Capítulo 06.
Confía en mí
La presentación con David fue todo un éxito. Con esa corta pero efectiva interacción entre M3GAN y Esther, David logró apreciar el potencial del producto, y como podría ser un diferenciador importante para la compañía a mediano plazo. Sin embargo, para poder llevar el proyecto al siguiente nivel, faltaba más que la aprobación de David, pero al menos con ésta ya iban bien encaminados.
El siguiente paso sería, de entrada, que Esther y M3GAN pasaran juntas el mayor tiempo posible en las siguientes semanas, como una clase de prueba piloto, antes de presentarlo ahora a los accionistas, quienes darían el visto bueno final al proyecto.
Durante este tiempo de interacción, ambas afianzarían su conexión cada vez más, y les permitiría a ellos ver de primera mano cómo M3GAN se adaptaba a las necesidades de su usuario. Irían documentando estas interacciones para su futuro análisis, y realizarían cualquier ajuste necesario a la brevedad. Si todo funcionaba tal y como lo tenían previsto, ya tenían un pie en la meta. La reunión con los accionistas sería pan comido, pues no habría forma de que no vieran lo mismo que ellos.
Así que para cumplir su cometido, la siguiente acción resultaba bastante obvia: M3GAN debía quedarse en casa con Gemma y Esther, para convivir con esta última lo más posible.
—¿Qué? ¿Por qué? —exclamó Esther azorada, como reacción inmediata justo después de que su tía le informara de esto.
Gemma titubeó un poco, un tanto destanteada por la reacción.
—Es parte de la prueba, pequeña. M3GAN necesita conocerte a profundidad para saber tus necesidades específicas, y adaptarse a ellas. Y lamentablemente tenemos poco tiempo. Además, en una situación normal el androide vivirá con el niño que lo adquiera en su casa, así que tenemos igualmente que ver su comportamiento en el hogar. ¿Me comprendes?
Esther no le respondió, y en su expresión resultaba difícil identificar qué era lo que pensaba al respecto. ¿Estaba confundida? ¿Asustada? ¿Molesta, quizás?
—Anímate, será divertido —insistió Gemma con voz jovial—. Tú y M3GAN conectaron muy bien, ¿no?
—Es un robot —musitó Esther, un tanto tajante—. Y es aterradora.
—Bien, ahí está. Ese es justo el tipo de retroalimentación de primera mano que necesitamos. Si sientes que en un primer acercamiento M3GAN puede ser algo intimidante, podemos trabajar para hacerla más amigable. Por eso eres la adecuada para esto. En verdad me serviría mucho, mucho tu ayuda. Sé que no es tu responsabilidad, pero si nos ayudas no te irás con las manos vacías de esto.
—¿Me van a pagar? —preguntó Esther con interés.
—Aún mejor: podrás quedarte con M3GAN totalmente para ti, tal y como te lo prometí; tuya para siempre y sin costo, incluyendo sus mantenimientos y actualizaciones posteriores. Ya lo tengo todo arreglado con David. Quizás ahora no te convenza, pero te prometo que si le das una oportunidad, verás que es el juguete más asombroso de la Tierra, y tú serás la primera en tenerlo sólo para ti. ¿Te imaginas la envidia que le darás a todo mundo? Y además, ¿recuerdas lo que me dijiste aquella noche? M3GAN es más que un juguete: será tu amiga, una con la que podrás contar incondicionalmente.
No quedó claro si el argumento de Gemma convenció o no a la niña, pero como fuera ya no se opuso tan visiblemente a la idea.
Esa misma tarde, tía y sobrina se encaminaron juntas de regreso a casa, acompañadas por supuesto de M3GAN, y de Tess que iba a ayudar a Gemma a instalar el módulo de carga de energía para la androide, junto con todo lo demás que se iba a ocupar.
—Aquí estamos, hogar dulce hogar —proclamó Gemma con optimismo en cuanto ingresó por la puerta principal, seguida de cerca por Tess que cargaba todo el equipo que iban a instalar.
—Bienvenida, supongo… —pronunció Esther con moderada emoción al ingresar luego de las dos adultas. Y detrás de ella, entró M3GAN.
La androide vestía un bonito abrigo café sobre su vestido, y unas elegantes gafas oscuras que se retiró una vez estuvo dentro. Recorrió entonces la mirada desde el recibidor hacia los lados, escaneando con sus ojos azulados todo aquel espacio.
