Nota del autor: Hola! Aquí está el segundo capítulo!
Espero que lo disfruten, porque me tomó casi todo el día editarlo.
Puede ser que la historia avance un poco lento al comienzo, pero espero que con el tiempo agarre un ritmo para la historia.


Dazai terminó llegando media hora tarde. En su defensa no era su culpa que el aeropuerto quedara tan lejos desde su casa (ejem, contenedor de envío) y que no pasara ningún taxi cerca. Por lo tanto tuvo que recorrer la mitad del camino a pie.

Chuuya lo estaba esperando frente a la sección de seguridad en la terminal, que les correspondía. Estaba mirando su reloj, a la vez que golpeaba impacientemente el pie contra el piso. Cuando por fin vio a Dazai, parecía que iba a estallar.

-"¡ESTÚPIDO MACKEREL , DÓNDE ESTABAS! ¡Hace media hora que debíamos haber pasado seguridad!"-

Dazai simplemente le suena burlonamente.

-Me tomé mi tiempo para disfrutar del paisaje, antes de tener que pasar mis días junto a una babosa pelirroja.-

Chuuya estuvo a punto de golpearlo, sin embargo se contuvo y se dirigió a la fila de seguridad. Uno pensaría que cómo mafioso sería muy tonto pasar por seguridad, y lo sería si no tuvieran un pase especial.

La Port Mafia controlaba parte del aeropuerto de Yokohama, pero no era de conocimiento público. Su trabajo consistía en proteger la ciudad. Cualquier artículo ilegal que llegara del extranjero, ellos lo confiscaron y, claro, se lo quedaron. Hacían su trabajo tan bien ocultando cualquier evidencia, que el gobierno no podría haber hecho nada en contra de ellos, incluso si supieran de su poder sobre el aeropuerto.

Chuuya se acercó a un guardia y le mostró un documento. Acto seguido, el guardia los condujo por un pasillo y los llevó hasta su puerta de embarque. Luego dio media vuelta y se fue.

Pasaron media hora esperando, media hora de tortura para Chuuya y media hora de diversión para Dazai. Hizo lo posible para molestar al pelirrojo y siguió así durante el vuelo. Hasta que Chuuya se cansó de él y se fue a dormir.

Cómo era de esperar, ambos estaban en primera clase. Dazai agradecía estar en ese puesto, porque si hubiera tenido que viajar en la clase comercial, hubiera saltado del avión sin pensarlo dos veces. No soportaba estar cerca de otras personas (si es que a él se le podía considerar una). La única excepción posible era Chuuya, pero él era más una babosa que una persona (en realidad, era la persona más humana que conoció).

Dazai se estiró y trató de dormir, sin éxito, claro está. Apenas había dormido cinco horas los últimos tres días (algo bastante decente para Dazai), pero aún así no podía conciliar el sueño. A su lado Chuuya roncaba y parecía estar teniendo un sueño reparador.

Dazai suspiró y miró por la ventana. Se preguntó si sería un buen método de suicidio saltar al vacío desde un avión. Probablemente sería demasiado doloroso para su gusto.

Sacó un libro de mitología griega (se tenía que informar, ya que chibi no lo haría) y comenzó a leer. Justo antes de terminar todo el libro, Chuuya se despertó y Dazai comenzó con su nueva ronda de molestar al pelirrojo. También aprovechó el momento para contarle lo que Mori le había dicho. Chuuya no parecía muy entusiasmado por tener que ocultar su habilidad (pero a Dazai no le podía importar menos).

Aterrizaron a la mañana y de una vez se pusieron en marcha. Junto a la carpeta que les había dado Mori, había una breve descripción del área cercana al campamento. En ella ponía que se encontraba en el norte de Long Island, relativamente cerca de la ciudad Montauk.

Dazai y Chuuya tomaron el metro y después un taxi. Ya estaban a mitad de camino a Montauk, cuando Dazai se dio cuanta de que ninguno de los campos de fresas que habían en esa ciudad se parecía al del campamento mestizo.

En realidad, el campamento quedaba mucho más lejos, de lo que Dazai hubiera denominado cerca de Montauk. El lugar estaba tan bien oculto, que su único punto de referencia era una ciudad, que quedaba a kilómetros de su destino actual. Ya habían empezado con el pie izquierdo.

