Y así, con una mezcla de resignación y determinación, mis amigas se pusieron en marcha para organizar una sala de operaciones improvisada. No podía decir que la idea me entusiasmara, pero al menos tenía la certeza de que estaba en buenas manos. Me aseguré de que el lugar no pareciera una sala de un hospital, con una cama cómoda, cerca de la ventana con Mina, Rei y Lita en mi campo visual y unos manteles decorativos colgados a ambos lados de mis alas para que no pudiera ver lo que sucedía, solamente a Amy.

Con algo de ayuda, me recosté en la camilla improvisada, sintiendo la frialdad del plastico bajo mi piel. Dejé escapar un suspiro y acomodé las gafas de sol en mi rostro, bloqueando las luces brillantes que habían colocado.

—Bueno, aquí estoy —murmuré, tratando de sonar más tranquila de lo que realmente me sentía—. Lista para mi siesta fallida.

Amy se acercó con una jeringa en la mano, su expresión seria pero tranquila.

—Haremos esto lo mejor posible, Serena —dijo con suavidad—. Trata de relajarte.

—Voy a intentarlo —respondí, mientras en mi oído comenzaba a sonar la canción que había elegido. Al menos, si iba a ser un desastre, lo haría con algo de estilo.

Me asusté un poco al despertar, sintiendo la familiar sensación de mareo de la anestesia. Miré alrededor aún mareada y vi a mis amigas, tratando torpemente de hablar, sintiendo la mascara de oxigeno en mi cara. Comencé a entrar en pánico, me moví un poco, comenzando a llorar en silencio con las imágenes de los médicos. Los cortes en mis alas.

—Aquí está tu manga —Dijo Rei, tomando mi mano mientras me entregaba una historieta.

—Y tenemos la mejor música, podemos cantar juntas —Dijo Mina alegremente, tomando un cepillo de cabello olvidado para improvisar un microfono y comenzar a cantar alegremente.

Yo... Yo no estaba en la sala del hospital con los doctores que cortaron mis alas.

Estaba con mis queridas amigas.

Incluso con el miedo y el temor de estar en una cirugía, sabía que estaría bien. porque ellas me protegerían.

Sonreí, aún con las lágrimas fluyendo por mis mejillas y traté de centrarme en ellas.

...

Cuando finalmente todo terminó, me encontraba acostada boca abajo en la camilla, hojeando tranquilamente un manga mientras Amy terminaba de ajustar la estructura que inmovilizaba mis alas.

—No puedo creer que realmente hayas estado despierta la mitad del tiempo —murmuró Amy, concentrada en su trabajo.

—Te lo advertí —respondí sin apartar la vista de las páginas—. Pero al menos no fue tan malo. He pasado por peores.

Amy suspiró, asegurando la última parte de la estructura hecha a mano para mantener mis alas en una posición funcional.

—Esto debería ayudar a que sanen correctamente —dijo—. Asegúrate de no hacer movimientos bruscos.

—Sí, sí… lo que digas, doctora —bromeé, pasando otra página de mi manga.

Mis amigas me observaban con evidente cansancio. Rei cruzó los brazos.

—Finalmente se terminó, asegúrate de no ocultar nada de nuevo.

—Lo sé. No volveré a ocultar problemas de salud —repliqué con una sonrisa—. Ahora lo único que queda es esperar a que sanen… y que alguien me traiga algo de comer.

Lita resopló con una mezcla de diversión y exasperación.

—Voy por algo. Pero más te vale no moverte demasiado.

Sonreí ampliamente. Con suerte, la peor parte ya había pasado.

Había pasado un día desde la cirugía y, por primera vez en mucho tiempo, el dolor era soportable. No desaparecía del todo, pero al menos los medicamentos finalmente hacían su trabajo.

Me estiré con cuidado, sintiendo la estructura que sostenía mis alas en su lugar. Aún era incómodo, pero comparado con la agonía constante de antes, esto era un alivio absoluto.

—Por fin… algo de paz —murmuré para mí misma, disfrutando la sensación de no estar completamente consumida por el dolor.

Mina, que estaba sentada en una silla cerca de la cama, me miró con una sonrisa divertida.

—Nunca pensé que te vería tan feliz por el efecto de unos simples analgésicos.

—Créeme, después de lo que pasé, esto es un milagro —respondí, acomodándome mejor sin hacer demasiada presión sobre mi espalda.

Amy, quien revisaba su computadora, levantó la mirada y ajustó sus lentes.

—Eso significa que la regeneración está avanzando como esperábamos. Tus alas deberían estar en mejor estado en unos días si seguimos con los cuidados adecuados.

—Entonces todo va bien —dije con satisfacción—. A este paso, en poco tiempo podré volver a hacer lo que quiera sin preocuparme.

Rei, que hasta ahora había estado en silencio, me miró con expresión seria.

—Solo no te emociones demasiado. Sigue siendo una recuperación delicada.

—Sí, sí, lo sé —contesté con un gesto despreocupado—. Pero déjenme disfrutar este pequeño triunfo.

Lita entró en la habitación con una bandeja de comida y una sonrisa.

—Si estás tan feliz, entonces seguro tienes suficiente energía para comer bien.

Miré la bandeja con ilusión.

—¡Por supuesto! Comer sin que el dolor me haga perder el apetito es otra gran victoria.

Mis amigas rieron suavemente mientras yo me preparaba para disfrutar de mi comida. Por primera vez en mucho tiempo, las cosas parecían estar mejorando.

Mientras comía con entusiasmo, un pensamiento cruzó mi mente y me detuve un momento antes de mirar a Amy.