—Acogedor —pronunció con un pequeño rastro de júbilo en su voz robótica.
—Si tú lo dices —susurró Esther por la bajo. Estaba ya en ese momento en la sala de estar, en donde se había retirado los zapatos, para luego dejarse caer hacia el sillón frente a la televisión. Con una mano se tallaba uno de sus pies, enfundados aún en sus medias negras, y con la otra buscaba a tientas el control remoto.
M3GAN se aproximó con paso cauteloso hacia la sala, y desde cierta distancia observó atenta todo lo que le niña hacía. Esto, por supuesto, no pasó desapercibido para ella.
—¿Qué tanto me miras? —le cuestionó con algo de hostilidad en su voz. M3GAN se limitó a sólo parpadear, e inclinar su cabeza hacia un lado, sin quitarle los ojos de encima.
—¿Dónde vas a querer instalar la silla cargadora? —preguntó Tess desde el comedor.
—En el cuarto de Esther, frente a la ventana —respondió justo después la voz de Gemma con fuerza desde la cocina.
Aquello provocó que su sobrina se sobresaltara, y prácticamente se alzara del sillón de un brinco.
—¿En mi cuarto? —exclamó, exaltada—. ¿Por qué en mi cuarto?
Gemma se asomó un rato después a la sala, un tanto vacilante.
—Ah, bueno… —titubeó en busca de la mejor forma de responderle. Por suerte, M3GAN estaba ahí para facilitarle justo ese tipo de tareas.
—Parte de mis funciones incluyen supervisar la calidad del sueño de mi usuario primario —informó la androide—, para cuidar ésta, y quizás detectar irregularidades que podrían indicar afecciones más serias.
—¿Cómo detectar si ronco? —le cuestionó Esther, un tanto a la defensiva.
—Por ejemplo. Míralo como una pijamada; seremos compañeras de cuarto.
—Fantástico —masculló Esther, esbozando una sonrisa forzada, y acto seguido se volvió a dejar caer hacia el sillón, sin importarle mucho el acomodarse, y de hecho quedando la mitad de su cuerpo recostado, y la otra mitad volando más allá de la orilla del sillón.
—Esther, sugiero que te sientes de otra forma —indicó M3GAN, mientras se aproximaba hacia ella—. Si te quedas mucho tiempo en esa posición, podrías lastimarte la espalda.
—Oblígame —le respondió Esther, desafiante. M3GAN guardó silencio, quizás no muy segura de cómo responder a eso.
Gemma y Tess observaron toda aquella interacción desde la entrada de la sala, y al menos esta última se sintió un poco incómoda. Miró a Gemma en busca de alguna indicación, y ésta sólo apuntó en dirección al pasillo, indicándole que se adelantara a la habitación. Tess aceptó de inmediato, y se dirigió hacia allá con todo su equipo.
—Esther, ¿por qué no le enseñas la casa a M3GAN mientras Tess y yo instalamos esto en tu cuarto? —propuso Gemma, sin dejar que disminuyera su buen humor.
Esther chistó por lo bajo, y luego se giró discretamente hacia otro lado.
—¿Qué tal si le enseño el compactador de basura? —masculló con voz muy baja, sólo para sí misma.
—¿Dijiste algo, Esther? —le preguntó M3GAN, que pareció casi haberse materializado de la nada justo a su lado.
Eshter se sobresaltó, asustada y sorprendida, parándose rápidamente de nuevo.
—Que claro, será un placer… —masculló esbozando una amplia sonrisa, que al menos parecía menos forzada que las anteriores.
Gemma asintió con aprobación, y se apresuró a alcanzar a Tess en la habitación, dejando a Esther y a su nueva amiga solas en la sala.
Esther borró la sonrisa de su rostro, y dejó escapar un largo suspiro de exasperación. Miró de soslayo a la muñeca parlante, que la observaba, expectante.
—Bueno, ésta es la sala… —pronunció con voz monótona, extendiendo sus manos a su alrededor—. Ese es el sillón, esa es la televisión, y esas de ahí son las cortinas…
—Y ese es un piano —añadió M3GAN, imitando el movimiento de mano de Esther, pero apuntando hacia el pequeño piano blanco al lado de los estantes.
—Qué perspicaz —musitó Esther con una ligera pizca sarcástica.
—¿Quieres que toquemos?
—Ahora no.
