Buenos días, tardes o noches, esta es la segunda parte de la historia de Gray y Juvia.
Espero que les guste la historia, recuerden que son 4 libros y apenas vamos en el tercero.
Gracias por leer y espero les guste
Disclaimer: Tanto la historia como los personajes no me pertenecen todos los derechos a sus respectivos autores, yo solo los utilizo para mi diversión.
13.-La chica de ayer
Al llegar al estudio de grabación, se dirigió a la cabina donde lo esperaban los músicos y durante un par de horas estuvo solucionando varios problemas. Al acabar y salir de allí, se encontró con su cuñada Juvia.
—No te esperaba hoy por aquí, ¿ocurre algo? —dijo ella, sonriendo y cogiéndolo del brazo.
Encantado de verla, Jellal la besó en la cabeza. Sin duda, Juvia era de las mejores cosas que le habían pasado a su familia en los últimos años y contestó, mientras veía pasar a su hermano Gajeel acompañado de Rick, el divo del blues, y a Sean.
—Me ha llamado Stevenson. Unos músicos tenían problemas con lo que debían grabar, pero ya está solucionado. ¿Y tú qué haces aquí a la hora de la comida?
Juvia respondió:
—Había quedado para comer con Lucy, pero me ha llamado para anularlo. Al parecer, ella y su churri tenían ganas de verse y ha pasado de mí. ¿Vas hacia tu despacho? —añadió. Al decirle Jellal que sí, ella dijo—: Pues te acompaño. Tengo libre hasta después de comer. Luego proseguiré con la grabación.
Cuando entraron, Jellal se encaminó hacia un pequeño armario, del que sacó una camisa limpia. Bajo la atenta mirada de su cuñada, se quitó la que llevaba y Juvia comentó:
—No me lo digas: ¡noche loca!
—Digamos que divertida — respondió él.
Juvia sonrió. Su cuñado era uno de los solteros más apetecibles de Los Ángeles. Era guapo, famoso, adinerado y eso atraía a todo tipo de mujeres.
—¿Quién es ella? —preguntó.
Al pensar en Erza, Jellal se encogió de hombros.
—No la conoces.
—¡¿Seguro?!
—Segurísimo. ¿Comemos juntos?
Juvia asintió y se fueron a un restaurante chino que les gustaba a los dos.
Durante la comida, rieron y comentaron mil cosas. Siempre que estaban juntos, el tiempo se les pasaba volando.
Cuando les llevaron la cuenta y Jellal fue a pagar, se le cayó un papel del bolsillo del pantalón. Juvia lo recogió.
—Toma. Esto es tuyo —dijo, entregándoselo.
Él lo cogió y se lo guardó.
—¿Has jugado alguna vez al juego de adivinar? —le preguntó a Juvia.
Ella parpadeó sorprendida. Con su marido jugaban a ¡Adivina quién soy esta noche!, un pasatiempo cargado de morbo y sensualidad, en el que podían ser miles de personajes, representados en sus momentos íntimos, por lo que respondió con guasa:
—Yo conozco un juego de adivinar, pero no sé si será al que tú te refieres.
Sin percatarse del gesto burlón de su cuñada, Jellal explicó:
—Es un juego de palabras incompletas. Tienes que rellenarlas para saber qué dice. —Y, sin más, sacó la nota de Erza para que Juvia la viera, y añadió—: Tengo que saber qué pone aquí. ¿Me ayudas?
Aquí está la parte que me corresponde por la habitación. 55 dólares.
Me voy a trabajar. Chica arco iris
E_ ES U_ B_ E _ A_ A _ _ E, PE_ _ ES _ _ _ SE _ _ _ A DE Q_ E TE P_ E _ E S S_ _ E _ A _ ¡FA _ _ A _ _ _! A_ _ _ S Y HA _ _ _ A MA _ A_A.
