Anduvieron hacia la mansión abandonada, que ahora era de Guzma y del Team Skull, mientras se protegían del agua con el paraguas, inicialmente solo iba la presidenta bajo este, pero pronto se acopló el otro, quedando cerca de ella, lo cual hizo que esta diera un suspiro de resignación, pero no le dijo nada al respecto ni le apartó.
No tardaron demasiado en llegar a la enorme casa, entraron por las grandes puertas de esta y por fin pudieron bajar el paraguas, el cual Lusamine sacudió un poco y dejó en la entrada para que se secara, confiaba en que nadie se lo fuera a quitar, ahí podía pasar cualquier cosa, pero seguro que nadie se atrevía a quitárselo sabiendo que era de ella.
—Bueno, bienvenida a mi mansionaca, ¿a que está increíble?—Le preguntaba alegremente Guzma a Lusamine mientras extendía sus brazos para mostrar su no tan legal adquisición, aunque esta se veía aún como una mansión deshabitada, con pinturas por doquier, grafitis, cosas tiradas y rotas, cajas y camas por ahí donde dormían como podían los miembros del equipo. De hecho también había ciertos esbirros por ahí, tratando de colocar cosas rápidamente por las llamadas previas que les había hecho su líder, pero en cuanto vieron a la mujer decidieron irse corriendo de la mansión sin decir nada.
—He de admitir que te has esforzado en aclimatarla a tus peculiares gustos, me imaginaba que haría más frío aquí.—Contestó Lusamine, tratando de no decir cosas negativas, suponía que podría acostumbrarse a semejante lugar, más aún si iba a estar perjudicada con diversas sustancias.
—Tampoco es que vivamos totalmente en la indigencia, tenemos pokémon de tipo fuego que calientan las salas, pokémon eléctricos que nos dan luz y corriente, y si quieres bañarte o ir al lavabo a cagar, los pokémon de tipo agua pueden hacer maravillas en el váter.—El hombre se empezó a reír a carcajadas.
—¡Por Arceus Guzma! No hacía falta que fueras tan explícito...—Lusamine se puso roja como una baya tamate, tapándose la cara con una mano, aunque quisiera no sería capaz de ir al baño en ese sitio, como máximo iría a orinar si tiene muchas ganas, ya que iba a pasar un día entero ahí y no podría evitarlo, y hubiera sido demasiado escandaloso llevarse su propio lavabo portátil, pero evidentemente no lo hizo, aunque fuera totalmente capaz de encargar que lo llevaran.—Ya me ha quedado claro... gracias por las atenciones y eso, pero no vuelvas a mencionar cosas escatológicas.
—Va, perdón, se me olvidó que eres una snob delicada que no quiere admitir que todo el mundo caga, incluso tú~.—Guzma seguía riéndose de ella, hasta que recibió un empujón violento que le apartó de delante del camino de la rubia.
—Eres un imbécil asqueroso.—Reprochó la mujer, intentando ignorarlo, muy avergonzada, caminando hacia las escaleras principales.—Me imagino que tu habitación estará arriba, ¿no?
—Sí, sí...—Suspiró resignándose el adulto de ojos grises, siguiéndola mientras llevaba su maleta, y pensando para sí, que cuando se drogue ella será más simpática y todo este ''mal rollo'' pasará, pero sí que pensó que quizá fue asqueroso incluso para él.—Sólo quería decirte que los baños están limpios para que vayas con tranquilidad y segura de que no pillaras nada raro, seremos unos delincuentes, pero no unos guarros... no siempre...
—Está bien, te agradezco que hayas estado tan atento a mis comodidades...—Le agradeció mientras subía, aunque estas se dividían en dos, y Lusamine se quedó quieta.—¿Hacia dónde es?
—Hacia la derecha, la primera puerta que hay.—Guzma se quedó un poco más atrás de las escaleras, viendo como ella subía, solo para mirarle el culo y las piernas en esos apretados leggins que marcaban a la perfección su esbelta figura, aunque ella, antes de seguir subiendo, se giró a mirar de reojo al hombre de cabello blanco, sabiendo que la estaba observando.
—Eres un descarado...—Le llamó la atención algo desinteresadamente ella, aunque en el fondo le encantaba aquello y le costaba admitirlo.
—Has sido tú la que ha decidido ir delante de mi en unas escaleras, mirar no es delito...
—Bueno... Te dejo mirar lo que desees, pero no tocar.