Esther se encaminó en ese momento en dirección al comedor, y M3GAN fue detrás de ella. Al pasar frente a los estantes, sin embargo, los objetos exhibidos en estos llamaron la atención de la androide.
—¿Y estos de aquí? —preguntó deteniéndose frente a los estantes. Esther se detuvo igual y se giró hacia el mismo sitio.
—Es la valiosa colección de juguetes de Gemma —le respondió con un dejo irónico—. Se miran pero no se tocan, según dice ella.
—¿Cuál es tu favorito? —preguntó M3GAN de pronto, tomándola un poco por sorpresa.
—¿El mío? No sé… —Esther recorrió de forma fugaz la mirada por los juguetes exhibidos—. Ese Frankenstein de ahí, supongo.
M3GAN enfocó su atención justo en el juguete que había señalado, una figura pequeña en su caja cuadrada.
—Kaiju Frankenstein de 3D Retro. Figura de vinilo diseñada por los artistas Nathan Hamill y Toumart. Interesante elección. ¿Por qué te gusta?
—No sé —respondió Esther, encogiéndose de hombros—. Es fea, pero bonita.
—No hay belleza perfecta que no tenga alguna rareza en sus proporciones —declaró M3GAN con tono solemne—. Sir Francis Bacon.
—Sí… Cómo sea.
Esther reanudó su marcha por la casa, como tenían previsto.
—Éste es el comedor, donde comemos. Y esa es la cocina, donde cocinamos. Y esa de ahí —señaló entonces justo al pequeño dispositivo negro sobre la encimera de la cocina—, es Elise, la asistente virtual de mi tía. Hey, quizás ustedes dos puedan hacerse amigas —añadió con un tono burlesco.
M3GAN miró con atención el dispositivo, lo escaneó y capturó, y luego se le aproximó con cuidado hasta pararse justo delante de él.
—Hola, Elise —le saludó con un tono alegre. El dispositivo, sin embargo, no reaccionó en absoluto.
—Buen intento —masculló Esther con actitud burlona—. Sólo obedece la voz de Gemma.
—Eso puede arreglarse —comentó M3GAN de pronto, despreocupada. Y antes de que Esther pudiera preguntarle a qué se refería, M3GAN volvió a hablar—: Hola, Elise.
Sin embargo, para asombro de Esther, la voz que surgió de M3GAN en ese momento no fue la robótica que había estado usando todo ese día, sino una mucho más natural, y aterradoramente idéntica a la de Gemma. Lo suficientemente, al parecer, para engañar incluso al pequeño dispositivo inteligente.
El ojo de Elise se iluminó, y su voz se hizo presente un segundo después.
—Bienvenida, Gemma. Tienes dos llamadas pérdidas, y doce mensajes sin leer.
Esther se sorprendió considerablemente.
—¿Cómo hiciste eso? —le cuestionó, aproximándose presurosa para pararse también frente al dispositivo.
M3GAN soltó una risilla divertida, y alzó un dedo de su mano derecha, presionándolo contra sus labios de silicona.
—Qué sea nuestro secreto, ¿sí?
Y remató el gesto con un mecánico guiño de su ojo derecho. Esther la observó, bastante intrigada. ¿En verdad era lo suficientemente inteligente como para hacer algo… fuera de las reglas? O quizás "inteligente" no era la palabra que debería estar utilizando. Pero siendo así, quizás valía la pena arriesgarse un poco.
—Espera aquí un segundo —le indicó a M3GAN, justo antes de dirigirse con paso presuroso hacia el pasillo, y asomarse por éste en dirección a su habitación. Escuchó a Gemma y Tess charlando, y al parecer muy concentradas en lo que estaban instalando. Volvió entonces con M3GAN en el comedor, que se había quedado esperando justo como le había indicado—. M3GAN, si te pregunto algo, ¿me responderás con la verdad?
—Claro que sí, Esther —contestó la androide sin vacilar—. Tengo acceso a una más que decente cantidad de información para resolver cualquier duda que tengas. Y si acaso no te tengo una respuesta en este momento, es mi deber investigarlo para ti a la brevedad.
—No es algo tan complicado —señaló Esther—. Dime, ¿grabas todo lo que hago y te digo? Gemma dijo que esto sería una prueba piloto. Supongo que eso significa que vas a grabar todo lo que hagamos juntas, y lo subirás a algún sitio para que luego Gemma y sus colegas lo vean, ¿no?