Dazai le pidió al taxista entonces, que fueran a la dirección estimada del campo de fresas que había encontrado en Internet. Al final, llegaron a un pueblo que bordeaba un bosque. Rápidamente encontraron el ventiúnico Hotel y se dirigieron a él.

En la recepción los esperaba una joven mujer muy bonita. Les saludo con una sonrisa apenas los vio pasar. Rápidamente reservaron una habitación, ya que el hotel cerraba dentro de unas horas.

A Dazai le parecía extraño hablar en inglés, dominaba el idioma a la perfección (igual que los otros cinco que podía), pero rara vez tenía que utilizarlo. Mori lo había obligado a estudiar diferentes idiomas, ya que quería que su demonio prodigio pudiera usar su lengua de plata en cualquier situación. A demás, Dazai sospechaba que el jefe planeaba pasarle algún día el cargo de jefe (cosa que Dazai sabía que nunca ocurriría). Chuuya también fue adiestrado por Koyou en diferentes idiomas, pero el pelirrojo solo podía hablar a la perfección el francés y el inglés.

La recepcionista les informó que su habitación estaría disponible dentro de unas horas, cosa que sorprendió un poco a Dazai. El pueblo no estaba muy concurrido que digamos.

Ellos simplemente pagaron y se fueron a explorar el lugar.

Realmente no era necesario pagar una habitación de hotel. Si no podían quedarse en el campamento también hubiera podido acampar en el bosque. Sin embargo, Mori les había dado el dinero para la misión (lastimosamente no les dio su tarjeta de crédito ilimitada, el jefe ya no confiaba en Dazai, después de que el chico comprara una tienda entera solo por molestar a Mori). A parte no sabían que se encontrarían en el bosque. Un hotel era la opción más segura.

En el pueblo no había mucho que ver, era solo un pueblo normal como cualquier otro. Después de un rato, a Chuuya le dio hambre y ambos chicos decidieron ir a un café.

-¿Vas a comer algo?-

Chuuya lo miró desde el otro lado de la mesa, mientras masticaba su tercer Sándwich. Dazai ojeó nuevamente el menú. No tenía hambre (nunca la tenía), pero se decidió por comer una tortilla de huevo. A duras penas la pudo terminar.

Después de su no tan pequeña merienda (Chuuya terminó devorando cinco Sándwiches más un postre), se dirigieron al bosque. Según el informe no debería estar lejos del campamento (Dazai ya no confiaba en las distancias descritas en él). Estuvieron caminando por el bosque, sin rumbo, unas buenas 2 horas.

De repente, a la distancia, Dazai pudo divisar una colina. Al pie de la misma había un terreno plano sin árboles, los cultivos, seguramente. En la cima se alzaba el pino más grande que Dazai había visto jamás. Los otros árboles del bosque palidecían al lado de él. En una de sus ramas colgaba una piel de oveja… ¿dorada brillante?. Parecía emitir una luz y Dazai se sintió de alguna forma atraído hacia ella.

Los dos chicos siguieron caminando, con más cuidado que antes. Por fin habían llegado a la base de sus víctimas (ejem, nuevos mejores amigos), habían llegado alerta lugar dónde, según Morí, un Minotauro había atacado a un niño. Dazai no quería toparse personalmente con uno.

El sol ya se estaba poniendo en el horizonte. Pasaron los cultivos que desprendían un dulce olor a fresas, a pesar de que no hubiera ninguna.

Ya estaban subiendo la colina, casi a la altura del pino, cuando escucharon algo moverse en el bosque. Ambos se voltearon en el momento perfecto para ver cómo una criatura gigante salía del bosque.

El monstruo en cuestión parecía una mezcla entre un león, un humano y un mini puercoespín. Agarra todo eso y mételo en una licuadora y, ¡voilà! Tendrás al monstruo, que en este momento les estaba mostrando sus afilados colmillos a Dazai y Chuuya.

-¿Qué carajos es eso?-

Chuuya nunca se había mostrado tan confundido, cómo en es momento, y Dazai no lo culpaba.

-Una Manticora.-

Contestó Dazai. Chuuya miró a la Manticora más tiempo de lo necesario, antes de hablar con sorpresa.

-¿Una Manti-qué?

-Man-ti-co-ra- Dazai enfatizó cada sílaba, cómo si estuviera hablando con un niño pequeño (lo de pequeño no era mentira).

