-¡Cómo prueba de mi fuerza, he traído la espada de mi mayor enemigo aún enfundada, sin oportunidad de servirle a su dueño! ¡Espero veas mi fuerza para ser tu compañero!

El alto guerrero de tez pálida, cabello oscuro y rapado dejó la espada sobre el montón de de otros regalos que 'Muestran' su fuerza, valentía o poderío.

Denki y Mina vieron como otro guerrero se acercaba a presentar otro regalo. Tenían asientos en primera fila desde lo alto del templo de Katsuki. Ambos dioses cotilleaban sobre lo apuestos de los guerreros y cual sería del tipo del rubio.

-Yo no apostaría por ninguno de ellos, al fin de cuentas , ustedes también ya vieron al favorito. -Dijo Hanta, aún usando las ropas de campesino.

Mientras Hanta se acomodaba en la misma repisa y cambiaba a sus ropajes más frescos y cómodos de dios, los otros dos le dieron miradas interrogativas.

-¿Estás hablando del chico pecoso con esos llamativos ojos verdes? -Vocalizo Mina la pregunta tácita.

Cuando Katsuki había externado que quería una pareja, faltaron dioses que se ofrecieran. Pero él solo quería al mejor, y para ampliar la búsqueda, llevó la noticia a los mortales, para que el mejor guerrero fuera la pareja del dios de la fertilidad.

Sin embargo, antes de empezar el día, Katsuki les pidió a sus mejores amigos que simularán ser mortales en algún predicamento.

Todos habían aceptado emocionados. Denki se puso a las afueras de Egipto, gritando por ayuda en buscar a su caballo que había escapado asustado. Solo un joven, con la sonrisa más brillante que Denki había visto en su vida inmortal fue quien se le acercó dispuesto a ayudar. El joven hizo muchas preguntas a Denki, tratando de encontrar una manera de cómo dar con el equino perdido. Al final, gracias a una suposición de que el caballo amaba las manzanas, el joven encontró el caballo en una plantación de manzanos.

Mina, por su parte, fingió ser una pobre mujer en cinta muy avanzada que padecía de dolores posibles de parto. El mismo joven de ojos verdes, grandes y brillantes le hizo compañía mientras Mina lloraba y le explicaba que era muy pobre para tener una partera. El joven no solo la tomó en brazos y la llevó por el largo camino hasta la partera, sino que pagó las 20 monedas de oro para que el parto fuera atendido. Cuando el joven se fue, Mina solo borró ese recuerdo de la partera y tomó las monedas de oro, pensando cómo devolverlas.

Y Hanta decidió fingir ser un esclavo gravemente herido y abandonado por su dueño. Nadie se preocupaba por los esclavos, excepto claro, el mismo jóven de pecas por todo el cuerpo. Cargo a Hanta hasta un baño público y fingiendo ser su señor, lo baño y le atendió las heridas. Luego le dió el dinero suficiente para pagar una noche en una posada, deseándole suerte en lo que decidiera de futuro.

En estos momentos, Katsuki lo veía atentamente ayudar a Eijiro, que se había disfrazado de un comerciante demasiado viejo y cansado para jalar su carreta de baratijas. El mismo jóven, con sus rizos y ropajes llenos de sudor, jalaba la carreta mientras platicaba atentamente con Eijiro, sin tener la menor idea de que en el día, había ayudado al dios de las estrategias a buscar un caballo, a la diosa del hogar a llegar con una partera y al dios de la justicia con sus heridas.

-¿Dime joven, has venido como todos los demás a ver al dios Katsuki? -Preguntaba Eijiro con un leve toque de humor. Y era casi risible que ayudarán a llevar una pequeña carreta al dios de la fuerza.

-Así es Señor, yo también traigo un regalo para el dios. Pero no espero su mano a cambio de mi regalo.

La respuesta sorprendió a ambos dioses, aunque solo uno de ellos pudo interrogar al joven.

-Verá señor, mi dulce madre ha vuelto a contraer nupcias con un honorable guerrero de mi pueblo y ambos desean concebir. He venido sin el conocimiento de ninguno para rogarle al dios su bendición para mí madre. -El joven dejó ver una sonrisa tan suave como la seda más cara de todas mientras hablaba. -Así que espero que hoy, entre todas las plegarias que debe estar recibiendo, escuche la mía. Dicen que los dioses están presentes en sus templos para cosas así.

Poco después de eso, llegaron al mercado y el joven siguió su camino con el cielo pintado en colores naranjas del atardecer. Eijiro, aún disfrazado, se acercó a donde sentía la presencia de su mejor amigo.

-Te lo advierto Kats, si no lo escoges como tú compañero, lo haré yo mismo.

Izuku había alcanzado el templo de Katsuki al anochecer. En las afueras había una cantidad incontable de hombres y mujeres compartiendo comida y bebida, posiblemente esperando el veredicto del dios.