Juvia miró el papel. Aquello estaba chupado, pero al leer el principio de la nota exclamó:
—¡Anda, mi madre! No me digas que dejaste que la chica pagara el hotel.
—Nooooooooo... por supuesto que no.
—¿Cincuenta y cinco dólares? ¿Sólo te costó eso el...?
—Juvia, por favor —la cortó él—, no preguntes.
—¡¿Chica arco iris?!
Molesto porque siguiera insistiendo, fue a protestar cuando ella rectificó y dijo:
—Vale... vale... no preguntaré más.—Y mirando los espacios en blanco, añadió—: A esto jugaba yo con mis hermanos hace años. Lo llamábamos el mensaje secreto. Era nuestra manera de comunicarnos sin que mis padres se enteraran. ¿Con quién juegas a esto, bribón?
Al ver en ella una aliada, Jellal le dio un boli y repitió:
—No preguntes.
—Ah, no... —respondió Juvia sonriendo—. Si quieres que te ayude, primero me tienes que contar quién es la chica y...
—Juvia, no seas cotilla y ayúdame.
A cada instante más divertida, se acercó a él e insistió:
—Anda, venga... Dime quién es esa chica arco iris.
—¿Me vas a ayudar o no? — preguntó Jellal molesto.
Al ver su gesto, ella intentó no reírse y, tras meditarlo, dijo:
—Plan A, no te ayudo... Plan B, te ayudo pero sólo si me dices su nombre.
Él maldijo en voz baja. Su cuñada era una auténtica bruja cotilla y sise ó:
—Erza.
—¡¿Erza?! No conozco a ninguna Erza. ¿Dónde y cuándo la conociste?
—Juviaaaaa, me estás enfadando—resopló él.
Encantada, soltó una carcajada y, mirando de nuevo el papel, contestó:
—Muy bien, muy bien. Quita esa cara de Fullbuster cabreado. Veamos, para saber qué pone aquí, me tienes que contar qué ocurrió anoche, porque sin duda estará relacionado con alguna cosa que quisiste saber ayer. ¿Algo que destacar?
Jellal la miró boquiabierto. Pero ¿Cómo le iba a contar lo ocurrido?
Al ver su gesto, Juvia entendió y, tras soltar una carcajada, le explicó:
—No te pido que me des los detalles más escabrosos de vuestro encuentro sexual. Dios sabe que no quiero conocerlos. Pero sí necesito saber de qué hablasteis, para descifrar qué te ha querido poner aquí.
Con cierto pudor, Jellal le comentó un poco sus breves conversaciones, sin decirle realmente quién era la chica. Cuando acabó, Juvia parpadeó:
—No sé si lo que me has contado vale para algo, pero intentaré entender el mensaje secreto, ¿vale?
Jellal puso los ojos en blanco. ¿Qué hacía enseñándole aquello a Juvia? Y, sobre todo, ¿Qué hacía prestándole atención a aquella tontería que había escrito Erza?
Durante un buen rato, Juvia miró las letras concentrada y, con el bolígrafo, comenzó a escribir en una libreta que había sacado de su bolso.
—Ella firma como chica arco iris. ¿Te puso a ti algún mote, o te llamó de alguna manera especial?
—No.
—¿Seguro? Es que aquí hay una
«F» que no consigo descifrar y Fullbuster no es, porque son siete letras y éstas son nueve.
Jellal negó con la cabeza, pero de pronto sonrió al recordar algo.
—¡Me llamó fanfarrón!
—Uissss, ¡esa chica es lista! —se mofó ella y, tras apuntarlo en su libreta, lo miró con guasa y cuchicheó—: Wepaaaa.
—¿Qué ocurre? —preguntó él.
Juvia miró a su cuñado divertida por lo que leía, y dijo:
—¿Le preguntaste si eras buen amante?
—No —mintió.
—¡Serás fanfarrón! —se mofó ella. Jellal cogió el papel, lo arrugó y dijo:
—Se acabó. No pienso seguir con este juego tonto. Joder, que ya he cumplido los cuarenta para andar con estupideces de críos.