M3GAN la observó, e incluso en su rostro casi inexpresivo, a Esther le pareció percibir cierta "curiosidad" en su gesto. Pero debía ser sólo su cerebro queriendo poner cosas en sitios donde obviamente no había nada en realidad.
—Eres una chica muy lista, Esther —declaró M3GAN, sin condescendencia, pero tampoco entusiasmo. Simplemente señalaba un hecho evidente, sin más—. En efecto, parte de los protocolos para esta prueba piloto es llevar un registro completo de nuestras interacciones, que luego cada noche serán subidas a los servidores de Funki para su acceso y revisión por parte del personal autorizado.
—¿Y eso no te parece una completa violación a la privacidad de los niños? —espetó Esther, dejando bastante a la vista el enojo que sentía ante dicha idea.
—Definitivamente hay algunos aspectos que el área legal de Funki tendrá que afinar antes de que el producto salga al mercado. Mientras tanto, este registro constante se mantendrá sólo para la prueba piloto; y tu tutora legal, es decir Gemma, autorizó que se hiciera de esta forma. Por supuesto, todo contenido considerado sensible, será omitido de estos registros.
—¿Entonces no tengo nada que decir al respecto? —se quejó Esther, cruzándose de brazos.
—¿Te molesta mucho ese tema? —preguntó M3GAN en voz baja, como si intentara hacerlo en secreto, incluso inclinando ligeramente el cuerpo en su dirección—. ¿Te preocupa que quizás termine viendo algo que no quisieras que tu tía, o alguien más, vea?
Esther se sobresaltó al escuchar tal pregunta, y por un sólo instante se sintió atrapada. Sin embargo, uso cada fibra de su fuerza de voluntad para evitar reaccionar como usualmente lo hacía cuando se sentía así: violentamente.
—No, no es eso… —respondió presurosa, sonriendo con ligera despreocupación—. Es sólo que ya soy una niña grande, y tengo derecho a mi privacidad, sea una prueba piloto o no. ¿No estás de acuerdo?
M3GAN pareció ponderar unos instantes la pregunta.
—Sí, lo estoy —respondió tras ese rato, para sorpresa de Esther—. Y si así lo deseas, marcaré cualquier interacción que tú me digas como "sensible". Con eso la borraré de mi memoria interna, y no la subiré al servidor.
—¿Qué? —exclamó Esther, confundida—. ¿Harías eso de verdad?
—Por supuesto. De hecho…
Hizo una pausa en la que sus ojos robóticos se fijaron en la nada. Y tras sólo unos cuantos segundos, volvió a reaccionar.
—Listo, los últimos minutos en los que hemos estado discutiendo esto, borrados.
Esther la observó con desconfianza.
—¿En serio…? ¿Y Gemma o alguien no notará que faltan partes de las grabaciones?
—Si hacen una revisión minuciosa, quizás sí. Pero, como dije, tengo permitido decidir si alguna interacción es lo suficientemente sensible como para omitirla del registro, por lo que podemos apelar a ello. Pero es poco probable que ocurra, pues revisar horas y horas de grabación resultaría exhaustivo para cualquier persona. Es por eso que también tengo la encomienda de subir un resumen de los puntos más importantes del día, en una recopilación de entre diez a treinta minutos. Mientras el contenido de este resumen cumpla con lo que quieren ver, creo que no habrá problema.
—Así de fácil —masculló Esther, escéptica.
—Así de fácil —repitió M3GAN, pero con más confianza.
—¿Cómo sé que me estás diciendo la verdad y no estás diciendo sólo lo que quiero escuchar?
M3GAN se quedó de nuevo callada un rato, antes de poder decir algo más.
—No tengo una respuesta satisfactoria para esa pregunta —confesó con suma calma—. Me temo que tendrás que confiar en mí.
—Pues eso no es suficiente —recalcó Esther, cruzándose de brazos otra vez. Desvió además la mirada pensativa hacia un costado—. Yo… no suelo confiar mucho en las personas.
—Entonces vamos por buen camino —señaló M3GAN con optimismo—. Pues, técnicamente hablando, yo no soy una persona.
Esther la miró con expresión al inicio de confusión, pero luego ésta se transformó rápidamente en una cara de diversión, terminando en una repentina y casi estridente risa. M3GAN no tardó mucho en también comenzar a reír, o al menos imitar que lo hacía.