-En el vuelo hacia acá, mientras Chuuya roncaba,- comenzó a explicar Dazai- me informe un poco sobre la mitología griega. Leí sobre esta… cosa en específica. Las espinas en su cola tienen veneno y su aperitivo favorito son los-

-Humanos, preferiblemente pelirrojos, ¿no? ¿Puedes dejar tus chistes de mal gusto de lado?-

Chuuya lo fulminó con la mirada, saliendo por fin de su confusión. Fue en ese momento que la Manticora decidió, que su cena ya había hablado lo suficiente. El animal (si es que se le podía llamar así) soltó un rugido, antes de lanzarse sobre lo dos chicos.

Ambos lograron esquivar el atraque, rodando hacia los lados. Rápidamente Chuuya activó su habilidad y se propuso a atacar.

-¡Idiota, espera!-

Chuuya se giró hacia Dazai, entonces se acordó que tenían que mantener un perfil bajo. Chuuya apretó los dientes y esquivó el siguiente ataque de la Manticora.

-¿Cómo quieres que lo venzamos, si no puedo ni usar mi habilidad?-

La Manticora centró su atención en Chuuya, probablemente porque parecía un camarón muy apetitoso y escurridizo. Mientras Chuuya seguía esquivando las garras de la bestia, Dazai logró trepar un árbol.

Dazai realmente no sabía cómo podían derrotar a la Manticora, sin delatar sus habilidades en el proceso. Desde lo alto del árbol examinó los ataques del monstruo.

La Manticora era rápida, para su tamaño. También era muy sigilosa, teniendo en cuenta que tomó a Dazai y Chuuya por sorpresa. Sin embargo, Chuuya era más veloz y, con un poco de su habilidad en sus ataques, podía igualarla en fuerza.

-Tengo un plan- gritó Dazai desde el arból. Chuuya saltó hacia atrás, evitando que lo cortaran en dos.

-¿Vas a decirme cuál es?- la voz del otro chico sonaba irritada.

-No es necesario que lo sepas. ¿Confías en mí?-

La pregunta casi hizo que la Manticora se quedara con Chuuya cómo cena.

-¿Qué pregunta es esa? ¡Tenemos problemas más importantes que atender, por si aún no te has dado cuenta!-

Dazai observó a la Mantricora nuevamente. Ya sabía desde un inicio la respuesta de Chuuya a su pregunta.

-Necesito que la desconciertes por un momento. Acércala a este árbol.-

-¿Pueds decir de una vez lo que estas planeando?- la frustración y el enojo en la voz de Chuuya casi era palpable.

-Ya lo verás- respondió simplemente Dazai.

Chuuya impulsó sus ataques usando un poco de su habilidad, sin llegar a su máximo. Le dio una patada en la cabeza a la bestia, en las piernas y luego en un costado. Logró aturdirla para que no se moviera tan rápido. Lentamente la condujo hasta el árbol, dónde estaba Dazai. Le dio una patada giratoria a la altura de las costillas, causando que el animal quedara debilitado en el piso. En ese momento Dazai saltó del árbol, cayendo sobre el lomo de la bestia.

El resultado fue instantáneo. La Manticora se deshizo en polvo dorado y soltó un grito de dolor.

-La próxima podrías decirme tu plan, ¿no?- Chuuya se paró junto a Dazai. Tenía la respiración ligeramente acelerada, cómo si hubiera trotado unos metros, no cómo si hubiera acabo de luchar por su vida.

Dazai se levantó del piso, mientras se sacudía el polvo. Él ignoró la acusación de Chuuya.

-Tenemos que irnos- el tono de Dazai se volvió más serio. -La Manticora aún no está muerta-

Chuuya miró el polvo dorado, luego a Dazai.

-¿Me estás diciendo que crees que de este polvo se puede volver a formar esa cosa?Ese libro realmente te afectó.-

El pelirrojo bromeó, pero Dazai mantuvo su expresión seria.

-Se supone que, cuando vences a uno de estos, quedan premios de guerra. Ese héroe tan famoso, Hércules, tenía diferentes trofeos de las bestias a las qué derrotó.-

Chuuya se quedó pensativo. Dazai sabía que Chuuya no leía mucho, pero Koyou de seguro lo obligó a leer algunos libros de cultura general.

