De día uno, de noche otro.
¿Cómo se podía ser tan diferente y a la vez tan hechizante?
Las noches, las cuales cada vez llegaban más seguidas y las cuales había aprendido a anhelar, eran preciosas. El típico cuento de hadas que le contaban a una cría antes de irse a dormir. Su príncipe de brazos fuertes abrazándola, con su olor que la envolvía y cautivaba colgando en el aire. El latido de su corazón meciéndola cual niña.
Caricias suaves, tranquilas, incluso delicadas esparcidas por su brazo que poco a poco iban subiendo... por su hombro, su cuello, su mejilla... todo para poco después volver a su nuca y con delicadeza pero decisión tomarla, haciendo que ella no tuviese más opción que mirarle.
Mirar su cabello, sus ojos, su nariz, sus labios... los ojos de él también posados en los suyos. La tensión creciendo en el ambiente, la distancia acortándose, los ojos cerrándose... y todos sus sentidos puestos en el tacto. En el tacto de sus labios, moviéndose al unísono, saboreando la carne del otro.
Un suspiro escapó de sus labios ahora solos... siempre que se descuidaba su mente le acababa mandando a ese lugar, a ese instante, deseando que se ocultase el sol con la esperanza que hoy fuese uno de esos días donde terminaban encontrándose cual Romeo y Julieta.
Claro que habían llegado a más que besos. Aún no habían llegado al final, pero a ese paso tampoco tardaría mucho y en el fondo... lo deseaba, lo deseaba más de lo que podría admitir.
Pero la luz aún entraba por la ventana y con él todas las dudas. Todas las tardes en las que podrían haber estado juntos y sin embargo solo reinaba el silencio y la soledad. Las tardes donde ella intentaba entablar conversación y en las cuales, a pesar de ya apenas recibir respuestas bruscas o hirientes, simplemente recibía una frase o un monosílabo y ahí terminaba.
¿Acaso él solo estaba intentando jugar con ella? ¿Acaso era una apuesta consigo mismo para ver que tan rápido la hacía caer? ¿Acaso el plan era llevarla hasta el final para después destrozarla en mil pedazos y regocijarse en su sufrimiento?
Pero eso era demasiado retorcido. Él, a pesar de todo, no era así... ¿verdad?
Esas caricias llenas de dulzura. Esos besos en su frente llenos de ternura. Esas miradas suaves, incluso cariñosas. Sus dedos entrelazados con los suyos, como intentando retrasar la llegada del alba, Como si realmente disfrutase estar con ella, como si realmente no quisiera irse.
El humo del cuarto cigarrillo aun flotaba en la habitación y sin embargo el olor que la embriagó fue la pequeña brisa la cual traía un ápice de su fragancia. Y con ella todas sus dudas se volvieron a disipar, pues su mente había vuelto al momento de siempre. A su lugar secreto que, aunque solo fuese un recuerdo, era uno donde era feliz y donde nada podía dañarla.
El lugar donde su único problema era la falta de oxígeno y su única preocupación era el no separarse del otro.
Ese rincón del tiempo donde no existía el mundo, solo ellos dos...
