hora del baile lento! ¡Vayan buscando a su pareja!-la voz de uno de los profesores resonó en el micrófono.

Phoebe, quien estaba junto a Finn, dejó escapar un pequeño suspiro divertido y miró a su mejor amigo. Él estaba inquieto, tamborileando los dedos contra su vaso y evitando mirar en dirección a Fern. Estaba claro que quería invitarlo a bailar, pero los nervios lo estaban paralizando. A la chica no le tomó ni un segundo tomar una decisión.

-¡Oye, Fern!-lo llamó en voz alta sin previo aviso.

El mencionado giró la cabeza con una ceja arqueada.

-¿Qué pasa?

-¿Quieres ir a bailar con Finn?-preguntó con una sonrisa inocente. El rubio de ojos azules casi se ahoga con su bebida al escucharla.

-¡PHOEBE!-exclamó entre dientes, mirándola con incredulidad. Su amiga simplemente le guiñó un ojo.

Fern, por su parte, parecía un poco sorprendido. Su mirada pasó de Phoebe a Finn quien ahora tenía el rostro rojo como una manzana y trataba de encontrar la manera de salir de esa incómoda situación.

-Uh…-Fern inclinó la cabeza levemente-¿seguro?-

Finn parpadeó varias veces, luchando con el pánico que sentía y la necesidad de querer actuar con normalidad.

-Yo… s-sí, claro. Sólo si tú quieres, digo…-pronunció torpemente Finn a lo que Fern soltó una ligera risa nasal.

-Está bien.

Los murmullos en el gimnasio no tardaron en surgir, si bien todos estaban conscientes de que Finn siempre venía al baile acompañado de Phoebe, ahora se les hacía raro el verlo caminar a la pista de baile junto a Fern, aquel chico que hasta hace poco nadie conocía. Un par de estudiantes los observaban con curiosidad, otros con sorpresa y algunos intercambiaban comentarios en voz baja.

Finn trató de ignorarlo, pero mientras colocaba una de sus manos en el hombro de Fern y la otra en su cintura, no pudo evitar notar la ligera sonrisa de su acompañante y la forma en que la cercanía entre ellos hacía que su corazón latiera más rápido.

Al comienzo, Finn y Fern se movían con torpeza en la pista de baile, sus pasos descoordinados delataban su falta de costumbre. Finn se reía nervioso cada vez que tropezaba ligeramente con el rubio de ojos verdes, pero el contrario solo respondía con un suspiro dramático y una sonrisa burlona.

-Sabes, creo que debería demandar a quién te enseñó a bailar-bromeó Fern, inclinándose levemente hacia él.

Finn bufó fingiendo indignación.

-¿Y quién dice que alguien me enseñó?

Fern soltó una carcajada suave.

-Bueno, eso explica muchas cosas.

El adolescente solo pudo reírse junto con él, sintiendo cómo la tensión se disipaba lentamente. Se permitieron disfrutar del momento, sin preocuparse por los demás. Durante un instante, fue como si el resto del mundo se volviera irrelevante.

Pero, como era de esperarse, la magia del momento no tardó en ser interrumpida.

-Vaya, qué tierno-se escuchó la voz burlona de Mark a unos metros de distancia-no sabía que a Finn le gustaba llevar el vestido en la relación-

Finn sintió un nudo en la garganta. La seguridad y valentía con la que había enfrentado a Mark hace unos días se esfumó de golpe y su primer instinto fue querer huir de allí antes de que algún otro estudiante más se sumara a la burla. Sin embargo, Fern tomó una de sus manos y la apretó levemente con la suya.

-Ni siquiera lo pienses-murmuró sin perder la compostura-no le des el gusto de verte afectado-

El chico rubio tragó saliva inseguro, pero al ver a Fern y notar la confianza en su expresión, sintió algo diferente. No estaba solo, no tenía por qué dejar que tipos como Mark le arruinaran su noche.

Así que respiró hondo y, con más determinación de la que pensó que tenía, ignoró el comentario.

-Gracias-murmuró sin soltar la mano de Fern.

