Capítulo 7
Marie sintió su cuerpo relajarse mientras se acercaba hacia Jasper y caía en sus brazos. Él la envolvió en un abrazo cálido y prolongado, uno que parecía decirle que todo iba a estar bien, al menos por ese momento.
—Estás distinta —dijo Jasper rompiendo el silencio cuando se separaron. La observar con una pequeña sonrisa en los labios—. Tu cabello creció…. Te ves bien, Bells.
—Jasper, no tienes idea de lo feliz que me hace verte —suspiró ella, aunque su expresión se tornó seria casi de inmediato—. ¿Cómo nos encontraste? Te dije que no era seguro, Jas, por Dios.
—Primero que nada, será mejor que me dejes entrar; no podemos tener esta conversación aquí afuera —respondió él con calma.
Marie ascendió, apartándose para hacerle espacio.
—Tienes razón, pasa —dijo mientras cerraba la puerta detrás de él.
Ambos caminaron hacia la sala. Antes de sentarse, Marie echó un vistazo al sofá donde Ethan estaba profundamente dormido, sus suaves ronquidos llenaban el ambiente.
—Está enorme —comentó Jasper con una mezcla de asombro y nostalgia mientras miraba a Ethan desde el umbral de la sala—. ¿Necesitas ayuda?
—No te preocupes, ya lo tengo —respondió ella, inclinándose para levantar a su hijo. Aunque con el tiempo se hacía más difícil cargarlo, aún podía hacerlo.
Jasper observaba, mientras ella lo subía cuidadosamente las escaleras, su mirada llena de admiración y un toque de culpa. Cuando regresó, lo encontró mirando algunas fotos en la repisa sobre la chimenea.
—Toma —dijo, extendiéndole una copa de vino. Jasper la ayudó con una sonrisa agradecida—. ¿Tienes hambre?
—Estoy bien, gracias —respondió, acomodándose en un sillón cercano mientras se sentaba en el sofá donde había estado con Ethan minutos antes.
Jasper la miró con atención, sus ojos analizándola con una mezcla de curiosidad y ternura.
—Sabía que no me dirías dónde estabas, y lo entiendo —comenzó él, rompiendo el silencio—Así que decidí hacerlo por mis medios.
Marie frunció el ceño, claramente intrigada.
—¿Cómo nos encontraste?
—Contacté a un detective, es un amigo, realmente—explicó Jasper, dándole un sorbo a su copa—. Él rastreó las conversaciones que tuvimos. Fue difícil dar contigo, pero una vez llegar al pueblo fue fácil.
Jasper desvió la mirada hacia la ventana antes de continuar.
—Llegué hoy por la tarde. El pueblo no dejaba de comentar sobre la inauguración de un nuevo lugar. No tenía idea de que era tuyo; El detective solo me pasó un dato, una foto en la que estabas en el parque con Ethan. Solo necesitaba eso, no pedí más.
Marie se tensó ligeramente, pero él no dejo de hablar, tratando de tranquilizarla.
—Fui al local y vi toda esa gente. Me mezclé entre ellos, y cuando te vi, por unos segundos no te reconocí. Pero luego vi a Ethan corriendo hacia ti, y me di cuenta de que eras tú. Eran ustedes.
Hizo una pausa para dar otro sorbo a su vino.
—Estas tan distinta Bella, más madura. No tienes idea de lo orgulloso que estoy de ti, cariño. Te ves diferente, más fuerte. Has hecho un trabajo increíble con Ethan. Ese negocio, esta casa... es asombroso lo que estas logrado.
Sintió cómo las lágrimas comenzaban a caer silenciosamente por sus mejillas. Las palabras de Jasper eran tan significativas que no pudieron contenerse.
—Ha sido difícil —murmuró, tomando sus propias manos para intentar controlarse—. A veces pienso que fue injusto dejarte en medio de todo eso. Tú no podías renunciar a lo que estabas haciendo; la única opción era hacerlo yo. Ya no tenia nada...
—Y yo a veces pienso que fui un cobarde por dejar que te fueras con Ethan —respondió Jasper con un tono lleno de culpa, limpiándose las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos—. Era solo una niña cuando todo pasó.
—Hicimos lo que pudimos con lo que teníamos —replicó, recordando las palabras de su terapeuta—. Me ayudaste a distancia, eso fue suficiente.
Jasper suspiro, asintiendo lentamente.
—Quiero que me cuentes todo, Bella. En serio, todo. Ponme al corriente, y luego yo haré lo mismo contigo.
Sin dudarlo más, comenzó a relatar todo desde el principio: cómo se marchó de Texas, los miedos que la atormentaban, el crecimiento de Ethan y los momentos más duros que enfrentó. Jasper la escuchó con atención, sin interrumpirla ni una sola vez. Incluso mencionó al terapeuta que conoció sus secretos, las personas maravillosas que la habían ayudado y los amigos que había ganado en el camino.
Cuando terminó, la botella de vino ya estaba vacía, y ambos parecían mucho más relajados.