Guzma solo sonrió maliciosamente y finalmente subieron las escaleras los dos hasta su habitación/despacho. El entrar, la presidenta de la Fundación AEther pudo ver que estaba sorprendentemente limpia y colocada, aunque tenía sus típicos grafitis, pero la cama estaba hecha, había un sofá morado sobre un pequeño altar improvisado, y a ambos lados había dos mesas: una con un ordenador portátil sobre ella y la otra con una botella de alguna bebida. Detrás de la cama había una estantería con bastantes botellas de diversas bebidas, muchas de ellas alcohólicas, y en el otro lado de la habitación había un armario, un cofre lleno de cristales Z de tipo bicho, a saber por qué, y un globo terráqueo decolorado por el abandono y los años.
—Es una habitación acogedora...—Mencionó la rubia, mirándola por todas partes.—Algo polvorienta, pero bueno, es soportable.
—En ese caso, si te gusta te puedes quedar aquí a dormir y yo me voy a dormir a otro lado.—Propuso Guzma, dejando la maleta de la mujer junto a la cama.—Mandaré a algún esbirro a que te cambie las sábanas luego y te deje cosas para comer y beber.
—Está bien, gracias de nuevo, aunque ahora solo deseo ese cigarrillo de la risa, le tengo muchas ganas y quiero relajarme...
—Okay, voy a prepararte todo ahora.—El jefe del Team Skull fue hacia el armario empotrado de la habitación y sacó una bolsita con algunos cogollos de marihuana, papeles, un grinder para moler la hierba, y un mechero. Lusamine estaba detrás de él y se asomó a mirar por curiosidad en el armario, a parte de ropa colgada, había un cajón abierto que tenía botecitos raros de colores y bolsas de otras cosas, a parte de preservativos.
—Parece que tienes de todo ahí para una buena fiesta...—Dijo detrás de él, haciendo que a este le diera un escalofrío, pues se imaginó que ella se habría ido a sentar para tranquilizarse.
—¡Ah...! Sí, bueno, hay cosas que son baratas, pero con lo que nos estás pagando podemos comprar más cosas guays.
—Al menos usáis protección... ¿Qué son esas botellas pequeñas de ahí? Si puedo saberlo, claro, no parecen alcohol.
—Esto... son poppers... son para... atontarte un poco y dilatar ciertas zonas de tu cuerpo para disfrutar más al follar...
—Vaya... No sabía que semejante cosa existía... No cuestionaré nada de lo que hacéis aquí, ya que he venido a drogarme... no soy mucho mejor.
—Tranquila, no soy yo quien usa eso... a mi no me gusta que me metan nada por el culo...
Ella no pudo evitar reírse levemente y le puso la mano en la espalda, se estaba relajando y no quería ser tan rígida, además le gustaba descubrir cosas nuevas.
—Ya te dije que no voy a juzgar nada, solo no uses eso conmigo y todo estará bien.
—¡N-no pensaba hacer eso! Yo solo iba a darte los porros que me has pedido y algo de comida normalita, y si quieres alcohol, pero no pienso hacerte nada que no quieras... ¡Te lo juro!
—Bien, vamos a fumar eso ya, solo quiero ponerme cómoda y olvidarme de todo.—La rubia de ojos verdes caminó despreocupada hacia la cama y se sentó sobre ella, mirando a Guzma, esperando que fuera con ella a fumar, y él, con las cosas en la mano fue con ella, aunque la miró sin sentarse a su lado, quedándose de pie.
—Hay otro sitio donde podemos ver la tele y jugar videojuegos mientras fumamos, además hay bongs para fumar mejor, aquí en la cama quizá no podremos recostarnos muy bien, pedí que pusieran ahí todas las cosas de comer y tal.
—Oh, vale, entonces te sigo, solo espera un momento.—Se levantó de vuelta ella, pero antes de irse abrió su maleta para sacar unas pantuflas blancas de andar por casa y cambió sus incómodos tacones por estas mullidas zapatillas. Ahí ya fue con Guzma para abandonar temporalmente la habitación.—Se me quedó en mente la conversación que tuvimos en el yate, definitivamente esto es más cómodo.
—Desde luego, además sigues estando muy elegante.—No dudó el hombre en mirarla de arriba abajo otra vez, realmente le encantaba mirarla, era una mujer muy hermosa aunque fuera fría, pero veía que poco a poco se estaba abriendo a él, y no perdía la esperanza de que se ''abriera'' del todo.