Juvia se contempló las uñas y murmuró:
—Vale. Pues entonces no te diré lo que pone.
Jellal la miró. Ella sonrió traviesa y le guiñó un ojo.
Durante unos segundos, ambos se sostuvieron la mirada en silencio, hasta que Juvia soltó una carcajada.
—Por el amor de Dios, Jellal, aunque tengas cuarenta años ¿no quieres saber lo que pone en el mensaje?
Lo estaba deseando, nada le apetecía más, pero negando con la cabeza, respondió:
—No. Ya no me interesa.
Juvia apuntó algo en la hoja de su cuaderno, después la arrancó y, haciendo una pelota, la dejó despreocupadamente sobre la mesa mientras decía:
—Iré al baño un momento.
Jellal miró con curiosidad el papel arrugado y durante varios minutos se resistió a cogerlo y a mirarlo. Él nunca había sido un cotilla. Pero el puñetero papelito parecía llamarlo y, cuando no lo resistió más, lo hizo.
Gruñó al leer:
Ah, no... Fullbuster... no. Si quieres saberlo, ¡me lo preguntas!
Irritado por la trampa que le había tendido su cuñada, volvió a arrugar el papel y, tras dejarlo sobre la mesa, maldijo en voz baja. Instantes después, Juvia regresó, miró el papel y vio que no estaba como ella lo había dejado. Eso la hizo sonreír, pero no hizo ningún comentario.
Salieron del restaurante sin decir nada. Al llegar al coche, Jellal miró a Juvia un par de veces con intención de preguntarle, pero algo lo frenaba. Joder, era un hombre maduro, ¿Qué hacía atrapado por aquella tontería? Sin embargo, al subir al coche, Juvia, que lo conocía muy bien, soltó, mirándolo:
—El orgullo os va a comer vivos algún día a los malditos Fullbuster. Tienes dos opciones: plan A, te tragas tu orgullo y me lo preguntas, o plan B, te envenenas con tu orgullo y te quedas sin saber lo que dice Erza en su nota. No hay más alternativas.
Jellal resopló. Y, mirando a su sonriente cuñada, masculló:
—De acuerdo, tú ganas. Plan A. ¿Qué pone?
Juvia sacó de nuevo su cuaderno y, tras abrirlo, declaró:
—Que conste que lo dice ella, no yo, ¿vale?
—Que sí, pesadita... que sí.
Divertida, comenzó a leer:
—«ERES UN BUEN AMANTE, PERO ESTOY SEGURA DE QUE TE PUEDES SUPERAR, ¡FANFARRÓN! ADIÓS Y HAKUNA MATATA».
Jellal se quedó boquiabierto al escuchar aquello y más al ver la cara de guasa de su cuñada.
¿Que se podía superar?
¿Qué era aquella tontería?
Sin saber qué contestar, se tocó la frente y Juvia dijo:
—Uy... uy... creo que alguien no se quedó absolutamente satisfecha de un Fullbuster, ¡qué escándalo!
Él apretó la mandíbula, a cada instante más molesto por su gesto guasón y sus comentarios. La notita no decía nada de lo que quería saber. Durante unos segundos, procesó la información, hasta que al oír la risa de Juvia, se sintió ridículo y dos segundos después, reían los dos a carcajadas.
—Me encanta... Lo siento, Jellal, pero me encanta. Ese «¡Fanfarrón!» y el «Hakuna Matata» me hacen ver que no tiene nada que ver con las chicas con las que sueles ir. ¿Quién es? ¿Dónde la has conocido? Me la tienes que presentar, por favor te lo pido, Jellal.
Tras asentir, él arrancó el coche y, con una sonrisa en los labios, murmuró:
—Antes me voy a cobrar un premio.
Gracias por leer, espero cualquier Review que se agrecera.
დLuthienდ