—No creo que siga buscándolos —aseguró Jasper con firmeza cuando llegó su turno—. Heredó el negocio de su padre y se mudó a otro lugar. Lo estuve monitoreando a distancia con la ayuda del detective que te encontró. Claro que fui lo mas discreto posible. Desde hace dos años, viaja constantemente al extranjero, derrochando dinero. No creemos que sea un riesgo. Fue solo un capricho.
—No es como si pudiera volver a ser Bella Swan... —murmuró, desanimada—. Si fue fácil para ti encontrarme con otro nombre, imagina si…
—No hay peligro —insistió Jasper—. Lo tengo vigilado, Bella.
Ambos se quedaron en silencio por unos minutos. Marie sentía que su mente estaba llena de pensamientos, pero al mismo tiempo, no podía concentrarse en nada. Estaba agotada.
—Necesitas dormir —sugirió Jasper, poniéndose de pie.
— ¿Quieres venir a desayunar mañana? —preguntó mientras lo acompañaba a la puerta.
—Si lo crees conveniente, sí. No quiero confundir a Ethan.
—Tienes tanto derecho como yo de estar en su vida. Aparte, sé que te extraña.
Jasper sonrió levemente.
—Era solo un niño pequeño cuando se fue.
—No has dejado de estar en su corazón. Sigues siendo su tío favorito.
—Soy su único tío, Bella —bromeó Jasper con una risa sincera mientras ambos salían al porche.
De repente, una voz interrumpió el momento.
—Buenas noches.
Marie se giró rápidamente, sobresaltada. Edward estaba acercándose al final de las escaleras, observándolos con una expresión seria.
— ¿Qué haces a estas horas aquí? —preguntó, cruzándose de brazos para ocultar su incomodidad.
—Tenemos cosas que hablar —respondió Edward con brusquedad, desviando la mirada hacia Jasper—. Pero veo que estás ocupada.
Este hombre tiene serios problemas de humor. Pensó Marie sorprendida.
Jasper frunció el ceño, examinando a Edward con curiosidad.
—¿Quién eres tú? —preguntó Jasper, su tono frío.
—Edward Cullen —dijo él, extendiendo la mano, que Jasper ignoró—. ¿Y tú?
-Jasper. Creo que tu conversación con ella puede esperar a una hora más prudente. Está cansada.
Edward los miró a ambos durante varios segundos. Había una chispa de tristeza en sus ojos que Marie no pudo ignorar.
—Supongo que no pierdes el tiempo —dijo Edward antes de darse la vuelta y marcharse.
Sintió que la tensión en el ambiente era insoportable.
—No pensará que tú y yo…? —preguntó Jasper, confundido.
—Puede pensar lo que quiera —respondió, su tono seco—. No tiene derecho.
La miró con curiosidad durante unos segundos antes de despedirse con un abrazo.
—Te extrañé, pecas —susurró antes de marcharse y acariciarle la mejilla, justo cuando el auto de Edward desaparecía en la distancia.
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Ethan estaba en la entrada del patio trasero, con las manos en los bolsillos y la mirada curiosa mientras observaba a su madre mezclando la masa para los hotcakes.
—Entonces, ¿va a venir? —preguntó con un déje de nerviosismo en su voz.
Marie levantó la mirada y le dedicó una sonrisa reconfortante.
—Ese es el plan, cielo —respondió mientras batía con más fuerza—. Solo si tú quieres.
Ethan frunció ligeramente el ceño, pensativo, antes de murmurar:
—Sé que era muy pequeño… ¿y si ya no le agrado?
Dejó la masa a un lado y se acercó a su hijo, inclinándose para quedar a su altura.
—Eso no pasará, Ethan. Eres un niño genial. Él está entusiasmado de verte; eres familia —dijo con firmeza, dándole un beso en la coronilla para asegurarlo.
La abrazó brevemente y luego se acercó al mostrador para comenzar a exprimir las naranjas para el jugo. Era un hábito que ambos disfrutaban compartir cuando tenían la oportunidad de hacer este tipo de desayuno juntos. Entre tanto, Marie se enfocó en cocinar los hotcakes en la sartén, disfrutando del aroma dulce que llenaba la cocina.
Cuando casi habían terminado de colocar todo en la mesa, sonó el timbre. Ethan dejó la jarra de jugo con cuidado, y Marie se apresuró hacia la puerta.
—¡Ey! —dijo con una sonrisa amplia al abrirla, envolviendo a Jasper en un cálido abrazo—. Llegas justo a tiempo.
—Dios, huele delicioso. Muero de hambre, Bells —respondió Jasper mientras entraba, inspeccionando la casa con una mezcla de curiosidad y admiración.
Ethan lo miró con atención desde el comedor, donde terminaba de arreglar los últimos detalles. Se enderezó y cruzó los brazos. Este gesto hizo que ella riera internamente.
—Vaya, que has envejecido, tío Jasper —dijo con una risa divertida.
