Capítulo 4
Ese fin de semana transcurrió de manera bastante normal, salvo por las preguntas constantes de Leah sobre ese idiota que la había dejado plantada. Al notar que ella no quería tocar el tema, ambas se enfocaron en la clase de terrarios. Después de clases, decidí salir a pasear al centro comercial más cercano.
—¡Esto te quedará chulísimo! —exclamó Leah emocionada, mientras le mostraba un bonito vestido de tirantes y escote en V—. Esas tetas necesitan salir de esa horrible playera.
—No salgo mucho de fiesta, así que no es opción. Estará oculto en mi guardarropa.
—Lo puedes ocupar en alguna cita —propuso entusiasmada.
—Sí… creo que eso no pasará —respondió Marie y Leah rodoo los ojos.
—Hay más peces en el agua — contesto su amiga mientras le guiñaba el ojo.
A pesar de su protesta, Leah compró el vestido y se lo dio. Ese día, decidió renovar un poco su guardarropa, a su gusto de cierta forma, nada revelador, como mencionaba Leah. Había notado que su ropa era bastante aburrida, entre la charla con Alice y ahora su nueva amiga, quería sentirse mejor con su aspecto, incluso con su ropa deportiva que usaba en las mañanas cuando salía a correr. Compró algunas blusas, playeras y pantalones. Leah la ayudó, aunque no dejó de quejarse de que necesitaba usar ropa que mostrara más. Pero eso no era lo suyo. Descubrió incluso que tenía gusto por el estilo ochentero, ropas holgadas de cierta forma, pero con un estilo sensual, según palabras de Leah. Agrega varios vestidos primaverales, algunos con espalda descubierta pero sin que fueran vulgares y sumaron ciertos calzados.
Al final del día, cenaron en una pizzería, y para su suerte (o desgracia), era noche de karaoke. Leah las orilló a hacer el ridículo, pero ella lo disfrutó. En años no había tenido la oportunidad de pasar algo así, y se sintió bien.
El lunes, volvió a su rutina semanal. Comenzó a ayudar a Esme con la remodelación del ático que sería la habitación de su hijo. Juntas eligieron algunas plantas para decorar, mientras Alice se encargaba de seleccionar los muebles. Al poco tiempo, regresó al local para supervisar los detalles restantes. Ethan y ella retomaron su rutina después de la escuela. Así pasaron algunas semanas.
.
.
—Pero mira este lugar —silbó Jake al entrar al local—. Sí que está quedando chulo —comentó con una sonrisa mientras se acercaba a una sonrojada Marie.
—¡Jake! —exclamó ella, abrazándolo—. Me alegro verte.
—Bueno, si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. No te he visto en un rato.
—Me alegra verte —repitió con una sonrisa.
—A mí igual, pecas — suspiro con esa mirada de añoranza —.Vengo a invitarte al cumpleaños de Emmett. Y antes de que pienses que es una cita amorosa, no lo es. La chica Cullen también está invitada, incluso Angela. Rentaremos aquel bar de Mike cerca del centro, será exclusivo por un día para el capitán de policía —dijo Jake, guiñándole un ojo.
— ¿Qué día es? He estado fuera los últimos fines de semana. Estoy por terminar un curso...
—Alice mencionó eso, pero no te preocupes. Es dentro de tres semanas, así que no puedes escaparte.
—Emmett sí que se tomó el tiempo para organizarlo.
—Ese chico es así. Le encanta dar buenas fiestas y organizarlas con tiempo, más con la ayuda de Alice.
—Bien, pues ahí voy a estar —respondió sonriendo.
Conversaron un rato más antes de que Jake se despidiera para ir a recibir un auto. Poco después, recibió a unos cuantos proveedores. Al final del día, cuando estaba cerrando, escuchó el ruido de la puerta en la planta baja. Intrigada, se asoma desde el primer piso para ver quién era.
—Lo lamento, pero seguimos en remodelación —dijo mientras bajaba las escaleras.
