Cuando Hiccup Haddock le contó a su cuñada todo lo que había pasado, a pesar de que se había preparado para verla enfurecida, para recibir todos sus insultos y ataques, Anna de Arendelle en verdad solo fue capaz de llorar abrazada al jefe de Berk. Aunque había ido en busca de consejos y por la obligación que sentía de ser honesto con la hermana menor de su mujer, aunque sentía que el tiempo se le acababa —si es que no se le había acabado ya—, Hiccup se queda un buen rato allí, en la oficina de la nueva reina de Arendelle, abrazando con fuerza el delicado cuerpo de Anna, compartiendo lo mejor que podía aquel terrible dolor.
Nunca habían sido realmente cercanos, nunca habían tenido la oportunidad de hablar en privado, de compartir alguna conversación importante. Hiccup está incluso está seguro de que la única ocasión en la que había dicho algo realmente relevante para que solo Anna lo escuchara había sido esa vez en unas fiestas de Arendelle, mientras la gente de Berk celebraba alocadamente junto con los nerviosos cortesanos de Arendelle, mientras Elsa charlaba alegremente con Astrid no muy lejos de ellos, Hiccup se había dejado llevar por la alegría y había murmurado algo sobre lo afortunado que era de tener a Elsa en su vida. Anna no pudo evitar escucharlo, reírse con ternura y asegurarle algo que en ese momento le pareció muy importante: Que Elsa era incluso más afortunada por tenerlo a él.
Recuerda que se sintió levemente cómodo al lado de la princesa, recuerda que pensó que podían hacerse buenos amigos, pero no había sido hasta aquel día, hasta aquella tarde en la que finalmente llegaron al palacio de Arendelle, hasta aquel abrazo que realmente vikingo y reina vieron al otro como un miembro más de sus familias.
—¿Hay algo que no me hayáis contado de vuestra última aventura? —se permite hacer aquella pregunta minutos después de que ambos fueran capaces de tranquilizarse un poco—. ¿Hicisteis algún nuevo enemigo? ¿Visteis a alguien? ¿Se te ocurre quién diantres era esta gente y qué quieren de ella?
—Todo lo que se me ocurre es que cuando estuvo sola en el Ahtohallan pudo haber ocurrido algo, pero no comprendo en lo absolutoquépodrían ser esos sujetos. Creía que solo había cinco espíritus, pero por lo que me dices parece que hay muchos más —Anna va tirando de su cabello, jugando de manera irresponsable con su pequeña corona, negándose por completo a mantener la mirada sobre su cuñado—. Algo como esto tendríamos que hablar con Yelana, o lograr hablar con los espíritus de alguna manera.
Hiccup frunce el ceño. —¿Quién es Yelana?
—Eso no es importante ahora mismo —le responde con obviedad, empezando a tirar de su brazo para que la siguiera—. Lo único que en verdad importa es que nos puede ayudar a recuperar a mi hermana.
Yelana era la jefa de los Northuldra, por mucho que Elsa tuviera oficialmente el título de guía espiritual y que para muchos aquello fuera un mayor honor, Yelana era la jefa de aquel pequeño pueblo, era la mayor autoridad y, en momentos como estos en los que el quinto espíritu no estaba presente, era quien respondía dudas tan extrañas como las que Hiccup y Anna le habían planteado.
Y tan solo unos segundos antes de que llegara la respuesta de una angustiada Yelana, el viento vino con sus hojas y sus susurros, con sus cantos confusos y directos, con sus silbidos amenazantes y reconfortantes.
—Te lo agradezco —susurra la mujer Northuldra mientras pasa sus dedos por las hojas de los arboles que delante de ella revolotean—. Tenía la sospecha que pudiera ser así, pero es bueno poder confirmarlo —el viento, de alguna forma que Hiccup no logra comprender del todo, se va entonces de la habitación y aquella pequeña tienda vuelve a estar sumida en terrible oscuridad—. Como ya te he dicho, aquel espíritu invernal no te mintió. Desde que despertó en el Ahtohallan como un espíritu y fue llevada por el espíritu del agua, Elsa ya no es la persona que conocíais. Ya no es una mujer con habilidades extraordinarias, aquel día murió y renació como un espíritu, un ente inmortal, una entidad que llamó la atención de las demás.