Ella sonrió ante su comentario, aunque fue a salir de la habitación otra vez primera, esta vez con intención de que la siguiera mirando, todo eso estaba dándole satisfacción, que por algún motivo, poco a poco se estaba convirtiendo en algo de excitación, y eso seguía confundiéndola, no terminaba de entender qué pasaba en su cabeza, ni siquiera estaba drogada todavía para estar excitándose por las miradas y comentarios de Guzma, debía estar volviéndose loca, todavía más si cabe.
Guzma la llevó hasta otra habitación, en la cual había tres televisores con algunas consolas y varios asientos, también había una mesa con una pipa de agua para fumar, transparente, con algunas bolsas de snacks, malasadas y botellas nuevas de refrescos y cerveza para tomar durante su viaje.
Lusamine miró la habitación con tranquilidad y decidió sentarse en una de las sillas grandes y mullidas que había frente a uno de los televisores que estaba más alejado de los otros dos, donde tenían la mesa con el bong y los snacks puestos, el de cabello blanco se sentó en la otra silla libre, dejando por la mesa lo que trajo, la bolsa con la marihuana y los objetos para usarla.
—Nadie nos molestará aquí, así que puedes relajarte, tenemos de todo.—Le dijo Guzma a la mujer, agarrando unos cogollos y metiéndolos en el grinder para triturarlos lentamente y que quedaran bien para introducir la hierba en el bong.
—¿Qué es este artilugio raro? ¿Es para fumar también?—Preguntaba la rubia de ojos verdes, curiosa, mirando todo el proceso.
—Sí, con esto se fuma bastante mejor, los porros están bien para estar por ahí y tener algo a mano, pero la pipa esta es genial para cuando estás en casita a gusto, y se hace con agua, no es tan jodido al respirar.
—Supongo que eso estará mejor, me dejó dolor de garganta lo otro.
—Con esto estarás en el cielo y sin tanta secuela, prepárate~
Él estuvo explicándole a ella cómo se fumaba de ahí, le echó agua de una botella que tenía, y ambos tranquilamente comenzaron a fumar mientras veían algo en la televisión y comían.
Bebieron algunos refrescos y todo estuvo bien y tranquilo aquella tarde, nadie llegó a molestarles, sólo algunos esbirros preguntaban por teléfono a Guzma qué estaba pasando, pero él pasó de responder a los mensajes casi todo el rato, solo dijo en una ocasión que se callaran y no molestaran y lo desatendió por completo, quitando el sonido de rotomphone.
Lusamine cerraba los ojos y se recostaba en la silla intentando relajarse, y de su mente desaparecían los pensamientos agobiantes sobre los ultraentes, los umbrales, Cosmog, sus hijos, y todo aquello que la preocupaba, aunque en su lugar pensó en cómo Guzma había estado mirando su trasero, o cómo miró sus pechos lascivamente la otra vez cuando tenía frío en el barco, y por algún motivo se agitaba cada vez más al pensar en esos ojos clavarse en su cuerpo.
Se pusieron a ver una película de humor, y a veces se reían o hablaban de tonterías, y entre conversaciones sin sentido y cotilleos sobre sus compañeros, salió un tema algo peliagudo que ella no tuvo reparo en tratar, es más, necesitaba saberlo.
—Entonces... la tal Petunia esa y tú... ¿Estáis juntos o algo...?—Interrogó Lusamine, mirando a Guzma traviesamente, con los ojos rojos de haber fumado por un buen rato.
—¡Jajajaja!—Reía Guzma, negando, de la misma forma, ya estaban bastante fumados.—¡Qué va! Y se llama Plumeria... No, ella y yo solo somos colegas, como hermanos... Aunque sí he de admitir que hemos follado alguna que otra vez, y también con nuestros esbirros... ¡yo con las tías obviamente...!
—Uh... Los jóvenes estáis salidos...—Saber de aquello a la mujer le hizo tener un pequeño nudo en el estómago, no sabía si eran celos o qué, se sentía muy rara.
—Ya casi no hacemos nada, estoy ocupado con toda la mierda esa de vigilar las islas y a todos mis esbirros, sólo cuando tengo ganas me hago una paja y ya está.—Seguía riéndose Guzma como si nada, no le avergonzaba que su jefa supiera de sus cosas íntimas.
—Ya estás otra vez diciendo guarradas...—Intentó ponerse seria ella, pero fue incapaz y se rió, imaginándose como él se tocaba y cómo sería su pene, fue un pensamiento fugaz que se coló en su mente y quiso sacarlo rápido, mas no pudo hacerlo, así que quiso hablar de otra cosa para olvidarse.—E-en fin... me duelen los pies aún, realmente necesitaba el spa para que me hicieran un masaje en condiciones...