—Oye, ¿Qué pasó con las plumas que quitaste en la cirugía?

Amy, que seguía revisando su computadora, levantó la mirada y ajustó sus lentes.

—Las tengo guardadas en una caja estéril. ¿Por qué?

Me encogí de hombros con naturalidad.

—Si no tienes un mejor uso para ellas, podrías ponerlas en la caja que tengo en mi mesa de noche. O también podrías conservarlas, si te interesa investigarlas.

Mis amigas me miraron con curiosidad, y Mina ladeó la cabeza.

—¿Para qué quieres guardarlas?

—Bueno, porque son bastante útiles —respondí con una pequeña sonrisa—. Si una pluma entra en contacto con una herida, la sana casi de inmediato y cierra cualquier lesión.

Rei frunció el ceño, claramente sorprendida.

—¿Y por qué no dijiste eso antes?

Me encogí de hombros de nuevo.

—No pensé que fuera relevante en ese momento. Además, si las dejas en agua por un día, se disuelven completamente, y el agua se puede tomar para sanar heridas internas.

Lita silbó con admiración.

—Eso es increíble.

Amy parecía fascinada, probablemente ya considerando analizar las plumas desde un punto de vista médico.

—Entonces, si extraemos más plumas, podríamos usarlas como un tipo de medicina regenerativa…

—Eh… sí, pero me gustaría que mis alas sanaran antes de que piensen en sacarme más —bromeé con una risa nerviosa.

Las chicas rieron conmigo, aunque Amy claramente seguía intrigada por el tema. De cualquier forma, ya decidiríamos después qué hacer con las plumas. Por ahora, yo solo quería disfrutar de mi comida y de mi muy merecido alivio.

Suspiré con cierto fastidio mientras me acomodaba un poco en la cama, sintiendo la estructura que inmovilizaba mis alas.

—¿Sabes qué es lo más molesto de todo esto? —dije, mirando a Amy—. Que mis plumas pueden sanar a cualquier otra persona, pero no a mí misma.

Mina parpadeó, sorprendida.

—¿En serio? Pensé que, si tenían propiedades curativas, también podrían ayudarte.

Negué con la cabeza.

—Si así fuera, mis alas ya habrían sanado solas, ¿no crees? Además, ya lo he intentado. Ni siquiera sanan mis cortes.

Rei cruzó los brazos con el ceño fruncido.

—Eso no tiene sentido.

—Díselo a los doctores que se la pasaron investigando mis plumas —murmuré con una sonrisa irónica—. Cuando descubrieron lo que podían hacer, las llamaron "plumas milagrosas".

Lita se tensó levemente.

—Eso… suena un poco inquietante.

—Sí, bueno… no fue precisamente una experiencia agradable. Pero al menos ya no estoy en ese lugar.

El ambiente se tornó un poco tenso, así que me apresuré a cambiar el tono de la conversación.

—De todas formas, ahora que sabemos cómo usarlas, podríamos aprovecharlas mejor. Solo asegúrense de no desperdiciarlas, porque no me voy a arrancar más plumas para ustedes en estos momentos.

Mina rió y me dio un leve empujón en el hombro.

—Está bien, está bien, nada de obligarte a ser nuestra farmacia ambulante.

Reí con ella y volví a recostarme con más tranquilidad. A pesar de todo, por primera vez en mucho tiempo, sentía que las cosas estaban bajo control.

Amy seguía revisando su computadora con atención, mientras yo me entretenía hojeando mi manga. De vez en cuando, su expresión cambiaba ligeramente, como si estuviera procesando información importante. Finalmente, después de unos minutos, alzó la vista.

—Encontré algo más sobre las plumas de los Angelus Caelesti —anunció.

Rei y Lita se acercaron con interés, mientras Mina se acomodaba mejor en la cama. Yo simplemente levanté una ceja, esperando a que continuara.

—Parece que la razón por la que tus plumas no pueden sanarte a ti misma es porque… no están hechas para hacerlo.

Fruncí el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Amy giró la pantalla de su computadora para que pudiéramos verla. En ella había un texto antiguo con algunas imágenes de plumas similares a las mías.

—Las plumas de los Angelus Caelesti pueden sanar a otros, pero no a su dueña. Si una de ellas quería usar este método de sanación, necesitaba las plumas de un familiar.

—¿Un familiar? —repitió Mina, sorprendida.

—Sí —confirmó Amy, ajustando sus lentes—. Al parecer, la energía de las plumas solo puede ser absorbida por otro cuerpo, y en el caso de alguien de la misma raza, solo funciona si provienen de un pariente.

Solté un suspiro y me dejé caer de espaldas en la almohada.

—Bueno, eso no me sirve de mucho. No es como si tuviera una hermana con alas por ahí que me pudiera donar un par de plumas.

Hubo un breve silencio. Sabíamos lo que eso significaba. Si mis alas volvían a resultar gravemente heridas en el futuro, no podría depender de mis propias plumas para curarlas. Tendría que confiar en la medicina, en la magia… o simplemente esperar a que sanaran solas.

—Supongo que al menos ya sabemos por qué no me funcionan —comenté con una sonrisa forzada—. Eso es un avance, ¿no?

Amy asintió, pero aún parecía pensativa.

—Sí, pero… hay muchas cosas que siguen sin cuadrar. Quiero seguir investigando.

—Tómate tu tiempo —dije con un bostezo—. Mientras tanto, yo me quedaré aquí, disfrutando de mi merecido descanso.

A pesar de todo, me sentía un poco más tranquila. Al menos, esta vez, tenía a mis amigas conmigo.