-¡Maldita sea Deku, suéltame ya!

-Pero Kacchan, no hay nadie con nosotros, puedes dejar de fingir.

Con esas palabras, Katsuki dejo de retorcerse y comenzó a ver a todos lados, confirmando que estaban solos en la habitación.

-Estamos en una de mis guaridas personales Kacchan, lejos de la gente y de mis perros falderos. -Dijo Izuku mientras se subía al regazo del héroe. Dicho héroe tenía los tobillos amarrados a las patas de la silla y los brazos detrás del respaldo.

-¿¡Entonces porque mierdas me secuestraste de mi casa a la 1 de la mañana!? -La ausencia de los secuaces de Izuku no era un motivo para bajar la voz, muy al contrario, mayor razón para gritar con libertad. E Izuku quería que gritara, pero por otras razones.

Por lo que el peliverde, beso al rubio como respuesta. Y aunque el beso lo inició Izuku, fácilmente cedió el control a Katsuki. El rubio tomó la boca del otro como el dueño que era, disfrutando del sabor ligeramente picante que encontró en el otro. El peliverde dejo al rubio someter su lengua en el beso, ya que sería lo único que podría controlar este día.

Escapando de una mordida de parte del rubio, Izuku separó sus labios para atacar el níveo cuello que tenía delante, agradeciendo que su novio tenga la costumbre de dormir en boxer únicamente, dejándole así, todo este torso trabajo que tenía el héroe a su completa disposición.

Katsuki soltó un ligero gemido al sentir manos suaves en sus pectorales, manos que rápidamente encontraron sus pezones y comenzaron a pellizcarlos al mismo tiempo, todo mientras los labios de pecado de su novio decoraban su cuello y clavícula con chupetones y mordidas.

En poco tiempo, las manos dieron paso a una boca codiciosa y experimentada. Izuku chupó esos dulces pezones hasta tenerlos duros, momento justo para morderlos e intentar jalarlos. El fantasma de la tortura tenía a Katsuki jadeando. Y soltando un gruñido de frustración al ver como la cabecita verde se movía al otro pezón para brindarle la misma tortura.

Katsuki amaba y odiaba que Izuku jugará con sus pezo/es, ya que los retazos de placer que corrían hasta su verga, eran sumamente deliciosos, pero lo sensibles que quedaban después era algo incómodo.

Sin embargo, la única preocupación de Izuku era dejarlos rojos, dejar marcado a su novio. Y con esos pensamientos llenando su mente, tomo entre sus labios la aureola y la mordió fuerte.

-¡Puta madre! ¡Eso dolió Izuku!

Una lengua amorosa que lamía la herida recién hecha fue toda la respuesta que obtuvo.

Izuku vio con satisfacción como había dejado el pecho de su novio. Cualquiera que lo viera luego de esto sabría que Katsuki Bakugou tenía dueño.

-Ahora comencemos con el plato fuerte. -El pecoso se bajó y arrodillándose entre las piernas del héroe, bajo los boxers hasta los tobillos.

El pene de Katsuki era de buen tamaño, un poco más largo que el promedio, coronado con una mata de vello rubio recortado. Tenía un par de venas que sobre saltaban. El peliverde fue a por ellas de inmediato, lamiendolas con pequeños besos de gatitos.

Katsuki no despegó los ojos de su novio, aunque el placer lo incitara a cerrarlos y dejar caer la cabeza. Ambos estaban conscientes de que a Izuku no le agradaba hacer mamadas por qué tenía el reflejo nauseoso bien sensible. Pero Katsuki tampoco se quejaba de como el amor de su vida chupaba su cabeza cuál biberón, mientras trabajaba para sacar su leche.

Y aunque Izuku ya estaba en eso, con las manos en los muslos ligeramente velludos de rubio, hoy Katsuki cumplía 22 años. Tenía el regalo perfecto.

Tomo aire por la nariz y movió sus labios despacio. Se metió en la boca unos centímetros antes de volver a sacarlos igual de lento. Pero cada vez que volvía a meter, metía un poco más. Justo cuando estaba llegando a su límite, Izuku se forzó un bostezo, buscando aflojar su mandíbula y relajar su garganta.

Katsuki estaba fascinado con el movimiento de Izuku, pero cuando comenzó a meterse más, un pensamiento preocupado eclipsó su placer.

-¿Zuku? -Pero el peliverde estaba ocupado llenándose la boca. Sus ojitos estaban cerrados en concentración. Aún era incómodo la sensación de algo rozando su campanilla, pero no le provocaba arcadas. Lo mantuvo unos segundos dentro, dejando que su lengua lamiera todo el tronco hasta donde pudiera.

El héroe no podía creerlo. Estaba dividido entre la maravillosa sensación de estar rodeado en la cálida humedad, sintiendo una lengua curiosa moverse y el apretón de terror sobre su corazón.

El sonido al sacar el pene de su boca fue obsceno, acompañado de demasiada saliva y un jadeo al buscar aire. Sin perder el tiempo, regresó a los besos de gatitos, limpiando su saliva en el tronco y bajando a sus bolas.

-¿Que rayos fue eso? -Katsuki estaba respirando profundamente, tratando de calmarse y asegurándose de que no se correría vergonzosamente rápido. Aunque el dolor en sus bo/las solo aumenta con los besos que estaba recibiendo.

-Quiero darte un buen regalo de cumpleaños. He practicado durante meses. -El pecoso dejo suaves besos en los muslos, amando la sensación del vello casi inexistente en sus mejías.

-Feliz cumpleaños Kacchan.

Con esas palabras, tomó de nuevo la verga del amor de su vida en su boca con una sola misión.

Tragar el semen de Kacchan.

Sabiendo ahora hasta dónde podía llegar y como llegar, sus movimientos no fueron tan delicados.

Katsuki, tomado por sorpresa, no hizo nada por reprimir la sinfonía de gemidos que Izuku le arrancaba.

El trabajo de los labios suaves junto a una lengua que sabía cómo volverlo loco no demoró en acercarlo al límite. Tan así, que Katsuki fue sorprendido por su propio orgasmo, sintiendo como su pene se estremecía con cada disparo.

Y aunque Izuku deseaba tomarlo, en un acto reflejo, se apartó después del primer disparo. Aunque aún recibió la mayoría sobre su boca.

El rubio estaba en las nubes. Hubiera estado en paz si pasaba toda su vida sin haber probado el placer de una mamada en la boca de Izuku.

Ahora sabía que haría y rogaría con lo que sea porque Izuku le haría una cada vez que se vean.

-Amor, ven acá, necesito ayudarte.q

Izuku se subió al regazo de nuevo, pero no hizo nada por desnudarse o algo parecido. En cambio, se acurrucó contra el pecho desnudo del otro y se quedó ahí.

-Por hoy, estoy bien Kacchan.

Katsuki enterró la nariz en los rizos levemente sudados de su pareja. En momentos como éste deseaba tanto haber cambiado el mundo años antes para que Izuku no hubiera crecido en un mundo donde lo convencieron que solo los dones tenían importancia.

De vivir en un mundo diferente, posiblemente está sorpresa hubiera sido dada en una cama que ambos compartieran, y no tener que verse separados física e ideológicamente en unas horas.

Se quedaría callado, porque prefería estos fugaces momentos, cuidados bajo el manto de la noche a no tener absolutamente nada.