—No me ves desde hace algunos años; Era obvio que lo haría. Pero mírate tú —respondió Jasper, señalándolo con una sonrisa mientras se acercaba—. Estás más alto de lo que esperabas.
El niño dejó escapar una pequeña risita mientras Jasper lo abrazaba. El gesto se sintió cálido y natural, como si el tiempo y la distancia nunca hubieran existido entre ellos.
—Tienes que contarme muchas cosas —añadió Jasper, dándole una palmada en el hombro.
El desayuno transcurrió entre risas y conversaciones amenas, donde Ethan y Jasper aprovecharon para ponerse al día. Hablaron de recuerdos lejanos, de la escuela de Ethan, e incluso compartieron un momento divertido cuando el pequeño intentó adivinar cuántos años tenía Jasper, algo que terminó en carcajadas cuando él le respondió con un exagerado: "Demasiados".
Cuando terminaron, Jasper y Ethan insistieron en lavar los platos, dándole a Marie un respiro para que pudiera terminar de secar la ropa y prepararse para ir al trabajo.
—¿En serio no te molesta? —preguntó mientras revisaba su bolso, asegurándose de no olvidar nada.
—En absoluto. Podemos ir adonde él quiera y pasar un rato de calidad —respondió Jasper con tranquilidad.
—Volveré pasadas las cuatro. Aun así, te llamaré para saber dónde están y alcanzarlos, ¿de acuerdo? —le indicó, aunque su tono dejaba entrever cierta preocupación maternal.
—Sí, Bells. Ve tranquila —contestó Jasper, dándole un gesto tranquilizador.
Se sintió aliviada de que ellos pudieran convivir nuevamente. Era algo que había esperado durante mucho tiempo, y ahora que finalmente ocurría, no podía evitar sentirse emocionada.
Al llegar al local, se encontró con Ángela, quien estaba organizando algunas cosas en la barra de la cafetería. Parte del día se le fue entre recibir clientes, ayudar con los pedidos de café y atender la sección del botánico, que poco a poco empezaba a tener más visitantes. Angela se las apañaba bien sola, pero la carga de trabajo comenzaba a ser evidente cuando también debía contestar llamadas.
Finalmente, la tarde llegó a su fin, y se quedó sola en el local, preparándose para cerrar. Estaba colocando las últimas cosas en orden cuando escuchó el sonido de la puerta al abrirse.
—Lo siento, ya estamos por cerrar… —dijo mientras se asomaba, pero sus palabras se detuvieron al ver a Edward.
Él levantó la vista para mirarla, y Marie dejó escapar un suspiro cansado.
—No quiero discutir, Edward. ¿Qué necesitas? —preguntó, cruzando los brazos y manteniendo una postura firme.
—Necesito hablar contigo y aclarar algunas cosas —respondió él, su tono más tranquilo que de costumbre.
Marie lo observará por un momento antes de asentir con renuncia.
—Te escucho.
— ¿Podemos sentarnos al menos? —sugirió, señalando un par de mesas cercanas.
—Sí, claro. ¿Quieres algo de beber?
—Un expreso estaría bien.
Asintió y se dirigió a la barra para preparar su pedido. Tomó una botella de agua para ella, sintiendo la mirada constante de Edward, que la observaba en silencio desde su asiento. La tensión en el aire era palpable, pero había algo en su expresión, en esos ojos tristes, que la desarmaba.
—Gracias —dijo Edward cuando ella colocó la taza frente a él y se sentó en la silla de enfrente.
—Te escucho —repitió, recargándose en la silla con los brazos cruzados.
Edward inhaló profundamente antes de hablar.
—Sé que no tienes por qué escucharme, pero quiero que sepas mi versión, ¿ok? No quiero que pienses que aquello fue un juego.
—No tienes por qué…
—Sí tengo, por favor. Déjame hablar —interrumpió él con seriedad. Marie ascendió, y Edward continuaron—. Victoria y yo estábamos separados desde hace un tiempo, un año para ser exacto. Vine aquí buscando nuevas oportunidades porque mi decisión era clara. Te conocí, y no me arrepiento de eso. En verdad siento algo por ti, Marie. Me resulta completamente ajeno que en tan poco tiempo te hayas metido en mi mente… y en mi vida, tomando en cuenta los nuevos acontecimientos.
Hizo una pausa, intentando medir sus palabras antes de continuar.
—Te cortejé, y no fue un juego.—reclamó con un déje de frustración en su voz—. Victoria apareció hace varios días en Seattle, buscando volver a intentarlo, ella y yo habíamos retomado conversación meses atrás, antes de llegara a la ciudad. Trató de ceder a mis nuevas ideas...
Edward se detuvo, mirándola fijamente.
— Ella ha cambiado, se está comprometiendo y se que yo me equivoqué con ella también, así que después de hablar por mucho tiempo, decidí darnos una oportunidad. — la miro a los ojos, tratando de descifrar algo, como si quisiera penetrar su alma— En las ocasiones en que nos vimos, siempre note muy pensativa, como si te debatieras internamente siempre. Creo que se a que se debía, tenías a alguien esperando por ti… Tu no estabas realmente disponible.
