Sinopsis:
Capturada y encarcelada en Azkaban, Hermione hace un peligroso trato con un Mortífago en la celda de al lado:
Contestará una pregunta al día y nunca mentirá.
Sin embargo, mientras Hermione pregunta sobre la guerra, el Mortífago le hace inofensivas preguntas personales, casi como si intentara comprenderla. Como si le importara. Por supuesto, no todo es lo que parece, y Hermione sigue comprometida por ese trato incluso después de escapar. Decidida a descubrir la verdad, se une a la Fuerza Especial de la Orden: una unidad de élite encargada de dar caza al soldado favorito de Voldemort... uno con la maldita habilidad de resucitar a los muertos.
Pero no es hasta que Hermione descubre su propia historia cuando acepta por fin la respuesta que puede haber sabido todo el tiempo.
La única persona que capturó su mente y su corazón lucha en el bando opuesto de la guerra.
Draco Malfoy.
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Nota de la autora:
*Esta obra está completa*
Una epopeya bélica muy oscura, desgarradora y llena de acción que explora las consecuencias de las Reliquias de la Muerte. Preparaos para una escalada romántica y giros argumentales que os obligarán a replantearos toda la historia, hasta llegar a un final feliz con toques amargos. Inspirada en las obras maestras Manacled, Secrets & Masks, ACOTAR y Doctor Faustus, con una pizca de Anakin a lo Star Wars. El tema gira en torno a las canciones "A Soulmate Who Wasn't Meant to Be" de Jess Benko y "The Pool" de Stephen Sanchez.
En varios de los primeros capítulos de esta historia aparece un interés amoroso diferente para Hermione, así que el ritmo es lento. Sin embargo, se trata de Dramione, y juro solemnemente que habrá una gran recompensa. En cuanto a las escenas obscenas, no utilizo fundidos a negro, pero sí un enfoque más poético de las descripciones. Por último, os advierto de que Hermione es una narradora poco fiable por razones que se irán aclarando. Sus emociones y acciones pueden parecer ilógicas a veces, pero esta historia te pide que te dejes llevar por esa sensación de desconfianza.
Nota sobre la serie: These Selfish Vows es la primera parte de mi serie Dissonant Lifetimes, que explora el reencuentro de Draco y Hermione a través de tres reencarnaciones vagamente relacionadas. Las partes II y III se están escribiendo en paralelo: la primera es un romance de posguerra, mientras que la segunda es un giro de una historia de octavo año en Durmstrang. Cada parte está diseñada para ser leída individualmente, o junto con las otras para una mayor profundidad, y en cualquier orden.
Podéis encontrarme en Instagram: heavenlydewwrites
Por favor, sed amables y espero que disfrutéis del viaje.
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Nota de la traductora:
¿Qué mejor manera de celebrar el día del libro que empezando esta maravilla?
Que pintaza tiene esto solo con la sinopsis y la nota de la autora... Estoy muy, muy emocionada y con muchísimas ganas de empezar esta historia. Si os estáis leyendo Year of the Lioness entenderéis por qué, y si no es un buen momento para empezar, ya que como dice la autora, aunque son independientes, leer las tres enriquecerá mucho la lectura. En principio iba a traducir esta entera antes de meterme con la siguiente, pero he decidido por mi salud mental ir traduciendo 5 de cada una, para compensar la oscuridad de esta y el triángulo amoroso de la otra.
No os voy a engañar, bien por el final feliz, preocupada por lo de que será un poco amargo, pero lo que sea por esta serie, Year of the Lioness me tiene enganchadísima y necesito más de este mundo, y la autora demuestra lo gran escritora qué es en cada capítulo.
En mi cuenta de TikTok publico un poco cómo van las traducciones, pistas de la siguiente y algunas tonterías: naikiaradra
Los personajes y todo lo reconocible es de la autoría de JK Rowling y la historia es de HeavenlyDew.
Traducción oficial autorizada.
Portada de emmilliaart.
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¿Dónde estás, Fausto?
Desgraciado, ¿qué has hecho?
2 de mayo de 2004
Tenby, Wales
El sonido de las olas que se acercaban a la orilla despertó a Hermione del sueño. Los párpados le pesaban mientras abría los ojos enrojecidos y se esforzaba por adaptarse a la oscuridad. Las sombras proyectadas por el agua danzaban sobre el techo abovedado del dormitorio. Y, por un momento, retrocedió dos años en el tiempo.
