Katsuki tenía 4 años cuando soñó por primera vez con Izuku. A esa edad, los sueños habían sido cortos y muy vagos, como si fueran leves recuerdos centrados en ojos verdes e infinitas pecas.
Esos sueños se repetían cada dos o tres semanas.
Para los 10 años, esos sueños eran semanales y duraban más. También eran más nítidos.
En los sueños, a veces los dos niños estaban en el bosque, otras en una playa, algunos en lo que parecía un salón de colegio y pocos en el parque.
A los 12 años, a Katsuki le apenaba tener un 'amigo imaginario'.
Para sus 14, sabía que el otro chico se llamaba Izuku, que vivía en Japón y tenía su misma edad.
El rubio a veces se frustraba con el otro niño de rizos verdes, porque no podía controlarlo en los sueños. En algunas ocasiones Katsuki quería hacer alguna cosa e Izuku no, y donde pensaba que era dueño de su sueño y podía controlarlo, trataba de forzarlo pero nunca funcionó.
Una vez le gritó en la cara de Izuku que él no era real, que era solo una creación de su imaginación. Ese día se le llenaron los ojitos verdes de lágrimas a Izuku, pero le gritó de vuelta que el producto de imaginación era Katsuki.
Los días siguientes a ese sueño casi no se hablaron.
No fue hasta meses después, que en un movimiento de valentía, Izuku se le acercó con el planteamiento de que tal vez ellos eran personas reales.
Katsuki nunca lo admitiría en voz alta, pero extrañaba convivir con Izuku. Esa noche se tomaron seriamente la pregunta. Se dijeron cosas que de ninguna manera el otro podría imaginar. Hablar ante sus sentimientos que le despertaba al otro, como la confusión iba de la mano del confort a la hora de soñar con el otro.
A los 15 años dictaminaron que sí eran reales.
No tenían absolutamente ninguna explicación para lo que sucedía entre ellos. El rubio una vez bromeó de que estaban destinados porque uno de los dos iba a morir, pero ante las lágrimas y la tristeza del otro tuvo más cuidado con sus bromas.
Están en pleno siglo XXI, claro que sí había maneras de contactarse entre ellos, desde correo electrónico hasta un mensaje de texto en sus celulares. Pero a ambos les gustaba verse en sus sueños.
Para sus 16 años, Katsuki supo que estaba completamente enamorado de Izuku. Pero fue el pequeño pecoso quien se atrevió a dar el primer beso entre ellos, iniciando así, su relación romántica.
A veces no existía poder que pudiera callarlos y hablaban de todo de sus vidas. Otras discutían por detalles de las series y cómics que seguían. Muchas veces se pasaban toda la noche en un enredo de extremidades y besos eternos, con susurros de amor que solo el otro escuchaba.
A los 18, Katsuki se mudo a su universidad, la prestigiosa Universidad Alpha, o también llamada UA. Era algo que le había ocultado a Izuku.
Al fin tenía libertad, no tenía que darle explicaciones a nadie y para su fortuna, sus padres le regalaron un auto.
Ese año iba a encontrar a Izuku en la vida real.
El día después de mudarse, salió de su cama a toda prisa. Ni siquiera saludó a su nuevo compañero de cuarto, solo se cambió su pijama después de una ducha rápida y tomó las llaves de su auto.
La UA estaba en Tokio, justo donde vive Izuku. Y aunque no tuviera un plan en mente, más allá del de dar vueltas en su carro, tenía el presentimiento de que lo lograría.
Estaba tan metido en sus pensamientos que chocó contra alguien al salir apresurado del edificio de dormitorios. El choque los llevó a ambos al suelo, dónde Katsuki intentó girar pero ambos terminaron en el frío piso.
El rubio se tomó unos segundos para asegurarse que todo siguiera en orden con su cuerpo y luego miró a la otra persona.
Rizos verdes.
Infinitas pecas.
Ojos verdes llenos de asombro.
-¿Izuku?
-¿Katsuki?
No necesitaron nada más para abrazarse en ese momento, aún con la luz del tierno amanecer, frente a las puertas del edificio donde ambos vivían.