—Ah, yo puedo hacerlo sin problemas, no me molestaría hacerte un masajito en los pies~—Guzma no se cuestionó el cambio de tema repentino, lo dejó pasar, ya que quería aprovechar lo que oyó para toquetearla.
—Te dije que podías mirarme y no tocarme... además ese tono suena muy a fetichista de pies.
—¡¿Qué?! ¡Y-yo no soy fetichista! Sólo trataba de ser amable... pobre Guzma... es tratado como un guarro pervertido...
—¿Por qué hablas en tercera persona...? ¡Bueno vale, hazme ese masaje! Solo porque quiero sentirme bien y me molestan bastante...
—¡Genial! No te arrepentirás...
No tardó ni un segundo en soltar el bong que tenía en las manos para dejarlo en las de la mujer, y se puso de rodillas frente al asiento de ella, primero alejando un poco la silla de la mesa para tener espacio suficiente, ahí le quitó las pantuflas y dejó sus pies desnudos, pues sus leggins le llegaban hasta el tobillo y dejaban libres estos. Guzma no dijo nada y comenzó a masajearla lentamente y sin apretar demasiado, y Lusamine por su parte disfrutaba de esto mientras encendía con el mechero el bong y aspiraba el humo que salía de este. Se sentía demasiado bien, y miraba al contrario desde arriba, sintiéndose poderosa. Él por su parte esperaba provocar alguna reacción buena en ella, y masajeaba primero un pie y después el otro para subir lentamente por una de sus piernas, masajeando sus tobillos también. Ella no se quejaba, pues era lo que más le dolía, y realmente le estaba gustando esa situación, sentía las grandes manos de Guzma toquetearla y le daba escalofríos que la confundían.
—Pensaba que serías mucho más bruto...—Comentó la rubia, mirándole con una leve sonrisa.—Se te da bien esto...
—Gracias, y por supuesto que estoy yendo despacio, no quiero hacerte daño, tus pies parecen delicados.—Respondía él, también sonriendo como un tonto.—Y si quieres puedo darte un masaje aún más completo, no será un problema para mi.
—Sé que solo quieres tocarme sin vergüenza alguna, pero si vas a hacerme un masaje en serio... ¿por qué no me lo haces en la cama de tu habitación?
—Oh... Claro que te lo puedo hacer allí, y el masaje también~—Guzma rió pervertido, soltando ya las piernas de Lusamine, pero siguiendo de rodillas frente a ella, lo que provocó que esta reaccionara dándole con el pie en la cara, pero no muy fuerte.
—Vas a seguir teniendo que hacerte pajas... guarro.
—Ay... que mala...—Finalmente él se levantó con algo de dificultad y agarró el mando para apagar la televisión, que se quedó encendida.—Sólo era una bromita, ya te dije que no haré nada que no deba.
—Bien, pues entonces vamos, estaré más cómoda allí.—Ella se puso sus pantuflas de vuelta y se levantó con cuidado de la silla, dejando el bong y el mechero en la mesa.—Esto ya se ha acabado, habrá que hacer más luego...
Guzma asintió agarrando de nuevo la bolsa de cogollos y lo demás, y otra vez más se cambiaron de habitación, ya que estaban en el mismo piso y no tenían que caminar demasiado.
Ya en la habitación cerraron la puerta y Lusamine fue rápidamente a ponerse cómoda en la cama para seguir con el masaje, estando sobria no se daba cuenta lo mucho que le pesaba todo y lo tenso que tenía todo el cuerpo. El jefe del Team Skull la miró echarse en la cama de esa manera, la veía tan sensual, únicamente esperaba no tener una erección mientras seguía con el masaje, se había quedado inmóvil junto a la cama, sin poder apartar la mirada.
—Venga Guzma, ¿a qué esperas?—Alzó la voz la mujer de ojos verdes, mirándole fijamente, aunque un tanto ida por la marihuana todavía. Esa situación la estaba agitando bastante también, más aún cuando el hombre de cabello blanco se quitaba sus zapatillas de deporte y se subía a los pies de la cama frente a ella, quedando de rodillas. Por su cuenta, la rubia subió su pierna izquierda delicadamente, apuntando hacia su subordinado, insinuándole que quería que prosiguiera masajeándola, de modo que, sin perder el tiempo, él tomó su pie, poniéndolo sobre sus rodillas, y volvió a hundir las yemas de sus dedos en su piel, pero esta vez un tanto más fuerte que antes, eso hizo que ella diera un leve jadeo de sorpresa, que al oírlo el maleante se le erizó la piel de lo erótico que le pareció, aunque intentó ignorarlo, prosiguiendo con su labor.