Pero estas olas no eran las que ella conocía. No eran las furiosas olas que chocaban contra los impenetrables muros de Azkaban. Esta habitación no se parecía en nada a su húmeda celda.
Y cuando Hermione rodó sobre un costado, sus ojos no se posaron en el amable amante que una vez esperó, sino en el cruel enemigo que necesitaba y odiaba.
El hombre que amaba.
Él suspiró, e incluso las líneas más duras alrededor de su boca se suavizaron. Era tan guapo.
Aunque podría despertarlo, Hermione le apartó el pelo plateado de la cara. Observándole como siempre hacía. Leyendo y releyendo sus cicatrices como sus cuentos de hadas favoritos. Encontrando más paz en él que en un libro.
Y, por un momento, imaginó cómo sería la vida sin la guerra. O si hubiera aceptado huir con él aquella mañana.
Pero no, ahora no tenía que imaginárselo: habría sido igual que hoy. Y si esto era todo lo que tenían, era suficiente.
Hermione sonrió entre lágrimas.
No era suficiente.
Ella sabía que él ocultaba algo. A pesar de su promesa de no mentir nunca, toda su realidad se basaba en medias verdades. Aún había demasiados secretos ocultos en su corazón.
De repente, sus ojos se abrieron de golpe, arrastrándola a un mar de gris tormentoso. Giró, poniéndola violentamente debajo de él. La aprisionó contra las sábanas de satén. Aplastó su pecho contra el suyo hasta que ella jadeó de alivio. Con una mano le agarró el hombro desnudo, mientras con la otra le deslizaba unos dedos paralizantes por la garganta.
Le recorrió la espalda con las uñas. Tallando senderos de sangre en su carne pálida, incluso cuando las marcas de maldición gemelas en sus palmas picaban con la fricción ardiente.
Entonces su voz fría, sedosa, áspera e irresistible le susurró. Despertando su mente y desgarrando su alma.
—¿Quieres volver a dormir, pequeña prisionera?
—No, Malfoy. No quiero.
Le levantó la barbilla, atrapándola en un beso oscuro y castigador.
—Buena respuesta.
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Dos años antes
2 de mayo de 2002
Glen Lochy, Escocia
—¡Sácalo, Granger! —rugió Ojo Loco Moody, con su ojo mágico girando desde las colinas para fijarse en Hermione, oculta bajo la Capa de Invisibilidad—. ¡La serpiente no está aquí! Ve con Potter y retiraos ya.
Al oír la orden, Hermione Granger saltó de donde estaba arrodillada junto al cadáver de un miembro caído de la Orden del Fénix. Mientras se daba la vuelta para correr hacia el centro del valle, apuntó con la varita de madera de vid a través de la rendija de la capa hacia el cadáver y susurró el hechizo que se había convertido en una plegaria de guerra por los muertos.
—Incendio.
El suelo detrás de Hermione estalló en llamas mientras corría, pero el campo de batalla era ya tal torbellino de caos y sangre que nadie se dio cuenta del fuego. Y nadie se fijó en Hermione mientras se precipitaba en medio de la locura bajo la reluciente tela gris de la Capa de Invisibilidad de Harry Potter.
Atravesó el valle como un rayo plateado. Con cada salto frenético, lanzaba un maleficio o una maldición hacia la máscara burlona de un Mortífago. Lanzó un hechizo de escudo azul frente a un soldado de la Orden en apuros. Quemaba todos los cadáveres con los que tropezaba, dejando un rastro de fuego para evitar que los caídos se transformaran en algo mucho más mortífero que un Mortífago.
Mientras corría, Hermione vio de primera mano hasta qué punto la Orden había calculado mal. Voldemort no trajo a Nagini. No, llegó con muchos más Mortífagos de los que esperaban, o de los que ni siquiera sabían que tenía, a estas alturas de la Segunda Guerra Mágica. Mirara donde mirara, sus seguidores luchaban y aplastaban a los resistentes vestidos de carmesí. Una mancha de colores y maldiciones se esparcía entre la multitud palpitante como disparos brillantes, atravesando la infantería de la Orden antes de que pudieran reaccionar.