Marie sintió un nudo en la garganta, la vergüenza y el dolor mezclándose en su pecho.
—Yo…
—No, no quiero que respondas a eso. Está claro, ¿no? —Edward dejó escapar una risa amarga—. Tenías a alguien más. Ese chico claramente se preocupa por ti.
—Edward, no es lo que piensas…
Antes de que pudiera explicarse, la puerta volvió a abrirse y la voz de Ethan llenó el local.
-¡Mamá! —gritó emocionado, corriendo hacia ella con un peluche en las manos—. Mira lo que traje del zoológico.
Jasper apareció detrás de él, sonriendo.
—Parece que interrumpimos —dijo Jasper, mirándolos a ambos con curiosidad.
—Ya me iba —respondió Edward, levantándose rápidamente.
Edward miró a Jasper por un momento antes de volver su atención a ella.
—Nos vemos, Marie.
Y sin decir más, salió del local.
Lo vi ir, sintiendo que había algo más que debían decirse, pero las palabras nunca salieron. De igual forma, ¿Qué caso tendría? Él vino aquí a decirle que retomaría la relación con su esposa.
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Los días siguientes la absorbieron por completo en el trabajo. Jasper ahora se quedaba en casa, lo cual era un alivio tanto para ella como para Ethan. El niño disfrutaba la compañía de su tío, y Marie agradecía el apoyo extra después de la escuela.
La rutina se desarrolló con facilidad. Jasper podía trabajar de forma remota, lo que le daba la libertad de acompañar a Ethan en sus actividades, algo que Marie jamás imaginó que sería posible. Sin embargo, el miércoles por la noche, después de que Ethan se durmiera, ella y Jasper tuvieron una conversación importante sobre el futuro.
Él quería quedarse en Forks.
—Ya no tengo a que volver, Bells —confesó Jasper, bebiendo de su copa de vino mientras ambos estaban sentados en el porche—. Mi vida en Texas se quedó en el pasado, y lo único que me importa ahora es Ethan... y tú, un nuevo aire en este pintoresco pueblo me vendrá bien.
Sintió un nudo en la garganta. Había pasado tanto tiempo sintiéndose sola, sin una verdadera red de apoyo, que la idea de que Jasper quisiera quedarse le resultaba reconfortante.
—Eres parte de nuestro hogar, Jasper —dijo finalmente, mirándolo con sinceridad—. No podría estar más agradecida de que estés aquí.
Decidieron que él se quedaría en su casa por un tiempo y verían a dónde los llevaba el camino.
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El jueves, Jasper pasaría a recogerla en el local para ir juntos al cine con Ethan. La idea de una salida en familia emocionaba al niño, y Marie quería asegurarse de que todo saliera bien.
Mientras terminaba un inventario con las nuevas adquisiciones, escuchó el sonido familiar de tacones acercándose.
—Me voy por unos días y vuelves a absorberte en el trabajo —dijo Alice, apareciendo en la oficina y dándole un beso en la mejilla.
Sonrió al verla, pero no pasó desapercibida la expresión inquisitiva en su rostro.
—¿Qué tal California?
—Soleado, a diferencia de aquí —se quejó Alice, dejándose caer en una silla—. Pero estoy agradecida de estar de vuelta. Cerré un par de contratos, así que mamá y yo tenemos trabajo asegurado los próximos meses. —Su mirada recorrió la oficina—. ¿Qué tal va todo aquí?
—Es grandioso. La cafetería ha tenido buenos resultados, todo fluye mejor —asintió Marie, aunque su mente estaba dispersa.
Alice entrecerró los ojos, notando su expresión.
—Dicen por ahí que tienes una nueva compañía foránea. —murmuró Alice con tono misterioso
Ella arqueó una ceja, sin entender a qué se refería.
—Edward nos lo confirmó en la cena de ayer —añadió Alice, observándola con atención—. ¿Por qué no me dijiste? ¿De dónde salió ese nuevo… o mejor dicho, viejo amor? Pensé que éramos amigas, y yo voy entrando por mi hermano.
Marie soltó una risa nerviosa.
—Alice, no es lo que piensas, en serio.
Ignoró su respuesta y continuó con su propio tema.
—Yo también conocí a alguien, justo el día de la inauguración —dijo con entusiasmo—. Un rubio misterioso. Charlamos un rato y después desapareció. —Puso los ojos en blanco—. Pero algo me dice que lo volveré a ver.
Su amiga la miró con diversión.
—Supongo que el amor llegará para alguien al menos.
Se quitó el delantal de jardinería y limpió su ropa antes de añadir:
—Respecto a lo que tu hermano te dijo, solo quiero…
—Tranquila —la interrumpió Alice, encogiéndose de hombros—. Estoy algo sentida, pero me alegra por ti.
Estaba a punto de responder cuando la voz de Angie llegó desde el piso inferior.
—¡Jefa! Tienes visitas.