Se detuvo en seco al llegar al último escalón.
—A que no esperabas verme aquí.
—Definitivamente, no —respondió Marie con una sonrisa, caminando hacia Leah para abrazarla—. ¿Qué haces por aquí?
—Resulta que mi madre tiene una amiga en este pueblo, Sue, venimos a visitarla por su cumpleaños. Ella me indicó cómo llegar a este lugar —respondió, maravillada mientras miraba a su alrededor—. Es increíble, no me imagino cómo será cuando esté repleto de más plantas. Tiene mucha luz.
—Lo sé —asintió sonriendo a su alrededor, satisfecha por su trabajo—. ¿Quieres un recorrido?
—¡Por supuesto que sí, chica! —respondió Leah con entusiasmo.
El recorrido les tomó veinte minutos. Su amiga no dejaba de ir de un lugar a otro, fascinada. Incluso le mostró el vivero en la parte trasera, donde había un huerto con vegetales en crecimiento. A Leah le encantó todo, y su entusiasmo era evidente.
Al terminar, la acompañó al restaurante de Sue, donde le presentó a Emily, su madre. Ella se quedó un rato, comieron y luego salieron corriendo hacia la casa Cullen.
—Lamento la tardanza, Esme —se disculpó en cuanto Esme abrió la puerta.
—No te preocupes, querida. Ethan me ayudó a realizar algunas compras y ahora está acomodando todo en la cocina —respondió Esme con una sonrisa mientras ambas subían al ático—. Ya solo faltan algunos pequeños detalles. Espero que Edward se sienta cómodo en este lugar.
—Sería absurdo que no le guste. Te has esmerado mucho —comentó mientras le sonreia.
El ático estaba completamente transformado. Tenía un balcón improvisado en una esquina, un amigo arquitecto de Carlisle se había hecho cargo de eso y el resultado fue bueno. Un gran tragaluz sobre el escritorio y paredes de ladrillo estaban expuestas. El piso, de madera color caoba, combinaba con los muebles elegantes y sencillos. En el balcón crecían enredaderas y potos, había mucha iluminación. Incluso contaba con un sofá y una pantalla plana de 75 pulgadas.
—Te luciste, Esme —la felicitó.
—Espero que le guste —respondió Esme con modestia, antes de añadir con una sonrisa—. Era más fácil hacer esto que volver a adaptar tu antiguo cuarto, que ahora es una librería.
Soltó una risita y luego miró a Marie.
—Por cierto, estás invitada a la cena de bienvenida. Es dentro de dos semanas, así que no tienes excusa. Ya habrás terminado tu curso.
—Estaré aquí, Esme, no te preocupes. Ese fin tenemos la inauguración del local.
—Oh, querida, me tomé la molestia, junto con Alice, de hacer las invitaciones. Espero que no te moleste. Ambas estamos muy entusiasmadas.
—Para nada. La verdad es que no he tenido tiempo de dedicarle espacio a eso —negó mientras bajaban las escaleras—. Tengo unos promocionales que hay que programar para asegurar una buena asistencia.
Marie no se quedó mucho tiempo con Esme. Estaba agotada y tenía que preparar la cena, así que se disculpó y emprendió el camino de regreso a casa.
—Este fin de semana terminare mis clases —anunció a Ethan mientras cenaban en el porche—. Y la semana entrante es la inauguración del local. —Ethan la miró con curiosidad, esperando que continuara—. Y unas semanas después será tu salida de la escuela, así que quiero organizar un viaje.
—¿Un viaje? —preguntó emocionado—. ¿Puedes darte el espacio?
—Las circunstancias cambian, cielo. Puedo permitirme tomar un respiro. Contrataré a alguien para que atienda la cafetería y otra persona que me asista en la tienda. Podré tomar unas dos semanas. ¿Qué te parece?
—¡Es estupendo, mamá! ¿Dónde iremos?
—Estaba pensando en alquilar una caravana y dar un paseo por carretera a distintos lugares.