Ella cerró los ojos dejando que él masajeara primero sus pies como antes, sin embargo notó cómo volvía a subirse del tobillo derecho.
—Eh... creo que los leggins me molestan un poco.—Habló con un tono bajo Guzma, tratando de subir la prenda para descubrir su pierna.—¿Me permites...?
—Así no es demasiado cómodo... quizá debería quitármelos...—Le respondió sonrojada la rubia, incorporándose y quedándose apoyada sobre sus codos para mirarle.—Pero como vea que haces algo extraño te vas a enterar...
—¿S-segura que te sientes segura con eso...?—Preguntó él para asegurarse bien, porque no terminaba de creérselo.
—Sí, llevo ropa interior, no pasa nada, sé que mi vestido es muy corto, pero da igual, me taparé como sea.—Ella se subió el vestido para ver dónde empezaban los leggins, y agarró el borde de estos para retirarlos con bastante vergüenza, aunque al quedarlos bajados hasta sus muslos miró nuevamente a Guzma.—Estoy confiando en ti demasiado, ten eso en cuenta... Échame una mano con esto, por favor.
—Aprecio tu confianza... Lusamine...—Sin dudarlo agarró los leggins por donde se quedaron y le ayudó a retirarlos del todo con cuidado, dejando sus piernas ya desnudas por completo. La mujer agarró el borde de su vestido y se tapó la entrepierna, ya que se le veían las bragas, Guzma recordó que ya vio algo en el barco, ya que ella tenía un vestido de playa corto y sin leggins o medias, tenía debajo el bañador, aunque esto se sentía diferente, obviamente porque su ropa interior era diferente a un traje de baño, y estaba más cerca de ella, directamente tocándola.
Dejó él los leggins en otro extremo de la cama y se centró en masajear los gemelos de la presidenta, primero uno y luego otro, tomándose su tiempo para destensar los nudos que tuviera y relajar sus músculos, aquella piel tal suave y blanca estaba provocándole demasiado, pero se contenía como podía para no decepcionarla, pues era cierto que no quería hacerle nada sin consentimiento por muy drogados que estuvieran.
Subía poco a poco por sus rodillas, Lusamine intentaba relajarse y no estar pendiente de que viera su entrepierna, y pronto dejó de importarle y relajó sus piernas sin quitar las manos de ahí. Ella se estremecía cada vez más ante el tacto de aquel hombre, aquel delincuente al cual consideraba un desparpajo de la sociedad, pero que había demostrado ser tan leal que merecía la pena pasar tiempo con él, y conforme se acercaba a su zona íntima en el masaje, la mujer notaba cómo su vientre se calentaba y sus bajos igual, mojándose inevitablemente, su corazón empezó a latir más rápido, y no solo eso, también su vagina estaba reaccionando.
Guzma se detuvo por un momento, mirándola también bastante ruborizado, y decidió quitarse la sudadera porque se sentía muy acalorado.
—T-tengo bastante calor, disculpa.—Dijo excusándose, dejando también a un lado su sudadera negra. Ella vio que debajo él tenía una camiseta blanca sin mangas que hacía resaltar sus hombros y brazos, parecía estar tonificado y fuerte, y eso estaba excitándola más.
—Tranquilo Guzma... así se te ve bastante bien también...—Admitió la rubia, aún afectada por las drogas, pero era totalmente cierto lo que pensaba, se estaba atreviendo a decirlo.
—Gracias Lulu...—Otra vez el de cabello blanco se inclinó sobre ella para poner sus manos en su muslo izquierdo para seguir con el masaje, y se estaba animando bastante más al ver la reciprocidad con la que respondía Lusamine, había admitido directamente que él se veía bien, y eso le dio bastante confianza en sí mismo, y sus esperanzas subieron de golpe más aún, tanto como sus manos sobre las piernas de la mujer.