Se escuchaban pasos en las escaleras, y segundos después, Jasper apareció con la mochila de Ethan colgada en un hombro y el niño saltando a su lado, emocionado.
—¡Ya es hora de irnos, mamá! —exclamó Ethan con impaciencia—. Llegaremos tarde.
Marie lo miró con una ceja arqueada.
—¿Dónde están tus modales, Ethan?
El niño bajó la cabeza y se sonrojó.
—Perdón… —murmuró antes de sonreír tímidamente—. Hola, señorita Alice.
Alice sonrió con ternura.
—Hola, pequeño.
Pero luego su mirada se posó en Jasper, y algo cambió en su expresión. Marie notó cómo la actitud de su amiga se volvió repentinamente extraña.
—Jasper, esta es Alice —dijo Marie, presentándolos con naturalidad.
— Alice , un placer volver a verte —dijo Jasper con voz tranquila, inclinando ligeramente la cabeza en señal de saludo. —La conocí en la inauguración. —Aclaro a María.
¿Así que a ella le gustaba Jas?
Su amiga parpadeó varias veces y luego, para sorpresa de Marie, se sonrojó.
—Vamos a ver una película —intervino Ethan, sin notar la tensión repentina—. Jasper dice que es bueno que pasemos tiempo en familia. ¿Te gustaría acompañarnos, señorita Alice?
Alice pareció tomar aire de golpe.
—Yo… —balbuceó, visiblemente nerviosa—. Gracias por la invitación, pero tengo algunos pendientes.
Marie la observó con confusión. Ella rara vez rechazaba una invitación, y mucho menos una tan inocente.
—Marie… Jasper —murmuró Alice antes de girarse y salir a toda prisa.
El rubio la siguió con la mirada, visiblemente pensativo.
—Eso fue… extraño —comentó, frunciendo el ceño.
Simplemente suena de lado, encogiéndose de hombros.
—Interesante, diría yo.
Suspiro y sacudió la cabeza, pero no pudo evitar notar la forma en que Jasper seguía mirando en la dirección en la que Alice había desaparecido.
Tenia que aclarar con ella sobre la relación con Jasper.
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El viernes, salió de su sesión con Marcus en el hospital con una sensación de calma. Pero esa paz desapareció al instante cuando dobló un pasillo y los vio: Edward y Victoria, conversando con una enfermera.
—Mierda… —murmuró para sí misma, sintiendo cómo su corazón se aceleraba.
No podía esconderse, no podía escapar. Solo le quedaba ser madura y pasar de largo. Así que respiró hondo, enderezó los hombros y emprendió su camino, rogando que no la notaran. Sin embargo, no tuvo tanta suerte.
—Marie.
La voz de Victoria la detuvo en seco. Cerró los ojos un instante, maldiciendo su suerte, y luego se giró con una sonrisa que esperaba se viera natural.
—Oh, hola —saludó amablemente, mirando a ambos con una una sonrisa forzada—. ¿Qué los trae por aquí?
Victoria sonrió ampliamente, con un entusiasmo que a ella le parecía irritante.
—Venimos a ver a una ginecóloga que nos recomendó mi sueño —respondió, casi canturreando—. Edward y yo queremos intentar tener un bebé.
Por un instante, su mundo pareció detenerse. Su rostro perdió color, pero rápidamente se forzó una sonrisa.
—Eso es estupendo —logró decir, ignorando la mirada seria de Edward, que parecía clavada en ella—. Me tengo que ir. Fue un gusto saludarlos.
Sin esperar respuesta, dio media vuelta y caminó rápidamente hacia la salida. Su pecho se sentía pesado, como si el aire le faltara. Al llegar a su auto, se dejó caer en el asiento y cerró los ojos, tratando de calmarse.
—Eres una tonta —se dijo en voz baja, golpeando suavemente el volante.
¿Por qué le dolía tanto? Apenas conocía a Edward. Todo lo que habían compartido había sido breve, un intercambio de palabras, miradas y sensaciones. No había razón para sentirse así, el había mentido, ella tenia que resignarse… pero aun así dolía.
El sonido de un golpe en su ventana la hizo dar un salto. Miró hacia afuera y vio a Jake riéndose, claramente divertido por su reacción.
— ¿Tratas de matarme? —preguntó, saliendo del auto y mirándolo con una mezcla de irritación y alivio—. ¡Mierda, Jacob!
—Estabas tan concentrada que sabía que te espantaría —respondió él con una sonrisa burlona antes de estrecharla en un abrazo cálido y protector—. ¿Cómo va todo, Mar?
—No me llames así, es horrible —se quejó, rodando los ojos.
—Qué quejosa —dijo él, soltándola con una risa mientras se apoyaba contra el coche—. Escuché que hay un nuevo habitante, y que es algo tuyo… ¿novio?
Suspiro, cansada de que todos asumieran lo mismo. Las noticias viajan rápido.
—¿Por qué piensan eso? —preguntó para ella misma, claramente fastidiada—. No es mi novio y no tengo por qué dar explicaciones.