-¡Genial! Viviríamos en una caravana por un rato. Podríamos ir por las costas de Lincoln o incluso llegar a Los Ángeles. Tengo un mapa del cual nos podemos guiar.
Sabía que la idea le encantaría. El resto de la noche, Ethan no dejó de hablar emocionado sobre los planes para su aventura.
.
.
—¡Brindo porque esto haya terminado! —exclamó Patrick, alzando su cerveza. Todos chocaron las botellas y vasos.
—¡Salud! —gritaron al unísono antes de dar un largo trago.
Habían terminado el curso hacía menos de dos horas. Las últimas semanas habían sido las más emocionantes, enfocándose en la práctica de cada sección. Ese día, Marie presentó el examen final y lo aprobó sin problemas. Después de eso, decidieron ir en grupo al primer bar que encontraran. Leah sugirió aquel lugar de pizza donde una vez habían cenado.
Las siguientes horas se llenaron de pizza y cerveza. Cuando cayó la noche, decidió que era momento de regresar al hotel; al día siguiente tenía un par de horas de camino hacia Forks y quería salir temprano. Leah la acompañaría, pero antes pasó al baño tras pagar la cuenta. Marie decidió esperarla afuera.
—¿Marie?
Esa voz... Estás soñando de nuevo, se dijo a sí misma.
—Marie —repitió una voz menos dudosa y aterciopelada detrás de ella. Se giró con nerviosismo, deseando que no fuera quien pensaba.
—Anthony —murmuró al encontrarse con aquellos ojos verdes.
Él se quedó unos segundos observándola de arriba abajo antes de que sus miradas se encontraran. Intentó mantener su expresión neutral. Ella no lo había dejado plantado, y no pensaba disculparse por algo que no hizo.
—Yo... supongo que te debo una disculpa —dijo Anthony, viéndose algo apenado. Ya no llevaba el traje que nosotros la última vez que lo vio. Ahora vestía unos jeans desgastados y una camisa polo negra, con las manos metidas en los bolsillos.
—No me debes nada —respondió, intentando ocultar su molestia.
—No quiero darte excusas, es una historia larga de explicar, pero creo que...
—En serio, no quiero oírlo —lo interrumpió ella. Su corazón se partió en dos al ver la desilusión en el rostro de Anthony.
Mierda. Era atractivo, sin duda, incluso con aquella mirada. Sus recuerdos de él no lo recordaban tan apuesto…
—¿Lista? —La voz de Leah interrumpió el momento. Salió del restaurante y se detuvo en seco al ver a Anthony—. Miren a quién tenemos aquí —dijo cruzándose de brazos y colocándose junto a ella—. Aléjate de mi amiga. Tuviste tu oportunidad y la dejaste ir.
—Leah, basta —suspiró mirándola de reojo—. Vámonos.
La tomó del brazo y comenzó a alejarse, sintió la mirada de Anthony, sin embargo no miró hacia atrás, sintiéndose mal y evitando empeorar su estado. Caminaron rápidamente hasta llegar al hotel, donde Leah la dejó. Marie agradecía que su amiga entendiera que no quería hablar del tema, distrayéndola con conversaciones triviales.
En el hotel, decidió tomar una ducha larga y caliente en la bañera, aprovecho e tiempo para ver sus finanzas. El local tenia un par de meses cerrado entre la remodelación y el colchón que tenia guardado, ya estaba acabándose, tomando en cuenta sus nuevas compras. Al terminar, se puso unos jeans ajustados y una camisa de manga larga con escote en V. Leah tenía razón: tenía un buen cuerpo, y lo estaba notando desde que empezó a usar la ropa que compró. Su rutina de entrenamiento matutino también comenzaba a dar resultados evidentes.
Salió en busca de algo para cenar. A unas cuadras había un restaurante japonés, y tenía antojo de ramen. Bajó por el ascensor y se encaminó hacia la salida.
—¡Marie! —escuchó un grito detrás de ella.
Otra vez, no, por favor, pensó, deteniéndose en seco y cerrando los ojos.