Cuanto más se adentraba en el centro del campo de batalla, más húmeda se volvía la hierba que cubría el valle, hasta que el suelo se volvió tan resbaladizo por la sangre que le costaba mantenerse en pie.
El sudor le goteaba en los ojos, escociéndole aún más que el humo.
Gritos ensordecedores de rabia golpeaban sus oídos como un implacable tambor de batalla.
Pero Hermione siguió corriendo, cada vez más cerca de Harry. Incluso a esa distancia podía ver su familiar mata de pelo negro.
Harry no la vio ni supo siquiera mirar. Moody era el único que sabía que ella estaba en la batalla, el único que podía verla a través de su ojo encantado. Ni siquiera Ron Weasley tenía autorización para enterarse de la decisión de última hora del Consejo de permitir que Hermione se uniera a la lucha.
Desde la fallida Batalla de Hogwarts, cuatro años atrás, el líder de la Orden, Kingsley Shacklebolt, se negaba a arriesgar a uno de sus mejores estrategas en el frente. Desesperada por formar parte de la última batalla de Harry, Hermione aceptó llevar la capa. Sin embargo, por lo que sabían los demás, seguía escondida a salvo en el Cuartel General, y no en la línea de fuego.
Para Hermione, lanzar maldiciones a los Mortífagos e incinerar a los muertos era su objetivo secundario. Su verdadero propósito era retirar a Harry por la fuerza en caso de que Voldemort apareciera sin Nagini... retirarse hasta que pudieran utilizarlo para intentar sacar de nuevo el escurridizo Horrocrux. Aunque Harry se resistiera, tenía que obligarlo a meterse bajo la capa con ella y llevarlo a un traslador escondido en el otro extremo del valle.
De repente, una risa cruel y aguda apuñaló el aire carbonizado, y los ojos de Hermione se alzaron horrorizados al ver la calavera pálida y las fosas nasales planas como serpientes de Voldemort acercándose a Harry.
Estaba casi cerca de ellos. Tan cerca que podía ver el rojo de los ojos de serpiente de Voldemort. Podía distinguir la delgada cara de Harry retorcida en un grito de rabia.
Pero justo cuando abría la boca y apuntaba con la varita a través de la capa, una oleada de dolor le recorrió las dos piernas y cayó sobre la hierba húmeda, haciendo que su varita se rompiera con el impacto.
De sus tobillos brotaba sangre de profundos cortes en ambos tendones, manchando el suelo bajo ella, empapando la capa plateada enredada a su alrededor, cuando lo oyó.
—¡Avada Kedavra!
Un grito desgarrado le atravesó el alma al ver que la vida abandonaba el cuerpo de Harry.
La risa de Voldemort atravesó la noche mientras levantaba un pie descalzo hacia la cabeza de Harry y le clavaba un talón ennegrecido en el cráneo.
Estaban tan cerca. A solo unos metros de donde yacía, aún envuelta en la maldita capa.
—Potter. El Elegido. Muerto, muerto al fin. La batalla está ganada, y el Niño que Vivió está acabado...
Los gritos de Hermione se mezclaban con las burlas y rugidos que estallaban a su alrededor.
Un dolor hirviente le atravesó el corazón como un cuchillo, y unos zapatos le presionaron la espalda y el cuello mientras los Mortífagos se arremolinaban en torno a su Señor Tenebroso.
La oscuridad se deslizaba por los bordes de su visión, arrastrándola hacia la inconsciencia. Apenas percibía ya el dolor cuando empezó a seguir a su amigo más allá del velo.
—¡HARRY, NO!
Hermione levantó los ojos horrorizada y vio a Ron, con la sangre manando de la cuenca vacía donde debería haber tenido el brazo derecho, rugir y correr directo hacia Voldemort.
—Ron, idiota, —gritó débilmente, tratando de arrastrar sus piernas inútiles la distancia restante. Pero su gateo desesperado era demasiado lento para detener su temeraria embestida.
—¡Avada Kedavra!
Con otro cruel destello verde, Hermione perdió a sus dos mejores amigos en un solo minuto.
—
Los siguientes acontecimientos fueron como una música disonante apenas audible que sonaba de fondo. Oída, pero no comprendida por el zumbido de sus oídos. El dolor de cabeza.