El rubio con las puntas teñidas de verde le dedicó una leve sonrisa antes de girar con él en la pista, retomando el baile. Finn sintió una especie de alivio mezclado con orgullo. Había sido solo un pequeño paso pero era un reflejo de cuánto había cambiado gracias a Fern y a sus nuevos amigos.

La canción pronto llegó a su fin, y las parejas comenzaron a dispersarse por el gimnasio.

Aprovechando la oportunidad, Fern entrelazó sus dedos con los de Finn y se inclinó para susurrarle algo al oído.

-¿Quieres escapar de aquí un rato?

Finn parpadeó y giró la cabeza para mirarlo. Fern sonríe con ese brillo travieso en los ojos, y Finn sintió cómo su corazón se aceleraba.

-¿A dónde?-preguntó el chico rubio confundido.

-Ya verás-fue la única respuesta que Fern le dio, y sin soltar su mano lo guio fuera del gimnasio esquivando a los estudiantes que conversaban animadamente. Salieron del gimnasio y se dirigieron a la escuela la cual estaba con las luces apagadas y la entrada principal cerrada.

-¿Cómo piensas entrar a la escuela si ya cerraron todo?-preguntó Finn entrecerrando los ojos.

-Digamos que Marceline tiene ciertas "habilidades" que ha decidido compartir conmigo-respondió Fern con orgullo mientras forzaba la cerradura hasta que se oyó un leve "click". Abrió la puerta con facilidad y le hizo un gesto a su novio para que lo siguiera.

-Esto parece un crimen-murmuró el adolescente pero entró a la escuela de todos modos. Recorrieron los oscuros pasillos, subieron las escaleras con cuidado hasta llegar a la puerta de emergencia que daba a la azotea. Al abrir la puerta los recibió una brisa fría y ante ellos se desplegó una vista panorámica del patio de la escuela y de la ciudad a lo lejos, iluminada por las luces de la vida nocturna. Finn avanzó lentamente hacia el borde sin acercarse demasiado y observó el paisaje con fascinación-no esperaba terminar la noche así… pero no está tan mal-admitió con una leve sonrisa.

-¿Y qué esperabas?-preguntó Fern arqueando una ceja, cruzándose de brazos-¿que te llevara a un bar clandestino o a un RAVE en un sótano abandonado con gente vomitando por todos lados?-

El rubio de ojos azules soltó una risa nasal y negó con la cabeza.

-No sé, simplemente… pensé que me llevarías a un lugar más tuyo, ya sabes, con más ruido y más descontrol.

-¿Y qué hay de malo en querer salir de un tonto baile para pasar tiempo a solas con el chico que amo?-dijo Fern frunciendo el ceño y fingiendo estar ofendido.

Finn sintió que su cara se calentaba de inmediato y desvió la mirada sin tener idea de qué decir. Fern solo sonrió satisfecho por la reacción, sacó su teléfono y sin previo aviso apuntó su cámara hacia su novio y le tomó una foto.

-¿Qué? ¡oye, espera! ¡espera! ¿acaso estás tomándome fotos?-preguntó Finn con el ceño fruncido.

-Tal vez-respondió el rubio con las puntas teñidas de verde mientras observaba la imagen-tu rostro más las luces de la ciudad de fondo lucen bellísimos-

-Es justo-dijo Finn quien soltó un resoplido y cruzó los brazos-después de todo, Marceline me envió la foto tuya con el traje cuando te arreglabas para nuestra cita-

-¡¿QUÉ?!-exclamó Fern ahora siendo su turno para sonrojarse. Se aseguraría de matar a su amiga cuando regresara a casa, de eso no había dudas. El chico de ojos verdes aún se encontraba procesando la traición de Marceline cuando sintió que Finn se le acercaba por atrás, antes de que pudiera reaccionar, el rubio le arrebató el teléfono de las manos y se echó a correr por la azotea-¡hey, devuélvemelo!-protestó recuperándose del asombro

-¡No hasta que borres mi foto!-se burló Finn sosteniendo el teléfono en alto mientras esquivaba a su novio.

Fern chasqueó la lengua y lo persiguió con una sonrisa desafiante. A pesar de que Finn era rápido [eso se debía a las carreras que hacía con Jake para llegar a la escuela, conocía mejor su terreno y en cuestión de segundos, lo tenía acorralado contra una de las paredes.