-Ese tipo, herocles o cómo se llame,¿no conservó la piel de un león al que derrotó?-

El peli-castaño se limitó a asentir.

-Por eso creo que aún no está muerta. Aquí solo hay polvo, nada más.-

-Bueno, entonces vayamos a la barrera, del otro lado deberíamos de estar seguros.-

"Si es que podemos pasar", esa frase no se expresó en voz alta, pero ambos la pensaron.

Estaban casi en la cima de la colina, en el mismo lugar antes de que los atacara la Manticora, cuando una bestia más los interrumpió.

Esta vez era un dragón. Sí, un dragón con alas, escupe fuego y todo el rollo. Dazai maldijo para sus adentros, ¿acaso no habían otros humanos a los que cenar por ahí?

El dragón rugió (un rugido aún peor que el de la Manticora) y de sus fosas nasales salieron llamas.

-¿Un dragón? ¿En serio? Ya tuve suficientes bestias raras por hoy.-

Chuuya apretó los puños, pero Dazai lo detuvo antes de que pudiera hacer algo.

A diferencia de la Manticora ,que parecía solamente tener hambre, el dragón tenía una postura protectora. Se paró, imponente, haciendo de muro con su cuerpo. Detrás de él estaba el pino con la piel de oveja dorada.

De repente, Dazai calló en cuenta que la bestia estaba bloqueando el camino hacia el pino. También se acordó de algo que leyó en el libro: los dragones usualmente protegían cosas de mucho valor, por ejemplo tesoros.

Tal vez si pudieran alejarse del pino y mostrar que no tenían interés alguno en la piel de oveja, el dragón no los consideraría una amenaza, dejándolos así en paz.

-Ey! Dragón, ya nos íbamos!-

Dazai alzó la voz y arrastró a Chuuya hacia atrás, quien se dejó arrastrar. No despegó la vista del dragón en ningún momento.

Afortunadamente, el animal pareció entender el mensaje. Los vio atentamente antes de relajar un poco su postura y sentarse junto al pino, aún tratando de protegerlo.

-Ahora vamos a cru-

Un rugido resonó de nuevo por toda la colina, uno que ya conocían.

-¡Maldita sea!-

Chuuya gruñó, viendo cómo la Manticora seguía viva y con hambre.

Desgraciadamente para la Manticora, el dragón le rugió de vuelta, echando fuego por la boca. Probablemente pensó que el león feo quería la piel de oveja, no a Dazai y Chuuya. Ambas bestias se miraron amenazantemente.

Fue ahí que ambos mafiosos aprovecharon la oportunidad para correr.

Normalmente no huirán de una batalla (sobre todo si era suya), pero mantener sus habilidades ocultas mientras luchaban contra una bestia, la cual no habían visto jamás en sus vidas, bueno, no era fácil, por decir lo menos.

Estaban solo a un par de pasos de la barrera, cuando Dazai empezó a dudar.

¿Y si no podían pasar? ¿Serian hechos pedacitos por una Manticora y un Dragón hambrientos? La respuesta era un sí.

Frente a él pudo ver al campamento mestizo, tal cómo en la foto. Respiró hondo y dejó de lado todas sus dudas. Corrió la poca distancia que lo separaba de la barrera, con el corazón latiendo demasiado rápido para su gusto. Má vale que pudieran pasar. Ser comido por dos monstruos no estaba en su lista de suicidio ideal.

Entonces, pasó lo que Dazai creía imposible. Cruzó la maldita barrera.

Al comienzo, se sintió cómo un cambio de ambiente. Sintió una gran tranquilidad y seguridad, pero sobre todo calidez. Incluso se dio cuenta que podía ver el campamento con más claridad, cómo si alguien le hubiera quitado unos lentes de sol.

Luego, todo se vino abajo. La comprensión de que pudo cruzar lo golpeó de lleno, con la fuerza de un camión.

¿De verdad habían podido cruzar? ¿De verdad era un semidiós?

Dazai siempre supo que no era humano. Él pensaba que era cómo una especie de 'humano impostor', más un monstruo que humano. Hasta la muerte lo trataba diferente: no importaba cuantos intentos de suicidio hiciera, ¡siempre salía con vida!

Todo eso era aceptable para Dazai, pero ¿ser hijo de un dios?

El agujero en su pecho creció y, de repente, quería vomitar. No pudo reprimir el escalofrío que le subió por la espalda.