—Perdóname —la voz de Anthony llegó desde muy cerca, tanto que podía sentir el calor de su cuerpo y su respiración.
—Si te perdono, ¿me dejarás en paz? —preguntó, girándose hacia él y encontrándose con su mirada.
—Déjame invitarte a cenar, por favor — contesto ignorando su pregunta y mirándola con insistencia.
—Y después ¿qué? —respondió ella con molestia—. Escucha, posiblemente lo que buscabas aquella noche era sexo. Claramente no pasó, y por eso no me buscaste después—suspiró, intentando calmarse—. Pensé que la estábamos pasando bien. Si solo querías sexo, hubieras ido al grano y no habría perdido mi tiempo contigo. No deberías jugar con los sentimientos de las personas.
Se sintió mal tras decirlo. Era una hipócrita, y ese pensamiento la golpeaba con fuerza. Ambos se quedaron en silencio, mirándose. Los ojos de Anthony parecían querer decir algo, intensos y llenos de emoción. Pero al no escuchar respuesta, Marie decidió continuar su camino.
—Lo lamento, en serio. Es una larga historia. Yo no estaba pasando por un buen momento —Anthony tomó su mano, y aquel cosquilleo familiar apareció de nuevo. Tenia que alejarse de su tacto, lo sabia, pero no podía—. Me espanté de lo que sentí por ti. No te mentí cuando te dije que no ligaba en esos lugares. En un primer momento me acerqué porque llamaste mi atención, no puedo negarlo, me atrajiste de inmediato —añadió, nervioso, queriendo sonreír—. Pero al pasar la noche contigo, nuestra conversación... supe que no eras ninguna mujer de esas. En serio me gustas y mucho. Pero estaba pasando un mal momento.
—Pudiste ser honesto…
—Lo sé, lo sé, pero no es fácil para mí. Es algo personal, Marie, y no estoy listo para hablarlo.
—No puedo presionarte para decirme, entiendo que sigo siendo una extraña —respondió, asintiendo.
—Por favor, déjame invitarte a cenar —insistió él.
—Supongo que no perdemos nada —aceptó finalmente. La sonrisa y la mirada iluminada de él lograron ablandarla.
Anthony tomó su mano con firmeza mientras caminaban varias cuadras en silencio, para Marie era algo extraño, pero se sentía...¿Correcto?, disfrutaba del tacto entre ambos. Llegaron a un restaurante italiano que él sugirió, y para su suerte, no estaba lleno.
—Buenas noches —los saludó una anfitriona de voz cálida y seductora—. Mi nombre es Tini. ¿Mesa para dos?
Su acompañante asintió, y Marie notó la forma en que Tini lo miraba, con una intensidad que la incomodó. La anfitriona le dirigió una sonrisa tranquila, pero ella sintió una punzada de furia que intentó ocultar.
— ¿Les parece bien esta mesa? —preguntó Tini, señalando una cercana.
— ¿Tendrás algo más íntimo? —preguntó Anthony, mirándola. Marie lo miró curiosa.
Tini los observará durante unos segundos antes de guiarlos a una esquina tranquila del restaurante, con una mesa apartada de los demás comensales.
—Perfecto —dijo el cobrizo, ayudándola a acomodarse en la silla.
Una vez que la chica se fue, Marie notó la elegancia del lugar. Colocó la servilleta que estaba sobre el plato entre sus muslos para sentirse más cómoda, y Anthony hizo lo mismo.
—Así que... —rompió el hielo ella, incapaz de soportar el incómodo silencio—. ¿Estarás en Seattle por mucho tiempo?
—Eso parece —respondió él, mirándola a los ojos—. Estoy buscando otras opciones laborales. Necesito nuevos aires.
—Hola, buenas noches —interrumpió una camarera de piernas largas y cabello rubio que se acercó a la mesa, enfocándose completamente en Anthony—. Soy Scarlet seré su mesera. ¿Qué puedo ofrecerles?