—En ese caso, puedo seguir pretendiendo —respondió Jake con una sonrisa traviesa, abrazándola con más fuerza.
Marie intentó apartarse, pero Jake tocó su rostro, obligándola a mirarlo a los ojos.
—¿Cuándo cederás?
—Jake, no te quiero de esa forma… —susurro mientras él se inclinaba hacia ella—. No lo arruines.
—No quiero arruinarlo, pero veo que te resistes. ¿A qué? ¿A aceptar que podemos tener algo? ¿A no volver a salir lastimada? Simplemente confía…
Antes de que pudiera reaccionar, Jake presionó sus labios contra los de ella. Se quedó paralizada, incapaz de procesar lo que estaba pasando. Pero cuando finalmente se apartó, su mirada era fría y decidida.
—Jacob, no. No vuelvas a hacer eso —dijo con firmeza, su voz cargada de molestia.
Antes de que pudiera responder, un fuerte golpe de puerta llamó su atención. Ambos voltearon y vieron a Edward, que estaba varios autos más allá, entrando al suyo con el rostro endurecido. Sus ojos se desviaron hacia ellos por un breve instante antes de encender el motor y marcharse.
—Ese Cullen no cambia, siempre tan malhumorado —comentó su acompañante, encogiéndose de hombros.
—No vuelvas a besarme —repitió con más fuerza, entrando rápidamente a su auto—. Si lo haces, olvidaré el afecto que te tengo y te patearé, Jacob. —entro molestando a su auto ignorando las disculpas de su amigo.
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La noche del sábado, convenció a Jasper de acompañarla al bar de Harry para celebrar el cumpleaños de Emmett.
—Vamos, Jasper, vamos a divertirnos un rato —lo animó, mirándolo de reojo mientras conducía.
—Soy demasiado viejo para esto, Bells —se quejó él, fingiendo molestia.
—Tienes 30, no exageres —respondió ella, rodando los ojos.
Al llegar, el lugar estaba lleno de risas, música y voces. Divisó a Emmett con una cerveza en mano, vistiendo ropa de civil y luciendo tan animado como siempre.
—¡Feliz cumpleaños! —exclamó, entregándole una tarjeta de regalo.
—¡Una tarjeta de Krispy Kreme! —gritó Emmett emocionado antes de abrazarla con fuerza, levantándola del suelo.
Se presentó con algunos conocidos y dejó a Jasper conversando con Emmett, ambos se estaban llevando bien. Después, caminó hacia Alice, quien estaba sentada sola, aparentemente perdida en sus pensamientos.
—Ey —la saludó Marie, sentándose junto a ella.
—¡Hola! —respondió Alice, pero su tono era extraño, como si estuviera forzando la energía.
—¿Estás bien? —preguntó Marie con una ligera preocupación—. No he sabido nada de ti en días.
Antes de que Alice pudiera responder, Victoria apareció de la nada, sentándose junto a ellas con una sonrisa activa.
—Oye, te vi con ese chico moreno, el mecánico. Pero me deja confundida… pensé que estabas con el rubio.
Marie sintió un nudo en el estómago mientras Alice la miraba con los ojos entrecerrados.
— ¿Jacob? —preguntó Alice, claramente irritada.
—Oh, sí, se estaban dando un caluroso beso —añadió Victoria, bebiendo de su cerveza con aire divertido—. Aunque el chico es bueno, debo admitirlo. No pensé que fueras de esas. —sonrió burlonamente.
—¿Qué pasa con Jasper? —demandó Alice, mirando a Marie con engaño—. Él no se merece esto.
—¿De qué estás hablando, Alice? —respondió con irritación, sintiendo cómo la incomodidad crecía— Él y yo solo…..
Antes de que pudiera aclarar las cosas, Emmett, Jake y Jasper llegaron con más tragos, interrumpiendo la conversación. Marie decidió dejar el tema para después, no querer arruinar la celebración.
Edward llegó más tarde, pero su comportamiento era completamente indiferente hacia ella. Llego directo a darle un caluroso beso a su esposa. Hablaba con todos, incluso con Jacob, de manera civilizada, pero no le dirigió ni una sola palabra, sin embargo, lo que si le dirigía eran ciertas miradas, él pensaba que ella no notaba, pero dado el progreso del cobrizo con el alcohol, se volvía más evidente. Ella simplemente lo ignora conversando con algunos chicos de la estación, quienes querían de coquetearle. Ella solo fue amable con ellos, siguiendo la conversación, pero notaba el endurecimiento de la mirada de aquel hombre de ojos verdes.
Después de varias rondas de bebida y música, sintió la necesidad de refrescarse. Caminó hacia el baño y se lavó el rostro, dejando que el agua fría calmara su piel.
Unos golpes en la puerta llamaron su atención. Antes de que pudiera reaccionar, Edward entró de golpe, cerrando la puerta tras él.
—¿Qué me hiciste? —preguntó con voz grave, sus ojos llenos de emociones contradictorias.