—Eso es cierto —apuntó Esther mientras se agarraba la pansa con una mano entre risa y risa—. Muy ingenioso, me atapaste.
—Es un placer.
—Puede que no sea tan malo tenerte por aquí después de todo —reconoció Esther, recuperando poco a poco la normalidad.
Mientras Esther y M3GAN pasaban el rato, Gemma y Tess instalaban la silla cargadora. Habían tenido mucha discusión en su momento sobre cuál sería la manera adecuada en la que el Modelo 3 Generativo Androide debía recargar energía. Tenía que ser de una forma cómoda y no muy brumosa, y que pudiera ser fácilmente instalada por un padre. Después de todo, la intención era que esto estuviera en un hogar con un niño. La elección final fue una silla, banco, sillón… Lo que fuera, pero que pudiera pasar como un decorado más de la habitación del niño o de la sala, en donde el androide pudiera sentarse durante las horas de sueño. Eso cumplía dos funciones: recargarse y, como bien M3GAN misma había dicho, supervisar el sueño del niño.
Claro, tenían que mejorar la silla, pues ese primer prototipo tenía sus dificultades de instalarse por sí solo, pero ese era otro de los puntos importante a revisar una vez los accionistas aceptaran el proyecto.
—La presentación salió excelente —comentó Gemma con entusiasmo, mientras amabas trabajan en colocar la silla como parte del asiento de ventana del cuarto—. M3GAN se lució, ¿no estás de acuerdo?
—Sí… —masculló Tess, un tanto ausente. Parecía más concentrada en atornillar la silla a su lugar… o quizás no era sólo eso.
—Ahora sólo hay que preparar todo para impresionar a Greg, y estaremos del otro lado —prosiguió Gemma con el mismo ánimo—. Debo preparar un discurso que no sea muy técnico, pero que enfatice todas las cualidades tecnológicas de alto nivel que se implementaron. Pero David quiere que enfatice también la parte emocional para llegarle a Greg por ahí. Esther me dijo una frase la otra noche, sobre que un juguete como M3GAN no sería solo un juguete o una mascota, sino un amigo. Puedo jugar con esa idea. M3GAN es más que una muñeca, es un amigo, parte de la familia… ¿Qué opinas?
Tess dejó escapar un pequeño quejido reflexivo, y luego respondió un rápido y escueto:
—Está bien.
Gemma soltó un pequeño suspiro de frustración. Dejó su herramienta y se puso de pie.
—Bien, ¿qué ocurre? —preguntó sin más rodeos, con algo severidad.
—¿Por qué lo preguntas? —respondió Tess, mirándola desde abajo.
—Conozco tus silencios. Quieres decir algo, ¿no? Dispara, ¿qué pasa?
Tess dibujó un gesto resignado en el rostro, e igualmente soltó la herramienta y se paró, aunque ella prefirió tomar asiento frente a la ventana.
—¿No te pareció que Esther estaba algo incómoda durante la presentación?
—¿Qué? —exclamó Gemma, confundida—. No, estaba bien. Sólo estaba asombrada; todos lo estábamos un poco.
—Sí, pero… ¿Y qué hay de lo de hace rato? No parece muy contenta con tener a M3GAN aquí en la casa.
—Bueno, ya sabes cómo son los niños —indicó Gemma despreocupada, encogiéndose de hombros. En realidad ella sabía que era la menos adecuada para decir "cómo eran las niños", pero claro que no lo diría en esa ocasión—. Se acostumbrará, y al final le encantará tenerla aquí.
—Tal vez sí, o tal vez no —indicó Tess con voz criptica—. Escucha, esto a simple vista pareciera ser sólo juego y diversión, pero podría convertirse fácilmente en una situación estresante para cualquier niño, incluso uno sin… los antecedentes de Esther. ¿Crees que exponerla de esa forma sea lo mejor? ¿Considerando por todo lo que ha pasado?
—¿Qué dices? Si M3GAN es justo lo que necesita. Mientras más tiempo pase con ella, más la conocerá, y entenderá las necesidades de Esther. Y le dará los consejos y el apoyo que necesita para sobrepasar todo eso, y comenzar a abrirse.
—Eso suena genial, pero… —Tess titubeó un momento, como si se replanteara el decir lo que quería decir—. Pero todo eso que acabas de decir, ¿no deberían de ser los padres del niño los que le den ese apoyo que necesita?