Ella se mordió el labio, notando cómo las manos de Guzma frotaban sus muslos ahora, estos se hacían más gruesos según subía, ella tenía unas buenas caderas, aunque sus piernas terminaran siendo más finas, estaba muy bien proporcionada. Inconscientemente abrió un poco más las piernas para que él pudiera acceder a sus muslos fácilmente, incluso acabó apartando sus manos para poner sus brazos de nuevo en la cama y poder recostarse y mirarle mejor. Ahora Guzma estaba significativamente más cerca de su cara, y ambos podían ver lo sonrojado que estaba el contrario. Estaban acelerados, excitados por el tacto, Lusamine casi ya no podía contenerse, tenía muchas ganas de que él la tocara y estaba a punto de decirlo en voz alta, sin embargo se esperó a que él llegara hasta cierto punto de su anatomía para hacerlo.
Como ella había apartado sus manos de su entrepierna el vestido se había subido un poco y se podían ver sus bragas, a Guzma se le fue la mirada ahí mientras terminaba de masajear el muslo izquierdo, a muy pocos centímetros de su entrepierna, y para su sorpresa vio cierta mancha húmeda en la ropa interior de Lusamine, cosa que ya hizo que su libido se disparara y tuviera una erección repentina, se sorprendió muchísimo de que ella se hubiera excitado, estaba mojándose bastante como para que se pudiera notar a través de sus bragas.
—E-estás mirando mucho... ¿no...?—Protestó la rubia avergonzándose aún más, dándose cuenta de que él vio cómo estaba.
—Me dijiste que podía mirar lo que quisiera...—Dijo Guzma mirándose disimuladamente para ver si se le notaba la erección, aunque por suerte sus holgados pantalones la ocultaban bastante bien.—Y parece que no he necesitado tocar ciertas zonas para provocar una reacción en ti...
—Idiota... s-sigue con el masaje... por mucha reacción que parezca que tengo en alguna zona concreta, esto no ha acabado...—Ella sin decirlo directamente le estaba invitando a tocarla ahí, y eso lo captó rápido el líder del Team Skull.
—No hay problema, seguiré entonces a mi manera para complacerte...—Contestó rojo, pero sonriendo victorioso al ver que ella también deseaba lo mismo que él. Agarró despacio la pierna que estaba masajeando previamente y la separó, aun moviendo sus dedos por el muslo, en la parte más cercana a la entrepierna de la mujer.
—G-Guzma...—Ella se tapó la boca sorprendida, pero no tapó su intimidad, pues deseaba enormemente que la tocara.
Se podía notar perfectamente el rastro de humedad que tenía en el centro de sus braguitas, estas eran finas de color blanco y encaje, y se marcaba la vulva de una manera que excitaba de sobremanera al hombre, quien lentamente dejó la pierna de la mujer algo separada para llevar su mano ahora hacia su preciado tesoro húmedo. Colocó su pulgar en la parte mojada y apretó mientras movía el dedo en pequeños círculos, esto hizo que Lusamine diera un pequeño gemido, pero lo suficientemente audible para su compañero de fechorías.
—Mira cómo estás... Y luego el pervertido soy yo...—Guzma se mordió el labio mirándola disfrutar, aunque dejó de tocarla con el pulgar para agarrar la prenda que tapaba sus partes, y la arrugó en el centro para hacer que sus labios vaginales salieran mojados a cada lado de la tela, incluso él la elevó un poco para apretarla y darle algo de placer, así que ella gimió más alto que antes, separando ambas piernas por su cuenta, no podía más, estaba realmente empapada.—¿Quieres más, Lusamine...?
Sin poder contestar, presa de la excitación y el calor del momento, Lusamine agarró a Guzma de la camiseta y le atrajo hacia ella, haciendo que se echara parcialmente sobre su cuerpo. Él se quedó muy cerca de su cara, sosteniéndose para no aplastarla y dejando de juguetear ahí abajo, sorprendido por la repentina acción de la rubia.
—S-soy más débil de lo que pensabas... quiero más...—Susurró ella eróticamente, poniendo una de sus manos en el rostro de aquel apuesto hombre, acariciándole y atrayéndolo hasta sus labios. Él no dudó en besarla con tantas ganas como tenía desde hacía tiempo, y por unos largos minutos se besaron apasionadamente, ya sin contenerse al fin, entre caricias suaves y roces entre sus cuerpos calientes.
La erección de Guzma palpitaba cada vez más fuerte mientras su lengua luchaba contra la de Lusamine entre ambas bocas, ahora sabía que ella quería seguir aquello con él, estaba seguro de que se la iba a follar por fin. Acabó por separarse de sus labios para coger aire y la miró maliciosamente, entre risitas.