—¿El sucio traidor a la sangre pensó que tenía alguna oportunidad contra el Señor Oscuro?
Bellatrix Lestrange soltó una carcajada de locura mientras su varita lanzaba tajos alrededor del cadáver de Ron, con una sonrisa que se ensanchaba con cada tajo.
—¿Qué te he dicho sobre ser derrochadora? —siseó Voldemort, sin siquiera mirar hacia ella, los ojos aún fijos en Harry mientras su pie presionaba tierra en su cicatriz en forma de rayo.
—Hubiera preferido el conjunto intacto cuando él llegó.
—Perdonadme, Señor Tenebroso, —arrulló Bellatrix mientras se alejaba del cuerpo de Ron, ya destruido hasta quedar irreconocible—. Me olvido de mí misma cerca de los gusanos amantes de Sangre sucias.
Escupió la última palabra en la sangre del pecho de Ron y se inclinó ante su amo.
—SE ACABÓ, —chilló Voldemort mientras se sujetaba la Varita de Saúco al cuello para amplificar su voz, y se volvió hacia una masa cada vez mayor de Mortífagos arrodillados.
—Harry Potter está MUERTO. Fue masacrado mientras intentaba huir. Mientras abandonaba a sus amigos para salvar su patética vida.
Voldemort sonrió malvadamente mientras las mentiras caían sobre la violenta batalla que aún se libraba más allá.
—Y el resto de vosotros sois los siguientes.
Pero con la promesa, Voldemort no se reincorporó a la lucha. Se dio la vuelta y se alejó. Los Mortífagos bajaron las varitas y lo siguieron.
Bellatrix, sin embargo, se levantó y movió la varita para levantar el cadáver de Harry con un Wingardium Leviosa no verbal. Antes de que Harry se elevara más de unos centímetros, su mano, con la varita aún agarrada, cayó al suelo, cortada por la muñeca.
—¡DEJA EL CUERPO! —chilló Voldemort mientras Bellatrix gritaba de agonía, acunando su sangrante y amputado antebrazo.
—Lo quiero convertido. Un regalo de despedida para el resto de la preciosa Orden de Potter.
Otro Mortífago agarró a la retorcida Bellatrix por el pelo negro y la arrastró hacia las filas de figuras con capas negras que se retiraban y sobrepasaban los límites de los encantamientos antiaparición de la Orden. Alejándose de Hermione, que seguía enredada bajo la capa.
Arrastró por fin su cuerpo medio entumecido hasta ellos, colocándose sobre el cuerpo inerte de Harry y extendiendo una mano hacia los restos irreconocibles de Ron, que se encontraba a pocos pasos de ella.
Se habían ido. Más allá del velo y fuera de su alcance. Pero mientras Hermione sentía que su parte inferior se enfriaba por la sangre que aún fluía de ella, aceptó que no estaría muy lejos.
—Os veré pronto, —susurró mientras rodeaba con una mano la mejilla helada de Harry. Con la otra le quitó suavemente la suciedad de la cicatriz en forma de rayo, apenas visible a la luz de la luna menguante. Había acumulado tantos cortes a lo largo de los años que su icónica cicatriz casi se había perdido entre ellos. Pero Hermione sabía dónde buscar.
Algo había salido catastróficamente mal. La Orden había apostado a que Voldemort traería a Nagini a la batalla, reacio a desprenderse de su Horrocrux e igualmente consumido por matar al propio Harry. Pero cuando unos fuertes crujidos hendieron el aire como relámpagos, indicando que Voldemort y su ejército de seguidores finalmente desaparecían del valle sangrante, Hermione supo que la Orden había calculado mal. Ella calculó mal y le costó todo.
Esto no era una victoria. Esto no era la retirada de los Mortífagos.
La batalla había terminado porque Harry Potter, el Niño que Vivió, estaba muerto.
Salvo que no había terminado.
—
Hermione estaba al borde de la inconsciencia, desplomada sobre el cuerpo de Harry y aún envuelta en la Capa de Invisibilidad, cuando la despertó una voz familiar.
—¡Ginny, tenemos que ir a los trasladores! YA.
Registró a alguien suplicando cerca.
—¡NO LO ENCUENTRO! ¡NO ENCUENTRO A HARRY POR NINGUNA PARTE! —gritó Ginny Weasley.