—¿Te molesta si pido vino? —preguntó Anthony, sin apartar su mirada de la de ella. Negó con la cabeza y volvió su atención al menú, nervioso por la intensidad de su mirada —. Una botella de vino, algo dulce, por favor —pidió Anthony a la camarera.
Eligió lo primero que vio en el menú: lasaña vegetariana. Scarlet, la camarera, tomó la orden y se retiró, no sin antes lanzar una mirada descarada hacia Anthony.
—¿No amabas lo que hacías? —preguntó de repente, tomando a Anthony por sorpresa.
—Pues… Eso pensaba, pero a veces perdemos el rumbo, estamos perdidos—respondió él, con una sinceridad inesperada en su voz—. Me rodeé de personas desleales, así que prefiero romper con mi antiguo trabajo y... bueno, ahora estoy mudándome a Seattle, buscando nuevas oportunidades.
Anthony estaba algo irritante mientras contestaba, y de alguna manera, ella sintió un leve sonrojo al escuchar la mención de "nuevas oportunidades".
—Dime, Marie, tomas un curso de jardinería, técnicas y paisajismo —dijo Anthony, mirándola con curiosidad—. No creo que sea solo un hobby.
—Tengo una tienda de plantas y flores —respondió Marie, sonriendo—. Bueno, lo estoy adaptando ahora para tener un mejor concepto. Hace un tiempo la adquirí, así que necesitaba prepararme aún más para el nuevo enfoque que pretendo darle.
Mientras Scarlet traía la botella de vino y servía las copas, la conversación se llenó de temas personales, esta conversación era distinta a la que tuvieron cuando se conocieron, ya no solo se enfocaba en sus gustos o constantes coqueteos. Marie descubrió que Anthony tenía una gran pasión por la música. Aunque había querido estudiar algo relacionado, terminó eligiendo otra profesión.
Él la observaba intensamente mientras ella le contaba anécdotas sobre su torpeza en la escuela y su distante relación con su madre, un tema del que evitaba hablar mucho. Cuando le preguntó sobre su familia, Anthony explicó que no eran cercanos desde hacía tiempo, pero no quería entrar en detalles. El le hizo la misma pregunta y se sorprendió cuando ella le comento que solo tenia a su madre y eran todos menos cercanas. Marie dudo en hablar de Ethan, pero no sabía que pasaría con ellos, así que no lo creyó conveniente.
Se quedaron en el restaurante hasta que estuvo a punto de cerrar. Luego caminaron por las calles nocturnas de Seattle, llegando a un parque iluminado. Ambos deseaban que la noche no terminara, y sin darse cuenta, Anthony ya estaba tomando la mano de Marie, de nuevo.
Era un sentimiento extraño para ella, algo que nunca había experimentado, ni siquiera cuando Math le robó su primer beso en séptimo grado.
El frío comenzaba a hacerse notar, así que Anthony se quitó su chaqueta y la colocó sobre los hombros de Marie a pesar de las protestas de ella. Después de un rato, encontraron una pequeña colina con césped verde y decidieron sentarse en el suelo.
—A veces, cuando tengo días malos y mi mente está saturada, salgo al jardín de mi casa con una copa de vino, un buen libro o, simplemente, la copa —compartió Marie, riendo tontamente—. Me quito los zapatos y calcetines, y me quedo en medio del jardín, sintiendo el pasto, escuchando el viento, los animales, incluso la gente. Todo desaparece y puedo relajarme. Trato de meditar, aunque a veces me resulta agotador. Concentrarse y calmar la mente requiere de un esfuerzo considerable.
Anthony estaba acostado sobre el césped, con los ojos cerrados.
—Ojalá pudiera hacer lo mismo —suspiró.
—Pues inténtalo —lo animó la chica.
Se puso de pie y, cuando él hizo lo mismo, le desabrochó los zapatos y lo ayudó a quitárselos. Luego se acercó a su oído, poniéndose de puntillas.
—Cierra los ojos —susurró—. Quiero que trates de no pensar en lo que te preocupa.