Marie lo miró con incredulidad mientras él se acercaba, colocando una mano en su cintura y otra en su nuca.
—Edward… ¿de qué estás hablando? —balbuceó, sintiendo el calor de su aliento mezclado con el aroma de cerveza y cigarrillos.
—Por alguna razón, siento que todo lo que hago está mal. Que estoy cometiendo un error. Pero cuando te veo con ellos… me da tanto coraje —dijo entre dientes—. Y tú… también me mentiste. Parecías tan tímida e inocente, pero ahora…
—Estás equivocado —dijo Marie con firmeza, empujándolo ligeramente—. No tengo que darte explicaciones. Tú no eres nadie…
Antes de que pudiera terminar, Edward la besó con fuerza, sus labios presionando los de ella con una mezcla de ira y pasión. Marie luchó al principio, golpeando su pecho y mordiendo sus labios, pero este provoca un gruñido de placer en el hombre, pronto se rindió, incapaz de resistir la atracción abrumadora.
El beso se intensificó, cargado de lujuria y desesperación, sintió su miembro palpitante, sin pensarlo ella se restregó contra él y un fuerte gruñido broto de los labios de Edward, quien no dejaba de tocarla hasta llegar a sus nalgas, las cuales presiono con urgencia.
Cuando finalmente se separaron, fue por el aire que necesitaban, ambos respiraban con dificultad.
De pronto, la realidad cayó sobre ella como un balde de agua fría.
—No… —murmuró, alejándose de él rápidamente. Sin mirar atrás, salió del baño a toda prisa, dejando a Edward solo, con una expresión de frustración y confusión.
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Jasper conducía con calma mientras echaba ocasionales miradas hacia Marie, quien observaba distraída el camino hacia la casa de los Cullen.
—¿Estás bien? —preguntó finalmente, con un tono preocupado.
—Sí —murmuró ella, sin apartar la vista del paisaje—. Solo cansada.
Jasper no parecía convencido.
—Te ves desanimada —observó—. De hecho, estos días te he notado así. ¿Quieres hablar de eso?
Soltó un suspiro, encogiéndose de hombros.
—Olvidé lo observador que eres —respondió con una leve sonrisa, aunque sin mirarlo—. Pero no, no estoy lista para hablar.
Él ascendió, respetando su decisión, y centró su mirada de nuevo en el camino.
Habían dejado a Ethan en casa de Esme esa mañana. Jasper había tenido que ir a Port Angeles por asuntos relacionados con su trabajo, mientras Marie se dedicaba a atender la tienda. Era un día típico en su nueva rutina, pero desde la fiesta en el bar de Emmett, hace 3 días, no se sentía del todo bien, su mente viajaba a tantas partes y la agotaba mentalmente.
Alice, seguía comportándose de manera extraña y algo distante, lo cual empezaba a preocuparle, ella no quería aclarar las cosas por mensaje, detestaba eso, pero su amiga le daba largas para verse. Sin embargo, pensaba que necesitaba tiempo para ir a buscarla. Estaba molesta con las insinuaciones de que mantenía algún tipo de relación con Jasper y Jacob a la vez.
Desde que Jasper se había instalado con ella, ambos habían caído en una rutina cómoda y familiar. Aunque era reconfortante tenerlo cerca, su llegada también traía consigo una oleada de recuerdos de su vida, lo cual mantenían su atención alejada del problema con su amiga.
Cuando llegaron a la casa de los Cullen, suspiro profundamente, intentando dejar atrás sus pensamientos. Jasper aparcó el coche, y ambos descendieron.
Cuando Esme abrió la puerta los recibió con una sonrisa cálida, mientras que Alice se tensaba visiblemente al notar la presencia de Jasper cuando se adentraron al comedor.
—La señora Cullen me está enseñando a pintar —anunció Ethan emocionado mientras se acomodaba en la mesa—. Estoy haciendo un cuadro pequeño, pero ella dice que por algo se empieza.
Jasper revolvió el cabello del niño con afecto.
—La práctica hace al maestro, campeón.
Ethan rodó los ojos, divertido.
—Cuando sea más alto, yo te despeinaré también, y sabrás lo molesto que es.
Marie río suavemente, mientras los pasos de alguien más se escuchaban acercándose.
—¡Cariño! Llegas justo a tiempo, ven a sentarte a cenar con nosotros —llamó Esme desde la mesa.
Edward apareció en el umbral del comedor. Su aspecto cansado y desvelado no pasó desapercibido para nadie. Marie y él cruzaron miradas por un breve instante, pero ella desvió la vista rápidamente.
—Acompaña a nuestros invitados —insistió su madre con una sonrisa amable.
Edward lo pensó por varios segundos, pero terminó suspirando y tomó asiento.
—Te ves cansado —comentó Alice, observándolo con detenimiento—. ¿Fue un largo camino?
—El vuelo de Vicky se retrasó, así que tuve que esperar con ella —respondió con un tono neutral, casi cabizbajo.