—Está muerto. Oíste lo que dijo Voldemort... viste a los Mortífagos irse. No tiene sentido.
—Lo sé, maldita sea, —maldijo Ginny—, pero tenemos que llevarnos su cuerpo o se convertirá. No podemos irnos todavía.
CRACK
El sonido partió el aire como un relámpago en la distancia. Al instante, el aire se volvió insoportablemente frío. El cielo se oscureció. La cálida estación de mayo se convirtió en un crudo invierno.
—¡Salid ahora mismo! —gritó alguien.
—¡ÉL... ÉL ESTÁ AQUÍ! —gritó otra voz.
Los gritos de Ginny se hicieron más débiles a medida que unos pasos pesados se la llevaban, y Hermione utilizó sus últimas fuerzas para mirar hacia la fuente del crack... el origen de la inminente oscuridad.
Ella lo vio. El Mortífago al que temían incluso más que a Voldemort.
Estaba de pie. Una solitaria figura encapuchada, envuelta en la oscuridad, en lo alto de una colina que domina el arruinado pueblo escocés. Sus ropajes negros ondeaban al calor de los fuegos que aún ardían en el valle empapado de sangre. Observando los restos que el Señor Oscuro había dejado para su sirviente más mortífero.
Empezó a caminar hacia abajo. Unas piernas largas que podrían haber abarcado toda la distancia se movían con una lentitud antinatural, controlada. A cada paso, el aire a su alrededor parecía estremecerse. Expandirse y contraerse.
Incluso desde esa distancia, pudo distinguir su característica máscara de Mortífago: una calavera con una tira de tela de color sangre que cubría por completo las dos cuencas de los ojos.
Sin visión, pero no ciego. Enmascarado con los ojos envueltos en carmesí.
Estaba claro que la figura que se acercaba podía ver a pesar de la extraña venda. Hermione lo vio moverse con facilidad entre la carnicería que tenía a sus pies. Cuando se acercó al borde del campo de batalla, su mano enguantada en cuero se introdujo en la túnica de Mortífago para sacar una varita de la funda que llevaba sujeta al muslo. A medida que avanzaba por la hierba, su varita se movía violentamente hacia los miembros de la Orden lo bastante valientes como para enfrentarse a él. Luz verde, muerte a cada golpe.
A mitad del campo, una mujer saltó de debajo de una pila de cadáveres caídos y cargó contra el Mortífago desde atrás, lanzando maleficios con cada grito.
CRACK
Con un giro de la varita del Mortífago, la tierra bajo los pies de la mujer se desgarró. Apareció un abismo ardiente que partió el valle en dos.
Docenas de manos huesudas salieron disparadas de la grieta y se enroscaron en las piernas de la mujer como serpientes humanoides. Los gritos de guerra de la mujer se convirtieron en alaridos de miedo primitivo mientras la arrastraban bajo la superficie.
El abismo seguía ensanchándose. Unas manos esqueléticas arrastraban a cualquiera lo bastante valiente como para enfrentarse a su invocador hacia la oscura Hondonada Infernal.
El Mortífago de ojos vendados no aminoró el paso. No miró atrás.
Si antes Hermione albergaba la más mínima duda sobre su identidad, ahora se había desvanecido.
Solo había visto al soldado favorito de Voldemort con sus propios ojos una vez más desde su primera aparición en la Batalla de Hogwarts, cuatro años atrás. Después de aquel día, lo estudió durante las sesiones informativas del Consejo y a través de un pensadero en las raras ocasiones en que un miembro de la Orden se escapaba para proporcionarle recuerdos. Descubrir la identidad del Mortífago con la esperanza de encontrar su punto débil se convirtió en una de las principales prioridades de la Orden. Pero la postura oficial de la Orden era quemar los cadáveres y desaparecer inmediatamente de cualquier batalla en la que apareciera.
Nadie había escapado en el último año.
Incluso sin recuerdos recientes, e incluso en su estado de deterioro, Hermione podía sentir la magia oscura que emanaba de él, filtrándose lentamente en su alma como un veneno. Pero era demasiado tarde para huir y demasiado tarde para luchar. Estaba débil, destrozada y sin varita. Y no podía, no quería dejar a Harry y a Ron. Enfrentarían su fin juntos.