-Ríndete, Finn-susurró con una sonrisa victoriosa mientras se acercaba peligrosamente.

-¿Y si no quiero?-respondió Finn sintiendo su corazón latir con fuerza. El rubio de ojos verdes ladeó la cabeza con un brillo travieso en los ojos. Se inclinó un poco más y, con una rapidez inesperada, atrapó la muñeca de Finn para recuperar su teléfono-¡oye! ¡sabía que harías trampa!-reclamó con una risa entrecortada.

-¿Trampa? ¡nah! Sólo estoy usando mis talentos-dijo Fern con suficiencia, chequeando que su foto seguía intacta-además, ahora tengo un par más tuyas corriendo como un loco-Finn bufó pero no pudo evitar sonreír, se volteó apoyándose contra la pared y dejó escapar un suspiro satisfecho. En ese momento, el ambiente cambió sutilmente. El sonido lejano de la música del baile apenas llegaba a sus oídos, mezclándose con el murmullo del viento. Desde la azotea podían ver la escuela y la ciudad extendiéndose bajo ellos, con las luces parpadeando en la distancia. Hacían aquella vista lucir más hermosa de lo que ya era. Fern bajó la mirada a su teléfono y deslizó los dedos por la pantalla con una expresión pensativa-Finn… hay algo más-en ese ambiente tranquilo, Fern decidió finalmente contarle algo que había guardado desde el festival de rock-algo que no te había dicho-

-¿Qué cosa?-el rubio se volteó para mirarlo.

El de ojos verdes bajó la mirada hacia su teléfono y deslizó el dedo por la pantalla como si intentara distraerse de algo. Luego suspiró.

-¿Recuerdas a Tess? La chica rara de cabello verde y que lee las manos…-dijo rompiendo el silencio.

Finn lo observó con curiosidad.

-Sí, claro ¿por qué?

Fern dejó escapar un leve suspiro y se rascó la nuca.

-El día del festival, cuando ella me leyó la mano, me dijo algo que ha estado en mi cabeza desde entonces.

Finn ladeó la cabeza en señal de curiosidad.

-¿Qué te dijo?

Fern lo miró directamente a los ojos, ignorando por un momento la pantalla de su teléfono.

-Vas a encontrar a alguien que cambiará la forma en la que ves el mundo. Podría ser para bien… o para mal.

-¿Y qué crees tú? ¿Fue para bien o para mal?

Fern soltó una leve risa.

-En ese momento lo ignoré, pensé que era una tontería. Pero ahora…-desvió la mirada hacia el cielo estrellado-creo que ya tengo mi respuesta-volvió a centrar su mirada hacia Finn, con una expresión sincera y vulnerable que rara vez mostraba-ahora sé que hablaba de ti-

El silencio entre ellos no era incómodo. Finn sintió su corazón latir con fuerza, y su pecho llenarse de algo cálido, una sensación que no podía describir del todo pero sabía que quería conversar.

-Repito ¿fue para bien o para mal?-preguntó en voz baja, medio en broma y medio en serio.

Fern sonrió, inclinando su cabeza para apoyarla en el hombro de Fern, disfrutando del momento.

-Aún lo estoy averiguando… pero hasta ahora, no me arrepiento de nada.

-Bueno… qué presión ¿eh?-bromeó Finn, soltó una risa nerviosa intentando aligerar la atmósfera pero no se alejó.

Fern rió por lo bajo y deslizó los dedos por la muñeca de Finn entrelazando sus manos una vez más.

-No te preocupes, no creo que me decepciones.

Finn no supo que responder pero en ese momento se dio cuenta de que tampoco hacía falta decir nada. La ciudad brillaba a lo lejos, la música quedó en segundo plano y ahí, en la azotea de la escuela, con las manos entrelazadas y sus corazones latiendo al mismo tiempo, Finn supo que esa noche sería una de esas que nunca olvidaría.

Mientras esta escena casi romántica sucedía, Phoebe, con los brazos cruzados y expresión impaciente, escaneaba el gimnasio con la mirada. Había visto a Finn y Fern escabullirse hacía un rato, y ahora tenía la molesta sensación de que estaban tramando algo.