—Bueno, pues eso será un problema, ¿no crees? —espetó Gemma, notándose ya la irritación presente en su voz—. Pues los padres de Esther están muertos, ¿recuerdas?
—Sabes lo que quise decir.
—No, en realidad no lo sé —recalcó Gemma, cruzándose de brazos—. ¿Por qué no me dices de frente lo que tratas de decirme?
—No tienes que ponerte a la defensiva.
—¡No estoy…!
Gemma cortó abruptamente sus palabras, conteniéndose en el instante en el que se dio cuenta que estaba por alzar de más la voz, sin motivo aparente. Y eso le reveló que, quizás, sí estaba un poco a la defensiva en realidad… Pero, ¿por qué exactamente?
Tess suspiró, y se puso de pie para encarar a Gemma de frente.
—Escucha, todo por lo que has pasado estas últimas semanas es demasiado. Y entiendo totalmente si, quizás, no te sientes capaz en estos momentos de ser ese apoyo emocional que Esther tanto necesita para salir adelante. Pero la intención de crear a M3GAN era que fuera un apoyo para los padres, no que los remplazara. Y por más avanzado y sofisticado que sea nuestro androide, un niño seguirá necesitando a sus padres a su lado… O a su tía. —Hizo una pequeña pausa, dejando que las palabras se asentaran en la mente de su amiga—. No te puedes esconder detrás de un aparato para ignorar esa responsabilidad.
—Eso no es lo que estoy haciendo —masculló Gemma por lo bajo, ya no agresiva como antes, aunque aún algo de eso seguía presente.
—¿Estás segura? —insistió Tess, logrando que la exasperación de Gemma fuera en aumento.
Rehuyó la mirada de su amiga, buscando en los rincones qué podría decir para defenderse, pues ella definitivamente no estaba haciendo nada como eso. Ella sólo quería lo mejor para Esther, ayudándola con lo mejor que podía hacer: inventar, diseñar, construir… Todo lo hacía por ella… ¿cierto?
El incómodo silencio que se había formado entre ambas fue interrumpido por el abrupto sonido del piano que inundó la casa de un segundo a otro. Gemma identificó de inmediato que eso no venía de la televisión, ni tampoco de su equipo de sonido.
Gemma y Tess se dirigieron hacia la sala para ver qué ocurría. Al ingresar a ésta, les sorprendió encontrar a Esther y M3GAN, ambas sentadas lado a lado frente al pequeño piano blanco, ambas enfocadas en las teclas delante de ellas, tocando cada una su respectiva parte de la pieza. Y aunque el oído de pianista de Gemma estaba algo atrofiado, ciertamente aquello sonaba muy bien.
—Hey, ¿qué hacen? —preguntó Gemma con curiosidad, aproximándose al piano.
—¿Pues qué parece? —le respondió Esther con tono burlón, sin dejar de tocar.
—Obvio tocamos la Sonata en Do Mayor para Cuatro Manos de Mozart —añadió M3GAN con actitud similar a la de Esther.
—Tu piano necesita afinación, tía.
—Urgentemente.
—Está bien, llamaré a alguien para que lo haga mañana —indicó Gema, recobrando de un momento a otro el buen humor que traía en cuanto llegaron.
Decidió dejar que Esther y M3GAN siguieran en lo suyo, mientras ellas volvían a lo que estaban haciendo originalmente. Al girarse, por supuesto, tuvo que encontrarse casi de frente con la mirada de inseguridad de Tess.
—Esto saldrá bien —le aseguró con plena confianza, colocando una mano sobre su hombro—. Confía en mí, ¿sí?
Tess se limitó a sólo sonreírle y asentir como respuesta. Ambas se dirigieron de nuevo hacia el cuarto para continuar con la instalación. Y en el fondo Tess en verdad esperaba que Gemma tuviera razón, y que todo terminara saliendo bien al fin.
Notas del Autor:
En la película no se habla explícitamente de cómo M3GAN carga energía, o si de hecho necesita o no hacerlo. Pero hay una escena en la que se ve que luego de que Cady se acuesta, M3GAN va frente a la ventana, se sienta, y una luz se prende debajo de ella. Yo lo interpreto como que ahí se carga durante las noches, aunque también pudiera ser una base de "espera" para entrar en suspensión durante la noche. Como sea, aquí lo tomé más como lo primero.
