Al verla allí tendida, Jack no puede evitar dibujar una mueca incómoda en su rostro, no puede contener el sentido de culpa que empezaba a formarse poco a poco desde su corazón por todo el cuerpo. Porque, aunque Norte y Sandman insisten con que no pueden ignorar los avisos del Hombre de la Luna, aunque Toothiana y Aster no dejan de hablar con cierto espanto de la magia que habían llegado a ver en ella, aunque podía sentir el brillo de la luna presionando sus hombros al advertirle de todo el peligro que su existencia suponía, Jack solo puede centrarse en lo que tiene delante, una joven adulta de fina figura, de extremidades algo cortas y muy delgadas, de piel pálida y de una expresión indescriptiblemente pacífica y tranquila. Sus gestos le parecen desesperados, incluso algo infantiles, porque sus manos parecen intentar buscar por inercia otra figura, una que no estaba a su alcance, una que dejaba un absoluto e innegable vacío a su lado en la inmensa cama. Se pregunta por unos segundos qué estaba buscando, se preguntaba qué le faltaba, pero la voz de su compañero lo arranca bruscamente de sus pensamientos.
—Venga, al saco con ella —le dijo sin más Norte de momento a otro, sacudiéndose el enorme abrigo rojo mientras el yeti que tenía a su lado mantenía abierto aquel trozo de tela infinito. Jack le muestra al guardián del asombro una mueca de desagrado.
—Tampoco hay que ser crueles con la pobre —le reprocha con una seguridad y una firmeza que ninguno de los dos se esperaba. Con toda la delicadeza del mundo, Jack coloca una mano bajo la espalda y la otra bajo las piernas de la mujer, teniendo en cuenta que era más alta que él, se había esperado que le costara aunque sea un poco levantarla, pero no, alzar en brazos a aquel espíritu tan peligroso era equivalente a pillar un puñado de nieve. Lo único que hace que se tambalee es que ella se remueve entre sus brazos, con el ceño fruncido y los parpados fuertemente apretados, como si intentara despertarse.
—Jack, va a despertarse —gruñe Norte desperado, apresurándose para dejar caer más de la arena dorada de Sandy sobre el rostro de la mujer—, venga, no te pongas sentimental. Al saco.
—Te digo que no voy a dejar que la metas en esa cosa —insiste, también perdiendo un poco de su paciencia, la recoloca mejor entre sus brazos y empieza a caminar para asegurarse tener todo el equilibrio posible—. Ninguno de nosotros es el hombre del saco, ¿verdad que no?
Norte no responde, solo suelta un pesado suspiro y eso ya es una victoria absoluta para Jack. Y aunque quiere mantenerse subido en esa nube de orgullo que implicaba saberse con la posición suficiente como para no tener que seguir todas las órdenes que le dan, Jack solo es capaz de agachar la cabeza y asentir cuando Aster le dice que es necesario dejar caer un poco más de arena dorada sobre la mujer, porque no es una humana normal, ni tan siquiera es humana, es una criatura como ellos o incluso con más poder, y la cantidad mínima que Sandy usaba con el resto de humanos o espíritus no era suficiente para mantenerla dormida.
La sube al trineo de Norte y tiene que afrontar el voto de todos los demás cuando empieza la discusión de mantenerla amarrada o no, Toothiana insiste que es para que no se caiga, para que esté segura en el poco tiempo que estén volando a tanta velocidad, a tantos kilómetros por encima del suelo, pero Jack no puede evitar dibujar una incómoda mueca al ver sus muñecas rodeadas por cuerdas gruesas y su torso atado al trineo.
No la mira mientras se alzan en vuelo, se mantiene a su lado, con una helada mano sobre su hombro derecho, pero no la mira, solo observa fijamente aquella aldea tan pequeña encima de una extraña isla que van dejando atrás. Observa fijamente las casas humildes, la gigantesca construcción al final de todo que seguramente funcionaba como foro, las mágicas criaturas que dormían por todas partes, la tierra que cada vez se veía más pequeña, la criatura de oscuridad pura y rabiosa mirada que se acercaba, la…
Espera.
Espera, ¿qué?
—Ah… ¿chicos? —los llama temeroso, incapaz de dejar de mirar a la bestia que se aproxima hacia ellos, volando con una rapidez aterradora, a las fauces enormes y llenas de sangre seca que se van abriendo, mostrando un furia convertida en una luz morada cegadora—. ¡CHICOS!
—¡Norte, a un lado! —grita con mucha más fuerza Aster, obligando a Norte a mirar unos segundos atrás para poder evitar el primer disparo. El guardián del asombro da un violento giro lejos del portal que acababan de abrir con una bola de nieve. Tanto Norte como Aster están a punto de caer por el brusco movimiento, pero Toothiana es lo suficientemente veloz como para sujetarlos para que no se caigan, es cierto que termina sujetando al Conejo de Pascuas de las orejas, y que estaba ahorcando al mismísimo San Nicolás al sujetarlo del cuello de su enorme chaqueta, pero lo que realmente importaba es que no estaban cayendo al absoluto vacío.