No es que le importara demasiado lo que hicieran, pero sentía que alguien debía asegurarse de que Finn no terminara en problemas... otra vez.

Justo cuando estaba por salir del gimnasio, una figura tambaleante le bloqueó el paso, Mark.

-¿A dónde vas tan rápido, hermosa?-preguntó con una sonrisa ladeada. Su aliento apestaba a ponche mezclado con alcohol, lo que confirmaba que probablemente había ido a buscar más en el transcurso de la fiesta y que, en efecto, logró conseguir alcohol de contrabando de quien sea que haya alterado la bebida frutal.

Phoebe entrecerró los ojos y suspiró con fastidio.

-No tengo tiempo para tus tonterías, Mark.

-¿Qué pasa? ¿no quieres quedarte a hablar?-dijo fingiendo estar ofendido-aunque supongo que preferirías estar con tu amiguito Finn… oh, espera, él ya tiene a alguien más que lo consuele-

La chica de cabello rojo-cobrizo frunció el ceño.

-¿Y eso qué tiene que ver contigo?

-No mucho, solo que es divertido ver cómo tu supuesto mejor amigo anda por ahí jugando a ser el novio perfecto, digo, después de todo lo que pasó, pensé que al menos tendrías un poco de dignidad y te alejarías de él-Phoebe apretó los puños sintiendo el calor subirle al rostro. Mark la estaba provocando y lo peor de todo es que lo hacía con esa sonrisa satisfecha como si estuviera disfrutando cada segundo-¿sabes? ahora que lo pienso…-continuó fingiendo estar pensativo-hace unos días Finn se puso muy valiente conmigo cuando lo encontré en los vestuarios del gimnasio. No suele ser así, supongo que cuando tienes novio nuevo te crees estar en la cima del mundo ¿no es así? es una pena que después fue a delatarme con los profesores como todo un cobarde-

Phoebe soltó una risa sarcástica y cruzó los brazos alrededor de su torso.

-¿Acaso eso es lo que creés? ¿Qué Finn los delató?

-Vamos, Pheebs-dijo Mark observándola con burla-todos sabemos que Mertens no es precisamente el tipo más discreto-

Ella sonrió con suficiencia antes de responder:

-Pues ¿adivina qué, genio? No fue Finn quien los delató, fui yo.

-¿Qué?-el rostro de Mark se congeló por un segundo antes de fruncir el ceño.

-Sí, fui yo-repitió la chica de cabello rojo cobrizo encogiéndose de hombros-porque no me pareció justo que ustedes se escaparan a jugar mientras dejaban a Finn haciendo todo el trabajo-

Mark la miro con una mezcla de confusión y enojo.

-Vaya, que buena amiga resultaste ser-comentó sarcástico-toda una traicionera. Y yo que pensaba que tú y Finn eran inseparables-Phoebe bufó y lo esquivó sin más, saliendo del gimnasio sin molestarse en responder. La verdad, es que ni ella estaba segura de que eran ahora-¡QUE TENGAS UNA LINDA NOCHE, PRINCESA!-gritó detrás de ella con sorna.

Phoebe; sin embargo, no le dio el gusto de voltear.

Salió del gimnasio con pasos rápidos, aun sintiendo la rabia ardiendo en su pecho. No quería seguir en ese estúpido baile, no después de lidiar con Mark y su lengua venenosa. Sacó su teléfono y marcó el número de su padre, llevándoselo al oído mientras se cruzaba de brazos.

El tono sonó una vez, luego otra y otra…

Suspiró con frustración, tal vez su padre estaba ocupado y tardaría en contestar. Se quedó quieta observando los alrededores con la mirada ausente, hasta que algo llamó su atención. Un sonido, voces. Frunció el ceño y bajó un poco el teléfono. La escuela estaba cerrada y oscura, pero estaba segura de que había oído algo. Giro la cabeza hacia la dirección de dónde provenía el ruido y, sin pensarlo demasiado, comenzó a caminar.

El césped crujió bajo la suela de sus zapatos mientras se acercaba al edificio. Sus ojos avellana se entrecerraron con curiosidad y algo de inquietud.

La entrada principal estaba asegurada, así que ¿cómo alguien podría estar ahí?