Hermione apartó los ojos del Mortífago y, con manos temblorosas, se quitó por fin la Capa de Invisibilidad. Quería... necesitaba... mirar a sus amigos sin que ni siquiera la tela brillante los separase.
—Lo... Lo siento, —lloró Hermione en voz baja, destellos de oscuridad se deslizaban por los bordes de su visión—. Me equivoqué... en todo... Os he fallado a los dos.
Le costó trabajo decir las palabras.
—Pero... Me quedaré hasta el final.
Cuando Hermione oyó que unos pasos lentos se detenían, supo que la figura oscura había encontrado su lugar en medio de la carnicería. Para ganarse su nombre.
La boca del Señor Oscuro.
El Nigromante.
Una voz tan fría y mortífera como el beso de un Dementor ordenó a través del campo.
—Revivesco Inferius.
La luna se tiñó de rojo sangre y comenzó la transformación.
Cientos de miembros de la Orden y Mortífagos caídos se vieron de repente envueltos en sombras.
Cientos de manos rígidas se alzaron y levantaron a sus dueños de sus últimos lugares de descanso hacia la llamada de su invocador.
Hermione fue empujada hacia arriba mientras Harry empezaba a sacudirse violentamente debajo de ella. Le salían sombras de los ojos, la nariz y la boca. Ella cayó hacia atrás mientras Harry se levantaba con un gemido impío.
—No. Para. No te vayas.
Estiró la mano débilmente, intentando arrastrar a su amigo de vuelta al suelo, lejos de la oscura atracción que incluso ella podía sentir. Pero justo cuando sintió que su tembloroso agarre de la túnica desgarrada se resbalaba, se encontró con los ojos de Harry y se quedó inmóvil.
Sus ojos no eran el verde esmeralda de los de su madre. Era como si la muerte le hubiera quitado todo el color, dejando solo un frío gris. El color de la luna antes de convertirse en sangre.
Harry se enderezó con rigidez y se marchó.
De repente, Hermione volvió a quedarse sola, agarrada a su espalda que retrocedía, pero incapaz de levantarse y seguirle. Todo se sentía entumecido de cintura para abajo mientras la vida fluía de ella como agua a raudales. El suelo estaba blando de sangre, su sangre. Empapado en ella.
Ahora tiraba de su cuerpo inerte hacia Ron, que estaba tendido en decúbito supino sobre la hierba. Bellatrix había dejado tan poco de él que estaba casi irreconocible, salvo por su llameante pelo rojo. Tenía la cara hecha pedazos. Un amasijo de pecas magulladas y cartílagos expuestos.
Apoyó la mejilla en su pecho, respirando entrecortadamente. Sus lágrimas se derramaron sobre su camisa hecha jirones, empapando la sangre seca de la tela, su piel. Tal vez ella lo había amado primero, y tal vez debería haberlo sabido antes.
—Mátalos.
Tras la orden nigromántica, los Inferi más cercanos a los miembros supervivientes de la Orden los atacaron sin piedad.
Desgarrando y mordiendo.
Machacando.
Una nueva oleada de gritos recorrió el valle.
Hermione oía los pasos de plomo del Mortífago acercándose, pero no tenía fuerzas para mirar y mucho menos para escapar.
Sus párpados se habían vuelto increíblemente pesados, lentos, apelmazados y oscuros. El aire escarlata y humeante era insoportablemente brillante y sus pulmones ardían. Le resultaba imposible respirar, así que dejó de intentarlo.
Se le cerraron los ojos.
Y no había dolor.
Hermione se hundió en el pecho de Ron mientras empezaba a deslizarse, abrazando la comodidad de la nada. Podía verlos a ambos esperándola más allá de aquel velo hecho jirones. Sonrió por última vez.
Su voz volvió a sonar.
—Revivesco Inferius.
Más Inferi se alzaron a medida que los miembros de la Orden recién masacrados revivían para unirse a las filas de sus propios carniceros.
Y en su centro, el Mortífago reanudó la marcha.
Entonces él estaba allí. Elevándose sobre ella y tapando el tono carmesí de la luna. La máscara de calavera metálica parpadeaba a la luz de los fuegos moribundos.
Ladeó la cabeza con curiosidad.
Una venda roja mirándola.
—Hola, Sangre sucia.