» No ha despertado como el quinto espíritu sin motivo alguno, ha venido para establecer orden, para establecer una justa balanza sobre el poder del resto de espíritus. La mayoría de los espíritus oscuros, lo que en vuestras religiones y creencias se traducen a demonios, diablillos y otras molestias, no suelen tener problema con esto, porque eso suele significar que se les concederá algo de poder y relevancia. Pero los espíritus luminosos nunca se toman bien la llegada de un quinto espíritu, significa ceder poder, perder relevancia... Se le conoce como el Hombre de la Luna, al mayor de los espíritus luminosos, uno de los pocos con la habilidad de tomar almas mortales y convertirlas en espíritus inmortales, la aparición de un quinto espíritu de la naturaleza significa ceder su poder a la oscuridad, algo que nunca le ha gustado, no me sorprende en lo absoluto que haya mandado a sus esbirros a contener a Elsa ahora que todavía no tiene experiencia ni está en su mejor punto.
—Espere un momento —Hiccup la detiene bruscamente, más que nada porque le pone de los nervios la sencillez con la que esa mujer hablaba del secuestro de su esposa como si no fuera un serio problema—. ¿Me puede explicar bien qué es todo esto de los espíritus y la movida que están llevando a cabo alrededor de mi esposa? ¿Por qué Elsa tiene que encargarse de todo ese problema? ¿A qué demonios se refiere con que murió aquel día?
Yelana se encoge de hombros. —La naturaleza la eligió, muchacho, por mucho que te parezca injusto o sin sentido, ella fue elegida cuando dio su vida por la verdad, cuando decidió hacer lo correcto, cuando se atrevió a ir hasta al Ahtohallan.
—Yelana —es ahora Anna quien la interrumpe, pero lo hace con más delicadeza, con una mirada de miedo atroz en su rostro—. Dime la verdad, cuando los años pasen, cuando me llene de canas... cuando nos vayamos de este mundo, ¿mi hermana seguirá eternamente aquí?
Hiccup tiembla y se muerde el labio con fuerza, porque se niega a llorar más, mucho menos delante de esa mujer.
—El quinto espíritu de la naturaleza no puede descansar hasta que no cumpla su objetivo, Elsa seguirá en este mundo el tiempo que necesite estarlo... no sé qué hay del otro lado del velo de la muerte, no sé qué nos espera, no sé si esperáis reencontraros con ella en otra vida, todo lo que os puede decir es que no sufrirá sola eternamente, algún día descansará.
Se levanta bruscamente, sacudiendo la tierra y la paja de sus pantalones de vuelo. —Ahora mismo lo último que me interesa es lo que ocurra en vidas que no llegan, lo que necesito es encontrar a mi mujer, ¿sabe cómo puedo hacerlo?
Ella alza uno de sus brazos hacia uno de los modestos muebles dentro de aquel humilde hogar, una diminuta figura salta de la madera hasta la mano de la jefa de los Northuldra. Se trata de un pequeño reptil de fríos tonos coloridos y gigantescos ojos, Yelana se lo acerca a Hiccup y este, dubitativo, extiende las manos para que la pequeña criaturilla se recueste allí con una expresión tranquila y juguetona.
—El viento y el fuego dicen que están dispuestos a guiarte al escondite de un espíritu que estará encantado de ayudarte, pero tienes que ir por tu cuenta, Hiccup Haddock, tu única compañía puede ser el dragón que te sigue a todas partes.
Aquello fue más una advertencia para la nueva reina que para el jefe de Berk, aunque tuvo que soportar las insistencias de Anna por un buen rato con respecto a que ella también tenía derecho de ir a por su hermana mayor —que tuviera un reino del que encargarse no tenía importancia en ese momento, su pareja se podía encargar de eso—, Yelana no dio más justificación que la que la naturaleza había aportado: el fuego y el viento insistían con que esta era una misión para el jefe de Berk, que era su responsabilidad, que no podía llevar compañía humana en lo absoluto.
Aunque la nueva reina de Arendelle regresa a su palacio con el corazón encogido y ahogándose en un océano de inseguridad y angustia, el jefe de Berk, Hiccup Haddock, se montó a los lomos de su Furia Nocturna, siguió a los susurros del viento y las danzas del fuego, y partió en búsqueda el espíritu del miedo, las sombras y las pesadillas.