Deseó no haber aceptado la estúpida misión, pero ya era muy tarde para retractarse.

Trató de aferrarse a la posibilidad que había podido cruzar gracias a su edad (cómo lo había especulado Mori), sin embargo él sabía que no era así.

Un grito animal se escuchó detrás de ellos y Dazai volvió a la realidad.

'Cierto, la Manticora.'

El dragón le gruñía a la otra bestia, manteniéndola alejada del campamento. Aún así, la Manticora atacó y en respuesta el dragón la chamuscó.

El animal medio en llamas salió corriendo, pero a medio camino se volvió a hacer polvo. Solo que esta vez dejó algo atrás: una espina con veneno.

Apenas pudo procesar lo que había pasado, cuando una docena de campistas salió corriendo, seguramente alertados por los rugidos del dragón. Detrás de ellos un hombre muy alto venía corriendo. Espera, ¿por que tenía de cintura para abajo el cuerpo de caballo? Dazai recordó vagamente haber leído sobre una criatura así. Si no se equivocaba, se llamaban centauros. Su dolor de cabeza empeoró.

El centauro era alto, seguramente rozando los dos metros, y su parte humana iba vestida con un traje formal, algo que utilizaría un profesor anticuado. Tenía el cabello corto y castaño, y una ligera barba. Su parte de caballo era, pues un caballo (de pelaje color chocolate).

La mirada de Dazai se posó sobre su compañero, la babosa, y ¡ohhh!

¡La expresión de Chuuya no tenia precio!

Era la mejor cara de asombro, incredulidad y sorpresa que había visto en Chuuya (cada vez batía su último récord).

Deseó haber traído una cámara para inmortalizar su expresión.

Lamentablemente, la babosa se recompuso antes de que Dazai pudiera sacar su móvil para tomarle una foto (al parecer ya se estaba acostumbrando a estar desconectado).

Dazai se acordó de los campistas, que ya los estaban rodeando, observándolos atentamente. Cada uno de ellos estaba armado con espadas y/o escudos, cómo si se hubiesen quedado en la época medieval.

Algunos hablaban entre ellos y les lanzaban miradas curiosas a Dazai y Chuuya.

El centauro se hizo paso entre la multitud, lo cual no parecía difícil, ya que la mayoría medían la mitad que él.

-¡Silencio!-

Los susurros pararon de golpe.

El hombre poni (o el poni hombre) miró más allá de la colina, donde yacían los restos de la Manticora. Luego miró a Dazai y Chuuya directamente a los ojos.

-Supongo que son los causantes del alboroto con el dragón.-

El centauro finalmente habló, su voz era profunda y sonaba cómo la de cualquier hombre de mediana edad.

'Claro, no va a hablar relinchando cómo un caballo', Dazai no sabía que esperaba, la verdad.

-Sí, un león deforme nos atacó- sorprendentemente, Chuuya fue el que respondió.

El hombre mitad poni los observó por un momento. Sus ojos miraban repetidamente a los adolescentes frente a él y luego a los restos de la Manticora.

Al final, asintió y les avisó a los campistas que los dos chicos nuevos no eran una amenaza. También les ordenó volver a sus cabañas, cosa que no les pareció gustarles para nada, ya que hubo una ola de quejas antes de que se fueran.

-Y ustedes dos- se dirigió hacia Chuuya y Dazai- síganme a la casa grande, tenemos mucho que hablar.-

La voz del centauro (del cual aún no sabía su nombre) le recordaba ligeramente a la de Mori. Con la diferencia que la voz del jefe de Port Mafia siempre tenía un tono oculto oscuro. Ambos tenían ese tono de autoridad, pero el del hombre poni no llegaba a ser amenazante. Para Dazai era… extraño pero a la vez reconfortante.

Chuuya le dio un codazo para que reaccionara. Tenía que dejar de sumergirse en sus pensamientos, últimamente se estaba distrayendo mucho.

Sin más, ambos chicos siguieron al… poni hombre.


Nota del autor: Bueno, espero que les haya gustado! De nuevo, pueden dejarme sus opiniones o tips, los leeré con gusto!

El próximo capítulo puede que tarde más en publicarlo. Las siguientes semanas tengo muchas cosas que hacer, per trataré de sacar tiempo.

Chao, y gracias por leer :)