El comentario dejó un breve silencio en la mesa. Esme y Ethan se trajeron algunos platillos de la cocina, mientras Jasper rompía el hielo conversando con Alice sobre las atracciones locales.
La charla en la mesa fluyó con relativa tranquilidad. Ethan compartió sus planes para el verano, explicando que tendrían que posponer el viaje por carretera debido a la llegada de Jasper. Aun así, el niño parecía contento, pues disfrutaba pasar tiempo con su él.
Marie notó que los alimentos preparados por Esme, como siempre, eran exquisitos, lo que ayudó a animarla un poco más. Sin embargo, no pudo ignorar las miradas fugaces que Edward le lanzaba desde el otro lado de la mesa. Cuando fue demasiado, le sostuvo la mirada, alzando una ceja en señal de desafío. este desvió la vista rápidamente, apretando los labios.
Su pequeño fue el primero en terminar su comida. Pidió permiso para ir al patio trasero y meter los pies en la pequeña alberca, lo que Esme permitió encantada.
—Así que, Jasper —inició la señora Cullen mientras tomaba un sorbo de su bebida—, Ethan me ha hablado mucho de ti. Dice que eres ingeniero en sistemas, ¿verdad?
—Así es, señora Cullen. Tengo una pequeña compañía de ciberseguridad —respondió Jasper, limpiando la boca con una servilleta.
—Una carrera difícil —observó con admiración.
—Lo fue. Cuando comenzó la carrera, hubo momentos complicados —admitió Jasper, mirando a Marie con una sonrisa.
Ella lo miró con nostalgia y asentándose, recordando esos tiempos.
—Vaya que lo fue —añadió Marie, devolviéndole la sonrisa—. Era todo un controlador.
—Tenía que serlo —dijo Jasper, rodando los ojos—. Sobre todo, cuando todos esos idiotas te pretendían y tenían que cuidar de ti. Era tan ingenua.
Bufó, divertida, pero también algo molesta.
—Y tú eras una cabeza hueca.
La interacción llamó la atención de los demás. Esme los miraba con una expresión encantada, mientras que Edward fruncía el ceño y Alice bajaba la vista hacia sus manos.
—Oh, vamos… —Jasper se detuvo de golpe, su expresión tornándose seria—. Ninguno de esos idiotas era digno.
Negó con la cabeza, entre divertida y exasperada.
—Posiblemente, pero eso era algo que debía averiguar por mí misma.
Entonces, la voz molesta de Edward resonó en la mesa, rompiendo la armonía del momento.
—Como justamente lo estás haciendo ahora, ¿no?
El comentario cayó como una bomba. Esme dejó sus cubiertos, perpleja. Alice lo miró con los ojos desorbitados.
—¿Qué? —preguntó la pelinegra, poniéndose rígido en su asiento.
—Entre Jasper y Jacob, debe ser difícil elegir —dijo Edward con un tono cargado de sarcasmo.
—Edward, basta —advirtió a Esme con dureza, pero él continuó, ignorándola.
—Jasper parece estar muy involucrado en tu vida… y en la de tu hijo. Viven juntos, ¿verdad? ¿Acaso es el padre de tu hijo? Se ve que van en serio. Pero, aún así, te besas con Jacob Black.
El aire se volvió tenso.
—¡Edward! —exclamó su madre, mirando a su hijo con incredulidad.
Marie se levantó de golpe, furiosa.
—No tienes idea de lo que estás hablando…
-¿No? Los hechos hablan por sí solos —respondió con desdén—. Aquí y en China, eso es ser una zorra.
El silencio que siguió fue como un golpe seco. Todos estaban boquiabiertos ante ese comentario.
—¡Suficiente! —gritó Jasper, poniéndose de pie y propinándole un puñetazo a Edward en la mandíbula.
En cuestión de segundos, ambos estaban en el suelo, enfrascados en una pelea. Esme gritaba desesperada, intentando separarlos, mientras Alice miraba paralizada.
Marie reaccionó rápidamente. Fue a la cocina, tomó una jarra de agua y la vació sobre ellos.
—¡Basta! —vociferó, su rostro enrojecido de ira—. No tengo que darte explicaciones, Edward Cullen. Pero para tu maldita información, Jasper y yo somos primos.
El jadeo sorprendido de Alice rompió el silencio.
—Y respecto a Jacob, puedes besarme cuantas veces lo permita. Y sigue sin ser tu maldito asunto, imbécil.
Marie respiraba con dificultad, intentando calmarse.
—Lo… lamento mucho, Esme —dijo antes de girarse hacia Jasper—. Vámonos.
Sin más, salió del comedor en dirección al patio para buscar a Ethan.
¿Bien? ¿Resolvieron dudas? ¿Creen que Edward fue sincero sobre sus sentimientos por ella? ¿Qué creen que pasó con él y Victoria realmente?
El próximo capítulo estará centrado en Edward, pero me gustaría leer sus hipótesis.
¡Nos leemos el Jueves!