—Parece que te gusta que los chicos malos te toqueteen.—Dijo el de pelo blanco, volviendo a separarse de ella y mirándola de arriba abajo, para ponerse de rodillas y bajar sus pantalones y sus calzoncillos lo suficiente como para sacar su pene erecto, el cual era grueso y venoso, y lo bastante largo como para sorprender a la rubia.—¿Vas a querer seguir? Mira como me has puesto la polla~
—Tu forma de hablar es muy barriobajera... pero me pone mucho...—Le respondió la presidenta de la fundación AEther, viendo aquel pene con deseo y lujuria, hacía tiempo que no veía uno en persona y deseaba volver a sentir uno. Se sentó en la cama, y llevó sus manos hacia la parte de atrás de su vestido para desabrochárselo, y una vez lo hizo se lo quitó y lo echó a los pies de la cama con las otras prendas, quedándose en únicamente en ropa interior, llevaba un sostén a juego con sus bragas, pero sabía que no iba a durar mucho puesto.—Vas a tener lo que querías, y más te vale que me dejes bien satisfecha...
—¿Cómo puedes estar tan buena...? Joder...—Guzma miraba el cuerpo de Lusamine sin terminar de creer que iba a acostarse con ella, aunque seguía siendo muy autoritaria con él, aunque tal vez podía cambiar algo de eso, estaba en su territorio, en el territorio del Team Skull, de modo que, sin pensárselo dos veces, se acercó a ella, agarrándola suavemente del mentón.—Te voy a dar una follada que no te lo vas a creer al terminar... Pero primero quiero que me chupes la polla, ya has tenido tu ratito de diversión con ese masaje, ahora le toca al jefazo recibir lo suyo.
—Tsk, te has puesto muy gallito de repente~.—Lusamine rió un tanto cínica, aunque no se iba a negar, al ver semejante pedazo se había estremecido aún más.—Échate y te daré lo que quieres... he de admitir que echaba de menos un buen miembro.
Guzma sonreía victorioso, y ambos intercambiaron sus sitios en la cama, él echándose en el cabecero con un cojín a la espalda, y la rubia mayor, frente a él de rodillas. Ahora fue ella quien le ayudó a retirar sus pantalones para estar más cómodo, y también su ropa interior, quedándose desnudo de cintura para abajo. No tardó Lusamine en bajar su cuerpo hacia el enorme pene palpitante que tenía ante ella, se colocó bien entre las piernas de su subordinado, y se apoyó frente a este, llevando una de sus manos a la erección del de cabello blanco. Lo tenía bastante cerca de su cara, y primero lo frotó suavemente con la mano para palparlo y sentir en su palma lo caliente y suave que se encontraba, incluso notaba las venas pulsantes marcadas. También vio que estaba un tanto húmedo por la punta, debido al líquido preseminal que soltaba por lo excitado que se encontraba, aunque para ser justos, no podía verlo demasiado bien por su abundante cabello rubio que casi tapaba su rostro, y Guzma, al ver esto optó por recoger suavemente la cabellera de la presidenta en su mano, dejando ver mejor su cara, le encantaba ver su pene en esta, y estaba deseoso por recibir una felación de esa mujer.
—Así mejor... quiero ver bien cómo lo haces...—Le dijo él, observando con fogosidad e impaciencia.
Lusamine solo sonrió un poco, con las mejillas sonrojadas por aquello, y esperaba en el fondo no estar muy oxidada en algo como eso, aunque sabía que Guzma lo disfrutaría igualmente, por lo que no tardó mucho más en acercar su boca a la virilidad del jefe del Team Skull, posando sus labios en la parte más baja del tronco del miembro, cerca de los testículos, y lo empezó a lamer hacia arriba con lentitud, hasta llegar al glande, y una vez ahí, no dudó en abrir su boca e introducirlo, chupando este y jugando con su lengua, a la vez que movía su mano también para darle más placer. El hombre gruñó de placer, observándola, era terriblemente seductora esa mujer, y cada vez se impacientaba más debido a los lentos movimientos con los que ella actuaba.
Estuvo por un rato estimulando la cabeza del pene de Guzma, masturbándolo a la vez, aunque no tardó en empezar a introducirlo poco a poco en su boca para proseguir con la felación.