Dudó un momento, pero finalmente se decidió a investigar. No tenía idea de qué iba a encontrar, pero después de su encuentro con Mark, cualquier distracción era mejor que seguir pensando en él. Con su teléfono aún en mano y la pantalla iluminando tenuemente su camino, la chica avanzó hacia la escuela con cautela.

Finn sintió su corazón latir con fuerza, la confesión de Fern aún flotaba en el aire entre ellos. Su pecho se llenó de un calor inesperado y antes de darse tiempo a pensarlo demasiado, simplemente se inclinó hacia él y lo besó.

Fue un roce torpe, breve, incluso tímido pero cargado de emociones.

El rubio de ojos verdes parpadeó sorprendido, su mente tardó un segundo en procesar lo que acababa de ocurrir, hasta que una suave risa escapó de su garganta. Su expresión se suavizó y esta vez fue él quien cerró la distancia, besando a Finn con más seguridad e intención. Cuando se separaron, ninguno de los dos habló, no era necesario, se quedaron abrazados bajo el cielo nocturno con la ciudad extendiéndose frente a ellos como un mar de luces parpadeantes.

Fue entonces cuando un ruido sutil rompió la quietud del momento.

Finn y Fern no lo notaron, estaban demasiado absortos en el otro pero alguien más sí.

Phoebe se quedó quieta en la entrada de la azotea, observando la escena con los labios ligeramente entreabiertos. No podía evitarlo. Algo en la imagen de ambos abrazados, en la manera en que se miraban, le provocó una sensación cálida en el pecho. Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. Pero su momento de contemplación se vio interrumpido por un susurro proveniente de la oscuridad.

-Lindo, ¿no?-la chica de cabello rojo cobrizo se giró de inmediato, su cuerpo tensándose. Desde las sombras, con la luz de la ciudad delineando apenas su silueta, apareció Tess. Phoebe sintió un escalofrío recorrer su espalda. No porque le tuviera miedo, sino porque la manera en que Tess la observaba (como si supiera algo que ella no) le resultaba inquietante. La chica de cabello verde con algunas hojas colocadas en sus mechones inclinó la cabeza levemente, su sonrisa era sin dudas enigmática-sabía que algo así pasaría-murmuró con un tono casi divertido.

Phoebe frunció el ceño sintiendo que esa noche estaba a punto de volverse aún más extraña.

En un apartamento iluminado solo por el resplandor de la televisión, Marceline regresó de la cocina con dos tazas de té humeante en las manos. Bonnibel, acurrucada en un extremo del sofá, le hizo espacio en cuanto la vio acercarse.

-Gracias-murmuró tomando su taza con una leve sonrisa.

Marceline se dejó caer junto a ella, acomodándose con comodidad. Aunque la tensión aún flotaba en el aire había algo innegablemente reconfortante al tener que compartir ese momento de tranquilidad con Bonnibel. La película proyectada en la pantalla del televisor, avanzó mostrando su trama predecible pero entretenida, y justo cuando la joven de largo cabello oscuro iba a dar el primer sorbo a su té, su teléfono vibró en el bolsillo de su jean.

-¿Quién será a estas horas?-murmuró sacando el dispositivo y viendo el nombre "Fern" en la notificación.

-¿Qué te mando?-preguntó Bonnie arqueando una ceja con curiosidad.

Marceline deslizó el dedo por la pantalla para abrir el mensaje y, al hacerlo, una imagen apareció ante ellas: Finn, con las luces de la ciudad brillando detrás de él, capturado en una foto claramente tomada a escondidas.

Abajo, un mensaje corto pero afilado.

"No creas que con eso te perdono por lo que hiciste."

Por un segundo, ambas se quedaron en silencio procesando la combinación de imagen y mensaje. Luego, se miraron entre sí… y rompieron en carcajadas.

-¡Este niño! ¡no puedo creerlo!-exclamó Marceline entre risas llevándose una mano a la frente.

Bonnibel, aun riendo, se acomodó mejor en el sofá, sintiendo que por primera vez en mucho tiempo, estar ahí con Marceline no se sentía como algo del pasado, sino como algo presente y real.

Y, por esa noche, eso era más que suficiente.