—No me preocupa nada —respondió él inmediatamente.
—Mentiroso —rió ella, y él la siguió.
—¿Tanto se nota?
—Algo —asintió Marie—. Cierra los ojos. Despeja todo, siente el pasto en tus pies, el frío, la pequeña brisa.
Anthony soltó un gran suspiro, y Marie pudo ver cómo la tensión en su rostro se desvanecía.
—¿Qué escuchas? —preguntó ella.
—El viento soplar entre los árboles, algunas personas hablando a lo lejos, perros ladrando...
—Aspira el aire a tu alrededor. ¿A qué huele?
—Una hierba mojada.
El silencio los envolvió por muchos minutos. Marie lo vigilaba detenidamente: era al menos diez centímetros más alto que ella, con el cabello ligeramente desordenado, su polo con los botones desabrochados dejaba ver un poco de su pecho, y su físico, aunque musculoso, mantenía cierta delgada.
—¿Te gusta lo que ves? —preguntó de repente Anthony, sorprendiendo a Marie.
—Lo... lo siento —murmuró ella, sonrojándose.
—Tus sonrojos son adorables, lo has hecho mucho esta noche —dijo él, sonriendo de repente y acercándose a ella—. ¿Puedo? —murmuró, colocando su mano en su mejilla mientras se inclinaba hacia ella.
Marie pudo sentir su aliento a vino cuando sus labios se acercaron lentamente a los suyos. Su corazón latía con fuerza.
Cuando finalmente la beso, sintió la suavidad de sus labios y un suspiro se escapó de Anthony. Pronto el beso se volvió más intenso. Sus manos, que inicialmente estaban en su mejilla, ahora sujetaban su nuca, impidiéndole separarse. Marie dejó escapar un gemido largo, al que él respondió con un gruñido, profundizando el beso.
Sus lenguas se encontraron, y ella respondió sin dudar. Sus manos subieron al cabello desordenado de Anthony, tirando de él con suavidad. Cuando sus respiraciones se hicieron más pesadas, se separaron ligeramente, aunque sin soltarse.
—Vaya... —suspiro él, jadeando—. Eso ha sido... no tengo palabras.
El ambiente cambió después de ese momento. Todo se sintió diferente, pero de la mejor manera. Anthony estaba más relajado, sonreía más y su preocupación parecía haber desaparecido.
Pasada la medianoche, él la acompañó hasta su hotel. Esta vez, subió con ella para dejarla en la puerta de su habitación.
— ¿Sería prudente pedirte tu número de teléfono? —preguntó Anthony cuando Marie abrió la puerta.
—Mmm... —fingió dudar, pensativa—. No lo sé...
—¿Me harás rogar? —bromeó él, inclinándose para darle un tierno beso en los labios.
—Vaya, con ese beso no tengo dudas —respondió ella, sonrojándose y sonriendo—. Dame tu teléfono.
Marie tecleó su número y lo guardó como "Marie".
—Voy a ir a Port Ángeles la próxima semana. Tengo un par de entrevistas de trabajo allí. Podría llamarte y quedar en una cita. ¿Qué dices? Como estarás por ahí, podríamos vernos.
Recordó que le comentario que estaría por ahí para visitar un proveedor de café.
—Me parece una excelente idea —respondió ella, recargándose en el marco de la puerta.
Había omitido detalles importantes de su vida, como Ethan, pero no quería compartirlos sin saber qué tan real era lo que estaba pasando.
—Esperaré tu llamada —dijo Marie, poniéndose de puntillas para robarle un beso. Sin embargo, antes de separarse, Anthony la tomó de la nuca e intensificó el beso por más tiempo.
¿Qué opinan? Muchas omisiones por parte de ambos.
Gracias por acompañarme en este nuevo capítulo. Su apoyo y comentarios hacen que cada capítulo siga cobrando vida.
No olviden decirme qué piensan de este giro en los comentarios ¡Nos leemos pronto!
;)