La mujer metió la mitad del miembro en su boca y garganta, y ahí empezó a mover su cabeza, sacándolo y metiéndolo de vuelta en su cavidad, humedeciéndolo más y más con cada movimiento. Guzma estaba cada vez más emocionado, temblaba de emoción y sentía que no tardaría mucho en venirse si ella seguía así, cosa que le ponía nervioso, pues quería durar más para después poder rendir en la cama y satisfacer a aquella tremenda milf, así que intentó mantener su mente en blanco por muy difícil que fuera para prolongar el momento. Lusamine felaba su pene con cada vez más intensidad, y lo intentaba llevar más profundo, tratando de no ahogarse con este, pues era muy grande, pero pudo aguantarlo lo suficiente respirando por la nariz cada vez que lo retiraba, aquello la estaba excitando muchísimo también y su vagina se mojaba más, dejando sus bragas empapadas y empezando incluso a gotear por sus piernas, deseaba empezar con lo principal ya, aunque también quería satisfacer a Guzma y hacer lo que le había pedido, por lo que siguió, hasta que notó que él comenzaba a agarrotarse, estaba por correrse ya, y la mujer se separó, sacando todo el miembro de su boca, pero aún agitándolo con su mano con cada vez más rapidez.
—¿Quieres más...~?—Preguntó jocosa Lusamine, haciendo alusión a lo mismo que le cuestionó él antes.
—A-agh... e-eres muy mala... ¿N-no te lo vas a tragar...?—Interrogaba entre jadeos Guzma, sintiendo que estaba a punto de llegar al orgasmo.
—No me va eso... pero puedes echármelo en la cara~—Invitaba ella, sin detener su suave mano en el falo del hombre.
Guzma no pudo decir nada más, pues entre aquellas eróticas palabras que pronunciaba su amada presidenta, no aguantó y jadeó intensamente de placer mientras comenzaba a soltar toda su carga en el rostro de la mujer, temblando y apretando su cabello, ya que aún la tenía agarrada de ahí para que este no se fuera hacia delante y entorpeciera su camino.
La cara de la señora se había llenado de esperma caliente, el cual escurría por su piel despacio por su viscosidad, cayendo hasta su barbilla. Ella hizo un leve gesto de disgusto, entrecerrando los ojos, y miraba al hombre con molestia, aunque no tenía derecho a quejarse, ella misma lo quiso así.
—Ya puedes ir quitándome esto... quiero empezar ya...—Habló ella, apartándose de la entrepierna de Guzma, sosteniendo su propio cabello para no mancharlo de semen.
—T-tranquila preciosa... tendrás lo que quieres también, por ahora aguanta un poco con mi lefa en la cara, seguro que es una buena mascarilla hidratante~
—Serás gilipollas... ¡Date prisa y tráeme algo para quitarme esto o me limpiaré con tus sábanas!
Guzma se rió por su cambio de humor y se incorporó de vuelta aún con la respiración agitada, quitándose la camiseta que le quedaba y el colgante del Team Skull, pues le estaba resultando pesado para la situación. Luego se bajó de la cama y buscó por la habitación algún paquete de pañuelos, al encontrarlo en un cajón se lo lanzó a la rubia en la cama, cayendo frente a ella. Ella directamente lo abrió resoplando y sacó un pañuelo, limpiándose la cara con cierta urgencia.
—Si te lo hubieras tragado no te hubieras ensuciado tanto.—Reía el jefe de la organización, cosa que hizo a la otra gruñir sin responderle nada. Luego él fue en dirección a su armario, del que había sacado las cosas para fumar antes, y rebuscó un poco, sacando una caja de condones, justamente la que vieron antes, junto a un bote de lubricante. Se giró en dirección a Lusamine y le enseñó los objetos con una sonrisa pícara.—Mira lo que tengo~
—Eso ya me va gustando más.—Admitió la mujer volviendo a sonreír del mismo modo que el otro.—Adelante querido, soy toda tuya...
Ella seguía sentada sobre la cama de sábanas verdes de Guzma, manteniéndose con su ropa interior para generar algo de expectación en él, además quería que él mismo se la quitara, así que no hizo nada con ella, únicamente se echó con una pose sexy para incitar a Guzma a ir hacia ella y poseerla de una vez, fijó su mirada en aquel joven hombre, el cual seguía desnudo e inmóvil mirándola desde el otro lado de la habitación. Su pene flácido no tardó en elevarse nuevamente al observar aquel hermoso y esbelto cuerpo de la mujer rubia, imaginándose todo lo que le iba a hacer.
Continuará!
(Hey, os agradezco que hayáis llegado hasta aquí! Empieza lo fuerte, y si queréis podéis dejarme alguna review con opiniones y sugerencias para próximos capítulos, gracias! :P)