Izuku atravesó la multitud hasta llegar al centro del templo, donde estaba desolado, todo el espacio siendo ocupado por los cientos de regalos de cortejo al dios. Y siendo ocupado por 4 dioses cotillas.

Izuku rodeo los regalos hasta llegar lo más cerca posible al altar, dónde depositó un frasco con un líquido color lila.

-Le ruego dios Katsuki, se apiade de mi madre, Inko Yagi, que desea darle un heredero al linaje de mi padrastro. -Suplico arrodillado Izuku.

Decir que Katsuki estaba asombrado era quedarse corto, pues había pensado que le había mentido a Eijiro. Pero el frasco de perfume, un regalo más común de damas desesperadas por concebir, era prueba de sinceridad.

Katsuki casi empezaba a decepcionarse cuando el joven guerrero sacó otro regalo. Un pequeño anillo. Era oro puro, trabajado tan delicadamente que el anillo parecía una pequeña flor dorada, con una gema color naranja en el centro de los pétalos dorados.

-Y este regalo es para ti. Dicen que tú color favorito es el naranja, porque con los regalos de este color siempre se cumplen los pedidos. -El guerrero dejó el anillo junto al frasco. -Espero que te agrade mi regalo en medio de todos estos que has recibido este día.

Izuku se puso de pie y soltando un suspiro, se giró dispuesto a buscar un lugar donde pasar la noche. Decir que le asustó la presencia de alguien más sería un eufemismo. Pero luego del segundo de susto, Izuku pudo contemplar la belleza del ser que tenía enfrente.

Usaba ropajes blancos y delicados, un collar delicado y aretes llamativos. Pero su piel era tan pálida que casi temió que estuviera enfermo, pero no le restaban hermosura a sus delicados rasgos.

-No has pedido nada a cambio del anillo.

La voz de la criatura frente a sus ojos era tan suave como la seda pero firme como el hierro. Y fue en ese momento que Izuku entendió que no estaba frente a otro mortal. Estaba frente al dueño de este templo, frente al dios de la fertilidad, Katsuki.

Inmediatamente clavó una rodilla en el suelo y bajó la mirada. Luego entendió lo dicho por el dios.

-No es un regalo para una petición, mi única petición de hoy es para mí madre, y ella misma creó el perfume que he traído. Es de lirios, una flor del extranjero pero que mi madre sabe usar para sacarle todo el aroma. Descubrirá que es un aroma muy relajante y delicado que...

-Tu pedido fue cumplido desde el momento que se lo dijiste a Eijiro. Lo que quiero saber es qué quieres a cambio del anillo. -Katsuki estaba comenzando a enfadarse un poco. Pero es que era la primera vez que alguien dejaba un regalo en su altar y no pedía nada. Los mortales siempre querían algo.

Izuku se atrevió a levantar la mirada. Los ojos rojos del dios estaban llenos de confusión.

-No quiero nada a cambio más allá de tu felicidad. Supe que buscabas pareja y que todos te traerían regalos variados. Yo solo pensé en como tú templo siempre está decorado de esta flor y asumo que era tu favorita. Así que pensé traer algo que fuera de tu agrado. No creo que un dios use el yelmo de una armadura incompleta.

Y el guerrero de ojos verdes siguió murmurando cosas sobre los innumerables regalos que recibió hoy. Pero tenía razón. Adoraba ese anillo porque era todo lo que le gustaba.

Un mortal que anteponía el bienestar y felicidad de otros ante la suya...

-Demostraste inteligencia cuando ayudaste a Denki con su caballo. -Izuku se sobresaltó ante la voz del dios, deteniendo su murmullo. -Demostraste bondad ante el falso parto de Mina. Humildad ante las heridas de Hanta y fuerza ante la debilidad de Eijiro.

Izuku no podía creerlo. ¡Esos eran nombres de dioses! Pero eran las personas que había ayudado a lo largo del día.

-Ahora, traes un regalo para un favor a tu madre. Y quieres irte sin nada para ti, a pesar de traer tan magnífica obra de arte solo para mí felicidad.

Izuku vio en primera fila, como las expresiones del dios se relajaban mientras hablaba. Se acercó unos pasos a Izuku y se arrodilló ante Izuku. El peliverde estaba asombrado ante semejante acto de un día para con un mortal.

-¿Si quieres mi felicidad, guerrero, me aceptarías como tú pareja? Yo si te quiero a ti como la mía. -Pidió Katsuki mientras traía el anillo a su mano y se lo extendía a Izuku.

El pecoso, aún confuso, tomó el anillo. La verdad es que no podía creer que un dios lo estuviera eligiendo. Pero ni loco se iba a negar a la oportunidad.

-Si me aceptas, a mí, Izuku, yo te acepto como mi pareja, dios Katsuki. -Dijo el ojiverde mientras le ponía suavemente el anillo al dios.