El trineo se mantiene volcado de un lado mientras sigue volando sin control por el manto celestial que poco a poco empieza a echar a la noche fuera de su lugar, el cielo empieza a cubrirse de poderosos tonos rojos, como un océano que se va tiñendo con sangre poco a poco. Jack intenta tomar las riendas del trineo en cuanto Sandman se encarga de combatir a la bestia que los perseguía y a mantener sujeta a la mujer, pero el sol, ignorando los designios y deseos del Hombre de la Luna, lo ciega cruelmente con sus imponentes rayos de luz.
Cambia la dirección de los renos justo a tiempo para recolocar el trineo y permitir que el resto de los guardianes vuelvan a sentarse, justo a tiempo para evitar el siguiente disparo de la bestia. A la par que Norte se apresura para volver a tomar las riendas, porque es un hecho innegable de que el pobre guardián de la diversión no tiene habilidad alguna para mantenerlos en el aire y lejos de la posibilidad de estrellarse, Jack se prepara para afrontar a la criatura que los persigue, se prepara para encarar su, seguramente, terrible imagen, pero su propia figura le concede la sombra ideal a su enemigo hecho por oscuridad y noche.
Tiembla y se pregunta, con un miedo atroz, si aquello que los sigue es aquel ente de terror y miseria que supuestamente habían derrotado.
Se aferra con rabia a su cayado congelado, se aferra y apunta con el arco anormalmente formado por la naturaleza a aquellas sombras que los siguen, a los vestigios de aquel monstruo que creía había enterrado para siempre en el olvido, aquel olvido al que ya nunca pertenecería.
Y mientras el hielo se forma alrededor del viento y la madera, cuando está a punto de enviar una buena ráfaga a esas bestias, un empujón hace que pierda su vínculo con el viento por unos segundos.
Cae hacia atrás, por unos instantes, por el mismo tiempo que toma dos parpadeos, pero cae hacia atrás de forma que el hielo y la escarcha se desvían hacia el cielo, donde no hay sombras, solo nubes y paz. Cae hacia atrás mientras puede escuchar una voz femenina que hasta ese entonces jamás había escuchado.
—¡Hiccup! —y aquel grito parece quebrar el cielo en miles de trozos, trozos punzantes, trozos rabiosos y adoloridos que se clavan en su cuerpo, en su mente y, sobre todo, en su corazón.
La ve, peleando contra sus amarres, sollozando como una niña pequeña que arrancas de los brazos de su madre, intentando extenderse hacia las figuras hechas por sombras. La ve siendo retenida por Aster, con la arena dorada de Sandy cayendo sobre sus ojos poco a poco, la tan desesperada, tan pérdida y confundida.
Tan sola.
—¡HICCUP!
Un estridente chillido agudo anuncia un nuevo disparo de aquella entidad que no puede comprender, una nueva llamarada morada se forma entre aquellas fauces y, aunque duda de lo que está haciendo, Jack decide volver a prepararse para atacar.
—¡Id hacia el portal! —le ordena al viento que lleve su mensaje con una autoridad que jamás se sintió como honesta, mucho menos como propia—. ¡Yo los distraeré!
—¡Jack, no! —responde de inmediato Toothiana—. ¡Te quedarás atrás! —pero Norte ya le ha dedicado un firme asentimiento a Jack, Norte ya está cambiando la ruta de los renos.
Ignora los gritos de ayuda y los rugidos de la criatura de sombras, unos rugidos que está seguro que no hacía en el pasado. Ignora las miles de dudas sobre la moralidad de sus acciones, ignora lo mal que se siente por escuchar los llantos de aquel extraño espíritu que pelea por no quedarse dormido, ignora todo lo que está pasando a su alrededor, para limitarse a escuchar el viento, a la brisa que guiaba a la marea, y a los susurros furiosos del agua. Ignora para escuchar, escucha para atacar.
Con la nieve y la escarcha el mar se levanta en forma de picos y gruesas barreras, rebasa los límites que el cielo y la tierra le habían impuesto e interrumpe perfectamente el disparo de la bestia de las sombras. Puede ver y escuchar perfectamente tanto la explosión morada que surge al otro lado y como el terrible cansancio que lo tomaba cada vez que usaba demasiado sus poderes. Puede sentir su cayado temblando al ritmo de su acelerado corazón, puede sentir su cuerpo tambaleándose entre los vaivenes del viento, y puede sentir la dureza con la que tiene que combatir para dibujar una sonrisa en su rostro al ver que el trineo, que sus amigos y aquel peligroso espíritu, ya no están.
Pero, de momento a otro, también puede sentir unas enormes garras perforando su piel.
